Disclaimer: Antes que nada decir, por supuesto, que todos los personajes que use, lugares que los personajes visiten, etc, son de JKRowling. Además todas las ideas que se me puedan ocurrir, son inspiradas por la maravillosa saga que esta creó. Sobra nombrarla: Harry Potter ^^
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Hermione…
Hermione…
- Hermione…
La joven dormía apaciblemente en la habitación de los chicos (por no estar sola). Le daba pena despertarla, pero realmente lo necesitaba.
- Hermione…
Finalmente despertó y, con ojos legañosos, observó los verdes ojos de su amigo, arrodillado, mirándola.
- Hermione… - el joven titubeaba – Necesito… hablar contigo… - sus ojos lo decían todo – Por favor…
Como era de esperar, la muchacha, preocupada por lo que pudiera atormentar a su amigo, se sentó en la cama. Le costó. No llevaba durmiendo cuatro horas, pero eso Harry no lo sabía. Su expresión era de agobio. No lo había visto asi ni antes de los examenes finales en sexto. ¿Qué le podría haber pasado?
Echó un vistazo al dormitorio y pudo comprobar que Ron tambien estaba despierto, sentado en la cama, dispuesto a levantarse. En cambio, Neville, dormía más que gustosamente. No pudo evitar envidiarlo un poquito, tenía mucho sueño.
- Sé que no es momento Hermione, lo siento mucho… - se disculpó realmente estresado
- No pasa nada Harry… - le dijo su amigo con una sincera expresión facial que enterneció a Hermione. ¿Desde cuando era su amigo tan comprensivo? Y, ahora que lo pensaba, ¿por qué no se estaba quejando de que lo hubiese despertado?
Harry se levantó, se sentó en la cama de al lado y escondió la cabeza entre las manos. Ron, por otro lado, se sentó a los pies de Hermione e hizo una expresión de permiso a su amiga, la cual levantó la sábana para que este se tapara.
- Tranquilo Harry – sonrió ella – Sabes que puedes contar con nosotros.
- Gracias Hermione – le respondió el ojiverde desde la cama
Se hizo el silencio. El joven no sabía por donde empezar. Habían sido tantos pensamientos en la última semana, tanta información que asimilar. Pero nada como ese que le turbaba la mente. Nada como su constante recuerdo. Se sentía… tan solo.
- Es que… - comenzó – no os he contado todo…
El pelirrojo y la castaña se sorprendieron. ¿Qué podía haber ocultado?
- Quiero decir, no es algo grave – intentó hacer que no se los había dicho porque no era relevante – De verdad – aseguró – Es, simplemente que… cuando… la guerra… – les situó – después de ver los pensamientos de Snape, fui al bosque prohibido.
Ambos asintieron.
- Sabéis que fui porque había llegado a la conclusión de que debía morir. Estaba seguro de que era un Horrocrux, de que si vivía, Voldemord lo haría tambien – cierto, lo sabían y, de hecho, nunca se lo habían reprochado. Ellos no querían que muriese pero, de haberse encontrado en su lugar, posiblemente habrían hecho lo mismo – Pues, como tambien sabéis, en el último momento… la snich… se abrió. – las imágenes de sus padres, de Sirius, de Lupin, pasaron todas por su mente. No podía, simplemente, no podía pensar que… - Mis padres… - la voz le temblaba – Sirius… Lupin…
- ¿Los viste Harry? – le preguntó Ron asombrado. Ciertamente, Hermione se sorprendió por lo rápido que había captado el pensamiento de Harry. - ¿Viste a tus padres? – el ojiverde asintió
- No eran fantasmas, ni espectros como cuando salieron de la varita de Voldemord después del laberinto – continuó – Tampoco eran… humanos… - los tres lo sabían. Ese había sido justamente el gran martirio del hermano mediano de la fábula – Pero, en ese momento… fue… suficiente – una sonrisa se dibujó en su rostro
Los dos espectadores sonrieron. Sabían que no podía haber sido un contacto muy directo pero si significativo para Harry.
- Me acompañaron todo el camino, hasta que llegué con Voldemord – continuó y pausó - Desde entonces siento… - hizo como que agarraba el aire – vació.
Hermione lo captó enseguida. A pesar de lo escaso del contacto con sus padres, el mero hecho de tenerlos al lado le había llenado tanto que, ahora, los echaba de menos. Ya era doloroso echar de menos a alguien que no conoces o que no has visto nunca, para que, tras haberte concienciado de tu suerte, los veas… Tenía que ser muy duro.
