O.O Sé... que hay gente que quiere matarme por tardar... er... una eternidad ñ.ñU Pero o.o les juro que tengo una muy buena razón para que me dejen con vida... (busca como loca por todas partes). Sé que la tenía por algún lado... (voltea hacia el público con nerviosismo). Jeje... Ya sé, no tengo excusa alguna TT-TT pero la verdad es que es hasta ahora que (por incontables motivos) puedo actualizar. Le quería regalar este capi a mi nee-chan Hakura en su cumple y no pude (TT.TT), quería publicar el capi Navideño para la fecha y... sí, adivinaron: no pude. Lo que es más: el 6 de Febrero (Hoy!) es mi cumpleaños y también el de Miha y no puedo llegar a ese momento aún!!! TTOTT Mi vida es triste... (en un rincón oscuro con un aura depresiva haciendo muchos circulitos en el suelo). Pero!... Aquí les traigo un capi larguísimo para que reconsideren los planes de muerte/tortura/dolor que tenían (tienen) para mí. Lo terminé en carnaval y lo empecé... En octubre ToT Pero!... La siguiente semana les traigo el que debió haber sido el de Noviembre, luego el Navideño, pero ese (se esconde) puede... ejem... tardar. Sin embargo, les juro que luego publicaré dos seguidos!!! Creo que eso es todo... Me aguantan al final... Ah! La canción que se utilizará en este cap será el ending ocho de Naruto (creo), búsquenlo y sabrán cuando ponerlo a andar, así entraran más en tono con el capi.

Título: Fantasy

Autora: 5Hikaru no Yami5

Advertencias: Tómenlas ustedes y (aunque yo no lo considere como malo pues me encanta) Shonnen-ai.

Nota importante: Estoy de cumpleaños! Ademas este fic cumple... un añito publicado!!! La primera persona que me deje un R&R se lleva un regalo!

Nombres:

Takao Kinomiya: Tyson Granger

Yuriy Ivanov: Tala

Mihaeru: Miguel

Hitoshi Kinomiya: Heero Granger

Mao Kon: Mariah

Hiromi Tashibana: Hilary

Kyo(no usaré el largo): Kenny

Del resto usaré los nombres de la versión estadounidense y algunos apellidos son

inventados.

Disclaimer: BB no es mío, le pertenece a Aoki Takao-san (Kami-sama lo bendiga 3), solo los tomé prestados un rato.

-bla, bla, bla- Diálogo.

"bla, bla, bla" Mención de algo, ya sea un letrero o un sarcasmo.

Bla, bla, bla Pensamientos.

Aquí les va, disfrútenlo!!!

Capítulo 7: Inconsistente

-Cabeza fría, amigo.

-¿Eso crees?

-Por supuesto. Ya de por sí eres frío y sereno, basta con mantener el temple en alto y todo listo –contestó encogiéndose de hombros, como si tal cosa.

Claude y su servidor, o sea yo, íbamos de camino a la escuela. Era la mañana siguiente al incidente con el estúpido libro de Romeo y Julieta y a mi primera clase de tenis. Había pasado por mí, supongo que seguía preocupado y decidió cerciorarse. Aproveché eso para pedirle consejo y opinión acerca de mi "peleita" con Brooklyn, como él la llamaba.

Sigamos con la conversación.

-Si le hablas calmadamente y te apresuras se resolverá con más facilidad –decía despreocupadamente-. No esperes a que pasen los días, mientras más rápido lo resuelvan más rápido volverán a ser amigos.

Muy sensato. Lo que no me quedaba claro era su aparente frialdad en cuanto al asunto, contestaba por contestar, supongo que por su compromiso de amigo y lo hacía como si no tuviera nada mejor que hacer. En pocas palabras, como si le tuviera sin cuidado.

-Quizá tengas razón –murmuré pensativo.

-Le das demasiada importancia –alegó palmeándome la espalda, como para que reaccionara-. Hablen, arréglenlo y vuelvan a ser buenos amigos. Luego es historia.

¡Acerté!. ¡No le importaba!

-De acuerdo... –ya llegábamos a la escuela. Se despidió de mi para ir con Lee, algo de una presentación en frente de la clase. Con paso lento me dirigí al edificio de los salones. Me topé con Kyo, o el Jefe y lo acompañe hasta su salón mientras hablábamos del nuevo software que salió al mercado.

Olvidé mencionarlo. Soy un amante de la tecnología y todo lo que tenga que ver con eso. En casa suelo encargarme de ciertas cosas por mamá, tengo una fuerte tendencia a desarmar y ver como funcionan las cosas. Destrocé, mínimo, dos relojes, un control remoto, un radio reproductor y una computadora de Keitaro antes de los once años en mi afán de ver como funcionaban esas cosas.

Sin mencionar que cuando se trata de los nuevos avances en gráficos nunca me quedo atrás.

-Entonces hablamos después.

-De acuerdo, buena suerte en tu examen de matemáticas –dije, dándole una palmada en la espada. Sonrió sonrojado y entró, acomodándose los anteojos. Desde allí saludé a Kiki y Joseph, hermanos de Mao y Mariam, respectivamente como ya había dicho en una ocasión.

Por mi lado fui directo a mi salón, suponía que Brooklyn ya hacía rato que estaba allí.

Entré con la intención de dirigirme a su puesto y hablar con él. Le había dado muchas largas, como Keitaro decía: Un problema se debe resolver rápido, si se le dan muchas largas luego será más difícil. Cuanta razón tenía el viejo, digo, papá. Por esa razón caminé directo al frente del salón...

-Buenos días –dijo Judy entrando.

...demonios.

Brooklyn empezó con el saludo de siempre, sin mirar en ningún momento hacia atrás. Bufé al ver frustrado mi intento y de mala gana saqué los libros y el lápiz, mientras la profesora empezaba con la clase de física, escribiendo fórmulas y señalando ejercicios para practicar un tema que estudiamos recientemente.

Estuve un rato pensando en mi conversación con Claude jugando con el lápiz en mi mano y en lo extraño o... más bien distante que parecía, como si no le interesara o le tuviera sin cuidado. Bueno, me dije, no era correcto involucrarlo en mis problemas o fastidiarlo con ellos. Suspiré, realmente habían cosas que no entendía del todo, aún era un niño.

-Minamoto...

Sin embargo, tampoco entendía porque pensaba en eso. Últimamente he tenido sólo ideas extrañas o, más bien, demasiado incoherentes. Realmente mi mente estaba saliéndose de control y empezaba a preocuparme de las repercusiones.

-¡Minamoto!

...como esa.

-¡Si! –repliqué levantándome en mi asiento, la profesora Mizuhara me observaba entre preocupada y enojada desde el frente, con el libro de texto en alto-. Disculpe...

-Minamoto, pasa al frente y resuelve el ejercicio tres de la página cuarenta.

-Bien...

Avergonzado y con la mirada de todos sobre mi me planté frente a la pizarra, sin saber qué hacer. Tuve que volver a mi puesto para buscar mi libro y leer frente a todos el problema. Tomé la tiza que me tendía e intenté resolver la operación. Luego de cinco minutos entendí que no tenía ni la menor idea de cómo hacerlo.

-¿Qué te sucede, Minamoto? –preguntó Judy con preocupación antes de que yo volviera a mi lugar-. Pensé que dominabas ese tema, sin mencionar que física para ti es fácil.

-Lo sé, disculpe.

Con paso lento y perezoso regresé a mi lugar, pero antes... Antes mis ojos se cruzaron con los de Brooklyn, que tenía una expresión indescifrable en la cara. Con un escalofrío giré el rostro, no me había gustado para nada esa mirada, él se removió en el asiento, visiblemente incómodo.

-Bien... ¿Quién puede resolver ese ejercicio? Sí, Kamata...

Hice oídos sordos e ignoré a todo y todos los demás. Con el orgullo herido volteé a ver a la ventana, resulta que, por ironías del destino, a pesar de que apesto en matemáticas soy bastante competente en física, promedio de ochenta sobre cien. ¿Cómo la ven?

Terrible, contestando la pregunta anterior, no podía ver con claridad. Empecé a sudar frío y el grito que resonó por todas partes me hizo temblar de horror. Entonces empezó a llorar, los sollozos hacían eco por las paredes y dentro de mi cabeza, la sangre empezó a manar a borbotones. Intenté apaciguar el sonido cubriendo mis orejas con las manos. Sentí la calidez y la densidad de la sangre y de las lágrimas, intenté gritar, el dolor en mi pecho y mi ojo izquierdo era terrible, sofocante. No podía respirar, no podía pensar...

-¡Minamoto, despierta!

Me levanté de pronto del asiento y la silla cayó al piso con un golpe seco. Todos allí me miraban, me miraban con miedo, extrañeza, preocupación. Unos ojos azul cielo se encontraron con los míos y una suaves manos tocaron mis mejillas, bañadas en sudor como el resto de mi rostro. Judy me miraba bastante alarmada, pasando una mano por mis cabellos de manera maternal. Parpadeé con fuerza, los ojos me escocían.

-¿Cómo te encuentras? –preguntó lentamente.

-Ah... yo... –murmuré quedamente, me estaba tambaleando y seguía temblando.

-Tranquilo, querido. Debes ir a enfermería y... ¡Takao, espera!

Una mano tomó la mía, que cálida era. Fui jalado fuera del salón por Takao, era imposible no reconocer ese cabello, no sabía a dónde iba solo que caminábamos por el pasillo. La voz de Hiromi a mi espalda, siguiéndonos seguramente por orden de la profesora. No me sentía bien, estaba mareado y respiraba con mucha dificultad, como acabando de salir de un gran susto. Nos detuvimos frente a los aseos, abrió la puerta y me guió dentro de un cubículo.

