Disclaimer: Antes que nada decir, por supuesto, que todos los personajes que use, lugares que los personajes visiten, etc, son de JKRowling. Además todas las ideas que se me puedan ocurrir, son inspiradas por la maravillosa saga que esta creó. Sobra nombrarla: Harry Potter ^^
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Era complicada. Snape no mentía. Era una poción muy enrevesada y detallista. Además los ingredientes eran difíciles de encontrar. Tenía una verdadera exposición de ingredientes extraños repartida por todas las estanterías de su despacho. Según pudo averiguar Hermione, preparaba la poción con bastante frecuencia pues, en dichos muebles, se encontraban los ingredientes en cantidades asombrosas.
Sin romper la confianza de su maestro (por tanto, sin tocar nada que no debiera de su despacho) investigó por su cuenta cuál podía ser la poción que hacía pero no encontró nada. Buscó hasta en la zona prohibida de la biblioteca, sin éxito. Ninguna poción atendía a las características de la de Snape.
Pensaba en algún tipo de inmunizador al veneno de Nagini y, con esa idea, buscaba en los libros. Encontró pociones que mitigaban, reducían o neutralizaban el veneno de algunas serpientes pero, ninguna como la de Voldemord, todas serpientes menores.
Además, estaban los ingredientes "especiales"
- Recuerdas los ingredientes especiales que te dije que no tocaras.
- Si – el profesor no había preguntado pero, al estar siguiendo su explicación, le pareció correcto afirmar.
- Bien, pues se trata de un… líquido – pensaba como decirlo –. Debes, cada vez que sea necesario, coger uno de los botes y, con un cuentagotas, tomar 10 o 5 gotas, según lo requiera la poción, y echárselos a la mezcla. Luego debes dejarlo donde estaba. No es un ingrediente que pueda estar suelto por mi despacho, recuérdalo – la joven asintió –. Pues bien, en tal caso y, supongo has entendido mi explicación, ¿cuándo debes poner esas gotas en la poción Granger?
La joven pensó.
- Justo después del segundo reposo, siempre y cuando la poción tenga las características requeridas en esa fase – respondió satisfecha.
- No debes derramar ni na gota del líquido – la informó -. No debes desperdiciarlo.
Hermione asintió.
- Bien…
¿Qué podía ser ese ingrediente "especial"? Era inútil buscar una poción si no se conoce su ingrediente "especial".
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Una semana después la poción había fracasado dos veces. Esto era frustrante para Hermione. Nunca había errado en una poción dos veces. Una vez se había equivocado con una complicada poción de envejecimiento precoz y temporal pero nunca más. Y ahora llevaba dos fallos en la espalda y una poción menos en la pequeña nevera (cómo le gustaba llamarla a ella pues le recordaba a ese electrodoméstico muggle tan útil)
Quedaban dos, por tanto tenía dos semanas y media, tres a lo maximo, para cogerle el punto a hacer la misteriosa poción. Y teniendo en cuenta que la poción requería dos días y medio de elaboración (pues tenía dos reposos considerablemente largos) tendría seis intentos aproximadamente.
Le costaba pensar que necesitaría siete intentos más para conseguir la poción pero tenía que reconocer que era realmente complicada. Elaborarla requería su presencia en el despacho varias horas diarias y no podía olvidarse nunca pues, si no llegaba a tiempo después de los reposos, se cortaban los ingredientes.
Por otro lado, Harry y Ron pensaban que estaba en la biblioteca o visitando a sus padres. No había tenido muchos problemas con las excusas pues, en realidad, la poción solo requería su presencia por las mañanas (el reposo tenía que ser por la tarde)
Lo que menos le gustaba era estar encerrada en el frío y desagradable despacho del antiguo profesor de pociones. Varias veces le tentó volver a entrar en el dormitorio en busca de un poco de comodidad pero temía que, al no querer su profesor, la puerta no se le abriese. En realidad, no era tanto el palo de no lograr abrirla como el de que su profesor se enterara, por algún medio que ella desconocía, de que lo había intentado.
