Capítulo V
– ¿El hizo QUE? –casi grito Ron. Hermione dio una pequeño saltito sentada. – Hermione, se que Harry puede llegar a ser un tonto iluso con más ínfulas de héroe gryffindor que cerebro la mayoría de las veces, ¡pero no puede simplemente apuntarse a si mismo y murmurar un hechizo desmemorisante!
– Oh Ron, Harry... al parecer el solo quiso bloquear ciertas memorias y ayudado por su magia lo consiguió. Es como si sus recuerdos estuvieran en la parte posterior de su mente, escondidos y deteriorándose.
– ¡Demonios! ¿Y como es que yo no sé nada de esto? Harry ya me hubiera contactado, dándose la ocasión – contesto Ron, incrédulo.
– ¿Como crees que el mundo mágico reaccionaría si le dijeras " Harry Potter no recuerda como mato a Voldemort, así que no le pregunten. Ah, por cierto, también tiene el coeficiente intelectual de un estudiante de Quinto año"? Decir que los periódicos se lo comerían vivo es demasiado piadoso.
–¿Quinto año? ¿Entonces no sabia nada de lo de Sirius? – Se pasó una mano por los cabellos y comenzó a tamborilear nervioso la superficie de la banca con los dedos.
– Recuerda eso y unas cuantas semanas después, pero de ahí en adelante... nada.
– Oh...
El peso de esa información, que antes parecía haber estado colgando inocentemente de un delgado hilo sobre su cabeza, cayó en ese momento sobre Ron. Una parte de el se había negado a creer hasta ese entonces o al menos no había querido aceptar que alguien, pero en particular Harry, hubiera querido algo así para si mismo. ¿Desechar recuerdos? Eso simplemente era una bárbara idiotez. ¡Por Merlín si esa magia se usaba solo cuando la persona había sufrido algo en extremo traumático y en limitados casos lograba funcionar! Si Parvati hubiera hecho algo así sin razón aparente el, Ron, hubiera pensado que ya no lo quería o algo por el estilo... Oh no, Hermione.
– El lo sabe ¿cierto? – pregunto con calma el pelirrojo.
– Yo fui quien se lo dije, en realidad fue idea de Dumbledore, según él ayudaría a que recordara. Pero es irreversible.
– ¿Te creyó? creyó que tu y el habían estado juntos?
Hermione bufo.– Si lo hizo, no lo demostró. No lo recordaba, y no lo recuerda. Aunque los papeles de matrimonio eran prueba, tú sabes.
– ¿Recordará?
– No, no lo hará.
– ¿Y tu? Tú que recuerdas, ¿que hiciste? ¿Que haces?
– ¿A que te refieres?
– No se... tal vez pienso que te rendiste demasiado pronto – Ron la miro y levanto una ceja, al mismo tiempo encogiéndose de hombros.
Hermione soltó un suspiro, no sabia como responderle e Ron. No, si sabia, lo que no sabía era como no sonar... dolida al hacerlo. – Yo... intente ayudarlo Ron, en verdad lo hice. Pero hay que saber cuando alguien no quiere estar contigo. Yo no puedo obligarlo a recordar, así como tampoco pude haberlo obligado a olvidar. Lo hizo por cuenta propia, sin preocuparle lo que yo, Dumbledore o tú pensáramos. El tomo su decisión, yo tome la mía, así de sencillo.
– Estas segura de que lo hizo para olvidar... para olvidarte.
– Si, ¿es lógico no?
Observo a Hermione contemplar el parque, y por primera vez en su vida Ronald Weasley pensó que Hermione Granger no era una sabelotodo.– No lo se, es extraño. – Bajo la vista a sus manos para evitar que Hermione notara el sentimiento de lastima que, en su opinión, estaba fuera de momento.
