Ohayo!
Primero que nada, muchísimas gracias por sus R&R, que son tan importantes! Aunque me han dicho que no se debe hacer no puedo dejar de hacer esto: Lacryma Kismet, mi nueva mami de FF n.n: Gracias! Siempre eres de las primeras en dejarme un comentario, eres tan linda TuT Viste que yo también te dejé uno? Va en serio, pero regresando aquí te diré que ahora empieza lo bueno, pendiente con las pistas y los comentarios salidos de la nada. TQM! Actualiza pronto, hablamos n.n. Hakura-chan: Como siempre a tiempo! Dejame decirte que Miha es uno de esos personajes con el que muchos se sentirán identificados, es como un adolescente común pero tiene sus rasgos especiales, y Asuma-sensei lo basé en mi profe de química jiji. Sobre Mystel... humo veamos que tan acertadas son tus teorías. Me alegra que les haya gustado, prometo no decepcionarlas. De nuevo pido ayuda para el capítulo "Navidad", está difícil y me está tomando demasiado tiempo. Help! T-T. En los R&R sigo igual que antes y Filbur-sempai gomen! Sé que no debí hacerlo pero era necesario, se los debía. Ilem, no te aterres, cualquier cosa hablamos. Fujimaru, no me mates ni digas nada, ya hablaremos nosotros también, no le digas a ya sabes quien o terminaré: x¬x así. Saludos!
Título: Fantasy
Autora: Hikaru no Yami
Advertencias: Tómenlas ustedes y (aunque yo no lo considere como malo pues me encanta) Shonnen-ai.
Sumary: Yume, sueños, dreams, en cualquier idioma parecen molestarme. Y como sus ojos luchan por decirme algo, pero no puedo entenderlos. ¿Soy una amenaza? ¿Acaso sabes algo,...? (Mihaeru)
Nota importante: La mayoría de los capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un review. El ciclo escolar empieza en Septiembre-Octubre, años recientes, en la ciudad de Nagasaki. Los Sábados rara vez hay clases, la mitad están en tercer año y la otra en cuarto, menos Kenny, Joseph y Kiki (Kevin) que están en primer año.
Nombres: Takao Kinomiya: Tyson Granger
Yuriy Ivanov: Tala
Mihaeru: Miguel
Hitoshi Kinomiya: Heero Granger
Mao Kon: Mariah
Hiromi Tashibana: Hilary
Kyo(no usaré el largo): Kenny
Del resto usaré los nombres de la versión estadounidense y algunos apellidos son
inventados.
Disclaimer: BB no es mío, le pertenece a Aoki Takao-san (Un hurra por el 3), solo los
tomé prestados un rato.
AVISO SUPER IMPORTANTE: Addanight, si ya estás leyendo déjame un R&R plis n.n como te dije Ray ya apareció, no es lindo? Bueno, han pensado alguna solución a todas esas preguntas? Déjenme saber alguna de sus suposiciones, dije que la más acertada se llevaría un premio, Hakura, si me las dirás? Creo que eso es todo.
-bla, bla, bla- Diálogo.
"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.
Bla, bla, bla Pensamientos.
Empecemos!!!
Capitulo 5: "Las palabras de un ángel y los gritos del corazón"
Cuando desperté me encontré con un ambiente frío y nublado, el cielo parecía cubierto por una capa de nubes grises, daba la impresión de que llovería. Por sentido común y un presentimiento, me llevé la chaqueta/impermeable del instituto al salir de casa para ir a la escuela. A pesar de no ser muy temprano no habían muchas personas por las calles y al llegar no vi a tantos estudiantes que digamos. Dejé la bicicleta donde siempre y entré al edificio en donde como maldita rutina matutina me cambié el calzado y subí las escaleras directo a mi aula de clases.
Capté en el segundo piso una extraña conversación que me hizo detenerme y acercarme a averiguar, no podía evitarlo esa era mi naturaleza curiosa.
-Termina con eso –decía la voz de una mujer que se me hizo muy familiar.
-Vamos, no seas mala –le contestó otra que, a pesar de sonar obstinada, me pareció de una persona alegre y jovial.
-Ya basta Enrique, no te puedo dejar solo ni un segundo, ¿verdad? –dijo una tercera voz.
-Me estás obligando a ponerme ruda.
-No te contengas hermana –instó una cuarta voz a la de la mujer, esta también creí haberla escuchado.
-¡Ven aquí! –exclamó la tercera y la puerta que estaba a mi derecha se abrió de golpe.
Eran dos chicos, el más bajo tenía el cabello verde y tiraba de la oreja de un rubio alto y de ojos azules. El rubio se quejaba y decía una cosa ininteligible en una lengua extraña mientras se debatía en recuperar su oreja, el otro solo caminaba molesto y con cara de pocos amigos hacia las escaleras, eran muy atractivos y llamativos.
-¡Hola chicos! –dijo alguien a mi espalda, al girarme vi a Max y a Zeo que subían las escaleras justo en ese momento.
-Hola Max, Zeo –masculló molesto el de cabellos verdes al pasar por su lado.
