- Confrontación
Angelica llegó a casa de Arnold alrededor de las 2 de la tarde; tal como ya le había comentado, la chica no era madrugadora, sobre todo los fines de semana, por lo que no pudo llegar más temprano, especialmente porque casi no durmió la noche previa pensando en lo que descubrió en casa de Helga; el correo electrónico que recibió de Susie y el ya diario de Carlitos apenas la calmaron lo suficiente para poder descansar un poco.
La chica Pickles ahora tenía una forma segura de arruinar la reputación de su rival; una llamada telefónica era todo lo que requería para chantajearla por siempre; sin embargo, aún dudaba en usar la información o la evidencia que incluso ahora cargaba en su mochila. Claro, ella aún ignoraba que la Pataki estaba en la misma situación, pues sus padres habían estado tan ocupados la noche anterior que se les olvidó mencionar la visita de Helga y Phoebe.
Ya en la habitación de Arnold, él y Angelica trabajaron por un par de horas, terminando con un trabajo excelente. La chica se alegró de que su parte ya casi estaba terminada desde la primera sesión y ahora sólo requería ajustes menores, pues de momento no le estaba poniendo mucha atención al trabajo porque su mente estaba casi totalmente enfocada en su dilema moral.
"Creo que con esto bastará." Arnold guardó la tarea en su computadora y empezó a imprimirla.
"Al fin; hace mucho que no trabajaba tanto en Sábado." Angelica, sentada al lado de su compañero, estiró sus brazos antes de terminarse la lata de Yahoo que Arnold le había dado hace rato.
"Angelica, ¿te sientes bien? Te noto un poco distraída."
"¿Cómo puedes notar eso y no la obsesión psicótica que Pataki tiene contigo?" Angelica pensó. Después de un momento, le soltó una media-mentira. "Estoy bien… creo que sólo un poco nostálgica. En casa, allá en California, los fines de semana normalmente voy con mi amiga Susie al centro comercial, converso por teléfono con las chicas populares, o voy a molestar un rato a mis amigos; no estoy acostumbrada a estar sin planes."
"Ya veo; bueno, Rhonda se la pasa en el centro comercial, y no es tan tarde. Puedes llamarla y quedarte de ver con ella ahí; Gerald y yo vamos a ir a los videojuegos al rato pero puedo dejarte en el autobús que va para el centro comercial en mi camino."
"No es una mala idea, pero… ¿te parece bien si platicamos un poco?" Angelica sonrió un poco. "Me gusta pasar el rato con Lila y Rhonda, y Nadine es… interesante, aunque le gusten más las cucarachas que los vestidos; pero no me molestaría platicar sobre algo que no sea moda y cosas de onda."
"Claro; ¿de que te gustaría hablar?" Arnold sonrió a su compañera, la cual se relajó considerablemente.
"Si no te importa, ¿podemos hablar sobre Pataki? Te la pasas diciendo que no es una mala persona y todo eso, pero hasta ahora no hemos sido las candidatas para La Rubia Amable del Año; me gustaría conocer un poco más sobre ella para ver si realmente podemos llegar a llevarnos bien."
Arnold suspiró y adquirió una pose pensativa mientras Angelica se felicitaba a si misma; quizá, si conocía un poco más sobre Helga y la forma en que Arnold se sentía con respecto a ella, seria más fácil tomar una decisión.
"Para ponerlo fácil… ella es una persona muy complicada." Arnold se sintió ligeramente incómodo. "Me ha insultado, engañado y jugado bromas pesadas desde Preescolar, y se la pasa diciendo cuanto me odia… y… aún así…"
Angelica notó que la expresión del chico cambiaba a una de calma y contento.
"Siempre que estoy en un problema serio, y ni mi abuelo ni Gerald me pueden ayudar, ella está ahí para mí. Después de ese incidente del gimnasio, se disculpó, igual que tú, y se veía muy angustiada por mi estado…"
"Claro que lo estaba. Casi se le arruina su noche de bodas." Angelica cubrió su boca para ocultar su risita mientras Arnold continuaba.
"… y ella no es como las otras chicas; le gusta divertirse como los muchachos, y jugar beisbol, futbol y hockey con nosotros… y… no deja que nadie se pase de listo con ella. Es inteligente, ingeniosa, dice lo que piensa… y hemos compartido algunas experiencias…" La sonrisa de Arnold ya era bastante grande para este momento. "En pocas palabras, Helga es difícil a veces, pero creo que no es tan mala como quiere que todos pensemos."
