Ohayo!
He vuelto!!! Y aunque no me lo crean y quieran matarme/lincharme/castigarme/premiarme por haber desaparecido les juro que tengo la mejor excusa... err... motivo, si motivo, para haberme tardado tanto n.nU Como son varias, permítanme enumerarlas. (Hikaru se aclara la garganta) Primero: fue la falta de inspiración que tenía, caí hasta en una depresión y se me arruinaron las vacaciones . Bueno, no tanto, al menos escribí un poquito y leí, y conseguí ver un par (entiéndase varias) de películas, de las cuales apenas recuerdo una ¬¬. Segundo: estoy escribiendo otros caps para que no tengan que esperar tanto para que actualice, cosa que no servirá de mucho, yo me conozco, sin mencionar que estoy escribiendo otros dos fics, y tercero y MÁS importante: Hoy es el cumpleaños de mi querida oka-san Lacryma Kismet!!! Increíble escritora, gran persona, excelente consejera. Y le dedico exclusivamente a ella este capítulo, feliz cumple oka-san!!! Pásala bien!
Lo ven? Si tenía buenas exc... razones que digo, sin obviar la escuela, el montón de libros que quiero leer y mis otras obligaciones. Ya, me calló, aguantan mi habladuría al final.
Disfrútenlo!!!
Título: Fantasy
Autora: Hikaru no Yami
Género: Misterio, romance, general.
Advertencias: Tómenlas ustedes y (aunque yo no lo considere como malo pues me encanta) Shonnen-ai.
Sumary: ¿Las cosas suceden por casualidad? No, la casualidad no existe, sólo lo inevitable. Amor, dolor, recuerdos, pesadillas, miedo... Viejas cicatrices del pasado que nunca han sanado y frustraciones sin sentido. Me miran con odio, llenos de odio... Ya no puedo llorar, únicamente hundirme en el dolor que guardo en mi interior... (Mihaeru)
Nota importante:La mayoría de los capítulos ya están escritos, otros están dentro de mi cabeza y hay unos que pueden ayudarme ustedes dejando un review. El ciclo escolar empieza en Septiembre-Octubre, años recientes, en la ciudad de Nagasaki. Los Sábados rara vez hay clases, la mitad están en tercer año y la otra en cuarto, menos Kenny, Joseph y Kiki (Kevin) que están en primer año.
Nombres: Takao Kinomiya: Tyson Granger
Yuriy Ivanov: Tala
Mihaeru: Miguel
Hitoshi Kinomiya: Heero Granger
Mao Kon: Mariah
Hiromi Tashibana: Hilary
Kyo(no usaré el largo): Kenny
King Royal: El rey (segunda temporada)
Queen Royal: La reina (segunda temporada)
Del resto usaré los nombres de la versión estadounidense y algunos apellidos son
inventados.
Disclaimer: BB no es mío, le pertenece a Aoki Takao-san, y le pregunto: ¿Es un sueño de la niñez reprimido o que no se le ocurrió otro nombre para Taka-chan? No es con mala intención, adoro al chico (Eso es decir muy poco).
AVISO SUPER IMPORTANTE: Se han dado cuenta de que la "NOTA IMPORTANTE" es siempre la misma y aquí digo puras pavadas/tonterías/amenazas vacías/suplicas/gafedades? Yo si, obvio ¬¬. Bien, contesto los R&R en mi profile, por favor pásense a leerlos esta semana. Si no quieren esperar una año para leer los próximos tres capítulos manden R&R y, hablando muy en serio, ayúdenme con el cap "Navidad", no sé que diantre escribir, es decir, entre los días 24 y 25. No es una amenaza, solo una advertencia (Y tal, el padrino ¬¬U). Se los dije!
-bla, bla, bla- Diálogo.
"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.
Bla, bla, bla Pensamientos.
Empecemos!!!
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Capitulo 7: "Hime no Tennis"
Yo iba caminando tranquilo, escuchando música despreocupadamente por el patio de la escuela lleno de árboles con hojas amarillentas y secas. El frío viento de otoño golpeaba mi rostro, helándome y secando mis labios, que se movían levemente tarareando una canción.
-... Haiku, kake mukete kita, yurusae no nara... –tarareaba con las manos en los bolsillos y un andar sereno. Incluso movía la cabeza al compás de la música-. ...iru, kimi no koe...
Fue cuando todos mis problemas empezaron, con una maldita y simple pelota de tenis y mis vagabundeos sin sentido, aborrezco ser tan perezoso.
