- Manteniendo La Tregua.
"Pinky."
"La Sin-Cerebro."
"¿Me insultas o me corriges?" Angelica sonrió burlona; ella y Helga se habían encontrado en la puerta del salón de clases y empezaron su ya usual intercambio de insultos.
"Oh, créeme, no te gustaría escuchar como te corregiría." Helga sonrió del mismo modo y luego hizo una pequeña reverencia. "Por favor, las damas primero."
"¿Al fin admites mi categoría?" Angelica entró al salón.
"No; es que ayer pasaron 'La Dama y El Vagabundo' por televisión."
Angelica frunció el ceño pero no dijo nada mientras ella y Helga se dirigieron a sus asientos habituales; la Pickles con los Populares y Pataki junto a Phoebe, la cual se alegró de que este encuentro no finalizara en forma violenta, a diferencia de sus compañeros, algunos de los cuales rieron al escuchar a las rubias mientras que otros se decepcionaron por la falta de sangre.
Helga y Angelica podían ser muchas cosas (algunas de las cuales no pueden ser mencionadas debido a la censura) pero, cuando prometían algo, y lo hacían en serio, mantenían su palabra. Ya había pasado casi una semana desde su encuentro en el parque y desde el siguiente Lunes habían estado insultándose, burlándose o provocándose una a la otra siempre que se encontraban, incluso varias veces al día, pero mantenían los ataques verbales en un nivel moderado. Aunque odiaban admitirlo, ambas disfrutaban secretamente estos encuentros; Helga no se sorprendió cuando Angelica le comentó que era la campeona de Debate en su ciudad natal, incluso venciendo a chicos con mayor nivel académico y más experiencia para debatir en público, así que la Pickles siempre estaba lista para intercambiar palabras con cualquiera que pudiera seguirle el paso tanto en guerras de insultos en la escuela como en pláticas normales en casa.
Esta era otra cosa que ahora hacían regularmente; tener charlas más o menos civilizadas cuando nadie más estaba cerca. Claro que aún se insultaban durante la conversación, pero el tono era mucho menos hiriente, y las chicas hallaban un cierto alivio al hablar sobre sus amores secretos con alguien más; Helga sabía que Phoebe estaba consciente de su devoción hacia Arnold pero la pequeña genio también sabía que Helga no solía estar abierta a discutir el tema y ella era lo bastante discreta como para mencionarlo; y por supuesto, aunque Helga le había confesado su secreto a Lila, y agradecía que la pelirroja fuera de fiar, la Pataki no estaba dispuesta a discutir el tema de Arnold con una de las chicas que solían gustarle; Angelica, por otra parte, sabía que su amiga Susie sospechaba algo pero sin estar totalmente segura así que jamás insistía mucho en el tema de Carlitos; Harold era amable y dispuesto pero no muy listo y además malo para guardar secretos; y, ya que todos los otros amigos de Angelica lo eran también de Carlitos, y mucho más cercanos a él que a ella, la Pickles tampoco tenía a nadie en casa con quien compartir su secreto excepto su gata y su muñeca. Hablar con alguien en una situación similar a la propia a sabiendas que no diría nada a nadie era una nueva experiencia para ambas, y resultaba agradable.
Estas conversaciones solían ser telefónicas, pero también habían platicado en la habitación de Angelica cuando Bob hizo que Helga lo acompañara a una pequeña reunión con los Pickles, y los adultos dejaron que las chicas se entretuvieran solas. Bob, siempre el negociante antes que el hombre de familia, pensó que sería bueno para su sociedad que Helga estuviera en términos amistosos con la chica Pickles, así que insistió en que fuera con él en esa ocasión; además, Bob no iba a hacer lo contrario, invitar a sus socios a su propia casa, la cual no estaba exactamente bien atendida aunque tampoco era un basurero, así que, desde esa vez, insistía en que las reuniones semi-formales se llevaran a cabo en casa de los Pickles o de los Lloyds. Cómo esa vez Rhonda no estaba presente, las rubias pudieron hablar de 'sus' chicos con toda libertad.
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FLASHBACK.