Angelica casi comentó algo en la parte de 'dice lo que piensa', pero se contuvo. La respuesta del chico fue interesante; pese a haber sido abusado e insultado tanto como decía, Arnold apenas y tenía comentarios negativos respecto a Helga.
"Ya veo; bueno, si tú lo dices, ¿quién soy yo para dudar de ti?" Angelica se encogió de hombros.
"Gracias, Angelica; tú tampoco eres tan mala." Arnold comentó, conservando su expresión.
"Insisto; ustedes todavía no me conocen bien." Angelica soltó una pequeña risa. "Debo reconocerle algo a Pataki; no tiene mal gusto. El chico tiene una bonita sonrisa."
Alguien tocó la puerta en ese momento, y, un segundo después, la abuela entró al cuarto en su 'karate gi' (ropa de karate).
"Hola, jóvenes saltamontes." La anciana dijo en un tono solemne.
"Hola, Señora. Déjeme adivinar; hoy cocina comida japonesa." Angelica dijo a Gertie, la cual rió un poco.
"Pues si, pero también he venido para ofrecer mi sabiduría ancestral." La anciana se dirigió a Arnold. "Aplaudo que no actuaras con violencia cuando esta señorita y tu otra amiga te golpearon por accidente, pero no debiste salir tan lastimado. Creo que es pertinente regresar a tu entrenamiento."
"Un momento… ¿de verdad saben karate?" Angelica estaba realmente sorprendida.
"Si; mi abuela es cinta negra, y me enseñó algunos movimientos hace tiempo, pero dejé de practicar porque… exageré un poco a veces." Arnold se frotó la nuca y se veía honestamente apenado.
"Pero aprendiste tu lección y, cómo tu sensei, es mi obligación ayudar a mi joven pupilo; al menos así la próxima vez podrás bloquear los golpes o recuperarte más rápido." Gertie continúo con su tono solemne y luego se dirigió a Angelica. "Y estás invitada a unirte si lo deseas; el dojo siempre puede aceptar otro estudiante."
"Gracias, pero me defiendo mejor con mi boca que con mis manos y pies."
La anciana levantó una ceja.
"¿Muerdes a la gente?"
"Sólo si se acercan demasiado y se bañaron últimamente." Angelica respondió en su tono que nadie sabía si era serio o en broma mientras agarraba su mochila. "Mejor me retiro; oh, y Arnold, si tu entrenamiento involucra lavar y encerar autos, avísame para que pongamos un negocio; tú trabajas y yo cobro."
Arnold rió un poco y, después de prometerle a su abuela que se reuniría con ella en el dojo (una habitación desocupada y vacía) en un momento, acompañó a Angelica a la puerta.
"Aún me cuesta creer que aguantes tan bien las ideas de mi abuela."
"Mi primo Dil busca alienígenas, camina sobre sus manos, lleva un ridículo gorro de Sherpa con dientes de plástico colgados, habla con su pez dorado, y puede meter todo su cuerpo en una cesta de lavandería." Angelica giró los ojos. "Cuando te acostumbras a eso, puedes aguantar casi cualquier cosa loca siempre que no involucre una máscara de hockey y una sierra eléctrica. Te veo luego, Daniel-San, digo, Arnold."
Arnold abrió la puerta y se despidió de la chica, preguntándose si le gustaba la compañía de Angelica debido a su actitud, sarcasmo e ingenio, o porque le recordaba mucho a Helga.
Angelica no se dirigió directamente a casa; pese a que la sugerencia de llamar a Rhonda para ir de compras juntas era muy tentadora, aún tenía mucho en que pensar antes de hacer su siguiente movimiento respecto a Helga y su secreto. Lila le había comentado a la Pickles acerca de un parque no muy lejos del vecindario, y la rubia decidió ir allí para buscar un sitio agradable y oculto donde pensar en paz.