-¡Cuidado! -Gritó alguien, lo suficientemente fuerte para que lo escuchara con los audífonos puestos. Giré mi cabeza, con mirada holgazana. Mi cara se llenó de espanto y unos centímetros antes de lo inevitable me agaché y salvé mi integridad física de un golpe seguro.
Con los ojos tremendamente abiertos del susto observé a la pequeña pelota rebotar inocentemente hasta tres metros lejos de mi. Solté el aire con una mano sobre el pecho, escuché mi corazón latir rápido.
-¿Estás bien? –preguntó una chica pelirroja y con anteojos apareciendo de entre los árboles con una raqueta de tenis y a dos chicos vestidos con atuendos deportivos y raquetas más sencillas-. Ah, eres tú. Supongo que no te pasó nada, la próxima ten más cuidado.
-¡Más cuidado! Tu fuiste la que casi me sacó la cabeza de un pelotazo –exclamé apartando los audífonos y dejándolos descansar sobre mi cuello, sacudí la cabeza para acomodarme el cabello. Hizo un ademán despreciativo con la mano.
-Oye, para empezar no fue mi culpa. Estoy en plena práctica con los principiantes y los aspirantes para el equipo y hasta que la cancha no tenga rejillas deben tener cuidado los que pasen por aquí. Mira, lo dice allí –señaló con la raqueta un cartel pegado a un árbol, con la inscripción "Cuidado, canchas de tenis" en japonés e ingles con letra grande impresa-. Ya están avisados, no me responsabilizo de los tontos que vengan por aquí.
-¡Mínimo muéstrate avergonzada!
-Ya dije que no –respondió desviando la mirada. Comenzaba a enojarme, pero no me dio oportunidad de replicar. Con cierto interés observó mis brazos descubiertos, la chaqueta del instituto la tenía en mi mochila, le pregunté qué pasaba-. ¿Nunca... has jugado tenis o practicado algún deporte? Tienes buenos brazos.
-Nunca, no tengo ni puntería ni coordinación, me gustan los deportes pero hasta ahí –no me quitó los ojos de encima, eso me inquietó. Se despidió y mando a los chicos a practicar antes de arrojarme un último vistazo.
-Deberías considerarlo –dijo antes de alejarse.
-Mmm...
Volví a colocarme los audífonos y repetí la canción, tomé mi maletín para alejarme de allí. Habrán sido... ¿Cinco, seis pasos? Los que di cuando esquivé una segunda pelota, sin nadie haberme avisado, al volverme sorprendido descubrí a Emily entre los arbustos, su pose bastó para delatar que había sido ella la de la pelota asesina y nadie más.
-¡¿Estás loca?!
-Mentiroso –dijo ignorando mi anterior comentario-. Tienes excelentes reflejos y gran coordinación.
Parpadeé un par de veces. Lo siguiente que supe fue que la seguía hasta las canchas de tenis, sencillas en comparación con la de football y la de baseball a la derecha. Bajo una de sus imponentes órdenes entré a los cambiadores, dejé la mochila y la camisa adentro y me vestí con una camiseta que me prestaron, para no tener tantos inconvenientes, los zapatos no tenían remedio pero tendría que conformarme.
-Muy bien, ahora te lanzaré la pelota e intentarás devolvérmela –dijo del otro lado de la cancha rebotando la pelota contra el piso usando la raqueta, todos los jugadores y aspirantes observaban alrededor de nosotros, yo no estaba del todo convencido-. ¿Listo?
-No, para nada (-.-)... –ni siquiera me escuchó. Lanzó la pelota al aire y con un toque la envió a mi lado, a pesar de ser un golpe suave iba a gran velocidad. Sin premeditarlo ya estuve corriendo para alcanzarla y torpemente la devolví. La misma situación se repitió tres veces más antes de que tropezara la malla-. ¿Lo ves? Me falta puntería y coordinación.
-Eres un tonto –sentenció cruzando los brazos-. Tienes un potencial inmenso, casi innato diría yo.
-Te equivocas, yo...
-¡No me interrumpas! Si crees que no puedes no podrás pero tus movimientos, tus respuestas, tu fuerza... La verdad es que con práctica podrías convertirte en un gran tenista –cualquier esfuerzo por convencerla de dejarme ir o bajarla de esa nube fue inútil. Estuvo una hora hablando y hablando sobre el pensamiento negativo, la habilidad, la fuerza, las prácticas y de sus esfuerzos vanos por conseguir buenos jugadores-. Vamos, entra en el equipo. Te hará bien hacer ejercicio, tendrás una actividad extracurricular en tu registro permanente y puntos por participar a la hora de las notas finales.
