Capitulo 9: "Invierno, misterio estival"

Estábamos a mediados de Noviembre si mal no recuerdo, la navidad y las vacaciones estaban próximas. Mis prácticas de tenis eran más fuertes cada vez pero mi resistencia también aumentaba, desde hacía un tiempo no tenía esos extraños sueños sin aparente sentido, ni ninguno con Brooklyn por supuesto. El frío era más palpable y los árboles estaban perdiendo su follaje.

A mitad de la noche de aquel día tuve que levantarme para buscar otro cobertor por el frío que hacía y por la mañana desperté hecho un ovillo en mi cama. Me puse el uniforme como de costumbre y bajé a desayunar junto con mi madre. Las conversaciones no fueron ni relevantes ni interesantes, por lo cual no se me hace necesario mencionarlas aquí... Sólo que mi padre no vendría este año para las fiestas.

Aunque fuéramos japoneses solíamos celebrar la navidad, cenar juntos y hacer un pequeño intercambio de regalos entre parientes. Desde hacía algunos años eso quedó olvidado pero mis padres y yo conservamos la tradición, este sería el primer año que no estaríamos juntos para celebrar, me sorprendí a mí mismo al darme cuenta lo poco que me importó.

Me despedí antes de salir de la cocina y subir a mi habitación para tomar mi mochila, bufanda y cazadora. Ya afuera descarté la idea de ir en bicicleta, el aire mañanero estaba demasiado frío como para obligarme a sentirlo tan directamente en la cara, quería llegar a la escuela sin parecer que salí de un congelador.

Llegué a la hora de siempre y seguí la rutina de todos los días, esto iba a matarme pronto si no cambiaba. Mi personalidad me lo decía, debía hacer algo. Brooklyn y Mystel hablaban dentro del salón, ambos me saludaron como siempre y noté que Mystel aún traía puesta la chamarra y la bufanda. Me uní a la conversación hasta que dieron inicio las clases. Basta decir que nunca me había reído ni exasperado tanto de una sola vez tan temprano, sobre todo cuando el listillo rubio ese se abrazó a mí diciendo lo congelado que estaba él y lo cálido que yo estaba. Brooklyn y yo reaccionamos de la misma forma: un buen golpe en la cabeza. Sin embargo e irónicamente no lo aparté del todo, manteniendo un brazo por sobre sus hombros.

-Bien alumnos, antes de que sea hora del receso tengo que hacerles un anuncio importante –dijo Barthez al final de la clase de literatura, que para mi "suerte" era la primera ese día-. Como saben solo faltan unas semanas para que lleguen las vacaciones de invierno. Es costumbre que siempre se realice una excursión o salida de recreación en estas fechas, este año he propuesto que salgamos a ver algún documental de...

-Con su debido respeto, señor –le interrumpió Brooklyn-. Sugiero que sería bueno ir a una pista de patinaje sobre hielo.

-¡Buena idea! –siguió Takao-. Yo no sé patinar pero siempre he querido aprender.

-Sería muy interesante y romántico –dijo Hiromi en voz alta, muchas chicas parecieron emocionarse con la idea, ella y Takao se dirigieron una mirada cómplice-. Sería un gran ejercicio y una buena forma celebrar la navidad.

-Pues... por lo que sé, sugirieron eso en los salones 3-A y 3-D. Pero aún no está decidido ya que...

-Propongo que lo dejemos a votación –volvió a interrumpirlo Takao-. ¿Quines están a favor de ir a patinar sobre hielo? –para frustración del profesor todos en el salón levantaron la mano, incluyéndome, por supuesto-. ¡Excelente!

-Creo que la decisión es unánime, señor –dijo Brooklyn con su habitual calma, encogiéndose de hombros-. Y si en los otros salones también lo han decidido pienso que deberíamos ir -todos comenzaron a hablar a la vez cosas como que estaban de acuerdo o lo emocionante que sería. Realmente, ya estaba decidido y lo mejor de todo era que Barthez no podía hacer mucho al respecto.

-Bueno, en ese caso hablaré con los demás profesores titulares del tercer año y si todos están de acuerdo... –dijo derrotado y molesto.

-¡Sí! –exclamó Takao y la gran mayoría lo imitó. La campana sonó en ese preciso momento y Brooklyn se hizo cargo de las formalidades para luego salir muy emocionados con la idea de ir a patinar.