- Harry… - habló por segunda vez Hermione – Se que no puedo… podemos – corrigió – ayudarte mucho pero… sabes que nos tienes a nosotros – le dijo con una sonrisa – Tienes a Giny… ella te quiere…
- Lo se Hermione, lo se – asintió seguro – y lo valoro, muchísimo. No sabes cuanto. Después de la guerra… volví a nacer – sonrió – Desde entonces cada sonrisa, nube, mariposa, todo… es hermoso… Te lo aseguro – estaba convencido – Pero… Sirius… - le dolía demasiado - Lupin… - suspiró – les pedí disculpas. Teddy… - su ahijado - Murieron por mi culpa… y, ¿sabéis que fue lo que me dijo? – sonrió – "Yo intentaba construir un mundo donde él pudiera ser más feliz"
Hermione no esperaba menos de Lupin. A pesar de su tan agradable humildad y de su aspecto despreocupado, siempre había luchado en contra de la magia oscura como el que más. Era una verdadera tragedia que Teddy nunca lo conociera. Ella misma se apenaba al imaginarse la de cosas que se habrían perdido sin él.
- Tu cuidarás bien de él Harry – dijo Ron seguro – Lupin estará orgulloso de ti
A Hermione se le puso el vello de punta ante las palabras de su amigo. Denotaban un inmenso orgullo y una sinceridad absoluta. Pudo observar que a Harry le habían sentado tan bien esas palabras como a Hermione, había sonreído de felicidad por primera vez en lo que llevaban hablando.
- Si – asintió este – Lo haré. Por Lupin, por Tonks… por él – otra vez silencio. Los ojos de Harry volvieron a turbarse… - Lo superaré – se dijo a si mismo – Me será duro. Hasta… - el dolor se vio reflejado en su rostro una vez más – hasta Dumbledore…
- Harry, la muerte de Dumbledore estaba planeada, era necesaria. No puedes cargar con tantas culpas inmerecidas – le intentó tranquilizar Hermione
- Lo sé… - pero no lo parecía. Lo sabía, sabía que Dumbledore había actuado por el bien del mundo mágico. Había planeado todo para que, en el último momento, él muriera tambien. Porque, si no, Voldemord no lo haría. Entonces, ¿por qué se atormentaba tanto? Habían sido sus incontables reuniones el año anterior. Lo había sentido cerca. Había creído que eran amigos, de verdad. Compañeros de lucha. Las palabras de Snape no hacían más que repetirse en su mente: "He espiado […] he mentido […] he puesto mi vida en peligro […] y ahora me dice que lo ha criado como quien cría un cerdo para llevarlo al matadero…"
Hermione miró a Ron, esta vez pidiéndole permiso a él para dejarlo solo en la cama. Se levantó y se colocó enfrente de Harry de cuclillas.
- Harry – captó su atención – si alguien es culpable ese es Lord Voldemord – le costaba pronunciar su nombre incluso después de su muerte pero, si no lo hacía, sus palabras podían no provocar el efecto que buscaba en su amigo – Tu solamente eres el desafortunado que se cruzó con él justo en el peor momento. Tus padres, Sirius, Lupin, Dumbledore... Fred – pausó. No podía olvidarse de él. No, aunque el discurso fuera para Harry, Ron tambien se merecía un detalle – culpa de Voldemord.
Cogió aire satisfecha de que su amigo escuchara sus palabras como si la respuesta a su sufrimiento se encontrara dentro de ellas.
- Los señores y el resto de hermanos Weasley, Hagrid, McGonagall… - procuró nombrar a los que más le llegaran al corazón primero – Gran parte de la Orden, el mundo mágico, el mundo no mágico – eran todos en realidad – Harry… Ron y yo… Todos seguimos vivos gracias a ti.
Harry sonrió levemente. Su amiga sabía como evadirlo de la oscuridad.
- Últimamente, entre tanta reunión, eres el centro de atención Harry y mucho. Sabemos que no te gusta… - Ron hablaba tranquilo pero seguro - No dejes que el estrés te pueda Harry. Piensa en lo tranquila que será tu vida cuando todo esto pare y en los sobrinos que me vas a dar…
Harry y Hermione miraron a Ron. Por un lado, era sorprendente que este hubiese entendido el estrés de Harry pero, por otro… ¡¿sobrinos?!
