- Tras las líneas enemigas.
Arnold recibió mucha atención no deseada al día siguiente, aunque entendió que era difícil ignorar su presencia. Por suerte su mejilla ya se veía mucho mejor y su andar ya era casi normal, pero los efectos de los golpes aún eran notables.
"No te preocupes, Arnold. Sé que es desagradable estar todo adolorido y tener lesiones muy obvias, pero te acostumbrarás en poco tiempo." Eugene, que caminaba junto a Arnold y Gerald, le comentó al rubio… sin notar el casillero enfrente de él.
WHAM!
"Estoy bien." Eugene se frotó la cara mientras que Gerald giró los ojos y Arnold revisó a su amigo pecoso.
"¿Estás seguro?" Arnold se sintió aliviado cuando Eugene asintió. "Bien… y gracias por el apoyo."
"No hay problema; los veo en clases." Eugene empezó a alejarse, meneando un poco su cabeza. "Vaya, ese último golpe en verdad me ayudó; ya puedo ver colores de nuevo."
"En serio, Arnold, ¿te sientes bien?" Gerald le dijo a su amigo mientras este abría su casillero. "Yo no fui golpeado, y lo sentí sólo de verlo."
"Si, Gerald, estoy bien; la enfermera me dio analgésicos y ya me estoy recuperando." Arnold fue interrumpido por Angelica, la cual se acercó en ese momento; Gerald, por instinto, usó su mochila para cubrir el área entre sus piernas.
"Hola, chicos. Eh… Arnold… quisiera, tú sabes… disculparme por… interpretar 'El Cascanueces'."
"Está bien, Angelica. Sé que fue un accidente." Arnold sonrió pero luego se puso más serio. "Pero quisiera que Helga y tú dejaran de insultarse y de pelear. Sé que crees que no es mi asunto pero todo lo que le pasa a mis amigos me importa."
"Si insistes… de todos modos, Pataki y yo tuvimos una breve charla y estamos de acuerdo en no rompernos el esqueleto. Ya nos hacemos suficiente daño con nuestras palabras."
"¿Suficiente daño? Angelica, tu boca debería ser catalogada como arma de destrucción masiva." Gerald señaló de manera sarcástica; Angelica giró los ojos pero sonrió ligeramente por el comentario mientras que Arnold respiró aliviado.
"Lo tomaré como cumplido." Angelica le dijo a Gerald antes de volver a dirigirse a Arnold. "Cambiando el tema, hoy tengo que hacer algunas cosas. ¿Podemos terminar la tarea mañana? Por la tarde, por supuesto; no me levanto temprano los sábados."
"Claro, no hay problema." Arnold asintió; el chico sonrió pese a la molestia en su mandibula, contento de que tanto Angelica como Helga habían acordado no tratar de golpearse de nuevo, lo que significaba un tiempo escolar más agradable para ellas y menor riesgo de golpizas accidentales para él. Angelica se despidió y, justo en cuanto se retiró, Helga y Phoebe se acercaron a los chicos.
"Oye, Cabeza de Balón, tengo que hablar contigo; no tomará mucho tiempo." Helga volteó a ver a Phoebe. "Llévate a Geraldo un momento; esto es más o menos privado."
Gerald iba a responderle a Helga pero se dio cuenta de que estaría a solas con Phoebe, así que ignoró el tono de la rubia y acompañó a la pequeña genio, la cual se ruborizó un poco cuando él le puso una mano en el hombro. En cuanto se alejaron algunos metros, Helga tomó aire y miró a Arnold; si no la conociera mejor, Arnold hubiera jurado que los ojos de Helga estaban ligeramente llorosos, algo que no le gustaba para nada.
"Bueno… dos cosas… primero que nada, soy curiosa; ¿cómo está tu… ya sabes… tu…?" Aunque lo había practicado esa mañana en su recámara, Helga todavía no podía decirlo.
"Mis lesiones." Arnold terminó la pregunta, lo que hizo que Helga sintiera un gran alivio. "Mucho mejor; gracias por preguntar."
