Ohayo!
Volví, y con muchos ánimos! Primero porque entramos en vacaciones de semana santa y podré ver todas las películas que quiera (al fin ¬¬). Segunda porque esta semana y la pasada actualizaron muchos de mis fics favoritos y estaba que saltaba en un pie, y tercero porque (ya se ralló esta palabra ¬¬) hoy publiqué mi primer ONESHOT y la verdad es que espero muchos comentarios, sobre todo por las parejas que puse n.n
Léanla que les va a gustar!!!
Los R&R, al menos por esta última vez (si claro u.uU): Lacryma Kismet, mi oka-san: Gracias de nuevo! Me alegra tanto que te guste! En este cap aparece otro personaje, ya nombrado pero con más detalle, presumo que te gustará jiji. Una de las partes de mi nuevo fic te lo he dedicado, así que por favor léelo y déjame uno de tus lindos comentarios para saber que opinas, hablamos luego n.n Ah! Por cierto, Hakura-Black parece que es mi hermana, tenemos que hablarlo para estar de acuerdo, si?. Hakura-chan: Hola, hola! Gusto en leerte, discúlpame y guarda esas peligrosas armas que escondes detrás de tu espalda ñ.ñU Tranquila que ya vas a ver que todo termina muy bien, sé que quieres matarme pero hay que ir poco a poco y me gusta causarle inconvenientes a mi querido Miha, lo adoro pero disfruto molestarlo n.n Dios, me querrá matar jajaja!. Filburt-sempai: Ya lo sé, lo estoy haciendo de nuevo, pero es que no puede resistirme n.ñ Aquí está como te lo prometí, disfrútala! Hablamos mañana, es que se me hizo muy tarde y cerraron el portón ñ.ñU Acid Candy: Gracias, ya te dejé tu R&R, por favor sigue esta historia y la tuya (¬¬), hablamos! De nuevo pido ayuda para el capítulo "Navidad", está difícil y me está tomando demasiado tiempo. Help! T-T, hablo en serio.
Disfrútenlo!!!
Título: Fantasy
Autora: Hikaru no Yami
Advertencias: Tómenlas ustedes y (aunque yo no lo considere como malo pues me encanta) Shonnen-ai.
Sumary: ¿A qué le temes? No sé si tener miedo, pues hay muchas cosas que no están claras... ¿Sabes de dolor? Me pregunto quien te habrá hecho sufrir. ¿Puede ser que esté soñando y nada más? Hace frío y tengo miles de dudas en la cabeza. Los he oído antes, hablan de mi. Duele aquí, en mi corazón, pero no puedo hacer nada... (Mihaeru)
Nota importante: La mayoría de los capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un review. El ciclo escolar empieza en Septiembre-Octubre, años recientes, en la ciudad de Nagasaki. Los Sábados rara vez hay clases, la mitad están en tercer año y la otra en cuarto, menos Kenny, Joseph y Kiki (Kevin) que están en primer año.
Nombres: Takao Kinomiya: Tyson Granger
Yuriy Ivanov: Tala
Mihaeru: Miguel
Hitoshi Kinomiya: Heero Granger
Mao Kon: Mariah
Hiromi Tashibana: Hilary
Kyo(no usaré el largo): Kenny
Del resto usaré los nombres de la versión estadounidense y algunos apellidos son
inventados.
Disclaimer: BB no es mío aunque quisiera ¬¬, le pertenece a Aoki Takao-san (Viva el!), solo los
tomé prestados un rato sin fines de lucro, sólo diversión 3.
AVISO SUPER IMPORTANTE: Los Yuriy y Ray que estoy utilizando son de la primera temporada, cuando se veían tremendamente lindos . El resto son de la tercera, como Johnny o de la que sean correspondientes, como Zeo. Los invito a leer el ONESHOT "En una noche de verano", escrito por MI n.n
-bla, bla, bla- Diálogo.
"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.
Bla, bla, bla Pensamientos.
Empecemos!!!
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Capitulo 6: "Una mirada de hielo, un doloroso secreto"
-Así que eso ocurrió... –dijo Mathilda una hora más tarde.
Estábamos sentados en su habitación, yo le había contado todo lo ocurrido en clases, a excepción por supuesto de lo de mi sueño en el parque. También le hablé de los sueños que solía tener desde el primer día de clases, por que esa fue la primera vez que los tuve. Ella me escuchó pacientemente y no me interrumpió ni se burlo en ningún momento, fue una gran ayuda, como siempre desde hace ya tanto tiempo.