- ¿Qué? ¿No pensarás qué no los voy a reclamar? – su aparente tranquilidad se tornó en un gesto de gracioso inconformismo
Los tres se rieron del comentario. No podían negarlo, había sido muy bueno. Ni por lo más remoto de los pensamientos del joven Potter pasaba el tener un hijo, con Giny, y mucho menos ahora. Les quedaba mucha juventud por vivir. Pero las palabras del pelirrojo le hicieron pensar en el futuro y en lo agradable que se pintaba. Con ellos y con Giny. Podían ser muy felices.
Finalmente, entre tanto ruido y la poca luz que comenzaba a asomar por la ventana, Neville despertó. El alto y delgado joven se mostró curioso al motivo de las risas pero no obtuvo muchas respuestas. Tampoco le hacia falta, sabía que aquellos tres compartían algo muy intimo y ya se sentía tremendamente orgulloso de haber compartido sus años en Hogwarts con ellos, no le hacía falta más.
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No podía negarlo, el último día habían sido de lo más sustanciosos.
Primero el profesor Snape le pide ayuda, después tiene que ir al dormitorio de este, más tarde, al volver a visitarle, le vuelve a pedir ayuda (y no cualquier ayuda) y, para rematar, Harry les confiesa que se siente… vacío.
En el fondo lo entendía. De hecho se había extrañado que su joven amigo no mostrara síntomas de culpabilidad ante la muerte de sus seres queridos y demás magos caídos, pero no le había preguntado nada.
La conversación con Ron y ella le había ayudado. De hecho bastante pues, en ese mismo instante se encontraba visitando a Teddy y, según tenía entendido, Giny se quedaría con ellos una temporada. Pero, aun asi, Harry era un muchacho de pensar, el tema no había terminado ahí. Lo superaría con el paso del tiempo, pero era inevitable que se sintiera cuesta arriba de vez en cuando.
Pero eso no era ni comparable con lo que debía hacer para Snape. Según este le había dicho, la poción no era para nada sencilla. ¡Y su vida dependía de ella!
- En el vestidor hay una caja negra. Tiene el mismo sistema de seguridad que la entrada de mis aposentos aunque… más peligrosa – la mirada del profesor inspiraba maldad. Hermione no quería ni saber que le podía haber pasado si, en su otra visita, la hubiera tocado – Deberás abrirla. Dentro están los ingredientes… especiales… pero, por el momento no los toques – le dijo severo
La joven castaña asintió.
- Quiero que cojas los pergaminos y me los traigas – le explicó – Yo te enseñaré lo básico y luego la harás en mi despacho – Snape realmente sufría dictándole las instrucciones a la joven. Se veía obligado. Después de tanto dolor no quería morir. Aun asi… no le gustaba tener que darle tanta información a Granger – ¿Puedo esperarte para mañana por la noche o algún compromiso te lo impide?
Hermione vaciló. No tenía nada fijado para los días siguientes a no ser que algún imprevisto surgiera.
- En principio no… - seguía sentada en el pequeño sofá y observaba a su profesor atente
- En tal caso… - Snape lo dio por hecho. No lo iba a repetir.
Hermione observó como su profesor cerraba los ojos dolorido. No le gustaba verlo asi, desnutrido y tembloroso. Abrió los ojos negros y penetrándola con su severa y firme expresión le dijo:
- No los leas Granger – después de eso, estaba seguro, no lo haría
No, no lo haría, Hermione tambien estaba segura. Ahora, después de un día de tranquilidad y muchas horas dormidas se encontraba una vez más en la acogedora habitación del profesor de pociones. Una y otra vez se preguntaba como ese ser frío y desagradable podía tener un dormitorio asi. Debían de ser los elfos, seguro.
El cajón se encontraba esperándola donde mismo lo había dejado y, como la entrada la noche anterior, la puerta de esta desapareció al contacto de su mano. Cogió los pergaminos, los enrolló y sacó la mano. La puerta se volvió sólida de nuevo con un pequeño "puf"
Se giró y dispuso su partida del cuarto.
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En el hospital, Snape no hacía más que pensar en la noche anterior. No sabían si hacía bien confiando en Granger. Esa estúpida cerebrito parecía depender siempre de Potter y Weasley, ¿quién le aseguraba que ellos no sabían nada?
Lo averiguaría.
No hacía nada ahí quieta. Ya sabía lo que debía saber. Snape se debatía entre un borde "Lárgate Granger" o un "Gracias por su ayuda". Evidentemente la segunda opción se le hacía amarga de pronunciar. Ya había hecho suficiente el ridículo preguntándole si se encontraba bien antes. Pero es que su palidez realmente le asustó.
