TRAS LAS CAMARAS

CAPITULO 5

Sentimientos nuevos

Por Angelysoul

Esa hora de trayecto le pareció eterna y por más que trató de distraerse con el paisaje e ignorar a cierta presencia masculina en el interior de la vagoneta, simplemente no pudo. En algún momento trató de fingir que dormitaba cerrando los ojos y apoyando la cabeza en la ventanilla, los minutos que logró hacerlo puso atención a las diversas charlas, unas gentes de producción que iban a tras platicaban anécdotas familiares. Le fue imposible ignorar la voz aterciopelada con acento británico y tuvo que admitir que su charla sonaba a una persona inteligente, la actriz Julia McMahon y él intercambiaban comentarios sobre clásicos de la literatura inglesa y cómo éstas eran tan socorridas en el teatro inglés.

¿Y cuantos clásicos de Shakespeare has interpretar en las tablas londineses? – le cuestionó la actriz.

Bueno, sólo he tenido la oportunidad de estar en el Rey Lear, era una intervención breve. Y recientemente estuve interpretando a Romeo en una versión moderna adaptada…

Mmm...me habría gustado verla. Seguro fuiste un buen Romeo.

Sinceramente me habría gustado más una versión clásica, pero no estuvo tan mal…

Sin embargo – intervino con total coqueteo la esbelta pelirroja, Nicole, encarga de las relaciones públicas de la serie – es precisamente durante una de esas interpretaciones como lo descubre Kioko Mizuki y acertadamente se los presenta a McIntyre.

Algo así me comentaron. Pues te espera todo un reto, es tu primer trabajo fuerte en América, así que hay que ponerle ganas y no confiarse – le dijo la actriz de manera cordial.

Créame que no lo hago. Estoy demasiado nervioso con esto y a veces me dan ganas de regresar en el próximo vuelo a Inglaterra. Pero mi agente me recomendó que no lo hiciera – dijo en tono de broma.

Fingiéndose dormida, a Candy le causó gracia el tono sincero del chico. Vaya, parecía que no era tan engreído. A su lado, pudo escuchar el sonido acompasado de su amiga Isabelle, que había caído rendida a penas arrancó el vehículo. De hecho, envidiaba a Isabelle, no había traslado en el cual le fuera difícil echarse una pestañita. Aunque al final siempre pudo dormir un poco, porque repentinamente sintió como alguien la movía.

¡Ey! Ya llegamos – le dijo Isabelle con una voz que denotaba su alto grado de emoción – Este lugar te va a encantar, es tal como a ti te gusta. No soy chica de aventuras al aire libre, pero se ve fabuloso.

La rubia se incorporó y no pudo menos que quedarse admirada.

Wow, la vista es espectacular.

Candy apreció aquella cabaña que era la recepción hacia el parque, una reserva privada de campamento, al pie de las montañas y sobre una planicie llena de flora local. El letrero decía que a unos 6 kilómetros había cerca una cascada. Afuera estaban estacionadas dos camionetas más, con mucha gente que paseaba por el lugar. Gente de producción y algunos rostros conocidos, actores sin duda, deambulaban por el lugar

Bien chicos – salió Nicole de aquella campirana oficina – subamos de nuevo a las vans para dirigirnos a la zona de las cabañas. La acción está por comenzar.

Lo que tú digas preciosa – dijo uno de los muchachos del equipo de producción.

El breve trayecto los llevo a una zona bien cuidada de cabañas, un lugar muy pintoresco. Con eficiencia, Nicole Fraser repartió llaves y dio indicaciones de con quien se ubicarían en cada cabaña.

Recuerden que esto se trata de compañerismo, así que algunos tendremos que compartir espacios. Tienen media hora para instalarse y McIntyre nos vera a todos en el comedor principal, por allá – les indicó con sus alargadas manos hacia una amplia construcción de madera y grandes ventanales – Bien, les veré en un rato. Y disculpen, aquí no habrá servicios de botones, se trata de integración y apoyo…así que chicos, demuestren su caballerosidad

Todo mundo comenzó a moverse, incluso pudo ver como la chica contestaba constantemente su teléfono móvil dando indicaciones, seguramente a otros chóferes que venían con más gente.

