Disclaimer: Antes que nada decir, por supuesto, que todos los personajes que use, lugares que los personajes visiten, etc, son de JKRowling. Además todas las ideas que se me puedan ocurrir, son inspiradas por la maravillosa saga que esta creó. Sobra nombrarla: Harry Potter ^^

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El hospital estaba realmente lleno de gente. La noche anterior, lo que había era mucho movimiento pero, lo que se podía observar esta vez era, básicamente, falta de espacio. Había enfermos, leves, supuso Hermione, en camillas en los pasillos y, en cada habitación, como mínimo, tres personas, siendo este el número de enfermos maximo establecido por el decreto de sanidad del Ministerio de Magia el cual, la joven, había leído.

Sabía que el primer piso era para pacientes con mordeduras, entre otras cosas, y no le había costado conseguir el número, la ficha estaba abierta en la mesa cuando fue a mirar. Además, dentro del hospital, no hacían más que hablar del caso de la 408. Asi que el camino se planteó facil.

No sabía exactamente por qué hacía lo que hacía. Ya podría preocuparse otro por el borde, repulsivo y prepotente Severus Snape. Nunca le había causado la más ligera buena sensación. Intentaba por todos los medios buscar en su magnifico cerebro algún momento en el que pudiera ver las verdaderas intenciones del profesor sin éxito alguno, todo lo que conseguía era una tras otra cara de asco. Pero, aun asi, sus pies decidieron entrar en la habitación.

El paciente se encontraba detrás de una tela corredera colgada del techo. Puso un encantamiento de protección para saber cuando se acercaba alguien y arrimó la puerta. La habitación no era muy amplia pero iba sobrada para el único residente que tenía. Había infinidad de armarios pegados a las paredes con material médico, según pudo comprobar, para innumerables situaciones de peligro. Era evidente que no sabían que esperar del paciente pues se había prevenido para todo.

A dos pasos de la tela paró. ¿De verdad quería verlo?

Si, quería.

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"Blanco" fue el primer pensamiento que le vino a la mente al entrar. ¿Por qué no se había esperado verlo de blanco? Estaba en un hospital, enfermo. De negro no iba a ir. De todos modos la mente de la joven no se detuvo mucho en ese detalle. La cara, totalmente demacrada del profesor fue, con diferencia, el peor choque. Vale que nunca había sido gordo pero, en comparación, se podía llegar a pensar.

Severus Snape estaba dormido o inconsciente en la camilla. Vestido con una bata blanca y tapado con una sabana blanca tambien, se podía notar lo huesudo de su anatomía. Tenía profundas ojeras, los pómulos marcados y su grasiento pelo ya no era tan grasiento, más bien seco. En su mano se podía observar cómo caían cuerillos de piel muerta. Por un momento Hermione deseó no haber tenido el impulso de ir a verlo. Si sobrevivía, no sabía cómo iba a volver a mirarlo a la cara.

Se sentó en una banqueta y esperó. No tenía muchas esperanzas, la verdad, de encontrarlo despierto y, de hecho, agradecía que no fuera asi pues aun tenía que pensar lo que le diría. Le daba miedo la respuesta (o el insulto) que podía obtener después pero, se sentiría satisfecha por haberlo hecho. Era lo justo.

No sabía que pretendía hacer Harry, que era el verdadero implicado y el que debía dar las gracias, con su profesor. Seguramente aun no estaba seguro. Quisiera o no, siempre había odiado a Snape, y darle las gracias le iba a ser más difícil a él que lo que podía serlo para Hermione. Habían tocado temas personales y solo eso hacía dificultoso el acto.

Lo que había hecho Snape no era normal. Había dado su vida entera, no era poco. Quizás no fuera muy especial, pero, podría haberla dedicado a estudiar, investigar, cualquier cosa que lo evadiese de la realidad para satisfacer sus necesidades antisociales pero no, había jurado lealtad a la Orden para defender a la única prueba viva de Lily Evans, su amor.

La castaña no pudo evitar sonreír. Snape enamorado, era lo último que habría pensado. Era hasta cómico que alguien tan cerrado algún día hubiera, al menos, deseado abrirse a alguien. Aun asi no pudo imaginarlo. Severus Snape y Lily… Snape. No le pegaba nada ese apellido. Casados… o con hijos... Quizás asi, a lo mejor, Snape sonriera. Nunca lo había visto hacerlo. No de verdad. Siempre risas forzadas, bordes y falsas.