Aunque en aquel tiempo había dolido, Ron se había dado cuenta, cuando el se separo voluntariamente de sus dos mejores amigos, de que Hermione era siempre fiel a sus paciones; sin ningún tapujo lo demostraba como pocas mujeres eran capaz. Aunque Ron no fuera el más listo del antiguo trío dorado, ni tampoco el más perceptivo, sabía que la chica era incapaz de negar algo cuando amaba. Porque a Ron ella también lo había amado, un amor de amigos que pocas veces se crea, y que ella no le había negado a el por aquel entonces y era un hecho que por su cabezonería él le había dado la espalda de tan cruel manera que no entendía porque ella aún seguía confiando en el. Se pregunto, no sin algo de enfado, porque Harry era tan estúpido como para seguir alejado de la mujer que sin lugar a dudas seguía amándolo – aunque ella posiblemente lo negara como niña caprichosa – ¿o era que acaso la falta de memoria también lo volvía ciego y no veía el daño que gritaba silenciosamente ser reparado?
– Será mejor regresar a la casa. No falta mucho para que se llene el parque – escucho que decía Hermione.
Ambos se levantaron, y caminaron disimuladamente hacia un lugar cómodo para aparecerse a la mansión.
– ¿Listo? – Le tendió una mano a Ron y este la miro extrañado. – No sabes la localización de la casa, además... no confió en tus habilidades de aparición.
– ¡Oye! Pero... – El resto se perdió cuando Hermione lo desapareció a los dos. – Yo estoy hospedado en un hotel - comento Ron cuando llegaron.
– Muy tarde, debiste haberlo dicho.- contesto Hermione.
– ¡Pero si ni siquiera me diste tiempo! – indignado, Ron agito las manos en gesto de impotencia.
– Tardamos cinco minutos caminando para aparecernos, tiempo de sobra en mi opinión – respondió Hermione con presunción. Se quedaron en silencio por unos momentos, tras lo cual se soltaron en carcajadas. Así estuvieron por algunos minutos.
– Pero que maduros adultos, si no fuera por esas arrugas en sus caras diría que siguen teniendo doce años – dijo alguien a sus espaldas.
– ¡Óyeme, pero quien diablos se atreve a decir que yo tengo arru...! ¡Harry! – musito Ron sorprendido cuando volteo la vista y encontró a Harry parado a poca distancia de ellos.
– Hola Ron.
– ¡Harry...
– Hermione – susurro Ron.
– Si, Ron.
–¿En verdad no recuerda nada?
– No
Prolongado suspiro de alivio. – Bien
–¿Que?
– Quiero decir, que bien que no recuerde del puñetazo que le di cuando me entere de que eran novios... y de la quaffle que le aventaba en las practicas... y de la blodger que lo mando a la enfermería por una semana... y de la pus de bubo...
– ¿Gustan una copa de coñac? Wisky de fuego?- ofreció Harry.
– No gracias, tal vez más tarde.
– Doble wisky – contesto Ron – Entonces este es tu despacho ¿eh, Harry? Muy cómodo. – Le resultaba extraño hablar con Harry de esa forma, la última vez que lo había visto en persona habían hablado no muy cordialmente el uno con el otro. De hecho, la verdadera última vez que lo había visto seria en los periódicos. El aún recordaba todas aquellas semanas en las que el agosto de "El Profeta" había sido el divorcio de Harry y Hermione. Que prácticamente nadie supiera de su matrimonio, en primer lugar, para que de buenas a primeras saltara al publico su divorcio, había subido las ventas hasta casi hacerlas internacionales. Seguidas no muy lejos de paginas de revistas amarillistas con historias inventadas de las supuestas razones de separación( infidelidad por parte de Harry había sido la más llamativa pues contenía varios datos interesantes y ninguno de los dos se preocupo por desmentirlo, razón por la cual el publico en general la había aceptado). Tan sólo el seguir eso como un tercero había sido intensamente agobiante, después de todo habían sido sus amigos en algún tiempo. No se podía imaginar la sensación de ver una foto – donde tú tratas de taparte la cara – publicada en todos los periódicos, y para colmo en primera plana.
Los dos chicos tomaron las copas que habían aparecido en una mesa central y los tres se sentaron en los sillones más cercanos. – Si, lo es. No es que me desagrade, pero en verdad no esperaba verte por aquí – comento Harry, dándole un trago a su bebida. Sin necesitar palabras, Harry dio a entender a Ron que estaba al corriente de la situación de ambos en el pasado y que estaba dispuesto a dejarlo atrás. Ron respondió con el mismo mensaje.