Me apresuré a alcanzar a Takao y Hiromi, los encontré riendo junto con Raúl, Oliver, Max, Zeo, Ozuma y Mariam al fondo del pasillo.

-Todo eso fue obra de ustedes¿verdad? –les pregunté con seriedad. Ellos dejaron de reír y más de uno me miraron de forma desafiante.

-Y si así fuera¿qué? –preguntó Mariam altaneramente sabiendo a qué me refería.

-Que estoy de su lado al cien por ciento –respondí con una sonrisa ladeada-. Y Mathilda también, esa fue una gran idea.

-¡Gracias! –dijo Takao con las manos en su nuca y una gran sonrisa de autosuficiencia en el rostro- Fue mi idea.

-¿Cómo has dicho? –gritó Hiromi molesta.

-Creo... creo que me llaman –dije sonriendo nervioso. Me apresuré a irme oyendo como a mis espaldas discutían por de quien había sido la idea. Y por el golpe... fue de una de las chicas.

Me aseguré de que en el salón no estuviera Mathilda para luego bajar deprisa y buscarla. Estaba caminando sola y con la cabeza gacha, sentí una punzada de remordimiento al recordar que ella me hablaba de algo que parecía realmente importante antes de que yo me fuera y la dejara sola.

-¡Mathilda! –la llamé agitando la mano en el aire. Ella se detuvo y volteó a verme, no dijo nada mientras intentaba recuperar el aire-. Lo siento, pero es que necesitaba asegurarme de algo. Moshiakiarimasen (Lo lamento mucho) (N/A: Creo que así se escribe).

-Está bien, no importa.

-No, sí importa –insistí al ver que su sonrisa era forzada-. Debí haberte escuchado, dime qué era lo que hablabas.

Sonrió con las mejillas ligeramente coloradas mientras empezaba con la historia nuevamente. Nos sentamos solos bajo un árbol (Claude no fue a la escuela, estaba resfriado) y nadie nos molestó en todo el receso. A decir verdad muchos se habían quedado en los salones o en la cafetería por el frío, pero a nosotros eso no nos afectaba mucho, a mí porque simplemente lo ignoraba y a Mathilda por que ella viene de una región muy fría.

-Y ahí les va otra canción, disfrútenla porque esta será la última de la mañana –decía Julia por los parlantes de los cuales empezó a sonar una canción muy famosa del momento.

-Adoro esa canción –comentó Mathilda terminando con su bebida-. Oye, no has comido nada casi nada.

-Cierto¿quieres un poco? –le pregunté dejando de tararear para ocuparme de mi desayuno, que apenas había tocado, y ofrecerle con los palillos un calamar frito.

-Ah... Cla-claro –dijo sonrojada.

-¿Está bueno?

-Delicioso –dijo con una tierna sonrisa-. Tu madre sí que sabe cocinar.

-Pues... ¿Guardas un secreto? –le pregunté al oído. Ella asintió al parecer muy curiosa-. Lo hice yo.

-¿Hablas en serio? –repitió asombrada.

-Oye, no es para que te sorprendas tanto. Sé que no soy muy bueno pero... –dije rascándome la nuca. Se avergonzó un poco.

-No quise decir eso. Es que me has impresionado, cocinas de maravilla –se apresuró a excusarse sonriendo con la cabeza ladeada, unos mechoncitos cayeron graciosamente por sus mejillas. Yo le sonreí antes de rodearla con mis brazos y atraerla a mi cuerpo-. ¿Mi...Mihaeru?

-¿Sí?

-¿Qué estás haciendo? –preguntó ruborizada hasta las orejas.

-Dándote calor –noté como se tensó e hice un esfuerzo por no reírme-. Y agradeciéndote. Oh, vamos. De niños solía abrazarte así y no te importaba.

-Bakataterubayo demo... (lo sé pero). Me... me tomaste desprevenida –la aparté un poco y miré su rostro, sus carrillos estaban muy rojos y su cara era la viva imagen de la ternura.

-Bueno amigos, eso fue todo por hoy –anunció Raúl al término de la canción-. Gracias por habernos escuchado, buen provecho y buen día. ¡Nos veremos mañana!

-No volverá a pasar... Si quieres... –susurré. Ella negó con la cabeza-. Bien, pero a la próxima te avisaré.

-¿No es romántico? –dijo alguien detrás de nosotros.