-Entra aquí.

-¿Para...?

Antes de completar la pregunta me incliné sobre el retrete y devolví el desayuno, sufriendo arcadas entre respirar y vomitar. Quedé con un sabor desagradable en la boca y mientras trataba de recuperar el aire y no vomitar la bilis (que era lo poco que me quedaba en el estómago) Takao frotaba mi espalda, sosteniéndome para evitar que terminara en el piso. Recuerdo que pronuncié entrecortadamente su nombre y me dijo al oído que no tenía que preocuparme todavía. Entendí la mitad, aunque no estaba para pensar en nada.

Salimos, él sosteniéndome, yo arrastrando los pies, la profesora, Hiromi y Brooklyn esperaban afuera, con cara de susto.

-¿Cómo está? –preguntó alguien.

-¿Ha vomitado?

-Llevémoslo a enfermería.

No supe lo que pasó después, sólo que desperté en la misma habitación fría y con olor a penicilina que recordaba como la enfermería una hora después. Yukina leía una revista en su escritorio y de vez en cuando revisaba otra de las camas, donde una chica descansaba con fiebre por lo que pude escuchar. Decidí permanecer un rato más así, acostado entre las sábanas blancas, el mareo ya no estaba pero una desagradable sensación de vacío en el estómago y un ligero temblor en el cuerpo me convencieron. Sin mencionar la suavidad de la almohada.

Traté de recordar qué desayuné y cené. Pero no tenía sentido, el grito, la sangre, las lágrimas, el mareo. No, nada tenía sentido.

-No tiene sentido...

-Despertaste –la doctora Yukina se había acercado a mi cama, puso una mano sobre mi frente, para tomar la temperatura-. ¿Cómo te sientes?

-Mejor –susurré, encogiéndome. Sonrió con ternura.

Espera un segundo, te traeré algo. Por cierto, querido –habló preparando en un vaso un líquido blanquecino-, vinieron a verte varias veces, tienes buenos amigos. Tómate esto, te hará bien.

Me senté y sujeté el vaso, ella tomó mi pulso y mi temperatura. Olía extraño y titubeé al acercarlo a mi boca. Palmeó mi espalda, con una queja bebí el... lo qué sea y casi lo escupo.

-Ni te atrevas, trágatelo todo –dijo con voz autoritaria.

-Mnn –me quejé de nuevo. Alguien llamó a la puerta.

-¡Adelante!

Pude darme cuenta sin mucha ayuda que era la hora de receso. Takao, Kyo, Zeo y Max me visitaron primero. No supe cómo agradecerle a Takao que me evitara un mal rato en el salón pero tampoco supe cómo él lo supo (válgame la redundancia). Yukina los obligó a irse cuando empezaban a hacer ruido y entraron Claude, Mathilda y Hiromi, claramente aliviados de encontrarme despierto y con tan solo falta de color. Hiromi aseguró que estaba dispensado de las clases de ese día en caso de que quisiera descansar pero mañana debía llevar todas las tareas hechas. Como mejor oferta no pude recibir acepté, igual estaba en condiciones de asistir a la última clase.

Cuando ellos se fueron entraron sorpresivamente otros tres: Emily, Raúl y su hermana.

Seguidamente entró Yuriy y su semblante de marcada superioridad y amabilidad. Ojalá supiera cómo se logra esa combinación tan bien. Opacó al instante a los otros tres, que me preguntaban sentados al pie de la cama si estaba mejor. Se acercó a mi cama luego de saludar con una sonrisa a Yukina y a la chica que había compartido la estancia conmigo. A juzgar por su rostro lamentaba profundamente haberse reestablecido de salud y tener que irse.

-Te ves bastante bien¿cómo te sientes? -preguntó apartando de mi rostro unos cuantos mechones.

-Ah... mejor.

Sus labios se curvaron en una preciosa y pequeña sonrisa. ¿Cabe decir que me estaba derritiendo por dentro o eso ya lo sabían? Asentí ruborizado y no pude evitar encogerme un poco en el lecho, de manera tímida. Emily se sonrojó sorprendida, Raúl abrió mucho los ojos y Julia no sabía si reír por lo bajo o quedárseme viendo.

¿Qué si soy lindo? No me gusta ser presumido, pero no soy nada feo y menos cuando me sonrojo o luzco tímido. En resumen: Muy tierno.

En fin, Yuriy salió al poco rato acompañado de los demás, el timbre acababa de anunciar el término del descanso. Antes de irse, sólo para molestarme o reírse un rato, supongo, me guiñó un ojo y me dejó sus mejores deseos para que me recuperara, eso y la sonrisa más... como odio esa palabra... sexy que jamás hubiera visto.

Sí, allí acostadito me quedaba.

Entré al salón en la última clase, que resultó ser ingles. El profesor me dio la bienvenida y dijo que, de necesitarlo, bastaba alzar la mano para volver a la enfermería. Asentí y fui a mi puesto con la intención de, mínimo, tener las notas de esta clase. Pero como era un tema condenadamente fácil (cláusula de IF¡por favor!) y yo soy bilingüe me permití pasar el tiempo en cosas más productivas (no, no iba a dormir).

Intentando que no se notara le mandé un mensaje a Takao por celular. Extrañado asintió y le susurró a Hiromi qué era lo que quería. Ella también asintió, no sin reprocharme con la mirada. ¡Pero tenía mensajes libres! De algún modo tenía que gastarlos.

Con suma discreción y aprovechando los momentos de distracción del profesor me hicieron llegar, por medio de nuestros demás compañeros, los apuntes de una de las materias que perdí hoy para, por lo menos, aprovechar el tiempo libre. Mathilda, a diferencia de mi, tenía muchas complicaciones con el ingles y casi todas las clases terminaba haciéndole un resumen para que entendiera. Esa vez me dejó copiar tranquilo y de vez en cuando revisaba cómo iba.

Pero en el mundo no todo es perfecto...

-Minamoto-kun¿está prestando atención? –preguntó ceñudo el hombre al frente de la clase al verme tan distraído.

-Por supuesto, sensei –mentí descaradamente.

-Entonces pase al frente y resuelva la tercera y quinta oración.

Me iba a cobrar la vergüenza de física en la mañana. Dejé los cuadernos de Hiromi y míos en el asiento y con andar despreocupado llegué al frente y tomé la tiza. Vamos, adivinen qué pasó dos minutos exactamente después.

-¿Algo más, sensei?

-N-No... –balbuceó incrédulo, tratando de guardar la compostura (no funcionó)-. Puedes sentarte.

-De acuerdo –acepté con una sonrisa triunfal que pretendía ser amable. Takao me guiñó un ojo y¿cómo no? Yo le respondí. Vamos, mandar a callar a uno de los más fastidiosos profesores y lucirte frente a toda la clase siempre ha sido motivo de petulancia en el mundo. Yo no soy engreído pero tengo mis momentos de amor propio.

Seguí con mis asuntos una vez llegué a mi puesto, sin borrar mi gesto, debía acabar con los apuntes de geografía si quería tener la tarde en paz.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Lo que no tuve fue el día siguiente en paz. Iba con más peso de lo acostumbrado en mi mochila: los cuadernos de Hiromi que amablemente me había dado junto a su amenaza de cuidarlos y estudiar (qué diablos, la quiero y me hizo un favor) y mi uniforme de educación física. Recordarán que es Viernes y tengo deportes a tercera hora (Díganle hola al señor sol).

Rena me había llevado a cenar en un buen restaurante la noche anterior y mi estómago no se mostró resentido por eso, por lo cual seguía sin entender el "ataque" de ayer. Bien pudo haber sido algo que comí pero por eso mismo seguía sin tener sentido. A pesar de haberme levantado tarde y haber tenido que pedalear como loco para que la idea en mi cabeza funcionara llegué temprano y con nuevas expectativas de disculparme con Brooklyn, el día anterior cualquier intento quedó descartado y estaba muy ocupado en ingles como para hacerlo.

Sospechando que estaría leyendo en el salón y, por la hora, no habría nadie más, me cambié rápidamente los zapatos y subí para aclarar todo el asunto de una buena vez. Entonces comenzó la pesadilla, nunca olviden esta frase, yo no pude hacerlo. El salón estaba vacío. Maldije por lo bajo y me apresuré a dejar las cosas en mi puesto, pensando dónde más podría hallarlo.

¡En el salón de Mystel!

No estaba.

-Hmpf.

Di un portazo, con el ceño fruncido me alejé hacia la ventana. Le busqué con la mirada en el patio. Encontré a Garland y recordé que siempre estaba con Brooklyn. Con prisa bajé las escaleras, seguro de estar frente a una pista de su paradero. Luego me sentí estúpido por mi complejo de detective frustrado pero ignorándolo seguí por las escaleras. Al salir al patio...

-Ite! –Gruñí por lo bajo, sintiendo una suavidad ajena en mi pecho. Al abrir los ojos me encontré con Emily bajo mi cuerpo, con los anteojos mal puestos y una mueca de dolor en la cara. Abrió un ojo, sonrojada me miró sorprendida, avergonzada-. Minamoto!

-Emily-san! Gomen... –me levanté rápidamente, dándome cuenta de la posición tan comprometedora en que habíamos terminado. La ayudé a levantarse, ella sacudió su falda, luego levantó la cabeza hacia mí ligeramente molesta-. ¿Estás bien?

-Sí, sí... No pasó nada –contestó esquiva. Sentí una mirada penetrante a lo lejos, fue por unos instantes pero, al girar el rostro, di de lleno con los ojos esmeraldas de Brooklyn.