-Pero necesito concentrarme en mis estudios, los exámenes finales se acercan y no puedo permitirme decaer ahora, comprende por favor –decía en un intento de que me dejara marchar en paz a mi casa.
-En ese caso yo te ayudaré, mi promedio es mayor de 90 puntos y puedo podríamos reunirnos para estudiar antes de los exámenes. Además, esto te ayudaría a subir tu promedio en educación física. Piénsalo al menos.
Hice una especie de puchero al tiempo que ella hacía uno completo. Era verdad, lo que me dijo era verdad. Emily, de 15 años apenas, estaba entre los cinco mejores estudiantes cada año, a pesar de su imagen estudiosa y frágil tenía una condición física excelente. Si lo pensaba así resultaba tentador pero... Nada me aseguraba que el tenis fuera mi deporte.
-Está bien –no hace daño probar, ¿verdad?
-¡Perfecto! Enseguida te doy la hoja de admisión, el horario y los menesteres que debes comprar, también una dieta especial y un cronograma de entrenamiento, debes hacerte un par de pruebas y tengo que calcular tu promedio de... –me equivoqué, SI que haría daño.
En menos de media hora ya tenía una lista con todo lo que necesitaba para jugar, desde la raqueta hasta la marca de los zapatos, el horario de prácticas, una rutina de ejercicios básicos que debía seguir al pie de la letra hasta nuevo aviso todas las mañanas y otra lista con bebidas y barras energéticas que podrían gustarme.
-Creo que eso es todo. Bien, todo en orden. Ve a casa a descansar, sigue las indicaciones que te di y nos veremos aquí a las tres y cuarto después de clases los Lunes, Miércoles y Viernes. Bye-bye.
-Bye... –dije decaído, preguntándome si había hecho lo correcto-. Sería bueno comprar una libreta para llevar anotaciones de mis avances y registros de las clases. También puedo anotar todo eso que me dijo antes de que lo pierda y se me olvide...
Antes de llegar a casa pasé por una librería y compré una libreta que me gustó, dos bolígrafos, azul y rojo, un portaminas y una goma de borrar con motivos deportivos, adecuados para esto según yo y mis ganas de gastar ahorros.
Esa noche hablé con mi mamá respecto al club de tenis, fue más fácil de lo que creí convencerla, hasta diría que parecía feliz con la idea, pero con las madres nunca se sabe (N/A: Dímelo a mi -.-, un día les gusta algo y al otro lo odian... err, volviendo al fic! o.o). Allí vi la trampa: Keitaro, mi padre, pagaría todos los gastos que esto trajera, muy astuto. Para mi sorpresa se mostró muy interesada en Emily, caí en cuenta muy tarde de sus verdaderas intenciones y diciendo que tenía mucha tarea lavé los trastes y subí a mi habitación perseguido por sus risitas.
-Diablos, Emily espero que a ti te pongan moños rosas en el cabello si yo tengo que pasar por esto –suspiré encendiendo el televisor y por asares del destino transmitían un partido de tenis-. ¡Oh, vamos! Debe ser una broma.
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-¡¿Tenis?!
Mathilda y Claude aún no lo podían creer, estábamos en el patio de la escuela, en el primer descanso. Asentí por quinta vez, les había contado desde los intentos de homicidios con pelotas hasta la estúpida TV y su confabulación. Las noticias matutinas y la música que acompañaba a los descansos se escuchaban muy lejanas y la voz de los hermanos Cortez era un murmullo sin sentido. Resoplé con cansancio y me acosté en el pasto, observando el cielo y la luz filtrarse por las hojas del árbol donde solíamos sentarnos.
-¡Tu jugando tenis! –exclamó Claude-. Aún no lo puedo creer, el holgazán más grande del mundo jugando tenis, ¿hasta donde hemos llegado?
-Cállate –ordené entrecerrando los ojos. Mathilda intentó intermediar diciendo quien sabe qué cosas llenas de sentido de la amistad y moral. Yo no tenía muchas ganas de saber de eso. Moví la cabeza un poco y una sonrisa de incredulidad y malicia cruzó mis labios-. Oye, tonto. ¿Eso que tienes ahí es: Romeo y Julieta?
Funcionó. Mathilda, que no se había percatado, debió haber pensado que Claude tenía fiebre por como lo miró y este se sonrojó metiendo atropelladamente el libro dentro de la mochila. Si el osaba decirme que era un holgazán, por qué no podría yo molestarlo con sus malos hábitos de lectura y el empalagoso romanticismo que representaba esa novela. Nada ni nadie podría impedirlo.
