- La Recién Llegada.
"Gracias por guiarme, chicos; creo que me hubiera perdido sin ustedes." Angelica le dijo tanto a Gerald como a Arnold, el chico rubio cargando su mochila mientras su amigo le mostraba a la chica su nuevo casillero. La rubia, pese a no ser exactamente la chica más amable, era lo bastante lista como para comportarse, especialmente en un ambiente nuevo con chicos a los que no conocía.
"No hay problema, Angie; si necesitas algo, sólo silba." Gerald dijo suavemente, haciendo que Arnold girara los ojos; el Afro-Americano no podía evitar coquetearle a cualquier chica moderadamente atractiva que conocía, excepto la que realmente le gustaba (alguien que siempre le había hecho perder su actitud 'cool') y la mejor amiga de ella, alguien con quien Gerald nunca se había llevado muy bien, así que no podía resistir jugar al Casanova con Angelica.
"Entonces, Angelica, ¿de donde vienes?" Arnold le preguntó a la chica mientras le pasaba la mochila para que la rubia pudiera poner sus cosas dentro del casillero.
"California; no vengo de una ciudad tan grande como Los Angeles o San Francisco, sino una de tamaño moderado, Everwood; está en la parte norte del estado y rodeada de bosques y montañas, así que a veces tenemos algo de nieve durante el invierno." Angelica respondió. "No es exactamente glamorosa, pero el lugar no está tan mal."
"¿Y en qué trabajan tus padres?" Gerald preguntó.
"Mamá solía ser Vicepresidenta de una gran compañía hasta que, como a veces pasa, la reemplazaron; pero, como ella no es exactamente del tipo doméstico, usó todos sus ahorros y contactos para fundar su propia empresa. Mi papá incluso renunció a su trabajo para asistirla, y, en el proceso, muchos de sus contactos de la empresa donde él trabajaba se unieron a la de mi mamá."
"¿Y qué tipo de compañía es; de bienes raíces, tecnología…?"
"Un poco de todo." Angelica interrumpió a Arnold. "La vieja empresa de Mamá tiene intereses en entretenimiento, comida, parques de diversiones… si tú lo mencionas, mi madre estaba involucrada; así que su propio negocio sigue la misma línea. Justo ahora, ella y Papá van a abrir una sucursal aquí en Hillwood, y, ya que deben supervisar a los que construyen la oficina, conseguir nuevos inversionistas y cosas así, y todo eso llevará unos cuantos meses, nos tuvimos que mudar aquí mientras tanto. Estamos viviendo en una casa rentada, y lo más seguro es que nos mudaremos de vuelta a California cuando la mayor parte del trabajo esté hecho y mi madre consiga a alguien para dirigir la sucursal."
"Una sugerencia; no le digas a nadie que tus padres tienen dinero. La mayoría de la gente por aquí está bien, pero muchos podría fingir amistad para aprovecharse de ti." Arnold sugirió, haciendo que Angelica riera un poco y agitara la cabeza.
"Tú eres uno de esos."
"¿De qué hablas?" Arnold arqueó una ceja.
"Un bienhechor; he conocido personas como tú… le pueden arruinar la diversión a todos, pero es bueno tener al menos uno alrededor." Angelica se encogió de hombros mientras cerraba su casillero. "Y no te preocupes; puedo cuidarme sola. Ahora, si ustedes pudieran mostrarme el camino a mi salón…"
Arnold y Gerald miraron el horario de Angelica, y se dieron cuenta que concordaban en la mayoría de las clases, así que, al menos por ahora, ella se juntaría con ellos hasta que conociera el lugar un poco mejor. Sin que el trío lo supiera, Helga los estaba mirando desde una esquina, frunciendo el ceño.
"¿Puedes creerlo, Phoebe? ¡Esos tontos están cayendo por los trucos de esa chica estúpida! ¿Por qué actúa tan amable cuando, obviamente, es grosera, mala y desagradable? ¡Porque es un tonto acto que utiliza para engañar a zopencos llenos de hormonas, y están cayendo!" Helga gruñó; el pequeño altercado que tuvo previamente con la chica nueva no le había dejado una buena impresión. Phoebe, quién estaba a su lado, suspiró mientras colocaba algunos libros en su casillero.
