Disclaimer: Antes que nada decir, por supuesto, que todos los personajes que use, lugares que los personajes visiten, etc, son de JKRowling. Además todas las ideas que se me puedan ocurrir, son inspiradas por la maravillosa saga que esta creó. Sobra nombrarla: Harry Potter ^^

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Hermione despertó al sentir el cálido roce de algo en sus manos. Entreabrió los ojos y en seguida se dio cuenta de donde estaba. Saltó de la silla, asustando a varios magos que tambien estaban sentados en la sala de espera y buscó el modo de saber exactamente cuánto tiempo llevaba dormida. Fue entonces cuando se percató de la presencia de un gato celeste en el asiento de al lado al que estaba sentada. Era el patronus de McGonagall, el cual la miraba firme y casi tan tieso como su dueña. Era un patronus del todo nítido, perfecto. No pudo evitar alabar la grandeza y belleza de la magia de la profesora de Transformaciones.

- Profesora - la saludó

- Señorita Granger. - la voz de la profesora McGonagall sonó tan fuerte como si su dueña estuviera presente - Vengo a informarle de que el Severus Snape se encuentra grave. No se sabe el motivo de que siga vivo después de que el veneno de la serpiente destrozara su cuerpo por dentro. Aun asi, lamentablemente, no le dan muchas posibilidades de recuperación - la informó. Con un gesto de cabeza se despidió y, desapareció.

Le hubiese gustado más información y, de hecho, se había quedado con la respuesta en la boca, pero el patronus tan solo era capaz de repetir las palabras de su amo, no entablaría conversación con ella nunca. Le habría pedido al menos que la siguiera manteniendo informada, pero ni eso.

Preguntó la hora a un anciano brujo que se sentaba enfrente de ella obteniendo por respuesta un seco "Seis y diez".

Buscó en la sala algún rostro conocido sin ningún éxito y se dirigió al mostrador. El patronus de McGonagall podía llevar ahí esperando a informarla mucho tiempo. El estado del profesor podía haber cambiado desde entonces. La sala se encontraba más accesible que antes de que ella se durmiera, hacía mucho que se había quedado dormida: dos horas. La dependienta sonrió a Hermione y le preguntó qué deseaba cortésmente, a pesar del evidente cansancio seguía cumpliendo su trabajo. La castaña agradeció esto, la ayudaba a sentirse bien, dentro de lo posible.

- Me gustaría saber de un paciente

- ¿Es usted familiar, amigo…? - preguntó echando un breve vistazo al montón de informes desordenados que iba a tener que revolver, una vez más.

- Pues… la verdad… no…- se apoyó en el mostrador. Le picaban los ojos y el mal sueño prevía un dolor de cabeza no poco serio.

- Entonces…. Lo siento - se disculpó incómoda por no poder atenderla - No puedo darle información de cualquiera, sería violar la privacidad de dicho paciente

- Yo lo traje - argumentó rápidamente Hermione - Lo encontré herido y… me aparecí con él aquí…

- Aun asi, si no es usted…

- Por favor - rogó - Fue mi profesor y me preocupa su estado - soltó segundos antes de darse cuenta que si, por ese motivo fuera, no habría insistido tanto. La verdad, no sentía ni sintió nunca ningún interés especial por su profesor sino todo lo contrario, rechazo.

La joven recepcionista se lo pensó unos segundos y, finalmente, cedió. Desvió sus cansados ojos al montón de informes.

"¿Cómo se llama?