"Qué bueno. Ahora… la otra cosa… yo… lo… lo… oh, Criminal," Helga se frotó la frente, molesta consigo misma. "Mira, fue tu culpa que te lastimaramos, pero aún así… siento mucho haberte pegado."
"Sé que no fue tu intención, Helga, así que sí, te perdono. Además, escuche que Angelica y tú ya no van a pelearse; me alegra porque así nadie saldrá herido y mi 'cabeza de balón' no recibirá más daños." La mirada de Arnold era una combinación de humor y amabilidad; Helga sintió que se le doblaban las rodillas pero conservó suficiente control para contestar.
"Bueno, no nos haremos mejores amigas o algo así, Melenudo, pero sí, no voy a destazarla y vamos a dejar las bromas pesadas. Pero, si volvemos a pelearnos, mejor mantente alejado, Arnoldo, o no me importará si otra vez te cambiamos de Cabeza de Balón a Saco de Boxeo." Helga frunció el ceño y empezó a alejarse, pero se detuvo para decirle otra cosa a Arnold, en un tono mucho más amable y hasta sonriendo un poco. "Pero gracias por preocuparte por nosotras."
"Bueno, que Pickles se vaya a freír churros; gracias por preocuparte por mi." Helga pensó mientras que Arnold meneó la cabeza y le devolvió la sonrisa.
"Cuando quieras, Helga; te veo en clase." Arnold cerró su casillero mientras que Helga sentía mariposas en el estómago y llamó a Phoebe, la cual se despidió de Gerald y acompañó a Helga; tanto el chico moreno como la pequeña genio tenían enormes sonrisas que no se podían disimular con nada.
"Entonces, Phoebe, ¿lista para la operación de hoy?" Helga murmuró a su amiga, la cual perdió su expresión alegre, sustituyéndola con otra más seria y preocupada.
"Si, Helga, pero tengo serias dudas al respecto; lo que sugieres involucra invasión de propiedad privada, abuso de confianza e intromisión en la privacidad de otra persona."
"Lo sé, Pheebs, pero es la única forma en la que me puedo desquitar de Pickles sin romper el acuerdo. Hasta ahora estamos parejas así que, para tener la ventaja, requiero de alguna manera de mantenerla controlada; si no, es sólo cuestión de tiempo para que una de nosotras rompa la tregua, y sólo Dios y El Diablo saben el daño que nos podemos hacer."
"De acuerdo." Phoebe suspiró. "Detesto hacer esto, pero aparentemente ya estoy involucrada, y no quisiera que te lastimaran o expulsaran."
"Phoebe, vales oro." Helga, juguetonament, pasó un brazo sobre los hombros de su amiga, la cual sonrió un poco; como asistente y amiga de Helga, era deber de Phoebe el mantenerla fuera de problemas y, cuando no era posible, estar ahí para asegurarse de que no saliera perjudicada por su propio plan.
X- X- X- X
Después de 2 clases, Angelica fue al baño de las chicas, y cuando vió que nadie estaba cerca, empezó a revisar los azulejos cercanos a la puerta, encontrando uno flojo. Lo removió y encontró una pequeña hoja de papel en el agujero que el azulejo estaba cubriendo.
"Excelente; un mapa con indicaciones para llegar a casa de Helga." Angelica sonrió maliciosa antes de ocultar una fotografía de Rhonda en el agujero y cubrirlo con el azulejo. "No sé que da más miedo; lo fácil que es manipular a Curly, o que no le importa meterse al baño de las chicas."