"Helga, ella es nueva por aquí, y ya que, como de costumbre, Arnold está siendo caballeroso y ofreciendo una mano amiga, la chica la está aceptando." Phoebe dijo mientras le echaba una mirada al trío, mostrando su rara vez visto ceño fruncido. "Sin embargo, admito que Gerald es inusualmente atento con ella, y sospecho que no se relaciona con él apoyando el comportamiento de Arnold."
"Te lo digo, Pheebs; esa chica es malas noticias." Helga gruñó. Entonces notó al trío alejándose, y, ya que Phoebe y ella tenían la misma clase, los siguieron después de unos segundos.
Al momento que Angelica entró al salón, varios chicos le silbaron, algo que la rubia disfrutó y las chicas presentes resintieron. Un chico de nariz larga, con cabello negro y delgado, y apenas del tamaño de Arnold, se le acercó, mostrando lo que, Angelica adivinó, era su versión de una mirada seductora.
"Hola, chicos; ¿quién es su amiga?"
"Sid, ella es Angelica; acaba de llegar a la ciudad." Arnold hizo las presentaciones.
"Encantado de conocerte, nena. Si lo deseas, puedo mostrarte el lugar." Sid se acercó un poco más a la rubia, quién le dio una mirada pícara y tocó la punta de su nariz.
"Claro, justo después de conseguirte unas mantas."
"¿Mantas?" Sid preguntó, confundido.
"Si; creo que tú las conoces como pañuelos." Angelica comentó casualmente. Sid abrió sus ojos al máximo mientras que varios alumnos a su alrededor se rieron. Un chico bastante alto y delgado, con una nariz aún más grande que la de Sid, se acercó al chico bajito, riendo suavemente; a pesar de su cara de tonto, a Angelica le pareció menos molesto que Sid.
"Te ganó ahí, amigo." El chico entonces se inclinó un poco y le ofreció la mano a la rubia. "Gusto en conocerte; soy Stinky."
"No, no tanto; pero puedo recomendarte un desodorante." La rubia recordó que 'Stinky' significa 'apestoso'.
"Nunca había escuchado esa broma; no, ese es mi nombre; Stinky Peterson. Todos los hombres de mi familia se llaman así." El chico explicó mientras estrechaba manos con Angelica.
"¿Stinky? ¿Quién es su papá; Walt Disney?" Angelica pensó pero dijo otra cosa. "Bueno, ya que ustedes son tan amables, ¿podrían decirme quien está a cargo de este grupo? Ya saben, el grupo popular; ese es más mi estilo."
"¿Los populares? Bueno, esos serían Lorenzo," Stinky señaló al fondo del salón, donde un chico latino, que llevaba ropa aparentemente cara aunque no muy vistosa, platicaba con dos chicos que llevaban lentes oscuros; uno tenía la nariz tan larga como Sid y tenía pelo delgado color café mientras que el otro estaba ligeramente bronceado y sus lentes eran más grandes y estilizados, "Iggy y Peapod; otros populares son la Señorita Lila, que todavía no llega, y por supuesto…"
"¡Buenas días, gente afortunada!" En ese momento se escuchó una voz de tono'snob'. "Sé que todos me extrañaron, pero estoy de vuelta y lista para darle a esta escuela la elegancia que tanto necesita."
Angelica le dio una buena mirada a la chica que entró al salón; era una morena moderadamente atractiva (en la opinión de Angelica), apenas un poco más bajita que la grosera de rosa; llevaba un 'top' rojo, pantalones negros, aretes y collar de plata, y botas estilizadas.
"Rhonda, te vimos durante todas las vacaciones, excepto las dos semanas que te fuiste con tus padres." Gerald señaló.
"Bueno, Gerald, en este caso, dos semanas sin mi presencia son suficientes para que este pueblo baje de categoría de 'ciudad' a 'villa'." Rhonda se encogió de hombros antes de finalmente notar la presencia de Angelica. "Y tú eres…"
"Tu reemplazo." Angelica se cruzó de brazos antes de brindarle una sonrisa pícara a Rhonda. "Sólo bromeo; por cierto, lindas botas… Caprini, ¿cierto?"
