Ohayo!

Autora: Hikaru no Yami

Advertencias: Tómenlas ustedes y (aunque yo no lo considere como malo pues me encanta) Shonnen-ai.

Nota importante: La mayoría de los capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un rewie. El ciclo escolar empieza en Septiembre-Octubre, años recientes, en la ciudad de Nagasaki. Los Sábados rara vez hay clases, la mitad están en tercer año y la otra en cuarto, menos Kenny, Joseph y Kiki (Kevin) que estám em primer año.

Nombres: Takao Kinomiya: Tyson Granger

Yuriy Ivanov: Tala

Mihaeru: Miguel

Hitoshi Kinomiya: Heero Granger

Mao Kon: Mariah

Hiromi Tashibana: Hilary

Kyo(no usaré el largo): Kenny

Del resto usaré los nombres de la versión estadounidense y algunos apellidos son

inventados.

Disclaimer: BB no es mío, le pertenece a Aoki Takao-san (Kami-sama lo bendiga 3), solo los

tomé prestados un rato.

AVISO SUPER IMPORTANTE:

-bla, bla, bla- Diálogo.

"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.

Bla, bla, bla Pensamientos.

Aquí les va, disfrútenlo!!!

Capitulo 3: "Clases especiales"

El Lunes durante la hora de literatura el profesor dijo que debíamos elegir un jefe de curso para que nos representara y cumpliera otras tantas tareas. Apenas había callado Hiromi levantó la mano y se ofreció como candidata y, aunque iba contra lo normal, Barthez escribió su nombre en el pizarrón.

-¿Alguien más? –preguntó con la tiza en la mano-. ¿Si, Kinomiya-kun?

-Yo nomino a... Brooklyn Masefield –dijo tras mirar rápidamente a todos lados.

-Muy bien... –escribió su nombre abajo del de Hiromi.

Las reacciones por todo el salón no se hicieron esperar, todas las chicas primero parecieron sorprendidas pero luego cuchicheaban emocionadas y sonrojadas entre ellas; Hiromi volteó a ver a Takao con cara de pocos amigos, casi con ganas de acecinarlo a decir verdad y este le sonrió con malicia en vez de asustarse como lo habría hecho cualquiera. Varios muchachos parecieron molestos por las reacciones de las chicas y a otros tantos les dio igual, Brooklyn, por su lado, miró sorprendido a Takao y este levantó el pulgar y le guiñó el ojo para darle ánimos, el de ojos esmeraldas solo sonrió divertido y se volvió al frente, aunque nadie pareció notarlo estaba cabizbajo.

-¿Nadie más? –ninguno levantó la mano así que se decidió a preguntar a cada uno su candidato predilecto.

-Por Brooklyn –dijo Takao cuando fue su turno y Hiromi, que iba en clara desventaja le lanzó una mirada tan mortal que me extrañó que saliera vivo.

-¿Señorita Usui? –preguntó señalando a Mathilda un poco después.

-Etto... –se movió nerviosa en su silla mirando alternativamente a Hiromi, Brooklyn y el pizarrón-. Yo... Brooklyn-kun –dijo al fin cerrando los ojos y encogiéndose en su lugar muy sonrojada. Hiromi se dio de topes contra su mesa mientras Takao intentaba aguantar la risa.

-Aunque están claros los resultados hay que ser justos –dijo y me miró-. Joven, ¿a quien elige usted?

-Gomen Hiromi-chan... –susurré viéndola, me volví al profesor y dije con firmeza-. Por Brooklyn.

En ese instante él, que había permanecido callado y con la cabeza gacha, alzó la cabeza sorprendido y volteó a verme con la mirada interrogante, yo le sonreí de la manera más cálida que pude y su rostro se iluminó también con una de sus radiantes sonrisas cerrando los ojos. Acentué el gesto al ver el suyo, parecía muy feliz.