Hermione se sobresaltó en la silla cuando, de golpe, la mano del profesor se levantó y se tapó los ojos con ella. Temblaba de tal modo que no habría sido capaz de coger una pluma ni para cambiarla de sitio. Se rascó los ojos antes de abrirlos y dejó ver sus dos profundas, negras y vacías de exprecion orbes. ¿Qué iba a hacer ahora? No sabía que decir.

El profesor miró a su alrededor y captó a Hermione Granger sentada a su lado. Le hubiera gustado escupirle en la cara que se largara pero sus niveles de fuerza solo alcanzaban a poner una leve exprecion de molestia. Le dolía todo, absolutamente todo. De hecho, ningún dolor conseguía destacar, todos eran igual de fuertes. Normal. El veneno de Nagini era lo que tenía. Debería haber dejado que lo matase. Muerto no sentiría dolor pero, no deseaba morir.

- Pro… prof... esor – sonó la leve voz de la joven a su lado sentada

Le iba a costar, una vez más, pero tenía que hablar. Tenía que echarla.

- Señ… - comenzó y paró. ¿De que le servía ahora la educación? Se aclaró la garganta y siguió – Vallase de aquí Granger – le dijo seco sin mirarla

Hermione asintió pero no cumplió. Se quedó en su sitio y habló:

- Profesor, querría… agradecerle…

- ¿Agradecerme qué? – rió irónicamente – Tú – y la miró de arriba abajo provocando gran incomodidad en la castaña – no sabes NADA – puntualizó

- Siento discrepar profesor – le corrigió Hermione incomoda aun – Puedo no saberlo todo pero, si se algo y, me gustaría agradecerle que…

- Le he dicho que te vallas y no me agradaría tener que repetirlo, Granger – la cortó usando su susurrante tono de voz

- Pues no lo repita. Yo me iré profesor, cuando le haya dicho lo que he venido a decirle – le respondió segura la Gryffindor. No había venido para nada y no se iría sin hacerlo.

Snape le apartó la mirada, más para que no observara su debilidad que aceptando la propuesta de la joven, pero ella lo entendió asi y continuó:

- Sabrá que el mundo mágico ya conoce sus verdaderos actos – McGonagall debía habérselo dicho

- Le aseguro que esa idea no me produce ningún… placer, tampoco. No hace falta que una sabelotodo me la recuerde… - la verdad, no lograba apartarla de su mente

- Independientemente de lo que el mundo mágico tenga que agradecerle, yo… quería darle las gracias tambien por… cuidar de Harry – que extraño quedaba eso referido a Snape – y, en general, por… su trabajo de espía que… nos ha ayudado a ganar la guerra y, sin el cual, habría sido imposible… - Snape no respondió

¿Por qué sonaba tan heroico, tan maravilloso? En realidad no había sido más que producto u obligación de sus anteriores actos, ruines, caprichosos y oscuros actos.

- Se que… bueno, – paró para hacer una corrección al recordar el anterior adjetivo usado por el profesor "sabelotodo" – creo usted no busca reconocimiento ni medallas ni nada por el estilo. No… digamos que… no es usted asi, de ese tipo de… cosas – no debería decir eso y lo sabía – No se… me pareció correcto hacerle saber que, su trabajo no ha sido para nada…

Un Gryffindor, parecía un asqueroso Gryffindor. No era valiente, era culpable y se sentía culpable. Si Lily no hubieran muerto por su culpa no habría hecho nada.

- Hablas demasiado Granger – la penetró con su mirada de profundo asco – Ya me has dado las gracias, ¿te siente mejor? ¿Estás… satisfecha? ¿Tu sentido de la justicia Gryffindor está saciado? – le escupió bruscamente

- Si profesor, lo está – le sonrió levemente Hermione levantando la mirada que, momentos antes, se dirigía al suelo para responder a la suya que no hacía más que despreciarla

¿Estaba sonriendo? No podía ser. Estúpida Gryffindor. La estaba rechazando con todo su más profundo desprecio y ella sonreía. La cara del antiguo profesor de pociones, desnutrida y carente de fuerza, no pudo evitar mostrar sorpresa. Quizás en otras circunstancias habría hecho honores a su buena dote para ocultar sus sentimientos, quizás, no estaba seguro, no se lo esperaba.