"Por supuesto; eres la primera persona en esta escuela que lo reconoce sin que yo diga nada. Es bueno tener a alguien con un poco de clase por aquí." Rhonda respondió en su tono usual.
"Qué chistoso; yo iba a decir lo mismo."
Angelica y Rhonda se miraron una a la otra; los chicos pensaron que era raro, pero todas la chicas alrededor sabían que estaban juzgándose y midiéndose una a la otra; postura, ropa, actitud, accesorios… después de unos momentos, Rhonda sonrió ligeramente.
"No está mal; estás aprobada. Ven, siéntate junto a mí." Rhonda le dijo a la rubia antes de dirigirse a su asiento. "Los vemos luego, muchachos."
Angelica asintió a los chicos antes de seguir a Rhonda, su propia sonrisa pícara creciendo; en su vieja escuela, tuvo que trabajar mucho para ser aceptada entre los populares, y aquí, antes de la primera clase, ya se estaba hablando con alguien quién, obviamente, ocupaba un alto rango social.
"Es bonita… pero no me gustó lo que dijo de mi nariz." Sid le comentó a sus amigos.
"Y puede que Nadine se moleste si sabe lo que le dijiste." Gerald agregó, haciendo que Sid palideciera inmediatamente.
"No le van a decir a ella, ¿verdad?"
"¿Decirme qué, Sid?" El chico se tapó la boca para cubrir un grito ahogado cuando escuchó a la chica bronceada con varias trenzas rubias hablándole, mientras que Arnold, Gerald y Stinky sonrieron levemente.
"Eh… hola, Nadine… bueno, verás, yo dije, me dijo, le dice, le digo…" Sid se puso muy nervioso mientras le daba a Arnold una mirada discreta que gritaba '¡Sálvame, hombre!' en cada lenguaje conocido para hombres y monos.
"Sid quiere presentarte a la chica nueva, Nadine, pero ella está hablando con Rhonda, así que creo que ella lo hará." Arnold señaló al final del salón, donde Rhonda estaba presentando a Angelica con los chicos populares.
"Oh, ya veo; bueno, mejor voy a saludar; los veo luego." Nadine sonrió a los chicos, quienes asintieron y sonrieron también; cuando ella se alejó, Sid inmediatamente suspiró aliviado.
"¡Arnold, eres un santo!"
"No exageres, Sid; sólo sé más amable con Nadine y deja de coquetear; si la insultas o la lastimas, puedes olvidarte de que te cubra las espaldas." Arnold señaló; aún si Sid era su amigo, Nadine lo era también, y el rubio no quería verla triste o lastimada de ninguna forma.
"¡Muévete, zopenco! ¡Estás en mi camino!" Helga entró al salón y dijo 'Buenos Días' a su manera, empujando a Arnold a un lado.
"Sí, gusto de verte a ti también, Helga." Arnold giró sus ojos y frunció un poco el ceño; debido a momentos como esté era difícil que pudiera defender a la chica cuando otros estudiantes hablaban mal de ella. La cara molesta de Arnold desapareció cuando Phoebe entró, la pequeña genio y su gentil saludo logrando que los chicos, especialmente Gerald, olvidaran de momento el temperamento de Helga.
Helga se sentó en su lugar usual, justo detrás de Arnold, y se volteó para ver a los populares, gruñendo cuando vio a la otra rubia platicando con ellos.
"Genial; la Rhondaloide se consiguió una Barbie nueva." Helga estaba tentada a tener una pequeña charla con la recién llegada pero en ese momento ella y todos los demás se voltearon al escuchar que alguien más había entrado; una pecosa y linda pelirroja.
"¡Hola, amigos!" Lila, la siempre alegre e ingenua Señorita Perfecta saludo a todos del modo usual, sonriendo y con un tono amistoso, deteniéndose brevemente para saludar a todos individualmente en el camino a su asiento entre los populares; aunque Lila no era nada presumida, usualmente se juntaba con Rhonda y su grupo debido a intereses similares. La pelirroja se detuvo para saludar a Helga, cuya cara malhumorada se desvaneció un poco… aunque el cambio era apenas notable.