-Muy bien, el joven Masefield desde ahora será el jefe de curso del salón 3-C y la señorita Tachibana la sub-jefa. Si hay algún aspecto que el joven Brooklyn no pueda cumplir usted se hará cargo señorita, confío en que puedo contar con ustedes y que cumplirán sus deberes al pie de la letra. Para tomar una decisión importante es necesaria la aprobación de ambos y en caso de desacuerdo la del salón en general.

-Si, señor –dijeron los nuevos representantes.

-Hiromi-kun –dijo Brooklyn levantándose-. Es un placer trabajar con usted –le sonrió y se inclinó en una pequeña reverencia. Muchas chicas suspiraron y Hiromi desvió la mirada sonrojada.

-Gra...gracias, para mi también. Felicidades.

-¡Excelente, maravilloso! –exclamó emocionado el profesor. Takao y yo lo miramos con una ceja alzada para luego intercambiar una sonrisa afectada-. Así me gusta, harán un gran equipo.

El Martes también ocurrió una cosa parecida, graciosa y molesta. Cuando terminó el descanso en vez de entrar a nuestro salón fuimos a los laboratorios, más específicamente al de química. El profesor, un hombre alto, de contextura ancha y piel negra, nos esperaba afuera.

-Buenos días alumnos –saludó cuando todos estuvimos allí-. Hoy las clases serán en el laboratorio y como supongo sabrán por cada mesa debe haber una pareja, antes de entrar deben elegir a su compañero, estarán juntos hasta el final del año.

Con cierto desorden se empezaron a elegir compañeros, todos iban de aquí para allá preguntando, negando y aceptando. Pronto solo quedaba un grupito de chicas rodeando a Brooklyn que les sonreía nervioso. Buscó con la mirada entre todos y se detuvo en mi, sus labios se movieron pero no dijo nada: "Taskete" (Ayúdame). "Gomen" se movieron los míos y acerqué a Mathilda para hacerle saber que ella era mi compañera. Su expresión cambió a una de aprensión y volvió a rodar su vista hasta dar con Takao pero este ya tenía a Hiromi como compañera, ambos le miraron pidiendo disculpas y el pobre de Brooklyn se desesperó más.

Una chica jaló su manga por detrás y apenada le dijo algo para luego bajar la mirada en espera de una respuesta. Brooklyn asintió y les dijo a las demás que sería compañero de esa chica. Todas la miraron de forma acecina pero Brooklyn la apartó de allí.

-Ahora que todos tienen compañeros, entren –dijo el profesor divertido abriendo la puerta y haciéndose a un lado.

La clase fue muy animada y amena, me agradó más que la de Barthez en donde sobresalía por mi experiencia y conocimientos, y eso que apenas estamos empezando. El señor Azuma era un hombre muy vivas y de paciencia infinita, cada duda la respondía y sus explicaciones eran claras y precisas.

Los últimos quince minutos no hicimos nada y nos dejó hablar entre nosotros, me acerqué a preguntar una duda en particular y de los estados de la materia pasamos a creencias religiosas. Tiene una mente abierta y experimentada, definitivamente química iba a ser una de mis clases favoritas.

-Ya pueden salir, nos veremos el Jueves en clases. No es necesaria tanta formalidad –dijo al ver a Brooklyn levantarse para rendir respetos-. Pero me alegra que se tome en serio su puesto.

-¡Sayounara sensei! –me despedí antes de salir, me contestó con una gran sonrisa y se despidió con la mano-. Brooklyn, matte curasai (Espera por favor).

-¿Doshitanda Miha-kun? (¿Qué pasa...?) –preguntó cuando por fin lo alcancé.

-Quería disculparme por lo de hace rato, pero es que ya había quedado con Mathilda y...

-Shimpai zuna (No te preocupes). Mi compañera es muy agradable y además tu y Mathilda-chan son muy apegados, trabajarán bien.

-Hai –asentí-. Por cierto... ¿Qué te dijo esa chica para que la aceptaras como pareja?