– Parvati, mi esposa, es prima lejana o algo pro el estilo de Richard Tradeu padre con quien trabaje en un proyecto hace un par de años. En realidad es solo cordialidad la que los motivo a invitarnos a la boda. . . . ¿Que es eso que sujetas en la mano? – pregunto Ron, más que nada para sacar tema de conversación que otra cosa.
– Oh... nada – dijo rápidamente Harry, metiendo lo que tenía en la mano dentro de su bolsillo sin que n Ron ni Hermione pudieran verlo. – Es solo un anillo.
– ¿Anillo?
– Si, yo voy a...a...
– Casarce – respondió Hermione por el.
– Si, eso.
– Vaya, y ¿quien es la afortunada que recibirá el anillo?– pregunto Ron, supuso que si el había notado la seguridad en Harry al decir eso cuando ni siquiera le había hecho la pregunta su novia, Hermione también. .
– ¿Sin comentario? – ofreció Harry, Ron solo negó con la cabeza sonriendo y Hermione... Hermione tan sólo escuchaba y observaba. – Aún no es seguro, así que no quiero decir nada.
– Ok.
– Bueno chicos, yo iré a tomar un baño, bajare después por ustedes para comer algo. – Ambos hombres la observaron con curiosidad, pero aún así sonrieron y asintieron aprobatorios. Sus copas eran lo único que veían cuando la puerta se cerró y dejaron de escuchar los pasos de Hermione alejándose.
– Entonces, ¿aún estas enfadado conmigo? – inicio Harry.
– Depende
–...
– Me hice a la idea de ustedes dos tiempo después de que se convirtieran en pareja, supongo que la deje de querer – murmuro Ron, sosteniéndole a Harry la mirada.
– Estoy seguro de que no q...
– Eso ya lo escuche muchas veces, no quisieron lastimarme, y ahora lo entiendo. El punto es que te perdone lo de hace años hace ya mucho tiempo. Pero no me pidas no enfadarme contigo por lo que tú le hiciste a ella.
– Así que te lo ha contado.
–¿Hubieras preferido que no lo hiciera? – pregunto Ron, dándole un trago a su copa. No recibió respuesta.
– Hay tantas cosas que me gustaría recordar, sentir tal vez. Pero comprenderás que así como yo no comprendo con totalidad la situación, en mi opinión tú no entiendes ni la octava parte.
– Lo único que sé es que decidiste borrarte la memoria y que nadie, ni tu mismo, sabes porque. Dice mucho que hasta yo me de cuenta de que algo agravante debió pasarte para que tomaras esa decisión.
–Como dije, solo entiendes la octava parte de la situación.
– ¿Acaso no es esa la situación?
– Si y no. La respuesta que buscas es muy distinta a la que asumes. Tu tan sólo preguntas el como, el cuando, y el donde, Ron y es todo por lo que obtienes respuestas. Nunca has preguntado el porque ¿o si?
– Porque algo paso entre ustedes que quisiste olvidar, y olvidarte de ella – farfullo el pelirrojo como si eso fuera la última cosa que alguien que se dignara a llamarse hombre hiciera. Harry tan sólo cerró los ojos por unos segundos, su cara reflejaba cansancio, pero cuando sus ojos se abrieron el verde esmeralda simulaba coraje y dolor.
– Has la pregunta Ron. – Ron se quedo algo contrariado, ¿cual pregunta? – Pregúntame porque - se escucho la voz de Harry.
El pelirrojo dudo unos momentos, volvió a llenar su copa y la bebió hasta la mitad de un trago.
– ¿Porque, Harry? porque hiciste algo tan estúpido como olvidar casi cuatro años de tu vida ?