"Entonces, ¿le confesaste tus sentimientos y lo besaste?" Angelica, sentada en su cama, abrió sus ojos al máximo mientras escuchaba la narración de Helga, la cual estaba sentada en una silla frente a ella, concerniendo cierto incidente en una azotea.
"No olvides la parte en que los dos acordamos que fue 'el calor del momento'," Helga hizo comillas aéreas, "y nunca lo volvimos a mencionar."
"Primero que nada… ¡rayos, estoy celosa!" Angelica gruñó. "¡Tú ya besaste a tu chico 3 veces, en los labios, y yo todavía no consigo ni un beso chiquito en la mejilla!" La Pickles se calmó un poco mientras que Helga sonreía soñadora, recordando esos momentos. "Y en segundo lugar… estoy tentada a quitarte la silla y rompértela en la cabeza por ser tan tonta."
"Únete al club; he considerado hacer cosas similares más de una vez." Helga suspiró. "¡Tenía la oportunidad perfecta y la desperdicié!"
"Okay, si olvidamos la excusa patética, creo que puedo entender a Arnold." Angelica señaló. "¡Tenían nueve años, Pataki! Aunque el chico se hubiera sentido atraído por alguna niña bonita antes de ese incidente, no estaba listo para saber que una chica estaba totalmente loca por él, sobre todo la misma que lo atormenta casi a diario."
"Gracias por el psicoanálisis, Doctora Pickles." Helga giró los ojos aunque su tono no tenía la agresividad que normalmente usaba al insultar.
"Luego te mando la cuenta; normalmente no atiendo lunáticos, aunque a ti te recetaría terapia de electroshock." Angelica se encogió de hombros. "Como sea, creo que, pese a eso del 'calor del momento', puede que tú y Arnold tengan algo después de todo. Para este momento ya tuvo 4 años para pensar en ese incidente y razonar tu comportamiento; seguramente tiene dudas acerca de esa excusa, y si empiezas a mostrarle algo de simpatía…"
"Puede que se de cuenta que no fue algo espontáneo…" Helga dedujo pero su excitación le duró poco. "Sólo una falla en tu plan maestro, Einstein; ¿qué tal si no tiene ningún sentimiento afectivo por mí excepto por los que son secundarios a su naturaleza amistosa y dadivosa?"
"Chica, lee menos libros y mira más televisión; usas demasiadas palabras."
"Lo siento; no he encontrado una forma de hablar sin usar palabras… creo que por eso es que las inventaron." Helga contestó sarcásticamente.
"Al menos no te comunicas con gruñidos y tamborazos. En fin, volviendo a lo de Arnold, al menos inténtalo; además, tu historia ya tiene un lado amable."
"¿Y cuál es ese lado amable, oh, Intento De Gurú?"
"Que ahora alguien ha aprendido de tu error." Angelica contestó mientras admiraba su manicure. "Si yo hubiera hecho algo tan intenso como tú, Finster se hubiera desmayado o caído en shock por la confesión, y, cuando reaccionara, pensaría que fue un sueño raro o tendría un colapso nervioso. Ahora que sé de los riesgos, y cómo ni yo saldría con una mentirota así, puedo pensar en otra táctica. Ya empecé a ser más amistosa con él a través de mis correos electrónicos y puede que le empiece a soltar indicios de lo que siento para que no se impresione tanto cuando le diga la verdad."
"En ese caso…" Helga suspiró y se frotó la nuca, "me alegra haberte ayudado."
"Ya sabes lo que dicen; la babosada de una es la lección de otra… bueno, estoy inventándolo, pero me entendiste." Angelica se encogió de hombros mientras que Helga sonrió maliciosa.
"Qué bueno que pienses así, Pitufa Filosofa, porque significa que me debes una."
Angelica, sorprendida, miró la cara de satisfacción de Helga por un momento antes de dejarse caer en la cama.
"¿Vas a recordármelo siempre que puedas, verdad?"
"Y puedo hacerlo, Barbie."
FIN DEL FLASHBACK
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Mientras tanto Angelica como Helga recordaban esa conversación, Arnold, Gerald y Rhonda entraron al salón. El moreno llamó la atención de todos.
