Cap. 1 - Un día rutinario… o no tanto.
Abril de 2002.
-Juliet POV-
Me fastidiaba tener que levantarme a las 7 de la mañana, simplemente para maquillarme e ir bien al instituto. Repetir curso me mataba, pues estaba dando lo mismo que el año pasado.
Sinceramente, atiendo en clase y me entero de las cosas. Pero a la hora del examen siempre me da el típico blancazo, y la vocecilla de mi cabeza me dice "Vamos, Juliet, esto te lo sabías… Coño, claro que me lo sabía. En pasado". Además, es un engorro tener que aguantar a la gente de un año menos, más cuando son todos unos catetos, inmaduros y mono-neuronas. Me miran mal por el simple hecho de vestir y maquillar diferente a ellos. Precisamente, mis queridos padres se pusieron de acuerdo para mandarme a un colegio privado, de esos que te que obligan a llevar uniforme y seguir algunas doctrinas de imagen.
Dejando a un lado esto…
Me encaminé al baño, dispuesta a arreglarme, a pesar de que la cara de zombie del espejo se quejase. Terminé veinte minutos más tarde, y ya metida en el uniforme, bajé las escaleras de dos en dos y entré en la cocina. No me molesté mucho en prepararme el desayuno, con que a las ocho menos cuarto de la mañana ya estaba en la puerta de mi casa esperando a que llegase Crysthalle.
En pocos minutos apareció por la esquina de mi manzana, y esperé hasta que llegase a mi posición.
- Hey, Crys, ¿qué hay? –pregunté sonriendo mientras me ponía a la par suya, caminando hacia el instituto.
- No mucho, la verdad… Bueno, ¿te puedes creer que se me acaba de apagar el mp3? Y eso que lo puse a cargar ayer a la noche. Esto es increíble, justo en la canción que más me gustaba de… -ella siguió con su cháchara.
Sonreí. Crysthalle era la única en quien podía confiar con plenitud. Desde pequeñas nos habíamos criado juntas, y no había día que no nos viéramos. Siempre hemos sido como hermanas, inseparables, uña y carne. En vacaciones convencíamos a nuestros padres para ir al mismo sitio y así poder estar juntas. Y no sólo eso, sino que compartía los mismos gustos musicales que yo, hacíamos todas las cosas habidas y por haber unidas. Muchas veces solían confundirnos. Ambas llevábamos el pelo negro largo, hasta la mitad de la espalda, cardado y alguna que otra mecha de color; abusábamos un poco del eyeliner y las sombras negras; nuestra forma de vestir se basa en color oscuros y chillones, haciendo contrastes. Mucha gente nos clasificaba de "góticas", "emos", "punks"… Pero nosotras siempre decíamos que teníamos estilo propio, y así era.
Seguimos hablando de camino a "nuestro infierno personal" (así llamábamos al instituto), de cualquier cosa que nos pareció oportuno comentar. Llegamos hasta la puerta y entramos. Nos despedimos en el hall, quedando a la hora de almuerzo en el comedor, y cada una se fue a su clase.
Me dirigí hacia el pasillo que rezaba "2º de Bachiller". Suspiré con acritud. Hacía 19 años este año, y seguía en 2º de Bachiller, cuando debería estar ya en la Universidad. Había repetido este mismo curso por habérmelo tomado a la ligera, pues pensé que iba a ser tan fácil como primero; y… qué chasco me llevé.
Dejé que mis pies me arrastrasen hasta mi aula, y de forma mecánica fui al fondo de la clase, donde se encontraba mi mesa junto a la ventana. Las vistas no eran magníficas, ya que de fondo se veía unas obras que estaban haciendo, pero me entretenía lo suficiente como para no tener que aguantar las clases. Tiré la mochila de malas maneras a la mesa contigua a la mía, pues las mesas estaban aparejadas, arrastré la silla y me senté en ella. Para tener una buena charada saqué el libro de matemáticas, que es lo que teníamos a primera hora, y lo puse en la mesa, junto al cuaderno. Me puse a garabatear en el cuaderno, haciendo cosas sin sentido, hasta que el profesor llegó a mi lugar.
- Señorita July…
- Juliet, no July –dije, cansada de corregirle siempre mi nombre.
- Juliet. ¿Nunca aprende? Por favor, vaya a los servicios y desmaquíllese, en este instituto tenemos unas reglas básicas sobre la apariencia de los alumnos. Desde el primer día de curso igual, ¿no se cansa?
- No voy a ir al lavabo a desmaquillarme, como desde el primer día de curso –contesté, repitiendo sus palabras.
- Vaya al despacho del director, señorita –me ordenó.
- Como desde el primer día de curso –musité en bajo.
Salí por la puerta del aula de clase y recorrí el tan conocido corredor que desembocaba en el despacho de nuestro amado director.
Un día rutinario, como otro cualquiera.