Nos dimos la vuelta, aun abrazados y nos encontramos con un chico de piel morena con una gran bufanda en el cuello y a una chica de cabellos rosas envuelta en un gran abrigo y con dos bufandas que la hacían ver un poco exagerada. Estaban abrazados también y ambos parecían sonrojados.

-Lee-san, Mao-chan –dije apenado. En seguida nos separamos y ellos rieron divertidos-. ¿Desde cuando están allí?

-"Dandote calor" –dijo Lee haciendo un ademán como en el teatro igual a los que hacía Claude tratando de imitar mi voz. ¿Por qué diablos deben estudiar juntos? Es peligroso-. ¿Eso responde tu pregunta? – y se soltó a reír.

-Vamos, no los molestes más –le dijo Mao también riendo por lo bajo, frotándose las manos cubiertas por guantes de lana rosados.

-¿Tienes mucho frío? –le preguntó Mathilada con preocupación viendo su rostro pálido y rojo en varias partes.

-¡Muchísimo! –contestó abrazándose a sí misma-. No sé como pueden soportarlo, el frío aquí en Japón es espantoso.

-Bueno, ya estamos acostumbrados. Ahora recuerdo que Mystel estaba igual esta mañana.

-Pues yo vivo aquí desde los nueve años y sigo sin acostumbrarme –refunfuñó, Lee pasó un brazo por sus hombros y la acercó a su cuerpo-. Y esto es TU culpa Lee, tuya fue la idea de salir a caminar y todo para "entrar en calor" –le dijo exasperada.

-Mao, sabes que si no te mueves te podrías congelar. Tu salón está helado.

-¡Y aquí afuera parece una nevera!

-Mejor sería que nos fuéramos –dijo Lee sonriendo forzosamente-. Vamos Mao. Por cierto, denle saludos a Ichiyama, no vino hoy y el desgraciado ese no nos avisó ni a mi ni a Ray.

-Está resfriado –le informé, contento de que se preocupara por él aunque fuera de esa forma.

-Oh, ya veo.

-¡Hasta luego, chicos! –se despidió la siempre sonriente Mao, para luego girarse a su novio y seguir quejándose por el frío.

-Adiós –respondimos nosotros y empezamos a reír, hablando de parejas complicadas...

Al calmarnos nos vimos a los ojos profundamente. Mathilda desvió la mirada y sonreí, acerqué mi brazo a ella y cuando estaba a punto de volverla a abrazar la campana sonó indicando el final del receso. Suspiramos, no sé cual fue su razón y nos levantamos del suelo sacudiendo nuestras ropas. Se agachó y tomó mi comida para luego dármela.

-Cómetela en el camino –me dijo. Asentí y empecé a comer mientras caminábamos. No hablamos mucho, a decir verdad no hablamos de nada. Qué curioso que se nos acabaran lo temas de conversación.

Al final del día, cuando la campana sonó, habían nubes de tormenta en el cielo. Brooklyn se acercó a mí luego de que la profesora Judy saliera del salón mientras Mathilda terminaba de copiar unas cuentas que estaban en la pizarra.

-Miha-kun¿puedo preguntarte algo?

-Ya lo has hecho –contesté sonriendo.

-¿Sabes patinar en hielo? –preguntó con una seriedad ajena a él.

-Pues... sí, pero no soy muy diestro. ¿Por qué lo preguntas?

-Si quieres yo te puedo ayudar –ofreció con una de sus sonrisas de ángel.

-Pues.. Gracias –cerró los ojos marcando su sonrisa para luego despedirse y salir.

-¿Qué quería Brooklyn-san? –preguntó Mathilda guardando sus libros.

-Nada –mentí sin saber por qué. Me dio la impresión de que no me creyó-. Me preguntó si sabía patinar. Se ofreció a ayudarme.

-Sokka (ya veo).

El Viernes llegó en un abrir y cerrar de ojos, así solo faltaban tres días para que empezaran los parciales, los exámenes más temidos del año, en este caso del trimestre. Estábamos en el gimnasio haciendo flexiones (los chicos) ya que afuera hacía mucho frío como para soportarlo con semejante atuendo, las chicas hacían no sé qué ejercicios más fáciles que el de nosotros. ¡No es que me moleste, claro que no! (¬¬). El profesor sonó el silbato y caímos pesadamente en el suelo respirando de forma forzosa, nos dieron cinco minutos para descansar y Takao se acercó a nosotros para hablar.