"¡Saludos, Helga!"
"Si, lo que sea." Helga respondió, sin que su respuesta malhumorada afectara la actitud de Lila. El desagrado de Helga por la pelirroja no era tan intenso como cuando ellas estaban en Primaria, principalmente debido a que la atracción de Arnold hacia ella prácticamente había desaparecido, pero sus personalidades eran tan diferentes que Helga aún no podía considerarla una amiga cercana, incluso si admitía (de mala gana) que la chica no era tan desagradable después de todo, siendo una de las pocas personas que conocían su secreto sin tomar nunca ventaja de la situación.
Mientras tanto, Angelica había notado la presencia de Lila, igual que todos, y se interesó notablemente.
"Esta chica prácticamente grita 'Dulzura'; es un milagro que no esté rodeada de abejas." Angelica pensó mientras Lila se sentó en su lugar.
"Lila, ella es Angelica; su familia se mudó temporalmente desde California." Rhonda hizo la presentación, Lila y la rubia estrechando manos inmediatamente.
"Gusto en conocerte, Angelica; sé como se siente ser la chica nueva así que, si necesitas ayuda con la transición, estaré más que feliz en ofrecerte asistencia."
Angelica le dio una mirada a la sonrisa de Lila; ella había visto antes esa expresión… ingenua, amable, dispuesta… y además era pelirroja y pecosa; en otras palabras, perfecta.
"Gracias, Lila; ahora que lo mencionas, perdí mucho tiempo de estudio durante la mudanza, así que necesitaré algo de ayuda por un par de semanas; no quiero que mis calificaciones se arruinen desde el inicio."
"No digas más; si necesitas mis apuntes, o ayuda con la tarea, sólo pídela." Lila sonrió dulcemente, obviamente olvidando o sin que le importara que el año escolar estaba iniciando y obviamente era imposible perder tiempo de estudio los días previos, mientras Angelica sonrío astuta y discretamente.
"Popularidad… lista; chicos impresionados conmigo… listo; un asistente… listo. ¡Soy tan buena que me asombro a mi misma!"
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Como Angelica esperaba, Rhonda y Lila eran una valiosa fuente de información; para el final del tercer periodo, ya conocía lo básico sobre sus nuevos compañeros de clase, sobre todo quienes eran los populares y a quienes evitar. Una de las cosas que debía recordar era que, a pesar de los estereotipos de la Secundaria, debía ser más o menos educada con todos, ya que la mayoría de los alumnos se conocía desde hacía años; incluso Rhonda, una de las más populares de la escuela, estaba en buenos términos con algunos impopulares, especialmente con Nadine, quién era calificada como 'La Rara Chica Insecto' o 'La de Pasatiempos Raros', pero aún así era la mejor amiga de la morena.
"Y, ¿ese chico Arnold es tan amable como parece, o sólo pretende?" Angelica le preguntó a Rhonda, Nadine y Lila mientras las chicas iban a la cafetería.
"Oh, no, Arnold es uno de los chicos más decentes y honestos de por aquí." Lila comentó.
"Sí llegas a tener algún problema y no quieres decirle a nadie más, ve con él… de hecho, muchas veces él te ayuda sin que tú se lo pidas. Es cómo nuestro Señor Arregla-Todo; la mayoría de la gente aquí le debe al menos un favor, y nunca pide nada a cambio." Nadine añadió.
"Si es tan importante, ¿por qué no está con los populares?"
"Porque no es popular como nosotros, en el sentido de la moda y el estilo," Rhonda le aclaró a Angelica, "sino en los de la amistad y el apoyo; el no encaja en ninguna categoría porque juega baseball con los atletas, le gusta la ciencia como a los nerds, y organiza las mejores fiestas como nosotros, la gente bonita. Honestamente, los únicos con los que no se lleva bien son los abusivos y bravucones, especialmente Helga; ella prácticamente lo odia."
Nadine suspiró aunque asintió mientras que Lila guardó silencio y Angelica quedó pensativa.
"Parece que esa Helga es todo un dolor de cabeza."