-Miren esto, no conocía ese lado tuyo tan... ¿poético, romántico? –me lanzó una mirada hosca-. ¿Desde cuando lees cosas como estas? A veces creo que no te conozco pero... ¿esto?
-Cierra la boca –dijo con disgusto frente a la expresión preocupada de nuestra amiga-. Para que te informes, "cerebrito", es para literatura. El profesor Barthez quiere que leamos unos libros, hagamos reportes, exámenes y otras cosas así. Yo no soy el único, Ray y Lee también lo están leyendo y los demás 4º tienen otros libros.
-¿Cómo cuales? –pregunté sin malicia esta vez.
-La Iliada, Don Quijote, cosas parecidas.
Interesante, muy interesante. Don Quijote es un libro tan difícil de conseguir que apenas he oído hablar de el, pero tan bueno que han sido buenas críticas. Pensé en pedirle a unos cuantos los libros, ya sea si estaban en japonés o en ingles (tenía un par de diccionarios en mi casa, ya me las arreglaría) los leería.
-Eso fue todo por hoy, gracias por acompañarnos amigos –dijo Raúl por los altavoces-. Dentro de cinco minutos debemos estar en clases así que apresúrense. ¡Ciao!
-Aún no me cabe la idea de que estés leyendo algo así –dije andando por los pasillos. Otros alumnos se cruzaban con nosotros dirigiéndose a sus respectivas aulas como siempre pasaba luego del anuncio de la mañana.
-Déjalo ya –pidió Mathilda cansada de los mismo.
-Como si me interesara un poco. ¡Es demasiado cursi!
-Brooklyn-kun, diles que el amor a primera vista es real –gimoteó tirando de su manga. Brooklyn, que en ese momento salía del salón para qué sé yo, se desconcertó, alzando una ceja-. ¿Verdad que tu crees en el?
-Hablamos sobre Romeo y Julieta y su "empalagoso romance" –expliqué, expresó un "Ah" y se desembarazó de mi amiga, recuperando su apariencia impecable-. Ella asevera que existe y nosotros –intercambiamos una mirada-, pues no, nos parece tonto.
-Tienes que admitir, Masefield, que enamorarse de un enmascarado desconocido, desvivirse al instante por el y querer casarse cinco minutos después es incluso quimérico –dijo Claude, el ingles lo meditó unos segundos. Mathilda estaba impaciente.
-Yo creo que esa clase de amor es muy real, y es una de las cosas más maravillosas de la vida y que le pueden ocurrir a las personas –dijo con seguridad impresas en palabras, mirada y voz-. Es así de pasional por la época, recuerden que en ese entonces las personas se expresaban fogosamente. Es de esperarse que...
-Pero sigue pareciéndome una tontería, eso solo ocurre en los cuentos de hadas –contradije, ambos fruncimos el ceño-. ¿Por qué crees que todo se termina con "Y vivieron felices para siempre? Porque no hay argumentos válidos para después, es simple fantasía.
-Yo pienso diferente, quizás digas eso porque no te has enamorado pero...
-No creo en el amor de pareja –le interrumpí de nuevo, con voz severa-. Es un simple gusto que nace al principio y nada más. Si esa clase de sentimiento fuera real no habrían tantas familias separadas en el mundo –Mathilda y Claude se quedaron sin palabras, incómodos los dos, en un instante se les calmaron los ánimos. Brooklyn, en cambio, desconocía mi situación familiar.
-Esos son malentendidos, si el sentimiento se acaba es porque nunca estuvo ahí –apreté los puños.
-Por eso exactamente –rebatí, crispó las manos, la tensión aumentaba por momentos-. Esa idea del amor es total y completamente falso, un simple acuerdo entre dos personas por estar juntas.
-Me estás hartando –masculló lo suficientemente alto como para que le oyera-. Realmente ignoro si te gusta alguien o NO –mi estómago dio una sacudida-. Pero te aseguro, que entre dos personas puede surgir un sentimiento tan fuerte que nada es imposible. Puedes decirme que es solo un acuerdo, que no va más allá de una fijación, pero el amor es lo que nos hizo estar aquí, por eso estamos hablando, quieras o no –fue tan firme en lo que dijo que Mathilda y Claude enmudecieron, observándonos alternativamente.
-Entiéndelo, NO es real.
-Pues yo digo que SI es real.
¿Quieren saber como acabó todo? La profesora Quinkeith (N/A: Me interesa un rábano si está mal escrito), de biología, tuvo que separarnos, pues estábamos a punto de... Si, golpearnos. Pero era tan frustrante y molesto que no pudimos sino enfurecernos, nunca lo habría creído, con lo calmados que somos y lo bien que nos llevamos. Para empeorarlo el agresivo era yo, me salí de mis casillas, el conservó la calma un poco más, si hubiera sido diferente o hubiera durado más...