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No fue hasta que salio del baño que senito el hambre que tenía, y ahora Hermione comenzaba a desesperarse al no poder encontrar la cocina. Puede que en una casa tan hermosa como lo era esa se esperaría que las personas en los cuadros fueran amables, pero hay que tener en cuenta que la mayoría eran Blacks amargados que usaban cada palabra que salía de su boca para insultar o quejarse de que les hubieran dado residencia en una casa que era toda una deshonra para su familia. Hasta ahora solo una niña y su madre habían sido amables, pero no supieron darle información sobre donde pudiera estar el cuarto de hacer manjares.
Caminó sin rumbo unos minutos más hasta que salio a la terraza y se quedo ahí por algún tiempo, pensando en nada en particular y viendo como los setos cambiaban de altura de vez en cuando para luego volver a su altura original. Le recordaban mucho a los setos que hubo en el capo de Quidditch para el Torneo de los Tres Magos.
Harry pocas veces había querido hablar sobre aquella noche. "De la muerte se habla solo una vez: cuando esta planeado que mueras y logras escapar. Yo prefiero quedarme callado, no quiero que se entere de que le robe tiempo ya más de una vez." Le había dicho una ocasión en que Hermione había preguntado y Harry tan sólo le había contado hasta que llego a la muerte de Cedric. Después de quedarse dormido, había comenzado a sudar y convulsionarse, atrapado en una pesadilla. Cuando logro despertarlo lo único que hizo fue abrasarla con tanta fuerza que le hizo daño, llorando como tan sólo una alma dañada puede hacerlo: sin hacer sonido alguno. Un llanto callado que fluye salvaje desde el alma y se vuelve dócil al convertirse en lagrimas de infinitas. Un llanto silencioso que pretende convencer al dueño de que su dolor no existe. Después de esa noche, Hermione se prometió no volver a preguntar de nuevo.
La castaña cerro los ojos por unos minutos, luego sacudió los recuerdos que eran en pedazos de paja su cabeza y se levanto para entrar de nuevo a la casa. Se dirigió al despacho, esperando persuadir a los dos chicos de que la acompañaran a comer y que Harry supiera donde estaba la cocina.
Se detuvo ante la puerta, anticipando una conversación, pero percibiendo solo silencio del interior. Su cuerpo se quedo quito, estático, ella escuchando por algo que le diera alguna señal de lo que ocurria ahí dentro.
– Así que, estas enamorado de tu prometida, con quien planeas casarte– la voz de Ron fue la primera en escucharse, hablando lentamente. – La amas pero no se lo has dicho, eso si que suena raro. – La voz atinaba a cómica y Hermione escucho la risa baja de Harry.
– No te burles, se que es extraño, pero no te puedes imaginar lo difícil que es. – Hermione casi no escucha el tono tan bajo que Harry había implementado y no pudo adivinar si el ojiverde estaba avergonzado o si ocultaba eso con algo de humor.
– No me burlo, enserio. Pero, Harry, debes aceptar que es muy extraño cuando uno lo piensa de esa manera. Ahora, si...- el resto del comentario pasó omitido por Hermione, pues el sonido de alguien levantándose la había alarmado y se alejo de la puerta un par de pies. Fue entonces que proceso lo que estaba haciendo.
- Fácil para ti que no estas en mi lugar. – fue lo que escucho cuando volvió a acercarse, aunque no identifico al interlocutor.
Hermione toco la puerta, no quería escuchar más, y momentos después entro. Encontró a Ron sentado en el mismo sillón en el que lo había dejado, y a Harry parado frente al minibar, llenando su copa.
– Me he perdido cinco veces en la casa buscando la cocina y como ven no la he encontrado.
– No necesitas ir a las cocinas, para eso hay elfos domésticos.
– ¿Elfos domésticos?
– Trabajan con la condición de que la cocina es suya y nadie los molesta ahí. – le aseguro Harry.
– Oh. Bueno, ¿que dices Ron? Nos acompañas a comer – pregunto la castaña.
– Gracias, pero bebo irme, quede de verme con Parvati en el hotel.
– Entonces otro días quedaremos – Hermione le sonrió.
– Claro, yo te mando una lechuza. – Se levanto y bebió lo que quedaba de su bebida, dejando la copa en la mesa, luego de despedirse se desapareció.
