- Cenando con el Enemigo.

"… y eso fue lo que pasó. Por suerte, parece que Arnold estará bien; creo que soy más fuerte de lo que pensaba. Bueno, tengo que irme. Cuídate; con todos los accidentes que tienes, de verdad debes hacerlo. Hasta luego, Finster."

Angelica suspiró; este pequeño mensaje y otro que ya le había enviado a Susie la hicieron sentir un poco mejor. La rubia apagó su computadora y se levantó un poco la camisa para ver sus moretones en el espejo de la habitación. Pese a la protección extra que usó durante la pelea, Patty era tan fuerte como todos decían, y la Pickles había recibido algunos impactos de consideración.

"Espero que una ducha caliente y unas aspirinas basten para calmarme el dolor, o si no voy a sentirme toda molida por días." Angelica le comentó a su gata, la cual bostezó mientras veía a su humana con mediano interés. "Pero mi plan de verdad me salvó el cuello; todo hubiera salido perfecto si no hubiera sido por Pataki."

Angelica gruñó al pensar en su rival; Helga no sólo era tan astuta y hábil como ella sino muy grosera y bastante más ruda. Lo que enojaba más a la Pickles fue el hecho de que realmente había empezado a considerar a Arnold un amigo, y él resulto lastimado debido a Helga.

"Angelica, linda, ¿ya acabaste tu tarea?" Drew tocó la puerta de la habitación; Angelica se cubrío rápidamente en caso de que su padre entrara.

"Uh… la haré después de cenar, Papá."

"Mejor hazla ahora, y luego báñate y vístete bien; vamos a cenar fuera."

"Está bien." Angelica respondió, sonriente, y empezó a buscar en su armario; tras elegir un atuendo adecuado y llamar a Lila para decirle que seguía algo impresionada y cansada por los eventos del día y por lo tanto necesitaría copiar su tarea después porque no se sentía bien para hacerlo ella misma (algo que, por supuesto, la pecosa creyó y accedió de inmediato), la chica entró a su baño para preparse.

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"Entonces… va a recuperarse por completo, ¿verdad? ¿No tiene daños permanentes?" Helga respiró aliviada después de que Phoebe, vía telefónica, le informó sobre el estado de Arnold. "Gracias, Pheebs; ya puedo tranquilizarme… y gracias de nuevo por traerme a casa. Te veo mañana; hasta luego."

Helga colgó el teléfono y acarició a Zilla, el enorme lagarto descansando tendido en la cama al lado de su dueña. Helga se sentía mucho mejor ahora pero aún estaba furiosa consigo misma; el incidente del gimnasio la impresionó tanto que Phoebe no sólo tuvo que llevarla a casa sino que tuvo que despertarla de su estado de shock con un par de bofetadas luego de que el agua fría no resultó; Phoebe, por supuesto, se disculpó por usar esta medida pero fue la única manera de hacerla reaccionar; no lo hizo muy fuerte pero fue suficiente para que las mejillas de Helga quedaran un poco rojas. Después de que Phoebe se fue, Helga se quedó al lado del teléfono todo el tiempo esperando por noticias sobre la condición de Arnold.

La chica suspiró y entró en su armario, moviendo una cortina que ocultaba las pruebas de su amor secreto; un altar casero dedicado a un chico con cabeza de balón, y varias cajas con cuadernos cuyas páginas estaban llenas de poesía inspirada por la obsesión de Helga. La rubia se arrodilló frente al altar, su cara llena de arrepentimiento y tristeza.

"Oh, Arnold, ¿serás capaz de perdonar mi horrendo sacrilegio? Todos estos años que he ocultado mi amor detrás de la máscara del odio, expresando mi afecto incondicional a través de insultos y bromas infantiles, pero aún así sin llegar a causarte daño directo con mis tendencias violentas… y ahora, una mera distracción, un segundo en el que permití a mi ira nublar mi razón, ¡y tú terminas sufriendo por mi causa! ¿Cómo puedo esperar que finalmente veas a través de mi alma torturada que anhela tu cariño y atención, que vive sólo para adorar el suelo que pisas, ahora que he dañado las adorables y apuestas facciones que adornan tu sabia cabeza de balón? ¿Cómo pude usar mi mano vengadora en contra de aquel que hace que mi vida valga la pena?"