X- X- X- X
"Bueno, entonces ya sé que esta chica tiene corazón, y hace menos de 24 horas sólo quería arrancárselo del pecho… pero ahora no estoy tan segura." Helga, en su lugar habitual para meditar (en el puente sobre el arroyo del parque) sacó su relicario y suspiró. "Oh, my amado Arnold, ¿qué debo hacer? Ahora que estoy segura de que ella no tiene ningún interés sentimental en ti, y que su corazón y alma ya tienen dueño, mi cabeza está plagada de dudas atormentadoras. ¿Cómo dañar a alguien quién, pese a nuestra rivalidad, es tan parecida a mi estúpido y romántico ser en lo que respecta a nuestras emociones y cómo las expresamos? Por favor, Arnold, ilumíname con algo de la maravillosa sabiduría almacenada en tu gran cabeza de balón para que halle la solución a este dilema."
Helga volteó a su alrededor y se puso un poco triste; usualmente, para este momento, o Brainy se aparecía y ella podía desahogar su frustración golpeándolo, o Arnold llegaba y le daba un buen consejo o una palabra de aliento. Esta vez, sin embargo, estaba sola.
"Creo que ni siquiera tú puedes estar en todos lados a la vez, mi adorado." Helga guardó su relicario de vuelta en su lugar (debajo de su camisa) y empezó a alejarse, mirando la pequeña fotografía que sacó de su bolsillo del pantalón, la de Carlitos y Angelica que había sustraído el día anterior; aunque mostraba a Angelica abusando del chico, ambos se veían contentos en compañía del otro.
Desafortunadamente, como suele pasarle a Helga cuando no se fija por donde camina, chocó con alguien que estaba igual de distraída.
"¡Hey, fíjate, Tonto!"
"¡Tonta tu abuela, Zopenca!"
Tanto Helga como Angelica se congelaron cuando se dieron cuenta de quién estaba en el suelo junto a ella. A diferencia de sus encuentros previos, no reaccionaron con enojo sino con nerviosismo.
"Pickles… uh… bueno… bueno, si…"
"Pataki… ah… le digo, le dice… le dijo…"
"¡Se te cayó esto!" Las rubias dijeron a coro mientras una le daba a la otra el objeto que, pensaban, la otra chica había tirado al chocar. Sin embargo, por la prisa, entregaron el equivocado… que, irónicamente, también era el correcto para cada una.
"¡MI POEMA!" Helga sujetó el papel en sus manos, estupefacta.
"¡MI FOTOGRAFIA!" Angelica reaccionó del mismo modo.
Las chicas volvieron a verse una a la otra, esta vez mirándose con furia creciente y apretando sus dientes y puños.
"Tú…" Helga casi babeaba por la rabia.
"… te metiste a…" Angelica sentía su ira a punto de estallar.
"¡MI HABITACION!" Ambas rugieron a la vez que se lanzaban al ataque, olvidando la tregua por completo e iniciando una pelea salvaje que nadie atestiguó excepto por las ardillas asustadas que huyeron del lugar, pues el parque estaba casi desierto a esa hora.
Helga agarró a Angelica por el cabello y lo jaló furiosamente, y Angelica hizo lo mismo con la cola de caballo de Helga. La Pataki soltó a su rival pero sólo para sujetarla del cuello de la camisa con la mano derecha y empezar a golpear sus costados y estómago con La Vieja Betsy. Angelica gruñó de dolor y soltó el cabello de Helga antes de darle un karatazo al lado del cuello, lo bastante fuerte para detener su ataque por el momento; las rubias se separaron, Helga frotándose el cuello mientras Angelica tomaba una bocanada de aire antes de taclear a la Pataki, tirándola al suelo, donde Angelica se le subió y empezó a soltar una rápida y dolorosa serie de puñetazos contra la cara y pecho de su oponente.
Helga se las arregló para sujetar las muñecas de Angelica y girar su cuerpo, revirtiendo la posición; Helga entonces volvió a agarrarla del pelo y empezó a azotar su cabeza contra el suelo varias veces para luego empezar con los puñetazos. Angelica gritó de dolor y furia, sin quedar inconsciente gracias al estímulo de la adrenalina, y agarró un puñado de tierra y pasto, arrojándoselo a Helga justo en la cara. La Pataki, temporalmente ciega, se frotó los ojos; Angelica aprovechó para girar su cuerpo y quitarse a Helga de encima. La Pickles entonces le pateó el pecho, dejando a Helga sin aliento, y luego le aplicó un candado a la cabeza, apretando fuertemente y haciendo que Helga hiciera grandes esfuerzos para respirar; la Pataki usó toda su fuerza en un puñetazo contra el costado ya lastimado de su rival, obligándola a aflojar su agarre. Angelica se agarró el costado mientras Helga aprovechó para volver a respirar normalmente y recuperarse.