– He querido hablar contigo – comenzó Harry ya estando solos.
– Lo siento, tengo jaqueca, ¿podría ser otro día?- Hermione se dirigió a la puerta, imaginándose en su mente el camino hasta su habitación o al menos a la habitación que ocuparía temporalmente, donde podría pedirle a un elfo una buena comida con su respectivo postre. Estaba a un escaso metro de la puerta abierta cuando esta se cerro lentamente por si sola. Se volteo y Harry estaba a poca distancia de ella, no tenía varita pero sin duda no la había necesitado: Una de las grandes cosas que había tenido que volver a aprender en dos años era la magia sin varita.
– Necesito hablar contigo.
Hermione suspiro e inconscientemente dio un paso hacia atrás. – Que sea rápido, no me siento muy paciente.
– Tal vez soy paranoico, pero siento que te incomoda mi presencia. A veces parecer que te gustaría salir corriendo cuando yo entro en la habitación en la que tu estas. – Por el tono tan lento que había utilizado cualquiera diría que trataba de ser seductor.
– Si, tienes toda la razón: tal vez eres paranoico.
– Sabes Hermione, he estado pensando sobre lo que paso entre nosotros...
– Lo cual ha sido una perdida total de tu tiempo, por que eso se acabo Harry. – respondió Hermione fríamente. Enseguida había escuchado lo dicho por Harry y un mecanismo de defensa se había instalado en su interior. No volvería a jugar ese juego nunca más, en el que ella intentaba como una ilusa que el entendiera; en el él repetía una y otra vez que lo sentía mucho, pero no recordaba nada para luego rechazar un abrazo de ella; y donde ella salía de la habitación con lagrimas a punto de caer en diluvio, deseando no verle nunca más.
Harry fue acercándose poco a poco y Hermione, queriendo mostrar indiferencia, se quedo donde estaban Hermione ¿podrías escucharme? Trato de decirte que recordé algo, no referente a nosotros, pero recordé porque lo hice ¿entiendes?
Claro que entendía, lo había entendido hacia ya mucho tiempo. – Si, pero no me dices algo que no sepa ya, Harry. Escúchame, tu no recuerdas, y pensándolo bien, a estas alturas yo tampoco así que porque no nos ahorramos todo esto y me dejas ir a descansar ¿eh?
Los ojos de Harry se oscurecieron, pero siguió acercándose hasta que no quedaban más que pocos centímetros de distancia. – ¿Y tu que hiciste, Hermione? ¿ Que hiciste para dejar de amarme? – dijo con media sonrisa, logrando que Hermione enfureciera y olvidara la sorpresa inicial de escuchar esas palabras.
Sonriendo también, Hermione contesto. – Todos tenemos diferentes métodos, Harry. Es solo que algunos tenemos la sensibilidad de ejercerlos con más sutileza y con menos... cobardía que otros.
Sin inmutarse, Harry extendió una mano y acaricio la mejilla de Hermione y ella no pudo evitar cerrar los ojos ante el contacto. Ninguna caricia era igual a las de Harry, el siempre lograba hacer efecto en ella con la más mínima acción, con el más leve rose. Y ella se odiaba a si misma por dejarse llevar. Sintió un calor extraño en el pecho que luego la recorrió por completo, animándola a mantener contacto con la piel de esa mano que la acariciaba. Abrió los ojos y alejo su cara de la mano de Harry.
El dejo la mano levantada en el mismo lugar, como si ella no lo hubiera despreciado. Se miraron por unos momentos, y antes de que Hermione lo notara, Harry puso su mano en la parte posterior de su cabeza y la acerco hacia el. Los labios de ambos se encontraron con urgencia, compartiendo más anhelo de lo que sus dueños eran capaces de admitir.
Algo en la mente de Hermione le gritaba con frenesí que diablos creía que estaba haciendo y se separo con brusquedad del beso, volteando hacia otro lado por no querer ver la reacción de Harry. El tan sólo se quedo en pie por unos momentos antes de darle la espalda y caminar hacia el sillón.
– ¿Acaso te soy tan indiferente como aparentas? – pregunto en tono bastante prosaico para Hermione.