La que, para desgracia de Hermione, si empezó a preguntar fue Giny.
- ¿Dónde vas hoy Hermione? – le había dicho durante el desayuno unos días antes.
- A visitar a mis padres – le había respondido.
La joven pelirroja se quedó pensando.
- Pero… ¿no fuiste ayer?
- Si – asintió Hermione disimulando mientras su cerebro se movía veloz en busca de una respuesta –. Pero… es que hoy… bueno… tengo que ayudarlos porque están… trasladando el dormitorio de mi hermana, ¿sabes?
- ¿Ah si? – se rió -. ¡Pues que suerte! ¡Hoy no tendrán que levantar muebles! – Hermione podía moverlos con magia perfectamente –. No tardarás mucho entonces, ¿no?
- Pues no se… No creo… Supongo… - si que iba a tardar. Justo ese día comenzaba con el segundo intento y, el comienzo de la poción era realmente complicado.
Aun asi se alegró de que Giny no profundizase en su pregunta.
Hasta que, efectivamente, regresó tarde, y si comenzó a picarle la preocupación. Era tan tarde que ya el almuerzo había pasado hace tiempo.
- ¡Hermione! ¿Dónde estabas? – le había preguntado al cruzarse con ella por el pasillo que conducía a la sala común.
La castaña parecía cansada y estaba muy pálida. Encerrarse en ese despacho, no solo era deprimente, sino que la alejaba de las pocas horas de sol que, por la localización de la escuela, había en la zona.
Antes de lo de Snape había pasado varias mañanas tumbada en las gradas del estadio de Quiddich mientras Harry y Ron jugaban. Hermione siempre había sido blanca de piel pero hacer esto le había dado un color, que, aunque no moreno, era bastante saludable. Pero ahora volvía a estar pálida. Giny lo notó.
- Estaba con mis padres… Hubo reunión familiar y bueno… - la excusa le salió sola, sin pensarla, tan solo quería echarse un rato en la sala común y descansar. Estaba convencida de que su trabajo de ahora era, si no tan, casi tan cansado como los estudios que hacía un año y el año próximo llevaba pero se agotaba más ahora. Era la tensión. Por muy estresantes que fueran los exámenes, no eran comparables con tener la vida de alguien en la mano. Ni de lejos.
Hermione continuaba caminando cuando de repente se percató de que Giny ya no estaba a su lado. Paró y miró hacia atrás.
- Pero… - la pelirroja pensaba -. ¿No hubo reunión familiar ayer?
Claro, por eso había sido tan fácil la excusa. Juraría que, el día anterior, al que le había dicho que hacía, era a Ron.
- Ya pero… - otra excusa, otra - …mi familia es muy grande – fue lo único que consiguió decir.
Giny volvía a estar a su lado y caminaban de nuevo.
- Hermione… ¿estás bien? – la pelirroja parecía preocupada.
- Claro Giny – sonrió forzosamente Hermione –. Solo un poco cansada – le aseguró.
Aunque Giny quedó confusa, no preguntó y gracias. La castaña no se encontraba en condiciones para inventarse otra excusa.
Durante la mañana siguiente, en el despacho, mientras hacía la poción, creó un calendario de excusas. No podía permitir que sus amigos supieran donde iba. Cuando lo terminó, lo colgó en una de las paredes del despacho, a la vista. De este modo, nunca repetiría excusa.
Fue justo ese pequeño detalle el que, posiblemente, arruinase la segunda poción. Al estar pensando en dos cosas, Hermione estaba casi segura, de que había olvidado remover 5 veces en el sentido de las agujas del reloj la poción después de echarle las ancas de rana moteada en polvo. Recordaba que, en ese momento, se le había ocurrido la séptima excusa y, con las prisas, se había saltado ese paso. No había llegado ni a poder dejarla reposar por segunda vez.
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Afortunadamente, dos noches después, volvía a tener la poción en el mismo punto y no dejaría que, una vez más, se pusiera mala por una tontería.