- Snape, Severus Snape - respondió feliz de lograr su cometido

- Hmm… quizás tarde un poco - se disculpó. Hermione apoyó la cabeza en el mostrador, oscureciendo su campo de visión - Hoy hemos tenido mucho lio" rió irónicamente - Quizás… me puedas decir algo… alguna cosa que caracterice a este hombre y pueda reconocerlo más facilmente. Tengo buena memoria - sonrió mientras Hermione levantaba la cabeza

- Pues…- pensó - …él… iba de negro - Muchos de los que aquella noche habían entrado en San Mungo iban de negro. Se dio cuenta segundos después de decirlo y no pudo evitar reírse de su tontería con la recepcionista. - Bueno, con la cantidad de gente que había quizás no me viera pero… me aparecí ahí detrás - dijo señalando el sitio exacto - pidiendo ayuda. Parecía muerto pero respiraba levemente… Le mordió Nagini, la serpient…

- ¡Oh claro! - se le abrieron los ojos como platos al levantarse y dirigirse a el montón de informes de otro mesa - Ese hombre es, increíble - dijo absolutamente asombrada rescatando el informe

- ¿Increíble? - se preguntó extrañada. Aun no podía saber el mundo mágico lo que Snape había hecho por ellos.

- ¡Claro! ¡Ha sobrevivido! - dijo como si fuera obvio - El venero de esa serpiente tenía que ser… Quiero decir, - la recepcionista parecía más concentrada en el supuesto milagro que en atender debidamente a Hermione. Le hablaba como a una amiga - aun sin ser la serpiente del que no debe ser nombrado, sobrevivir a su veneno sería imposible. ¿Sabes? Se mucho de venenos y te aseguro que no miento. Nunca había visto un caso asi. Solo aguantar 10 minutos con vida después de haberte mordido ya es milagroso. ¡Ni decir tengo lo que es esto! - sonrió mientras abría el informe.

- Entonces… ¿sigue vivo? - preguntó

- Si… - afirmó mientras leía - Bueno… está muy grave y… aquí pone que no hay muchas esperanzas…- volvió a serenarse - pero ahora mismo está estable, totalmente vigilado y lo están sometiendo a varias pruebas…- leyó relajando a Hermione

- Bueno, pues… gracias - sonrió la chica

- De nada - le dijo la recepcionista devolviéndole la sonrisa

Hermione retrocedió y se sentó en el banco más cercano libre que tenía. No hacía nada ahí, debía irse. Además, si en San Mungo ya no había tanto barullo, en Hogwarts tenía que haber menos aun. Ya no podía ayudar.

Se apareció en el castillo y tras confirmar su teoría, saludó con la mano a Hagrid y Gramp, los cuales se llevaban los últimos escombros, y se dirigió a la sala común de Gryffindor. La señora gorda le abrió con mucho gusto y pocas quejas a pesar de no tener la contraseña. Estaba demasiado ocupada diciendo lo maravilloso que era Harry Potter y asegurando que ella siempre había apostado por él, por el niño que venció al que no debió ser nombrado.

Mientras ocupaba una de las camas sin usar pensó que era cierto. Todo había terminado, el temido Señor Tenebroso había muerto y lo había derrotado Harry Potter. Ella tambien supo siempre que ganarían, siempre confió en Harry.

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Cuando despertó decidió hacer eso que tanto había deseado en los ultimos meses. Se quedó en la cama y pensó. Adoraba esos momentos en los que eran ella, el descanso y la cama calentita. Pensó en lo tranquila y feliz que la vida podría ser ahora. No es que hubiesen sido horribles los últimos años pero seguro que correr peligro de muerte no era algo que se pudiera introducir en la lista de las cosas que más feliz la hacían.

No sabía qué hora era y, la verdad, no le importaba. Ya tendría de qué preocuparse cuando se levantara, ahora solo le preocupaba no perder el calor del edredón. Era super importante pues, si él, se habría roto el encanto del momento.

Sacó despacito la cabeza de la oscura comodidad del edredón y descubrió que era de día. Entonces la puerta se abrió.

- Hermione - dijo Giny desde la puerta - Tienes que levantarte

La pequeña felicidad desapareció al recordar a Fred.

- Vamos a ir todos abajo - la informó mientras se sentaba al borde de su cama - La profesora McGonagall nos ha convocado. A los todos…
- ¿Por? - se desperezó y se sentó. La joven pelirroja no parecía estar en su mejor día. Tenía ojeras aunque, quién no las iba a tener después de la noche anterior. Llevaba el pelo en un moño evidenciando la falta de peinarlo o, mejor dicho, el exceso de movimiento de la noche anterior. Esto le recordó que tenía que bañarse, debía estar asquerosa.