-¡Maxie ayúdame! –gimoteó el rubio moviendo los brazos con desespero.
-¿Qué hiciste esta vez Enrique?
-Solo estaba siendo "el"... –murmuró el más bajo.
-¡No aprietes tanto! –se quejó-. ¡Suelta Oliver, eso duele mucho!
-Adiós chicos, Oliver no seas muy rudo con el –exclamó Max divertido mientras Zeo reía a carcajadas-. Mihaeru... –volteé a verlo y con los ojos cerrados me sonrió-. Ven, vamos.
Subimos las escaleras y entramos a el salón 3-D, dejaron sus cosas en sus respectivas mesas, una detrás de la otra a tres puestos del frente y se acercaron a mi para hablar.
-No te preocupes, ellos suelen ser así –dijo Max al ver mi expresión de sorpresa y confusión.
-¿Esos eran...?
-Julia y Raúl –asintió Max. ¡Lo sabía! Diablos, hablando de mala memoria. (N/A: Lo mismo digo ¬¬)
-Yo solo temo por Enrique –soltó Zeo y empezó a reír.
Max volvió a sonreír, ¿qué nunca se cansaba de hacerlo? Siempre, todos los días y a todas horas estaba sonriendo, no es que me moleste. ¡Por el contrario! Su sonrisa era más radiante que la de Takao y un poco más angelical que la de Brooklyn, pero no lograba entender como una persona podía andar sonriendo tanto, ¿qué motivos podría tener? Fueran los que fueran tenían que ser muy buenos.
Me quedé allí con los dos hasta que la campana indicó el inicio de las clases, conversar con ellos era fácil y agradable ya que eran muy simpáticos. El año pasado yo había conocido a Max, que estudiaba con nosotros y este año Takao me presentó a Zeo. Ambos me llamaron mucho la atención desde el primer momento, las tiernas pequitas de Max dándole un toqué infantil a su dulce rostro, esa sonrisa imborrable, su cabello rubio, mil veces más bonito que el mío y sus vivaces y alegres ojos azules hacían de el un ángel, un querubín.
Zeo por su parte era uno de los chicos más curiosos que había conocido, sus cabellos turquesas lo hacían ver como una niña (N/A: ¡Si hasta yo creí que lo era! No pueden culparme ¬¬) pero no irreconocible, su figura delgada y casi frágil hacía que muchos, tanto chicas como chicos siempre se acercaran a él con dudosas intenciones, pero Takao (sobre todo el) Max y Ozuma siempre estaban allí para sacarlo de esas incómodas situaciones. Sus ojos eran tan verdes como su cabello y mostraban una ternura e inocencia arrebatadoras, su andar, grácil y suave y sus cambios rápidos de humor (A veces estaba feliz y al siguiente momento podía ponerse melancólico y hasta molesto) eran tan repentinos como adorables.
-Nos vemos después chicos, le prometí a Mathilda aplicarme al máximo hoy y no puedo darme el lujo de llegar tarde.
-De acuerdo, hasta luego amigo –se despidió Max agitando la mano y sonriendo de esa forma que solo él puede y sabe hacerlo.
-Mi...Mihaeru –llamó Zeo con un susurró, al girarme bajó la mirada apenado y creí verle una sombra rosa en las mejillas-. Mándale saludos a Taka de mi parte, ¿si?
-Hai –dije antes de salir y dirigirme a mi propio salón.
Takao se puso muy contento cuando le comenté lo de Zeo, por lo que entendí no habían podido hablarse o verse el fin de semana y como siempre llegaba tarde no lo veía sino hasta los descansos, con una sonrisa por su parte y otra de las profundas y misteriosas miradas de Brooklyn empezamos las clases.
Matemáticas no era ni sería mi punto fuerte nunca, ni en primaria ni aquí, la odiaba y a pesar de que me esforzaba y quemaba mis neuronas tratando de entender parecía una misión fallida. Prefiero la física, irónicamente era un alumno excelente. Igual que yo estaba Takao (menos eso de la física), solo que este había optado por una elección más sencilla: dormir, Hiromi seguro le reñiría más tarde.
Ella, por su parte, era excelente en la materia (lo se por que estudiamos juntos en primer año) y siempre que podía pasaba al frente para resolver algún problema o ejercicio... Pero a pesar de lo buena que era no pudo evitar verse opacada por alguien más, alguien que desde el primer instante supe que era especial, alguien con los ojos más misteriosos y encantadores que hubiera visto.
-Tres tercios –contestó Brooklyn dando la respuesta por cuarta vez seguida, Hiromi lo miró incrédula y yo fascinado, no era muy difícil.
Bajo la mano y volteó a verme, me sonrió de esa forma tan tranquilizadora suya cerrando los ojos. Parpadeé un par de veces y le devolví la sonrisa algo vacilante a sabiendas de que muchos del salón no perdían detalle. Me estaba dando cuenta de que al parecer todos tenían su propia y especial forma de sonreír, y si no era así sabían darle a sus gestos un toque personal.