-¿Dijo que hablaría con Kajo-sensei? –preguntó refiriéndose a la psicóloga dando ligeras vueltas en la silla de su escritorio.
-Si... No quiero tener que entrar a ese lugar de nuevo. No te vuelvas a enfermar –pedí sentado en el piso alfombrado con la cabeza echada hacia atrás sobre la cama.
-¿Qué tiene que ver que yo me enferme? –se señaló a si misma ladeando la cabeza.
-Escribo cuando me siento mal, triste o vacío –me encogí de hombros y su rostro so puso tan rojo como un tomate, cosa que me hizo mucha gracia y me aceleró el corazón. Supongo que recordaran que dije que me gustaba una chica, pues por si no se han dado cuenta todavía la tenía justo al frente. ¿Tendría diez... nueve años? No lo sé, pero me veo muy joven como para pensar en una pareja definitiva y... ella está descartada.
-¿Tra...trajiste tus cuadernos? –preguntó nerviosa.
-Aquí están. Hay mucha tarea que hacer... –nos la pasamos el resto de la tarde tomando apuntes, copiando párrafos y sacando cuentas-. Ya sabes, mañana no puedes faltar. Por cierto, Raúl te estaba buscando hoy para devolverte alguna cosa, de segura mañana también te buscará. Te manda sus saludos y deseos de que te mejores.
-Hai, hablaré con el... Sayounara.
Rápidamente llegó el Jueves, en vez de nublado amaneció frío y ventoso, durante el camino a clases todo lo que escuché fue el sonido de las hojas rozar unas con otras arriba en los árboles, agitados por el fuerte viento, estábamos en otoño. No tuvimos demasiados deberes lo cual fue una suerte, me enfrasqué en una amena y filosófica conversación con Azuma-sensei y probé un pastel hecho por Oliver, sumamente exquisito(N/A: Si! También adoro al fruncecito n.n). Lo único malo de la mañana fue el altercado que tuve con un chico de cuarto año llamado Johnny, supongo que no le puedes agradar a todo el mundo.
-¿Miha-kun, podrías acompañarme a llevar estas cosas? –me preguntó Brooklyn en el descanso cargando con varios papeles.
-Claro, déjame ayudarte. Disculpen chicos –me excusé con Takao y Hiromi que hablaban con migo en ese momento.
-No hay problema, nos vemos más tarde.
-Si –dije antes de salir del salón detrás de Brooklyn con algunas cosas en los brazos. Bajamos las escaleras al segundo piso, tocamos la puerta en el salón 4-A.
-¡Adelante! –dijeron desde dentro. Abrimos la puerta y al entrar un chico mayor, de porte elegante y cabellos morados pulcramente peinados se nos acercó-. Con que eres tu.
-Buenos días sempai –saludó mi compañero, se dio la vuelta y tomó los papeles que tenía yo en mis manos-. Shoto kore, curasai(Espera aquí, por favor). Le traigo unos papeles que necesitan ser firmados por los titulares y hay que discutir sobre... –se alejaron hablando hasta el escritorio del profesor.
Miré a los lados y me puse nervioso por instinto, aunque no lo demostré, varios chicos nos veían con gran interés, sobre todo a Brooklyn las chicas. En un rincón estaba un muchacho recostado de la pared con los brazos cruzados, su mirada era penetrante e intimidante. Desvié la vista hacia cualquier otro lado y dos chicos se me acercaron.
-Oye, tu estudias con Takao, ¿verdad? –preguntó el más bajo. Tenía el cabello largo de color castaño rojizo, su flequillo cubría uno de sus ojos. Tenía la espalda ancha y los brazos bien desarrollados, igual que Takao usaba una gorra de baseball, por el acento supuse que era extranjero.
-Ah... si.
-Ya sabía que te me hacías conocido, mucho gusto, soy Michael Lambert (N/A: No recuerdo su verdadero apellido) –se presentó y me tendió una mano que estreché indeciso-. Vamos, relájate. Se te ve tenso. A veces olvido lo reservados que son los japoneses.
-Lo siento...