Ambas chicas se levantaron. Helga casi le dio un izquierdazo a la cara de Angelica pero la Pickles lo bloqueó y soltó un derechazo que Helga evadió. Las rubias bloquearon, patearon, y soltaron puñetazos y cachetadas por casi un minuto hasta que Helga aturdió a su rival con un puñetazo al abdomen y luego le devolvió el candado a la cabeza de hacía unos minutos; la Pataki tuvo que soltar a su oponente un momento después por el dolor y la sorpresa ya que Angelica se defendió mordiéndole el brazo izquierdo. Helga agitó su brazo y se revisó la mordida rápidamente mientras que Angelica se recuperaba; la Pickles le dio entonces una fuerte bofetada a la cara de Helga seguida de una serie de patadas al cuerpo que terminó cuando Helga le saltó encima y ambas chicas volvieron a rodar en el césped. Helga se enfocó en las piernas de Angelica, torciéndole los tobillos de una manera muy dolorosa, haciéndola gritar y revolcarse tratando de escapar hasta que Angelica se las arregló para sujetar el cabello de Helga de nuevo y darle un tremendo jalón que obligó a Helga a soltarla de nuevo; Angelica soltó el cabello y le agarró el brazo a Helga para torcerle la muñeca con una mano mientras usaba la otra para aplicar presión en el codo; ahora era el turno de Helga de gritar y retorcerse de dolor hasta que, usando su mano libre, agarró uno de los pies de Angelica mientras aplicaba presión en esa pierna usando las suyas, de modo que las chicas quedaron atoradas en una postura muy complicada y dolorosa para ambas pero se rehusaron a rendirse.
"Tú… Engendro…" Angelica apretó los dientes.
"Tú… Imbécil…" Helga contestó del mismo modo.
"Rata de dos patas…"
"Culebra ponzoñosa…"
"Alimaña…"
"Animal Rastrero…"
"Desecho de la vida…"
"Te odio y te desprecio…"
"¿Cómo es que alguien podría amarte?"
El tiempo se detuvo para ambas chicas al darse cuenta de que al final habían dicho lo mismo en un coro perfecto. Lentamente, relajaron sus músculos y se soltaron, y después permanecieron sentadas en el césped, viéndose una a la otra en silencio.
X- X- X- X
Después de lo que parecieron ser horas, pero en realidad sólo fueron 10 minutos, las chicas dejaron de mirarse y fueron al arroyo para lavarse la cara y refrescarse un poco; ambas se arrodillaron frente al agua para hacerlo más fácilmente. Mientras Helga seguía mojándose la cabeza para calmar el dolor, Angelica sacó un espejo de mano de su mochila y empezó a revisarse, suspirando y finalmente rompiendo el silencio.
"Quedé como trepadero de mapache. ¿Segura que no tienes pezuñas en vez de manos? Porque no sólo pareces una mula sino que pegas igual."
"Bueno, tuve que golpearte así de fuerte para poder lastimar ese bloque de cemento que tienes por cabeza." Helga dijo antes de sumergir sus manos en el agua fría, algo que Angelica ya había hecho, para alivio de sus nudillos. Luego, mientras Angelica se sobaba los costados, Helga le echó una mirada a la marca de mordida en su brazo, la cual era bastante impresionante.
"Voy a tener que aplicarme la antirrábica."
"Y yo voy a tener que lavarme la boca con jabón y con petróleo para quitarme los gérmenes."
Las chicas guardaron silencio de nuevo, revisándose sus lesiones, hasta que Helga habló.
"Y… ¿desde cuando estás cacheteando la banqueta por tu chico?"
"Desde que él usaba pañales."
"Rompiste mi record; yo empecé cuando lo conocí en Preescolar."
"Si, Arnold ya me comentó que ustedes se conocen desde hace mucho." Angelica suspiró. "¿Cómo te metiste a mi casa, por cierto?"
"Phoebe distrajo a tu mamá mientras yo revisaba tu habitación; ¿tus padres no te dijeron que los 'visitamos'?"