Que suerte…juntas – dijo Isabelle a Candy con entusiasmo y comenzaron a buscar sus maletas entre las que iban bajando los conductores de las unidades.

En eso sonó el teléfono móvil de Isabelle y miró el número antes de contestar

Oye, qué buena recepción tiene tu teléfono, creo que me compraré uno igual – buscó Candy en su bolso y vio la línea de recepción de su teléfono móvil e hizo un gesto mientras oía a su amiga hablar con entusiasmo – Vaya, creo que estoy ilocalizable.

¡Richard!...excelente, ¿de qué otra forma podría estar?..o sí, el lugar es divino…- hacía pausas al escuchar a su interlocutor - ¿en serio? Que pena, diles que no, ellos se lo perdieron, por supuesto, ya sabes no les puedes decir en qué ando metida…sí, aquí la tengo conmigo…no, no ha resuelto nada Richard, pero sabes que confiamos en ti….sí, saluditos, te veo en Los Ángeles en unos días más….bye.

¿Tu agente? – dedujo la rubia por la plática.

Sí, me recordó que si siempre vas a querer que te represente ya oficialmente.

La verdad que Richard se ha portado bien conmigo ayudándome con algunos trabajos y sin cobrarme gran cosa por comisión, a veces nada. La propuesta que me hizo no está mal, regresando hablaré con él.

Excelente, es bueno en su trabajo y creo que con lo que viene con esta serie ya es tiempo que tengas a alguien que te represente.

Sí, la verdad que no me había puesto a pensarlo, pensé que no pasaría de esos comerciales y extras…

Ah…ahí vas…no salgas de nuevo con que esto es un golpe de suerte. No, esto se llama destino, somos demasiado buenas como para que nuestro talento se desperdiciara.

¿Cuando dejarás de ser tan creída? – le dijo la rubia con ese tono de confianza y burla que sólo entre ellas se daba.

¿Y tú cuando tendrás un poquito más de fe en ti? Te saliste de tu casa para perseguir tu sueño y ahora que estás en el camino parece que te niegas a aceptarlo. No, no me pongas esa cara, te he visto estos días la angustia que traes.

Es que…

Vamos Candy…esto es grandioso y va a ser aún mejor. Y pronto podrás demostrarle a tu padre lo equivocado que está y él mismo será quien se disculpe por todo lo que te ha lastimado desde que te fuiste de tu casa.

No es a mi padre a quien quiero impresionar…- dijo a regañadientes, aunque sabía que en gran parte era algo que sí quería hacer – Bueno, no del todo…también están mis sueños, mis planes de convertirme en una excelente actriz.

Lo eres…y tu padre se va a tragar cada una de sus palabras.

Tampoco se trata de eso…- tenía que admitir que sólo quería por una vez esperaba que su padre aprobara algo en su vida – Bueno, vamos a instalarnos de una buena vez por todas.

Dos horas después, Candy no sabía si estaba soñando o viviendo fragmentos de pesadilla. Y es que estar ahí entre tanta gente del mundo de la televisión comenzó a darle pavor. Todo mundo estaba sentado en el piso con displicencia y cómodamente, quienes tenían mayor camadería se notaba al sentarse apoyándose en el hombro del compañero. Notó que muchos rostros la veían con curiosidad, sabían cuál sería su papel y en sus miradas podía ver el rostro de la duda.

Señores, créanme cuando les digo que estoy realmente entusiasmado de iniciar esta nueva aventura – dijo Aaron McIntyre, el productor, un hombre de mediana edad y con su particular barba cerrada – La mayoría de lo que será el staff ya nos conocemos y bueno, también tenemos algunos actores con quienes nos gusta trabajar por el buen equipo que formamos. No haremos presentaciones porque aquí no hay protagonistas, iluminadores, directores, ni actores de reparto…porque sin cada una de estas piezas, simplemente no se puede hacer nada. Así que todos somos vitales y de igual forma vamos a trabajar cada uno sumando lo mejor de sí. En estos días a parte de espacios de convivencia y de que en lo particular cada área vaya ajustando sus pendientes para el arranque de las grabaciones, tendremos sesiones especiales de entrenamiento físico y algunos talleres de temas que no estará de más abordar. Así que disfruten su estancia y nos estaremos viendo por aquí unos días y próximamente en el set.