-No es para que te disculpes –dijo el otro, un muchacho de piel negra y muy alto, su contextura era delgada y me ofreció una mano grande para presentarse el también-. Soy Eddie Evans (N/A: es ese verdad? ñ.ñ), capitán del equipo de basketball. ¿Y tu eres..?
-Oh, atashi Mihaeru Minamoto, Yoroshiku (Soy..., es un placer) –hice una pequeña reverencia y los dos rieron haciéndome sonrojar apenado.
-Creo que Max te ha mencionado un par de veces.
-¿Conocen a Max?
-¡Claro que si! Somos amigos desde pequeños, lo conocimos cuando era un niño.
-Yo soy su primo –dijo Michael-. Tercero... lejano, yo que sé. ¿Y qué haces por aquí?
-Estaba acompañando a mi amigo –lo señalé con la cabeza. Ellos parecieron impresionados-. Es el jefe de nuestro grupo. ¿Ocurre algo malo?
-¿Eh? No nada, es solo que me sorprende verlo aquí. Debí haber sabido que sería jefe de grupo.
-¿Por qué lo dicen? –pregunté receloso.
-No es nada malo –negó Eddie-. Verás, cuando se realizaron las pruebas para entrar a los equipos el iba pasando por allí precisamente, no sé que estaría haciendo... Bueno, la pelota se le escapó a un chico "poco habilidoso" y llegó a sus pies. Le pedí que la pasara y como si no representara el más mínimo esfuerzo para el la lanzó y lo que es más: ¡Encestó! Y estaba bien lejos, le pedí que se acercara y le propuse hacer la prueba, fue difícil convencerlo pero cuando lo hizo...
-¿Cuándo lo hizo qué? –animé a continuar.
-¡Burló a los defensas con una facilidad asombrosa y encestó por segunda vez! No parecía ni siquiera cansado, supe que debía estar en el equipo y le ofrecí un buen puesto pero...
-¿Pero?
-¡Se negó! –exclamó indignado y sorprendido-. Simplemente se negó y me agradeció, luego solo se fue.
-No solo eso, algo muy parecido me pasó a mi durante las pruebas de admisión para el equipo de baseball –dijo Michael-. Le pedí que me pasara la pelota. ¡Que buen brazo tiene!
-Muy típico de Brooklyn –dije más para mi que para ellos viendo al chico en cuestión hablando todavía con el otro muchacho. Michael y Eddie parecieron escucharme y me preguntaron que significaba eso-. Pues... Brooklyn es excelente en casi todas las materias, la clase de deportes no representa un problema para el y es sumamente modesto, incluso tanto que puede parecer ególatra, eso no se lo quita nadie –sonreí ante esto último-. No me extraña que haya hecho eso.
-Ya... –dijeron los americanos. Seguíamos viendo a Brooklyn cuando se volvió para después llamarme.
-Discúlpenme un momento... ¿Si?
-Miha-kun, olvidé presentarlos hace un momento. Robert-sempai, el es Mihaeru Minamoto, estudia con migo. Y Miha-kun, este es Robert, el jefe de grupo de este curso.
-Dozo Yoroshiku Robert-san (Un placer conocerlo) –dije haciendo un pequeña reverencia.
-El placer es mío.
-Robert –llamó alguien, cuando nos volteamos a ver el chico que estaba antes en el rincón se encontraba justo detrás de nosotros, su cabello me pareció una llama de fuego opaca por la forma en que lo tenía peinado-. ¿Ya terminaste o piensas abrir una guardería?
De acuerdo, eso me molesto, pero decidí ignorarlo. Brooklyn permaneció impasible.
-Johnny –advirtió Robert-. Seguiremos hablando en cuanto termine, siéntate y espérame, ¿está bien? –ordenó con voz autoritaria. Con razón era el jefe de su salón, sabía mandar.
-Hn, como quieras, pero no tardes mucho –se alejó-. Niños...
-¿Cómo has dicho? –se detuvo y me encaró. Eso sí me había molestado, como odio que me llamen niño-. Te pregunté que qué has dicho.
-Dije que eran unos niñatos –respondió con altanería-. No me digas que te molestó.
-Iamete, Miha-kun (Detente...) –susurró Brooklyn muy cerca de mi oído, me estremecí un poco, cosa que no pasó inadvertida para el pelirrojo.
-¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo?