"Muy bien, chicos, ya casi terminamos la segunda semana de este año escolar…"
"Y ya se siente como el segundo semestre." Sid se quejó.
"… así que es hora de arrojar la moneda al aire." Gerald continúo mientras se sacaba una moneda del bolsillo; casi todos en el salón estaban ansiosos al ver esto.
"Arnold eligió el año pasado, así que ahora te toca a ti, Rhonda." Gerald se puso entre el rubio y la morena, y luego lanzó la moneda al aire.
"Elijo… ¡cara!" Rhonda exclamó justo antes de que Gerald agarrara la moneda y la cubriera con la otra mano. Entonces, reveló la moneda y sonrió.
"Quizá la próxima vez, Rhonda. ¡Okay, gente, Arnold ganó!"
"¡Fiesta en casa de Arnold!" Sid exclamó, entusiasmado, mientras los demás aplaudieron y lanzaron exclamaciones de alegría.
"Bien, mañana a las 5 en mi casa." Arnold le dijo a todos antes de estrechar la mano de una sonriente Rhonda y de hacer su saludo especial con Gerald.
"¡Hola, Recién Llegada presente! ¿Me pueden explicar?" Angelica alzó la voz, confundida. Nadine se volteó para explicarle.
"Es una pequeña tradición que empezamos en Quinto. De todos nosotros, lo que organizan las mejores fiestas son Arnold y Rhonda, y hasta ella lo admite; las fiestas de Rhonda son más bien de tipo formal pero, desde un problemita que tuvimos en Cuarto Grado, aprendió a organizar fiestas más casuales de vez en cuando y es muy divertido; y en el caso de Arnold, una fiesta significa invitación abierta, así que todo el mundo y su perro están invitados."
"Lo de ´perro' es para que Pataki pueda ir también, ¿verdad?"
Helga alcanzó a oír el comentario de Angelica y volteó a verla también.
"Y todavía que fui tan amable para no darte el papel del Vagabundo."
"La última vez que revisé, ese papel lo hacía Charlie Chaplin." Angelica giró los ojos. "Entonces, esta es una fiesta de barrio, totalmente informal; tienes suerte, Pataki… no necesitas cita para asistir."
"Nunca necesito una estúpida cita para ir a una fiesta, Pickles; normalmente, sólo voy con Phoebe."
"Ay, Pataki, tienes más problemas de los que pensaba." Angelica fingió un tono de disgusto y luego volteó a ver a Phoebe. "No te preocupes, Phoebe; si es mala contigo, sólo avísame; mi madre conoce muy buenos abogados y podemos arreglar el divorcio. Cuando terminemos con Pataki, nos quedaremos con su casa."
Helga y Phoebe quedaron con cara de '¿Qué onda con esta loca?', entendiendo de inmediato lo que implicaba su broma, mientras que algunos de sus compañeros empezaron a reir.
"¡No me quiero imaginar sus niños!" Sid le comentó a Stinky; desafortunadamente para él, Helga lo escuchó.
"¡Me aseguraré de que no vivas para tener los tuyos si no te callas, Camarón!" La mirada furiosa de Helga hizo que Sid se pusiera pálido del susto y se ocultara detrás de Stinky mientras que Phoebe bajó la mirada, sintiéndose sumamente incómoda. Angelica notó que la pequeña genio se había sentido ofendida con el chiste; la rubia suspiró y se acercó a ella.
"No te lo tomes tan personal, Phoebe; sólo estoy jugando. Aunque eres amiga de Pataki, y tal vez hasta su cómplice, no me desagradas ni tengo problemas contigo. Eso fue sólo una pequeña prueba de mi ingenio y mi habilidad para sacarme de la manga un buen comentario irónico, sarcástico o molesto cada que se me antoja."
El tono y expresión de Angelica era tan honesta y amable que hasta Helga se sorprendió; Phoebe se tranquilizó de inmediato.