Y con ese discurso, Candy pudo sentir toda una suma de emociones de que su vida, sin duda, estaba cambiando de manera vertiginosa, no era lo mismo aparecerse para una breve intervención en papeles pequeños, que estar en aquello. No pudo evitar buscar con la mirada al otro extremo del salón un par de ojos de mirada profunda. El chico no veía a McIntyre, pero su mirada bajo el ceño fruncido y perdida en algún punto del salón denotaba que estaba concentrado en lo que escuchaba. De pronto sus vistas se encontraron y ella desvió rápidamente la mirada fingiendo que estudiaba cada detalle del lugar. Y no es que el muchacho le cayera mal, de hecho en poco tiempo podía mencionar algunas de sus virtudes, era inteligente, amable a pesar de su impresionante apariencia de la que parecía no ser tan consciente, pero no sabía explicarse realmente que le pasaba con verlo, así que lo más sencillo era ignorarlo o fingir que lo hacía al menos.

¿Qué estaba pasando por aquella cabeza de rizos dorados? Se preguntó por centésima vez Terry. Desde que entraron al salón, él ya estaba ahí cuando ella llegó, notó cómo lo veía de reojo y se dirigía discretamente hacia el lado opuesto de donde él estaba, ¿tan mal le había caído desde el principio? Recordó el incidente con gracia y realmente no era para tanto la broma, tal vez era que ella sólo sintió esa antipatía que de pronto puede surgir entre dos personas, pero tenía que reconocer que él no sintió algo así. Eso lo hacía sentir muy incómodo y no es que le importara mucho caerle bien a toda la gente, sabía por experiencia en el teatro que las enemistades surgen de manera natural, tal vez producto de la competencia, pero procuraba no crearse problemas y siempre llevar la fiesta en paz. Al menos ese seguía siendo su plan, ahora también trabajando en Estados Unidos. Bueno, si la chica no quería charlar con él, sería mejor no acercarse salvo lo estrictamente necesario. Estaba decidido, pero ¿por qué sentía ese sentimiento de vacío tan repetino?

Los últimos 5 días habían sido agotadores. Levantarse antes del alba y acostarse mucho después del anochecer había recortado sus horas de sueño, y no es que fuera una chica perezosa, pero sin duda, dormir sus ocho horas diarias era vital para mantener su energía. Sin embargo, esa pereza matutina era fácilmente remplazada por el entusiasmo de estar haciendo lo que siempre soñó, e inmediatamente se le pasaba tras un baño obligado para despertar, y es que no podía olvidar que era la oportunidad de su vida y privarse por una temporada de sus horas regulares de sueño, valdría la pena.

En esos días, su tiempo se había repartido entre una dinámica diaria de ejercicios con un entrenador personalizado, horas de análisis de su personaje con la directora Gracie Hunt, y algunas actividades grupales entre el equipo de producción y parte del elenco de la próxima serie. Aaron McIntyre, productor de la serie y que se había sentido enganchado al proyecto en cuanto tuvo el guión en sus manos, era un convencido de que el éxito radicaba en la armonía, por eso, antes de iniciar decidía aislar a su próximo equipo de trabajo. Y ahí estaba ella, ante un fresco amanecer en las montañas, muy diferente al clima de California, dirigiéndose hacia su entrenamiento matutino, cuando una voz le erizó la piel.

¿Madrugaste pecas? – se emparejó a su andar aquel atractivo chico de melena oscura y ojos que en ese momento se veían intensamente azules.

Parece que la perfección de su vida ese día se vería interrumpida más temprano que de costumbre, regularmente veía a Terry durante el desayuno o las actividades grupales, pero nunca tan temprano en su entrenamiento.

Creo que el que madrugó fue otro. Yo siempre estoy en pie a esta hora.

Yo también, sólo que hoy me cambiaron la rutina de entrenamiento, parece que haré algo al aire libre.

Bien, allá está John, el entrenador. – caminó adelantándose a su acompañante.

Que suerte, es el mío también el día de hoy, creo que Jessie tuvo que regresar a California ayer por la tarde – le alcanzó y sonrió con desfachatez.