No nos dirigimos la palabra el resto del día, ni nos miramos siquiera. Aunque evitaba reconocerlo, una especie de tristeza, arrepentimiento y frustración se arremolinaba en mi interior. Al final de clases no sabía que demonios eran la mitosis ni la meiosis, mucho menos el montón de fases que tenían. Luego lamentaría eso en el examen, hacer la tarea también sería un duro trabajo. Ordenamos nuestras cosas y cada uno salió por una puerta diferente, evitamos cruzar miradas y fingíamos desconocer la existencia del otro. Takao y Hiromi no cabían en su asombro, por consejo de Mathilda se mantuvieron al margen, pero Mystel, que no sabía nada, empezó a fastidiarlo por su expresión de disgusto y...
-Por tu bien cierra el pico o te lanzo por una pendiente de camino a casa –masculló con la voz impregnada de ira el pelirrojo. Mystel miró a Garland incrédulo, este solo se encogió de hombros, prefiriendo callar.
Resoplando fui a la zona donde estaban las canchas, para cambiarme, Claude no me dijo nada pero me miró lleno de preocupación. Antes de empezar a desvestirme la cólera que sentía fue reemplazada por pesadumbre, perdí cualquier ánimo que pude haber albergado antes.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Salí de los vestuarios, usando mi mano para cubrir el sol, que brillaba en lo alto. Con un extraño presentimiento, nervios recorriendo mi cuerpo y una sensación desagradable oprimiendo mi pecho. Tomé la nueva raqueta, de color rojo sangre y con la inicial de mi nombre en el mango.
Cerrando la puerta detrás de mi, avancé a la cancha para empezar el entrenamiento, ajustando las muñequeras de color negro. Para ese entonces faltaban las verjas, las causas de que, en vez de estar viendo alguna película o descansando cómodamente en mi hogar, estuviera bajo el fuerte sol de la tarde.
Emily supervisaba a unos chicos practicando con las raquetas, usando la chaqueta de la otra vez, supervisando los movimientos, corrigiéndolos de vez en cuando. Debo reconocer su inmensa paciencia.
Dudé al avanzar para decirle que estaba listo para empezar, ya que, francamente, no tenía ni idea de que hacer. Nada más había dado un paso cuando empezó una extraña conmoción. Miré por sobre mi hombro a dos chicos de mi edad con un aire de madurez y superioridad que parecía salir de sus ojos grandes y de largas pestañas.
La chica era alta, mas no tanto como su compañero, de cabello corto y negro, brillante y elegantemente peinado, de piel blanca y ojos grises. Su compañero era moreno, contrastando con su largo y blanco cabello, de impactantes ojos granates. Ambos vestían igual, camisetas ajustadas, chaquetas y, él un pantalón, ella uno de esos pantaloncillos cortos que dan la idea de ser faldas; a colores negro, blanco y gris.
La característica más llamativa no era nada de eso, sino que cada uno tenía un lunar en la mejilla contraria del otro. Caminaron con brío y seguridad, llevando sus raquetas grises fuertemente asidas, el chico me miró con nacido interés, la chica desvió la mirada con indiferencia. Fruncí el ceño y me llené de un extraño de orgullo retador, fue nueva para mi esa sensación, tan repentina.
-Ah, aquí están chicos –Emily apareció en ese extraño cuadro rompiendo el denso ambiente surgido de la nada-. Ya los presento. Mihaeru, ellos son Queen y King Royal, nuestros jugadores de dobles. Muchachos, este es Mihaeru Minamoto, su nuevo compañero.
King entornó los ojos.
-¿Es este el chico del que nos hablaste?
-No parece japonés –comentó Queen, con el mismo tono petulante y seguro que el otro.
-Tiene grandes facultades para los deportes –siguió la pelirroja como excusándose de algo-. King es el capitán del equipo de natación y Queen la sub-capitana –explicó.
-Supongo que es un placer –dijo despectivo.
-¿De verdad sabes jugar? –preguntó Queen como saboreando un chiste privado.
Resoplé virando los ojos, ignorando las palabras conciliadoras de Emily, odiaba ser subestimado. Apreté la raqueta con fuerza, haciendo sonar la goma entre mis dedos. Aun así no pude odiarlos o molestarme propiamente dicho con ellos. Y eso me molestó aún más.
-¿Qué es todo este alboroto? –ay, no. No podía ser, que alguien me dijera que no-. Ya regresaron, ya era hora.