Volvía a estar en la habitación, por primera vez desde que le había dictado los pasos de la poción. Su profesor, aunque igual de esquelético, se lo veía con más gama de movimientos posibles. Ya se sentaba con absoluta fluidez y no parecía agotado de hacerlo. En cambio, ponerse de pié, eso ya era otra cuestión. El sentido del equilibrio lo tenía bastante dañado y, aunque ya había comenzado la rehabilitación, aun no había conseguido nada.
Snape maldecía a los médicos. Se empeñaban en tratarlo lo menos posible. No estaban seguros del efecto que sus medicinas podían hacer en el "milagroso" caso de Severus Snape. Pero al implicado eso no le importaba. Le dolía todo y eso era motivo suficiente para que, al menos, le dieran un sedante fuerte. Pero ni eso. Ni pociones revitalizantes, ni reconstituyentes de masa muscular, ni potenciadotes de la capacidad psicomotrora, ni nada. Solamente una poción nutritiva muy diluida en agua. Asi seguía de flaco y débil. Hasta dormir de lado le era imposible si no tenía algo entre las piernas pues se clavaba sus propias rodillas.
Pensándolo en frío, ni el mismo sabía qué efecto podían ocasionarle las medicinas del hospital. Pero, cuando sentía arder su estómago por la úlcera que le habían provocado sus propios jugos gástricos intensificados por el veneno, eso le daba igual. Dolía demasiado. Él se arriesgaría pero no lo dejaban.
Pero ahora, el tema no era ese. Snape esperaba con ansias el parte de Granger y la escuchaba interesadamente mientras la joven Gryffindor relataba sus dos intentos fallidos. Para nada se sorprendió. Más bien, se sentía satisfecho con los resultados de esta en los pocos días que llevaba intentándolo.
Cierto era que, otras muchas pociones requerían un largo periodo de reposo. Como, por ejemplo, la poción multijugos. Pero, esta tenía su complicación más en la elaboración y gracias. No tenía tiempo para pociones largas.
Evidentemente no mostró su satisfacción a la joven. Se limitó a aceptar los resultados y no darle ningún tipo de emoción sobre la que pensar.
- En tal caso, sigue intentándolo Granger…
Hermione asintió.
- Y vuelve cuando te sea posible…
Volvió a asentir y dejó paso a un largo silencio.
No podía creer cómo odiaba esos momentos. Eran muy incómodos. ¿Cómo no se daba cuenta ella solita que tenía que irse? Estaba en una camilla, prácticamente inválido y dolorido. ¿No se suponía que era una sabelotodo?
- Vete Granger – le escupió el profesor antes de revirarse en la cama y darle la espalda.
Para desgracia del profesor, la joven, no se movió.
- ¿No se siente solo? - la pregunta perdía fuerza según iba terminándola.
El hombre no pudo evitar una expresión de sorpresa que, afortunadamente, la joven no captó pues se encontraba de espaldas a ella. ¿Cómo podía haber lanzado semejante pregunta? Ya no era curiosidad. Esa joven Gryffindor estaba entrometiéndose en sus sentimientos. La mera idea le desagradó tanto que, de asombro, pasó a una expresión de profundo asco. Sus sentimientos no eran buenos. Nunca lo habían sido.
Contó hasta diez y, en un esfuerzo sobrehumano de voluntad, se tragó un grito que, aunque placentero, no había sido bueno ni para su voz, ni para el favor que la joven le hacía.
- No – se limitó a responder, seco y tajante.
La joven pareció asombrarse por su respuesta o, más bien, por su no respuesta. ¿Dónde estaban los gritos? Tanto se sorprendió que no percató que con el tajante "No" la mandaba a cerrar el pico.
- Pero… aquí, en el hospital…
Snape volvió a girarse, aunque, esta vez se sentó y la miró frustrado.
- No me siento solo Granger. Puedes irte – su mirada la penetraba como el fuego pero la castaña no se movió.
- No me quiero ir – dijo después de unos segundos de tensión –. Quiero decir… soy… Soy la única compañía que usted tiene… ahora mismo y… no se…
- ¿Quién te ha dicho que tu compañía me agrada? – eso, sin duda, le había dolido de haberlo escuchado en su totalidad pero, estaba demasiado acopada en su primera pregunta y en conseguir una respuesta.