El joven entrenador al parecer tenía caja llena en ese momento, acompañado desde la directora, el productor, algunos miembros del staff y los actores que se habían sumado al campamento que habían llegado el mismo día que Candy. Vio a su pelirroja amiga Isabelle que se le había adelantado esa mañana y se acercó a ella dejando ahí a Terry que la miró con un gesto casi burlón. Llegó la rubia con su amiga quien platicaba animosamente con el guapo Arnold Conrad y Jason McArthur, que por cierto ya se habían convertido en lo que parecía un pequeño club.

Que bien que ya llegan, únicamente hay que esperar a Mary Ann y un par de personas – dijo el entrenador al ver aparecer a los chicos – traten de ir estirando los músculos, hoy tendremos una rutina tranquila, caminaremos por algunos senderos.

Tengo miedo de tus rutinas tranquilas – apareció Mary Ann – la última vez que te pedí algo no tan complicado para bajar unos kilos que me pedía el personaje, no podía ver ni mi sombra de perfil.

Eso debería darte orgullo – venía a su lado la publirrelacionista Nicole Fraser – Yo siempre debo estar al pendiente de la báscula, y si pudiera dedicaría más tiempo al gimnasio.

Pero si vas dos horas diarias – le dijo el entrenador – Es más, creo que tras el último entrenamiento tu cuerpo se estilizó de manera espectacular.

Gracias – sonrió satisfecha de al parecer estar escuchando lo que esperaba.

Bueno, marcar un poco mi abdomen no me vendrá mal – dijo un joven alto de cabellos rubio.

Candy lo identificó rápidamente, era el actor Oliver Kidmann, quien apenas había llegado el día anterior al campamento y fue recibido amenamente por el productor McIntyre, pues parecía que el chico había logrado siempre incorporarse a ese aislamiento en las montañas. Candy observó a todos los presentes haciendo su recuento mental sobre quienes eran parte de ese proyecto: estaba gente del staff, algunos camarógrafos, gente de edición, de iluminación, de diseño, vestuario. Todos ellos habían llegado el mismo día que ella. También estaba la directora, Gracie Hunt, esa rubia mujer madura de cuerpo enjutado, con su mirada analítica que la hacía sufrir en cada sesión, pero debía reconocer que su enseñanza era genial. Por supuesto los otros actores que venían en la vagoneta cuando ella llegó, como el de cabellos oscuros, Jason McArthur, con quien se llevaba excelente desde su encuentro en el avión. Estaba el otro actor, Arnold Conrad, bueno, no era propiamente actor pero todo mundo decía, o al menos eso le había informado Isabelle, era hijo de un acaudalado empresario involucrado un poco con algunas casas productoras de cine. También estaba Mary Ann Reeve quien parecía tener una prisa por engordar como nadie.

A quienes admiraba profundamente era a las tres actrices maduras que se habían hecho presentes en aquel campamento, Julia McMahon, que su esbelta figura y rostro apacible la hacían lucir más joven que sus entrados 40´s, o Catherine Blanchet, un poco más joven y con cuerpo de modelo, profunda mirada azul, además de un rostro ovalado perfecto enmarcado por su cabello rubio oscuro. La mayor de ellas, y reconocida por hacer también muchas películas de cine, sobre todo del tipo independiente, la actriz Maguie Smith de rizado cabello y robusta figura. Con todas ellas había tenido oportunidad de compartir el taller personalizado de Gracie Hunt y al parecer había logrado una buena opinión.

Además, en la semana se habían incorporado dos figuras de televisión conocidas para Candy, y seguramente para mucha gente. Estaba un joven de su edad, Daniel Clarkson, rubio, ojos azules, cuyo rostro todavía no se endurecía por la edad y fácilmente podía pasar por una persona menor, el chico había hecho un excelente papel en la serie "Duties" y Gracie había platicado con ellos la tarde anterior, considerando que eran personajes que pronto entrarían en acción en la serie, habían hecho algunos ejercicios de interpretación y había logrado una excelente química con el joven. Y estaba otro actor, Sean Leigh, que si no es porque lo había escuchado contar excelente chistes, juraría que era todo un chico malo, tenía unos ojos agatados casi similares a su amiga Isabelle, y arqueaba de manera inconsciente las cejas cuando estaba serio, dándole más su apariencia de villano. Sin duda haría muy bien su papel en la serie, lo había visto en otras haciéndola de rudo. Candy intuía que esa era una parte del equipo, en una serie siempre se suma gente en el camino o las cosas cambian simplemente. Por lo pronto eran bastantes, pensó, cuando su amiga la sacó de sus cavilaciones.