"Acepto tus disculpas, y aprovecho la oportunidad para ofrecerte una propia concerniente a cualquier acción inapropiada que pudiera haber cometido en tu prejuicio; sin embargo, también debo insistir en que ceses cualquier comentario hiriente o insensible respecto a mi actual relación con Helga, incluso si se hace de manera humorística y sin otra intención que el entretenimiento público o la diversión personal, ya que nuestra sociedad es estrictamente del tipo amistoso y libre de impulsos hormonales propios de individuos cuya orientación, deseos y moralidad, si bien merecen nuestro respeto, no se encuentran dentro de los lineamientos sociales o biológicos establecidos, lo cual significa que tanto Helga como yo sólo nos sentimos atraídas, de la forma que tú sugeriste, hacia individuos que cargan el cromosoma Y."
Angelica escuchó todo el discursito de Phoebe sin parpadear, y pronto todos a su alrededor, sobre todo Helga, Arnold y Gerald, soltaron la carcajada al ver a Phoebe hacer lo imposible; callarle la boca a Angelica por casi un minuto completo, tiempo que la rubia necesitó para decir una respuesta medio decente.
"¿No vienes con subtítulos?"
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"Ya llegamos, muchachos; ¡no se nos desmayen allá atrás, gracias!" Rhonda, acompañada por Angelica, Lila y Nadine, anunció su llegada a la fiesta en voz alta y con pose de estrella de cine, logrando que algunos chicos voltearan a silbarles.
"¿Retraso elegante, Princesa?" Helga, quién ya estaba en la fiesta con Phoebe, se acercó al grupo. "No deberían; recuerden que a la media noche se convierten de nuevo en calabazas."
"Y a ti te sale cola y empiezas a relinchar, y no te veo apurada, Cara de Caballo." Angelica contestó; Lila se puso en medio de ella y Helga.
"¡Por favor, chicas, no empiecen! Venimos a divertirnos."
"Por esta vez concuerdo contigo, Señorita Perfecta." Helga se encogió de hombros y luego se fue con Phoebe a la mesa de bocadillos.
"Muy bien, muchachas, hora de socializar." Rhonda dijo a sus amigas antes de que todas se dispersaran entre la multitud.
Angelica debía admitir que el sitio de la fiesta era original; la azotea de la casa de huéspedes. La decoración no era la mejor pero tenía mucho espacio, aire fresco (tanto como era posible en medio de la ciudad) y, lo más curioso, los abuelos de Arnold y los huéspedes estaban presentes también para animar la fiesta. La abuela estaba al piano y el Señor Hyun tocaba la guitarra mientras los otros estaban con los invitados, atendiéndolos y divirtiéndose; aunque se sentía raro que hubiera adultos en una fiesta de adolescentes, Angelica recordó que Nadine le había dicho que prácticamente cualquiera podía ir a las fiestas de Arnold, y lo corroboró al ver algunos niños de no más de 9 o 10 años en el lugar así como algunos adultos del vecindario, incluyendo al carnicero local quién había colaborado trayendo algo de carne y un asador.
"Bueno, invitar a todos es una buena manera de evitar a los gorrones. Tengo que tomar fotos de esto." Angelica pensó mientras tomaba algunas imágenes con su teléfono celular y se reclamaba a si misma por no haber traído su cámara para sacar mejores fotografías. La rubia rió un poco al tomar la fotografía de Harold y Patty bailando.
"Si estuvieran usando ropa de ballet, estarían igualitos a los hipopótamos de Fantasía."
"Oye, Pickles, ¿qué onda contigo y tus fotos?" Helga, quién estaba bailando con Phoebe, notó lo que Angelica estaba haciendo. "¿Te sientes fotógrafa de Sociales?"
"No, de Animal Planet; ¿quieres posar?" Angelica contestó en un tono medio-burlón; Helga la ignoró y siguió divirtiéndose. La Pickles finalmente vio a Arnold, el cual estaba bailando con una niña de piel oscura y no más de 8 o 9 años.
"Oye, Arnold, ¿no es un poquito joven para ti?" Angelica se acercó al anfitrión.
"Hola, Angelica; ella es la hermanita de Gerald, Timberly." Arnold hizo las presentaciones. "Timberly, ella es Angelica, una compañera nueva."