- Puedo no agradarle pero, a fin de cuentas, soy la única – más que una conversación empezaba a parecer una discusión.
- ¿Quién te ha dicho que la compañía me agrada? – Hermione sabía que llegarían a ese punto y paró. Bajo la mirada.
- Creo que necesita usted más conversación que la que pueda obtener de un enfermero. Aunque, más se podría decir que no mantiene conversación alguna con los enfermeros…
Snape escuchaba atento. Enfadado por la descabellada ocurrencia de la Gryffindor pero, atento. ¿Qué demonios insinuaba la estúpida Gryffindor?
- ¿Qué sabes tú de lo que yo hablo con los enfermeros? – la pregunta fue directa. La joven levantó la mirada asustada y, sin poder evitarlo, entró en contacto visual con el maestro. Ambos sabían la respuesta pues, Snape, la acababa de deducir.
- Bueno… pues… - la mirada cayó de nuevo al suelo - cuando… cuando me voy… - la joven titubeaba. Ella misma se delataba.
- ¿Pretendes decirme que me espías?
- ¡No! ¡Por favor! Solo fue una vez, la primera que vine, que me tuve que ir por que venía una enfermera y no tenía capa invisible ni nada, tan solo encantamientos desilusionadores – se defendió de inmediato
- Eso espero Granger – si lo había echo o no ya daba igual, no volvería a hacerlo después de la mirada que el profesor acababa de ofrecerle
Hermione asintió nerviosa. ¿Cómo se le había ido el tema de las manos tan tontamente?
- Ahora vete de aquí – sus palabras fueron lentas y duras – ya.
- Pero profesor…
- ¡¡Vete!! – la vena de la frente del profesor se marcaba más de lo normal por su extremada delgadez pero, Hermione no pudo verla mucho pues, después de casi caer del taburete del susto, salió corriendo de la habitación.
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El día siguiente arrastró su ánimo toda la mañana. Fue al despacho y comenzó la segunda fase de preparación de la poción. No tenía ganas de hablar con nadie por lo que no le costó.
Se sentía culpable por haberse metido donde no la llamaban. Ni si quiera entendía cómo había tenido el valor de meterse tan descaradamente en la vida del maestro. No hacía falta decir que a Snape no le gustaba que se entrometieran en su espacio vital y ella le había preguntado que si no se sentía solo.
Pensándolo en frío, había sido una pregunta estúpida. ¿Cuándo había Snape estado a gusto con alguna compañía? Quizás con Dumbledore pero… lo dudaba. Lo de ellos había sido una relación más bien forzada, independientemente de lo cercana y leal que fuera, siempre con un propósito y una causa. Quizás con… Lily… Seguro que por eso la amaba. Seguro que se sentía bien a su lado. Y había muerto por su culpa.
Debía ser un cargo de conciencia increíble y, juntándolo con que ella se había casado con su mayor enemigo, contradictorio. Era realmente admirable. Nunca habría imaginado eso de su borde, arisco e irónico profesor de pociones. Había dedicado su vida a, de algún modo, remediar su error, cuidando a Harry.
Una vez más volvía a sentir la necesidad de ayudarlo. Había sufrido demasiado en su vida como para que, ahora, nadie lo atendiese. No sabía si iba a vivir mucho pero, el tiempo que le quedase en el hospital, lo cuidaría. Quizás buscaría conversación, algún tema importante, interesante. Eso si, teniendo cuidado de lo que a su profesor le pudiera molestar, disimulando.
En cuanto terminó satisfactoriamente la segunda fase de la poción sus niveles de ánimos eran algo más altos. Aunque no lo suficiente para socializar por lo que se dirigió a la sala de menesteres en busca de la puerta que conectaba con Hogsmeade.
- Hola señor Dumbledore – saludó al hermano del antiguo director.
- Buenas tardes señorita Granger, ¿de nuevo de paso? – le preguntó mientras la veía descender de la habitación.