Arnold no está tan mal – le murmuró discretamente Isabelle – Aunque Terrence sigue siendo mi favorito, lástima que no puedo hacer nada.

¿Por qué? – se sorprendió Candy. Isabelle nunca se había caracterizado por desistir de una conquista.

Mmm…creo que el tiene otro interés en este momento – siguió Candy la mirada de su amiga y pudo notar que Terry la miraba sin dejar de charlar animadamente con Mary Ann.

Su amiga Isabelle le sonrió al joven inglés y saludó abiertamente, él le contestó sin dudar, para su mayor sorpresa el chico decidió de pronto acercarse a ellas.

No lo había planeado, se quedó sorprendido de sí mismo Terry, todos estos días había seguido su plan original de apartarse de la rubia, pero la forma en la que lo evadió apenas unos minutos antes picaba tremendamente su curiosidad, y ahora sus pies ya lo llevaban ahí. Se sintió desleal consigo mismo al saber que usaba de pretexto el saludo de aquella guapa pelirroja sólo para acercarse a la pecosa. No está bien, sigue tu plan original, ¿para qué quieres hablar con ella? No lo sé, pero quiero averiguarlo, fue su sincera respuesta para sí mismo.

Listas para el recorrido – dijo el chico apenas llegó junto a ellas.

Oh, claro, por fortuna esto de caminar y correr siempre se nos ha dado bien, ¿verdad Candy?- respondió la pelirroja y le sonrió a su amiga con malicia.

Er…sí, al menos lo intentamos – dijo Candy tratando calmar el repentino cosquilleo en su estómago que le había provocado ese tono masculino perfectamente marcado por su acento británico.

Yo diría que es más que eso – dijo otra voz masculina en un tono más que apreciativo.

Y ahí estaba ahora junto aquellos tres el otro joven actor Arnold Conrad. A Terry no le caía mal precisamente aquel junior, como lo calificó automáticamente al saber que estaba en el proyecto por contactos de su padre y no precisamente por talento. De hecho, así era en muchos lados, los hijos de gente influyente podían conseguir un rápido lugar en el mundo de la actuación con sólo una llamada. Así que aquello no era novedad, lo que le molestó fue la apreciativa mirada que hacía ahora sobre la sudadera y pants de la pecosa.

Esto de la convivencia no ha estado mal- comentó Arnold – Aunque ya comienzo a extrañar las salidas nocturnas.

La calma del campo es muy agradable – observó la rubia, ella lo prefería de hecho.

Sí, pero coincido con Arnold – dijo su amiga y arqueando su ceja se dirigió al chico sujetándole el brazo coquetamente – Regresando tendrás que llevarme a ese club exclusivo de Beverly Hills que tanto me has presumido.

Claro, es un hecho – no rechazó el coqueteó y luego se dirigió al británico – Y ¿qué lugares sueles visitar en Londres? Hay unos clubs geniales, en mi última visita fui al The Bridge*.

Oh, te refieres a The Bridge – dijo el nombre fingiendo un tono de devoción en broma, Terry sabía eran muy selectivos en ese lugar y no había intentado ni por error querer colarse – Bueno, amigo, sabes a qué lugares ir en Londres, sin duda. Me temo que no he tenido el gusto, soy más de perderme entre pubs y bares tranquilos, ya sabes, la bohemia de los compañeros del teatro.

Oh, también hay muchos muy agradables. Tendremos que organizar un recorrido entonces por esos lugares…

La charla fue interrumpida por el entrenador que en ese momento daba las indicaciones para comenzar el recorrido…harían senderismo, un rato a trote y otros simplemente caminando. Todo mundo comenzó a andar en cuanto el entrenador les indicó. Había pasado la primera hora del tranquilo paseo, en el que por minutos trotaban todos a la indicación de su guía. Habían hecho aquella parada al pie de unos pequeños riscos donde ya los esperaba un grupo de gentes equipadas con algo que a Candy le pareció "deporte extremo". Sí, conocía bien ese equipo, su hermano mayor Matthew que le llevaba 8 años, era amante del deporte al aire libre y escalar o hacer rappel eran sus actividades favoritas; recordó cómo a él le gustaba irse los fines de semana con sus amigos de preparatoria, pero cuando estuvo en la facultad de medicina, durante dos veranos seguidos las llevó de camping a ella y su hermana Alice, que era mayor cuatro años. No era una experta, pero tenía el conocimiento básico.