-Veras, todas las demás aseguraban ser excelentes en la materia, a pesar de que yo suponía todo lo contrario, pero Yumi-chan me dijo que no era muy buena y que me agradecería mucho mi ayuda, que quería aprender y que pondría todo su esfuerzo –explicó con un dedo alzado mientras andábamos por los pasillos-. Vi sinceridad en sus ojos y accedí, si ella necesita de mi ayuda y es tan valiente como para decírmelo no podía rechazarla.

-Eres muy bueno, Brooklyn.

-Basta, me sacarás los colores Miha-kun –dijo con fingida pena-. Jeje...

-Brooklyn, eres todo un personaje –le sonreí antes de abrir la puerta y cederle el paso.

-Y tú todo un caballero –sonrió de igual forma y entró ignorando que me había sonrojado sin querer. ¡Kuso! (Diablos).

-Estas planillas contienen todos los talleres que ofrece la escuela, con sus respectivos horarios, los profesores que lo imparten y descripciones –explicaba el profesor Barthez el Miércoles por la mañana-. Masefield-kun, entréguele esto a todos sus compañeros. Quiero que cada uno escriba los datos que le piden y señale cual será el taller o talleres -que los horarios sean flexibles si ese es el caso- que elegirán. Cuando terminen déjenlo en el escritorio y el profesor de cada área pasará por ustedes a la hora señalada. Les recomiendo que lo anoten en algún lugar para no olvidarlo –todo esto lo decía mientras Brooklyn se encargaba de repartir las hojas con la ayuda de Hiromi.

Cuando llegó a los puestos de Mathilda y míos nos susurró:

-Estaré en el taller de lectura, ¿y ustedes?

Nos miramos antes de responder y Mathilda le echó un ojo al papel.

-Yo igual, y al de dibujo.

-Yo también –asintió Mathilda. Brooklyn sonrió y nos guiñó un ojo antes de ir a su puesto-. Brooklyn-kun es muy agradable, ¿ne?

Asentí mirando sus cabellos naranjas.

-Ese día... Ya sabes, cuando le mostrabas la escuela –la miré con una ceja alzada-. Dijiste que querías estar con el.

-Eh... pues yo... dije eso porque... –comencé a tartamudear, ya se me había olvidado.

-Ahora entiendo por que lo hiciste –dijo sonriente-. Es una gran persona.

-Eh... si –volteé la cara hacia la ventana frunciendo el ceño molesto con migo mismo. La verdad es que a veces puedo ser un imprudente y un descuidado, esos eran rasgos que odiaba de mi personalidad.

La semana siguiente comenzaron los talleres, lectura era impartido por Barthez que pareció alegrarse de vernos a los tres. Para mi gran consternación Kai estaba allí y a la salida de mis clases él entraba y por algún motivo siempre me cruzaba con el. Curiosamente Takao y Ray entraron en repostería, este último también entró en deportes, por lo que supe Zeo y Yuriy entraron en el de música, Bryan en el de deportes y Max en el de dibujo. Me parece de importancia contar esto.

Uno de mis pasatiempos y aficiones es leer, desde niño he leído desde los clásicos griegos hasta los de casos policíacos o de terror. Mis favoritos son los de suspenso y fantasía, supongo que para una persona con tan poca emoción en su vida como yo estos géneros son perfectos. Mi política, o mejor dicho, filosofía es: No hay mejor amigo ni maestro que un libro; siempre está allí para ti, guarda tus lágrimas y sonrisas y te hace sentir que tienes una lugar en esto que llamamos mundo, al menos por el tiempo en que lo lees. Si tienes la suerte de obtener y leer muchos libros debes sentirte como una persona muy afortunada. Escritor, eso era lo que quería ser y lo sería, ya estaba comenzando a escribir mi primera novela. Ser escritor es mi sueño a largo plazo, mi deseo más grande y profundo pero siempre he dicho que al ser un deseo algo incompleto no debo entremezclarlo con esto, ya que una vez realizado deja de ser un deseo, al menos eso pienso. Por eso Barthez estaba más que encantado cuando escuchaba mis resúmenes y fragmentos de ideas que mandaba a escribir y redactar usando fragmentos de muchos libros como actividades del taller, muy pronto me tuvo en gran estima pero no dejaba de sentirme incómodo en su presencia, era algo inevitable.

