8

Bajo la luna

La silueta de una enorme casa de varios pisos y coronada por varias chimeneas estaba resaltada en medio de la oscuridad por la potente luz de la luna llena. Todo parecía indicar que estaba vacía, salvo por una figura que se encontraba recostada sobre un árbol en el jardín a varios metros de la casa.

Harry sentía una felicidad que no había conocido en toda su vida. Se encontraba en uno de esos momentos en los que el tiempo debería detenerse pero, irremediablemente, éste transcurría más rápido de lo normal.

- ¡Harry! - Ginny se acercaba al árbol donde él estaba apoyado, parecía algo asustada.

- ¿Pasa algo? - preguntó preocupado girando la cabeza para ver a sus espaldas. Al verlo, Ginny suspiró aliviada y fue hasta él.

- Pensé que te habías ido.

Se sentó junto a Harry y apoyo su cabeza en el pecho del joven muchacho, que le pasó un brazo sobre los hombros y la abrazó besándole la coronilla. Aquella era su fuente de felicidad, una chica un año menor que él y con una llameante cabellera pelirroja.

- ¿Dónde están tus padres? - preguntó Harry, recordando la soledad de la casa.

- Están en San Mungo - informó ella con normalidad.

- ¡¿En San Mungo?! - saltó Harry incorporándose repentinamente y provocando la caída de Ginny que lo miró con reproche por el brusco movimiento - Pero, ¿qué ha pasado?

- Nada, tonto - contestó ella dándole un ligero golpe en el brazo -. Es que... verás, Fleur está a punto de dar a luz.

- Uff - suspiró Harry -, menos mal... - entonces asimiló las palabras de la pelirroja - Espera, ¿has dicho que Fleur está a punto de dar a luz?

Ginny lo miró divertida y puso un cara de extrañeza.

- ¿Tanto te importa?

- A mí no, pero a ti sí debería hacerlo.

- ¿Por qué? - preguntó Ginny echándose de nuevo sobre su pecho.

- Es tu sobrino al fin y al cabo - contestó moviéndose un poco para obligar a Ginny a mantenerse erguida y mirarla a la cara.

- ¡Ah, Harry! - exclamó ella un poco harta de su actitud - No tenía ganas de aguantar a Fleur histérica por los dolores del parto y a mi madre también histérica por su primera nieta, ¿ya estás contento?

Harry sonrió un poco y la dejó que retomara la posición sobre su pecho.

- ¿A lo mejor es que te arrepientes de que me quedara aquí?

- Pues ahora que lo dices creo que sí, me arrepiento - rió.

- Idiota - Ginny se giró lo suficiente para darle un nuevo golpe en el brazo.

Harry cerró los ojos y rió con ganas al recibir el golpe en el brazo mientras Ginny se agitaba sobre él. Cuando abrió los ojos se sorprendió de ver a Ginny sobre él y mirándolo de una manera extraña, pero apenas tuvo tiempo para examinarla porque ella se había lanzado y lo besaba apasionadamente cortándole la respiración a causa de la sorpresa. Complacido, pasó sus manos por la espalda entrelazando los dedos entre los rojos cabellos de la chica atraiéndola hacia sí. Permanecieron una eternidad besándose, regalándose el uno al otro y jurándose amor eterno a través de sus labios.

Cuando la situación comenzó a perder la inocencia inicial, y sus caricias se convertían en algo más íntimo, Harry la separó un momento de su cuerpo para mirarla a los ojos. Ginny le devolvió la mirada expectante. Tenía un leve sonrojo en las mejillas y su pelo caía a modo de cortina ocultando los dos rostros de miradas indiscretas.

- Nos debemos unas cuantas explicaciones, ¿no crees? - dijo Harry.

- Sí, tienes razón - accedió ella, algo decepcionada por su frustrado momento de pasión. Se alejó un poco de él y se sentó a su lado con la vista clavada en el suelo.

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Los dos encapuchados se apuntaban con las varitas directamente al corazón. Se encontraban en un frondoso bosque donde la espesura de los arboles evitaba la entrada de los rayos del sol. Ésto, unido al hecho de que era de noche, hacía que la visibilidad fuera bastante escasa. Aun así, los dos contrincantes se veían a la perfección.

- ¡Desmaius!

Uno de ellos agitó su varita enviando un rayo de luz roja a su contrincante, pero éste, atento, lo desvió. Se miraron durante unos segundos, escrutándose el uno al otro. Cuando estaban a punto de lanzarse otra ráfaga de maldiciones, las varitas volaron de sus manos y ambos cayeron al suelo de espaldas.

- Patético - dijo una voz que parecía salir de las mismísimas entrañas de la tierra.