-Me tengo que ir... Adiós...

-¡Wait a minute! –exclamó detrás de mí, antes de que pudiera alejarme demasiado.

-What is it? –rezongué volviéndome. Ell tenía los brazos cruzados y el ceño muy fruncido.

-¿A dónde vas con tanta prisa? Ayúdame a recoger mis cosas –señaló al piso, su mochila y libros estaban esparcidos a sus pies. Mordiéndome el labio busqué de nuevo la figura de Brooklyn, ya no estaba. Maldije en mi fuero interno y me agaché para ayudarla-. ¿Qué pasa contigo?

-Nothing... –mascullé enojado. Se cruzó de brazos-. Estoy bien... Ten.

-Thanks. Listo, ahora te puedes ir.

-No era por eso –suspiré. Incliné la cabeza a modo de despedida y emprendí la búsqueda por el patio. No pudo haber ido muy lejos. Divisé una figura conocida y, alzando la mano, llamé su atención-. Yho, Max!

-Hey! –saludó él. Estaba rodeado de unos compañeros de salón, entre ellos Mystel y Ozuma, que también me saludaron. El americano me hizo señas, parpadeé confuso un par de veces.

Diez minutos después...

-¿Un secreto? –repetí sin entender-. ¿Takao?

-Sí, está con eso desde hace unos días. No sé por qué no te lo dijo, con lo cercanos que son... –dijo Max pensativo.

-¿Te refieres a decirme el qué es o que tiene un secreto?

-Posiblemente ambas cosas –habló Ozuma, cruzándose de brazos. Parecía enojado.

-Pues no mencionó nada... Si ha estado un poco extraño pero...

-¿Nada fuera de lo común? –preguntó con sorna Mystel. No pudimos evitar sonreír afectadamente, incluso Ozuma, que luego carraspeó y dijo:

-El punto es que ya me está sacando de quicio, no deja de decir que "lo sabrás, muy pronto lo sabrás". Le partiré la cara como siga así –sudamos gotita-. Takao trama algo...

Asentí.

-Por cierto –miré a Max-. ¿No ibas a preguntarme algo?

-¡Oh! Es cierto... Mmm... –me di cuenta de lo ridículo que me veía-. ¿Han visto a Brooklyn?

-¿Brooklyn? –negación general.

-Ah, bueno... gracias de todos modos. Lo seguiré buscando. Nos vemos –iba a alejarme cuando Mystel me jaloneó del brazo-. ¿Qué?

-Tres, dos, uno... –sonó la campana que señalaba el inicio de clases. Resoplé abatido, meneando la cabeza-. Lo harás después.

Diablos.

-...Quiero que hagan un resumen de la página ciento diez hasta la ciento tres para la próxima clase, sin faltas. Es individual, naturalmente –sonó el timbre del receso y Salima, la profesora de Dibujo y Arte miró su reloj de pulsera-. Pasó muy rápida la clase. Bien, ya pueden irse.

El revuelo típico de pupitres, conversaciones y pasos empezó a escucharse por toda la escuela, cerré mi libreta, la guardé en mi mochila lo más rápido que pude viendo de refilón la puerta del salón de arte, esperando ver a Brooklyn pasar. Si recordaba bien su taller de botánica tenía clases dentro de las instalaciones. Iba hacia la salida, mochila en mano, cuando uno de mis compañeros se acercó a mí, distrayéndome en el proceso.

-De acuerdo, te lo traeré el Lunes. Olvidé que faltaste a esa clase.

-Arigatou, Minamoto –agradeció el chico-. Qué bueno eres.

-No te preocupes –inclinó la cabeza y salió del salón. Mathilda ya se había ido con Hiromi, que asomando la cabeza le ofreció comer juntas. Estaba solo, una vez comprobado asesté un puñetazo en la pared e inicié una loca carrera hacia las escaleras, llenas de estudiantes-. Kuso!...

Finalmente llegué al patio y tuve la fortuna de no chocar contra nadie. Rápidamente le busqué con la mirada, esto no se iba a quedar así. Recordé las palabras de Claude y me di cuenta de que no lo había visto en todo el día. Preguntándome qué le habría pasado estiraba mi cuello y aguzaba la vista, seguro de poder reconocer a Masefield a la distancia.

-¡Enano fastidioso! –exclamó una voz gruesa y ruda detrás de mí, sobresaltándome-. ¡Se supone que estamos en el mismo equipo, pudo habérmelo dicho!

¿Bryan? Era él, Kai caminaba a su lado, con una mueca que decía "Mátenme o lo mataré yo" marcada en su rostro. Puedo adivinar por qué. Bryan había entrado en quejita mode on y, lo sé por mi propia experiencia, la sola idea sugería suicidio, homicidio o cualquier cosa para no escucharlo. Maldecía de tal forma que... Bueno, te entraban escalofríos.

-Maldición, ahora tengo que aguantarlos a los dos más tiempo del requerido... –decía con mirada asesina. Kai gruñó rodando lo ojos. De pronto me visualizó, sonrió a medias y me hizo señas para que me acercara-. ¿Me estás escuchando, Fénix?

-Mihaeru –saludó Kai, viendo al otro de reojo con algo similar al reproche.

-Minamoto.

-Kai, Sempai –Bryan nos miró con suspicacia pero preferí no reparar en eso.

-¿Qué haces, niño? -¿adivinan?

-Busco a alguien –confesé luego de un instante de duda.

-¿Y acaso nos tomas por tan poco que no puedes decirnos la verdad?

-¡Es la verdad!

-Entonces nos la dices a medias... –qué chico tan instigador. Kai bufó-. Tú callado.

-Nadie me calla –siseó con su filosa mirada.

-Yuriy lo hace –un fuerte puñetazo le cerró la boca al más alto. Giré la cara, me había dolido a mí-. ¡Mi día no puede ser mejor!

-Eso es tú culpa, idiota.

-No, es del imbécil que tengo por Compañero y su estúpido hermano –replicó Bryan con una mano en la mandíbula. Kai dijo algo en ruso y el otro me miró con cierto estupor. Dijo algo en su lengua natal y después soltó como si nada-: Ah, cierto.

-Lo lamento –susurró Kai, cerrando los ojos.

-Yo no, me gusta el ruso más que el japonés –se encogió de hombros-. Entonces buscas a alguien. ¿No será a Takao-súper-idiota Kinomiya por casualidad?

-N... no –balbucí sudando otra gota.

-Oh, porque sería el colmo. Ya tuve mucho con ese apellido por hoy. Todos buscando a ese mocoso... Aunque yo debería considerarlo, necesita una buena zurra.

-Bryan –llamó Kai en son de advertencia.

-¡Qué! Me dirás que es mentira. A la mierda –se giró a mí-. Te compadezco, tienes que aguantarlo todos los días... Yo también pero el caso es otro...

-¡Bryan! –sentí un escalofrío bajar por mi espalda. Bryan se rascó la nuca, todavía mosqueado. Maldijo en ruso justo en el momento en que Brooklyn entró en mi campo de visión. Recordé que lo estaba buscando. Mordí mi labio, enfrentando su mirada. Apenas parpadeó.

-¿Lo ves? –exclamó Bryan, hastiado mientras yo giraba mi cuerpo para acercarme a Brooklyn, que parecía ansioso-. Es por culpa de él y su familia que siempre tengo problemas. -El corazón me palpitó con fuerza. Era ahora o nunca-. ¿Me estás escuchando niño?

-¿Ah? –fue mi inteligente comentario.

-¡Tenme más respeto! Soy tu "sempai"¿o no? Según sé ustedes los japoneses siempre andan con toda esa cháchara.

Kai emitió un sonido gutural que, de haber prestado más atención, me habría encogido. Estaba más ocupado buscando la manera de ir con Brooklyn y sacarme a Bryan de encima.

-¡Estás peor que Takao! Mira que ya tengo mucho con él. ¡Son una molestia ese par!

-Etto... –dije, observando a los rusos y a Brooklyn sucesivamente-. Tengo que...

-No me vas a dejar hablando solo! Mira que con éste –señaló a Kai, que le dedicó una mirada llena de veneno-, es igual a hablar con la pared o el aire. Al menos contigo es más interesante.

Brooklyn, a lo lejos, apartó la mirada. Hizo ademán de seguir su camino al tiempo que yo hacía amago de acercarme, pero Bryan no me dejaba. Kai empezó a observarme con curiosidad, cruzado de brazos. Un grupo de cinco chicas, sin previo aviso, rodearon a Brooklyn las muy atrevidas. Parecían una mala imitación de manga (N/A: Pero no está enojado el niño ñ.ñ).

-¡Escúchame cuando te habló! –casi bramó Bryan, sobresaltándome. Brooklyn terminó de alejarse, con una mueca rencorosa en el rostro, casi la misma que adopté yo cuando lo vi tan ameno con esas chiquillas. Con los labios, el ceño y la nariz fruncida observé a Bryan, que alzó una ceja-. ¿Y ahora qué tienes? Si estás molesto no me culpes a mí. Cómo sea...

¡Lo mato! Kai fue el que me lo sacó de encima un rato después, diciendo que teníamos que ir a clases pronto. Bryan no dejó de hablar de sus clases terribles de historia japonesa. Curioso, pensaba que, igual que mi año, no tenían profesor.

Hablando seriamente, esto se estaba saliendo de control y empezaba a tomar un camino demasiado ridículo y problemático. Si seguía así podía terminar realmente mal. Con un suspiro caminé de regreso al edificio central, el receso había acabado y tenía clase de historia.