-Yo no te temo –mascullé entre dientes. Era más alto, más fuerte y por lo que me decía su cuerpo muy bueno en las peleas pero como dije una vez, sobre mi tengo una maldición llamada "orgullo".
-Ya basta. Johnny, regresa a tu lugar. Muchachos, si ya han terminado les recomiendo que se marchen –dijo Robert en tono mandón pero sin perder la educación. Brooklyn asintió y tomó unas cuantas cosas, por suerte menos de lo que había traído consigo.
-Como usted diga sempai, vamos –me tomó del brazo para luego jalarme y sacarme del salón.
-Adiós Mihaeru –se despidieron los americanos.
-Hasta luego –dije ofuscado antes de salir. Brooklyn cerró la puerta después de que estuvimos afuera y me miró con severidad que lamenté que fuera para mi-. Lo siento.
-¿Por qué hiciste eso?
-Ya dije que lo siento, además el me llamó niño –me defendí desviando la mirada.
-Pero Miha-kun, a mi también y yo no me molesté.
-Es que... odio que me digan así –empuñé las manos.
-Si te hace sentir mejor yo no creo que seas un niño –lo miré sonreírme como ya tantas veces había hecho-. Te considero una persona madura y muy especial.
Quise preguntarle si para el o en general y de solo pensarlo mis mejillas se colorearon de carmín, desvié la mirada agradecido de que no supiera lo que pasa por mi cabeza y molesto con migo mismo. Puso una mano en mi hombro para llamar mi atención e hizo algo que me descolocó total y completamente.
-Esa mirada tuya me asustó un poco, me hiciste recordar algo que tampoco me gusta –dijo contra mi cuello. Yo tenía la boca y los ojos abiertos de la impresión. Esa vez seguro que no era un sueño, no, no podía serlo, era demasiado real. Rodeé su cuerpo con mis brazos y lo acerqué un poco más.
-Gomen nasai –susurré, una punzada de dolor me recorrió el pecho de repente haciéndome tensar, gemí de sorpresa y dolor y Brooklyn apretó el abrazo. Ignoro que lo causó.
-¿Te encuentras bien?
-Si, no es nada... ¿Qué recordaste? –silencio-. ¿Fue algo muy desagradable? –tampoco dijo nada, solo hundió su cabeza en mi pecho-. Te prometo que no volverá a pasar.
-¿Lo prometes? –dijo con voz ahogada, eso me asustó y puse mi mano sobre sus anaranjados cabellos para darle tranquilidad.
-Si, te lo prometo... ¿Brooklyn... estás llorando?
-Yo... –musitó débilmente-. Lo siento pero es que... es que...
-No me lo tienes que decir si no quieres, mírame –me separé con cuidado y con pena observé como una cristalina lágrima bajaba por su mejilla-. Ahora me odio por haberte hecho llorar.
-No digas eso –intentó sonreír pero no lo consiguió-. Algún día te lo contaré todo...
-Te dije que no era nece...
-Si que lo es –insistió y bajó la mirada mientras se abrazaba a si mismo-. No puedo huir por siempre de... eso. Y sé que si te lo cuento a ti Miha-kun no habrá problema, sé que no te alejaras... Al menos eso espero, ya no podría soportar perder a alguien.
-No importa lo que sea, puedes contar con migo –está vez fue mi turno de abrazarlo, pese a mi cultura japonesa; pasé mi mano por su espalda varias veces en un intento de calmarlo.
-Algún día lo sabrás... y entenderás... –susurró antes de alejarse. Tomó las cosas del suelo y lo ayudé a llevarlas a nuestra aula de clases.
De camino a mi casa aún pensaba en lo que había dicho Brooklyn. ¿Qué pudo haber recordado para haberse puesto así? ¿Qué tan malo sería como para decir que me alejaría? ¿Qué sería "eso" de lo que estaba huyendo? Y quizás la pregunta más importante: ¿Qué tan literal lo habrá dicho?
Suspiré pesadamente, Mathilda debió haber notado que estaba ausente pero no dijo nada. Nos despedimos en su casa luego de que la acompañara, en su mirada había preocupación pero no hicimos alusión al tema. A veces podía ser tan perceptiva y comprensiva.
-Mihaeru –llamó antes de cerrar la puerta-. Si necesitas algo no dudes en llamarme, a Claude también.
-Hai –agradecí sinceramente-. Arigatou –y me di la vuelta para irme a casa.