Pues ahí estaba, para mi gran consternación. Rick, el profesor de deportes, se encargaba de supervisar las prácticas de los equipos. Ya podía hacerme a la idea de la terrible realidad que eso significaba. Más de cincuenta sentadillas al día, abdominales hasta el cansancio, todas las vueltas que le provocaran alrededor del terreno, flexiones más las prácticas de tenis.
No me equivoqué. Para las cuatro y media de la tarde había dado treinta vueltas alrededor de la cancha, hice cien abdominales, sentidillas y flexiones. Los brazos no respondían bien para practicar con la raqueta pero... Lo más curioso de todo esto es que... de no sé donde, saqué la suficiente fuerza para no desplomarme hasta el final de día. Quedé sorprendido de ver que mi resistencia había llegado a ese límite cuando no suelo hacer ejercicio.
-Ya sabía que podía esperar eso de ti Minamoto –entreabrí los ojos para ver a Emily y a Rick de pie a mi lado, cubrí de nuevo mi rostro con el antebrazo-. Resististe más de lo que pensaba.
Refunfuñé por lo bajo, estaba en exceso adolorido para poder replicar un sarcasmo decente pero las ganas me carcomían por dentro. ¡Oh, fue un placer! Siempre es genial que me exploten como trabajador egipcio y más cuando soy nuevo y apenas empiezo. ¡Cuando quieran! Eso no era ni la mitad de la mitad de lo que quería decirles, pero hasta mi lengua estaba cansada, y tenía que recuperar fuerzas.
-Por cierto, las prácticas también serán los Sábados que tengan libres.
¡Maldita sea la vida! ¿Por qué todo lo malo me pasa a mi? ¿Habré matado a alguien y el karma me está cobrando? Abrí de golpe los ojos. Era un iluso y mi rostro se contrajo al atraer un recuerdo. Con renovadas fuerzas por la ira me levanté y fui a los grifos, conteniéndome para no lanzar insultos al aire. Abrí la llave con fuerza, dolió pero nada grave. Pude haberme ahogado con la cara allí pero finalmente aparté el rostro y sacudí la cabeza, mi camiseta se mojó un poco por las gotas que caían de mi cabello y mi cara.
-Toma –una mano apareció frente a mi-. Sécate la cara con esto.
-Gracias... –musité. Ray me sonrió, yo tan solo asentí.
-Entonces es cierto que te uniste al club de tenis –dijo, ligeramente impresionado. Asentí en silencio, devolviéndole la toalla-. Claude me dijo... ¿Pasa algo malo?
Había lanzado un gruñido, pero ya habría una oportunidad para castigar lenta y dolorosamente a Claude, por ahora debía concentrarme en controlar mi mal humor, Ray no tenía la culpa de eso. Incliné la cabeza para darle las gracias y me alejé con dirección al patio, lleno de árboles entre los cuales podría ocultarme. Apreté lo puños.
X.x.X Flash Back X.x.X
-¿Quieres probar, querido? –preguntó una anciana, de mirar dulce y sonrisa afable.
-Pero...
-Nadie te reprenderá –aseguró con ternura. El pequeño niño rubio asintió y se acercó tímidamente a ella, que acarició su cabeza-. ¿Tu tío te ha estado molestando otra vez?
El chiquillo guardó silencio, temeroso.
-Puedes decirme –los ojitos azules del infante miraron a todas partes, asustados, asegurándose que nadie los escuchara-. Vamos, dime querido.
-Si... de nuevo me dijo esas cosas... Oba-san, el me odia.
-Tu tío sólo está molesto –dijo, pasó su mano por los cabellos rubios y desordenados-. Recuerda que Rina era muy importante para él.
-Es mi culpa, ¿verdad? –preguntó con ojos trémulos-. Yo soy el culpable de la muerte de Rina-chan.
X.x.X End Flash Back X.x.X
Rina Minamoto… era un fantasma de mi pasado, que no parecía querer dejarme en paz, una sombra que me asechaba constantemente, asegurándose de que no olvidara mis pecados... o a ella misma. Siendo un niño presencié un terrible accidente. Me culparon a mi sin dudarlo un momento, ya que yo estaba en el momento en que ocurrió. Perdió mucha sangre, y ella era débil y frágil. Todavía puedo recordar el olor metálico de la sangre, los gritos, el hedor a licor y el punzante dolor en mi mano. Es como si aún pudiera ver el montón de aparatos médicos, sentir el frío de ese lugar quemando mi piel y el odio de esa mirada sobre mi.
Hoy simplemente no era mi día. Mejor dicho... mi semana.