Luego de la clase de matemáticas venía el descanso, para desgracia de muchos y suerte para mi empezó a llover. Takao no dejaba de protestar por el clima hasta que Max y Zeo entraron al salón, pareció olvidarse de su enojo y se quedó en un rincón hablando con Zeo (Max había dicho que tenía que reunirse con unos amigos suyos y se fue) muy sonriente.
Claude entró buscándome y junto con el comí el desayuno al lado de una ventana abierta, disfrutando del ambiente y de la lluvia. Una de mis principales características es que adoro la lluvia y los días fríos y nublados. Esos días en particular mi humor es tranquilo, apacible y hasta dulce, mi mirada se suaviza y habló con un letargo y sosiego que a veces, me decían, daba miedo. Mi paciencia era infinita, mi mente y espíritu se llenaban de paz, una paz que yo sabía era pasajera y muy rara de apreciar en mi.
-¿Y qué hizo el? –preguntó Claude divertido.
-Gritó: ¡Pues entonces compórtense como tal! –dije imitando la voz de Hitoshi.
Claude rió mientras negaba con la cabeza, le estaba comentando lo que había pasado ayer en casa de Takao. Después de que se calmó no dijo nada y nos sumimos en silencio, pues yo no planeaba hablar por ahora. Estaba recargado de espaldas al borde de la ventana mirando hacia la pared con una bola de arroz en la mano mientras que yo, a su lado, tenía posado los brazos en el alfeizar de la ventana con la cabeza descansando de forma ladeada sobre estos.
-Disculpen –dijo una voz con curioso acento. Nos volvimos y vimos a Raúl-. Buenos días.
-Eh, buenos días –contestamos tras despabilarnos.
-¿Pueden decirme donde está Mathilda?
-Ella no vino hoy, está enferma –dije. Su expresión se tornó preocupada.
-¡Que terrible! Ojalá se recupere pronto.
-Posiblemente hoy hable con ella, ¿quieres que le diga algo de tu parte?
-No te preocupes, era para devolverle algo. Bueno, gracias –dijo dándose la vuelta pero se detuvo en seco-. Por cierto Mihaeru, mi hermana el otro día te estaba buscando.
-¿A mi? –pregunté incrédulo-. ¿Para qué?
-Supongo que solo quería conversar con tigo –se encogió de hombros-. Creo que le agradas. Hasta luego chicos. Saluda a Mathilda por mi, ¿si? –y se fue dejándome desconcertado.
-¿Y a ti te agrada Julia? –preguntó Claude dándome golpecitos en el costado.
-¡Ya cállate y come! –dije volviendo a mi posición anterior en la ventana. Para que se imaginen el efecto que puede tener un día lluvioso sobre mi les diré que casi enseguida regresó mi estado de letargo.
-Ya tenemos que entrar a clases Miha –dijo viendo su reloj cinco minutos más tarde.
-Aun no ha sonado la... –dije con desgano y los ojos casi cerrados de solo imaginarme el tener que volver a sentarme en mi silla a oír clases cuando sonó la dichosa campana del receso- campana...
-Vamos –insistió él enderezándose y dándome unas palmaditas en la espalda para que lo imitara.
Me erguí con un mohín en mi cara, la verdad la idea de tener que asistir a clases se me antojó de pesadillas. Nos despedimos en las escaleras, Claude tratando de animarme un poco, y entramos a nuestros respectivos salones. Caminé pesadamente entre las mesas hasta mi lugar, donde me dejé caer sin ánimos, casi en seguida la puerta se cerró justo detrás del profesor.
-De pie –dijo Brooklyn con voz calmada parándose, todos lo imitamos rápidamente.
-Buenos días muchachos –dijo con su voz pastosa el profesor dejando sus cosas sobre el escritorio de madera.
-Buenos días señor Barthez –respondimos a coro haciendo una pequeña reverencia.
-Siéntense –dijo Brooklyn dando el ejemplo.
-Excelente, como de costumbre joven Brooklyn.
-Gracias sensei –respondió cortésmente a nuestro titular.
-Muy bien, y ahora saquen sus libros y ábranlos en la página sesenta...
La clase de literatura avanzó igual que siempre, el maestro utilizaba sus complejas palabras para las frases más simples, algunos se levantaban y leían en voz alta para que después otros realizaran la interpretación del texto leído. Yo, por mi parte, no podía estar más aislado de mi alrededor, un error caro que luego tendría que pagar.
Una de las razones principales por la que iba con la psicóloga el año pasado era por las cosas que solía escribir en mis tiempos de ocio. No eran temas perturbadores ni lascivos, solo era la profundidad, la complejidad y el abismo que estos mostraban y quizá el estar separado de Mathilda, fuente de apoyo y amistad para mi, hacían que lo hiciera más a menudo (Recuerden que en segundo año estudiamos en salones diferentes).
Ese día, con ese clima y la ausencia de Mathilda talvez, abrí mi libreta en uno de las últimas páginas sin importarme demasiado en cual y empecé a escribir. Hacía un tiempo que no escribía y digamos que el plasmar mis ideas y mis sentimientos en el papel de esa manera se sentía maravilloso. Y como yo bien sé, pero en ese momento ignoré, las cosas buenas son a cambió de otras.