"Angelica…" La expresión de Helga cambió a una de puro odio. "¡Ella es la culpable! Su intervención en nuestra felicidad, metiéndose en nuestras vidas, y la forma en que se atreve a quitarme tu atención; ella, a quién tú, conociendo mi naturaleza salvaje, trataste de proteger, y ella te pagó lastimando una… parte tan sagrada de tu magnífica anatomía." Helga abrió sus ojos al máximo y tragó saliva. "Además de que probablemente arruinó mis sueños de tener a tus hijos algún día."

Helga, después de hacer otra respetuosa reverencia al altar, salió del armario, todavía muy molesta. De todas las chicas que había conocido, Angelica, por mucho, era la peor; Ruth, la primera chica que capturó la atención de Arnold, resultó muy apática y en realidad nunca lo tomó en cuenta, y su atracción hacia ella duró poco; Rhonda era molesta y prepotente pero ella y Arnold nunca se habían interesado uno en el otro de manera romántica, y a veces ella y Helga podían llegar a un entendimiento y respetarse como compañeras; Summer era una bruja ambiciosa y mentirosa pero no muy lista, así que su verdadera naturaleza quedó expuesta al final y eso terminó con su ´relación' con Arnold; y Lila, bueno, la Señorita Perfecta era dolorosamente dulce, pero esa misma dulzura y nobleza prevenía que siquiera intentara una relación con Arnold que no fuera de tipo amistoso pues la pecosa sabía de los sentimientos de Helga y los respetaba. Pero Pickles era diferente; astuta, tramposa e ingeniosa como la misma Helga además de tener belleza física y maneras de hacer que la gente confiara en ella.

"Es un demonio; ¡una vampiresa cuyo único objetivo es atormentarme!" Helga prácticamente rugió; sus pensamientos en voz alta fueron interrumpidos por Bob aporreando la puerta.

"¿Olga, estás en casa?"

"No, Bob, porque yo soy HELGA, ¿recuerdas?" Helga no estaba de humor para soportar a su padre en ese momento (no más que de costumbre al menos) aunque estaba gratamente sorprendida de que esta vez el hombre recordó tocar en vez de entrar sin avisar.

"Como sea; escucha, necesito que te pongas más o menos presentable y vengas conmigo."

"¿Por qué; la casa se incendia?" Helga abrió la puerta.

"No, cenaremos en un restaurante; es muy importante que vengas porque tu madre está dormida en el sillón y no puedo despertarla." Bob explicó. "Nos vamos en una hora."

Helga gruñó suavemente pero no dijo nada; no necesitaba esto, pero la chica apenas y había comido ese día, y si Bob, por cualquier razón, estaba dispuesto a gastar unos dólares extras para que ella comiera mejor que medio-decentemente, no iba a objetar.

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"Su mesa está lista, Señor Lloyd." El mesero dirigió a la familia de Rhonda por el restaurante; Rhonda llevaba un elegante conjunto azul y rojo, con guantes blancos y un collar de perlas haciendo juego; su madre, Brooke, iba con un simple aunque elegante vestido negro con un collar similat, y su padre, Buckley, un traje gris formal.

"¿Desean ordenar ahora, o esperaran a sus acompañantes?" El mesero preguntó una vez que la familia se sentó a la mesa; a diferencia de otras ocasiones, los Lloyds no estaban en una mesa pequeña sino en una adecuada para un grupo moderadamente grande.

"Gracias, Perkins, esperaremos; mientras tanto, sólo agua, por favor." Buckley respondió con usual acento refinado. El mesero asintió y se retiró por el momento.

"Creo que les agradaran estas personas, Queridas." Buckley le dijo tanto a su esposa como a su hija. "Me han invitado como inversionista en su nueva compañía, y tienen una hija de tu edad, Rhonda; la traerán hoy, así que tendrás alguien con quien charlar. Sé como estas cenas de negocios pueden aburrir a los jóvenes."