X- X- X- X
Helga y Phoebe llegaron a casa de Angelica un poco después de que terminaron las clases. Ya que vieron a la Pickles irse con Rhonda, Nadine y Lila, dedujeron que irían juntas al centro comercial y por lo tanto Angelica no llegaría a su casa por un rato. El lugar no era mucho más grande que el de Helga, lo cual tenía sentido pues los Pickles no planeaban convertirse en residentes permanentes, pero el barrio era muy elegante y no muy lejos de la casa de Rhonda. Helga tocó la puerta, y por esta vez agradeció que su padre hacía negocios con los Pickles, así que ellos la conocían y ella y Phoebe podrían entrar si estaban en casa; la rubia, por supuesto, hubiera preferido que no hubiera nadie para que pudieran entrar por una ventana sin dar explicaciones, pero esa idea se acabó cuando oyeron pasos acercándose a la puerta.
"Ya voy." Carlota abrió la puerta y sonrió a las chicas. "Buenas tardes, Helga; ¿quién es tu amiga?"
"Buenas tardes, Señora Pickles; ella es mi amiga Phoebe, y venimos a devolver un libro que Angelica nos prestó." Helga, como de costumbre, hizo toda la plática mientras que Phoebe simplemente se inclinó un poco y dijo un cortés 'Konichiwa'. Como las chicas aún llevaban sus mochilas, la excusa era creible.
"Oh, bien, pasen, y gusto en conocerte, Phoebe." Carlota dejo pasar a las adolescentes. "Mi esposo está en el sitio de construcción con tu padre, Helga, y Angelica está con Rhonda y otras amigas suyas, así que estoy yo sola haciendo algo de trabajo. ¿Gustan algo de beber?"
Helga y Phoebe se dirigieron a la sala, siguiendo a Carlota, y Helga empezó a pensar en una forma de ir al cuarto de Angelica ella sola. La chica sonrió cuando vió la mesa del comedor cubieta de papeles; le hizo una pequeña señal a Phoebe que ella entendió de inmediato.
"Lo apreciaríamos, Señora Pickles." Phoebe le dio una rápida mirada a los papeles y sonrió al ver algunos con operaciones matemáticas en ellos. "Disculpe mi intromisión, Señora Pickles, pero creo que este cálculo es érroneo."
"¿Y por qué lo dices… Phoebe, verdad?" Carlota miró a la pequeña, intrigada.
"No deseo ser una entrometida, pero me parece que este punto decimal no corresponde." Phoebe señaló el pequeño error. Carlota revisó la operación y se sorprendió al ver que la chica tenía razón.
"Phoebe, linda, me acabas de ahorrar un par de miles de dólares." Carlota corrigió su error. "Eres bastante inteligente."
"No sólo inteligente; Phoebe es una genio." Helga dijo, orgullosa; este era un tono que no tenía que fingir cuando hablaba de su amiga. "Sería la mejor contadora de su empresa si las leyes del Estado lo permitieran."
"Helga exagera un poco, Señora." Phoebe se ruborizó un poco antes de mirar el resto de los papeles. "Pero admito que los problemas matemáticos me resultan fascinantes, especialmente si involucran aplicaciones mercantiles o cualquier otro uso en situaciones reales. Por ejemplo, aquí noto que este porcentaje requiere un ajuste menor."
"¿Te parece?" Carlota frotó su barbilla mientras miraba sobre el hombro de la chica; Helga aprovechó la oportunidad y se acercó hacia la escalera.
"¿Por qué no siguen con eso mientras yo dejo el libro en la habitación de Angelica?" Helga sugirió.
"Oh, gracias… es la segunda puerta a la derecha." Carlota respondió sin prestar mucho atención pues estaba muy enfocada en Phoebe y la fortuna que le estaba ahorrando con cada sugerencia y corrección.
X- X- X- X
Angelica fue con Rhonda y compañía a Slausens', la cafetería/comedor más popular de la localidad, y disfrutó de una malteada que, la rubia admitió, no estaba nada mal; después de eso, se disculpó con sus acompañantes diciendo que tenía que hacer algo de la tarea porque ella y Arnold la terminarían al día siguiente; tras despedirse, se encaminó a la casa de los Patakis.