- Debería bañarme Giny - le dijo mientras miraba con asco la ropa que llevaba de día anterior

- No podemos. No hay tiempo - negó - Vamos, aséate un poco y te presto algo de ropa - le ofreció

Hermione no pudo más que sonreír agradecida.

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- Harry lleva en el despacho de Snap… e… un rato - le fue diciendo mientras bajaban al Gran Comedor. - Hablando con McGonagall, Kingsley y unos cuantos más de la Orden. No sé qué les habrá contado pero, supongo que nos lo dirán ahora.

Hermione si sabía lo que les habría estado contando. Resultaba extraño que ahora fuera a saber todo el mundo los secretos que habían tenido más de un año. Las Reliquias, los Horrocruxes, Dumbledore… Pero debía ser asi, debían contar al mundo mágico lo que verdaderamente había ocurrido. Era lo justo.

Entraron en el Gran Comedor. Estaba lleno de gente aunque no eran alumnos. Todos los miembros más importantes de la Orden se encontraban donde debiera estar la mesa de los profesores, incluidos Harry, Ron y Neville, lo que hizo sentirse tremendamente orgullosa a la muchacha. El resto de la sala estaba repleto de magos y brujas que reconoció de la noche anterior y dos periodistas con sus cámaras y equipos que, supuso, sería del Profeta. Esto último la molestó terriblemente. Era bien sabida la costumbre de trasjiversar las noticias en ese periódico. Giny se dio cuenta de esto.

- Hermione - captó su atención mientras recorrían el pasillo para sentarse cerca - No pasa nada. Kingsley es ahora el Ministro de Magia provisional. No dejará que ninguna noticia diga estupideces - Hermione suspiró aliviada. No era ético engañar al mundo mágico nunca y menos cuando de algo tan importante se trataba.

Harry llamó a Hermione desde arriba mientras la gente comenzaba a callarse para que subiera y esta lo hizo. Poco a poco el silencio cubrió la estancia y Kingsley habló.

- Bienvenidos, miembros de la Orden, del Ministerio y, prensa – recibió a todos los presentes – Es un enorme placer poder reunirnos todos, hoy, y en este lugar, para informar sobre lo acontecido la noche pasada. Yo, personalmente, estoy muy agradecido de la compañía – sonrió.

El comentario no pasó desapercibido por Hermione, la cuál pensó en los discursos de Dumbledore. Kingsley sabía hablar al público y, de hecho, utilizaba expresiones similares pero, no era lo mismo, Dumbledore tenía ese guiño especial, único, inimitable.

- Podría contar yo muchas cosas pero, no es justo quitar merito al que verdaderamente lo merece – admitió – Me ha costado convencerlo, es un chico muy tímido aunque no lo crean, pero finalmente lo he convencido para que sea el mismo quién os relate la historia, la verdadera historia – apuntó mirando a los periodistas - ¿Harry?

Harry se acercó lentamente y sonrió nervioso. Le temblaban las manos y la voz cuando saludó:

- Hola. Soy Harry Potter - se presentó como si de un desconocido se tratase - y, antes de empezar me gustaría… bueno – se le subieron los colores, todo el mundo le miraba. Hermione deseo poder ayudar a su amigo pero no podía hacer nada, tendría que ser valiente. Cierto era que siempre había demostrado dicha cualidad pero, no tan expuesto, por asi decirlo – Quiero agradecer en general a toda la Orden – dijo volteándose – Sin ellos, seguiríamos hundido en la oscuridad de Lord Voldemord y bueno… Agradecer, tambien a los fallecidos, especialmente a Remus Lupin. Después de…- se paró. No estaba seguro de si era conveniente decir aun que Sirius Black fue su padrino – quiero decir, era lo más parecido a mi "familia" – se rió ante la palabra – que nunca tube y, una vez más, se me ha ido… junto con Tonks. Tambien a Fred Weasley – puntualizó mientras George, detrás de Harry, dejaba escapar una lágrima – que fue uno de mis mejores amigos aquí en la escuela, fuera y, bueno, quién no lo conozca hoy en día no tiene más que preguntarle a George – y lo señaló – Lo siento George – le dio su pésame personal – Pero, sobretodo quisiera agradecer el apoyo de dos, bueno, tres personas en especial. Una de ellas tampoco puede reunirse con nosotros ahora mismo y es Albus Dumbledore. Él fue un gran director y un gran… amigo… para mi – le dolía hablar – Y, los otros dos son mis compañeros, fieles siempre. Si los que, estoy seguro, esta guerra nunca se habría ganado. Ellos son Ron Weasley y Hermione Granger – proclamó, alzando la voz y señalándolos para que se acercaran