-Podría decirme, joven –susurró una voz muy cerca de mi-. ¿Qué puede ser tan importante como para no prestar atención a mi clase?
Un escalofrío recorrió mi espalda, tragué duro antes de mirar con miedo al señor Barthez que estaba parado a mi lado con una mirada dura y amenazadora a su vez oculta por una expresión de falso interés. No respondí en seguida, eso lo molestó más.
-Levántese –dijo con voz autoritaria, así lo hice-. Bien, ahora valla al frente y lea en voz alta lo que sea que estuviera escribiendo –ordenó.
-Se...señor... yo no... –balbucí nervioso.
-Yo nada. Ahora cumpla mis órdenes –sentenció.
-Si... –respondí abatido. Con cada paso que daba mi pulso y mis latidos se aceleraban más de solo pensar las consecuencias que esto podría acarrear.
No solo estaba a punto de pasar vergüenza, si ya no lo acababa de hacer, sino que podrían tacharme, con una rapidez increíble, de loco y extraño además de que de seguro volvería a las sesiones con la orientadora.
-Hable –ordenó desde atrás.
Sujeté mi libreta con fuerza para parar el temblor de mis manos, que empezaban a sudar. Miré a todos mis compañeros, desde Hiromi, que se veía preocupada, pasando por Takao, que se mordía el labio, hasta Brooklyn, que me miraba con tierna curiosidad. Al menos podrías mostrarte preocupado, ¿ne?
-"Arboles grandes me rodean, sus verdes hojas me cubren, la serpiente pasa ciega, con su mirada me consume" –recité con voz trémula-. "La senda se hace eterna, la senda se hace larga, en medio del bosque veo el cielo, y sus nubes con lentitud andan."
Los molestos cuchicheos entre los demás habían parado y en su lugar solo estaba el silencio siendo interrumpido por mi voz. Las gotas de lluvia chocaban con los cristales de las ventanas dándole un efecto más dramático a la escena en donde yo era el personaje principal y no precisamente porque quisiera.
-"Ni una flor ni una fruta, solo en mi hombro se posa una lechuza. Blanca como la nieve, moteada como la luna, blanda como las nubes, silenciosa como la muerte. Un lago aparece frente a mi, el gato a mis pies maúlla, tan negro como la noche, tan ágil que no lo vi. Ambos animales han desaparecido, en la inmensidad solo me veo a mi mismo, la vasta laguna refleja el cielo, permanece más quieta que el mismo silencio. Me acerco con lentitud, y la toco con desgana... No pasa nada."
Sentía todas las miradas sobre mi, pero no separé mi vista de la lectura, ya que había comenzado no podía parar, mis labios se movían insistentes y mis ojos se posaban en cada palabra escrita para luego recitarla.
-"Miro en sus calmadas aguas, solo un color se aprecia, repito: no pasa nada. Creo ver mi rostro, aunque sea por una fracción de segundo, igual que siempre, ajeno a mi, tan misterioso como sencillo en sí. Al levantarme sigo mi camino, los árboles se apartan, por un nuevo sendero mis pies avanzan. Justo en el suelo, cerca de mi no muy lejos, veo una llave, hermosa fue tallada, es huérfana y sin morada. Me acerco con lentitud y la tomo entre mis manos, es ligera es pesada, es todo y a la vez nada. Con regocijo la observo, bronce labrado, bronce opacado, y aun así deslumbra si fin, que curioso aquel rubí." –me detuve para tomar aire y luego continué-. Continuo mi camino, con el objeto aferrado a mi. Un obstáculo se presenta, de piedra es la pared, la traspaso y despierto, la rodeo y atrás la dejo. Llego a una bajada, justo después de esta una saliente se ve. Más allá de todo eso, más al horizonte y a lo lejos aprecio lo más hermoso que..."
-¡Basta! –gritó el profesor de repente haciéndonos dar a todos un respingo.
Lo miré asustado, más que antes. ¡¿Qué he hecho?! Me grité internamente, se suponía que no debía haber leído eso. ¿Y ahora que haría, que iba a pasar? El profesor se acercó y me tensé pero justo antes de que pasara algo...
-¡Brooklyn! –exclamó Takao sorpresivamente-. ¿Estás bien?
Miramos primero a Takao, quien se había levantado y tenía las manos apoyadas sobre su mesa, y luego a Brooklyn, me asusté al hacerlo. Estaba temblando abrazándose a si mismo murmurando algo por lo bajo.
-¿Qué le ocurre joven Brooklyn? –inquirió el profesor al verlo en ese estado.
-Hoy se estuvo sintiendo mal... Pero es tan testarudo que no quiso ir a enfermería, tal vez ahora si lo llevo... –intervino Takao de nuevo.
-Hmm, si esta bien –dijo después de pensarlo un poco el señor Barthez-. Joven Kinomiya, haga el favor de acompañar a su compañero a la enfermería.
-Hn –asintió Takao.