Por supuesto, Angelica ya sabía varias cosas acerca de Helga gracias a Curly, pero incluso él admitía que muchos de estos datos no eran exactamente secretos, y Angelica necesitaba algo así para poder chantajear a su rival, y esto tenía que hacerlo sola; aunque Curly era un cómplice dispuesto, la chica no iba a arriesgarse a que sus locuras echaran a perder la operación. Por suerte, una de las cosas que él le dijo fue que Helga rara vez llegaba temprano a su casa, prefiriendo hacer la tarea en casa de Phoebe o en la biblioteca, o bien jugar en la calle o el parque con sus compañeros hasta la hora de cenar.
Al llegar a la casa, Angelica vió un auto estacionado afuera; cómo sabía que el Señor Pataki estaría trabajando ese día con su padre, la chica dedujo que el auto era de la madre de Helga, y a juzgar por la luz rota y una abolladura leve en la cajuela, la mujer era una mala conductora. Angelica sabía que ahora no podría simplemente meterse a la fuerza a la casa, así que pensó en una buena excusa y tocó el timbre.
La chica esperó por un par de minutos y tocó el timbre unas veces más; cuando nadie contestó o abrió, Angelica golpeó la puerta y se sorprendió al abrirla apenas la tocó; dejar una puerta principal abierta en un área urbana no era algo común o inteligente. Angelica se asomó dentro de la casa.
"¿Hola? La puerta está abierta. ¿Puedo pasar?"
Cuando nadie respondió, Angelica resiró profundamente y entró a la casa, cerrando la puerta por dentro. Cuando caminó un par de pasos la chica escuchó unos ronquidos suaves; siguiendo el ruido, encontró a la madre de Helga dormida, sentada, en un sillón de la sala.
"¿Señora Pataki?" Angelica elevó su voz un poco y se acercó a la mujer, la cual no reaccionó aún cuando la chica la sacudió ligeramente. Angelica aclaró su garganta.
"¡Se ha ganado un millón de dólares y un beso de Robert Redford!"
Sin respuesta.
"Vaya, deje de tomar descafeinado." Angelica rió; esto era más fácil de lo esperado. La chica pensó en tomarle una fotografía a la mujer e inventar una buena historia acerca de ella, pero incluso si Helga le desagradaba, Angelica tenía algunas reglas concernientes a sus bromas y venganzas, incluyendo no involucrar a los familiares de las victimas, así que dejó a Miriam en paz.
Angelica echó una mirada por la casa, sorprendida por la gran cantidad de trofeos, listones azules y certificados que estaban o enmarcados y colocados en la pared, o colocados en algunas vitrinas y libreros.
"Tienen más premios que la Academia." Angelica pensó en voz alta mientras miraba de cerca los premios y reconocimientos, todos pertenecientes a una tal Olga Pataki, la hermana mayor de Helga según los informes de Curly. La Pickles miró las fotografías en las paredes, la mayoría de las cuales mostraban a quién, ella dedujo, era Olga, una chica rubia muy linda; las imágenes la presentaban en diferentes edades, y según las más recientes ya tenía más de 20 años. Angelica se sorprendió un poco al notar que no había fotografías de su rival, y no encontró ninguna imagen de Helga hasta que dejó la sala y subió las escaleras, encontrando algunas fotografías familiares en la pared donde Helga estaba presente, pero frunciá el ceño o se veía un poco triste en todas ellas.
"La chica no es nada fotogénica."
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Helga encontró la habitación rápidamente; al entrar se encontró a Pelusa recostada en la cama de Angelica, y la gata la miró con cierta molestia.
"¿Eres un gato o una bola de boliche peluda?" Helga frunció el ceño al ver a la gata antes de mirar alrededor. La habitación se veía un poco como la de Rhonda (Helga ya había estado ahí un par de veces en el pasado) pero con menos adornos y no tan añiñada. La rubia miró el buró y encontró varias fotografías enmarcadas, todas mostrando a Angelica en diferentes edades; Helga se sorprendió un poco al notar que su rival solía usar trenzitas similares a las que ella usaba hasta hace pocos años. La chica siguió revisando las fotos.