Bien, dejen tomo aire – les llamó a todos el productor McIntyre – alguien me regaño ya por esta ocurrencia de que practiquemos un poco el escalar, pero mis expertos amigos me aseguraron que este risco es muy pequeño, prácticamente para novatos y la actividad en grupo que puede hacerse será muy educativa. Si alguno de ustedes definitivamente no se anima ni quiere tomar el riesgo no está obligado, pero los que sí, hay que anotarse para formar los equipos.

Diablos, genial – dijo Jason, el chico de cabellos oscuros – creo que lograré pasar la etapa principiante ¿te anotas Sean?

Claro, esta bronceada piel no es por pasármela en el gimnasio – rió el aludido.

Yo paso – dijo Isabelle – prefiero seguir con el senderismo

Yo me apuntó – rió Candy con entusiasmo

¿no se te dificulta escalar? – preguntó ávidamente la directora Gracie.

No, solía irme con mi hermano de camping.

Excelente – le sonrió y luego se dirigió a McIntyre – Aún así se ocupará el doble, no la vamos a poner en riesgo.

Claro, pero facilitara las tomas áreas…

Candy no hizo caso de la charla, pero había leído el argumento y un libreto de su primera intervención. Recordaba eso de "trepar árboles" y no se imaginaba ser una chica tan dinámica como lo era su personaje, con el que se sentía más interesada conforme hacía sus estudios de personaje con la directora Gracie Hunt.

De acuerdo, verán tenemos dos equipos montados en el risco, la inclinación es leve y la altitud sólo los hará ejercitarse – les dijo el entrenador especializado en escalar – vamos a ir subiendo de uno en uno y entre ustedes se harán contrapesos y guiarán a sus compañeros. El que logren subir todos y bajar todos, es responsabilidad de cada uno. Bien, comencemos por los más diestros.

Prácticamente una tercera parte del grupo decidió quedarse a la práctica. El resto siguió el recorrido con el entrenador. Decidieron quedarse un par de gente de producción, la directora Gracie Hunt, que se ganó un aplauso de todos cuando dijo que ella lo intentaría; Terry dudó un segundo hasta que vio el entusiasmo de la rubia; Mary Ann, Oliver Kidmann, y Daniel Clarkson fueron los primeros en la fila y en colocarse los arnés de cintura. Había en una maleta llena de diversos números de zapatos llamados "pies de gatos", especiales para escalar, y una persona les iban entregando un par de acuerdo al número que solicitaban.

¿Así que ya has escalado antes? – le preguntó cordialmente Daniel a Candy cuando ambos se habían sentado en el terroso suelo para cambiarse de zapatos.

Sí, sólo un par de veces, mi hermano es amante del deporte extremo.

Oh, tienes un hermano…

Dos de hecho…una hermana y un hermano, mayores que yo.

Ah que bien, así que eres la consentida – dijo bromeando

Mmm – hizo una mueca – no precisamente

¿no me digas que eres la oveja negra de la familia? – rió el chico rubio.

Vengo de una familia reconocidos cirujanos así que…- encogió los hombros la chica como restándole importancia a su situación familiar.

Y tu decidiste ser actriz – dedujo el joven – Me parece familiar tu historia, mi padre estudió leyes en Harvard y ha asesorado a importantes empresas y a alguno que otro político…¿Qué crees que pasó cuando le dije "lo siento, no me haré cargo de tu buffet, me voy a Hollywood"?

Me lo puedo imaginar – le sonrió de lado Candy y se sintió muy bien al compartir esa breve charla con el actor.