Llegué hasta un árbol que me pareció idóneo por nada en especial. Me acosté en el pasto y llevé mis brazos tras la nuca, para usarlos de almohada. Cerré mis ojos, que temblaban, era molesto no poder olvidar por completo. Sé que hay personas que tienen la fascinante habilidad de olvidar momentos y sucesos dolorosos de sus recuerdos. Los envidiaba, porque para mi era imposible, por más que luchara y lo intentara terminaba por conseguir que fuera más doloroso e imperecedero.
-¿Puedo sentarme?
-Si quieres.
Ninguno habló en un rato, yo tan inmerso en mis propios pensamientos que no le prestaba atención a nada en particular, no quería de todas maneras. Una fresca brisa sopló, erizándome la piel. Sin querer miré la palma de mi mano derecha, con melancolía. Una cicatriz delgada y mal suturada se extendía en diagonal, cruzando toda la palma.
-¿Cómo te hiciste eso? –sufrí un sobresalto, había olvidado que estaba ahí.
-Fue hace años, de pequeño, en un accidente –contesté sin pensar. Estaba sumido en un estado de sopor, desconocía el motivo.
-No comprendo, ¿qué clase de accidente te pudo ocasionar esa herida?
-Fue un descuido, estaba muy asustado.
-¿Qué pasó?
-Una persona murió por mi culpa.
Abrí los ojos como platos, anonadado. Salí del letargo, con el corazón latiendo a mil por hora y la mandíbula desencajada. Mis orbes, temblorosas se fijaron en las suyas, tranquilas, afiladas como las de un gato. Ray me sonrió para tranquilizarme, puso una mano en mi hombro y me mantuvo acostado, volvió a su posición de antes y se hizo una pausa.
-¿Quieres hablar de eso? –no respondí, el es muy bueno y paciente, no se molestó con migo en ningún momento-. Escucha: Yo no tengo padres, mis tíos, mis abuelos y mi maestro han cuidado de mi hermana y de mi desde los nueve años, luego de que mis padres murieron. ¿Sabes que es lo más irónico? –una amarga mueca que pretendía ser una sonrisa cruzó sus labios, fue triste verla-. Que yo fui el causante...
Me incorporé de golpe, para verlo a la cara. La siempre radiante mirada del chino lucía opaca y triste, llena de sentimientos confusos y profundos. Desde el día en que nos encontramos en el parque, Mystel y Ray hablaban más con migo, teníamos mucho en común y me impresionaba su forma de ser y tratar con las personas. Ray se volvió mi amigo en el poco tiempo desde esa vez, aunque siempre nos llevamos bien; y no me gustaba ver a mis amigos tristes.
-Verás, una tarde mi padre me dejó a cargo de Mao y la casa. Estaba tan dormido que lo único que hacía era asentir, no le presté atención. El se fue y yo me quedé dormido con Mao, me metí en su cama y nos quedamos ahí hasta las once de la noche más o menos. Mi padre no aparecía, todos fueron a buscarlo pero nadie sabía donde podría estar, el único al que le dijo esa información fue a mi y... lo ignoré –su voz tenía un dolor impreso tan fuerte que cada palabra hizo mella en mi, pero el lucía tranquilo, hasta relajado, sino fuera porque su mirada estaba llena de desolación y tristeza hubiera creído que no le incomodaba-. Lo más ridículo, es que Mao nunca me culpó, hasta el sol de hoy me apoya y trata de hacerme sentir bien. Nuestra madre murió cuando ella tenía tres años, no la recuerda bien... Y yo le arrebaté a su padre.
-Basta –pedí con voz suplicante, levantó la vista, sorprendido-. Uno: no fue tu culpa; dos: Mao-chan jamás te culparía, mucho menos te odiaría; tres: eras un niño, ¿que podrías haber hecho?
-Mihaeru, eres un chico bastante raro –sentenció, ladeé la cabeza confundido-. Dices consejos pero no los sigues –entreabrí mis ojos, conteniendo el aire-. Mentí, mi padre está en China trabajando duro para que podamos estudiar aquí, y mi madre, lamentablemente, murió al dar a luz a Mao. Pero... tu historia es diferente, es verdadera, ¿cierto?
Asentí, en silencio.
-Cuéntamela, te sentirás mejor.
-No me gusta hablar de eso...
-No se lo diré a nadie –me tomó de la mano, jadeé al sentir una corriente eléctrica. Pero fue como si me impulsara a hablar. Unos colmillos sobresalieron de sus labios al sonreírme, ese detalle, de toda su familia, siempre me había gustado.