"Qué bien, Padre." Rhonda respondió con una pequeña sonrisa. "Espero que sea tan refinada y educada como yo."

"De seguro lo será, Linda." Brooke comentó antes de voltear a ver a su esposo. "Sin embargo, Querido, no estoy segura de si debas asociarte con… la otra persona que vendrá a cenar."

"Ciertamente, Brooke, sus modales y disposición son un tanto… primitivos, pero es un buen trabajador y, hablando generalmente, no es un mal hombre de negocios. Es la persona adecuada para vigilar y motivar a los empleados mientras que las operaciones más delicadas las maneja alguien más diplomático."

Rhonda escuchó la conversación de sus padres en silencio; le gustaban las cenas formales cuando era sólo ella con sus padres, pero las de negocios normalmente no eran muy agradables, pues Rhonda casi nunca hacia nada más que comer sin tener una conversación decente y sólo hablaba cuando los invitados le hacían alguna pregunta, lo que no ocurría mucho. La chica esperaba que los socios de su padre fueran gente elegante, o al menos interesantes; incluso Rhonda podía hartarse cuando pasaba tiempo con personas aún más clasistas y presuntuosas que ella misma; en parte, era por esto que la chica no asistía a una escuela privada.

"Veo que han llegado; me alegra que sean puntuales." Buckley comentó; la mesa estaba bien localizada y permitía una buena mirada general del restaurante. Rhonda volteó hacia la entrada y, por un momento, perdió su postura y quedó boquiabierta.

Un tipo muy grande en un traje verde semi-formal, seguido por una adolescente rubia en un vestido rosa, había llegado al lugar al mismo tiempo que una pareja, una mujer alta, rubia, en un vestido azul, y un hombre de talla promedio, con gafas y bigote, vestido de negro, acompañados por otra adolescente, la cual también era rubia y un poco más bajita que la primera, vistiendo un lindo vestido rojo. Ambas chicas se congelaron cuando se reconocieron una a la otra.

En su asiento, Rhonda miró detrás de ella, justo al reloj del restaurante.

"Seis veinte p.m.; mi vida se acabó."

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"Toma, Kimba; este menjurge de la jungla te regresará la fuerza." Gertie, en su modalidad de exploradora selvática, le sirvió un tazón de sopa a Arnold; el líquido sólo estaba ligeramente tibio, pues su nieto, por el momento, no podía soportar nada muy caliente o muy frio, pero el tazón era grande porque tampoco podía comer nada sólido y ya estaba hambriento.

"Gracias, Abuela." Arnold contestó en un tono más bajo que de costumbre porque su quijada seguía adormecida; su mejilla lastimada estaba totalmente morada y casi al doble de su tamaño usual. El chico no sabía que era peor; no ser capaz de comer normalmente, o tener que usuar una almohada en su silla para sentarse a la mesa.

"Entonces… ¿cómo te sientes, Arnold?" El señor Hyun preguntó, obviamente preocupado aunque con suficiente tacto para no hacer una pregunta directa; desafortunadamente, Oskar no tenía tanta delicadeza.

"Si, desde que volviste de la escuela has estado caminando como la Señora Vitello después de su cirugía de hemorroides."

"Oskar…" Suzie cerró los ojos y contó hasta 10 mientras todos los otros adultos en la mesa voltearon a ver a su marido.

"¡Oh, deja eso, Kokoshka! El muchacho tuvo un mal día." Ernie dijo mientras agregaba pan y pimienta a su sopa para hacerla más apetitosa.

"Aún así, admito que estoy algo preocupado, Chaparrito." Phil dijo a su nieto. "No me gustaría irme a la gran casa de huéspedes del Cielo sabiendo que mi descendencia termina contigo."

"Si; queremos nietos." Gertie se unió a la conversación.

"Pookie, él es nuestro nieto."

"Oh… entonces no hay problema." La mujer sonrió y empezó a comer su sopa. "Qué terrible platillo; ¡demando hablar con el chef!"