– ¡Pero que te dio esa idea! – respondió Hermione sin poder evitar el tono sarcástico.
– Estoy tratando de ser sensible y sutil, Hermione.
Hermione lo miro, recordando sus propias palabras sobre sutileza y sensibilidad y... cobardía. Confirmando que el la observaba, clavo su mirada con la de el. – Puede que si, Harry, pero aún eres un cobarde. Aunque, lamentablemente al igual que otras cosas, eso es irreversible.
Harry entrecerró los ojos y su mandíbula se volvió rígida. La puerta detrás de Hermione se abrió de golpe, y sin necesitar más iniciativa, Hermione dio media vuelta y salia del despacho sin perder compostura cuando las puertas se cerraron estruendosamente tras ella.
La combinación de enojo y conmoción dentro de ella eran tan intensas que no le importo saber a donde la llevaban sus pies hasta que la puerta de su habitación se cerro. No supo cuanto tiempo estuvo parada a pocos pasos de la puerta, observando la estancia en la que ahora ocupaba espacio, considerando si valía la pena el costo de nuevos muebles que le debería al dueño de la casa después de descargar la furia que sentía en ellos. Llego a la conclusión de que no valía la pena: perdería tiempo, esfuerzo, y algo de estabilidad mental en el proceso. Con una sonrisa sarcástica por esos atípicos pensamientos en ella, salio hacia el balcón. El sol se sumergía en la tierra cuando ella se recargo en la baranda de un metro de alto que constituía dos cuartos del perímetro del balcón. Se sintió afortunada de tener frente a si la hermosa vista del horizonte al morir, obteniendo la calma que tanto necesitaba. Su vista se mantuvo tan fija en el panorama, que cuando el espectáculo estaba por terminar, llego a pensar que el sol murmuraba palabras de despedida, prometiendo regresar con regenerado poder al siguiente día.
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– eh... Hermione, ¿estas bien? – pregunto Luna.
– Claro que lo estoy contesto la castaña con una sonrisa que duro tan sólo un par de segundos para luego seguir revolviendo en su cuarto por algo que Luna aún no sabia que era.
Cuando la rubia había llegado, medio día después de haberse ido, encontró a Hermione tal como estaba ahora: caminando de un lado a otro de la habitación, poniendo todo al revés.
– ¿Que buscas?
– Mi collar, se que lo puse en algún lugar, pero no lo puedo encontrar. – comenzó a sacar con cuidado la ropa del closet ropero. Soltó un gritito desesperado y comenzó a aventar una prenda tras otra al piso. – No lo encuentro. – se apresuro hacia el buró para hacer lo mismo. – Por aquí debe de estar, tiene que estar aquí. – murmuraba.
Cuando Luna la vio sentarse con pesadumbre en la cama, le angustio ver que la castaña no estaba desperada o furiosa. Tristeza se acercaba más a la expresión en sus ojos almendra.
– ¿ Es muy importante ese collar?
– Cho me lo dio hace poco. – respondió Hermione, jugando con sus manos. Luego levanto la vista sonriendo un poco. – ¿ Arreglaste tu asunto entonces?
– Oh bueno, le dije al comprador que no hacíamos reembolsos, se enojo bastante. Me dijo, junto con algunas otras palabras muy vistosas, que su perro no paraba de ladrar desde que había comprado el cuadro y que la Agripa que pinte no era muy amigable. Le conteste que se metiera el cuadro y su perro donde mejor le pareciera. – dijo Luna encogiéndose de hombros mientras se sentaba junto a Hermione, quien se rió entre dientes. – Neville no podrá venir, el director de departamento lo ha retenido para que resuelva unos problemas. No podrá regresar para la boda.
– Zoe se morirá por la noticia – rió Hermione. (N/A: recuerden que Neville, junto con Hermione, es padrino de la boda.)
– Si, Neville dijo que el cubría los costos de la funeraria. – intervino Luna, notando lo mucho que le costaba a Hermione reír. – ¿ Que tipo de neblina te cubre ahora Hermione?