Ambos lo hicieron y abrazaron a su amigo por cada lado sonriendo.

- Las ganas y el valor de Ron, la inteligencia y el coraje de Hermione… entre sus muchas cualidades y, por supuesto, defectos, – sonrió – sin los cuales, no habría logrado nada. – Toda la sala aplaudió ante la evidente emoción de Harry – Gracias chicos –dijo entre lágrimas

Toda la Orden, aplaudía y silbaba de alegría detrás. Sabían de lo que Harry hablaba y opinaban igual que él. Habían sido los tres unos verdaderos héroes.

- Bueno… tras esto –sonrió mirando al suelo después de soltar a sus amigos – Procederé a relatar la historia.

La profesora McGonagall colocó una silla alta detrás de Harry para que no se cansara. Tenía mucho que contar. Y todo quedaría entre los miembros de la Orden, los del Ministerio, que no habían sido arrestados, y los dos periodistas. La noticia se difundiría pero, aun asi, el sentimiento de ser posguerra, de unión, era intenso. Todos los ahí presentes habían luchado por derrotar al que no debió ser nombrado a pesar de lo que esto acarrease a sus vidas, a pesar del sufrimiento constante que suponía. Era como una reunión de veteranos de guerra, aunque con gente joven, pensó Hermione.

Harry habló durante un buen rato. Comenzó con la profecía y siguió, por supuesto, con la muerte de sus padres, con el contacto que tenía con Voldemord. Continuó acusando a Peter Pettigrew y exculpando a Sirius. Después su traslado a Privet Drive. Admitió que su vida ahí no era lo que se dice "feliz" pero no dijo, pues no era relevante, que era una autentica porquería.

Continuó hasta llegar a la muerte de Dumbledore. Contaba lo absolutamente necesario, por lo que se saltó la sustancia de las conversaciones con Dumbledore de un modo increíble y la existencia de las Reliquias quedó reducida a la Varita de Sauco que, por su puesto, se había encargado de guardar apropiadamente en el mismo sitio del que Voldemord la sacó. Eso si, como su criterio acerca de donde debía o no estar la varita podía ser criticado, dijo que de esa labor se había encargado el ministerio.

No se olvidó, ni mucho menos, de limpiar el recuerdo de Snape. Tarea que, no era facil. Pudo demostrar su lealtad a la Orden pero no exculparlo de sus crímenes, entre los que se encontraba la muerte de Albus Dumbledore, un asesinato grave, pensó Hermione. El mismo director le habría corregido esa exprecion: grave. A pesar de lo que Aberforth Dumbledore habría opinado, Hermione estaba segura de que el director había aprendido de sus errores pasados. Desde que ella lo conocía, había sido un anciano muy, por no decir excesivamente, humilde con su poder.

Al terminar, juró, aunque no con magia, que lo que había dicho, era cierto y, por supuesto, no mentía. Simplemente se había ahorrado los puntos de la historia que podrían haber alborotado de nuevo el mundo mágico. Asi que, después de unas pocas palabras por parte de Kingsley y McGonagall, apareció la comida. Evidentemente, no duró mucho en su sitio pues, el comedor estaba repleto.