"Hola. Arnold era mi novio." Timberly habló en el mismo tono lindo e inocente que conservaba de sus días de Preescolar. Arnold se ruborizó de pena mientras que Angelica sonrió maliciosa.
"Qué niña tan precoz." Angelica rió, sonriéndole a Timberly, y luego se dirigió de nuevo a Arnold. "Diviértete con tu cita pero no demasiado; debe haber un par de niñitas en sus cunas llorando por ti."
Arnold giró los ojos mientras Timberly soltó una risita y Angelica fue a la mesa de bocadillos, encontrando a Gerald comiendo nachos mientras miraba a Phoebe bailando con Helga.
"¿Qué hay, Gerald; viniste a vigilar a tu hermana?"
"Uh… oh, hola, Angelica; ya la conociste, ¿verdad?" Gerald meneó la cabeza. "Timberly tiene algo por los chicos mayores así que, para ella, era bailar con Arnold o con Sid, y la verdad no confió tanto en Sid."
"No exageres; dudo que piense en tu hermanita de esa manera."
"No lo conoces tan bien." Gerald señaló a la distancia; Angelica volteó y vio a Sid tratando de coquetear con una chica del vecindario, ignorando que Nadine no estaba muy lejos de él.
"Ya veo lo que dices." Angelica empezó a comer unos bocadillos también, y luego volvió a mirar a Gerald, quien otra vez estaba admirando a Phoebe. "Te gusta la Señorita Diccionario, ¿cierto?"
"Eh… bueno… ¿por qué dices eso?" Gerald, nerviosamente, empezó a comerse otro nacho.
"Porque acabas de remojar ese nacho en la ponchera."
"Sabia que era muy húmedo para ser guacamole." Gerald gruñó antes de arrojar su bocado a medio comer.
"¿Es mi imaginación, o tener un problema romántico es una regla no escrita en este sitio?" Angelica giró los ojos antes de que su expresión se iluminara debido a una idea. "¿Te gustaría bailar con Phoebe?"
"Pues… si, pero por alguna razón siempre que le quiero pedir que hagamos algo… los dos juntos… pues… se me lengua la traba… ¡digo, se me traba la lengua!"
"Deja que yo me encargue de eso; sólo recuerda que me debes un favor." Angelica llevó a Gerald a la improvisada pista de baile. "Además, yo también quiero bailar."
Gerald, un poco confundido, empezó a bailar con la rubia; ambos tenían buen ritmo y movimientos. Después de unos minutos, cuando Gertie y Hyun cambiaron la canción, y dándose cuenta de que Helga y Phoebe estaban lo bastante cerca, Angelica alzó la voz.
"¡Todos cambien de pareja!"
La idea fue bienvenida por prácticamente todos excepto Helga, quién parpadeó varias veces, confundida, cuando Phoebe fue jalada por Angelica y la pequeña genio terminó con Gerald mientras que las dos rubias terminaron juntas.
"¡Pickles, ¿te volviste aún más loca o le pusieron alcohol al ponche?!" Helga apretó los dientes.
"A mi tampoco me gusta esto, Pataki, pero me encanta que la gente me deba favores, y justo ahora Gerald me debe uno enorme." Angelica, sin dejar de bailar, señaló a Phoebe y a Gerald; Helga sonrió un poco al notar la expresión de felicidad en la cara de su mejor amiga, la cual imitaba perfectamente la de Gerald.
"Ah… creo que tienes razón esta vez." Helga se encogió de hombros y luego miró a Angelica con una expresión de enojo falso. "Sólo mantén tus manotas lejos de mí; no me pongo tan melosa en el primer baile."
"Muy chistosa, Pataki; yo no salgo con otras especies. Ah, y prepárate porque te voy a pagar en unos momentos."
"¿Y qué me vas a pagar?" Helga arqueó la ceja, confundida.
"¿Recuerdas lo qué platicamos en mi habitación? Bueno, no me gusta deberle nada a nadie, así que te voy a pagar el favor ahora mismo. Sólo sígueme la corriente."