En realidad tampoco sabía que le extrañaba. Seguro que la palidez era consecuencia de la espantosa visión que debía ser él enfermo. Nunca en su vida había sido gustoso de ver, ahora tenía que ser horrible. Y la estúpida Granger parecía encantada de venir a ayudarlo… Gryffindor. Le daban realmente asco, con sus principios nobles, leales y estúpidos. Aun asi tenía que aguantarse. Sin su ayuda no sobreviviría. Quedaban pocas pociones y, al ser difícil su elaboración, más valían prevenir que verse apurado de tiempo.
La miró. Si, realmente pálida, debía de estar incómoda. Pero no le importaba, ella estaba ahí porque quería, nadie la obligaba a quedarse. Miraba a la nada recostada, una vez más, en el esmirriado sofá en el que, supuso Snape, había transformado algún objeto. Nunca se lo habría imaginado. ¿Por qué no había sido otro el alumno cerebrito que se había interesado en ayudarle? Tenía que ser Granger, la amiguita de Potter.
Desvió la mirada.
- Puedes irte Granger – la echó finalmente
Pero ella no se movió. Se limitó a posar la mirada en el suelo.
- No quiero tener que repetirlo…
Finalmente hizo un gesto de atención y le lanzó una mirada de aceptación. Se levantó del sofá, lo transformó de nuevo en la banqueta y tomó rumbo a la salida. Antes de irse paró y, sin mirar atrás, se despidió.
- Hasta mañana profesor… Buenas noches…
Y, una vez más, solo.
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Era ya la 1 de la madrugada cuando Hermione Granger cruzó el pasillo de hospital de camino a la habitación de su antiguo profesor de Pociones y Defensas contra las Artes Oscuras. La cubría la capa invisible, la tercera Reliquia de la Muerte que Harry había heredado de su padre y, a pesar de no ser suya, funcionaba como si tal. Absolutamente nadie era capaz de verla con esos pergaminos, aun sin leer, sujetos en la mano.
Se cruzó con varias enfermeras haciendo su turno de noche y cuidadosamente las esquivó. Hacía ya muchos años había aprendido que siendo invisible nadie se molestaba en no chocar y, por tanto, todo el esfuerzo por no hacerlo dependía de ella.
Cuando entró en la habitación se alegró al comprobar que, esta vez, su profesor estaba despierto. Tumbado en la cama, con unas finas gafas, leía un gastado libro a la luz de una vela. Esta hacía contrastar terriblemente los frágiles desnutridos rasgos del hombre proyectando todas y cada una de las sombras que, gracias a única luz, podían formarse.
Snape no se inmutó al verla entrar pero no por ello no se dio cuenta. No le prestó atención hasta que ella se sentó en el taburete y le tendió los pergaminos.
Levantó la vista a ellos, sin tan siquiera molestarse en mirar a la que se los había traído, y los cogió.
- Bien… - asintió mientras se ajustaba las gafas. Eran los pergaminos correctos y, lo más importante, no los había mirado, aun.
- Profesor yo… - comenzó Hermione. Estaba muy nerviosa. Después de haberlo pensado, la responsabilidad que sobre ella caía era demasiado grande. Quería ayudarlo pero… no sería mejor…
- Granger – la cortó el enfermo – estos serán los pergaminos que debes tener – y le tendió la mitad de los pergaminos, 3 de aproximadamente 30 cm. cada uno
Hermione los cogió y los leyó por encima. Eran los ingredientes y el modo de preparación. En ningún papel decía qué era lo que estaba preparando. No pudo evitar una ligera desilusión. Ciertamente, sentía intriga.
- De todos modos… - comenzó Snape mientras volvía a enrollar los pergaminos restantes - … Granger, le explicaré ahora cómo elaborar la poción. Esos apuntes son su guía pero no lo dicen todo – sus ojos expresaban orgullo, algo que Hermione no comprendió. Si esos apuntes eran malos, incompletos, y él los había creado (pues eran escritos de su puño y letra), ¿de qué se sentía orgulloso?
- Profesor, antes de… - intentó de nuevo hablar la joven castaña
- No hay tiempo que perder Granger – la cortó el profesor y, con cuidado, se sentó en la cama. Dejó las gafas en la mesa, cogió su varita y lanzó un hechizo silenciador – No es una poción sencilla…
- ¡Pues por eso mismo! – saltó Hermione, subiendo la voz pero, lo justo para no parecer impertinente y maleducada
- ¿Te preocupa que no te salga, Granger? – la miró irónico sabiendo que había dado en el clavo
La joven miró al suelo.