Era muy parecido Albus Dumbledore. Un poco más robusto y unos cuantos años más joven pero parecido. Sus intensos y penetrantes ojos azules eran el rasgo que más le gustaba. Era como estar siendo observado por Albus Dumbledore a través de su hermano. Hermione siempre había admirado los rasgos de su antiguo director por su elegancia y, de hecho, ya en su primer curso en Hogwarts había investigado (dentro de lo posible. Evidentemente, no se había tan si quiera acercado a la verdadera vida del mago), acerca de él, y había encontrado bastantes imágenes. Se podía afirmar sin duda que había sido un hombre muy atractivo.
Por este motivo, a pesar del susto de cuando la guerra y su actitud arisca y cabezona, le agradaba tanto ver a este hombre. Se cruzaban muy a menudo y siempre se saludaban. Más por cortesía que por otro motivo pero, si de su opinión dependiera y, teniendo tan solo el primer contacto de la noche de la batalla, ese hombre no se habría molestado ni en mirarla.
Pero no, siempre se mostraba educado, y no arisco, y la saludaba con una sonrisa y dejándole ver sus maravillosos ojos azules, como los de su hermano.
Hermione estaba segura que esta comparación, a Aberforth, no le gustaba.
- No – Hermione le sonrió mientras se sentaba en la barra.
El local estaba vacío. La gente solía ir a allí a tomarse una copa y charlar un rato pero era la hora del almuerzo y no había nadie.
- El realidad… venía a ver si había algún lugar donde comer por aquí… - era un poco una pregunta. Si alguien sabía de algún bar donde comer ese era Aberforth.
El anciano pensó.
- Bueno… te diría de varios locales por aquí pero… están cerrados – le dijo mientras doblaba el paño de cocina detrás de la barra –. Es festivo.
- Ah… - no tenía ni idea. Nunca se había molestado en ver los días festivos del verano.
- ¿Por qué no comes en el castillo? Según tengo entendido los elfos están trabajando este verano – le preguntó curioso mirándola con sus ojos azules.
- No tengo ganas… Quería hacer algo diferente… - era cierto.
- ¿Sola?
- Hmm… - esa había sido su primera intención pero… -. No tiene por qué aunque era lo que tenía pensado…
El anciano sonrió entrecerrando los ojos.
- Puedes quedarte aquí – la invitó aun con la sonrisa en la cara -. Yo iba a almorzar ahora mismo… - señaló un caldero enorme encima del fuego.
No se lo pensó mucho. Ni buscándola habría obtenido una compañía que más le animase en esos momentos. Aberforth tenía que ser un hombre muy interesante o, al menos, eso pensaba Hermione desde que se enteraron de que era el hermano de Albus Dumbledore.
Supuso que si Aberforth sabía que le interesaba por Albus Dumbledore no le habría invitado a comer y, ciertamente, tambien ella se sentía mal por no tener más motivos por el que poder tener una relación con el tabernero de Cabeza de Puerco. Los buscaría.
- Pues… si – aceptó –. Me gustaría – le devolvió la sonrisa.
- Espero que te guste el pollo. Es lo único que tengo hoy – y se dio la vuelta para ir a servir los platos.
- Me gusta – afirmó Hermione segura. Nunca había sido de mal comer y, el pollo, era de sus carnes preferidas –. Señor Dumbledore…
- Llamame Aberforth, por favor. Eso de señor Dumbledore me hace sentir muy viejo – dijo riendo ante la evidencia pues, no era viejo, era muy viejo.
- Aberforth… - la joven también lo prefería. Le resultaba muy extraño llamar Dumbledore a alguien que no fuera Albus Dumbledore - … ¿vive usted aquí siempre?
El anciano volvió a soltar una risita.
- Si, ¿por? – los dos platos estaban servidos y Aberforth se disponía a llevarlos a la barra.
- No, pregunto… Siempre… siempre lo he visto aquí. Por eso preguntaba… - no podía imaginarse una vida más triste que estar fijo metido en una taberna.
Bueno si. Quizás la del profesor Snape, encerrado en sus propios sentimientos.