- Señorita Granger – la llamó McGonagall

- ¿Si profesora? – le preguntó interesada después de beber

- Me pidió que la mantuviera informada, ¿no es cierto? – le preguntó la profesora intrigada por el despiste, desinterés repentino o la vergüenza a preguntar de la chica

- Si claro – asintió levantándose de la mesa para acompañarla

-¡Hermione! ¿Dónde vas? – le preguntó Ron con la boca llena

- Ahora vuelvo, ¿vale? – se limitó a decir la chica.

Después de la guerra, y sobretodo en ese momento, se sentía super unida a los dos chicos con los que compartía su juventud. En especial, últimamente con Ron pues, toda la revolución los había acercado. Siempre había habido un extraño apego entre ambos, tan extraño que la palabra apropiada para nombrarlo no era apego. No estaba segura de cuál era. Se lo contaría todo al volver.

Profesora y ex alumna entraron en una de las habitaciones detrás del comedor.

- Sinceramente señorita Granger – opinó la maestra – no entiendo su interés por la persona que tantas injusticias ha cometido, a pesar de sus logros – puntualizó al ver cómo la cara de su alumna cambiaba para defenderlo. Algo que, por cierto, ni ella misma entendía – De todos modos, no puedo menos que informarla ya que fue usted la que lo salvó.

- Gracias profesora

- El prof…, quiero decir, Severus Snape parece que sobrevivirá. Está muy, muy –puntualizó – débil. Se encuentra en los cuidados intensivos de San Mungo y, honestamente señorita Granger, debo decirle que nadie sabe cómo ha sobrevivido por lo que su… recuperación… es un tanto incierta tambien. Tan bien como ha sobrevivido podría morir sin motivo pues se desconocen las causas de su "resistencia" al poder letal del veneno. Por supuesto, en caso de vivir, llevará a cuestas dolores crónicos y, por lo que los medimagos prevén, muy agudos.

- ¿Lo ha ido a visitar, profesora? – le preguntó sin saber si alegrarse o no por la noticia

La profesora suspiró incómoda y asintió con la cabeza.

- Lo fui a visitar justo en uno de los momentos en los que estaba conciente y, le aseguro que, no parecía, para nada, – volvió a puntualizar – feliz con su trabajo. Más bien parecía, señorita Granger, enfadado de estar vivo, si le soy sincera…- reconoció profundamente asqueada

- ¿Le dijo usted que… el que no… debió – dijo el verbo en pasado tras pensarlo – ser nombrado cayó?

- No y no creo que hiciera falta. Él mismo pudo comprobarlo en su brazo…- se refería, por supuesto, a la marca tenebrosa

-¿Quiere decir que…?

- Si, señorita Granger, parece que ya no existe la marca tenebrosa – asintió la profesora

- Eso es bueno – sonrió la castaña a su profesora la cual asintió aliviada

- Preguntó por el joven Potter… Quería saber si seguía vivo… - dijo tras una pausa – Después de lo que ha contado… -refiriendose a la charla de Harry - Reconozco la valía de ese hombre señorita Granger. Traicionó a su amada sin darse cuenta, (tengo que admitir, nunca imaginé que Lily…), y destinó el resto de su vida a la protección de su único hijo a pesar de que este le recordaba terriblemente a su "enemigo", por asi decirlo, que era James… Bueno, el simple hecho de ver a la persona que deseas irse con la que más odias ya es terrible… El caso es que, a pesar de eso señorita Granger, Severus Snape es una persona desagradable y arisca. Esas cosas no cambian. No pedirá su medalla y aceptará su condena, si no muere antes…

- Me agrada saber que, al menos, no le resta importancia profesora – sonrió ligeramente Hermione

- Soy justa señorita Granger, soy Gryffindor – dijo orgullosa

- Me gustaría pedirle un último favor… - se atrevió a decir

- ¿Si?

