- Una Noche para Recordar.

"Entonces, ¿les gustó el video?" Angelica, hablando por teléfono y recostada en su cama, le preguntó a la persona al otro lado de la línea.

"Si, lo hicimos, y casi esperábamos escuchar la canción de 'Rocky' como fondo; por cierto, gracias por mandar el video por correo expreso. Sabes, es divertido escucharte insultar a alguien cuando yo no estoy involucrado." La voz del chico era algo constipada, y se notaba que estaba de buen humor.

"¿Qué puedo decir? Pataki es más desagradable que un ataque de ácne antes de que te tomen una foto, pero tenemos nuestros momentos. Antes de conocerla, nunca había tenido un oponente tan bueno… en más de una forma." Angelica sonrió mientras se frotaba la mejilla, recordando la pelea en el parque.

"Pensé que Susie y yo éramos tus oponentes… al menos, de palabras."

"No, Susie es mi rival amistosa, y tú eres mi saco para golpear… no literalmente, claro." Angelica soltó una risita. "Tú casi nunca te defiendes, excepto por una que otra vez que te animas a responderme los insultos o las bromas; cuando eso pasa, tú siempre me ganas."

"Si, pero esas ocasiones son más raras que un camello en Alaska." Tanto Angelica como el chico soltaron una risa breve pero ruidosa. "Y felicidades por ganar el concurso."

"¿De verdad te sorprende? Si el talento se reconoce." Angelica sonrió mientras miraba el reconocimiento y la fotografía que había añadido a la decoración de su habitación; aunque el evento era más bien un espectáculo que un concurso real, los mejores actos recibieron un reconocimiento impreso por desempeño destacado y los participantes de dichos actos se tomaron una fotografía juntos. Aunque Helga intentó ocultarlo, se le vio particularmente contenta después del espectáculo, sobre todo porque sus padres la felicitaron y Bob incluso comentó que pondría el reconocimiento y la foto de su hija al lado de los trofeos de Olga.

"Lo qué me sorprendió más fue que esta Helga de verdad existe." El chico al teléfono siguió hablando. "Pensé que era otra de tus historias para asustarme."

"Por favor, ni Stephen King se podría imaginar alguien como Pataki; es decir, ¿cuando he inventado algo así?"

"Dijiste que el drenaje de la tina puede succionar a la gente; que el tipo aterrador de la caja de cereal se iba a mudar al vecindario; que iba a mutar en un payaso; que si me comía una semilla de sandía iba a germinar y a explotarme en el estómago; que la varicela te convierte en gallina; que 'el gato te comió la lengua' era una expresión literal; cuando me salió una costra muy grande dijiste que me iba a convertir en rinoceronte; le dijiste a todos que yo era extraterrestre y para confirmarlo había que empaparme; que en Noche de Brujas te conviertes en lo que te disfrazaste; que los zurdos como yo somos fenómenos de circo; que el propósito de una venta de garaje es vaciar la casa y por eso terminamos vendiendo la sala de tus tíos… deténme cuando gustes."

"¿Por qué habría de detenerte? Me encantan esos recuerdos." Angelica sonrió.

"No tienes remedio."

"Oye, eso es lo que yo te digo a ti; no creo que robarme las líneas sea una buena idea."

Ambos soltaron la carcajada al darse cuenta que la chica había usado la frase más común del chico. Angelica suspiró, contenta, y se tranquilizó para seguir hablando.

"Bueno, ya tengo que colgar. Trata de no llorar en mi ausencia."

"Es un poco tarde para eso."

Aunque los dos habían dicho esto como broma, Angelica dedujo, por su tono, que había algo de verdad en ello; el pelirrojo era un pésimo mentiroso.

"Cuídate, Angelica; aunque no lo creas, te extraño a ti y a tu voz. Phil piensa que debo estar loco porque soy el único que te ha escuchado cantar en el video más de una vez."

"Vaya; tu gusto musical está mejorando."

"Tal vez; pero me estoy quedando sordo del oído derecho."

"Tienes suerte de que yo también extrañe tu voz constipada, Finster. Cuidate mucho, ¿okay?"

"Lo haré; hasta luego, Angie."

La rubia terminó la llamada con la misma sonrisa que tenía al hablar con él; no podía llamar mucho a California debido a la cuenta del teléfono (sus padres ya se gastaban una pequeña fortuna incluso sin ella hablando) pero ciertamente lo disfrutaba. De nuevo, aunque también llamaba a sus primos, a Susie y a los demás, Carlitos era con quién más conversaba, aplicando el mismo consejo que le dio a Helga, usando insultos y burlas en un tono juguetón, y también teniendo pláticas normales con él, de una forma similar a como le escribía los correos electrónicos.