Aberforth no era una eminencia como su hermano y, ciertamente, nunca se le habían dado los estudios pero, no por ello era una persona estúpida y un mal mago. Con los años se aprende de todo. Más sabe el Muerte por vieja que por Muerte, dice el refrán.
- ¿Te extraña que dedique mi vida a este pequeño local?
- No, no es eso… - negó Hermione mientras cogía los cubiertos que el anciano le tendía.
- ¿Sabe señorita Granger?...
- Hermione – pidió ella.
- De acuerdo, Hermione – sonrió –. Que mi hermano tuviera las ansias de conocer mundo muy desarrolladas no implica que yo sea igual… - el anciano hablaba con calma mientras se llevaba un trozo de pollo a la boca pero, cada palabra, era pensada.
Hermione se sonrojó.
- No… no quería… compararlo con…
- No te pongas nerviosa – su sonrisa seguía viva aunque con un tanto de resignada aceptación bordándola –. No eres la primera que me lo pregunta… aunque, si que has sido la que más lo ha disimulado.
La joven se sonrojó más aun. No era tanto que no tuviera las ansias de poder de su hermano como que vivía su vida en una simple taberna. Pero si, la comparación había sido inevitable.
- Digamos que no todo el mundo tiene el mismo… concepto de… vida – pensaba mientras hablaba –. Mi hermano Albus tenía una visión muy amplia del mundo. Tan amplia que le nublaba la mente. Solo pensaba en si mismo y sus posibilidades de grandeza… - pronunciaba las palabras con un cierto pésame. La cabeza de Hermione miraba avergonzadamente el plato. Quería defender a su antiguo director pero temía contradecir a su hermano –. Nadie es perfecto… - y siguió comiendo
Unos segundos de silencio siguieron a las palabras de Aberforth. Hermione decidió no cortar ahí la conversación. A fin de cuentas, le interesaba.
- El director Dumbledore hizo cosas increíbles. Recuerde que era el único mago al que el que no debió ser nombrado temía…
– Mi hermano se convirtió en un mago grandioso gracias a su inteligencia y su don de la gente. Se le daba muy bien esconder y mentir señorita Granger, y lo hacía muy a menudo, a su antojo. Creo recordar que ya lo dije – de nuevo silencio –. Tan fascinante como repelente. Al menos para los que los conocíamos, un poco…
- Mucha gente lo conocía y no opinaba lo mismo.
- Esa gente solo conocía de Albus lo que Albus quería – su tono de voz había subido un poco. Más para remarcar lo que decía que para discutir pero, de igual modo, había subido –. Yo si conocí al verdadero Albus Dumbledore – era una afirmación pesada y rotunda.
Y no era ninguna mentira. Eran pocos los que conocían la verdad sobre Albus Dumbledore y, su hermano era, sin duda, el que más. No lo entendía pues su antiguo director se le antojaba maravilloso. Una persona humilde, sincera, agradable, culta y, además, graciosa. Pero, aunque no lo pareciera, había pecado de grandeza años atrás y, en cierto modo, había escarmentado.
No sabía exactamente qué edad podía tener al morir pero estaba segura que había sido un mago longevo. Y teniendo en cuenta que la vida media de un mago eran 140 años, Albus Dumbledore debía de haberlos pasado ya.
En todo caso, solo lo había conocido 6 años de su vida. Una auténtica porquería en comparación.
- Su hermano vivió toda su vida con el peso de su culpa a cuestas… Lo que no le libra de ella pero quiere decir que… aprendió y se arrepintió – se metía donde no la llamaban una vez más pero, en esa ocasión sentía que, hasta cierto punto, tenía permiso. Ni comparable la incomodidad de ese momento con la que había sentido al preguntarle a Snape si se sentía solo.
- Debo reconocer que pensé que no – Aberforth movía con un trozo de pan la comida hacía el tenedor –. Siempre creí que se había exculpado de la muerte de Ariana.
Las palabras de Harry aun vibraban en su mente:
- Él nunca fue libre – lo interrumpió Harry.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Aberforth.