Ahora que lo recordaba Bryan había mencionado algo con respecto a eso, pero como es él... no llegué a entenderlo del todo. En el primer piso me encontré con Zeo, que parecía realmente perturbado. Pareció alegrarse enormemente por verme y sin previo aviso me tomó de la mano y me jaló a quién sabía dónde. Me sorprendió entrar a mi aula de clases pero me sorprendió más ver la escena que se suscitaba frente a mis ojos.

-¿Pero qué...?

-Pensé que podrías hacer algo... Ozu-niisan no me escucha y pueden meterse en muchos problemas si algún profesor los ve.

-Oh, por los dioses... –fruncí el ceño.

Ozuma Shield perseguía a carreras por la mitad del salón a Takao, el primero amenazándolo y el segundo riendo y jadeando. El pobre del Jefe, en la puerta de salón, tenía pinta de haber corrido de manera desesperada. Cuando pasaron cerca de nosotros me apresuré a sujetar a Kinomiya por la chaqueta desarreglada del instituto y situarlo detrás de mi, al tiempo que Ozuma, más bajo que yo, estiraba los brazos y se ponía en puntillas para llegar a Takao, que le hacía muecas. Harto y con un tic en la ceja le propiné un codazo (procuré que fuera leve) en el estómago al graciosito detrás de mi y sujeté con fuerza las muñecas del otro.

-¿Qué te pasa? –preguntó Takao tosiendo.

-No¿qué pasa con ustedes? –repliqué, bastó ver a Ozuma con el ceño fruncido para que dejara de forcejear-. Están en un salón de clases y no tienen cinco años. Compórtense o esto terminará mal. ¿Dónde diablos está Hiromi? Ah, no importa. Ozuma, te soltaré y no harás nada para matar, agredir, maltratar o golpear a Takao. ¡Tampoco perseguirlo! Y tú, señorito –me miró con suspicacia-, quédate quieto de una vez. Zeo¿qué demonios pasa?

Éste, que parecía realmente sorprendido sacudió la cabeza y se apresuró en contestar. En términos simples lo que sea que ocultara Takao desde la mañana siguió siendo motivo de interés para los demás, empezó a ponerse pesado y Ozuma, de poca paciencia, no soportó eso y decidió sacarle la información a la fuerza.

-De acuerdo, hagamos esto: Zeo, tú regresa a tu salón, tienes clases y acompaña a Kyo-chan –éste asintió y luego de despedirse salió junto con el más pequeño mirándome agradecido pero sorprendido (Nunca le decía "chan")-. Ozuma, si Takao dice que hoy lo descubrirás es porque así será, no seas impaciente –me respondió un bufido pero supe que estaba bien-. Y tú –remarqué la última palabra-, calladito te vez más bonito.

Sin salir de la primera impresión que se había llevado, Hiromi se acercó a nosotros para saber por qué tanto alboroto. Luego de explicarle de nuevo la situación los reprendió a los dos con real fastidio y a cada uno lo mandó a su respectivo lugar. Me miró antes de sonreírme y palmearme la espalda.

-Muy bien hecho.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

¿Saben que tengo una maldición gitana encima? Pues yo lo sospecho. Ahora es cuando cito la sabia frase que leí una vez: Maldita sea la vida¿por qué todo lo malo me tiene que pasar a mí?

A las diez de la mañana tenía el uniforme sucio (Takao tomaba una soda y...), las manos manchadas de tinta azul (Hiromi ha de empezar a comprar en mejores librerías), despeinado (más que de costumbre), con una jaqueca, varios intentos de disculpa frustrados y el recuerdo, el punzante recuerdo, de la dolida mirada de Brooklyn. Salí del salón con ganas de matar a alguien, o matarme a mí. Recordatorio personal: alejarse de Bryan si luce muy molesto.

De pronto... empecé a pensar. Ya una vez, mucho tiempo atrás, había ocurrido lo mismo. Lastimé a alguien importante (Brooklyn lo es) y nunca pude disculparme.

¿Acaso... acaso era egoísta desear ser feliz, desear estar con alguien a quién quieres o querer obtener algo que anhelas?. ¿De verdad está mal olvidar los problemas y sólo... disfrutar del momento? Sentía demasiado para mi gusto y me encontré pensando en eso sin querer. Un fuerte escozor en los ojos me hizo parpadear varias veces. ¡Basta! Gritó mi mente. No quería sentir eso de nuevo, no quería. Haber lastimado a alguien... Dolía. Porque cuando me miraban esos ojos... había mucho dolor.

-¿Qué te pasa? –levanté la cabeza y vi la despreocupada mirada de Mystel frente a mí.

-¿Por? –procuré una sonrisa, que salió muy falsa.

-Sonríe, anda. Por cierto, ahora tienes historia –palmeó mi espalda antes de darse la vuelta y caminar hacia las escaleras. Parpadeé confuso, casi no quedaban personas en el pasillo, algunos se congregaban en el patio para las clases de educación física.

-No tenemos profesor de historia –le recordé sin apartarme de la ventana dónde estaba recostado. Se giró hacia mi, con las manos en los bolsillos. Era la viva imagen de la despreocupación.

-¿Y cuál fue la última clase de Yuriy y los otros dos desabridos? –ironizó. Hice un esfuerzo sobre humano para no reírme ahí mismo-. Te diré una cosa, no pienses mal –agregó rápidamente. Alcé las cejas a la espera de que hablara. Sonrió cínicamente-. Te ves endemoniadamente atractivo justo ahora.

¡Grandísimo idiota!

Desapareció por las escaleras riendo a carcajadas, lo fulminé con la mirada tratando de ignorar el delator sonrojo en mi rostro. Me revolví el pelo con una mueca, un tanto fastidiado. Hoy no era mi día... Entonces reflexioné sus palabras y todo empezó a encajar. La perorata de Bryan, el secreto de Takao... ¡Todo era un complot! Me dolía la cabeza...

Con miles de dudas rondando en mi cabeza, ansiosas de ser resueltas, decidí tomar la siguiente clase. Takao estaba (de nuevo) rodeado de personas, más que nada nuestras amistades en común. Le saludé con un gesto de la cabeza y, con un sentimiento de desolación y curiosidad en el pecho fui a sentarme. Pasé frente al asiento de Brooklyn, porque entré por la puerta más cercana. Estaba hablando con Hiromi animadamente, otro par de chicas (más cohibidas y que soltaban un sin número de risitas tontas).

-Siempre he querido leerlo –decía Tachibana, sosteniendo un libro. Oh, oh.

-¿Es realmente lindo, Masefield-kun? –Brooklyn le sonrió forzosamente, estaba pasando a su lado.

-No hay nada más lindo que el amor a primera vista, Ryoko-san –kami-sama me debe odiar-. Por eso Romeo y Julieta es uno de los libros más vendidos en la historia.

¡Maldito e irresistible bastardo y su adorable y venenosa sonrisa autosuficiente! Llegué a mi puesto dando zancadas, apretando dolorosamente la mandíbula y con ganas de matar a alguien. Mathilda hizo una mueca al verme, rodó los ojos con fastidio y regresó su atención a los libros abiertos sobre la mesa. Yo ocupé mi asiento, echando chispas por los ojos.

Oh, lo peor aun no llegaba.

Se abrió la puerta, el director, un hombre regordete, de gran bigote y sonrisa bonachona, entró y se plantó al frente de nosotros. Absolutamente todos se apresuraron a sentarse, muchos estuvieron repentinamente peinados. El anciano sonrió.

-Buenos días, queridos jóvenes.

Brooklyn se levantó, todos le imitamos.

-Buenos días, Director Dickenson –dijimos a coro, luego de que el representante del aula lo hiciera.

-Es bueno verlos tan entusiastas –soltó una agradable risa-. He venido a hacer un anuncio: el día de hoy se une a nuestro gran y respetable cuerpo de maestros, un joven y entusiasta hombre. Puede que, si no me equivoco, algunos de ustedes le conozcan. Pasa –se dirigió a la puerta.

La mandíbula se me desencajó. No fui el único.

-Buenos días –dijo con sus gallardas voz y sonrisa. Todas las chicas se sonrojaron. Quién las culpa.

-Para mi es un placer y un honor presentarles a su nuevo profesor de Historia del Japón. Kinomiya Hitoshi, espero que lo traten con respeto.

-¡Saluden! –ordenó Brooklyn. Nos inclinamos en una pequeña genuflexión y dijimos a coro-¡Konnichi wa, irashaimasen! (Buenos días, bienvenido!)

-Arigatou.

-Bien, los dejaré para que empieces –nos despedimos y el anciano salió. Ahora todos estábamos atentos de Hitoshi, que no parecía intimidado por la gran cantidad de miradas de unos jovencitos.

-He de decir que es un placer –escribió su nombre en la pizarra con trazos seguros-. Watashi no namae Kinomiya Hitoshi (Mi nombre es...). Como ha dicho el señor Dickenson seré su nuevo profesor de Historia y, antes de que decidan que no prestarán atención por ser "una materia aburrida" –hizo hincapié en las últimas palabras-, permítanme decirles que conmigo no se aburrirán. Estoy estudiando Historia del Japón en la universidad, cuarto semestre, pero he tenido la oportunidad de ejercer como educador, una experiencia que me niego a desperdiciar.

Algunos de ustedes me conocerán como el hermano mayor de Takao, su compañero de clases –ambos hermanos se sonrieron, ahora todo el asunto del misterio de Takao estaba más que claro. Hitoshi endureció su voz-. Pero sepan que no porque es mi hermano empezará a salir mejor que nunca. No tolero las trampas, las burlas ni las faltas de respeto. Tanto sobre mí como entre ustedes. Sepan que estoy para todo lo que me necesiten y que las clases de Historia serán sus favoritas.