"Quizá después, Pookie." Phil giró los ojos y volvió a ver a Arnold. "Ahora, con respecto a ese asunto tan… delicado…"

"En serio, Abuelo, estoy bien… bueno, no exactamente bien, pero de seguro no estoy tan mal como parezco." Arnold trató de sonreír. "Sé que estaré mejor en un par de días."

"Y si no, dime si alguna de esas chicas planea hacerse luchadora o boxeadora cuando crezca; huelo una apuesta segura." Oskar soltó una risita; Ernie estaba a punto de callarlo pero se detuvo y se frotó la barbilla.

"¿Sabes, Kokoshka? Eso no sonó tan estúpido como normalmente lo haces."

"Creo que debo estar de acuerdo con eso; parece que Helga no exagera cuando nos amenaza con esos puños que tiene." Arnold se frotó la mejilla. "Y Angelica debería unirse al equipo de football en vez de entrenarlo; con esa patada suya no perderíamos ningún juego."

De hecho, pese al fuerte dolor físico que aún sentía, lo que molestaba más al chico fue que Helga le había pegado. Ciertamente, le había arrojado bolitas de papel, bolas de nieve, pelotas de soccer y puñados de lodo en el pasado; le había dado palmadas en la nuca, puñetazos leves en los brazos, e incluso la clásica broma del guante de boxeo con resorte en una ocasión; sin embargo, nunca había tratado de lastimarlo en serio, incluso por accidente, y jamás de una manera tan directa y dolorosa. Si bien la patada de Angelica fue lo que le lastimó más el cuerpo (y esto era decir mucho pues el puñetazo fue bastante fuerte también) la mayor impresión, la razón por la que casi se desmayó después de ser golpeado, fue saber que había sido victima de la Vieja Betsy, el infame puño propiedad de la chica con la que había tenido una relación tan difícil pero cercana durante prácticamente toda su vida. Claro, Arnold no le diría esto a Helga de esa manera pues estaba seguro que, pese a lo mucho que podían discutir a veces, la chica se estaría sintiendo culpable por este incidente.

"Bueno, Arnold, sólo espero que esas niñas arreglen sus diferencias de modo pacífico o, al menos, que la próxima vez tengas cuidado de no ponerte en medio de 2 chicas enojadas." Phil rió un poco. "La última vez que lo hice terminé en el hospital con una costilla fracturada."

"Todavía lamento eso, Guapo." Gertie le dijo a su esposo en un modo inusualmente dulce, haciéndolo sonreír.

"Sí, la próxima vez consigue un traje protector, o al menos una concha para cubrirte ya-sabes-que." Hyun le dijo al chico rubio, quién asintió antes de volver a comer su sopa.

"No se apuren; si esto pasa de nuevo, seré más precavido, y sí, yo también espero que Helga y Angelica pudieran sentarse a discutir sus problemas sin destrozarse."

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"Rhonda, ¿serías tan amable de decirle a esa COSA que me pase la pimienta?"

"Princesa, ¿puedes decirle a la ENGENDRO que venga por ella?"

"Bueno, al menos no pedí la sal; sé el efecto que tiene en ustedes las BABOSAS."

Rhonda tragó saliva y le pasó la pimienta a Angelica mientras ambas rubias seguían mirándose con furia. Por suerte, tenían suficiente sentido común para no estrangularse en presencia de sus padres y para mantener la voz baja, pero no tenían ninguna otra cortesía entre ellas; los adultos decidieron que las chicas se quedaran de un lado de la mesa para que tuvieran su propia conversación mientras ellos discutían sus negocios durante la cena. Rhonda estaba particularmente nerviosa porque su asiento estaba justo en medio de Angelica y Helga, la única medida que se le pudo ocurrir para evitar que empezaran una pelea al estar sentadas tan cerca una de la otra, pero el recuerdo de lo que le había pasado a Arnold no era muy tranquilizador, sobre todo cuando Rhonda se dio cuenta que sus compañeras tenían cuchillos para cortar carne a la mano.

"Lamento que su esposa no pudiera venir, Señor Pataki." Drew, ignorando que su hija tenía intenciones de filetear a una compañera, se dirigió a Bob.