"Realmente tiene una decoración temática." Helga entonces notó que Angelica, en algunas fotografías, cargaba una muñeca algo vieja y desgastada. La Pataki entonces miró hacia la cama, encontrando la misma muñeca sobre la almohada.
"Asi que tienes una muñeca favorita, Pickles. Nunca pensé que tuvieras un lado sensible." Helga sonrió, pensando en robarse la muñeca, pero decidió investigar un poco más antes de hacerlo.
Helga dejó el buró y se enfocó en los cajones y en el escritorio. Encontró algunas fotografías más, la mayoría enmarcadas; estas no sólo mostraban a Angelica sino a otras personas también, casi todas con la Pickles en ella. Había una foto de Angelica con sus padres; otra de ella con una chica Afro-Americana y un pelirrojo gordito, ambos más o menos de la misma edad de Angelica; luego, una foto de group que tenía a Angelica y la otra chica junto con varios niños aparentemente más jóvenes, incluyendo un chico de cabello púrpura ligeramente picudo ("¿Sus padres lo dejan teñirse el pelo así?" Helga pensó), uno de estatura baja con un sombrero curioso, un chico y una chica tan parecidos que obviamente eran hermanos, una ñiña Asiática, y un chico con aspecto tan 'geek' que podía competir con Curly en ese aspecto.
"¿Así es su pelo, o se le quema la cabeza?" Helga pensó en voz alta al ver a este último muchacho; su cabello era rojizo y alborotado, usaba frenos, tenía lentes de marco púrpura, su cara era tan pecosa como la de Eugene o Lila, y, a juzgar por su estatura, era el chico de más edad en la fotografía aunque probablemente más joven que Angelica por un año o dos.
Helga dejó la fotografía en su lugar y encendió la computadora de Angelica, pero no pudo sacar nada de información porque tenía contraseña; intentó varias que parecían obvias como el apellido de Angelica, los nombres de sus padres, 'Angel' y cosas así, sin éxito. Un poco frustrada, y recordando que Phoebe no podía entretener a la señora por mucho tiempo, Helga decidió ir a la segura y llevarse la muñeca, pero se detuvo al ver las fotografías junto a la cama de Angelica; todas estas tenían al chico pelirrojo de lentes, con o sin la Pickles.
"Podría ser… no, es imposible; si alguien como esa presumida pudiera interesarse en un chico así, Rhonda estaría loca de amor por Curly." Helga se dijo a si misma. Entonces vió que la gata ahora estaba sobre la muñeca, protegiendo la propiedad favorita de su humana.
"Calma, Bolsa de Pulgas; sólo quiero la muñeca." Helga se acercó con cuidado y se arrodilló para buscar un zapato o sandalia bajo la cama para arrojarlo al felino y tomar la muñeca sin peligro; Helga se detuvo cuando halló otra cosa.
"Un libro… no, es un álbum de fotos. ¡Por supuesto!" Helga se palmeó la frente mientras se alejaba de la cama y la gata enojada, llevando el álbum consigo. "Si hay algo que Pickles quiere mantener oculto, no lo dejaría a la vista de todos."
"'Cuarto de Helga'; gracias por el aviso, Pataki." Angelica pensó al ver el letrero colgando de una puerta. La chica entró a la habitación y se sorprendió; aunque ya esperaba que el cuarto de Helga no fuera muy elegante o femenino, también pensó que estaría muy desordenado, y en su lugar halló un sitio impecable.
"Bueno, Pataki, eres más aseada que yo, al menos con tu habitación; aún así, requieres una decoración más decente."
Efectivamente, esta era la primera habitación que Angelica veía sin ningún tipo de decorado, adorno o fotografía, excepto por un gran saco de boxeo en una esquina. Lo único que revelaba que esta era la habitación de una chica era la cama, la cual tenía una colcha rosa.
"Bueno, no tengo mucho con que trabajar. Si no fuera tonto pensarlo, casi diría que quieres hacerme las cosas más difíciles, Patonta." Angelica empezó a buscar por el cuarto, molestándose al ver que no había nada que buscar. La chica decidió revisar bajo la cama, en caso de que hubiera algo embarazoso o humillante oculto ahí.