A parte de mi, Brooklyn y Mathilda demostraron un gran potencial en la clase, los ensayos de Mathilda solían ser dulces y tiernos, los de Brooklyn llenos de acertijos y misterio. Me parecía que tenían un significado oculto, le pregunté una vez si se había planteado la idea de ser escritor. Sonrió algo sorprendido y con cierto misterio aseguró que tenía otros planes para su futuro.

-Necesito hablar con tigo más tarde –me dijo un día Kai antes de que entrara en el salón.

-Cla...claro Kai-san –respondí nervioso. De solo intentar imaginar que querría hablar Kai con migo bastó para que no pusiera un ápice de atención en clases.

-Tienes razón, Mathy-chan –decía Brooklyn mientras recogíamos nuestras cosas-. Sa, Ikueyou (Bien, andando) –dijo echándose la mochila al hombro.

-¿Mihaeru? –preguntó Mathilda al ver que yo no los seguía.

-Yo... adelántense, ya los alcanzo –se miraron antes de asentir y salir del salón especialmente equipado para su finalidad, llenos de libreros y mesas de lectura en vez de pupitres.

-Y ahora... –dijo una voz a mi espalda. Me estremecí como si una corriente de aire helado hubiera llenado el lugar-. Hablemos.

Al voltearme ya estaba allí, tan imponente y portentoso como siempre. Tenía una mano dentro del bolsillo y la otra agarrando su mochila. Me indicó que lo siguiera y para mi sorpresa subimos a la azotea, lo más curioso es que tenía la llave pero preferí no preguntar ni objetar nada.

-¿De que querías hablarme? –le pregunté después de un rato en silencio solo viendo su espalda ya que tenía apoyados los brazos sobre el barandal-. ¿Kai-san?

-Llámame solo Kai, no me gusta eso de "san" –dijo sin voltearse.

-Está bien... Kai.

-Mucho mejor –se dio la vuelta y recostó su espalda en el barandal-. Tranquilo, no me caeré. Te traje aquí para hablarte sobre lo del otro día.

Enseguida me puse nervioso. Su mirada se volvió más penetrante.

-Cuando te quedaste dormido, ¿lo recuerdas? –yo asentí-. Hablaste en sueños.

Oh, oh. Palidecí casi al instante, ya mi madre y Claude me lo habían dicho, que suelo hablar mientras duermo y la mayoría de las veces eran incoherencias pero a veces no tenía tanta suerte.

-¿De verdad? ¿Y que dije? –pregunté en tono casual, para mi mala suerte no cubrió del todo el nerviosismo de mi voz y Kai sonrió con cierta malicia que no me gustó nada.

-Oh, nada muy relevante –respondió de la misma forma-. Pero dime: ¿Quién es el ángel de las esmeraldas? -mi estómago dio un vuelco...-. ¿Y qué tenía yo que ver en ese sueño? –y luego se retorció.

Lo había olvidado, mientras dormía soñé con un ángel muy parecido a Brooklyn, sus ojos, que brillaban como dos esmeraldas, eran idénticos. Kai también apareció, estaba a mi lado y le pregunté por que el ángel de las esmeraldas lloraba. Me contestó: "Le teme a su propia oscuridad".

-Pues...

-¿Si? –alzó una ceja.

-No lo recuerdo –dije tras dudar un poco-. Seguramente escuchaste mal, no recuerdo nada de eso.

-Mis oídos funcionan perfectamente, para tu información –se enderezó y se acercó lentamente, me recordó a un cazador experimentado acorralando a su indefensa presa-. y mi memoria no es lo de menos. A decir verdad, es extraordinaria –estaba ya a unos pasos de mí y yo en un intento de alejarme retrocedí hasta quedar contra la pared-. Sé que no estoy equivocado y también sé perfectamente que lo recuerdas. Eres demasiado obvio, Mihaeru.

