Disclaimer: Ghost Hunt pertenece a Fuyumi Ono, yo no hago esto con animo de lucro ni nada por el estilo, así que, no me demandéis. xD.

Comentarios: Segundo y último capitulo del fic, espero de veras que os guste, lo hice lo mejor que pude, aunque MNaru esté un pel´n en OoC, no se que tal estará :/ Siento el retraso, pero fallas, examenes y vacas, mi tiempo se esfumo. ¡Pero aca el último capi!

Dedicación: Este fic está dedicado a mi buena amiga Len, ¡para ti girl!


We Need Each Other

II: We Belong Together

Ya había pasado un mes desde que ese insensible, narcisista y egocéntrico jefe que tenía se había comportado como un total pedante.

Mai estaba algo decaída. Ella conocía el carácter de su jefe, claro está, pero nunca se imaginó que pudiera llegar a ser tan insufrible, quizá hubiera sido mejor que le hubiera dado los chocolates a Yasu, pero ahora, el mal estaba hecho, y no había vuelta atrás. Esto no es como un juego de consola que puedes reiniciar cuando quieras, es la vida real, y estaba totalmente segura de que Naru ni se acordaba de los chocolates.

Aquella mañana de Marzo el sol brillaba con todo su esplendor, opacando el ánimo decaído de Mai, que, por una vez, estaba bastante alto. Era el día blanco y esperaba que alguno de sus compañeros de trabajo, Takigawa seguro, le regalaran algún chocolate.

Se vistió con una falda a pliegues de color azul y una camiseta blanca de manga larga, echándose por encima después una chaqueta para abrigarse. Salió de su casa, esta vez con muchísima más calma, y se dirigió con paso lento y pausado hacia la oficina del SPR.

Las calles estaban completamente llenas de gente que se dirigían hacia sus respectivos trabajos, algunos de ellos cargando grandes bolsas con, lo que suponía que eran, chocolates dentro. Una sonrisa salió furtivamente de sus labios mientras veía como un niño pequeño le regalaba a una niña una cajita con chocolates blancos dentro y ella le daba un gran abrazo. ¡Esta juventud!

Llegó delante de la puerta del SPR y suspiró con resignación mientras abría la puerta. Casi se cae al suelo cuando Masako y Ayako la asaltaron en la entrada, con un par de sonrisas que daban miedo.

—¡Mai! —exclamó Ayako mientras la jalaba por los hombros—. ¡No te lo vas a creer!

—Ayako, no creo que a Mai le importe —cortó enseguida Masako mientras sus mejillas se sonrosaban y se llevaba su manos hacia la boca.

—¡Tonterías! —exclamó la mujer mientras guiaba a Mai hacia adentro—. ¡John le ha regalado un paquete de chocolates! ¡Tan lindo!

La sonrisa que bordeaba los labios de Ayako y Masako pasó al rostro de Mai quien demostró la alegría que sentía por Masako. A decir verdad nunca habían sido mejores amigas, más si le agregabas que ella estaba obsesionada con Naru, pero ahora Mai podía respirar tranquila y podía alegrarse, por Masako y por John.

—¡Que bien, Masako! —exclamó la castaña mientras sonreía.

—¡Mai, té! —gritó una voz desde dentro del despacho.

No había tenido tiempo de llegar y ya le estaba pidiendo su taza de té, egoísta.

Después de las respectivas felicitaciones, Mai se dirigió hacia la cocina, para hacerle el té a Naru como todas las mañanas, pero esta vez había algo especial. Mai se quedó parada cuando abrió el armario donde solía guardar el te. Delante del pote con las hierbas había una cajita, con un lazo negro adornándola. Mai alargó las manos para tomarla y una sonrisa se dibujó en sus labios.

No había nombres desde quien venía, solo una pequeña tarjetita escrita a ordenador en la cual se podía leer un "gracias". Se guardó con rapidez la nota en el bolsillo, y se dio la vuelta mientras sonreía… Para encontrarse a unos interesados Takigawa, Ayako, Masako y John observándola de arriba abajo y deteniéndose en el paquete que llevaba en las manos. Las mejillas de Mai se tiñeron de un color rosáceo instantáneamente e intentó esconder el paquete tras su espalda, pero no sirvió de nada, Takigawa se acercó con un par de largos pasos y llegó hasta su altura, con una sonrisa demasiado delatadora.

—Mai ¿qué escondes ahí? —preguntó con un leve retintín, Mai negó con la cabeza mientras se echaba un paso para atrás.