"Vamos a ver… vaya, tiene un cinturón de piel de víbora." Angelica extendió su mano y halló algo escamoso; claro que se equivocó un poco, pues no era cinturón ni víbora, aunque si era reptil.
"¡AY, MAMÁ!" Angelica gritó de miedo y sorpresa cuando Zilla salió de debajo de la cama, siseando. La noche anterior había sido tan fría que Helga dejó a su mascota dormir en la habitación, y seguía ahí en la mañana cuando ella se fue a la escuela.
Angelica retrocedio algunos pasos mientras Zilla se le acercaba, defendiendo su territorio contra una desconocida; ya que el animal era lo bastante grande como para tragarse un loro de buen tamaño de un bocado, era bastante intimidante. Angelica pensó en salir corriendo pero en vez de eso decidió ocultarse en el armario, cerrando la puerta por dentro; la chica se sintió aliviada cuando halló un interruptor y pudo encender una luz.
"O esta gente tiene un gusto muy extraño para sus mascotas, o necesitan un exterminador urgentemente." Angelica respiró agitada pero empezó a calmarse; por suerte, el armario era lo bastante grande para moverse con una cierta comodidad a pesar de las muchas faldas y pantalones colgados adentro. Angelica los hizo a un lado y miró las camisas y otras ropas, casi todo en color rosa.
"¿Cuál es tu secreto, Pataki; que toda tu ropa era blanca pero sigues lavándola con la ropa de color?" Angelica se recargó en la pared posterior del armario; un segundo después, la chica cayó sobre su trasero, pues esta pared resultó ser solamente una cortina oscura que cubría algo.
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"Tomé esta después de echarle arena en los pantalones; infantil pero divertido. Finster se ve muy lindo haciendo esos movimientos locos."
Helga leyó la pequeña nota al lado de la foto del chico pelirrojo, cuyo nombre ahora sabía era Carlos Finster aunque todos le decían Carlitos. La chica rió un poco al ver la imagen; realmente se veía tanto lindo como tonto al mismo tiempo.
Todas las fotografías del álbum tenían a Carlitos; a veces estaba él solo o con alguno de sus amigos, y a veces Helga hallaba una foto de él con Angelica, los dos solos, y ocasionalmente con alguien más. Cada foto tenía una pequeña nota al lado que servía como resumen o comentario de esa imagen, lo cual le dio a Helga algo de información acerca del chico y los otros amigos de la Pickles, incluyendo los nombres; ahora sabía que el chico de cabello púrpura y el chaparrito del gorro chistoso eran Tommy y Dil, los primos de Angelica; la Afro-Americana y el pelirrojo gordito eran Susie y Harold; los hermanos eran los gemelos Phil y Lil DeVille; y la asiática era Kimi, cuya madre se había casado con el padre de Carlitos y por lo tanto eran hermanastros. Helga también notó por los comentarios que Angelica gustaba de molestar y hacerles bromas a todos ellos, pero curiosamente también los consideraba amigos cercanos y se sentía muy unida a cada uno, sobre todo a Carlitos, a juzgar tanto por el álbum como por la forma en que se expresaba de él en las notas.
Helga miró una foto del chico detrás de un mostrador, sirviendo bebidas (Helga dedujo que era un trabajo de medio tiempo); la nota debajo de la imagen era considerablemente mayor que las otras que había visto hasta el momento.