-Chicos, como la próxima semana empiezan los exámenes y el primero es matemáticas¿no les gustaría ir a mi casa a estudiar? Max y los demás también irán.

-Suena bien –dije recuperando el hálito-. ¿Cuándo?

-Todo el fin de semana, si lo desean se pueden quedar a dormir, hay mucho espacio.

-Me parece bien¿tú qué dices? –le pregunté a Mathilda que se mostró de acuerdo conmigo-. Excelente, entonces nos veremos mañana en tu casa, que no hay clases.

-¡Yoroshi! –exclamó, el profesor Rick empezó a llamar para saltar sobre los cajones y detuvimos nuestra plática para esperar nuestro turno.

El silencio y la oscuridad eran sorprendentes, casi como si allí no hubiera vida, era un abismo, sin duda. Sentía su cuerpo entumecido, helado. Algo extraño empezó a pasar, unos puntos blancos descendieron danzando, brillaban con luz propia pero no iluminaban nada. A lo lejos se acercaba una persona, parecía hecha de lo mismo que las motitas de luz, que resultaron ser nieve.

La silueta era fina y delicada, su andar grácil y sus pasos seguros, de ella venía toda esa nieve. Se levantó con dificultad y se acercó, deseaba tocarla, saber si era tan fría como la nieve o si podría brindarle calor. La ventisca aumento pero eso no lo hizo ni detenerse ni retroceder, debía llegar a tocarla, tenía que saber quién era...

La luz que se colaba por las cortinas me obligó a abrir los ojos, bostecé y miré el reloj: las nueve y media. Me di la vuelta y me acurruqué para volver a dormir, tal vez si lo hacía volvería a soñar lo mismo y llegaría a esa persona, el espíritu de nieve, como lo había llamado. A los diez minutos salí de la cama al no poder conciliar el sueño para cambiarme de ropa. Encendí el televisor y me senté en el piso abrazando una almohada, trataba de recordar desde cuando tenía esos sueños, ya que no era la primera vez. Todos eran en un lugar cubierto por la oscuridad, un abismo; en todos aparecía una extraña figura humana hecha de luz y por más que trataba nunca llegaba hasta ellas; también noté que por lo menos en dos sueños tenía alas de murciélago, más bien...

-De demonio... –suspiré y apagué el televisor con el mando a distancia. Lancé el cojín a la cama y bajé a desayunar. Si quería romper la rutina podía hacerlo pensando en esos sueños.

-Buenos días, hijo –saludó mi madre cuando me senté-. Mira, hice huevo frito, ayer me dijiste que querías comerlo.

-Buenos días –respondí ausente-. Gracias, mamá.

-¿A qué hora pasarás por Mathilda?

-¿Cómo?. ¿Por Mathilda?

-Sí, ya sabes, para ir a casa de ese amigo tuyo a estudiar –la miré sin entender unos segundos-. No me digas que se te olvido.

-A estudiar –repetí-. ¡El examen! –grité al recordarlo levantándome de golpe. Mi madre me mandó a sentar y guardar silencio, luego me sirvió la comida, cuando terminé subí deprisa las escaleras a mi habitación a meter todo lo que necesitaría en una mochila-. Ropa para mañana... libros... pijama... ¿Dónde está el cepillo de dientes?. ¡Mamá!

-¡En el baño!

-¿Cómo no lo pensé antes?. ¡No contestes!

Risas.

Media hora después pedaleaba con fuerza mi bicicleta para llegar a casa de mi amiga, los árboles ya no tenían hojas dándole a todo un aspecto más desolado. Dejé la bicicleta en el patio y llamé a la puerta, me abrió la señora Usui, la madre de Mathilda.

-Buenos días, señora Usui.

-Muy buenos días, Miha –saludó con cariño, yo era muy apegado a Mathilda, de allí que hubiera tanta confianza. Me invitó a pasar y se alejó un poco para llamar a su hija-. ¡Cariño, ven!

-¿Qué pasa, oka-sama? –preguntó una voz desde las escaleras.

Me sonrojé levemente al verla allí parada, tan solo usando una camiseta sin mangas suelta y unos pantalones cortos sobre la rodilla, con el cabello un tanto despeinado y expresión de duda.

-¡Mihaeru! –exclamó al verme, la saludé con la mano.

-Sube a vestirte rápido –le ordenó su madre. Ella asintió y se perdió en el segundo piso-. Bajará pronto, tiene listas sus cosas desde anoche. Ven a sentarte¿gustas unos bocadillos?