Tragué duro y baje la mirada, la suya era demasiado penetrante.

-La verdad... no fue gran cosa. Solamente... –comencé a relatar lo que recordaba sin mucho detalle. Kai pareció ligeramente complacido y se alejó dándome más espacio y una sensación de alivio.

-Gracias, ya es tarde, hay que ir a clases.

-Shoto matte (Espera un momento) –se detuvo con una mano en el pomo de la puerta-. Ahora yo quiero preguntar algo.

-Adelante.

-¿Por qué tienes esas marcas en tu rostro? –se tensó, cuando me miró lo hizo con unos ojos tan fríos que retrocedí por instinto-. Perdón, yo no...

-Esa historia –respiró hondo varias veces antes de seguir-. Te la contaré después, no ahora, pero lo haré. La única pista que te doy es que... fue en mi niñez.

Una brisa sopló agitando y revolviendo mis cabellos cuando se perdió de vista al bajar las escaleras dándole quizás más dramatismo a la escena. Entonces me pregunté a mi mismo: ¿Qué tantos misterios iba a encontrar en esta escuela? Observé el horizonte y recordé de nuevo el sueño. "Kai, ¿Por qué llora el ángel de las esmeraldas?" "Por que le teme a su propia oscuridad".

-A su propia oscuridad... –susurré al viento. Bajé las escaleras y por supuesto llegué tarde a clases.

-¿Qué ocurrió? –me preguntó Mathilda susurrando-. ¿Por qué llegaste tarde?

-Porque lloraba...

-¡¿Cómo?!

-No, por nada –negué con la cabeza, fue muy poco convincente. Miré al frente, Brooklyn tenía alzada la mano mientras contestaba una pregunta formulada por el profesor, ¿Qué significaría ese sueño? ¿Qué tendrían que ver Brooklyn y Kai en el?

Perdí mi mente por la ventana y me desconecté del resto del mundo hasta la siguiente clase, no tenía ganas de hacer nada.

-Kai no bakka...

A la semana siguiente, el Martes tuve taller de dibujo. Me encontré con Max en el camino y entramos conversando sobre Takao y sus hábitos alimenticios pues esa mañana se había dedicado a "probar" nuestros desayunos. Mientras nos reíamos recordando la molestia de Emily, una chica pelirroja y anteojos, recién nombrada capitana del equipo de Tenis (también recientemente fundado) que estudiaba con Mao y gran amiga de Max; luego de que Takao se comiera su atún con mayonesa. Supimos que era su platillo favorito pues dejó con una inflamación a nuestro glotón amigo.

Nos fuimos a sentar, uno al lado del otro, en nuestras respectivas mesas de dibujo casi al frente del salón. La profesora Salima nos mandó a dibujar lo primero que se nos viniera a la cabeza. La mujer tenía un título en psicología y era reconocida como una gran poeta, tal vez quiso conocernos un poco más por medio de esto, con esa clase de personas nunca se sabe.

-No... así no –mascullaba con una mueca crítica en la cara al ver que el boceto de una guitarra no quedaba bien.

-¿Algún problema, dude?(N/A: Se pronuncia dud, es como decir, viejo o amigo) –preguntó el rubio.

-Es que no me sale bien esta curva de aquí... parece un defecto de fábrica –comenté ladeando la cabeza. Max rió antes de tomar una goma de borrar especial y su lápiz de carboncillo.

-Déjame tratar –me aparté un poco dándole espacio. Se inclinó hacia delante y con cuidado y delicadeza trazó un par de líneas-. Bien... ¿Qué tal?

-Eres genial –lo halagué-. Ahora si podré pintar sin confundir la figura con una pera.

De nuevo soltó una carcajada alegre, dulce y contagiosa. Seguimos con nuestro trabajo hasta el final de las clases, la profesora pasaba por cada puesto desde atrás viendo los trabajos, evaluando y haciendo críticas constructivas mientras conocía más de nosotros con sus métodos psicológicos o "trampas" como me gusta llamarlos.