"Estaba muy enojada ese día; una mala nota en mi último examen, un tobillo lastimado en clase de Educación Física, y una camisa arruinada por un tonto accidente de laboratorioque involucró a Harold y un tubo de ensaye. Todos notaron mi mal humor y mantuvieron su distancia, excepto Carlitos. Puedo decir que lo asusté un poco cuando llegué al cyber-café y prácticamente rugí para pedir mi bebida; sin embargo, como de costumbre, me sorprendió. No sólo me hizo su especial sin coco y me lo ofreció totalmente gratis sino quefue lo bastante paciente para escuchar mis quejas sin interrumpirme una sola vez; cuando terminé y me calmé un poco, me ofreció otro especial, me sonrió y se ofreció aayudarme a estudiar para mi próximo examen y pudiera mejorar mi promedio; cuando le recordé que siempre que trabajamos juntos lo insulto y me pongo muy mandona,simplemente se encogió de hombros y él me recordó que cuando nos ponemos de acuerdo y realmente nos ponemos a trabajar hacemos una labor excelente."
"Le tomé esta foto cuando se dio la vuelta para atender a otro cliente; aún no puedo creer lo amable que es conmigo pese a lo mal que lo trato. Obviamente acepté su oferta;aunque soy casi un año mayor que él, Carlitos siempre ha sido más listo que yo en el aspecto académico. Lástima que no pude tomar fotos de nuestras sesiones de estudio; fue taly cómo ambos lo predijimos, conmigo haciéndome la difícil todo el tiempo pero progresando mucho después de un rato. Pasé unas horas muy agradables, y además aprobé elsiguiente examen como si nada. A veces me pregunto que sería de mí sin este chico miedoso pero adorable."
Helga se quedó helada al terminar de leer; aunque la Pickles no escribía poesía como si le pagaran por eso, era obvio que tenía sentimientos muy profundos por Carlitos. De acuerdo a las notas, el chico tenía muchos defectos, incluyendo torpeza, nerviosismo y una buena cantidad de miedos, pero también cualidades notables como amabilidad, honestidad, lealtad y una naturaleza gentil, y, pese a no ser un galán, tampoco era exactamente feo. Helga empezó a dudar; por mucho que le desagradaba y quizá hasta odiaba a Angelica, ¿podría hacerle algo ahora que sabía que tenían más en común de lo que esperaban?
"De acuerdo… a ella le gusta un chico que se parece al muñeco diabólico de una serie de películas de terror pero en versión agradable… ¿qué hago con la información?" Helga gruñó; sus pensamientos en voz alta fueron interrumpidos por el sonido de un auto estacionándose.
"¡Criminal! ¡El hombre llegó a casa! ¡La señora va a recordar que estoy aquí!" Helga hizo una decisión rápida; eligió una foto a mital del álbum, una de Carlitos y Angelica sentados en una banca compartiendo palomitas (más bien, ella comiendo de su bolsa); no era de las primeras fotos ni tampoco de las más recientes, así que Helga confiaba en que su ausencia no sería notada por un tiempo.
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"Qué loco…" Angelica se sorprendió y se asustó un poco al ver el altar frente a ella. "¿Helga le está haciendo vudú a Arnold?"
La chica entonces vió varias cajas a su alrededor; cuando las abrió, halló cuadernos y hojas con algo escrito; al empezar a leer, el miedo de Angelica fue totalmente reemplazado por la sorpresa.
"Arnold, no sé qué tienen tus ojos; no sé qué tienen tu boca; que dominan mis antojos y a mi sangre vuelven loca. No sé como fui a quererte ni como te fui yo adorando; me sientomorir mil veces cuando no te estoy mirando. De noche, cuando me acuesto, a Dios le pido olvidarte, y al amanecer despierto tan sólo para adorarte. Qué influencia tienen tuslabios que cuando me hablas yo tiemblo, y haces que me sienta esclava y Ama del Universo."
"Esta chica está loca de amor… ¡doble enfásis en 'loca', pero enamorada, sin duda!" Angelica re-leyó la hoja antes de darle una rápida mirada a otras hojas sueltas y a un par de cuadernos, todos ellos con escritos similares. A veces tenían textos larguísimos, que cubrían varias páginas, y otras veces poemas y canciones cortos, todo inspirado por Arnold.
"Oh, Arnold, si Dios me quita la vida antes que a ti, le voy a pedir ser el ángel que cuide tus pasos; pues, si otros brazos te dan aquel calor que no te dí, sería tan grande mi celoque, en el mismo Cielo, me vuelvo a morir."