"Y que lo digas." Rhonda giró sus ojos. "En su defensa, la chica tiene más agallas que la mayoría de la gente, y a veces es divertido juntarse con ella, pero generalmente es mejor mantener tu distancia…"
"¡Oh, mi querida amada!"
"Hablando de mantener la distancia." Rhonda se quejó y retrocedió algunos pasos. Angelica volteó para ver al chico que le había hablado a la morena; era delgado, un poco más alto que Arnold, con un peinado de tazón, anteojos gruesos, y vestido con una gran camisa verde y pantalones cafés holgados.
"Déjenme adivinar; ¿admirador de Los Tres Chiflados?" Angelica le susurró a Nadine, quién rió suavemente mientras Lila se movió a un lado para que el chico pasara; él prácticamente ignoró a las otras muchachas mientras se enfocaba totalmente en Rhonda.
"Oh, Rhonda mi amor, ha sido una tortura no estar en el mismo salón de clases. He extrañado tu voz, tu belleza clásica… el olor de tu cabello…"
"¡Ugh! ¡Curly, detente, ¿quieres?!" Rhonda dijo, asqueada, pero luego le habló en un tono astuto. "Pero, si de veras quieres hacerme feliz, se lindo y paga mi almuerzo."
"Lo que sea por ti, mi Amada Majestad." Curly se inclinó respetuosamente frente a la morena.
"Bien; entonces, ve a la cafetería y guárdame un lugar en la fila de la comida antes de que se acabe lo mejor."
Al momento que Rhonda dejó de hablar, Curly se alejó tan rápido que pudo haber roto algunos récords de pista y campo. Angelica se rió de la escena antes de dirigirse de nuevo a Rhonda.
"¿Es tu novio? Si lo compraste, pide un reembolso."
"No es su novio." Nadine le informó. "Curly ha estado enamorado de ella por años, y siempre trata de conquistarla como sea."
"Pensé que sería mejor ahora que casi no tenemos clases juntos, ¡pero sigue apareciéndose por donde sea que estoy!" Rhonda se quejó. "Lo juro, ese fenómeno debe tener un radar o algo… eso, o es un experimento del gobierno que se volvió loco; énfasis en 'loco'."
"Creo que es lindo, de una forma inusual y perturbadora." Lila comentó mientras las chicas seguían caminando. "Está totalmente dedicado a ti, Rhonda."
"Lo sé; es una de sus pocas cualidades… su gran gusto en chicas." Rhonda suspiró, resignada. "No tengo tantos problemas con que él sea un 'geek'… excepto por las implicaciones sociales, por supuesto; es la parte loca lo que no soporto."
"Si; algunos 'geeks' son… lindos." Angelica pensó en voz alta, la última parte casi un suspiro, y las chicas se sorprendieron por su repentino cambio en tono y expresión. Angelica lo notó y regresó a su tono usual. "Es decir, tengo un primito que está loco por inventos curiosos, cosas de Nueva Era, fenómenos y extraterrestres, y Harold, uno de mis mejores amigos en casa, es fanático de caricaturas e historietas; los dos son molestos pero lindos."
"Qué curioso; nosotros también tenemos un Harold, pero no es exactamente un 'geek'." Nadine dijo mientras finalmente entraron a la cafetería.
"Si, es más como un adicto a la comida y tan delicado como un toro en una cristalería." Rhonda señaló a la fila de la comida, donde un chico de rasgos rudos, ligeramente más bajo que Stinky y bastante más corpulento, vestido con una chaqueta azul sin mangas y jeans negros, se quejaba y gruñía.
"¿Pueden apurarse? Me estoy muriendo de hambre, ¡y si no como pronto, golpearé a alguien y no será gracioso!"
"Bueno, tiene el apetito de mi amigo pero la semejanza termina ahí." Angelica le comentó a Rhonda."¿Crees que tu esclavo de amor pueda comprar mi almuerzo también? No quiero pararme detrás de ese Harold; nunca se sabe si comió frijoles en el desayuno."
"Conociendo a Harold, no me sorprendería." Rhonda giró sus ojos antes de ir a la fila, donde Curly se había colocado cinco lugares delante de Harold, y le dijo lo que ella y la rubia comerían.