-Arigatou –agradecí tomando unas galletas de un plato. Estuvimos hablando del clima y las vacaciones hasta que Mathilda bajó con ropa más adecuada y una mochila en la mano.

-Ya estoy lista.

-Muy bien, entonces será mejor que se vallan, tienen mucho que estudiar y mientras más rápido empiecen más rápido terminaran –nos levantamos del sillón y nos dirigimos a la puerta donde Mathilda se puso sus patines en línea-. ¡Gambatteo! (Ánimo) –gritó la señora Usui en la puerta despidiéndose con la mano enérgicamente.

-¡Hai! –gritamos los dos al unísono antes de cruzar en una esquina, la casa de los Usui se perdió de vista.

Íbamos sin mucha prisa, en silencio mientras yo pedaleaba y ella se deslizaba con sus patines rosas, usaba unos cobertores en los brazos y piernas de color azul rey; sobre la ropa, que era la misma que tenía en su casa, llevaba una chamarra larga y sin mangas blanca y rosa de cuello alto solo abotonada en el primer botón, valga la redundancia. En la cabeza traía sus inseparables gafas, que aún desconozco para que sirven (N/A: En fin, estaba vestida como en la serie pero supongan que un poco más abrigada), sobre un gorro tejido con diseños ainu (N/A: Lo advierto, no digan nada! ò.ó, los que entendieron claro non).

De vez en cuando se adelantaba y dejaba que las ruedas patinaran solas por el asfalto, otras veces me rodeaba o solo avanzaba al mismo ritmo que yo. Parecía un hada, una ninfa, solo le faltaban las alas por que hasta las antenitas ya las tenía bajo su gorro, esos dos mechones de cabellos rebeldes que saltaban a la vista y la hacían fácil de diferenciar.

Cuando llegamos Emily, Zeo y Max estaban allí, Takao nos llevó a una gran habitación donde dejamos nuestras cosas y nos dedicamos a hablar esperando a que llegaran los demás. Takao vestía muy bien, dio una impresión más madura de él: un suéter de cuello vuelto negro y unos pantalones azul marino, no llevaba su inseparable gorra, bastante extraño. Zeo usaba un abrigo largo, tanto que sus dedos apenas se veían y caía más bajo de la cintura, de color granate y unos jeans desteñidos debajo. Max tenía un jersey verde de lana y unos pantalones anchos. Emily vestía una mini falda verde, debajo tenía medias rosas bastante calentitas, llevaba puesta una camisa de lana con una chaqueta encima. Sólo faltaban Hiromi, Brooklyn, Mystel, Mao, Ozuma, Mariam y Raúl, que llegaron un poco más tarde, los últimos cinco no se quedarían a dormir.

El día estuvo lleno de cuentas, sumas, ecuaciones, tachones, borrones, números y dolores de cabeza al por mayor. Algunos no tenían tantos problemas, por ejemplo, Emily, Brooklyn y Zeo nos explicaban pacientemente algunas operaciones, pero otros como Mariam, casi tiraban la calculadora por la ventana... De hecho, lo hizo.

Por la noche nos despedimos cansados, ojerosos, despeinados e irritados pero satisfechos por los avances que habíamos hecho. Ozuma y Mariam se fueron un poco más temprano que Raúl, que se quedó a cenar y Mystel acompañó a Mao a su casa ya que es buen amigo de Ray. Sin esperar mucho nos pusimos los pijamas, Takao se durmió casi enseguida y Zeo le siguió, Emily se quedó revisando unas cuentas junto con Mathilda y Hiromi mientras que Max, Brooklyn y yo nos sentamos afuera a charlar.

-Hoy sí fue un día interesante –comentó Max estirándose con pereza.

-Bastante –secundé-. No sabía que Mariam-kun tenía ese carácter, demonios.

-No maldigas –dijo Brooklyn distraídamente.

-Pues agradece que no estudiamos con ella¿te imaginas como se pondrá en el examen? –rió por mi expresión de miedo por sólo imaginarme la terrible escena-. Créeme, no te gustaría, yo estudié con ella en primaria, sé de lo que hablo.

-Pobre de ti... ¿Y a Takao y a ti no les duele el cuello? –digamos que a Mariam no le agradó mucho que la madre de Max y su examen nos dieran esta tensión y... decidió desquitarse con él. Y eso que Mariam dice adorarlo, lo trata como un osito de peluche, un hermanito menor o algo así, todavía no entiendo esa relación.