Ambos magos se levantaron rápidamente y escudriñaron los alrededores en busca de aquella voz cuando de repente una sombra apareció a sus espaldas inmovilizándolos con un simple movimiento de sus manos. Era un anciano con el pelo blanco y corto. Su cara estaba cubierta por una fina capa de bello también blanco. Se acercó lentamente a uno de los apresados y le retiró la capucha. El desconocido era un chico joven, poco más de veinte años, nervudo, con los ojos negros al igual que el pelo. Su cara se asemejaba a la de un conejo.

- Vaya, vaya - dijo el anciano taladrando sus ojos con la mirada -. Quieres venganza... por la muerte de tu padre, ¿no? - el muchacho le devolvió la mirada con furia - ¿Y no piensas que tu padre pudo haber merecido la muerte, muchacho?

- ¡No le permitiré...! - explotó el chico, pero fue acallado por una bofetada que le propinó el viejo con el dorso de la mano.

- No estás en situación de amenazarme, chico - acto seguido sacó una daga plateado del interior de su indumentaria, una túnica gris. Le puso el cuchillo bajo la garganta -. Podría degollarte aquí mismo si quiero - el chico trago saliva y miró la daga con el terror reflejado en el rostro.

Se alejó del moreno y se acercó al otro individuo. Al igual que a su contrincante, le quitó la capucha y le puso la daga bajo el gaznate. Pero aquel nuevo chico lo sorprendió. Era demasiado joven, dudaba que aún contara con dieciocho años. Su pelo era de un color rubio oscuro y con ojos marrones.

- Más venganza - murmuró el anciano incrustando su mirada en los ojos de aquel niño -. Tu hermano murió - se levantó y miró a los jóvenes desde arriba -. Levantaos.

Ambos chicos se alzaron con torpeza y miraron al anciano con veneración.

- ¿Es... es usted...?

- De momento no soy nadie para vosotros, más que alguien que podría mataros en cualquier momento - dijo con severidad el viejo -. ¿Para que habéis venido a mi bosque?

Los chicos se escrutaron entre ellos con recelo.

- Oí cosas, sobre un mago muy poderoso, en un bosque... - dijo el moreno.

- Quiero que me enseñe - se adelantó el rubio con más decisión.

- ¿Para qué?

- Para vengarme – contestó.

- ¿De quién?

Aquella pregunta pilló desprevenido a los dos chicos que se miraron extrañados. Al parecer, ambos buscaban venganza, y por lo que sus ojos reflejaban, de la misma persona. El viejo los miró divertido y rió con ganas.

- Bien, bien. Esto se pone interesante, muy interesante – dijo el viejo - Pero para entrenaros, antes debéis demostrarme lo que valéis cumpliendo una misión para mí.

Ambos volvieron a mirarse a los ojos y después asintieron. Los chicos se giraron para mirarlo a los ojos, que emitían un brillo de emoción y entusiasmo.

- ¿Cuál es su nombre? - le preguntaron los jóvenes al unísono. El viejo volvió a reír.

- Podéis llamarme... Ragastad.

-… donde uno puede esconder una parte de su alma, desgarrándola.

Ambos seguían bajo la luz de la luna, recostados contra la fría corteza del árbol y con las manos entrelazadas.

-Entonces, ¿lo qué tenías que hacer era buscar esos Horrocruxes? - preguntó Ginny mirándolo de una manera extraña.

-Sí.

Ginny retiró su mano y se inclino un poco hacia delante con la mirada fija en la hierba que crecía entre las enredadas raíces del viejo árbol.

- ¿Por qué no confiaste en mí, Harry? - preguntó con voz queda - ¿Por qué no me llevaste contigo?

- No quería que te ocurriese nada.

- No me habría importado morir por ti.

- Yo no podría haber seguido sin ti, Ginny - se levantó y se colocó justo delante de Ginny. Le tomó la cara con las manos y la miró directamente a los ojos.

- Podría haberte servido de ayuda, Harry, soy fue...

- Sí, Ginny, eres una bruja muy fuerte - la cortó Harry -, y no me cabe duda que la más valiente que conozco, pero tienes una gran debilidad que no tiene nadie más.

- ¿Cuál?

-Me importas demasiado.

Ginny volvió a retirar su mano y esta vez se levantó y comenzó a caminar alejándose de Harry que la miraba bastante confundido por la forma de actuar de la chica. Pasados unos segundos él también se levantó y la siguió. Llegó a su lado pero ella no detuvo su silenciosa caminata.