- Si de ella depende su vida profesor, si… - era solo una estudiante y, hacía un año que no hacía pociones. Volvió a mirar a su profesor – Quizás sea mejor que la haga otro… Hay muchos magos y brujas a los que puede recurrir: McGonagall…
- McGonagall lo haría porque Albus lo habría querido, no por gusto. No quiero ayuda de nadie que no desee ofrecérmela y, por lo que parece, a ti no te importa – le dijo el profesor algo tenso pero seguro de sus palabras
Hermione pensó cómo responderle unos segundos.
- De todos modos, seguro que hay gente que no le importa ayudarle… La profesora Sprout seguro que es experta elaborando pociones – hablaba por hablar. En realidad no tenía ni idea si asi era.
- Señorita Granger – el profesor parecía cansado de su presencia y tan solo acababa de llegar. Suspiró y separó la espalda de la cama con claras intenciones de mostrar autoridad – Si he decidido que seas tú la que elabore la poción no es por nada Granger. Por muy sabelotodo que seas, eres lista y, aunque pociones no sea tu mejor asignatura, nadie diría que se te dan mal.
Era un modo muy extraño de alabarla. Más bien era un halago tapado con suficiencia. Pero a Hermione eso no le importaba.
- Tampoco es que – cerró los ojos, no le gustaba repetirse – me agrade que tengas que ayudarme. Prefiero valerme por mi mismo pero, es evidente que, en estos momentos, no puedo…
- ¿Y si la poción sale mal? ¿Y si muere por mi culpa? – le preguntó Hermione realmente preocupada
Snape se percató. No era tanto el fracaso suyo sino lo que pudiera ocasionar este. Y el se había burlado de ella creyendo que lo que realmente le preocupaba era el simple hecho de fracasar. Gryffindor…
- Si la poción te sale mal, la repetirás. Si muero… - no habría gran diferencia de todos modos - …si muero Granger, no pasará nada. Te podrás sentir orgullosa (como Gryffindor que eres) – esto último lo dijo con evidente retintín – Sin su ayuda moriré seguro. Tú eliges si tengo alguna oportunidad de sobrevivir…
Había lanzado la pregunta a sabiendas de que no le quedaba otra que aceptar. Aun asi ese "tú eliges" le había costado pronunciarlo. Haberle dado la opción era darle un voto de confianza que nunca le habría dado a nadie. No en otra situación.
Todo el mundo habría elegido ayudar. O eso creía. Sin embargo, de presentársele a él la oportunidad, habría dejado morir a ese profesor que siempre le había menospreciado y que siempre se había burlado de su inteligencia. Una vez más la teoría confirmada: él no podía pertenecer a todo el mundo.
La joven castaña se lo pensó. Más por que le costaba decirlo que porque no supiera la respuesta. Lo ayudaría, no le quedaba otra. Si vivía seguro que se iría y como si nada hubiera pasado. Si moría se iría igual y, una vez más, como si nada hubiera pasado. No tenía opción.
- De acuerdo… -bajó la mirada – Le ayudaré.
- Bien – el profesor volvió a acomodarse en la cama – En tal caso, procederé a dictarle la poción. Le recomiendo que tome nota Granger. Ni usted lograría recordarla entera de memoria… - e hizo aparecer una pluma y un bote de tinta
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Buenooo... aqui estoy de nuevo ^^ ¡Siento la tardanza! Jeje, yo ya avisé!
De verdad, he tenido montones de exámenes y bueno... sin tiempo vamos...
Además! No se que ostras le pasa a la cuenta que solo puedo entrar cuando le de la real gana ¬¬! Tengo ya terminado el capi 6 y todo!
Pero bueno... tampoco pasa nada porque he decidido dejar un capi de más fuera del fic para, en caso de necesitar cambiarlo, estar a tiempo ^^
De verdad digo que me emocionan muchísimo vuestros reviews :) Gracias a todos de verdad! A los que habeis repetido y a los nuevos! No me puedo poner a especificar uno a uno porque estoy haciendo el capi 7 (¡¡q promete!!) y no quiero entretenerme mucho!
Con eso me despido gente!
Espero que guste el capi 5!
PEACE&LOVE
anikoko