– Perdón
– creo que recuerdas mi metáfora del lago, ¿o no? – Hermione asintió. – ¿Que es la neblina ahora?
– No pasa nada Luna, no hay neblina.
Luna se levanto de la cama repentinamente Neville persiguió a un mortífago en Alemania. Cuando lo encontró estaba con su familia, su esposa y dos hijos, el mortífago le rogó que no lo matara. Neville solo se fue. A no más de una semana después vio al mismo mortífago torturar y matar a una familia entera sin que pudiera hacer nada para evitarlo. – se volteo y vio que Hermione la observaba con detenimiento. – La emoción nos puede controlar hasta un límite desconocido Hermione. Lo que pasa en un preciso momento, en una situación correspondiente, te puede hacer bajar la vista e ignorar el caos que puede llegar a ser una persona. Y algunas veces, cuando el caos interno se vuelve externo, es muy doloroso levantar la vista y encarar las circunstancias.
– Pero yo... – trato de interrumpir Hermione. Luna volvía a tener esa extraña expresión en el rostro, como si no supiera exactamente lo que decía pero sabía que era lo correcto, y Hermione sabia que era lo correcto.
– se lo mucho que debió haber dolido que Harry no te recordara, yo lo viví con Neville por una semana, pero tienes que reconocer que sentarte con el a decirle una tras otra las cosas que pasaron no fue precisamente la idea más brillante. No creo que una separación haya sido lo más sabio cuando Harry ni siquiera tuvo la oportunidad de explicarse o entender lo que tu sentías.
– ¿como te enteraste?
– Que tú no me creas lo suficientemente confiable no significa que Harry tenga la misma opinión. – dijo Luna, sonando entre decepcionada y comprensiva.
– Lo siento, yo no quise...
– hey, esta bien, me entere y eso es lo importante. Nada de resentimiento o algo así por mi parte.
– Entonces supongo que Harry ya te dijo de nuestra discusión.
– ¿cual de todas? – pregunto Luna con una sonrisa. – solo la menciono antes de salir como bólido para su habitación. También se que Zoe no sabe nada, y que le diste la versión de los diarios, así que más vale que le digas la verdad pronto.
– Si, mamá.
– Piensa en lo que te dije, ¿si Hermione? Escúchame, no lo hago por que quiero una reconciliación y un cuento de hadas con el típico "vivieron felices para siempre", sabes que no creo en esas cosas. Por tu sanidad, y por la de Harry, seria mejor que aclaren todo ahora que pueden y así poder seguir con sus vidas.
– No creo que pueda
– Solo es hablar, Hermione.
– No creo que pueda seguir con mi vida. Fue lo que he hecho estos últimos dos años, todo eso se acabo anoche.
– ¿Tanto efecto tiene Harry en ti?
– No es Harry, Luna. Son sus acciones las que me afectan. Es confuso, me trata como... como si yo siempre fuera a estar ahí cuando el lo necesite, cuando el lo quiera entretenerse; me enfurece pensar que tan sólo quiere divertirse conmigo solo porque estoy aquí y sabe que alguna vez lo ame.
– ¿Te ayudo a buscar el collar? – pregunto Luna sonriendo. Hermione no pudo evitar pensar, como siempre lo hacia al menos aún vez cuando pasaba tiempo con Luna, que la chica era extraña. Un momento estaba como la consejera que tenía dentro y ahora la animaba a buscar el collar que casi había olvidado estaba buscando.
– Claro.
Después de unos minutos de búsqueda encontraron el colguije debajo de la cama. Luna dijo que iría tomar un baño pero antes de salir se volvió nuevamente hacia Hermione.
– ¿Hermione?
– Si
– Nuestras acciones nos identifican ¿cierto?
– Si
– Entonces se podría decir que nuestras acciones nos hacen lo que somos. Y que por lo tanto en cierta forma somos nuestras acciones.
– Si, en cierta forma es cierto ¿porque?
– Solo curiosidad. – respondió la rubia, cerrando la puerta tras de si. Hermione frunció el entre cejo.