-Creo que ya está –dije pasando mi vista por cada trazo-. ¿Y tu que tal Max?

-Yo igual, solo un par de toques más y listo –contestó sin apartar su mirada de la pintura. Me acerque para ver bien lo que sea que lo había tenido tan concentrado. Podíamos usar la técnica que quisiéramos, ya sea incluso el claroscuro. Hoy era una clase de práctica.

-¡Sugoi!(Increíble!) –exclamé. En la cartulina blanca estaba dibujado, o terminando de dibujar, a una tortuga. Tan brillante y perfectamente hecha que tenía el presentimiento de que si tocaba el caparazón podría sentir la textura y los recovecos entre esos cuadritos o como fuera que se llamasen. Incluso los ojos negros, brillantes y pequeños del animal tenían un fulgor bastante realista.

-¿De veras lo crees? –preguntó deteniéndose-. Si no es para tanto.

-Muy bien chicos, muéstrenme hacia donde se encausaron sus pensamientos –dijo la voz de la profesora a nuestra izquierda. Pronto supe que esa frase era una de sus favoritas.

-Eh... si –me levanté y ella se aproximó a la hoja para verlo.

-Una guitarra... –musitó con cierto interés-. ¿Tienes una, siempre has querido aprender o algo así?

-Ah, mi abuelo me regaló una cuando era pequeño y aprendí a tocar.

-Sokka (Ya veo) –dijo irguiéndose-. Tienes aptitudes para el arte, te felicito. Está muy bien.

-Arigatou –sonreí-. ¿Oíste Max? Sirvo para algo.

-Mihaeru –advirtió con gracia imitando a Hiromi cuando nos regañaba-. Salima-sensei, ya terminé.

-Muero por ver lo que hiciste –dijo. Ahora que recordaba, no era la primera vez que Max se inscribía en ese taller, por lo cual la profesora ya estaba familiarizada con el-. ¡Oh Max! Es hermoso, es Genbu, tu tortuga, ¿verdad?

-That's right (Así es) –contestó asintiendo.

La profesora alabó un poco más su trabajo antes de seguir con el de los demás, varias personas se acercaron para ver el dibujo hecho a carboncillo y degradaciones de colores opacos. Si ese era un trabajo de práctica me moría por ver los del resto del año.

-Con que sabes tocar guitarra –dijo saliendo del salón en ingles.

-Si, aprendí hace algunos años –dije haciendo memoria, también en ingles-. Y yo no sabía que dibujaras tan bien. ¿Dónde aprendiste?

-Aprendí yo solo. Supongo que desde niño me ha gustado, empecé con cosas simples hasta ir mejorando mi técnica, no soy del todo bueno pero lo importante es disfrutar, no ser el mejor. Ojalá Emily y los chicos entendieran eso –suspiró con fastidio refiriéndose a unos amigos suyos, americanos igual que el, todos capitanes de algún equipo deportivo de la escuela-. Pero que se le va a hacer.

Ya estábamos en la entrada de su salón, detenidos frente a la puerta mientras los estudiantes que iban entrando(muchos de nosotros teníamos a esta hora los talleres) nos miraban curiosos por estar hablando en ingles. Naturalmente yo era más lento y torpe al momento de formular una oración pero no me quedaba muy atrás.

-Claro que eres bueno, me dejaste en ridículo. No lo vayas a tomar a mal.

-El dibujo no es solo un arte, es una manera de expresar tus sentimientos. Dime amigo –abrió los ojos, que desde que hablé mantuvo cerrados. Mi estómago se retorció de manera extraña-. ¿Qué sientes? ¿Qué hay dentro de ti?

El profesor llegó en ese momento y lo mandó a entrar. Se despidió de mi como siempre, con su sonrisa radiante y me dejó parado allí en el pasillo, sintiendo que algo dentro de mi había reaccionado, como un sentimiento dormido en lo más profundo de mi alma. No lo comprendí por más que lo pensé durante el día, y el resto de la semana actuó tan normal como siempre, o normal en lo que cabían los amigos de los que me estaba haciendo.