Se acercó a Brooklyn y lo instó a ponerse de pie con tranquilidad, le rodeó los hombros con el brazo y pacientemente empezaron a caminar hacia la puerta. Jamás había visto a Takao con una mirada tan seria, fue muy raro en el. Salieron del salón en silencio, solo interrumpido por el viento golpeando las ventanas y los susurros de Brooklyn que eran inteligibles. Takao había mentido, esta mañana Brooklyn se encontraba perfectamente.
-Bien –dijo Barthez, he notado que dice eso mucho-. Y ahora joven vaya a su lugar y preste atención –ordenó con mirada y voz dura-. Hablaré de esto con la señorita Kajo.
-Si señor... –musité rendido dirigiéndome a mi mesa con todas las miradas posadas sobre mí.
Takao regresó al final de la clase con Brooklyn un poco más tranquilo pero algo ausente. Hiromi tuvo que ordenar respetos al profesor a petición de Takao y Brooklyn apenas hizo caso.
Historia del Japón era la última clase del día, una de las más fastidiosas y aburridas. Cuando terminó recogimos nuestras cosas para salir con lentitud, la gran mayoría estábamos medio adormilados. Algunos pedían un aventón o compañía para ir a sus casas ya que afuera estaba lloviendo de nuevo. Takao se despidió de mi y se fue con junto con Hiromi, Max y Zeo, quien se ofreció a llevarme pero rechacé educadamente la invitación, porque además de que me pareció que ya eran muchos tenía ganas de caminar y sin mencionar que un clima como este no se podía desperdiciar. Me extrañó que Ray no se fuera con ellos pero me quedé con la duda y callé.
Claude me esperaba en las escaleras como casi todos los días, iba a bajar cuando vi que Brooklyn salía del salón de clases, daba la impresión de estar perdido. Me sentí mal y un tanto culpable, tenía la impresión de que fue por mis ocurrencias que él estaba así. Me disculpé con Claude y me acerqué a mi pelirrojo compañero, me sentía obligado a acompañarlo a su casa como mínimo.
-Brooklyn... –llamé frente a el justo después de que Claude bajara las escaleras. Brooklyn levantó la mirada con expresión ausente-. ¿Te puedo acompañar?
Me miró en silencio unos momentos para luego sonreír como siempre y asentir. En el primer piso nos cambiamos los zapatos y nos pusimos las chamarras que nos cubrieron del frío viento que soplaba afuera. Habían varios estudiantes dentro del edificio y bajo el toldo viendo caer la lluvia y charlando sobre cosas triviales, el sacó un paraguas de no sé donde y lo abrió adelantándose unos pasos. Se volvió hacia mi y con los ojos cerrados me sonrió.
-Ikke Miha-kun –dijo con su voz suave. Yo asentí y me apresuré a ir a su lado refugiándome bajo el paraguas azul celeste que sostenía.
Cuando ya estuvimos listos empezamos a caminar en un cómodo silencio, varios estudiantes hacían lo mismo que nosotros, de dos en dos o de tres en tres bajo los paraguas o corriendo hacia la calle donde los esperaban sus padres dentro de calentitos coches. Salimos del instituto, de vez en cuando mi hombro rozaba el suyo, apenas habíamos pasado unas calles se detuvo y bajó la mirada al suelo como si fuera lo más interesante del mundo. Yo le imité al sentir unas gotas en mi cabeza y lo miré ya bajo el paraguas.
-¿Sucede algo?
-Pues... me preguntaba si... –empezó dudoso, me extrañó ya que Brooklyn era alguien que hablaba sin rodeos-. ¿Te importaría que pasáramos por el parque que está cerca de aquí? Aún no quiero irme a mi casa.
-No, para nada.
-Solo si tu quieres –agregó mirándome, yo le sonreí.
-Si quiero, vamos.
Le palmeé el hombro. Me sonrió agradecido y fuimos al parque, que estaba desierto, nos quedamos bajo un gran y frondoso árbol y cerró el paraguas. Me recosté del tronco con despreocupación y perdí mi mirada en la nada, mirando la lluvia caer. Sonreí lánguidamente, había accedido a la petición de mi compañero por el clima, la verdad era que valía la pena estar allí para ver lo hermoso y pacífico que estaba el parque, y más por esa neblinita que descendió dándole un aspecto tranquilo a todo.
-Gracias –oí que dijo.
-De nada... ¿Por qué?
-Por todo Miha-kun –respondió y ladeé mi cabeza para verlo. ¡Un ángel!
Estaba apoyado del árbol con los brazos tras la espalda y una pierna flexionada, su mirada reflejaba una paz y felicidad inmensas, su sonrisa era tierna y dulce y su voz suave. En ese momento Brooklyn parecía algo sublime que estaba prohibido ser tocado, como una figura de porcelana pero más hermosa y no tan frágil. No dije nada, me quedé embobado ante aquella imagen. De un movimiento con la cabeza apartó unos mechones que caían sobre su frente. Continuó hablando:
-Por enseñarme ese día la escuela, por presentarme a tus amigos, por compartir tus palabras hoy con nosotros... –me recordó el incidente en clase de literatura.