"Ah, llamamé Bob, y no te preocupes; Miriam trabaja todo el día en casa y a veces termina agotada. He pensado en conseguir una ama de llaves, pero es difícil hallar una confiable; la última casi se roba algo muy importante para mí."

"Es comprensible, Señor… es decir, Bob." Brooke añadió. "Nosotros siempre pedimos un mínimo de 5 referencias antes de contratar a cualquiera, sobre todo si tendrá acceso a nuestros valores."

"Bueno, de vuelta al negocio, creo que podemos ir todos al sitio de la construcción mañana." Carlota volteó a ver a Bob. "Me parece que usted es el mejor para tratar con los empleados y ver que se apresuren."

"Si, entre más pronto terminen el edificio, más pronto llegará la plata." Bob asintió. "Sólo quiero revisar el contrato de nuevo; sin ofender, pero he tenido malas experiencias con las corporaciones."

"Es una petición razonable, Bob." Buckley dijo. "Después de la fusión, mantendrás el 70 por ciento de las acciones de tu propia empresa, en caso que luego quisieras separarte de nuevo, siempre que cumplas los términos del contrato, y recibirás el 10 por ciento de las ganancias de la compañía incluyendo nuestros otros intereses. Yo recibiré el 25 por ciento del neto pues soy el principal inversionista local y los Pickles tendrán otro 25 por ciento; el resto se invertirá en el negocio, por supuesto. Además, Carlota, Drew y yo mismo buscaremos nuevos inversionistas por lo que tendremos que hacer ajustes al contrato después, pero las claúsulas principales permanecerán iguales."

"Está bien para mí; solamente solicito que esté presente siempre que se hable de una gran suma de dinero para que todos recibamos nuestra parte." Bob aclaró; aunque le desagradaba ceder algo de su independencia, si este trato lo hacía rico estaba más que dispuesto a continuar. Los adultos estaban complacidos con los términos del contrato y continuaron cenando pacíficamente a diferencia de las adolescentes.

"¡Ugh!" Angelica se cubrió la boca para silenciar su gritito de dolor.

"¿Esa era tu pierna, Pickles?" Helga le preguntó a Angelica en un tono dulce obviamente falso antes de que la Pataki tuviera que taparse la boca también para silenciar su propio dolor.

"Sí, igual que esa, Pataki." Angelica sonrió maliciosamente; Rhonda tomó un respiro profundo, adivinando lo que las chicas estaban haciendo bajo la mesa.

"Ya veo; creo que esta también es tu pierna." Helga lanzó otra patada.

"Y esta también." Angelica hizo lo mismo y ambas patadas conectaron… en Rhonda.

"Objetivo equivocado, chicas." Rhonda gruñó suavemente, tratando de ocultar su expresión de dolor mientras, discretamente, se sobaba las piernas. Helga y Angelica sonrieron nerviosamente y se ruborizaron de pena hasta que Angelica volvió a hablar.

"Disculpa, Rhonda; es sólo que ALGUIEN olvidó su lugar adecuado para cenar; la cocina, y en un tazón con su nombre escrito en él."

"Y OTRA persona debería comer en un establo, pero sería cruel arruinarle su comida a las vacas y las mulas." Helga entrecerró sus ojos mientras que Angelica frunció el ceño. Las dos rubias volvieron a comer, echándose miradas enojadas aunque discretas, mientras que Rhonda hacía lo posible por mantener la calma y no dejar la mesa o pedir un guardaespaldas; en este momento, incluso una cena con Curly sonaba mejor que estar al lado de dos chicas listas para arrancarse la cabeza una a la otra.

Cuando los meseros retiraron los platos del platillo principal, y todos en la mesa esperaban por el postre, Angelica se dirigió a sus padres.

"Mamá, Papá, ¿me permiten excusarme de la mesa por un momento?"

"Por supuesto, Angelica." Carlota sonrió a su hija, la cual se excusó con los otros adultos y luego murmuró a Rhonda antes de retirarse.

"Regreso en un minuto; creo que voy a vomitar."

La Pickles le lanzó una mirada enojada a Helga antes de irse. Unos segundos después, Helga aclaró su garganta y le habló a su padre.