—Mai, se puede ver igual, no lo escondas —sonrió Ayako maliciosamente mientras se acercaba a Takigawa.

La muchacha suspiró con resignación y sacó el paquetito de detrás de su espalda. Había una enorme sonrisa pintada en el rostro de Takigawa cuando ella la sacó de su escondite.

—No tiene remítete —se adelantó la castaña a la pregunta de todo el grupo.

Masako y John se acercaron al grupo, demasiado unidos para el gusto de cualquiera.

—Déjame ver eso —Ayako le arrebató de las manos el paquete con una rapidez impresionante, provocando que Mai hiciera un mohín—. Pues si es verdad, no hay remitente, solo un "Gracias".

—¿Cómo se sabe que es de Mai? —preguntó Masako.

Mai casi la fulmina con la mirada, pero señaló el estante del té.

—Estaba allí y la única que prepara té soy yo —concluyó.

—¿¡Por que tú no me regalaste chocolates, baka!? —exclamó Ayako con furia de repente dejando a todos medio atónitos. Golpeó con su dedo tres veces el pecho de Takigawa—. Eres un desagradecido —le dijo con una mirada fulminante.

—¡Oye! Tú no me regalaste ningún chocolate ¿por qué iba yo a regalarte algo? —preguntó el hombre como si eso fuera la cosa más obvia del mundo.

Masako, Mai y John tuvieron que taparse la boca para no estallar en carcajadas cuando vieron la cara de Ayako.

—¡Insufrible! —gruñó Ayako mientras se cruzaba de brazos.

—Volvamos a donde estábamos —sugirió John mientras desviaba un poco el tema de los chocolates no regalado a Ayako— ¿hay alguien que adore el té? —preguntó John como si fuera la cosa más lógica del mundo.

La respuesta no se hizo esperar y sonó a coro.

—Kazuya.

Mai abrió los ojos de la sorpresa y su boca se abrió levemente.

—Naru nunca me regalaría chocolates —dijo tajantemente mientras se daba le vuelta para ponerse a preparar el té.

Ayako y Takigawa se miraron, Mai todavía estaba sentida por lo que había echo Naru el día de San Valentín. Masako se llevó la mano hacia la boca para pensar algo, John la observó durante un segundo.

—¿Qué piensas? —susurró el chico.

—Está claro que fue Naru quien puso los chocolates ahí —susurró ella—. Pero Mai sigue enojada por lo que pasó hace un mes, pero ella tiene que pasar por el despacho de Naru para dejarle el té.

John entendió hasta donde quería llegar Masako.

—¿Quieres que Mai vaya allí ahora? —preguntó John.

Masako asintió y se acercó a Mai.

—Mai, ¿me dejas ese lazo? —la castaña la miró algo extrañada, pero aceptó.

Masako sonrió, mientras se acercaba hacia Mao y le ataba el lazo en forma de diadema.

—¿Qué haces, Masako-san? —preguntó la muchacha extrañada.

—Te ato el cabello —contestó la muchacha como si nada.

La castaña la miró extrañada pero volvió para hacer el té de Naru.

Ayako había entendido que era exactamente lo que pretendía Masako, aunque Takigawa estuviera más perdido que en un laberinto, John tuvo que ponerlo al día. Ellos ya no podían hacer nada, lo demás corría a cargo de Naru, él era quien debía de dejar su orgullo y su egocentrismo para decirle a Mai lo que tuviera que decirle.

Mai terminó de hacer el té al poco tiempo y colocó también algunas galletas en un plato para acompañar al té. Salió de la cocina con paso decidido hacia la oficina de su jefe, sostuvo la bandeja en una mano y con la otra golpeó la puerta con los nudillos.

Masako, John, Ayako y Takigawa se quedaron observando desde la puerta de la cocina y rezando para que Naru no sacara a la luz su carácter egocéntrico.

—Naru, soy Mai —le dijo a la puerta y después abrió.

Hasta Lin, que estaba en la habitación de al lado asomó la cabeza, él no era muy sociable, pero quería ver a la muchacha y a Naru bien, al fin y al cabo, estaban echo el uno para el otro.

Naru levantó la cabeza de sus documentos cuando Mai entró en su oficina. Mai entraba con su taza de té y un plato de galletas, y… Su lazo negro atado al cabello. Sus ojos se fijaron en su cabello, atado con gracia por la cinta negra.