Helga, sentada no muy lejos de la puerta (le gustaba esta mesa porque tenia una buena vista del lugar, incluyendo la mesa usual de Arnold), se sorprendió notablemente.
"Phoebe, ¿viste lo que acaba de pasar?"
"Nada fuera de lo ordinario, Helga." Phoebe dijo mientras comía su sándwich vegetariano. "Rhonda está haciéndole un favor a su nueva amiga."
"¡Ese es el punto! ¿Cuándo fue la última vez que Princesa hizo este tipo de trabajo? Ella siempre le pide a Nadine o a Lila que lo hagan, porque, a menos que sea algo ilegal, o 'impropio'," Helga hizo el signo de 'comillas aéreas', "la Señorita Perfecta hace todo lo que le pides. Pero está chica Pickles sólo abre la boca, y hace que Rhonda la obedezca… ¡aunque eso signifique hablarle a Curly!"
"Ya veo. Sin embargo, me quedo con mi primera teoría; es una recién llegada y nuestros compañeros están siendo amables; los chicos lo hacen por caballerosidad o falta de control hormonal, y Rhonda por la obvia compatibilidad."
"Tal vez, pero aún me desagrada la chica. Mantengámosla vigilada, por si acaso."
"Si te hace feliz… vigilando." Phoebe suspiró. Sabía muy bien que, cuando su amiga tenía una idea, no dejaba que insignificancias como el sentido común, restricciones legales o leyes de la física la detuvieran.
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Para el final del último periodo, Helga ya había tenido suficiente de la chica nueva. Prácticamente estaba haciendo lo mismo que ella, insultando y mandando a todos, pero su manera era tan sutil y calculada que los insultos parecían un coqueteo menor o comentarios bromistas, y las órdenes como simples favores. Por un lado, Helga debía admitir que estaba impresionada y ligeramente celosa del método de la chica, pero no iba a soportar que una princesa auto-proclamada la sacara de quicio; una Rhonda era más que suficiente.
Helga se estaba distrayendo de estos pensamientos con su propia terapia; bolitas de papel contra Arnold. La chica lo había estado haciendo al menos una vez cada diez minutos, para molestia del chico y placer para ella cuando él se volteaba a verla, Helga frunciendo el ceño al chico cuando él la miraba y sonriendo ligeramente cuando él se volteaba de nuevo para ver al maestro. Angelica, sentada algunos lugares detrás, notó esto y arqueó una ceja.
"Bolitas ensalivadas; ¿que edad tiene, nueve?" La adolescente giró sus ojos pero se le ocurrió una idea; esta clase era un poco aburrida –siendo la primera del año, consistía principalmente en el maestro recitando las reglas de la clase- y decidió hacer algo para entretenerse. Angelica sacó una liga que usaba para mantener sus plumas y lápices en su lugar cuando los guardaba en su estuche de maquillaje, y preparó su puntería.
"Ahora, clase, les tengo su primera tarea." El maestro dijo mientras escribía algo en el pizarrón, su comentario haciendo que casi todos gruñeran molestos. Helga eligió ese momento para disparar otra bolita de papel; la chica se puso la cerbatana en la boca, apuntó al Cabeza de Balón y…
COUGH! COUGH! COUGH!
"¿Está bien, Señorita Pataki?" El maestro le preguntó a Helga cuando él y todos los demás se voltearon para ver a la rubia, quién tosía violentamente en su asiento.
"Si… yo… creo que se me fue la saliva por el otro lado…" Helga alcanzó a decir entre accesos de tos. Arnold se levantó y le dio unas palmadas firmes aunque gentiles en la espalda hasta que Helga pudo respirar normalmente.
"¿Necesitas ir a la enfermería, Helga?" Arnold le preguntó, evidentemente preocupado. A pesar de la experiencia, Helga se sintió en El Cielo por unos segundos antes de volver a su expresión normal.
"Estoy bien, Arnoldo; ¡fue sólo saliva, no una espada!"
"Lo que tú digas, Helga." Arnold giró sus ojos y se sentó de vuelta en su lugar. Helga le sonrió cariñosamente por un momento antes de notar algo atorado en su cabello; una liga, la misma cosa que le golpeó la oreja justo cuando iba a disparar con la cerbatana, sorprendiéndola y haciendo que se tragara la bolita de papel.