Claro, ahora está muy contento, mi carrera ha ampliado su cartera de clientes…también las estrellas comienzan a visitarlo, de hecho ahora es él quien me insiste que deje la televisión y dé por fin el gran salto a la pantalla grande, pero yo digo que todo a su tiempo. Estoy bien en la tele, no voy a descuidar mi carrera ni precipitarme en cualquier proyecto en el cine.

Tienes razón, lo mejor es concentrarse sobre una cosa y perfeccionarse. -

El instructor terminó de organizarlos en dos equipos, cada uno tendría un capitán profesional responsable. El reto era subir y bajar sin poner a nadie en riesgo. El equipo perdedor se encargaría de servirles a todos en la cena y el desayuno del día siguiente. Además de la gente de producción que quedó dividida en dos, en un equipo quedaron los actores: Terrence Grent, Candice Andrews, Jason McArthur y Daniel Clarkson; por el otro Oliver Kidmann, Mary Ann Reeve, Sean Leigh, además de la directora Gracie Hunt y la publirrelacionista, Nicole Fraser.

Ambos equipos comenzaron a ponerse de acuerdo en cuanto el instructor les dio la indicación. Daniel y Candy platicaban animosamente sobre quien subiría primero. El capitán de este equipo les dio un orden para el ascenso y en cuanto a los actores primero subiría Jason, le seguirían a él dos personas del staff de producción, luego sería el rubio Daniel, con otros más de producción, para luego que fuera Candy y justamente tras ella, Terry.

Maldición – murmuró por lo bajo la rubia.

¿Qué dijiste? – le preguntó Daniel que seguía a su lado.

El armazón, que no se vaya soltar el armazón – dijo torpemente

Espero no te pongas muy nerviosa Candy, porque iré justo atrás de ti – se acercó Terry sonriendo.

La sostendremos bien desde arriba – le siguió la broma Daniel

Qué no habrá mucho que cargar y lo digo como cumplido – se unió a la charla Jason.

Tú y tus ocurrencias – no pudo evitar sonreír con su moreno amigo.

La simpatía que sentía Candy hacia Jason era natural, incluso antes de tratarlo en el avión, cuando lo veía salir con su amiga Isabelle, podía decir que el chico le inspiraba confianza. Era lo que ella definía como un tipo auténtico. ¿Era Terry también auténtico? Una parte de ella le decía que sí, pero había otra que le impulsaba a salir corriendo al lado opuesto de donde él estuviera.

Los equipos ya se movían y pronto le tocó el turno a ella para escalar. Desde arriba les gritaban con ánimo los compañeros que ya habían cumplido la primer parte del trayecto.

Bien pecosa, sé que tú puedes – le dijo Terry con una sonrisa abierta.

Tal vez era la adrenalina del juego, pero en ese momento Candy pudo ver en su rostro una sinceridad y entusiasmo sólo equiparable al de un niño en una mañana de Navidad abriendo sus regalos. Su reacción fue puramente instintiva y de pronto le estaba sonriendo de igual manera.

Veremos qué tal lo hace caballero inglés – y con movimiento ágil se ubicó frente al risco y comenzó su ascenso.

¿Era el entusiasmo de escalar, cosa que no había hecho en su vida, pero confiaba en su buena condición física para lograr el reto, lo que había puesto a su corazón a latir a mil por hora?, ¿O había sido esa sonrisa y ese brillo en la mirada esmeralda? Qué importa, se dijo Terry, aunque sabía que sus emociones ya estaban sufriendo un giro impresionante mucho antes de que fuera conciente de ello.

El ascenso fue relativamente fácil para Candy. No así para Terry que tuvo que tener más cuidado ante la falta de práctica aún cuando tuviera una buena condición.

¿Demasiado rudo para un inglés? – le bromeaba Candy desde arriba mientras se aproximaba a su objetivo.

No hieras mi ego, pecosa, voy bastante bien para ser mi primera vez.

No gastes oxígeno – le dijo riendo - ¡Hombres! No pueden ver que una chica sea mejor que ustedes en algo.

Mmm – sólo gruñó el actor. Tenía que admitirlo, lo estaba pasando estupendamente.