Fue, con las palabras correctas, todo un éxito entre los estudiantes. Absolutamente todos parecían más que encantados con el nuevo profesor, hasta yo me alegré, Hitoshi era genial. Pero... Apenas empezaba.

Parecía poder hacer de todo, sin agotarse o necesitar tiempo extra. Otro que parecía perfecto y era tan frustrante. Sin embargo, al tenerle en frente, con su gentileza y educación, quedaba sin palabras y eso de verdad me enojaba.

Tenía una respuesta para absolutamente todo, desde historia hasta música tradicional o moderna. Más que frustrante era increíble y no precisamente en el buen sentido. El odio es una palabra muy fuerte para pensar que lo sentía y todavía más fuerte para profesarlo. Pero quizá, lo peor del caso era que Brooklyn contestaba cada pregunta con una presteza ajena a cualquier otra clase y Hitoshi, muy cortésmente, accedía a que contestara o se disculpaba para cederle el turno a otro (de otra forma se hubiera visto mal).

Mi frustración pasó a ser ira cuando, al final de las clases los dos salieron del salón hablando juntos como dos viejos amigos, Brooklyn ayudándolo con los libros, que según mi opinión no parecían tan pesados.

Al regresar, el ingles (no recuerdo haberlo mencionado, pero viene de Inglaterra) con una sonrisa deslumbrante se atrevió decir que historia pasaría a ser su materia favorita. Juro que en ese momento no me importó que el lápiz en mis manos fuera de Mathilda, puesto que lo partí en dos. Ahora que lo pienso, nunca llegó a reprochármelo. Me pregunto si fue por mi expresión...

Claude (que recién se aparecía por culpa de un importante examen) fue a buscarnos como todo Viernes, él tenía clases en los laboratorios y nosotros de Deportes. Llevaba un libro bajo el brazo que reconocí al instante. Me eché la mochila al hombro con brusquedad y caminé hacia él, que esperaba en la puerta más alejada de nuestros puestos. Pasé frente a la mesa de Brooklyn, que levantó discretamente la vista. Miré el libro de reojo y dije de manera desdeñosa:

-Todavía sigues con esa tontería de libro, pobre de ti.

Si las miradas matasen... y mi intuición no fallaba los instintos asesinos de Brooklyn pugnaban por salir. Claude y Mathilda no me dijeron nada pero sé que se resistían por no reprocharme.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-Para el próximo Jueves deben entregar un trabajo sobre el último tema que hemos estudiado: La reproducción celular –decía Kinkeith (o cómo se escriba), la profesora de biología luego de la clase de educación física-. Quiero que den un informe detallado de las fases de la mitosis y meiosis, las estructuras de las células y el ARN y ADN. Es obligatorio agregar introducción, conclusión, anexos, bibliografía y si es posible índice. Será en parejas y pueden elegirlas ustedes –al terminar de hablar inició el clásico revuelo para buscar parejas lo más rápido posible.

Pude ver como Brooklyn enseguida terminó rodeado de chicas que querían trabajar con él. Con una mueca de fastidio volteé a mirar por la ventana, posando mi barbilla sobre la mano. Apenas me preocupé por el asunto de las parejas, Mathilda era la obvia razón, a pesar de eso...

-¡Miha!

-¡Mathy-chan!

Hiromi y Takao habían abandonado sus asientos y, sin que lo notara, se plantaron frente a nosotros y golpearon nuestras mesas con las manos. Les miramos nerviosos¿y ahora qué?

-Mathy-chan¿te gustaría ser mi compañera? –preguntó Hiromi.

-Miha, vamos a ser pareja para este trabajo –no fue una pregunta. Intercambiamos una mirada, antes de asentir y aceptar. Con una sonrisa satisfecha Hiromi se llevó aparte a mi amiga y Takao se sentó en su puesto-. Bien¿qué te parece que nos reunamos el Sábado para hacer el trabajo? Propongo que hoy investiguemos, de todas formas mi hermano tiene varios libros y trabajos de su época en la escuela, podemos usarlos para ayudarnos.

-Está bien ¿A qué hora? –accedí, al fin y al cabo no perdía nada. Cuando quería, Takao sabía trabajar muy bien. Quedamos en vernos en el dojo a las diez de la mañana el Sábado, que no tendríamos clases. Una vez listo regresó a su asiento y chocó palmas con Hiromi, que iba llegando justo allá. Mathilda y yo volvimos a vernos, repletos de dudas.

Al salir de clases me dirigí a la biblioteca para investigar la información necesaria. El ambiente silencioso y tranquilo que se respiraba era bastante agradable, incluso sonreí de medio lado. Busqué la sección de biología, dos estantes de frente llenos de libros pesados, unos viejos, unos nuevos. Dejé la mochila sobre una mesa cerca y empecé a inspeccionar los títulos para encontrar uno que me pareciera. Tomé dos que parecían valer la pena, los dejé al lado de mi maletín, la bibliotecaria pasó en ese momento. Le pedí que me recomendara un libro idóneo para eso y me indicó el título de uno que tenía gran cantidad de información, con el mejor contenido.

-Pero sólo tenemos dos, date prisa o los tomarán antes de que lo hagas tú.

Dándole las gracias regresé con los libros, revisando los títulos, con la esperanza de encontrar el que buscaba. Pasando suavemente los dedos sobre los lomos de cada publicación me detuve en el que necesitaba. Era el último precisamente. Sonreí y estiré la mano, tropezando otra.

-Oh, discul... –la disculpa murió en mi garganta. A mi lado, con la misma expresión incrédula, pose y semblante que yo estaba Brooklyn, cargando un par de libros-. Tú...

La tensión pudo haberse cortado con un cuchillo, nuestras miradas adquirieron peso, de verdad que ninguno de los dos se lo esperaba. Estiramos el brazo y volvimos a tropezar. Arrugamos la frente.

-Tómalo tú si lo necesitas –dijo, estoico.

-Hazlo tú, creo que llegaste primero.

-No, hazlo tú –insistió, inexpresivo.

-Sólo tómalo –dije, indiferente, como si fuéramos dos desconocidos.

-Cógelo y ya.

-¿Por qué no lo haces tú?

-Que lo hagas tú –sonó mandón y me enfureció más. Iba a replicar cuando Raúl apareció y dudosos nos tendió un libro, el segundo ejemplar-. Eso es...

-Creo que ustedes lo necesitan. Tengan, ya yo terminé.

-Gracias –dijo cortésmente, al verme su semblante endureció-. Toma ese.

-Tú tómalo, yo elegiré ese –hice ademán de agarrar el que estaba en el estante y detuvo mi brazo con su mano, nos observamos unos segundos, con rencor-. ¿Qué haces?

-Déjame ese.

-Olvídalo, acepta ese libro, seré yo quien agarre este.

-No, lo haré yo –apretó con fuerza sus dedos, con un movimiento brusco me libré de su agarre-. Vamos, tómalo y ya.

-¿Tanto te molesta? –Raúl presenciaba la escena preocupado, con el texto entre las manos.

-Te digo que lo hagas, no seas malagradecido.

-No lo soy, además elijo ese. Raúl, dáselo –nos veía alternativamente, la tensión era peor.

-Dáselo a él, Cortez –ordenó.

-A él –señalé al pelirrojo.

-Acéptalo y ya.

-No, hazlo tú.

-Hazlo tú.

-Tú.

-TU.

-¡Maldición, toma el libro y ya! –prorrumpimos con ira al unísono. Raúl dio un respingo y la bibliotecaria se asomó para mandarnos a callar. Tomé el primer libro de biología con el que dieron mis manos en el estante y él hizo lo mismo-. Anoo baka... (Ese tonto...)

Volteamos a vernos de nuevo, apartamos el rostro y nos sentamos en nuestras respectivas mesas, a los extremos de los estantes. Abrí el libro y procedí a revisarlo, apenas entendiendo nada de lo que leía por culpa del enojo. Después de unos minutos descubrí que para consternación mía me era inútil. El sonido de un libro cerrado de golpe me dijo que él tampoco había elegido el correcto. Resoplé fastidiado, hundiéndome en mi asiento. Un ruido llamó mi atención, en la silla frente a mí Mariam me miraba, preocupada.

-¿Qué pasó?

-¿Sobre qué? –pregunté haciéndome el desentendido.

-No te hagas el tonto, los vimos discutir allá.

-¿Y eso qué?

-Hasta donde sé, tú y Masefield son buenos amigos, se llevan bien desde siempre.

-¿Por qué me dices esto? –me enderecé en el asiento.

-Escucha –hizo lo mismo, adquiriendo porte enseguida-. Si entre dos amigos hay un malentendido lo mejor es arreglarlo lo más rápido posible. Deberías seguir consejos de vez en cuando, sobre todo si son por tu bien.

Hubo una pausa, miré a la derecha y vi a Raúl sentado en otra mesa del lado contrario de los libreros, inquieto.

-¿Raúl... es tu compañero?

-Sí, es extraño¿verdad? Normalmente estoy con Ozuma pero esta vez él me lo pidió. Parecía que le costó mucho hacerlo... ¿De que te ríes?

-De nada... –hice un mohín, que no entendió-. ¿Crees en el amor de pareja?

-¿Cómo?. ¿En el amor de pareja? –al principio se sorprendió, luego sus pómulos adquirieron un ligero color rosa, desvió la mirada-. Sí, creo. A qué se debe la pregunta. ¿Es acaso por lo que discutieron?