- Nunca lo fue – insistió el muchacho –. La noche en que murió, su hermano se bebió una poción que lo hizo delirar. Se puso a gritar, suplicándole a alguien que no estaba allí: "No les hagas daño, por favor… Castígame a mi."
[…]
- Creyó que volvía a estar con ustedes dos y Grindelwald, estoy seguro – dijo Harry, recordando los gemidos y las súplicas del anciano profesor -. Creyó ver a Grindelwald haciéndoles daño a usted y Ariana… Era una tortura para él; si usted no lo hubiera visto entonces, no diría que ya era libre.
- Las palabras de tu joven amigo me convencieron. Además, no hace mucho me hizo una visita muy… podríamos decir, provechosa – sonreía de nuevo –. Quizás mi hermano aprendiera la lección pero… eso no quiere decir que dejase de ser quién era. Hacía peligrar, de un modo u otro, a todo por el que sentía un mínimo de aprecio.
- Lo hacía por el bien de todos…
- ¿Crees que el fin justifica los medios?
- Si, lo creo – afirmó rotunda.
Aberforth rió divertido, no irónico. Lo que extrañó a Hermione.
- Quizás por eso soy Hufflepuff…
¿Hufflepuff? ¿Aberforth era Hufflepuff?
- Jejeje… - una vez más su rostro expresaba una resignación –. Suponías que era Gryffindor, ¿cierto?
Hermione volvió a sonrojarse. ¿Por qué lo había dado por hecho?
- Tranquila… Tampoco eres la primera que lo piensa. No me voy a deprimir por ser el hermano de Albus Dumbledore. Lo tengo asumido hace mucho… - en las últimas palabras un abismo de triste aceptación. Hermione sintió pena.
El silencio envolvió de nuevo la sala. Hermione se preguntaba cómo no había supuesto que Aberforth no era Gryffindor. Era más que evidente pues, de serlo, habría entendido los motivos de su hermano.
Pero lo que más la incomodaba era la tristeza de este al decir que lo tenía todo asumido. Lo más seguro era que toda su vida hubiese sido el hermano de Albus Dumbledore, se había quedado sin nombre.
- Seguro que usted tambien tiene cosas que sean admirar Aberforth – intentó darle ánimos aunque la frase le quedó algo ñoña.
- Supongo…
- ¿Tiene usted esposa o… familia? – intentó buscar puntos donde apoyarlo.
- Estuve casado Hermione pero… mi esposa murió – en sus ojos había más y más tristeza –. En la primera gran guerra…
- ¿Erais ambos miembros de la Orden?
- Éramos miembros activos de la Orden del Fénix – reconoció –. Ella si era Gryffindor… - la echaba de menos –. Era valiente y justa. Noble y leal… Supongo que nunca escarmienta uno – sonrió –. Odiaba a mi hermano Gryffindor y me case con una de la misma casa…
Esa última sonrisa no era triste. Era más bien graciosa, como si la tremenda casualidad que fue ese hecho no fuera más que eso, una casualidad.
- ¿Y no tiene hijos? – necesitaba algo con lo que darle ánimos pero, más que una búsqueda, las preguntas empezaban a parecer cotillas. Hermione se sonrojó al ver que los ojos de Aberforth se habían percatado de eso – Lo digo para… no se… ayudarlo…
Aberforth asintió.
- No… no tengo hijos ni hijas. Mis padres, como ya sabes, murieron y, hace ya más de un año, mi única familia viva tambien. Supongo que soy el último de mi familia… pues Albus… no dejó descendencia… - le resumió el parte completo.
- Es una pena… - Hermione, ya con el plato de comida vacío, miraba los restos de este apenada –. Lleváis unos buenos genes – sonrió.
Aberforth mostró resignación de nuevo.
- No lo digo solo por Albus – corrigió enseguida –. Lo digo tambien por usted. Lo digo en general… Quizás sea usted un poco tosco – no todo podía ser bueno -, pero es buena persona… - le halagó -. Diferente a la "bondad" de su hermano… La suya es una bondad más familiar, más particular… Nunca menospreciable en comparación con la bondad "general" de su hermano…
Aberforth sonrió.