- No podía llevarte conmigo, Ginny, aún no podías hacer magia fuera de Hogwarts... - dijo en tono de súplica. Repentinamente se había puesto nervioso y sus pulsaciones habían aumentado el ritmo. Hacía casi dos años que no perdía el control de su cuerpo de esa forma.

- Te comprendo - susurró -, pero eso no quita que esté dolida.

- No deberías estarlo - Harry se acercó un poco más y la abrazó por detrás apoyando la barbilla en el hombro de la muchacha. Ginny suspiró ante el contacto.

- Creo que deberías irte - le aconsejó.

- ¿Por qué? - preguntó Harry rodeándola para quedar nuevamente frente a sus ojos - ¿No te gusta estar conmigo? - Ginny sonrió y le dio un corto beso que calmó un poco los nervios de Harry.

- Porque mis padres estarán a punto de llegar y no querrás encontrártelos por sorpresa.

- ¿Crees que me dirán algo por hacer esto? - le dio un beso.

- Ellos aún no saben que estamos juntos - dijo Ginny pensativa.

- Hasta hace un par de horas nosotros tampoco lo sabíamos.

- Ya, pero ellos no saben absolutamente nada de lo que pasó entre nosotros.

- Pasó y afortunadamente aún pasa.

- Sí, afortunadamente...

Otro beso y un estallido sonó cerca de la puerta de la Madriguera.

- Vaya, llegaron pronto - dijo Ginny tras separarse de Harry con algo de desilusión.

- ¡Ginny! ¡Ha sido una niña! - la voz de Molly Weasley llegaba desde la lejanía.

- Será mejor que te vallas ya, Harry - lo apremió Ginny.

- Cierto - Harry se preparó para desaparecerse -. No vemos mañana - y se desapareció frente a la pelirroja.

Los días pasaron rápidamente para Harry. Tuvo que soportar un exhaustivo examen de la señora Weasley sobre su estado de salud aparte de un arduo interrogatorio sobre el por qué de su desaparición y el destino de su viaje. Gracias a su gran habilidad con la Oclumancia pudo mentir y evitar los débiles intentos del señor Weasley de burlar sus defensas mentales.

Después tuvo que visitar varias veces el ministerio para hacer el papeleo respecto a su falsa muerte y recuperar sus posesiones, que ,exceptuando la casa de Grimmauld Place, habían pasado a manos del depósito ministerial. Aparte tuvo que evitar a la marea de periodistas que continuamente lo perseguían para preguntarle sobre su desaparición, al igual que la señora Weasley.

Todo esto hizo que los momentos en los que Harry podía estar con Ginny fueran tan escasos que a duras penas podían saludarse. Pero para su suerte, aquel carrusel de situaciones acabarían el Domingo de aquella semana, con la fiesta que se celebraría en Hogwarts como conmemoración a los caídos en la batalla contra Voldemort.

A falta de dos días para la fiesta, Harry acababa de llegar a Grimmauld Place cargado con objetos traídos del depósito ministerial cuando se sorprendió de ver a Ginny, Ron y Hermione sentados en la mesa de la cocina, esperándolo.

- ¡Que agradable sorpresa! - soltó la caja que traía en las manos y se acercó para besar a Ginny - ¿Qué hacen aquí?

- Nada - dijo Hermione despreocupadamente -. Pensamos que te haría bien tener visita después de estos días tan ajetreados.

- Pues habéis tenido suerte - Harry se sentó invocando con la varita cuatro cervezas de mantequilla -. Últimamente no tengo ni un solo minuto de tiempo libre.

- Decidimos arriesgarnos - Ron tomó su cerveza y se bebió la mitad de un solo trago.

- ¡Ron! - chilló Hermione - Ten un poco de mesura.

El pelirrojo hizo un gesto con el brazo restándole importancia y Hermione lo fulminó con la mirada.

- Llegó a la Madriguera una carta dirigida a ti, Harry - informó Ginny apartando los ojos de la discusión que estaba a punto de estallar -. Tranquilo, no la leímos - le sonrió y le entregó un sobre blanco donde estaba escrito su nombre. Harry la tomó y la leyó en cuestión de segundos.

- ¡Alex va a venir a la fiesta!


¡Por fin pude actualizar!

He tenido muy poco tiempo libre para escribir, por no decir nada. Primero tuve que ir todos los días ha hacer rehabilitación por mi lesión en el tobillo, después viaje hasta Mar del Plata para apoyar a España en la final de la Copa Davids. Todo eso unido a una cantidad ingente de estudios que me están haciendo imposible escribir algo.

Pero bueno, al final me senté frente a mi ordenador y me puse a escribir y aquí está.

Como siempre, gracias por las reviews.

Hasta el próximo capítulo, que no tardaré tanto en subir.

Adiós.