A Hermione no se le escapó y dijo:

- Gracias por entenderme profesor – y levantando la varita, desapareció dos segundos antes de que una enfermera entrase a la habitación

- Me alegra comprobar que comienza usted a levantarse, señor Snape

Se encontraba apoyado en su brazo derecho aun mirando el lugar vacío donde Hermione se había esfumado. ¿Entenderla? ¿Cómo iba a hacerlo? Nunca entendería el concepto de justicia Gryffindor. No quería el reconocimiento del mundo mágico, cierto, en eso la sabelotodo castaña había acertado pero, tampoco era tan difícil de adivinar. Además, sabía muy bien que su trabajo había determinado el final de la guerra, no hacía falta que una estúpida Gryffindor viniera a recordárselo.

- Parece que el veneno que lo desnutría tan rápidamente ha dejado de hacerle efecto

Había dedicado sus últimos 18 años a mitigar su sentimiento de culpa y no lo había conseguido. Lily seguía muerta. Y Harry vivo.

Recordaba sus ojos, segundos antes de caer inconsciente, verdes, como los de Lily. Esos que le habían arrancado todo sentimiento bonito y puro de su corazón dejándolo más frío de lo que ya por si solo era. No podía culparla a ella, una vez más era él el culpable de haberla alejado de su lado y Potter el que aprovechó el momento.

- Se pondrá bien, al menos, en ese aspecto pero no podemos ayudarle a acelerar el proceso de nutrición. En realidad, poder podemos pero los médicos prefieren no hacerlo. No saben cómo reaccionaría.

Y ahora Granger pensaba que dándole las gracias ayudaba en algo a mitigar su sufrimiento. Había que reconocer que, en esta ocasión, no había lucido su extremadamente brillante inteligencia. Había seguido sus impulsos Gryffindor. No debía preocuparse más, no le volvería a molestar.

- Personalmente, pienso que su… recuperación… no fue obra del espíritu santo señor Snape. Usted sabrá… - y se fue dejando las medicinas en la mesa

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Los días pasaban en el mundo mágico y las noticias llegaban de todos lados. El cielo, de repente, parecía animado a seguir brillando radiante después de llevar tanto tiempo el mal presagio con el tono apagado y tormentoso. El colegio seguía, una semana después, vacío de alumnado. Las clases y examenes finales se habían suspendido por motivos festivos. En todo el mundo mágico se celebrara el fin de Lord Voldemord.

Mientras, los tres jóvenes Gryffindors se habían establecido en el castillo junto con el valeroso Longbottom, jefe de la resistencia estudiantil anti Snape en Hogwarts el último año. Todos siguiendo ordenes de la Orden del Fénix, de la cual ya eran más que miembros activos. Las reuniones entre altos cargos y Kingsley Shacklebolt se sucedían día tras día afianzando la labor de Ministro de Magia del mago para alegría de todos.

Harry, Ron y Hermione dedicaban gran parte de su tiempo en hacer cosas que desviasen sus mentes como Quiddich o visitar a Hagrid cuando no los necesitaban en reuniones u otros actos pero, aun asi, les era imposible apartar la mente de todos los problemas.

La familia Weasley estaba de luto por la perdida de Fred. George estaba verdaderamente destrozado, toda la familia estaba preocupada por él. Apenas comía ni salía para nada y, mucho menos, deleitaba a la numerosa familia con sus ocurrentes chistes. Se habían asentado de nuevo en la Madriguera y recibían la constante visita de Ron pero este se negaba a quedarse ahí para ayudar a la Orden o, al menos, eso argumentaba. Hermione estaba segura que necesitaba soledad para aceptar las cosas y que, a su debido tiempo, volvería con la familia. Habían hablado. De hecho le debía bastantes respuestas al joven pelirrojo pues, después de su charla con McGonagall se había ido del comedor sin explicar nada. Le dijo, tanto a él como a Harry, donde había estado. Ambos sabían ya que Snape seguía vivo pero no que su amiga le había salvado y su sorpresa no fue poca al oír lo acontecido en San Mungo.

Por otro lado, Harry, no tenía mucho tiempo libre. Iba de reunión en reunión con Kingsley y McGonagall acompañándolo por petición suya. Habría preferido que con él fuera Dumbledore, o Sirius. Hasta Lupin habría valido pero ninguno de ellos se encontraba disponible. Los echaba de menos más que nunca. Sentía la urgente necesidad de ir corriendo donde estuvieran y decirles que todo había terminado, que el mundo podía ser un poquito feliz ahora y que ellos tambien tenían que serlo, pero no podía. Le frustraba y le hacía sentir profundamente mal consigo mismo que, por su culpa, no solo sus padres si no los siguientes que más había querido cerca de él se hubiesen ido, para siempre.