-Pero si te pusiste mal.
-Y no sé por que habrá sido, pero me gustó mucho escucharte hoy, escribes muy bien –plasmó de nuevo aquella sonrisa y me pareció deslumbrante-. También... gracias por ser mi amigo.
Le observé en silencio, sus palabras eran nuevas para mi. Y aunque decía no saber que le había puesto así yo estaba por algo seguro que fue por lo que leí en clase. Mis demás compañeros evitaron el tema pero supe por sus miradas y cuchicheos que lo comentaban entre ellos. Me senté en el pasto aun con la mirada al frente.
-No me tienes que agradecer nada –dije algo apenado. El se puso de cuclillas abrazando sus piernas y me miró fijamente-. ¿Qué pasa?
-¿Nadie te ha dicho que tienes unos ojos preciosos? –dijo con simpleza. ¡Si que sabía descolocarme!
Me sonrojé de golpe, nadie me había dicho eso nunca, por eso me impresioné pero así era Brooklyn, decía cosas sin mucho sentido, al menos sin razones aparentes. Era una de las personas más sinceras que conocía.
-Que cosas dices –comenté desviando la mirada, rió por lo bajo y se sentó a mi lado extendiendo las piernas. A veces pienso que disfruta verme en apuros. Yo tenía una de mis piernas recogidas con mi brazo sobre ella-. Gracias por el dulce del otro día –titubeé sin saber que más decir.
-¡Oh, no hay de que! Lamento que solo fuera eso, lo que pasa es que quería agradecerte de alguna manera pero no sabía que te gustaba.
-Exageras mucho eso de agradecerme –dije mirándolo de soslayo.
-¿De qué hablas? Pudiste haberme ignorado o tratado con desprecio pero en vez de eso te mostraste atento con migo y a parte rechazaste una invitación de tus amigos para terminar de enseñarme las instalaciones.
-Te aseguro que si se lo hubieras pedido a alguien más hubiera hecho lo mismo. Brooklyn, dudo que alguien sea capaz de tratarte mal o ignorarte –hablé sin pensarlo mucho. Agachó la mirada y entendí que había dicho algo mal.
-Te equivocas Miha-kun.
Nos quedamos en silencio un rato más. Yo aún no podía comprender por que alguien trataría mal a una persona como Brooklyn, es decir, atento, educado, agradable, inteligente... (y mucho más pero tardaría mucho contando).
-Brooklyn...
-Hn –musitó apenas.
-¿Por qué te viniste a Japón?
No respondió y pasados unos cinco minutos supe que no iba a hacerlo. Suspiré.
-Esta bien, no tienes por que decírmelo. Pero quiero que sepas que... a mi si me agradas mucho. Me alegra tenerte como amigo.
-Arigato –me sonrió recuperando los ánimos-. ¿Sabes una cosa? –preguntó de repente.
-¿Qué cosa?
-Mi estación favorita es la primavera. La fresca brisa, los suaves rayos del sol, las flores, sus aromas, las mariposas... –decía con la mirada perdida-. No creas que no me gusta esta época también, pero me deprimo con facilidad. Pero esta mañana no pude evitar darme cuenta de que a ti te gusta mucho la lluvia y los días nublados. Por eso vinimos aquí, sabía que te gustaría.
-¿Tanto se me nota?
-Así es, tu mirada se pierde y divagas con facilidad, también sonríes casi de la nada.
-Si que eres observador –comenté divertido, el se rió suavemente y cerró los ojos.
Nos volvimos a quedar en silencio, acunados por el sonido de la lluvia y la caricia de la brisa. Los mechones naranjas de Brooklyn se mecían suavemente. Yo estaba adormilado, el ambiente, la lluvia, la neblina y la cómoda posición ayudaban más. De repente sentí un peso sobre mi hombro y al mirar solté un jadeo de la sorpresa.
La cabeza de Brooklyn descansaba en mi hombro, tenía los ojos cerrados y la boca ligeramente abierta, su respiración era lenta y profunda, sus manos descansaban sobre su vientre y su espalda parecía relajada. Lo miré absorto, solo estaba dormido, tiernamente dormido, me recordó a un niño pequeño. Evité moverme para no despertarlo o incomodarlo a pesar de que yo lo estaba un poco.
Al rato la lluvia fue cesando, moví al chico que dormía y traté de despertarlo.
-Brooklyn... Ya terminó de llover, vamos.
-Hm –musitó.
-Vamos amigo, despierta, tenemos que irnos –rodeé con mi brazo su espalda y posé mi mano en su hombro para zarandearlo suavemente, percibí su dulce aroma-. Despierta...
Abrió los ojos lentamente, parpadeando un par de veces, apoyó los brazos en mi pecho, levantó la cabeza y me miró con esos ojos tan verdes y casi perdí el aire. Estaba muy cerca de mi rostro, podía apreciar a la perfección sus largas pestañas y sus sonrosados labios, sentía su cálido aliento chocar contra mi cara adormeciendo mis sentidos. Con lentitud se acercó un poco más, el corazón me dio un vuelco pero pasó de largo hasta mi oreja donde susurró erizándome la piel:
-¿Qué hora es Miha-kun?
