Capítulo
9
"¿Crees que despertará pronto?"
Se sentía pesada, no podía mover su cuerpo, pero escuchaba claramente lo que hablaban.
"Si, no te preocupes hijo" Esa era la voz de Bulma. ¡Ah! Ya recordaba.
Los sucesos pasados comenzaban a surgir en su mente como pequeños flashs. Mirai y Trunks, Vegeta, el aura dorada. Un momento. ¿Había alcanzado la transformación a súper saiyajin?
"Mira Trunks, está despertando…" Trunks la miró y vio como Pan apenas abría sus ojos, tal vez un poco molesta por la luz, y se sentó a la orilla de la cama en donde reposaba.
"Pan, quédate tranquila, no te esfuerces demasiado." Aconsejó, al ver como ella trataba de sentarse. Pero Pan lo ignoró y procedió a sentarse.
"Trunks, que…" Trató de hablar, pero unos brazos fuertes y cálidos cortaron su habla.
"Lo siento tanto, Pan. Yo no quise…" Ella estaba sorprendida ante aquella reacción, pero automáticamente sus brazos rodearon aquel cuerpo masculino, apoyando su mentón sobre el hombro de él.
"Está bien, yo se que no fue tu intensión." Tal vez hablaba del engaño, o tal vez del desmayo que le causaron junto con Mirai, o quizás de ambas cosas. Pero parecía que las cosas querían arreglarse, ambos estaban aliviados y también felices de que así fuera.
Ambos se separaron del abrazo, y se miraron a los ojos intensamente, con amor, con locura, como compartiendo una conexión de la cual ambos no persuadían. Pero una aclaración de garganta interrumpió el momento causando que Trunks sonriera, y volteara a ver a su madre.
"Disculpen, creo que iré a ver como está Vegeta. Pan… que bueno que te encuentres bien." Y le dedicó una sonrisa afectiva, para luego marcharse del lugar.
Trunks volvió a mirar a Pan, y acarició su rostro con su mano.
"Nunca pensé que sería capaz de trasformarme…" Dijo ella todavía incapaz de reconocer su logro.
"Siempre fuiste constante con los entrenamientos, algún día pasaría." Su mano no dejaba de acariciar el rostro de aquella mujer que tanto amaba.
"Supongo que tienes razón." Sonrió.
Y en ese momento Trunks sintió algo, provocando que su rostro se volviera inexpresivo y los leves movimientos de su mano cesaran.
"¿Qué sucede Trunks?" Pan posó su mano sobre su hombro, tratando de despertar a Trunks.
"No, no es nada." Dijo saliendo de su trance y volviendo
a sonreírle.
Pero esa energía todavía lo dejaba dudando. ¿Qué
era? Había sido repentino y fugaz, una diminuta energía localizada
en… ¿Pan?
De seguro su ki se encontraba inestable provocando
pequeños altibajos en su energía. Sí, sonrió, de seguro era eso.
"¿Y Mirai?" El rostro de Trunks fue suficiente como para advertirle a Pan que todavía estaba enojado con él. Tal vez hubiera sido mejor guardarse esa pregunta para más tarde.
Trunks se levantó de la cama, y caminó unos pasos dándole la espalda. Silencioso.
"¿Trunks?" Definitivamente no había sido la mejor pregunta para el momento. Ella se destapó y se paró junto a la cama, esperando alguna palabra, una respuesta, algo.
"No lo sé, luego de que te desmayaste no supe de él." Su voz era calma, pero Pan lo conocía muy bien como para saber que estaba enojado y de alguna forma herido, celoso.
"Debemos hablar con él, los tres, pero sin peleas, por una vez usemos nuestro lado humano y solucionemos esto con palabras, al fin de cuentas no lograron nada con luchar." Trunks sabía que tenía razón, además él no era de reaccionar como su padre, era como si algo se hubiera apoderado de su temperamento. ¿Dónde había quedado aquel joven empresario de corazón puro y humilde?
"Pan, te aseguro que será como tu digas." Ella sonrió y se acercó hasta él para abrazarlo por detrás. Trunks se dio vuelta, devolvió el abraso y la besó.
Sentir nuevamente sus labios lo hacían vibrar. Y con cada roce de su piel, sentía que le pertenecía, que esa mujer era solamente suya. Su aroma, el más intoxicante y adictivo de los perfumes, una esencia solamente de ella que podría reconocer a metros de distancia. Como amaba a esa mujer.
El ambiente era cada vez más intenso. Sus bocas danzaban al típico ritmo, y sus manos vagaban por el cuerpo del otro, haciéndose saber cuanto se deseaban, cuanto se amaban.
Trunks la tomó de sus piernas y la levantó, Pan lo rodeaba por la cintura con sus piernas, mientras el beso no se detenía.