Pensando en positivo su relación con Giny había dejado de ser un secreto. Dos días después del fin de la guerra ninguno de los dos habían aguantado las distancias y, con un arranque de pasión Weasley en la Madriguera, Giny le había besado para obtener una más que animada respuesta del joven Potter. Horas más tarde explicaron todo a los señores y hermanos Weasley y, como era de esperar, la noticia fue más que bien recibida en el circulo familiar que, cada vez, se hacía más estrecho entre Potter y los Weasley.

Y a todo esto Hermione no hacía más que pensar en el profesor de Pociones que, según la jefa de Gryffindor, se recuperaba de sus mayores heridas bastante bien. Había sido una recuperación bastante rápida aunque nunca pudiese ser completada pues estaba, sin duda, confirmado, que los dolores crónicos le perseguirían de por vida. Sus padres se encontraban sanos y salvos, de vuelta a sus respectivas personalidades, y ella había pasado de tener que preocuparse por todo en la guerra a no tener que preocuparse por nada. No era algo sencillo para una joven con tendencia a abusar del pensamiento.

Se había acordado que, el próximo curso, Harry, Ron y ella, cursarían el año en Hogwarts que les quedaba (junto con Neville, el cual no se encontraba muy conforme con el suyo) por lo que la joven había decidido darse un descanso a la mente en cuanto a estudios y no había ni pisado la biblioteca en busca de hacer ocio.

Había pasado las tardes paseando por el castillo, buscando recodos de este que antes no conocía y había encontrado una pequeña azotea, cerca de la casa Ravenclaw, desde la cual se podía ver el bosque prohibido hasta perderlo en el horizonte y gran parte del lago. Era una vista realmente preciosa que, con el paso de los días, se habituó a frecuentar. Solía sentarse en los bordes y colgar las piernas en el vacío que se extendía hacía abajo hasta el suelo. A pesar de que, se suponía, intentaba evitar pensar demasiado, lo hacía constantemente y ese lugar era perfecto.

Se sentía tentada a volver al hospital pero esta vez no tenía excusa que poner. Darle las gracias había sido lo correcto pero se le antojaba que insuficiente. El profesor sufría y no era justo después de lo que había hecho. Intentaba no recordar la faceta oscura de Snape pero, era inevitable, no conocía otra. En ocasiones se sentía profundamente estúpida pensando en modos de hacer que se sintiera mejor al recordar lo mal que la había tratado el profesor anteriormente.

Un día especialmente nostálgico recordó aquella vez en tercer curso cuando, tras la baja temporal de Lupin, había sido Snape el encargado de la sustitución marcando para hacer, precisamente, el tema de hombres lobo. El profesor había preguntado y, como casi siempre, había ignorado su mano levantada. "Es la segunda vez que hablas sin que te corresponda señorita Granger" le había dicho con frialdad "Cinco puntos menos para Gryffindor por ser una sabelotodo insufrible" Eso le había dolido entonces y le seguía doliendo. Ya no por el primer común adjetivo que acostumbraba a usar: "sabelotodo", sino por el segundo: "insufrible". Lo había dicho con profundo asco. Lo sentía asi verdaderamente.

- Señorita Granger – la llamó Winky a sus espaldas interrumpiendo sus pensamientos

- Winky, ¿qué haces aquí? –le preguntó sorprendida

- El señorito Potter me ha pedido que la busque – la informó – Quiere hablar con usted…

- Bueno… de acuerdo, ahora voy – aceptó y se puso de pié. Antes de que la elfa se fuera le dijo – Winky, ¿podrías, por favor, no decir a nadie donde estoy?

- Por supuesto

- Me gustaría que siguiera siendo un sitio desconocido – en realidad no sabía si asi era pero, tenía la esperanza

- Claro – aceptó la elfa doméstica y se desapareció

Hermione fue enseguida a la sala común, pues no tenía muy claro donde se encontraba Harry, y, por el camino, se topó con la profesora McGonagall saliendo de sus aposentos.

- Señorita Granger, - la llamó - el señor Potter la estaba buscando.

- Lo se profesora – le dijo

- Quería que lo acompañase a San Mungo – la informó a su pesar. Era evidente que no era partidaria de ir a visitar a Snape

- ¿De verdad? – se sorprendió – Pensé que… - Harry le había dicho que de momento no iría a visitar al profesor

- Si, se encuentra en el comedor esperándola

- ¿Usted no viene? – le preguntó dudosa ¿Por qué Harry iba solo y ella no podía?