-No, pero esa no será la última vez que Taka deba correr por su vida.

-Él se lo ganó por burlarse... Mira que meterse con ella en ese estado –dije y los otros dos rompieron a reír.

Cerca de una hora después nos ganó el sueño y nos retiramos a dormir, las chicas en la habitación de Takao y nosotros en el mismo lugar donde estudiamos. Me levanté a media noche para ir al baño, Takao duerme terrible, enredado con el edredón y del lado contrario donde se durmió; Max estaba hecho un bulto bajo las sábanas, Zeo parecía un chiquillo, durmiendo boca arriba con la boca ligeramente abierta y los brazos extendidos sobre su cabeza y su pijama dos tallas más de las que necesitaba... Bueno, todo un niño.

Brooklyn dormía de medio lado usando su brazo como almohada y con su mano libre apretaba fuerte la sábana mientras murmuraba... ¿Murmuraba? Me acerqué en silencio para no despertarlo y traté de entender las inconexas palabras que salían de sus labios. Noté que también estaba sudando, aguanté el aire y agucé el oído.

-No es mi culpa... Sunimasen (Perdónenme)... Watashi (Yo)... no hice nada malo... No hice nada malo...

Me aparté asustado y supuse que estaba teniendo una pesadilla¿qué otra explicación podría haber? En ese momento no pensé en ninguna. Lo tomé del hombro y lo agité suavemente llamándolo bajito, no quería despertar a los demás.

-Brooklyn, despierta, Brooklyn. Tienes una pesadilla, despierta.

Por más que trataba aún permanecía dormido, me empecé a exasperar e insistí en mis intentos por despertarlo. Algo me decía que eso estaba mal. Pensé que no despertaría cuando repentinamente abrió los ojos, estuve a punto de lanzar un grito al verlos, tan rojos como la sangre y tan fríos como el hielo. Caí sentado de espaldas y me mordí la lengua para evitar hacer ruido. Brooklyn se puso de pie frente a mí.

-¿Broo... Brooklyn? –musité, no dijo nada, dio un paso al frente e instintivamente me tensé-. Oe, me asustaste¿tenías una pesadilla?

Sólo me miró, sus ojos refulgían en la oscuridad de manera aterradora, avanzó otro paso y yo me paré. Cada vez que él avanzaba yo retrocedía hasta que quedé con la espalda contra la pared. Miré a los lados nervioso, todos dormían y yo estaba muy asustado como para gritar, no podía pensar, no podía escapar.

Solté un jadeo cuando puso su mano en la pared junto a mi cabeza, estaba totalmente acorralado, el hermoso rostro de Brooklyn, que siempre tenía esa expresión de calma y paz, e incluso tristeza, estaba contraído por una mueca macabra y una mirada lasciva y cínica. Sentí temor de morir.

-¡Iamete! –gritó una voz suave detrás de él.

Unos brazos rodearon el cuerpo de Brooklyn y lo obligaron a retroceder, se debatió para liberarse con furia, una figura apareció entre los dos justo cuando alargó los brazos hacia mí.

-Brooklyn, iame nasai (para de una vez) –dijo la voz de Takao.

-¡Tou! –exclamó la otra persona.

En medio de la oscuridad vi que Brooklyn arqueó la espalda y su rostro mutó a una expresión de dolor para luego perder la conciencia, hubiera caído al piso sino fuera por que le estaban sujetando. Me dejé caer sentado deslizándome por la pared hasta el suelo respirando entrecortadamente, levanté la mirada y la fijé en la espalda de Takao que tenía los brazos extendidos a los lados. Delante de él estaban Max y Zeo sosteniendo el cuerpo inerte de Brooklyn entre los dos, con cuidado lo llevaron al futón en donde antes dormía. Takao se dio la vuelta y se puso a mi altura.

-¿Dayobu ka? (¿Estás bien?) –preguntó observando con detenimiento mi rostro.

-Hai... –respondí con un hilo de voz.

-Ike (Ven) –se levantó y me tendió la mano para que la estrecharla y ayudarme a ponerme de pie.

Caminamos hasta donde estaban los demás, Brooklyn dormía plácidamente, casi como si no hubiera pasado nada y los otros dos cuchicheaban algo. Takao se inclinó sobre el chico de cabellos naranjas que dormía y lo examinó. El silencio que había en la habitación era frustrante.