"¿Pero quién lo hizo? Es decir, ¿quién es tan idiota o suicida cómo para siquiera pensar en jugarme una broma?" Helga pensó y entonces abrió ampliamente los ojos; la única que haría esto era la que no había aprendido a temerle. La rubia alta se volteó para ver a la recién llegada, quien tenía un intento de cara inocente aunque su sonrisa burlona era evidente.
"Soy tan graciosa." Angelica pensó.
"Estás tan muerta." Helga apretó sus dientes, apenas notando cuando el maestro volvió a hablar de la tarea.
"La tarea será un reporte sobre cualquier libro que gusten; quiero un análisis completo incluyendo estilo, desarrollo de personajes, argumento, y, si gustan, una pequeña biografía del autor. Para hacerlo más fácil, lo haremos un trabajo de equipo, y tienen una semana para hacerlo. Ahora, sé que muchos están acostumbrados a trabajar con un amigo, pero yo asignaré los equipos al azar."
"¿Ester tipo es primo del Señor Simmons o qué?" Sid le comentó a Stinky, quién simplemente se encogió de hombros mientras el maestro formó los equipos sacando nombres escritos en pequeños pedazos de papel que puso en una cajita; Rhonda terminó con Lila, Sid con Peapod, Stinky con Gerald…
Helga olvidó su mal humor por un momento, recordando que, de algún modo, el destino y su raro sentido del humor hacia que en estos casos, 9 de cada 10 veces, Helga terminaba con Arnold, algo que disfrutaba mucho aún si le causaba un caso mayor de estrés emocional.
"… Pataki y Heyerdhal…"
Helga abrió ampliamente sus ojos; por supuesto que le gustaba trabajar con Phoebe, pero estaba algo decepcionada por el hecho de que Arnold haría equipo con alguien más, y luego recordó que casi no quedaban alumnos sin pareja.
"Y, finalmente, Pickles con… oh, genial, una mancha de café; no puedo leer este apellido. Oh, bueno, tú eres el único que queda… Arnold, ¿verdad?" El maestro le dijo al chico, quién asintió. "Bien, entonces los equipos están listos."
Helga tuvo que hacer un esfuerzo para no gritar, y apenas se dio cuenta cuando la campana sonó; algunos alumnos se fueron mientras otros se quedaron para hablar sobre el proyecto.
"Así que, Angelica, ¿quieres trabajar en la biblioteca o en tu casa?" Arnold le preguntó a su compañera de equipo.
"No me gustan mucho las bibliotecas, y nuestra casa aún está un poco desordenada. ¿Está bien en tu casa?"
"Claro; podemos ir mañana después de clases, si quieres."
Helga alcanzó a oír la conversación, y, después de excusarse con Phoebe, se fue al baño, cerrando la puerta violentamente. Un momento después, le habló a su relicario con la foto de Arnold.
"Esa bruja… no lleva ni un día aquí, ¡y ya me está volviendo loca! ¿Y ahora tiene la atención de Arnold? ¿La atención que yo y solamente yo merezco?" Helga entonces miró el relicario, la vieja foto reemplazada con una más reciente. "Oh, Arnold, mi adorado, mi único amor… tan noble, generoso y caballeroso… ¿por qué tu sabia cabeza de balón, que ha salvado y provisto de asistencia a todos a tu alrededor en incontables ocasiones, es tan ingenua cuando concierne tu propia vida? ¿Cómo no te das cuenta de que esa chica no es más que una tramposa sirena, usando su falso encanto y voz maligna para robarte de mí, separándonos aún más? Pero no temas, Arnold, pues te protegeré del terrible monstruo que amenaza nuestra felicidad…"
Wheeze… wheeze…!
Helga detuvo su monologo amoroso e hizo una mueca molesta, conociendo perfectamente quién estaba detrás suyo. La chica reaccionó como de costumbre, enviando un poderoso puñetazo de reversa a la cara de su acechador, noqueándolo antes de salir del baño, furiosa.
"En serio, Brainy, el baño de las niñas… ¡y yo que creí que Curly era el loco!"