Todavía podía sentir entre mis brazos el delicado pero fuerte cuerpo de Brooklyn como si estuviera allí, no puede evitar recordar el sueño, ¿sería acaso eso que la gente llama premonición? No sería la primera vez que me pasa. Y si me concentraba percibía el olor de su cabello: a flores, toda una aterradora coincidencia, tal vez demasiado para llamarla así. Traté de no pensar mucho en eso y me dediqué a hacer los deberes.
A veces pueden pasar cosas sorprendentes, cosas que hasta pueden ser descabelladas. Algunas de las cosas que parecen ser las más efímeras o simples pueden significar un gran golpe o impacto para nosotros. Por eso, ese día cuando salí a dar un paseo pensé que por un momento podía estar soñando.
Había terminado mis tareas, que por suerte no eran muchas, y me decidí por dar una vuelta. Fui al mismo parque en donde me encontré una vez a Ray y a Mystel practicando Tai Chi y Yoga. Habían personas haciendo picnics, niños jugando entre ellos, alguna que otra mascota y personas paseando como yo. Tanta gente, tantas formas de pensar y ver el mundo. ¿Qué maravillosas, tristes, dolorosas o increíbles historias podrían contar cada una de ellas? ¿Qué vivencias inimaginables podrían haber tenido?
Suspiré. De nuevo tenía esos lapsos filosóficos en donde me preguntaba por la razón y causa de las cosas. No es que fuera malo, pero si un poco molesto, perdía la capacidad de observación, que de por si no era mucha.
Una ráfaga de viento sopló de repente agitando mis rubios cabellos, los aparté de mi rostro con la mano. Sentí un escalofrío y los pelos de la nuca se me erizaron.
Bufé un poco extrañado. ¿Pero qué demonios había sido eso? Algo me llamó la atención haciéndome olvidar al instante lo que pensaba, a decir verdad, todo lo que tenía en la cabeza.
En medio de los árboles, a mi derecha, se destacaban dos figuras. Una era la de un hermoso perro siberiano, su pelaje grisáceo era espeso y brillante, se erguía orgulloso junto a su amo. Yuriy acariciaba sin mucho interés la cabeza de su perro, su esbelta y bien moldeada figura se apreciaba desde donde yo estaba. Su estrecha cintura, sus caderas y sus torneadas piernas se notaban bajo unos pantalones de color blanco. Usaba una chaqueta sobre una camisa de color azul marino debajo. Sus llamativos cabellos bailaban con el viento y los mechones que caían sobre su fino rostro se agitaban con gracia.
No estoy seguro de cómo pero de repente me vi a su lado recostado en la mullida hierba mientras su perro ladraba y corría juguetonamente detrás de una mariposa.
-¿Qué hacías por aquí? –preguntó de repente rompiendo el silencio en el que nos habíamos sumido.
-Solo vine a pasear. Ya terminé las tareas y no tenía nada que hacer... –callé al pensar que podría estar hablando de más-. ¿Y tu? –me atreví a preguntar.
-Saqué a pasear a Wolborg –contestó viendo a su mascota.
Me avergoncé al pensar en que era obvio y no dije nada más. Traté de ocupar mi mente con alguna cosa, la que fuera. Grave error.
Mi vista se topó con Yuriy y se quedó atrapada irremediablemente en su persona. Me pregunté si en el mundo existirían más personas como el. Su rostro se mostraba sereno e impasible, sus ojos eran indescifrables pero igualmente hermosos. Dejé rodar mi vista por su cuerpo, desde su llamativo cabello, pasando por su largo cuello, hasta recaer en su amplio pecho. Me fijé que fácilmente una chica podría envidiarle por su cintura, sus manos estaban en los costados de su cuerpo, de uñas relucientes y dedos largos y finos, parecían tallados por un maestro escultor, supuse que tocaba piano. Una de sus piernas estaba recogida y la otra extendida sobre el suelo. Parecía una hermosa estatua de mármol allí, junto a mi.
-¿En qué piensas? –recuerdo que dijo.
-No sabía que tuvieras un perro –le contesté. A decir verdad fue lo único que pude decir.
-Hubiera sido un lobo si eso no fuera casi imposible –sus labios se movieron suavemente al pronunciar estas palabras-. Por eso lo elegí a el. Fue el primero de su camada, y el único que sobrevivió.