-De-de acuerdo... Tendría... nueve años –apreté los párpados con fuerza, sacudido por un desagradable sentimiento-. No puedo. Lo lamento...
Ray negó con la cabeza.
-Esta bien, no puedo obligarte a contarme algo tan doloroso. Gracias por tener la suficiente confianza para decírmelo –hasta sus orbes brillaron al sonreír. Se levantó y sacudió sus pantalones-. Bueno, ya se me hizo tarde. Hoy es mi turno de hacer la cena y tengo mucha tarea para no aburrirme, jeje. Hasta luego.
-¡Ray...! –se detuvo, esperó unos segundos hasta que espabilé-. Cuando esté listo... ¿Podrías escucharme?
-Claro que si –reanudó la marcha-. Nos vemos... amigo.
-Gracias... –sonreí conmovido unos segundos antes de reaccionar y llamarlo con un grito-. ¡Ray!
-¿Qué? –se volvió asustado.
-¿Podrías pedirle a tus amigos unos cuantos libros de los que les mandó a leer Barthez?
Suspiró aliviado y asintió con una media sonrisa. Lo perdí de vista y me dejé caer sobre el césped, bajo la sombra de árbol, ahí estuve cerca de media hora, hasta que Claude se acercó y sugirió que nos fuéramos juntos. Tenía clases de teatro los mismos días que yo. Ofreció detenernos en un puesto de fideos, pagó la comida y fuimos a mi casa a ver una película. Le pregunté por qué estaba tan atento ese día.
-Te ves más nostálgico que de costumbre, y una buena compañía hace bien para estos casos.
-¿Desde cuando tu eres buena compañía?
-Harás un favor en callarte, malagradecido –respondió mordaz, golpeándome con una almohada-. En el fondo me quieres.
-Pero muy, muy, muy en el fondo –solté una carcajada ante su cara y los golpes que me lanzó. Sonrió de medio lado, dejando su fingida molestia para luego, y les aseguro que la usaría sin falta.
-Veo que ya estás mejor.
-Lo que hace la buena compañía –me encogí de hombros con una sonrisita.
Miró a otro lado ruborizado, removiéndose en su lugar, le incomodaban ese tipo de frases desde que recuerdo. Mientras el veía la película desvié mi atención a la cicatriz de nuevo, una horrible sensación se coló en mi pecho y me encogí sorpresivamente. Claude siempre ha sido como mi hermano mayor, por eso no me molestó que pasara su brazo por mis hombros, para que me tranquilizara, de reojo observó a donde iba mi atención. Tomó mi mano, la posó sobre el piso, con la palma abajo y señaló la pantalla del televisor, asentí más tranquilo. A veces era lindo tener un hermano mayor en vez de ser uno...
Dormí abrazado a Tails esa noche.
♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚♚Do dai? (que tal?) Ya saben, un R&R es suficiente (igual a los miembros no les dejará escribir dos veces en un cap ¬¬). Díganlo! Cursi y tonto pero interesante.
No todo es miel sobre hojuelas como dicen por ahí, Miha tiene su doloroso y oscuro pasado, si recuerdan los otros capítulos el hacía mención a una mejor época y a una gran tristeza. Pongamos a trabajar esas mentes (ya quedamos que transtornaditas):
Broo-chan tiene su temperamento, ¿se excedió o tenía sus razones? ¿Mystel saldrá con vida? (Mmm, si, lo adoro demasiado como para matarlo, ya se morirá solito 9-9) ¿Captaron como era la cicatriz? La describí medio mal. ¿Ray? Así de simple. Según ustedes: El asunto de Tails, Ray y Claude queda bien? Es decir, se ve un poco infantil pero todos tenemos nuestro lado débil, aun así no es débil, solo... Digamos que aprecia el apoyo de los demás y no tuvo infancia ¬¬.
Como ya hablé mucho y lo que tengo ganas de decir son sarcasmos agradeceré y me despediré con la poca decencia que me queda:
Quiero agradecer a los que leyeron esto y a los que dejaron y dejarán R&R, mil gracias. Cualquier duda pregúntenme con toda confianza y dejen sus preciosos comentarios aunque sea para amenazarme o algo así, se los agradecería mucho. Les dejo mis msn: luchi(barra abajo)1692(arroba)hot... y hikaru(barra abajo)no(barra abajo)yami55(arroba)hot... ya se saben el resto, agréguenme y los aceptaré en seguida, lo juro.
Al no tener internet no puedo apresurarme mucho por lo cual disfruten lo poquito que les traigo. (Voz de fondo: Maldita tacaña! Ok, eso fue innecesario ¬¬)
Sayounara!