"Por supuesto… los insultos, las bolitas de papel… ¡que bruta soy! ¿Cómo no me di cuenta antes… más bien, cómo es que NADIE se ha dado cuenta? Con razón Pataki me detesta tanto; estoy pasando tiempo con su amorcito cabezón."
Angelica se sentó en el piso, silenciosa, y pensando en lo que haría; estaba dispuesta a exponer un secreto vergonzoso, o al menos amenazar a Helga con hacerlo, pero esto iba más allá de las expectativas de la chica. La información dañaría la reputación de Helga, sin duda, pero aunque Angelica podía ser la imagen misma del egoísmo y la malicia, incluso ella conocía el concepto de empatía.
"¡Oye, Miriam, despierta; tengo hambre!"
Angelica, incluso encerrada en el armario, alcanzó a escuchar la fuerte voz de Bob Pataki. La rubia tenía que irse de la casa ahora; puso los cuadernos y hojas de vuelta en las cajas aunque conservó la de 'Ama del Universo' para no irse con las manos vacías. La Pickles acomodó la cortina en su lugar y luego apagó la luz del armario; la chica abrió un poco la puerta y sintió alivio al ver que el lagarto no estaba cerca. Angelica salió del armario y cerró la puerta rápidamente, lo cual llamó la atención de Zilla, el cual estaba del otro lado del cuarto tratando de cazar una araña; el reptil se lanzó contra la chica de nuevo, pero Angelica ya estaba en la ventana; la rubia salió, cerró la ventana de golpe y bajó por la escalera de incendios, dejando a Zilla bufando en la ventana y mirándola con enojo mientras ella se alejaba de la casa a toda prisa.
"¿Dónde está Nigel Thornberry cuando lo necesitas?" Angelica pensó en voz alta mientras se perdía de vista.
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Helga bajó las escaleras, ya con la fotografía guardada en su mochila, en el mismo momento en que Carlota terminaba de presentar a Phoebe con su esposo.
"Ah, Helga, buenas tardes; tu padre ya va en camino a casa. Angelica llegará un poco tarde hoy; ¿Phoebe y tú gustan acompañarnos a cenar?"
"Gracias, Señor Pickles, pero estamos un poco apuradas; ah, y puse el libro en la cama, así que Angelica lo encontrará sin problemas." Helga y Phoebe se despidieron de los adultos y luego Drew las acompañó a la puerta.
"Gracias por su hospitalidad, Señor y Señora Pickles." Phoebe dijo cortésmente mientras ella y Helga se alejaban de la casa; Drew y Carlota le agradecieron una última vez su ayuda y luego cerraron la puerta. Cuando ya estaban un poco lejos del lugar, Phoebe rompió el silencio.
"Entonces, ¿encontraste lo que buscabas?"
"Eso y mucho más." Helga se frotó la nuca. "Tendré que ver la… evidencia… y meditar un poco antes de usarla."
Phoebe notó que su amiga estaba un poco nerviosa y decidió no preguntar nada más. Ella sabía que Helga, ocasionalmente, tenía crisis de consciencia antes de hacer alguna de sus jugarretas, y siempre había una buena razón para esto; o lo que Helga encontró era algo que dañaría tanto a Angelica que incluso ella dudaba en usarlo, o la investigación reveló que ambas rubias tenían más en común que un carácter fuerte y la capacidad para pensar en insultos y comentarios sarcásticos en tiempo récord.
NOTA DEL AUTOR.
Los poemas que Angelica halló son versiones ligeramente modificadas de 2 canciones, 'Esclavo y Amo', y 'Si Dios te quita la vida'. (Ciertamente; ambas canciones fueron popularizadas por el cantante mexicano Javier Sólis; la primera es autoría de José Vaca Flores y la segunda de Luis Demetrio, así que Ramiro no tiene los derechos de ninguna.) Gracias, Phoebe.