-Ronnie POV-
Había malgastado un año de Bachiller y la consecuencia había sido repetir. Y, no sólo eso, sino que mis padres habían decidido mudarse para llevarme a un colegio privado. Como si no fuese suficiente ya ir a un instituto normal y corriente. Llegaba ya al tercer trimestre, puesto que mis padres lo decidieron a última hora, con que la situación era la siguiente: iba a entrar a un instituto cuando estaba más cerca de terminarse el curso que de haber empezado, no conocía a nadie, y yo no era muy sociable. El simple hecho de vestir un tanto dark hacía que la gente huyese, por decirlo de alguna forma, de mí. Los pijos rehuían mi mirada, sólo porque usaba delineador, y claro, al ser tío y usar eyeliner ya tenías que ser marica. No llevaba el uniforme puesto, porque era la primera vez que pisaba ese instituto y no sabía que había que usarlo. Entré a secretaría para informar de mi llegada. Allí me dieron algunas pautas para las clases y me dijeron que fuese a hacerle una visita al director, que él me informaría más correctamente.
Asentí y salí por la misma puerta que había entrado. Tuve que preguntar a una mujer de la limpieza por dónde se iba, pero al cabo de unos minutos conseguí llegar a mi destino. Llamé a la puerta con los nudillos. Nadie contestó. Aun así, estuve esperando. Al llevar ya tres minutos ahí quieto, fui a darme la vuelta para marcharme, cuando de repente se abrió la puerta. Una chica no muy alta, de cabello negro, que abusaba del maquillaje negro, y de complexión delgada salió por la puerta. Me miró de arriba abajo con una sonrisa, y cuando choqué con sus ojos se la devolví. Me agradó el hecho de saber que por lo menos había alguien como yo. Me hizo un gesto de despedida y se lo respondí.
- Señor Radke, puede pasar, le estaba esperando –al oír su voz, aparté la mirada de la chica y me adentré en el despacho.
Suspiré con fastidio.
- Hola –saludé y tomé asiento frente a él, esperando que no tardase mucho tiempo en soltar su diatriba de bienvenida.
-Juliet POV-
Después de la charla con el director, me dirigí a clase de nuevo, pensando en ese chico que había visto. Juraría que era nuevo, pues no le había visto nunca en este instituto. Me había llamado mucho la atención… Vestía como Crysthalle y yo, y también usaba eyeliner. Su pelo era negro y le llegaba un poco más debajo de los hombros; lo llevaba revuelto y un flequillo le caía hasta la altura de los ojos. Era alto e iba de negro, y tenía unos ojos de color marrón chocolate. Creía haberle visto un tatuaje en el cuello… pero eso no podía ser, sino no le habrían aceptado en este instituto.
Con estos pensamientos entré en clase, sin ni siquiera alzar la vista. Me senté en mi silla y me puse a mirar por la ventana, completamente dispuesta a no hacer nada de matemáticas.
Dejé que mi mente vagase por cualquier rumbo, pensando en todo y en nada. También recordé al chico que había visto en el despacho del director, y sonreí ante el recuerdo.
De pronto, el profesor llamó al orden la clase, la cual había concluido. Me felicité interiormente por haber sobrevivido a una hora de logaritmos y ecuaciones. El insufrible personaje que impartía mates salió por la puerta, y poco después entró la profesora McCan, de lengua, por la puerta. Pero no sola. Casi me caí de la silla del shock al ver al chico del despacho del director. Por lo que vi, él también se percató de mi presencia, e intentó ocultar una sonrisa, la cual acabó saliendo a la superficie. Miré afuera de la ventana y sonreí también.
- Alumnos, este es Ronald Joseph Radke. Ha tenido que mudarse repentinamente y, gracias a la buena formación que le han dado sus padres, le hemos dado plaza de estudiante.
Le miré de nuevo. Fallo: él también lo estaba haciendo. Bajé la mirada a mi cuaderno y me puse a pasar páginas entre los dibujos de forma nerviosa. Sentí unos pasos al lado de mi mesa, oí cómo la silla se movió.
- ¿Podrías quitar la mochila de la mesa, por favor? –preguntó amablemente una voz masculina.
Alcé la vista y vi que era el chico nuevo, de nombre Ronald. No pude evitar sonreír de lado.
- Claro, perdona –susurré, y aparté la mochila, dejándola en el suelo.
Me correspondió a la sonrisa y se sentó, mientras notaba como si el corazón se me fuese a salir del pecho.
- Soy Juliet, encantada –me apresuré a presentarme.
- Yo Ronnie. Encantado igualmente.
Sacó su libro de lenguaje, que parecía bastante usado y lo dejó sobre la mesa. Al pasar las páginas vi escrito "My Chemical Romance". Abrí la boca con sorpresa.
- ¿Qué pasa? –preguntó al ver mi gesto.
- ¿Te gusta My Chemical Romance? –tartamudeé como una tonta-. Quiero decir, son poco conocidos, empezaron hace un año…
- Sí, me gustan bastante –sonrió amablemente-. Los descubrí por casualidad, y desde entonces los escucho –comentó sin dejar de sonreír.
- Yo también –murmuré, todavía atontada-. No conocía a nadie que les escuchase, aparte de mi amiga Crysthalle.
Seguimos hablando en voz baja acerca de la música, y a cada palabra suya me sorprendía más.
Quizá había tentado a la suerte por la mañana al pensar que iba a ser un día rutinario, porque, definitivamente, me había equivocado.