"Si me permiten, yo también debo retirarme un momento."

"Uh… okay, Niña, ve." Bob contestó, Helga apenas escuchándolo porque estaba muy ocupada pensando en voz alta; por suerte, sólo Rhonda la escuchó.

"Y yo le voy a dar una razón para vomitar."

Rhonda palideció un poco mientras pensaba en que hacer; claro que no quería estar cerca de ellas si volvían a atacarse pero, si lo hacían, sería un escándalo tremendo y a Rhonda le gustaba el lugar, así que la idea de que su familia no pudiera volver a comer aquí tampoco era agradable. La chica se decidió, y, tras excusarse, fue al baño tan rápido como pudo sin perder el estilo. Cuando estuvo a punto de entrar, dos mujeres salieron del baño y se veían muy tranquilas, así que Rhonda adivinó que sus compañeras no habían iniciado una pelea aún, pero, si ya no había nadie más adentro, era sólo cuestión de tiempo.

"¡Criminal! ¿Me estás acechando, acosando o algo así?"

Rhonda respiró profundamente cuando lo primero que escuchó al entrar fue la voz de Helga. Las rubias estaban tan ocupadas gruñéndose que no habían notado la presencia de la morena.

"¡No es mi culpa que mis padres se hayan asociado con un espectáculo de fenómenos!"

"¿Fenómeno? ¡Mira quién habla, Boca de Cocodrilo!"

"¡Al menos tengo orejas normales! Oye, Pataki, Dumbo acaba de llamar; ¡quiere sus orejas de vuelta!"

"¡Pues cuando acabe contigo, tendrás orejas tan grandes que vas a captar estaciones de radio!"

"¿Tienes que resolverlo todo con violencia, o es tradición de tu tribu?"

"Mira quién habla; ¡la Señorita Yo-Destruyo-La-Fabrica-De-Niños-De-Los-Chicos!"

"¡Si ya lo olvidaste, tú le pegaste con tu zarpa, Bestia!"

"¡Ese fue un accidente, y tu culpa!"

"¡Si, porque soy la que decidió insultar a la chica que fue más lista que yo acerca de pelear con alguien mucho más fuerte… no, espera, esa fuiste tú también!"

"¡Eres tan… arrogante, molesta, ruidosa y ególatra!"

"¡Dime algo que no sepa; apuesto que tú no admitirías que eres una idiota!"

"¡Yo no admito lo que no soy!"

"¡Si lo eres!"

"¡No lo soy!"

"¡Si lo eres!"

"¡No lo soy!"

"¡Si lo eres!"

"¡No lo soy!"

"¡Si lo eres!"

"¡No lo soy!"

"¡No lo eres!"

"¡Si lo soy!"

"¡No lo eres!"

"¡Si, lo soy; soy una idiota y…!" Helga se detuvo, notando la sonrisa de triunfo de Angelica.

"Vamos, Pataki, completa la escena y dí 'Eres despreciable'."

"A ver como sonríes cuando te destroce la boca." Helga tronó sus nudillos.

"Vamos, muéstrame lo que tienes, Rastrera Rosa." Angelica le regresó la mirada retadora a Helga y ambas chicas se prepararon para lanzarse una contra la otra.

"¡YA BASTA!" El grito enojado de Rhonda detuvo a las rubias, quienes finalmente notaron la presencia de la chica Lloyd. Helga no podía recordar haber visto a la morena así de molesta.

"Me van a escuchar las dos; yo no soy La Señorita Paciencia… esa es Phoebe; y no soy La Consejera Milagrosa… ese es trabajo de Arnold; y definitivamente no soy Lila, asi que tampoco soy La Señorita Dulzura; en otras palabras, no tengo el tiempo, las ganas o la intención de de arreglar su problema, pero no voy a arriesgarme al rídiculo y al escándalo social, o mis futuras visitas a este restaurante, donde preparan un delicioso postre de chocolate y vainilla francesa, así que se callan y ponen atención." Rhonda volteó a ver a Helga. "Pataki, te conozco desde hace años y aún así a veces no aguanto tu actitud, así que no me sorprende que Angelica tampoco pueda, así que haznos un favor a todos y deja de provocarla; y Angelica," Rhonda se enfocó en la otra rubia, "por mucho que me gusta que halla otra chica con clase en la escuela, si no dejas de vengarte y responderle a Helga, ¡te expulso de Los Populares!"