Abrí los ojos grandemente. Con que un lobo... Y hablando del perro, este se acercó a nosotros con su elegante andar, casi como su dueño, y se sentó enfrente. No pude evitar darme cuenta de que Wolborg tenía los mismos ojos de Yuriy. Eran igual de azules, igual de hermosos e igual de fríos e inexpresivos.
Dicen que las mascotas se parecen a su dueño.
El perro se acercó a Yuriy y este le acarició la cabeza con cariño y le rascó detrás de la oreja. La cola del animal se movió alegre pero su mirada no cambiaba. Si que se parecían.
-Yuriy-san...
-¿Hn?
-Domo arigato (Muchas gracias) –dije un poco sonrojado.
-¿Nande? (¿Por qué?)
-Por lo del otro día... ya sabe, cuando me desmayé. Kai-san dijo que usted me ayudo y que... - me sonrió de manera encantadora y casi pierdo el aire, no sabía que el también podía sonreír.
-No pasa nada –cerró los ojos sin dejar esa sonrisa-. Ten más cuidado la próxima vez, si te sientes mal debes ir la a enfermería. No queremos que desmayes de nuevo, ¿verdad? –solo pude negar con la cabeza, como diría cualquier chica: Está que quita el hipo. Estuve demasiado cerca de soltar una carcajada por esa idea, aunque mentira no era (N/A: Apoyo la noción ¬!!).
El sol empezaba a declinar, tiñendo las pocas nubes de naranja, creando gamas de colores, donde las sombras y la luz se jugaban un papel importante. Pensé que Enrique adoraría tomar una foto de cualquier escena en el parque, a el le gusta tomar fotografías y las a contra luz son sus favoritas, "las más románticas" decía. Ya tenía una hora en el parque, una hora que pasé casi en silencio con los dos seres de ojos fríos. Decidimos que ya se estaba haciendo tarde, así que debíamos irnos a nuestros hogares.
Al levantarnos me di cuenta por primera vez de lo alto que era el pelirrojo, me sacaba por lo menos una cabeza, y eso que mi peinado me daba más altura y de por sí era alto. Cuando empezó a caminar me sorprendió un poco. ¡Pero que grácil se movía! Parecía estar flotando, tal era la gracia de sus movimientos y junto a el su fiel mascota, que debía ser uno de los más bonitos ejemplares de su raza que he visto.
Pasamos junto a un puesto de bebidas y se me ocurrió una idea.
-Yuriy-san –lo llamé. El se detuvo y se volvió hacia mi. Sus azules ojos tenían matices de rojo y rosado ante el crepúsculo.
-¿Hm? –fue lo único que pronunció.
-¿Le gustaría tomar algo? –señalé el dispensador de bebidas con la mano.
Lo miró y pareció pensárselo. El siberiano estaba sentado a su lado mirándolo expectante.
-Por qué no –se encogió de hombros resueltamente, yo sonreí y asentí. Nos acercamos para comprar las bebidas, yo un refresco de uva y el uno de naranja-. No está muy frío.
-¿Cómo? –le pregunté, al voltear a verlo me quedé estático.
Tenía la bebida enfrente de su boca, sujeta por su mano. Aspiró un poco y sopló. De sus blancos labios escapó una brisa helada, creí ver un copo de nieve. La lata de aluminio se empañó y una capita de cristal finísimo la envolvió. Agitó un poco el contenido y bebió de el, cerró los ojos con gusto para luego mirarme.
-Ahora si está mejor –oí que dijo y volvió a beber.
Yo no sabía que decir o que creer. ¿Pero qué demonios había sido eso? Repitió mi mente. ¿Es que mis ojos me habían jugado un truco, habría sido solo una alucinación de mi retorcida mente? ¿De verdad Yuriy acababa de enfriar su bebida solo con un soplo de su aliento? Parpadeé tratando de concentrarme y pensar. Perdí mi vista en la lata de aluminio entre mis dedos, con letras moradas y llamativas, soplé suavemente pero todo lo que salió se mi fue un aliento cálido. Escuche una risilla a mi lado y al voltearme algo en el rostro inexpresivo de Yuriy me hizo pensar el había sido, pero no lo culpo. Es decir, sonaba ridículo. Esa era, sin dudas, solo una de mis locas ideas. Ya con ese pensamiento me tranquilicé y relajé mi mente.