Al parecer la actividad estaba cumpliendo con su objetivo, se dijo Candy cuando llegó a la cima y ayudaba a Terry a dar sus últimos avances en el risco, parecía que podía hablar tranquilamente y en broma con el chico británico. No entendía porque había asumido esa absurda actitud de salir corriendo cada vez que hablaban. Y la armonía siguió hasta terminar la actividad. Finalmente, no pudieron ganarle al otro equipo, la lentitud de algunas personas de producción prácticamente los condenaron en el descenso porque muchos comenzaron a acobardarse.

Me preguntó que iremos a servir esta noche en la cena – comentó Jason cuando el grupo ya iba de regreso a las cabañas

Espero que no quieran un servicio de restaurante de lujo, con que les llegue la comida a su sitio es más que suficiente – respondió Candy.

Cuando llegaron a las cabañas, Isabelle y Arnold platicaban amenamente sentados al pie de la escalera del porche de la cabaña en la que se alojaban la pelirroja junto con su amiga.

Mira que mal custodiada vienes – se puso al verles le dijo a su rubia amiga

Se necesitaron tres caballeros para sacarla de apuros en el risco – dijo Daniel.

No creo que alguien aquí quiera que les recuerde quien es el peor escalador de nosotros – dijo la aludida.

Lo mío es el teatro, definitivo – dijo Terry con gesto resignado y torciendo la boca.

Creo que sí – le dijo riendo Candy.

El chico la vio a lo ojos al escuchar su risa, ello lo estaba viendo a él. La conexión fue automática, como la primera vez en aquel pasillo junto al botellón de agua. Hubo un segundo de silencio ¿o fue más tiempo? Alguien aclaró su garganta ruidosamente.

Er…sí, muy divertido la escalada – comentó Daniel con inocente rostro.

Sí…sí…mucho…bastante – habló atropelladamente la rubia – Creo que entraré a cambiarme…sí, debo quitarme toda esta mugre…este…los veo, los veo al rato…en el comedor.

Creo que yo también debo cambiarme – habló maliciosamente la pelirroja.

Bien, te veo más tarde – le dijo Arnold sin dejar de verla seductoramente.

Nos vemos entonces – dijo Terry cuando sintió que había recuperado el habla.

Rápidamente todo mundo tomó camino a sus chozas respectivas. Apenas cerró la puerta, Isabelle casi se va encima de su amiga emocionada.

¿Me vas a decir qué ha sido eso entre tú y Terry? Vienen muy sonrientes, tan amigos y se quedan mirando como idiotizados por unos segundos.

No es…

No digas que "nada".

En serio – abrió exageradamente sus ojos y luego busco apresuradamente su ropa en el ropero de madera que estaba frente a las camas.

"En serio" – la pelirroja imitó el tono en un tono exageradamente agudo , se sentó en la orilla de su cama y la vio suspicazmente – Admítelo…

¿Qué? – gesticuló la rubia encogiendo sus hombros

Candice Andrews estás enamorada…

Nooo…¡¡¡cómo crees!!!

… - la chica sólo arqueó la ceja guardando silencio y reprimiendo una sonrisa en sus labios.

De acuerdo…es guapo…¿contenta?

Eso es obvio, el hombre derrite con la mirada…

Bueno, lo encuentro tan atractivo como la mayoría de las mujeres…

No, no es solo eso. Lo veías como…aah…ni cuando saliste con el tal Michael te veías tan endiosada…

No estoy enamorada – le dio la espalda y se metió al baño – Pero el corazón me late a mil cuando lo veo – admitió en un murmullo para sí.

En otro punto de ese dichoso campamento, el joven Terry recordaba la jornada del día repitiendo constantemente en su mente las imágenes de su pecosa, mi pecosa, se dijo sonriendo de lado.

Vaya, creo que me enamoré – soltó un suspiro dejándose caer en la cama.

NOTAS DE LA AUTORA (14 MARZO 2009): Una gran disculpa a quienes han seguido este humilde fic, podría decirles miles de cosas que me han impedido hacerlo, pero ninguna disculparía la espera para quienes se han tomado la molestia de leerme. Sólo puedo traerles de nuevo una partecita más de esta loca historia que sigue rondando en mi mente y que sólo espero que el tiempo y mis actividades me dejen darle la continuidad que se merecen

* N/A "The Bridge" es un lugar ficticio, me quise evitar buscar lugares reales de clubes por aquello de pecar de ignorancia jajaja.