Permanecí en silencio un rato, jugando con mi lápiz. Ella mantenía la vista fija en sus manos entrelazadas sobre la mesa. Apartó un mechón de cabello antes de levantarse y emitir un suspiro. En un extraño gesto despeinó un poco mis cabellos, sus profundas orbes esmeraldas chocaron con las mías un segundo, me infundió seguridad.

-Si piensas rehuir de esto no te funcionará, hazme caso...

Fue con Raúl, mientras los veía de refilón él pareció confirmarle algo, puesto que sonrió y le palmeó la espalda, reanimada. Se perdieron de mi vista al poco rato y alguien más ocupó la mesa. ¿Adivinan? Kai Hiwatari me veía en silencio, con la mejilla sobre la mano y esta sobre la mesa, escrutando cada detalle de mi rostro, enrojecí levemente y me removí en la silla.

-Si ya has terminado¿te gustaría acompañarme a un par de sitios? Iremos en mi auto.

Ni siquiera había empezado pero su invitación me pareció tan... Tentadora e irresistible que la única respuesta que pude dar fue positiva. Esperó que devolviera los libros a su lugar y salimos juntos de las instalaciones. En silencio, como la primera vez que subí a su auto, sin tanta pena o incomodidad. No le pregunté a dónde íbamos, dejé que condujera tranquilo, sin interrupciones. Pensé que seguiríamos así hasta que hizo una pregunta muy extraña.

-¿Le temes a las alturas?

-En absoluto –contesté seguro, tratando de entrever alguna pista en su rostro perfecto... perfectamente inescrutable, quiero decir.

-Excelente entonces.

Aceleró y tomó la vía que daba a las afueras de la ciudad, no pasaban muchos vehículos en esa dirección. Nagasaki es famosa por la gran cantidad de pendientes que hay, la altitud empieza a sentirse, la vista del océano y la costa se vuelve mucho más hermosa y amplia. De pequeño me gustaba acercarme al borde de las más altas, donde el viento azotaba mi cuerpo, era una sensación gloriosa, como si en cualquier momento pudiera emprender el vuelo.

Bajó los vidrios de las ventanillas, entró la brisa, revolviendo nuestros cabellos, a él no parecía molestarle, hasta lucía mejor, pero en mi caso era diferente. Terminé con el pelo hecho un desastre para cuando llegamos a nuestro destino. Detuvo el auto a unos metros de una gran pendiente. Al bajar mis pies se hundieron en la hierba, alta y de un verde brillante, la única construcción que había era una catedral, que se erguía orgullosa a la entrada de un bosque.

-Me gusta venir aquí para pensar, siempre me han gustado las alturas.

Le busqué con la mirada. Ambos permanecíamos recostados de las puertas del coche, su expresión era tranquila y me produjo una agradable sensación de seguridad, porque sabía que estando con él no me pasaría nada, al menos me gustaba pensar eso.

-Es hermoso.

-¿Qué exactamente? –quiso saber. Engreído.

-Pues todo, la iglesia, el bosque, el mar, la vista, el cielo... Parece más basto que ninguna otra cosa que haya visto y sin embargo no lo es tanto... Dime algo –volteó a verme-. ¿Cómo es que consigues siempre lo mejor?

-Si quiero algo lo busco y lo tomo, como dice Ray: Querer es poder. Aunque prefiero dejar de lado las filosofías.

Entonces sonrió, sonrió de una manera tan deslumbrante que mi cerebro se desconectó unos instantes. Sus brillantes dientes tintinearon a pesar de la escasa luz que había, puesto que las nubes grises de antes ahora lo cubrían todo. Quise preguntarle por qué era tan perfecto pero la respuesta se me hizo obvia: simplemente era él. Captó mi atención con las siguientes palabras que pronunció:

-¿Qué ocurrió entre tú y Brooklyn? –me percaté de que dijo "Brooklyn" en debe de "Masefield", es decir, lo llamó con confianza. Fingí no darme cuenta.

-Nada –contesté rehuyendo del tema.

-Lo repetiré para que lo entiendas: Eres demasiado obvio, Mihaeru. Empieza a hablar.

Suspiré, no podía decirle que no, de nuevo me odié por permitirle tener tanto control sobre mi.

-¿Crees en el amor de pareja? –pregunté abatido.

-Sí –contestó rotundamente-. Por lo que veo tú no.

-Llevas razón... Simplemente me parece ridículo. El problema empezó con una discusión sobre el amor a primera vista, hablaba de eso con tanta convicción que cualquiera diría que lo vivió pero en cambio yo, nunca me he enamorado... Para mi es aún más estúpido y... –callé al verlo separarse del auto, rodearlo y acercarse a mi, hasta quedar muy cerca-. ...él continuó diciendo que era verdad y yo que era mentira, estuvimos apunto de utilizar la fuerza –hice un mohín, el olor de su cuerpo nublaba mi mente-. Nunca pensé que eso pudiera pasar, fuimos amigos desde el principio... y por esta tontería... –aproximé un poco mi rostro al suyo, sonrió de medio lado.

-Nunca dejas de sorprenderme –hizo distancia entre nosotros, me sonrojé al darme cuenta de lo que cerca que estuve de... -. Dime la verdad¿Le consideras tu amigo?

-En ningún momento ha dejado de ser así. Admito que... me duele esta situación, la frialdad con que nos tratamos, ya no nos dirigimos la palabra... Quisiera saber por qué te estoy diciendo todo esto.

-Quita esa cara, niño. Yo te gusto¿no es cierto? –y quisiera saber por qué del tema de mi discusión con Brooklyn terminamos hablando sobre lo que siento por él. Mi rostro se tiñó de todos los colores, mi expresión fue mutando lentamente de tranquilidad a sorpresa, luego a vergüenza, siguió el gesto de desesperación y por último un suspiro.

-¿Eso qué tiene que ver? –pregunté rascándome la nuca, con los ojos cerrados, no podía verlo a la cara. ¡Maldito ruso!. ¿Por qué tenía que ser tan endemoniadamente perfecto?

-Tenía esa duda –se encogió de hombros. Me aparté del coche incrédulo.

-Mentiroso, si ya lo sabes¿para que preguntas?

-Muy bien –accedió encogiéndose de hombros-. Cómo sea, lo que quiero saber es¿qué piensas hacer?

-Hablé con Claude, un amigo –aclaré, él asintió-, dijo que debía arreglar ese asunto cuanto antes, para evitarme problemas. Lo intenté, de veras que lo intenté, pero llegó la profesora, luego... vomité y todo ese asunto. Y al día siguiente no hubo un solo momento en que no tratara de arreglar las cosas pero, si no era un profesor, eran mis amigos, si no eran ellos, era Bryan -¡por kami-sama, se rió!-, si no era él que estaba muy ocupado con Hitoshi –hice una mueca, alzó la ceja-, le ayudaba con los libros y eso. Lo peor del asunto era que, conforme pasaba el tiempo y los intentos fallidos el enojo crecía, hubieras visto cómo nos miramos luego de la clase de historia. Uy, fue desastroso.

Suspiré y levanté la mirada, las nubes cubrían gran parte del cielo y parecían más densas y oscuras que nunca, una neblinita empezaba a cubrir el lugar. Resoplé, era como si el cielo se burlara o me entendiera, a estas alturas ya no estaba del todo seguro. Una gota cayó en mi frente y luego otra, así empezó a llover y la simple llovizna se transformó en una lluvia casi torrencial. Entramos apresuradamente al interior del coche y encendió la calefacción al tiempo que nos alejábamos de ahí. Sacudí mi cabeza, él pasó su mano por su pelo, para alejarlo del rostro. Unas gotitas bajaban por él y la apariencia despeinada junto con el fondo de tormenta me dejaron ido unos segundos.

-Cierra la boca, te puedes babear.

-¿Por qué tenías que ser tan perfecto? –pregunté enojado, hundiéndome en el asiento. El rió.

-Me gustaría decirte que nací así, pero, muy a mi pesar, estaría mintiendo. Me esfuerzo para buscar la perfección, esa es la clave: el esfuerzo.

-La perfección no existe, y lo sabes.

-Ahora me vienes con filosofías¿no? –hice un mohín antes de sonreír avergonzado, pero divertido.

-Tenía que intentarlo.

Viré el rostro a la ventanilla, las gruesas gotas de lluvia seguían cayendo sin descanso, la neblina no parecía desaparecer. Sonreí ligeramente, me sentía muy cómodo allí, y por alguna extraña razón esa vez no maldije que fuera por su culpa. Lo miré por el rabillo del ojo, tan perfecto e inmutable como siempre. Tenía un porte magnífico frente al volante, como si nada pudiera intimidarlo y estuviera dispuesto a lo que fuera.

-Kai no baka –susurré. Carraspeó y una de sus finas cejas se alzó, de manera refinada, dándole una seductora apariencia de incredulidad-. Es que... eres un baka. Simplemente eso.

-Estás loco, niño. Presumo que ya lo sabías –dijo, regresando la vista al frente.

-Naturalmente. Y tú tienes, hum... un exquisito y anticuado vocabulario, pero te queda bien.

-¿Cuándo es tu cumpleaños?

-En Febrero.

-Mi regalo será llevarte a una visita al psiquiatra –se encogió de hombros. Reí por lo bajo.

-¡Por fin alguien que se apiada del mundo! –exclamé con sorna, realmente divertido.

-Dije llevarte al psicólogo, no envenenarte –golpeé mi frente con la palma de mi mano.

-¡Pero claro! Qué tonto he sido... Por kami-sama, que con personas como tú a mi alrededor... Más me vale andarme con cuidado¿ne?