" – No es Harry, Luna. Son sus acciones las que me afectan." "... y que por lo tanto en cierta forma somos nuestras acciones"
Parecía que esas dos frases taladraban en su mente sin tregua.
– Eres fantástica Luna, en ocasiones me asustas, pero eres fantásticas murmuro al aire. Sentía como su mente y su corazón jugaban a debatirse dentro de ella; su mente tan confusa que algunas casi veces se deja vencer. ¿Y es que como asimilar todo lo que con tan pocas palabras Luna le había revelado? Su mundo amenazaba con comenzar a girar a un rumbo en el que Hermione perdía todo control que hasta entonces había obtenido, desesperanzándola hasta tal punto que la desesperación se convirtió en tristeza y la tristeza en desolación. No supo encontrar la diferencia entre estar en medio de una multitud o ser la única persona en la tierra, se sentía tan sola que bien podría dejar de respirar y su soledad no la hubiera dejado darse cuenta.
Nuevamente, la Hermione que poca gente conocía salía de su escondite, trayendo consigo la inseguridad tan delicada que a veces era casi imperceptible. Era una chica inteligente, profesional, completamente independiente y una buena consejera, pero cara a cara con sus sentimientos podría llegar a ser un desastre si no reunía el suficiente coraje para entenderse a si misma en ciertas ocasiones. Como esta tal vez. Y es que odiaba a Harry, en verdad lo odiaba. La hacia cuestionarse lo que hacia años había quedado en concreto. ¿Que había hecho ella para dejar de amarlo? Recordaba que el ojiverde había preguntado. Como si la decisión hubiera sido tomada por ella, como si en aquel entonces ella hubiera despertado un día diciendo "Lo siento, ya no te amo." Sabia que no hubiera sido justo, pero tampoco lo que había sucedido lo era.
Apatía contra sus sentimientos de necesidad, de deseo, de amor, era la respuesta a esa pregunta. Apatía que Harry le había enseñado. Ignoro sus propios sentimientos hasta que estos dejaron de afectarle, hasta llegar el punto de creer haberlos desterrado completamente de su organismo. Ahora aparentemente algunos de estos indeseados habían logrado burlar sus barreras y el cómplice principal había sido un joven de cabellos negro azabache que había besado a Hermione con una pasión que ella tan sólo había recibido en sueños que se esfumaban de su mente al despertar.
A la mañana siguiente Zoe se presento en la mansión con una expresión en su cara que pocos describirían como amigable. Expresión que pronto cambio después de charlar con Harry. Tiempo en el cual Hermione, ignorante de la vista de su prima, decidió bajar a pasear por el jardín.
– Hola Hermione – saludo Zoe.
– ¡Zoe! ¿Sabes ya cuando vamos a tener el ensayo en la iglesia?
– Neville no podrá venir, pero ¿adivina que? Harry dice que el puede remplazarlo, así que el será el padrino y ahora ya tienes compañero. ¿Es un encanto no?
– uh... voy a caminar un rato
– ¿ Le pasa algo? – pregunto Zoe preocupada, viendo a Hermione partir.
– No te preocupes, siempre le ha gustado el aire libre. – respondió Harry. Zoe cambio su expresión de preocupación por una de total desorientación.
TBC...
(N/A: para quienes creían que la razón de separación era una infidelidad, espero haber dejado en claro porque insinué eso. Posiblemente la historia termine en los próximos dos capítulos. La historia no parece ser de agrado de muchos, y eso en verdad desanima, aunque no estoy diciendo que esa sea la causa del término de la historia ya que desde un principio tenía planeado que fueran solo seis, máximo ocho capítulos. También iba a decir algo, pero ya no recuerdo... (Cinco minutos después de mucho pensar para luego rendirse y hacer una llamada telefónica) ah si, le comente el plot a una amiga ya que fue ella la que mi incito a escribir en primer lugar, y me dijo que por algún lugar había leído algo similar pero no recuerda exactamente donde. Así que tan sólo quiero aclarar que esto no lo hice con al intención de plagio o algo por el estilo, cualquier similitud con otras historias es solo coincidencia.
Hasta pronto. )