- Quisiera hacerle una visita – reconoció – Lo se profesora, lo se –cortó rápidamente el impulso de esta a negar semejante locura – no me va a dar las gracias, no voy con intenciones de recompensa por salvarlo. Simplemente… me preocupa. Me arriesgo – volvió a parar el gesto de negación de la maestra – a ser insultada, rechazada, lo que sea…- se rió ante la evidencia de ser expulsada del hospital por el desprecio del profesor

- Él no querrá verla y menos que la vea en el estado en que se encuentra – dijo firme – Le aseguro que no es agradable, no está cómo lo vio usted. El veneno no le deja asimilar los nutrientes necesarios para mantener su cuerpo vivo, si fuera un muggle no habría sobrevivido, necesita la magia para ayudar a su cuerpo a captar lo fundamental para vivir.

La verdad, esa información no le era necesaria, pensó Hermione. Ya se llevaría el susto pero, al menos, se evitaba el martirio de imaginarlo. Cierto, no era agradable.

- De todos modos profesora, insisto. No tiene por qué saber que voy a ir a verlo… - propuso algo avergonzada por sus palabras

- Es inaceptable señorita Granger. No mentiré a Severus – dijo rotunda – Me niego.

Hermione se dio cuenta que asi no conseguiría nada. Le agradeció a la profesora su atención e información y ambas salieron del comedor. Pero solo la profesora se quedó ahí pues, la castaña salió, y se dirigió hacia el que fue el medio de transporte hacia la salvación de miles de jóvenes magos la noche anterior: el pasadizo a la casa de Aberforth.

- Buenos días señor Dumbledore – le saludó – Un bonito día para el mundo mágico, ¿no le parece? – dijo feliz, sin evitar un poco de espinas contra las acusaciones que la noche anterior el anciano había lanzado a su hermano, pero, aun asi feliz.

Minutos después volvía a estar en la sala de espera de San Mungo. La recepcionista no era la misma, era perfecto pues, necesitaba el número de la habitación y, por supuesto, un hechizo que le permitiera entrar sin ser vista. Hecho de menos la capa invisible de Harry pero, no por su ausencia se detuvo.

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Gracias! A todos (q son 6) los que me han escrito Reviews (¡¡q son 6!!)
Nunca, repito, nunca, imaginé, tan si quiera tener 1, un día después de publicar mi fic (como me gusta decirlo: mi fic ^^)

sindzero: gracias! Muchas gracias! Qué poco dices y cuánto llena! :D

Aelita1993: gracias! Aqui va el segundo capi ^^ ¡Besos de... hmm.. caramelos de limón! :P

dulceysnape: gracias! Me ha encantado que te haya encantado mi primer capi ^^ ¡Este es el segundo!

Amelia Badguy: gracias! Dile a Inner que yo tambien sufrí cuando Severus murió T-T pero, aisss, qué feliz fuí al saber que era bueno! Yo esq lo sabía! Estaba segura! ^^

princesselve: gracias! gracias! gracias! (Yo tmb quiero que despiertee!) ¿Quién no tiene la duda? Sabemos que las parejitas oficiales dieron sus frutos pero... queremos más, más! ^^ He puesto guiones! Tienes razón, queda mucho mejor U_U He puesto el Disclaimer tambien :) pero, no se cómo ponerlo en el primer capi (esq no entiendo la pg esta muy bien ^^U) De todos modos, lo he puesto en mi profile, por si las moscas! Gracias de nuevo! Aqui el segundo capi (me leeré tu historia de HP en cuanto acabe los exámenes! Está en mi lista de preferencias! Ya te comentaré ^^)

DrakeMalfoy: graciass! Aqui dejo el segundo capi ^^ Espero que te guste!

Y bueno, en general, decir que... ando... ¿cómo decirlo? SATURADA a exámenes... asi que... me ausentaré una semana, dos quizás... Luego seguiré escribiendo!!
Espero que os guste este! Tengo que reconocerlo! Estoy super nerviosa! No sabía si iba a gustar mi modo de escribir porque a mi misma, a veces, no me gusta... Supongo que es cuestión de practica y, como no, de escribir y escribir y escribir y escribir... ^^

Con eso me despido hasta la proxima :D

PEACE&LOVE!

anikoko