-¿Nos vamos? –pregunté al ver que las latas estaban vacías. El asintió y se levantó, Wolborg lo imitó.
Salimos del parque en silencio, iba a decirle algo cuando mi teléfono sonó.
-¿Diga? ¡Hola..! –dije al contestar, él me miraba en silencio a mi lado-. No, es el Jueves... Si, los tres últimos. ¿Por qué preguntas? –hice una pausa mientras hablaban al otro lado de la línea-. ¡Es el colmo con tigo! –exclamé divertido-. Tienes suerte, deberías ser más responsable. ¿Por qué no llamaste a Hiromi-chan?
-¡Me asesinaría! –gritó mi interlocutor tan fuerte que tuve que alejar un poco el auricular de mi oído. Reí por lo bajo, Yuriy tenía su vista fija en el suelo, sin mucho interés por nada.
-Esta bien, esta bien, tranquilo... Si, no se lo diré... De acuerdo, nos vemos mañana. ¡Que no se lo diré! –insistí negando con la cabeza-. Bien, cuídate. Adiós.
Colgué y solté una risita, mi pelirrojo compañero y su perro me miraron con una ceja alzada (si, también el perro). Tuve la decencia de parecer avergonzado y dije:
-Era Takao, no sé si lo conozcas, pero el...
-Kinomiya Takao –dijo con tono neutral, pero algo me hizo pensar que había un trasfondo en esas palabras, un mensaje oculto.
-¿Eh? Si, ese mismo. Estudia con migo y para variar no sabe cuando tenemos que entregar las tareas ni los trabajos –volví a reír, ese era Takao. ¡Caray! ¡Hasta por teléfono lograba animarme!
Al rato me despedí del ruso y de Wolborg, que me dejó acariciar su cabeza y su cuello. ¡Qué sedoso era su pelaje! Yuriy sí que trataba bien a ese animal. Al llegar a mi casa mi madre me dijo que Takao había llamado, de seguro marcó a mi móvil al no encontrarme en casa. Subí a mi habitación y vi que había ropa limpia doblada al pie de la cama, me ocupé de colgarla y guardarla en los cajones y en el armario.
Una vez que la cama estuvo libre de cosas me tumbé en ella y encendí mi televisor. Como de costumbre no había nada bueno, suspiré fastidiado y me di la vuelta sin molestarme siquiera de apagar el aparato. Al rato me quedé dormido...
-¡Idiota! –gritó alguien en la oscuridad-. ¿Cómo se te ocurre hacer eso? ¡Y enfrente de el!
-Hmpf, mira quien lo dice –respondió una voz fría.
-¿Qué quieres decir? -preguntó la primera voz en un tono intimidante.
-Tu fuiste quien se acercó a él de más.
-¿Quieres descubrir si es el o no?
-Vamos, tranquilícense –pidió una voz afable y cantarina como un arrollo-. Así no lograremos nada, lo hecho, hecho está.
-No te metas en esto –dijo el primero que había hablado, su mirada pareció centellear de furia.
-Está aquí –anunció una tercera voz, sedosa y ronroneante-. Nos está escuchando.
-Creo que si es el –dijo la voz suave con cierto ánimo.
-No hay otra explicación, tendremos que fijarnos bien solo por si acaso –dijo el ser de ojos fulminantes-. Se acabó la junta. Dispérsense.
Desperté de golpe sudando frío y respirando entrecortadamente. Tal fue el impulso que terminé sentado en la cama. Limpié mi cara con el dorso de la mano y suspiré, vi el reloj: las siete de la noche, había dormido cerca de una hora. Afuera de mi ventana ya el cielo estaba oscuro.
Me levanté y busqué ropa limpia, entré en el baño, me desvestí y me deslicé dentro de la ducha. El agua caliente alivió mis tensiones y el olor familiar de mi shampoo fue como un bálsamo, sentí que por fin era yo, ya que después de ese sueño me sentí extraño, diferente, casi un intruso... pero ahí viene la pregunta del año: ¿Un intruso a que? Lo único a lo que me puedo fiar son las voces que oí, se me hicieron muy familiares. Salí de la ducha más calmado y fresco, me sequé con la toalla y me puse el pijama: una camiseta holgada y unos pantalones anchos y largos. ¿Qué puedo decir? Ya hasta me decían bohemio.