-Es sonámbulo –dijo de pronto Zeo-. Debía de estar soñando algo y empezó con su sonambulismo.

-Wakaranai (No lo sabía).

-¿Te asustó? –preguntó Max. No supe qué decir así que opté por la que me parecía la opción correcta en ese momento: asentí en silencio-. Tendrás que disculparlo. Y tú¿por qué estabas despierto?

-¿Are? (¿Eh?) –recordé la razón de porque había despertado pero ya no me parecía una prioridad tan grande-. Otearai (Para ir al baño).

-Te acompañaré –sentenció sujetándome por el brazo y salimos de la estancia.

Cuando llegamos al baño por la ranura de la puerta se asomaba un poco de luz. Había alguien adentró. Max tocó la puerta y Hiromi respondió desde dentro, en seguida abrió y tuve que cerrar los ojos para que la luz no los lastimara.

-¿Qué hacen a estas horas levantados? –preguntó recelosa.

-Estaba acompañando a Mihaeru al baño –cuando pude ver nos miraba de manera acusadora y Max agregó-: No las vamos a espiar, no pienses mal.

-Está bien, buenas noches entonces –se despidió antes de subir a la habitación en la que dormía bostezando.

-Entra y lávate la cara, necesitas refrescarte un poco –más que una sugerencia fue una orden, algo que quedaba muy en contraste con su personalidad.

Hice lo que me dijo y traté de organizar mis desordenadas e incoherentes ideas. Al levantar la vista me encontré con mi propio reflejo, gotas de agua bajaban por mi rostro, marcadas ojeras se veían bajo mis ojos y en ellos aprecié un destello de algo que no lograba reconocer. Al salir Max me esperaba afirmado en la pared, no entró al baño a pesar de lo que le dijo a Hiromi; regresamos a la habitación donde nos esperaban Takao y Zeo sentados en el piso hablando de quién sabe qué, callaron al vernos entrar.

-¿Dónde está Brooklyn? –pregunté luego de asegurarme que no estaba por ningún lado.

-Hito-san lo llevó a su habitación, estará mejor con él que es mayor –contestó Zeo, arrugué la nariz-. Tiene fiebre.

-Sokka... –por supuesto no me creí esa mentira. Había gato encerrado, y no era precisamente Ray, algo me estaban ocultando. Nos acostamos cada uno en su respectivo futón y sin dirigirnos palabra dormimos.

A la mañana siguiente no se habló nada del asunto, Brooklyn parecía no recordarlo y Hitoshi le metió en la cabeza lo de la fiebre. Los demás llegaron a la casa temprano, Mariam parecía más relajada y entender se nos hizo muy fácil, trataba de solo concentrarme en los ejercicios y alejar de mi mente el caso de sonambulismo de Brooklyn, que volvió a ser el mismo de siempre.

Por la noche todos, excepto Zeo, nos fuimos a nuestras respectivas casas, al día siguiente se vería qué tanto empeño pusimos en practicar. El lunes por la mañana se respiraba una tensión espantosa, Mariam, Ozuma y Raúl tenían el examen después del receso, Emily y Mao justo después de ellos y Mystel, Max y Zeo a última hora.

Estuve seguro que mi cerebro se fundió en medio de tanta cuenta, cuando nos quitaron los exámenes yo dejé caer la cabeza sobre la mesa con un golpe seco, Takao parecía desecho (si mis ojos no me engañaban salía humo de su cabeza, pero yo no estaba en condiciones aptas para pensar), Hiromi no dejaba de repasar las respuestas que recordaba murmurando nerviosa y Mathilda y Brooklyn se enfrascaron en una agradable conversación. Lo único bueno era que ya había pasado lo más difícil.

El resto de los exámenes fueron seguidos, algunas veces dos el mismo día, pero cosas pasables, como educación física y física... mmm, curioso. Literatura fue bastante sencillo (al menos para mi), biología me molestó con el asunto de la mentada mitosis y meiosis pero contesté el resto de las preguntas con calma, de todas formas no era tan complicado como en un principio. Química fue exageradamente fácil, cabe decir que es una de mis mejores materias y Azuma-sensei es muy blando con nosotros.