"No; casi siempre me prestan mucha atención pero el trabajo suele distraerlos; en esos casos, yo paso a segundo plano. Normalmente no me altera."
"Al menos ellos si recuerdan tu nombre y el de tus compañeras." Helga respiró profundamente. "Deja que adivine como te metiste a mi casa; mi madre dejó abierta la puerta y ella estaba hibernando."
"Denle a la chica un premio." Angelica giró los ojos. "Oye, fuera de broma o insulto, ¿tu madre es narcoléptica?"
"No, sólo perezosa; a menos que mi papá se lastime y ella tenga que cubrirlo en el trabajo, o que mi hermana venga de visita, Mamá se la pasa con El Mago de Los Sueños."
"Ya veo… oh, y tienes que hacer algo con la lagartijota en tu habitación; casi me muerde."
"No lo hubiera hecho; a Zilla no le gusta la comida chatarra." Helga sonrió un poco pero dejó de hacerlo por el dolor en su quijada.
"Ven, deja que te cubra los moretones." Angelica sacó su estuche de maquillaje de su mochila. "No quiero tener que explicarle a Rhonda y a Arnold por qué no pudimos respetar la tregua ni por dos días."
"Okay… al menos no estábamos en una casa, o nos hubiéramos pegado hasta con el fregadero." Helga se sentó en el césped al lado de Angelica, dejándola que aplicara maquillaje en los moretones, cubriendo los golpes lo mejor que podía.
"Tienes que hacer algo con tu cutis, Pataki; el lagarto tiene mejor piel que tú."
"Bueno, Zilla no se involucra en peleas de gatas; prefiere comer ratas." Helga se quejó mientras Angelica continuaba. "Lo bueno es que nadie nos grabó, o cada chico calenturiento de la ciudad compraría una copia."
"Si, me imagino el título para el video; 'La Bella mata a La Bestia'." Angelica sonrió un poco. "Claro, para que funcionara, tú ya no tendrías que estar respirando en este momento."
"Cállate o empezamos a filmar la secuela." Helga gruñó suavemente, pero volvió a su tono curioso de inmediato. "Y, ¿cómo es que te enamoraste de este Carlitos? Por lo que leí en tus notas él tiene buenas cualidades, pero las chicas Barbie como tú van los tipos estilo Ken, no por el hermano amable de Chucky El Muñeco Diabólico."
"Lo hice ver 2 de esas películas; el pobre no pudo mirarse al espejo por una semana." Angelica rió y, curiosamente, también Helga, hasta que el dolor volvió a detenerla. Angelica miró a su rival con algo de preocupación.
"¿Te duele mucho?"
"Si, pero ya sabes cómo funciona esto; sólo duele cuando me río."
Las chicas volvieron a quedar en silencio hasta que Angelica volvió a poner su cara maliciosa.
"Un chino, un mexicano y un gallego entran a un bar…"
"Pickles…"
"¿Qué, ya te sabes el chiste?"
Helga no pudo evitar reírse; Angelica hizo lo mismo cuando vio la cara de dolor que puso un momento después.
"Bien, termina tu acto, Señorita Comediante, y volvamos a la conversación antes de que recuerde cuantas ganas tengo de aventarte al arroyo o al tráfico."
Angelica se puso muy seria y dejó de cubrir los golpes en la cara de Helga. La chica tomó un respiro y habló en forma tranquila mientras mantenía la mirada un poco baja.
"Bueno, tú ya notaste que no soy exactamente la persona más agradable; miento, engaño, hago trampas, abuso, grito, manipulo…"
"Si, parece currículum de diputado."
"Entonces ya te imaginarás lo difícil que me resulta hacer amigos, y me refiero a los reales; la verdad es que Rhonda y compañía son los primeros Populares a los que puedo llamar amigos, porque los que conozco en casa son sólo eso, Conocidos Sociales. Y prácticamente todos los amigos verdaderos que tengo se los debo a nuestras familias; estoy emparentada con dos de ellos, y mis padres y tíos son amigos de los padres de los otros. También, como tu ya has de haber deducido también, me encanta llamar la atención, y no me agrada cuando alguien más la consigue; combina todo eso con mi mal carácter y te darás una idea de la clase de amiga que soy. Claro, nos ayudamos cuando es necesario, pero la mayoría de mis amigos toleran mi presencia más que disfrutarla."