- No, no voy, tengo compromisos – la informó firme – Debería darse prisa, no se cuanto la esperará el señorito Potter - Hermione bajó al Gran Comedor molesta por las libertades del "señorito Potter".

Había llegado a la conclusión de que habría alguien informado de dicha visita cuando encontró a Harry.

- ¡Hermione! Te buscaba – le sonrió – Quiero que me acompañes a…

- Si, lo sé…

- ¿Lo sabes?

- McGonagall

- Ah, vale – asintió sonriendo – No se que decirle Hermione pero, siento que debo ir – le confesó de camino al pasadizo de la casa de Aberforth

- No se Harry… - ella tampoco tenía ni idea

- Tu ya has hablado con él – dijo el joven dejándola pasar primero - ¿Cómo crees que debo empezar? ¿Dándole las gracias?

Hermione se sonrió.

- Si, creo que si, ¿no? Sería lo más correcto – asintió – Hola señor Dumbledore – no se terminaba de acostumbrar a llamar asi al tabernero de Cabeza de Puerco. Este le respondió al saludo antes de verlos desaparecerse.

- No se cómo reaccionará – dijo incómodo el chico – Espero que no lo haga como siempre. No quiero que me sonría y me confiese que amó a mi madre pero… tampoco me apetece que me mire con asco, como acostumbra…

- Harry… no tengo ni idea – le dijo confusa mientras entraban al pasillo de la habitación 408 – Si te digo la verdad, no creo que se permita el lujo de no despreciarte…

- Ya, yo tampoco…

- Deberías pasar solo Harry. Son temas personales – opinó Hermione en la entrada de la puerta a pesar de sus ganas de entrar

Harry asintió y pasó.

El profesor esta vez se encontraba despierto, sentado en la cama intentando hacer magia sin mucho éxito. Esto le frustraba muchísimo. No le gustaba sentirse indefenso. Estaba tan huesudo como Hermione había dicho pero, al menos, no parecía que se le cayera la piel muerta de ningún sitio. Era un buen signo.

Cuando vio a Harry su rostro se volvió severo y inútilmente superior pues, su estado le impedía poseer ningún tipo de superioridad sobre el joven mago. Aun asi, Harry, más por costumbre que intencionadamente, se subordinó ante su presencia cuando pidió permiso para entrar. Al no encontrar respuesta por parte del hombre entró sin permiso y se acercó.

Ninguno habló. Harry se sentía profundamente incómodo al no saber que esperar del hombre que tantos años le había protegido, odiado y vigilado al mismo tiempo y Snape, la verdad, se sentía bastante ridículo en esa fina bata blanca que le dejaba al descubierto gran parte de los huesudos hombros, lo que le hacía perder esa autoridad que tanto necesitaba sobre el joven.

- Profesor Snape… - comenzó Harry – Tenemos una conversación pendiente. Si… - el profesor fue a hablar pero cayó – después decide que no quiere volver a verme yo no le forzaré ni mucho menos. No podré menos que hacerle caso, pero ahora… considero necesarios unos minutos de charla.

- No se de qué necesitas hablar conmigo Potter – dijo fríamente mirándolo – Creí suficiente con la información que mis recuerdos pudieron dejarle…

- Gracias profesor – le dijo Harry como nunca antes le había dicho al odiado profesor – Gracias por cuidar de mi madre. Nunca tube la menor idea, la menor sospecha…

- Nunca, nunca - repitió para remarcar - pude cuidar a tu madre Potter – le desvió la mirada

- Me cuidó a mi - especificó. No había querido referirse a su madre exactamente sino, más bien, a su recuerdo - No voy a decirle que lo entiendo y le compadezco pues no es cierto. Tampoco le diré que ha sido usted un hombre muy valiente y leal porque estoy seguro de que ninguna comparación con un Gryffindor puedan ser de su agrado, pero le diré profesor que su parte del acuerdo con Dumbledore la ha llevado usted a cabo con la más absoluta eficacia y que debe sentirse orgulloso de ello – le dijo Harry en un arranque de inspiración – Sigo vivo y hemos vencido a Voldemord

- Su madre sigue muerta Potter y, muy a mi pesar – le confesó Snape volviendo a penetrarlo con sus ojos – No, no me entiende y no, no me agradaría que se compadeciera de mí, tengo bastante con el arrepentimiento. Y, obviamente, cualquier comparación con un Gryffindor, sobra decir, me asquea… - hizo una pausa en la que, más que aire, cogió fuerzas para seguir hablando – En cuanto a mi trabajo, realicé un juramente inquebrantable con Dumbledore a cambio de que el evitase la muerte de tus padres Potter y, no fue asi, murieron igualmente…

- Pero decidió protegerme a mí, al hijo de Lily, sin prestar ningún juramento – le cortó Harry

- ¡Lo hice por ella! – se enfureció. El joven quería ver algo positivo que no existía - ¡Te lo aseguro! ¡Nunca has sido ni serás de mi agrado Potter! – escupió, temblando, el apellido del joven como si nada tuviera que ver con el de su amada

La habitación se quedó de nuevo en silencio. Unos minutos de incómodo silencio.