-Son... son las tres –susurré apenas.
-Ahh –apoyó la cabeza en el espacio entre mi cuello y hombro, su respiración me daba cosquillas y me removí un poco-. Sunimasen (Disculpa), te molesto.
-No, no es eso –me apresuré a decir cuando se separó de mi pero lo sujeté por los hombros antes que se alejara más-. Es que me hiciste cosquillas.
-Gomen –dijo sonriendo-. ¿Ya nos vamos?
-Así es, mira, ya paró de llover –volteamos al frente para ver que ya ni siquiera lloviznaba, la neblina también desapareció y el cielo estaba apenas más claro.
-¡Qué lastima! –exclamó bajito, le miré sin entender-. Puede que ya no llueva otra vez, y con lo mucho que te gusta... Además estaba muy cómodo.
Me volví a sonrojar, respiré hondo tratando de calmarme. Brooklyn me miraba como sin comprender hasta que sonrió y se abrazó a mi dejándome de lo más nervioso y extrañado.
Acomodó su cabeza en mi pecho y cerró los ojos de nueva cuenta, yo lo rodeé con mis brazos temblorosos y no dije nada, igual no hubiera podido. El cuerpo de Brooklyn era delgado y su cabello olía muy bien, a flores o algo así, respiraba acompasadamente como si estuviera dormido. Incluso me pregunté si no lo estaría ya.
-Brooklyn –llamé nervioso.
-¿Qué pasa? Tu corazón está agitado.
-Es por ti –dije sin pensar. Me encaró apartándose de mi pecho y acercó su rostro al mío, juntó nuestras frentes y rodó su vista por toda mi cara.
-Creo que tienes fiebre, estas muy caliente y rojo, te acompañaré a tu casa –sentenció y antes de que pudiera decir algo me besó.
Unió sus labios contra los míos suavemente cerrando sus orbes, si ya estaba mal solo imagínenme ahora, totalmente sonrojado, nervioso y debo admitir que aterrado. Pero por Kami, me estaba besando un hombre ¡Un hombre! Digo, yo no tengo nada contra ese tipo de relaciones pero jamás pensé que me pasaría a mi. Creo que llegados a este punto he de admitir que soy bisexual, así es, también me gustan las mujeres, y ahí alguien en especial.
Antes de separarse creo, ya que no estaba pensando realmente, que llevé mi mano a su nuca y enredé algunos de sus cabellos en mis dedos, que sedosos eran. ¡¿Qué demonios estaba pasando allí?! Sentí como su boca se curvó en una sonrisa, yo respiraba agitadamente sin abrir los ojos. Rodeó mi cuello con sus brazos y yo fui quien lo bese. Podía sentir el dulce sabor de sus labios en los míos mientras jugaba con ellos y antes de que pudiera profundizar el beso como me lo exigía mi mente se apartó ligeramente, ya que yo tenía los brazos sujetando su delgada cintura impedí que se alejara, no quería que lo hiciera. Lo miré a los ojos, tan verdes como no hay e intenté decir algo pero me cayó con un simple y rápido beso. Me sentía morir. Demonios, moría pero por besarlo. ¡Kuso!(maldición).
-Miha-kun... –susurró contra mis labios haciéndome estremecer-. Despierta.
Abrí los ojos de golpe respirando con agitación. Miré a los lados nervioso y me encontré con la cabeza apoyada en el pecho de Brooklyn, este me sonreía con una mirada llena de curiosidad y diversión. Me separé rápidamente de lo más apenado y del impulso terminé sentado dándole la espalda, oí que rió bajito y puso una mano en mi hombro.
-Gomen, ¿te asusté?
-Iie –contesté con la cara ardiendo de pena-. Es solo que... Lo siento, no sé en que momento me quedé dormido.
-No importa, apenas fueron unos cinco minutos. Te desperté para irnos, ya paró de llover.
Efectivamente ya no estaba lloviendo. ¡Demonios! Maldito sueño, era de lo más parecido. Me levanté con torpeza y sacudí mis pantalones, el me imitó y tomó su paraguas.
-Bien, entonces vamos –dijo y echamos a andar. No habíamos caminado mucho cuando habló-: Miha-kun pareces un bebito cuando duermes, ¿sabías? ¡Que tierno te veías! Estuve tentado a dejarte dormir pero ya se estaba haciendo un poco tarde.
Me sonrojé y baje la mirada, mi sonrisa tenía un tic nervioso y todo esto provocó que Brooklyn riera con más fuerza que antes. Pasamos al frente de un puesto de bebidas y compramos unas sodas, tal vez un poco de azúcar le haría bien a mi organismo. Hablamos un rato de camino a casa, la mía fue la primera.
-Aquí vivo yo –dije señalándola con un ademán de la cabeza.
-Que linda tu casa –elogió con una sonrisa-. –Te ves cansado, deberías dormir Chibi-miha.
-Que cosas dices, algún día sabré de donde sacas todas esas ocurrencias tuyas –sonreímos divertidos, más el que yo y nos despedimos mientras se alejaba.