"Puedo… entender eso." Helga se frotó los brazos y bajó un poco la mirada también.
"Cuando éramos niños pequeños todo era más fácil, porque, como soy de las mayores del grupo, ellos tenían que seguirme, obedecerme y respetarme; pero conforme crecimos yo como que empecé a separarme de los demás. Todavía tengo contacto con ellos pero no tanto como antes, y ahora pueden dejarme hablando sola cuando se cansan de mi actitud."
Lentamente, Angelica volvió a sonreír.
"Todos, excepto Carlitos; le puedo hacer cualquier maldad y él todavía regresa a ayudarme cuando lo necesito, aún si es algo que él no disfruta. Muchas veces ni siquiera tengo que pedirle nada porque él es quién se ofrece aunque sabe que puede meterse en problemas. Y cuando nadie más me apoya… él tiene confianza en mi capacidad. Por ejemplo, hace algún tiempo mis padres me enviaron a vivir con mi amiga Susie por una semana para darme una lección de disciplina; la familia de ella es tan grande que sólo pueden vivir todos en la misma casa si siguen una serie de reglas a las que yo no estaba acostumbrada… y tuve que ayudar con varias tareas que no tenía ni idea de cómo hacerlas; cocinar, cambiar pañales, barrer…"
"De Princesa a Méndiga; me gusta la historia."
"En fin, todos en la escuela se enteraron de esto y empezaron a apostar; prácticamente todos estaban seguros de que no soportaría la semana completa excepto por 3 personas… mi primo Tommy, que está más o menos obligado por ser familia; mi asistente Harold, que obviamente tenía que apoyar a su 'jefa', y…"
"Carlitos."
"Quién no tenía ninguna razón para apoyarme excepto una confianza completa en mi inteligencia y obstinación; al final, completé la semana, principalmente para cerrarle la boca a todos los que no creyeron y no fallarle a los que lo hicieron, sobre todo a él."
"Entonces… ¿siempre has estado enamorada del chico?" Helga, completa y honestamente interesada, se acomodó para seguir escuchando a la otra rubia.
"Bueno, al principio lo consideraba como otro de mis juguetes, aunque era el favorito. Luego, cuando me empecé a dar cuenta de mis sentimientos hacia él, traté de olvidarlo poniéndole atención a los chicos populares… funcionó por un tiempo, pero ese pelirrojo está bien metido en mi cabezota. Incluso, empecé a tolerar a Harold y lo acepté como amigo y asistente en primer lugar porque me recuerda un poco a Carlitos; cabello rojo, pecas, honestidad, lealtad… tú me entiendes."
"Y, ¿por qué no te enamoraste del gordito?"
"Porque, por muy buena que sea nuestra relación como amigos, no es ni la mitad de profunda y personal que la relación que tengo con Carlitos. Él tiene… muchos defectos, claro, pero también las mismas cualidades que a mi me faltan, así que nos complementamos. No lo amo pese a sus defectos, sino que los acepto como parte de lo que él es, y Carlitos acepta mis fallas del mismo modo… aunque no estoy segura de si se siente exactamente como yo, pero tú me entiendes. Además, sin importar que tan triste o malhumorada me encuentre, siempre me hacer reír o sonreír, ya sea por accidente o por una de mis bromas, o incluso por algo que hace a propósito."
Angelica cerró los ojos y sonrío felizmente al decir la última parte, mientras Helga meditaba en lo que había dicho. La Pataki rara vez veía algún defecto en Arnold excepto cuando realmente la hacía enojar (algo que normalmente era culpa de Helga en primer lugar), y lo idealizaba de todas las maneras posibles, mientras que Angelica estaba más que consciente de los defectos de Carlitos y lo aceptaba totalmente. La Pickles amaba a su chico del mismo modo que Helga esperaba que Arnold la amara a ella.
"Y creo que Arnold siente algo similar por ti." Las palabras de Angelica hicieron reaccionar a Helga.
"¿Él… te lo dijo?"
"Pues quería sacarle algo de información para decidir si eras lo bastante mala o peligrosa como para aplicar el recurso del chantaje, así que platiqué un rato con tu Romeo Cabezón." Angelica comentó. "Y aprendí un poco de la forma en que Arnold piensa de ti."
"¿Y qué dijo?"