- Da igual lo que en un pasado ocurriera… - empezó a hablar Snape – Todo quedó atrás y la única verdad presente era que había traicionado al Señor Tenebroso. No me quedó otra que convertirme en el espía de Dumbledore y, con el tiempo, llegué a compartir sus motivaciones Potter – reconoció – pero… siempre odié a tu padre por mucho que te moleste. Fue un personaje engreído y mal bromista que, para variar, poseía el aprecio de todo el instituto. Tu…- le miró – tu le habrías querido si siguiera vivo Potter. No sois iguales pero… os parecéis mucho – dirigió sus ojos a los de Harry "Mirame…" era lo último que le había dicho antes de derrumbarse y era, en realidad, lo único que habría deseado hacer antes de morir – excepto… en los ojos…

Fue breve pero Harry pudo observar un instante de debilidad en su profesor al recordar a Lily.

- Vivirás bien ahora. No hay motivo alguno por el que nuestras vidas deban cruzarse de nuevo y lamento decirte que esta breve conversación no era, tan si quiera, necesaria…

- Dumbledore confió en usted profesor y no creo que fuese por el juramento…

- Dumbledore pudo ser todo lo grande y magnifico como mago que tu quieras Potter pero, siempre tubo inclinaciones y… predilecciones un tanto extrañas…

- No cuando de temas tenebrosos se trataba… - le contestó

No podía creerlo. Estaba empeñado en buscarle un recodo de bondad que, muy bien sabía, no existía.

- La conversación ha terminado señor Potter. Me temo que, durante un tiempo, será inevitable que nos veamos pero – paró – no será por mucho.

El silencio volvió a apoderarse de la habitación varios segundos antes de que alguien hablase.

- Profesor, ¿puedo… hacerle una última pregunta? – se atrevió

Otra vez no obtuvo respuesta y lo interpretó como un sí.

- ¿No se alegra de la caída de Voldemord? ¿No se siente, dentro de lo posible, bien?

- Eso son dos preguntas Potter y ya te he dicho que te retires – fue lo único que Harry obtuvo como respuesta – No lo repetiré.

- Espero volver a verlo… - se despidió Harry. Él no quería que su relación se terminara aun. - …Severus. – y se dirigió a la puerta

"Gryffindors", pensó.

- Potter – le llamó esté en el último momento – Dígale a Granger que entre.

No pudo evitar expresar sorpresa pero asintió y salió de la habitación.

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- ¿Me llamaba profesor? - le preguntó Hermione segundos después de entrar

- Si Granger. Necesito pedirle algo pero, antes - hizo una pausa para acomodarse en la camilla - deja de llamarme profesor. Hace un año que no lo soy y, es seguro que, nunca más lo seré.

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^^
Gracias a todos! Amelia Badguy, sindzero, MeguSaku, princesselve y DrakeMalfoy (especialmente los dos últimos ^^) Me encanta leer los Reviews que me dejan, son fabulosos! De verdad :)

Bueno, que decir? Uf... ando un poco estresada con los examenes y eso... Ultimamente me salen bastante mal y bueno... desearía poder escribir un capi por día pero, me es imposible. Hoy es viernes y son casi las 2 de la mañana! Mañana y pasado los pasaré estudiando y la semana que viene idem asi que... no prometo más capis hasta el viernes que viene, si eso... q tampoco se...

En fin, este capi... ha sido dificil para mi elegir las reacciones de los personajes y, bueno, espero haber acertado positivamente ^^U Reconozco que me intriga bastante que lo que pueden pensar después de leerlo. A mi, me gusta bastante, sobretodo la charla Harry/Snape. Esos pequeños detalles harán mecha en el profesor de pociones! No digo más! ^^

Quizás me valdría decir que me encanta escribir dialogos ^^. Aun no me salen perfectos, puedo mejorarlos mucho, pero no se por qué me encantan. Creo que las palabras pueden decir mucho sin que nos demos cuenta! En fin :)

PEACE&LOVE

anikoko