Aunque algunos miraron sorprendidos a Helga y Angelica bailando, la mayoría estaban muy entretenidos cómo para darle mayor importancia, sobre todo Gerald y Phoebe; después de un par de canciones, la chaparrita y el moreno hicieron una pausa para ir por una bebida y charlar. En cuanto Angelica notó esto, esperó al final de la canción y se enfocó en Arnold, él cual había terminado bailando con Lila debido al intercambio anterior.
"¡Cambio de parejas otra vez!"
Helga se quedó estupefacta al escuchar a Angelica, y apenas y reaccionó cuando la Pickles jaló a Arnold y lo puso en frente de ella de modo que Helga terminó con el chico y Angelica con la pecosa. La situación se puso un poco incómoda para Helga y Arnold cuando la canción cambió a una lenta y calmada.
"Oye, Lila, ¿podemos brincarnos esta canción? Una tonada rápida esta bien entre dos chicas, pero romántica, no, gracias." Angelica le dijo a su amiga; Lila iba a contestarle cuando Stinky se les acercó.
"Disculpen, señoritas, pero me preguntaba si la Señorita Lila quisiera bailar esta pieza conmigo."
"Claro, Stinky; te veo luego, Angelica." Lila y Stinky se alejaron de la rubia y empezaron a bailar. Mientras tanto, Helga hacía lo posible para calmar sus nervios.
"Eh… sabes, Arnoldo… no tengo mucha práctica con estas canciones…"
"Ni yo, la verdad… pero no me molestaría bailar contigo…digo, sino hay problema." Arnold se frotó el cuello, igualmente nervioso, mientras que Helga sentía como sus mejillas se acaloraban.
"Oh, bueno, si la Bocona quería hacernos una broma, al menos esta no es peligrosa. Sólo no me pises, Cabeza de Balón." Helga colocó una mano en el hombro de Arnold y la otra en su cintura.
"Lo que tu digas, Helga." Arnold sonrió y colocó sus dos manos unos centímetros arriba de la cintura de Helga; un instante después, estaban bailando y disfrutándolo. Angelica miró la escena desde la mesa de bocadillos, ella sola, pues cuando Gerald y Phoebe notaron que la canción era ideal para parejas los dos, envalentonados por los bailes previos, se animaron a bailar esta también.
"Angelica, eres una genio." Angelica sonrió hasta que se dio cuenta de algo. "¿Y si eres tan lista, cómo es que estás tan contenta? ¡Eres la única de la fiesta sin compañero de baile, y estás hablando contigo misma en tercera persona!"
En ese momento, una pelirroja en uniforme de niña exploradora llegó a la fiesta con unas cajas de dulces; la chica puso el contenido de las cajas en unas charolas que Ernie le pasó, y luego las dejaron en la mesa de bocadillos. El humor de Angelica mejoró de inmediato.
"¡Tortugas de chocolate!"
La chica, contenta, estuvo a punto de agarrar una de las dulces delicias cuando un chico bajito, de cabello negro y mirada ansiosa, apareció de la nada.
"¡Si, si, chocolate! ¡Mucho chocolate!"
"¡Contrólate, Goloso!" Angelica le gruñó al chico. "Estas tortugas son para todos; ¡sólo puedes tomar dos!"
"¿Sólo dos?" El chico se veía tan triste como si se le hubiera muerto su mascota.
"Si… pero recuerda esto," Angelica sonrió astuta mientras agarraba su primera tortuga, "una no es ninguna, así que dos es la mitad de una, y tres apenas es una, y cómo ya dijimos que una no es ninguna, pues hay que empezar de nuevo."
El chico sonrió felizmente mientras él y Angelica empezaron a limpiar la charola, y Rhonda, quién bailaba en ese momento, volteó a ver a su rubia amiga, un poco molesta pero no por su forma de comer chocolate.
"¿No pudiste dejar de hacer intercambios después del primero?"
"Oh, mi dulce Emperatriz," el compañero de baile de Rhonda se acercó más a ella, "bailas ocn la gracia de mil ángeles."
"Si, si, gracias por mencionar lo obvio, Curly… ¡y no me aprietes tanto!"