"Que eres mandona, agresiva, difícil de tolerar…" Angelica notó que Helga se estaba deprimiendo así que aceleró su narración, "… original, lista, ingeniosa, solidaria, interesante…"
"¿En serio?" Helga olvidó su quijada lastimada por completo; casi era posible ver un brillo a su alrededor.
"Con otras palabras, pero si, esa es la idea. Y lo dijo sonriendo. Quizá, y esto es sólo una teoría, deberías tratar de ser más amable con él. Puede que te sorprenda un día de estos."
"Sí… quizá." Helga suspiró, todavía sonriente.
"Pero no le digas nada sobre tu altar casero; eso fue más aterrador que la lagartija en tu recámara o tu madre en coma." Angelica meneó la cabeza. "No sé como soportas esa criatura en tu casa; el hocico babeante, la piel seca, el horrible aliento…"
"Espero que no estés hablando de mi madre." Helga frunció el ceño, y ambas chicas soltaron una pequeña risa unos momentos después. Angelica terminó de aplicarle maquillaje a Helga y luego hizo lo mismo con sus propias lesiones mientras Helga le detenía el espejo, ambas guardando silencio durante todo el proceso. Por suerte, Angelica solía usar sombra de ojos color púrpura, la cual cubría muy bien un moretón particularmente grande sobre su ojo izquierdo.
"Voy a necesitar unos cuantos baños cuando regrese a casa. Lo bueno es que mis padres están visitando a un inversionista hoy y no regresan sino hasta la noche." Angelica sacó un cambio de ropas de su mochila, una precaución que ya se había vuelto una necesidad. "Disculpa que no tenga nada para ti, pero tendría que incinerar esa ropa después de que tú me la regresaras."
"Y yo tendría que empapar esa ropa en agua bendita antes de ponérmela." Helga giró los ojos mientras cubría a Angelica, la cual se cambió de ropa debajo del puente. "Ah, bueno, Bob y Miriam no notarían si regresara a casa después de pelear 10 rounds con Cassius Clay."
Angelica guardo su ropa sucia antes de mirar su fotografía una última vez y colocarla en otro compartimento de la mochila mientras que Helga puso su poema en un bolsillo del pantalón. Las chicas ahora se veían lo bastante aceptables como para ser vistas en público sin que la gente en la calle les preguntara si habían peleado con una pantera y perdido.
"Entonces… ¿seguimos con la tregua?"
"Si; con los mismos términos." Helga señaló. "Insultos y nada más; sin golpes, sin bromas… y con total discreción acerca de Tú-Sabes-Qué. Quiero decirle a Arnold lo que siento por él, pero en mis términos y cuando esté lista, y tú no quieres perder tu popularidad si todos saben que te gusta un pecoso de lentes."
"Por mí está bien." Angelica se encogió de hombros. "Mejor nos vamos. Llamaré a Rhonda después para ponernos de acuerdo e ir de compras mañana; necesito más maquillaje."
"Y yo pasaré a casa de Phoebe a pedirle un poco de un remedio naturista que le mandan a su papá desde Japón; hace maravillas con dolores leves."
"Y no somos amigas, ¿okay?" Angelica señaló. "Es un acuerdo entre nosotras y nada más."
"Por supuesto; ¿quién querría ser amigo de una loca como tú?"
"No sé; pregúntale a Phoebe." Angelica sonrió maliciosa.
"Ahí si me agarraste." Helga respondió de forma similar mientras las chicas empezaban a caminar y a separarse en su propio camino; Helga cojeaba un poco y Angelica se sobaba la espalda y las costillas cada cierto tiempo.
"Te veo el Lunes, Jirafa." Angelica se despidió mientras la distancia entre ellas crecía.
"Lo mismo digo, Barbie."
"Chica Flamingo."
"Boca de Pitbull."
"Lombriz Parada."
"¡Criminal! Pickles, ¿siempre tienes que decir la última palabra?" Helga, un poco molesta, gritó la última parte porque ahora ella y Angelica ya estaban algo lejos una de la otra. La Pickles se encogió de hombros y volvió a caminar, alejándose; Helga se volteó para irse pero se detuvo cuando oyó el grito de respuesta de Angelica.
"¡SI!"
Helga se volteó y abrió la boca pero no dijo nada porque ya no podía ver a Angelica, así que simplemente giró los ojos y se fue del parque.