Tanta tensión deseando ser liberada, tanto amor por ser demostrado, todo lo que querían era sentirse uno, formar una sola persona, que sus almas se unieran y permanecieran juntas hasta la eternidad.
Trunks caminó hasta la cama donde anteriormente había descansado ella, y poniéndose de rodillas la acostó sobre su espalda.
Lo miraba, esos ojos cristalinos como el más puro de los mares, su mar, su océano. Era todo lo que amaba y necesitaba en la vida, solamente a él. Nunca hubiera imaginado que su destino sería terminar con aquel joven con el cual había compartido un viaje al espacio, aquel joven al cual veía como serio, como un amigo; y ahí se encontraba ella, mirándolo a los ojos, haciéndole saber cuanto lo amaba. La vida sí que daba giros extraños, pero estaba agradecida de que así fuera.
Pronto Trunks comenzó a desvestirla sin perder rastro de sus curvas, disfrutando de tal vista, su piel tan suave y electrizante ante el tacto. La miró, y sin dejar de partir ese contacto visual, para posar sus manos en el cinturón de su pantalón y hacer que el mismo cayera al suelo rápidamente, seguido por sus pantalones y luego su remera.
Llevó sus manos por sus piernas, llegando a sus muslos, tentándola, haciendo que su excitación fuera aun mayor, y apartó aquellas delicadas piernas. Acortó la distancia que los separaba, y comenzó a besarla.
Pan en ese momento pudo sentirlo, era un sentimiento inexplicable, que la apartaba de la realidad y la hacía vagar por emociones, por su piel, su aroma, sus fuertes músculos. Solo de sentir aquellos brazos fuertes rodearla por los costados la hacían sentir protegida y cómoda.
El ritmo cada vez iba aumentando, podían sentir los suspiros y gemidos del otro, provocándolos aún más, en un éxtasis de placer y profundo amor mutuo.
Pan arqueaba su espalda ante tal sentimiento placentero, y Trunks ante tal rose de sus pechos contra sus pectorales lo tentaba aun más, provocando que sus entradas fueran más intensas y profundas.
El ritmo se incrementaba, sus gemidos eran más potentes, y él se sentía cada vez más extasiado. De una última embestida sintió como su cuerpo pasaba de tensarse a aflojarse todo, acompañado por el último grito de éxtasis de la mujer que tenía bajo suyo.
Ambos sudados, tratando de recuperar su respiración normal pero sin separarse de aquella unión que los mantenía juntos. Mientras se miraban, Pan apartó una mecha de pelo que caía sobre su frente y acercó su mano para acariciarlo.
Sentía su pequeña y delicada mano sobre su rostro, sentía esa electricidad que le provocaba cada rose suyo, era indescriptible la manera en que lo hacía sentir. Estaba agradecido de haber compartido aquel viaje espacial con ella, ya que ese viaje había sido un hincapié para conocerla mejor.
"Te amo" le susurró mientras seguía acariciándolo.
"Y yo a ti" dijo para darle un pequeño beso en los labios, y apartarse finalmente de ella. "Lamento no poder quedarme más tiempo, pero tengo que ir a la oficina, tengo mucho trabajo atrasado."
"Esta bien, no te preocupes" dijo volviendo a sentarse y taparse con la sábana, a la vez que le dedicaba una sonrisa.
Trunks sonrió en respuesta, mientras terminaba de vestirse.
Luego de unos instantes Trunks se marchó, y Pan comenzó a vestirse, tenía ganas de entrenarse un poco y ver si podía lograr transformarse nuevamente. Y quien mejor para entrenarse que Vegeta.
Salió de aquella habitación y se dirigió directamente a la cámara de gravedad. Luego de caminar por la gran mansión, llegó a su destino donde pudo ver una luz roja salir de la pequeña ventana de la puerta que encerraba al último saiyajin puro en todo el universo, aquel que un día había sido príncipe de su propia raza.
Se paró frente a la puerta, y apretó un botón localizado a un costado de la pared. La puerta corrediza se abrió, provocando que la gravedad volviera a la normalidad, y se apreciara no muy lejos a Vegeta con el ceño fruncido, pero luego sorpresivamente emitiendo esa sonrisa típica en él.
"Sabía que vendrías." Con eso dicho, se
dio vuelta y caminó hacia el control.
"500º"
Aunque no era demasiado cuidadoso… sí, Vegeta era definitivamente con quien quería entrenar. Aun así si le dejaba unos cuantos moretones, o provocaba que su boca sangrara de los golpes. El era el indicado.
Le sonrió, para luego adentrarse en la habitación; mientras la puerta se cerraba atrás suyo, y emitía un leve sonido de alerta.