-Nos vemos mañana en la escuela... –me despedí de el en la puerta.
-Esta bien, adiós –se despidió y agitó la mano en el aire, se dio la vuelta con paso más animado y cruzó en la esquina. Resoplé desapareció de mi vista y entré a la casa. Me quité la cazadora y la colgué en la percha al lado de la puerta.
-¿Hijo? –preguntó la voz de mi madre desde la cocina.
-Si, soy yo mamá. Lamento llegar tarde –dije entrando y dejándome caer pesadamente en una de las sillas de la cocina.
-No hay problema. ¿Cómo te fue hoy en la escuela?
-Fue... interesante.
¿Interesante? Interesante es poco. Si tomamos en cuenta todo lo que llevo vivido resultaba estúpido compararlo con lo sucedido el día de hoy. Pero no quería que indagara más en el tema así que le pregunté:
-¿Y qué hiciste hoy?
-Pues, fui al banco a hacer un depósito... –empezó y casi al instante me arrepentí de haber preguntado.
Me excusé diciendo que tenía que ir al baño pero me encerré en mi cuarto, puse a rodar un CD de música clásica mientras me cambiaba de ropa y me senté al escritorio con la libreta en donde había escrito el poema al frente. Lo leí varias veces con ojo crítico, estaba analizando el final cuando mi madre me llamó desde el primer piso.
-¡Hijo, teléfono!
-¡Ya voy! -Respondí sin abrir la puerta y sin intenciones de apurarme.
-Es Mathilda –me informó.
Me levanté rápidamente y bajé las escaleras con prisa. Al llegar al recibidor, en donde se encontraba el teléfono, mi madre, que lo tenía en la mano me lo tendió y subió las escaleras dejándome solo.
-¿Moshi-moshi? –dije al aparato.
-¡Mihaeru! –saludó Mathilda-. Buenas tardes, llamaba para preguntarte por el día de hoy en la escuela.
-Mathy –suspiré-. ¿Cómo te sientes hoy?
-Eh... un poco mejor, gracias –contestó insegura pues era muy raro que la llamara por su apodo.
-¿Te molesta si te llevo la tarea a tu casa?
-No te preocupes, pensaba copiarla mañana...
-Necesito hablar con tigo –la interrumpí-. ¿Puedo ir a tu casa?
Solo escuché silencio por al menos unos segundos, sabía que estaba enferma y tenía que descansar pero debía hablar con ella. Contuve el aire mientras esperaba su contestación y lo solté aliviado al escucharle decir:
-Esta bien. Si necesitas que hablemos, hablaremos. Ven pronto, pero no olvides los apuntes.
-De acuerdo, gracias Mathilda –conteste con una sonrisa.
-No pasa nada... Mihaeru –llamó dudosa al otro lado del teléfono-. ¿Estás bien?
No contesté nada, estaba muy confuso sobre... todo. Necesitaba hablar y punto, el simple hecho de volver a escribir y el sueño con Brooklyn no podían evitar preocuparme.
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Do dai? (que tal?) ¡Ya entramos en la zona shounen-ai! Sé que les gustó, por lo menos a la mayoría, y también sé que es terriblemente contradictorio, desde la forma de ser de Miha hasta el fic en sí. ¿No se ven lindos juntos? Creo que acabo de crear la pareja MihaxBroo. - Bien! Aparición de dos nuevos personajes: Oliver y Enrique, mis europeos favoritos n.n, también desvelé algo de Zeo y ya ven que me encanta el chico.
Mihaeru tiene unos sueños... Les apuesto que quieren matarme porque no fue verdad (asentimiento general) n.ñU Mejor me apresuro porque como dicen: Mejor aquí corrió que aquí murió.
Pondré interrogantes en sus cabecitas lindas y trastornadas (vamos, niéguenlo ¬¬): ¿Qué se trae Enrique con Julia? ¿y qué se trae ella con Mihaeru y su hermano con Mathilda? ¿Qué significó ese sueño (otro más para la colección)? ¿Por qué mintió Taka-chan acerca de Broo-chan? ¿A Miha le agrada Julia 3? ¿Mihaeru le contará su sueño a Mathilda? ¿Brooklyn con qué propósitos fue al Japón? ¿Cuál es el misterio?
Quiero agradecer a los que leyeron esto y a los que dejaron y dejarán R&R, mil gracias.
¿Qué tal el poema de Miha? Lo basé en una experiencia real, un día en clase de orientación hicimos un actividad toda extraña, luego nos mandaron a escribir la experiencia y le agregué rima para ponerla aquí. Cualquier duda pregúntenme con toda confianza y dejen sus preciosos comentarios aunque sea para amenazarme o algo así, se los agradecería mucho. Les dejo mis msn: luchi(barra abajo)1692(arroba)hot... y hikaru(barra abajo)no(barra abajo)yami55(arroba)hot... ya se saben el resto, agréguenme y los aceptaré en seguida, lo juro.
Bueno, esta vez si hablé mucho, actualizaré la próxima semana.
Sayounara!