Mai se acercó y dejó la taza de té y el plato de galletas sobre la mesa de su jefe y se dispuso a salir de allí, como siempre hacía. Desde aquel día de febrero ella le había dirigido vagamente la palabra a Naru, era como si estuvieran enojados, aunque solo por una parte. Naru observó las galletas que había en el plato, para después subir la mirada hasta el rostro de Mai.

—¿Mai?

—¿Necesitas algo más? —preguntó ella con la voz neutra, como si nada de lo que estuviera pasando estuviera relacionado con ella.

—Si —asintió el muchacho.

La mirada de Mai bajó hasta posarse en los oscuros ojos de su jefe. Naru la estaba observando, pero no exactamente como lo hacía antes, sino de una forma extraña, bastante peculiar, y no tenía nada con que compararlo. Las manos del muchacho estaban escondidas bajo su regazo y ella apenas las podía ver. Con un movimiento rápido las sacó de su escondite. Mai pudo apreciar que en ellas había un pequeño paquete, con un lazo, su paquete y su lazo, el que le regaló el día de San Valentín.

La boca de Mai se abrió levemente.

—Gracias —dijo el muchacho en un susurro apenas inaudible.

Mai sintió como su corazón se encogía y empezaba a latir a una velocidad de vértigo. Sintió como si miles de mariposas se posaran en su estómago y revoloteaban hacia todas partes, transportando un leve cosquilleo hasta las yemas de sus dedos.

Su mano hizo contacto con la de Naru al alargarla para coger el paquete vacío que Naru le entregaba. El tacto de las yemas de Naru era cálido, nunca habría adivinado que fuese tan agradable un solo contacto. Era una sensación inmensamente agradable, una sensación de protección.

La mano de Naru se aferró en la muñeca de Mai mientras se acercaba hacia ella, dio un leve tirón y Mai cayó contra su pecho, apoyando las manos en sus hombros, quedando muy cerca del su rostro. El revoloteo de las mariposas en el estómago de Mai se vio incrementado.

—Naru… —intentó decir la castaña, pero Naru negó con la cabeza.

La palma de la mano del moreno acarició con suavidad el cabello de la chica, parándose en la cinta negra que estaba en forma de diadema.

—¿Sabes que significa esta cinta? —preguntó, pero Mai negó— ¿Sabes lo que significa para mí?

La expresión de Mai era de total confusión, como si se hubiera perdido de algo. Se oyó una leve risita al otro lado de la puerta. La castaña se recordó mentalmente que tenía que asesinar a sus amigos.

—Mai, a veces eres tan increíblemente ingenua —susurró Naru mientras la sacaba de sus asesinatos mentales.

Mai lo miró extrañada.

—Eso —dijo señalando el lazo—, es mío Y…

El corazón de Mai estaba empezando a latir de manera incontrolable hasta le punto de escuchar los latidos resonantes en sus oídos. Naru la ponía demasiado nerviosa.

—¿Y? —preguntó inquieta.

Naru no dijo nada más, sus gestos actuaron por él. Sus manos bajaron hasta posarse en las caderas de la muchacha mientras su cabeza se echaba levemente a un lado y se acercaba hasta el rostro de Mai para besarla. Los labios de ambos hicieron contacto por primera vez y fue una sensación celestial. Los brazos de Mai se aferraron con fuerza y decisión en el cuello de Naru y levantó levemente sus pies para quedar de puntillas, a este punto su estómago estaba más que lleno de mariposas.

Los brazos de Naru estrecharon más a Mai contra su cuerpo, queriéndola proteger, como siempre había deseado. Al poco tiempo sus labios se separaron, pero sus cuerpos se resistieron a hacer lo mismo.

—Naru… Yo… —susurró la muchacha mientras bajaba su mirada.

—Te amo, Mai.

Los ojos de Mai se abrieron por la sorpresa. Naru, su egocéntrico y narcisista jefe acababa de decirle que la amaba. ¡Baka! ¿Por qué no lo había dicho antes?

—¡Ya era hora, hombre! —se escuchó la voz de Takigawa al otro lado.

—¡Serás animal! —se oyó la voz de Ayako después de la del hombre, seguido de un golpe y un "auch" — ¡Enhorabuena Mai!

—Me alegro mucho, Mai Naru —dijo Masako mientras su cabeza se asomaba por la puerta de la oficina, que estaba abierta.

John asintió por detrás.

Mai y Naru apuntaron en sus mentes que debían de asesinar a sus amigos en aquel mismo instante, pero decidieron dejarlo para más tarde y fundirse en otro beso, esta vez más pasional que antes.