- Y además tenéis los ojos bonitos – puntualizó Hermione divertida.
Aberforth volvió a sonreír.
- Eso dicen… - reconoció halagado el anciano -. ¿Terminaste?
La joven castaña asintió.
- Estaba muy bueno – le agradeció –. Debería usar usted esta taberna para algo más que servir copas.
- Que va… - negó dejaba los platos fregándose solos en el fregadero –. Demasiado trabajo… - se rió de vuelta a la barra
Silencio de nuevo. Aunque, esta vez, algo menos incómodo.
Hermione no se había equivocado. Aberforth era, a su modo, interesante.
- Entonces… ¿Dumbledore no dejó descendencia? – la pregunta se le antojaba extraña. La verdad, nunca habría imaginado a su director en alguna relación sentimental pero, algún día tuvo que tenerla –. Quiero decir… Albus – corrigió.
- Que yo sepa no – negó – Nunca me dijo nada… De todos modos… no es de extrañar teniendo en cuenta que… bueno… nada…
El semblante de Hermione se arrugó. Aberforth parecía incómodo de nuevo. Cohibido. Miró al techo en busca de alguna ayuda divina antes hundir los ojos en el suelo.
- Digamos que… sus… gustos no… le permitían tener… descendencia…
Hermione pensó. Y lo que se le ocurrió, ciertamente, se le antojó… ¿extraño?
- ¿Era gay?
Aberforth no pudo evitar un gesto de incomodidad ante la tremenda facilidad de la joven en soltar tremenda pregunta. Debía ser la diferencia de edad y mentes pues a él se le habría hecho imposible decirlo tan facil. Se limitó a asentir ligeramente.
- Grindelwald…
Aberforth volvió a asentir. La joven era lista. No le había hecho falta pensar mucho.
- ¿Por qué no me había imaginado antes? – se preguntó la castaña en voz alta.
- Porque no es relevante para nada – le respondió seguro. Paró y observó como la muchacha seguía pensando incrédula . Todo el mundo encasilla a mi hermano en el punto neutro. Sin relación alguna… - paró - …con ningún tipo de... ¿preferencias?... ¿relación sentimental?.. Desconozco si este se decantaba por ambos lados… que yo sepa…
Hermione seguía sorprendida. Los ojos los tenía como platos y el cerebro le daba vueltas a toda velocidad. Aberforth tenía razón. Sencillamente, Dumbledore parecía neutro.
- Espero que esto no salga de aquí Hermione – le pidió –. No creo que mi hermano ocultase nunca sus gustos pero no voy a ser yo quien profane se recuerdo después de muerto. De hecho, no debería habértelo dicho ni a ti…
- No diré nada… - le prometió la joven.
Ambos sonrieron. Se inspiraba confianza en el ambiente.
- Bueno… creo que va siendo hora de irme… - recordó Hermione mientras se levantaba de taburete de la barra –. Un almuerzo magnífico señor Dumbledore – le sonrió.
- Un placer tenerla aquí señorita Granger – ambos rieron –. Y oye… - la joven paró en mitad de las escaleras. Algo le intrigaba - ¿podría saber a donde es que vas con tanta frecuencia y prisa por las noches?
Hermione pensó. A él no le iba a mentir.
- No. No puedes saberlo… - reconoció a su pesar –. Lo siento… No soy yo la que no me deja decirlo – sonrió ante la graciosa expresión de aceptación del anciano hombre -. ¡Hasta luego!
- Adiós… - se despidió Aberforth.
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¿Qué decir hoy? Bueno... nada... Sigo de vacaciones de Carnavales pero algo atrasadilla con los estudios... (será que me gusta agobiarme a última hora u.u'') Y bueno, ayer noche terminé el capi 7, por lo que hoy cuelgo el 6!
No se, espero que guste... :)
Y, por favor, si no os importa, dejadme las críticas! Las necesito! Quiero mejorar!
Saludos a todos!
PEACE&LOVE!
anikoko