-Eres un listillo, la verdad –dijo divertido. Caí en cuenta en su totalidad¡Estaba manteniendo una conversación normal con Kai, se estaba riendo y hablábamos con mucha familiaridad! Pero lo mejor es que no era ningún sueño y sus sonrisas eran sólo para mi. Ah, creo que me emocioné-. Takao me dijo que harían juntos un trabajo de biología.

-Sí, nos reunimos mañana en su casa –contesté como quien no quiere la cosa.

-Yo también iré con Ray. Supongo que nos veremos mañana. Por cierto, hiciste bien en intentar arreglar las cosas –no hablamos más, me llevó a casa y se despidió con una arrebatadora sonrisa. Yo me sentía muy feliz.

A la mañana siguiente desperté con el señor dolor de cabeza. Rena me dio una aspirina y un té, estaba seguro que vomitaría pero por suerte el estómago y su contenido se quedaron en su lugar.

Desayuné algo ligero y partí temprano a la casa de Takao, tomé el tren y comprobé que es mejor irse a pie o en bicicleta. Odio las multitudes y sentirme como sardina en lata. El dojo me recibió con la familiaridad de siempre, ese ambiente hogareño y agradable que se percibía apenas ponías un pie en el lumbral. Takao me abrió y me invitó a pasar. Saludé al abuelo pero no vi a Hitoshi. Dejen de mirarme así, no estoy sonriendo. Fuimos directo al dojo, sonreía al ver varias espadas de madera en las paredes y un pequeño kamiza (centro focal del dojo) con todo y sui (ofrenda de agua).

Dejé mi mochila junto a los libros y nos acomodamos en el piso para empezar... Y como es bien sabido por todo estudiante normal y que se respete la mitad del tiempo se trabaja y la otra mitad se utiliza para hablar y bromear. Esta vez no fue diferente, mientras investigábamos, anotábamos, redactábamos (de acuerdo, redactaba yo), charlábamos sobre cualquier cosa que se nos pasara por la cabeza. Era realmente divertido y agradable.

-¿De verdad sabes tocar shamisen? –interrumpió el hilo de mis pensamientos.

-Ah... sí, aprendí cuando me enseñaron a tocar guitarra. No es lo mismo pero cuerdas siempre serán cuerdas, lo mismo con la música –asintió pensativamente.

-Ya veo... oye y tú...

-¡Takao, muchacho, tienes visitas! –gritó el abuelo a viva voz desde la entrada.

-¡Ya voy! –respondió su nieto, se giró a mí mientras se levantaba-. Enseguida regreso.

-Bien.

Regresé mi vista a los apuntes aprovechando su ausencia para redactar algo más, era fácil distraerse con él. Pasando las páginas de mi libro de texto llegué a escuchar una conversación fuera y me paralicé en el acto. Detuve el lápiz a unos centímetros del libro con la mirada turbada e incrédula. Permanecí así unos segundos, tratando de buscar un error en todo aquello, queriendo pensar que estaba equivocado.

-La visión medieval del mundo empieza a romperse en los siglos XIV y XV, a principios del renacimiento. Primero se observan ciertas incongruencias por parte de los propios hombres de la iglesia: violan en secreto sus votos de castidad, por ejemplo, o aceptan indulgencias por hacer la vista gorda cuando los funcionarios gubernamentales violan las leyes de las Escrituras. Entonces surge una rebelión, liderada por Martín Lutero que clama por una separación total del cristianismo papal.

-Es cuando se forman nuevas iglesias fundadas en la idea de que cada persona debe tener derecho a acceder a las Escrituras en forma personal y a interpretarlas como quiera, sin intermediarios. ¿Me equivoco?

-No, estás en lo correcto. Sin mencionar que, alrededor de 1600, los astrónomos habían probado que, fuera de toda duda, el sol y las estrellas no giraban en torno a la tierra, como sostenía la iglesia.

-Es decir, la vieja concepción del mundo, la visión medieval como has dicho; se vio cuestionada en todas partes.

-Así es. ¿Sabes? Es refrescante ver a alguien tan joven interesado en temas como éste.

¡No, no era refrescante! Gritó mi mente. Claro que reconocía esas voces¿no escuchaba una a diario acompañada de cálidas y preciosas sonrisas? Y la otra recién la había escuchado esos días durante más de una hora. ¡Lo peor de todo era que el tema era muy interesante y me llamaba la atención! Llegué a una conclusión¡El mundo me odia!

-Es interesante y tú lo haces más...

¡Por favor!

-¿Miha-kun?

¿Dije eso en voz alta?

Levanté la cabeza lentamente, encontrándome a quien menos quería encontrarme pero que interiormente deseaba ver. Mi expresión era tensa y mi mirada fija, nerviosa y penetrante. Aquellos ojos esmeraldas me miraron entre incrédulos y mosqueados, a su lado, Hitoshi, parecía tratar de recordar algo. Permanecimos en silencio unos segundos, yo recostado en el piso y ellos dos parados en la puerta del dojo. Se notaba que iban hablando mientras caminaban.

-¡Verdad que Takao y tú iban a hacer su trabajo de biología! –dijo Hitoshi, me sonrió con amabilidad e inclinó ligeramente la cabeza-. Gracias por ayudarlo. No es muy ducho en esa materia.

Asentí en un movimiento brusco, no sabiendo a cuál de los dos mirar. Brooklyn por fin desvió la mirada, incómodo pero no molesto. Hitoshi nos miró con duda antes de voltear a su izquierda, por donde apareció su hermano menor.

-Le diré que lo haga... ¿Are? –miró confundido la escena-. ¿Pasó algo, nii-san?

-La verdad no lo sé –respondió a éste. Les juro que Kai hizo amago de sonreír burlonamente pero no puedo asegurarlo-. ¿Brooklyn?

-Lo siento... ¿Cómo están? –saludó educadamente a Kai, Max y Ray, que venían con Takao.

-¿Qué hay? –saludó Max a su vez, dirigiéndose a ambos (él y yo)-. Taka, díselo.

-¿Hn?

-Sí, etto... Miha, te quiero pedir un favor –me aclaré la garganta y sacudí un poco la cabeza, levantándome por fin al tiempo que Takao se acercaba. Peligro, dijo mi mente. Juntó las manos frente al pecho incluyendo una mirada de corderito-. ¿Crees que puedas tocar algo con el shamisen?

-¡Nani!

-¿Tocas shamisen? –preguntó impresionado Hitoshi. Brooklyn de repente encontró interesantísimo el techo.

-Please!!! –rogó Max con una de sus caritas de osito de peluche bajo la lluvia. Ray también hizo ademán de pedírmelo y sip, allí estaba el mentado y adorado colmillito. Solté un hondo suspiro. Debía despejarme de alguna manera. Qué mejor que la música.

-Si eso quieren...

-¡Yoroshi! (Bien!) –festejó Takao.

Los demás se sentaron a mi alrededor mientras él iba a buscar el shamisen. Para quién no lo sepa, es un instrumento de cuerdas típico de Japón, cuyo sonido agudo no siempre es apreciado por los extranjeros. Aun así era muy famoso en la época antigua y aun hay bandas de música que lo usan en sus interpretaciones. Entre Max y yo ordenamos un poco los cuadernos hasta que llegó el japonés con un hermoso instrumento que parecía despedir una energía especial.

Me acerqué boquiabierto y lo tomé con cuidado, maravillado por la madera, la tensión perfecta de las cuerdas y el buen estado en el que era conservado a pesar de los años.

-Ese es de mi oka-san (madre), a ella le gusta mucho tocarlo y lo guardamos como un tesoro mientras ella y otto-san (papá) están de viaje.

-Es verdad, Haruko-san tocaba para nosotros cuando éramos niños –Takao asintió a las palabras de Max, luego el rubio me miró-. Adelante, no seas tímido.

-Hn...

Me senté de rodillas y con solemnidad sujeté el instrumento. Lo afiné un poco y probé el sonido. Perfecto. Tomé aire y evité mirar a los presentes, con mariposas revoloteando traviesas y molestas en mi estómago. Alcé la mano y... mis dedos se deslizaron sobre las cuerdas, haciéndolas temblar y vibrar. La aguda melodía era alegre y melancólica a la vez, duró alrededor de un minuto. Opté por cerrar los ojos unos acordes antes de abrir la boca para cantar, moviéndome ligeramente.

-Kaze ga fuite aa, itai kirenai omoi (sopla el viento, los recuerdos dolorosos no desaparecen). Nani omotte koka atsumete hitotsu? (Qué pensaste al unir las viejas canciones?) –tomé aire y seguí, elevando el tono-. Nido to nai, nido to nai (No hay segunda oportunidad, no hay segunda oportunidad) Shitteru nante baka mitai (Sé lo idiota que parezco).

Estoy conciente de que sonrieron, hasta Kai cuando me sonrojé y sonreí ante esa última frase.

-Mujaki ni nante aa imeji (La imagen se vuelve inocente) –un par de notas sueltas y dulces-. Kitto sore wa owaranai (No quiero que termine definitivamente) –un rápido toque, permanecí callado mientras tanto-. Kitto sore wa owaranai (No quiero que termine definitivamente) –de nuevo. Aspiré y toqué con más energía, al tiempo que aumentaba el tono de voz-. Raino mune kogase, senbou yume watare (La llama de mi pasión, atravesando este sueño envidioso). Juo mujin kakete, teni tsukamu sekai (Por encima de las bestias inhumanas, tomo el mundo con las manos). Kumo ga chinirete, ki ga mata ouchi de (Atravesando las nubes, con el mundo descuidado otra vez). Hitori no pare-do ga ugokida sou (El desfile de hombres empieza a moverse).