Rhonda respiró profundamente para calmarse a la vez que crecía su respeto por las capacidades de Arnold para detener peleas y resolverle sus problemas a la mayoría de la gente de forma regular. La chica, más tranquila, continuó, teniendo toda la atención de sus compañeras.

"Helga, tú has sido una molestia mayor para todos, pero al menos siempre te dí algo de crédito acerca de cómo molestas, abusas o mandas a los demás; le has hecho bromas a Arnold y lo has insultado, pero pensé que incluso tú apreciarías al chico lo suficiente para no lastimarlo. Excepto por algunas veces cuando él pierde la paciencia contigo y se ponen a discutir, Arnold siempre te defiende cuando cualquiera te insulta, igual que lo hace con todos sus compañeros, ¿y le pagas con un puñetazo en la cara?"

Rhonda notó que Helga ahora tenía una expresión de culpabilidad, y la morena volvió a dirigirse a Angelica.

"Y tú no estás ganando puntos de popularidad por lastimarlo también; es decir, tú viste como reaccionamos todos para ayudarlo… ¡fue cómo si le hubieran disparado a un Kennedy! Accidente o no, el hecho es que lastimaste a un chico que te recibió en su casa y no ha sido más que amable y cortés contigo."

"Pero ella empezó…" Helga y Angelica dijeron a coro, señalando una a la otra.

"No me importa quién empezó… ¡Dios, parece que le hablo a niñas de Kinder!" Rhonda se frotó la frente. "El punto es que su pelea, rivalidad, antipatía, mala sangre o lo que sea ya lastimó a una persona inocente que sólo trataba de evitar que una o ambas salieran lastimadas. Si ustedes no se llevan bien, okay, no me importa; pero traten de controlarse. En caso de que no lo hayan notado, nuestros padres ahora son socios, así que vamos a vernos mucho fuera de la escuela de ahora en adelante. Tú me caes bien, Angelica, y aunque no me creas, Helga, puedo tolerarte de vez en cuando, pero si ustedes algunas vez terminan juntas sin nadie que las detenga, bueno, ni me quiero imaginar como va a terminar esto."

"Rhonda Wellington Lloyd es la voz de la razón… esto es más serio de lo que me imaginé. Lo peor es que Princesa, por esta vez, tiene toda la razón." Helga suspiró; aunque odiaba admitirlo, Rhonda tenía argumentos muy válidos, especialmente la parte en la que Arnold salió lastimado por sus problemas con Angelica. Helga notó que la Pickles tenía una expresión similar, lo que significaba que, al menos, tenía algo de conciencia después de todo.

"Esta bien, Princesa, no le arrancaré las anginas a Pickles si promete dejar de molestarme." Helga volvió a su expresión usual aunque miró a Rhonda con cierta simpatía; era algo raro aunque agradable el que la morena, pese a apoyar a Angelica, también estaba ayudándola a ella. "Parece que la Rhondaloide es mejor amiga de lo que crei."

Angelica, tomando un respiro profundo, volteó de nuevo a ver a Helga, mirándola con menos enojo aunque sin tener una cara amable.

"Sólo si me prometes que no harás más bromas; limitémonos a algunos insultos, miradas enojadas, y la fría indiferencia ocasional."

"Bien."

"Bien."

Rhonda suspiró, aliviada; claro que no esperaba que terminaran como mejores amigas o, al menos, dándose la mano, pero esta pequeña tregua era mejor que nada.

Después de lavarse las manos y cara, las chicas regresaron a la mesa; las rubias se comportaron bien el resto de la velada. Sin embargo, Angelica y Helga aún no habían terminado; aunque habían promedido limitar los ataques verbales y no volver a usar los físicos, aún tenían una tercera opción, algo que las dos pensaron a la vez.

"Chantaje."