Para el taller de arte, Salima nos tenía preparada una prueba sorpresa, en una cesta tenía muchos papelitos doblados, dentro estaban anotados el nombre de diferentes técnicas de dibujo, si salía puntillismo debíamos dibujar con ese estilo, si salía claroscuro pues ese sería. Max fue el que más sobresalió y sigo sin entender por qué mi lobo parecía más un zorro (N/A: Experiencia propia ¬¬).

Dos semanas después del primer examen, un día luego del último publicaron las notas. Todos los alumnos del tercer año estaban pendientes en la lista de cada materia pegada a las carteleras en el pasillo del primer piso. Casi me pongo a llorar de felicidad al ver mis calificaciones, Mathilda estaba que saltaba en un pie, Hiromi no dejaba de alabarse y más de uno gritó de algarabía y alivio.

-¡¡¡Tenemos que celebrar que se acabaron los exámenes!!! –gritó Takao feliz a la salida de la escuela, todos lo secundamos muy animados.

-¡Vamos a mi casa! –sugirió Oliver, el chico que vi ese día salir del salón que tiraba de la oreja del rubio-. Haré un cena para celebrar.

-¿Hontoni? (¿Hablas en serio?) –preguntó Max sorprendido.

-¿Y por que no habría de hacerlo?

-Oliver... –Takao se plantó frente a él, tomó las delicadas manos del chico entre la suyas y las alzó hasta la altura de sus cabezas-. Eres tan bueno, mereces el puesto de primer lugar con tanta razón.

Todos reímos divertidos por la cara de Takao: sonrisita golosa y ojos de cachorro, Oliver sonrió ladeando la cabeza luego alzó la barbilla con presunción y le dio toda la razón a Takao. Oliver era el primero de todo su salón por haber tenido resultados tan buenos en los exámenes, en todos.

La tarde fue una verdadera locura, Oliver cocina como todo un chef profesional, Takao se hastió de cuanto pudo, Kenny estuvo apunto de embriagarse y Mariam casi mata a su hermano (Joseph) por haber sacado el carísimo brandy de la carísima despensa de la mansión de Oliver. La gran mayoría estábamos allí: Takao, Max, Zeo, Emily, Mao, Mathilda, Ozuma, Raúl, Mariam, Brooklyn, Hiromi y yo. A parte de otros mayores como Enrique, Ray (grandes amigos de Oliver), Julia, Jonnhy, que desde el primer momento nos llevamos mal y Robert.

Regresé tarde esa noche y mi madre casi me asesinó pero aparte de eso todo terminó muy bien, me dormí al poner la cabeza sobre la almohada, tanto mi cuerpo como mi mente estaban muy cansados. Esa noche no tuve ningún sueño pero no podía olvidar el "sonambulismo" de Brooklyn, pero otro día me preocuparía por eso.

-Buenas... ah... –bostecé-. Noches, Tails.

Do dai? Les dije que la semana próxima actualizaba n.- El otro cap llega próximamente! Aquí tienen un par de adelantos:

"Perdí mi mente por unos cuantos minutos sin prestar verdadera atención a mi alrededor, nadie me molesto hasta que una voz dulce y cantarina llamó mi atención haciéndome levantar la mirada.

-¿Nani o, Miha-kun? (¿Qué haces, Miha-kun?) –preguntó Brooklyn desde el asiento de adelante sentado de rodillas sobre este con los brazos cruzados sobre el respaldar y su mirada fija en mi.

-Escribo –dije tras dudar un poco.

-¿Puedo leerlo? –preguntó ladeando la cabeza, se veía adorable así y era imposible decirle que no, pero... Me lo pensé seriamente recordando el incidente de semanas atrás en la clase de literatura-. Miha-kun..."

"Totalmente inexpresivo busqué algo, lo que fuera con la mirada, tenía un semblante tranquilo, casi atontado. Por fin mis ojos chocaron con una silueta agazapada a unos cuantos pasos, puesto que desconozco la verdadera medida. Caminé lenta y pesadamente, aún una brisa soplaba con fuerza. Me detuve a unos tres pasos de la persona que, acuclillada y abrazada a sí misma, temblaba con descontrol, mirando con terror a la nada que nos envolvía.

-¿Qué pasa? –pregunté tranquilamente-. ¿Dónde estamos, Brooklyn?

-No estoy seguro –contestó él, ensimismado-. Pero está helando.

-Es cierto –dije yo, dándome cuenta de que mi aliento se volvía vaho-. Hace frío."

Sayounara!!!

"La pluma es la lengua del alma"