Lancé mi ropa al cesto de la ropa sucia y salí del baño para ir a mi cuarto, debía organizar las cosas para el día siguiente en la escuela. Al abrir la puerta me llegaron el sonido de unas voces, de repente la idea y la lógica me cayeron como un cubo de agua helada. ¡El televisor!
Era más que obvio, olvidé antes de dormirme de apagar el televisor. En medio de mi sueño pude haber captado conversaciones de algún programa y haber soñado con ellas. ¡Pero que tonto e iluso había sido! De haber podido me hubiera reído de mi mismo, pero ya mi autoestima estaba por los suelos como para empeorar la situación.
Negué con la cabeza más tranquilo y me recosté a ver la dichosa televisión. Maldije en voz baja, más de ochenta canales y nada bueno que ver. ¿Dónde estaría esa película? Me refiero a la del sueño. Lancé el control remoto al otro lado de la habitación y bajé para cenar. Cuando subí de nuevo intente encontrar algo que ver y conseguí una película de miedo, la típica de vampiros, no necesite pensármelo dos veces para dejarla y verla.
Adoro y amo a los vampiros, son uno de mis seres mágicos favoritos. Lo sé todo de ellos, desde sus costumbres hasta sus inicios, desde Polidori pasando por el Conde Drácula, incluso leí ese libro tres veces. Recuerdo que una vez, de pequeño me disfracé de vampiro para ir a una fiesta de Halloween, creo que con migo iban Mathilda, vestida de hada con alas y todo, Claude que se disfrazó de ángel y Aaron como una momia. Reí ante los buenos recuerdos de mi infancia, cuando todo era más fácil y la vida aún no me había mostrado su lado oscuro.
La película terminó a eso de las once de la noche con un increíble final, satisfecho apagué el televisor y caí dormido apenas puse la cabeza en la almohada. Soñé algo bastante extraño que aún no sé si catalogar entre esos misteriosos sueños o en un producto de la película de terror. Yo era un vampiro y perseguía a una chica parecida a Julia Cortez, corría entre las callejuelas de una ciudad hasta que llegó a un callejón sin salida. "Que deliciosa te vez" recuerdo que dije y sonreí (esa quizá fue la mejor parte del sueño), al hacerlo dos largos, brillantes y hermosos colmillos destellaron en la oscuridad. Estaba apunto de morderla cuando...
Un joven se interpuso montando a caballo, un Pegaso con alas de fuego y dijo las siguientes palabras:
-Aquel que tiene el poder de la oscuridad deberá aliviar al ángel de la luz y limpiar su alma...
La mujer montó en un segundo Pegaso, las alas de este parecían relampaguear, y continuó:
-Para que así el equilibrio este completo. Lo dicen los guardianes, esta atento. Muy pronto...
A la mañana siguiente le conté el sueño a Mathilda que me regañó por ver demasiadas películas de terror. Quise creer que solo era eso pero mi alma y mi mente seguían inquietas. Octubre terminó sin muchas novedades, Hiromi seguía tratando de superar a Brooklyn, Takao llegaba tarde como siempre y Mathilda y Claude siempre estaban allí para mi. Las hojas en los árboles se volvieron naranjas y amarillentas y pronto comenzaron a caer.
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Do dai? (que tal?) Basta con mandarme un R&R para hacérmelo saber, please háganlo T-T!
Las típicas preguntas de mis notas finales ya las dijo Mihaeru, espero que sus trastornadas mentecitas (niéguenlo, solo inténtenlo ¬¬)empiecen a pensar porque cada vez ocurre algo más extraño. Pero haré esta preguntita: ¿Cuál es el misterio?
Quiero agradecer a los que leyeron esto y a los que dejaron y dejarán R&R, mil gracias. Cualquier duda pregúntenme con toda confianza y dejen sus preciosos comentarios aunque sea para amenazarme o algo así, se los agradecería mucho. Les dejo mis msn: luchi(barra abajo)1692(arroba)hot... y hikaru(barra abajo)no(barra abajo)yami55(arroba)hot... ya se saben el resto, agréguenme y los aceptaré en seguida, lo juro.
Sobre lo que actualizaría pronto... como no tengo internet no puedo apresurarme mucho por lo cual disfruten lo poquito que les traigo.
Sayounara!