Alargué la última nota, llené de aire mis pulmones otra vez y me preparé para lo siguiente. Rápido, fuerte, enérgico. Abrí los ojos un poco, viendo los de los demás.

-Bouken, kuchijutsu, shimpan, oushou, meian, sougoi, semei… (Aventura, días de suerte, pruebas, crecer, luces y sombras, encuentros, vida...).

Observé a Brooklyn en el preciso instante en que terminaba la canción.

-So ai (Amor) –terminé por decir, detuve mis dedos y la música cesó, el segundo que nos miramos pareció eterno y en ese instante todo quedó perdonado. Una diminuta pero preciosa sonrisa curvó sus labios y yo también sonreí.

-¡Genial, genial! –decían Max y Takao aplaudiendo con fuerza. Ray asentía y sonreía mostrando el mil veces mentado y mil veces adorado colmillo, aplaudiendo con más mesura junto a Hitoshi. Kai asintió y Brooklyn ensanchó la sonrisa-. ¡Qué bueno eres, Miha!

-Jeje, gracias –dije devolviéndole a Takao el shamisen y poniéndome en pie con la ayuda de Ray. Takao devolvió el instrumento a su lugar mientras su hermano decía:

-Eso fue increíble, me suena esa canción... ¡Ah, ya lo recuerdo! Es uno de los endings de Naruto¿verdad?

Desgraciado sabelotodo.

-Sí –forcé una sonrisa. ¡¿Cómo lo hace?!

-Deberías tocar alguna vez en clase, si llegamos a hondar en cultura, sería muy instructivo.

-¡Buena idea, nii-san! –secundó su hermano menor. Kai sonrió mirándome con sorna, sabiendo más de lo que debería e imaginando mi reacción. Pues, sí. Tuvo razón: me sonrojé.

Me obligaron a tocar y cantar de nuevo frente al abuelo, como le decíamos todos, y fue hasta mucho después cuando pudimos hacer el trabajo. Por suerte Ray se apiadó de nosotros (Takao le rogó y no tenía nada más que hacer ¬¬) y nos ayudó. Max salió a no sé dónde con Kai y los otros dos se quedaron hablando en la cocina con el abuelo.

Estaba atardeciendo cuando decidimos dejarlo hasta allí, faltaban la introducción y conclusión, junto con un par de anexos que imprimiría el Jefe luego, Ray decidió quedarse a dormir allí y fue a la cocina a preparar la cena, como siempre hacía cada vez que se quedaba.

-¿Dónde está Broo-kun, Hito-san? –preguntó Ray al notar la ausencia del otro.

-Mmm, en el baño –contestó, ocupado en pensar su siguiente movimiento en el juego de Shogi (juego típico japonés parecido al ajedrez) que sostenía con su abuelo y que Takao miraba aburrido.

No estaba... Bien, era el momento. Tomé aire y aprovechando que Hitoshi y su abuelo estaban demasiado ocupados con su juego y Ray intentaba que Takao alejara sus manos de la comida me levanté en silencio de la silla y salí por la puerta casi sin respirar. Estaba harto de las interrupciones.

Lo busqué en la sala, la entrada, el dojo... Y lo encontré mirando el jardín cerca de la puerta del baño en los corredores. Permanecí quieto, observando sus pincelados labios de perfil. Allí con la puesta del sol de fondo y un hermoso jardín tradicional se veía...

-Perfecto...

Levantó la mirada encontrándose con la mía. Suspendí mi función respiratoria. ¡Me había escuchado! Carraspeé y di un paso al frente, él me ignoró.

-Hola.

-Hn –seguía molesto pero había algo más.

-Yo... quería hablar contigo –empecé.

-Eso haces –contestó sin mirarme todavía. De acuerdo, me estaba molestando. Bufé harto de... ¡todo!

-Escucha, Brooklyn, yo... –gruñí por no encontrar las palabras correctas y por fin me miró-. De acuerdo, lo siento. Lo siento¿si? Sé que soy un completo idiota y un total maleducado, no debí haberme comportado así –le miré, en su rostro no había una sola muestra de emoción-. Tampoco fue correcto el modo en que te traté en la biblioteca y también sé que parecía un chiquillo malcriado –esperé un poco. Nada-. ¡Ya deja de mirarme así!

-¿Cómo?. ¿Fríamente? –me dolió. Suspiró con cierto hastío-. Tú no eres el que tiene que disculparse. Soy yo el que te debe una disculpa, realmente.

-Pero si...

-Lo único que hacías era defender tu punto de vista, te... acaloraste un poco y ambos perdimos los estribos, eso pasa. Además, todo el día de hoy estuviste tratando de disculparte¿no es así? –desvié la mirada avergonzado-. Entonces sí... –murmuró bajito. ¿Queriendo convencerse o sentirse aliviado?-. No estoy molesto, al contrario, debería agradecerte.

Alcé una ceja. ¿Perdón?

-¿Perdón?

-Tuviste muchas oportunidades para disculparte pero... no tuviste suerte. Nadie nunca se había molestado tanto en darme una explicación o decirme: "Lo siento"; en cambio tú... Lo haces tan a diario... "Brooklyn, lo siento; discúlpame; no era mi intención..." y cosas de ese tipo. Para mí era tan nuevo... tan extraño.

Por algún motivo a mi mente vino la conversación que tuvimos en el parque aquel día lluvioso, también hablaba como si todos lo odiaran.

-No comprendo.

-Y por eso... a pesar de todo no estoy molesto, porque sé que, aunque no tienes la culpa, tratarás de disculparte conmigo y eso... –siguió como si no me hubiera escuchado-. Eso para mí significa mucho. Más de lo que crees.

Sus orbes reflejaban tanto dolor en ese momento que se me oprimió el corazón y sentí una punzada desagradable en el estómago.

-Lo...

-...sientes. Lo sé –nos observamos por largo rato, finalmente suspiró y caminó con intenciones de irse-. Perdóname por causarte tantas molestias. Comprendo si no quieres volver a hablarme.

-Alto –lo detuve sujetándolo por el brazo cuando pasó por mi lado. Su mirada parecía confusa y asustada-. Estos últimos días estuve inquieto porque... no podía hablar contigo –confesé avergonzadísimo. ¡Solo él me pone así, lo juro! Solté su mano, que se balanceó inerte a su costado ¡Y qué suave era!

-Miha-kun... –de repente sonrió. Sonrió de esa manera dulce, magnífica y angelical que, sin tener conciencia todavía, yo adoraba. Ignoré los rápidos latidos de mi corazón, preguntándome si podría escucharlos-. Imamate arigatou (Gracias, por todo) –agregó rápidamente con cierto humor.

Definitivamente él también evocaba nuestra conversación en el parque. Sin poder evitarlo solté una tímida carcajada, que él compartió con una de sus risillas entre ladinas e ingenuas. Ese contraste que poseía de chico frágil, indefenso, astuto y hasta cierto punto peligroso lo hacía tan llamativo como irresistible. Tosí con fuerza al darme cuenta de lo que pasaba por mi cabeza en ese momento, ahogándome. Palmeó mi espalda preocupado y sorprendido.

-Estoy... bien. Tran... quilo –dije entre carraspeos.

-A veces me asustas¿sabes? –me regañó con las manos en la cintura.

-Lo siento –sonreímos-. Vamos adentro, Ray hará la cena.

Juntos nos encaminamos a la cocina. Hitoshi le sonrió demasiado gallardo con dientes demasiado relucientes para mi definición de "normal" mientras el abuelo intentaba hacer trampas. Takao se me lanzó encima y me revolvió el pelo diciendo algo de que me veía más animado, caímos al suelo y mientras tratábamos de ver quién podía lucir más despeinado Brooklyn, Ray y el abuelo reían a carcajadas. Hitoshi puso los ojos en blanco. Pero no me importó en lo más mínimo. Estaba contento, alegre, hasta se podía decir que feliz y no me daba tanta vergüenza admitirlo.

Adoro la música¿qué sería del mundo sin ella?

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Do dai? Largo, sí, también tedioso y no lo que ustedes se merecen ni esperaban… (ni lo que yo esperaba ¬¬). Sólo espero que les halla gustado, incluso les voy a dejar un adelanto del siguiente capi! Fueron veinticinco (25) páginas de word, veinticinco páginas... el capi más largo que he escrito. Espero ver sus (escasos, ne?) R&R u.u pronto. Quiero terminar este fic pronto, aun le queda un trecho largo pero seguramente podré hacerlo con más rapidez. Gracias, gracias por esos bonitos R&r tanto del capítulo pasado como del bonus, haré otro cuando pueda para hablar más de la vida de Miha o la manera en que se ha acercado a los demás, como a Takao. Sin más los adelantos y se acabó:

"-Propongo que lo dejemos a votación –volvió a interrumpirlo Takao-. ¿Quines están a favor de ir a patinar sobre hielo? –para frustración del profesor todos en el salón levantaron la mano, incluyéndome, por supuesto-. ¡Excelente!" "-Lee-san, Mao-chan –dije apenado. En seguida nos separamos y ellos rieron divertidos-. ¿Desde cuando están allí? -"Dandote calor" –dijo Lee haciendo un ademán como en el teatro igual a los que hacía Claude tratando de imitar mi voz. ¿Por qué diablos deben estudiar juntos? Es peligroso-. ¿Eso responde tu pregunta? – y se soltó a reír.""Unos brazos rodearon el cuerpo de Brooklyn y lo obligaron a retroceder, se debatió para liberarse con furia, una figura apareció entre los dos justo cuando alargó los brazos hacia mí. -Brooklyn, iame nasai (para de una vez) –dijo la voz de Takao."

Nos vemos la semana que viene!

"Pienso, luego existo"