"Muy bien, Pelusa, es hora de hacer algo productivo. Primero, la tarea." Angelica dijo a su gata antes de marcar otro número en el teléfono. "¿Hola? Lila, soy yo, Angelica, mira, tengo algo muy importante que hacer hoy, y no voy a tener tiempo de hacer la tarea; ¿puedo copiar la tuya mañana? Gracias; te veo después." La rubia colgó y volteó a ver a la gata de nuevo. "Listo. Ahora, a hacer lo importante."

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"Gracias por la ayuda, Pheebs." Helga, sentada en su cama, estiró los brazos después de terminar la tarea.

"Fue un placer, Helga. Además, tú no requieres tanta asistencia; eres bastante competente en Inglés y Matemáticas." Phoebe cerró sus libros y se sentó al lado de Helga.

"Si, pero soy terrible en Historia; ¿a quién le importa lo que un montón de viejos hicieron cuando mis abuelos todavía ni nacían?" Helga se levantó y fue a su armario. "Hora de nuestro siguiente proyecto."

"Me intriga tu interés en el disfraz que usaras en Noche de Brujas; ciertamente, solía importarte mucho cuando eramos más jóvenes y podías conseguir una cantidad significativa de dulces gratis, pero incluso entonces no empezabas a trabajar en él con tanta anticipación."

"Bueno, Pheebs, aunque no me gustan tanto las fiestas, especialmente una donde Tontelica va a estar presente, creo que no será mala idea si voy, y si lo hago entonces, al menos, mi disfraz debe ser bueno." Helga sacó una caja con ropa.

"Y el hecho de que habrá 'Mantecado' en la fiesta es un incentivo extra, ¿cierto?" Phoebe sonrió un poco; Helga le respondió del mismo modo.

"Depende; tú vas por el 'Chocolate', ¿no?"

Phoebe bajó la mirada para ocultar su sonrisa tímida y el rubor en sus mejillas. Helga meneó la cabeza y puso la caja junto a la cama.

"Bien, aquí tengo parte de mis viejos disfraces y algunas ropas viejas; esto debe darnos una idea para mi disfraz."

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Helga se hubiera desmayado de la impresión si hubiera sabido que Angelica estaba haciendo algo similar, sólo que ella estaba abriendo un baúl de tamaño mediano.

"Qué suerte que mis padres trajeron esto; seguramente podré convertir estas cosas viejas en un disfraz decente." Angelica comentó a su gata mientras se colocaba una vieja corona de papel. La chica se miró en el espejo de cuerpo entero de su cuarto, adquirió una pose orgullosa y habló en forma autoritaria.

"¡Qué les corten la cabeza!" Angelica rió antes de quitarse la corona. "No; muy predecible."

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"¿Qué tal este, Helga?" Phoebe puso un espejo mediano frente a su amiga, la cual se había puesto una capa negra.

"Los hijos de la noche… que hermosa música hacen." Helga hizo su mejor imitación de Bela Lugosi. "No; muy común."

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Angelica se puso algo de gel para el cabello y arregló su peinado para que pareciera que tenía dos orejas puntiagudas. La chica sonrió astuta mientras se veía en el espejo y hablaba en su tono más coqueto.

"Soy Gatúbela; escuchame rugir." Angelica rió antes de cambiar su cabello a su forma normal. "No; muy comiquero… whoa, ¿cómo es que conozco la palabra?"

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Helga se puso una vieja red para el cabello, adquiriendo un peinado similar al que tenía cuando la hizo de Julieta en la obra escolar hace años.

"Oh, Romeo, Romeo, ¿dónde estás que no te veo?" Helga sonrió a su reflejo antes de fruncir el ceño y deshacerse de la red. "No; muy Estilo Curly."

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Angelica se puso de nuevo la corona, y esta vez sostuvo una pequeña vara.

"Soy Angelica; soy una Pickles; y soy tu… ¡Madrina Mágica!" Angelica soltó la carcajada antes de mirarse a si misma en el espejo. "Tampoco; muy infantil."

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Helga ahora usaba el viejo vestido de novia de Miriam a la vez que sostenía un hacha de plástico; se miró a si misma en el espejo mientras tarareaba la Marcha Nupcial.

"No; demasiado trauma de la infancia."

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Angelica se puso un viejo sombrero de dama y un enorme collar de perlas falsas, y terminó el conjunto con una boa de plumas.

"Estoy lista para mi acercamiento… no, muy pasado de moda."

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Helga se puso una peluca negra, el cinturón de la suerte de Bob, y una toalla alrededor de los hombros. Phoebe rió calmadamente mientras la veía hacer algunos movimientos de baile y de karate. La Pataki se detuvo para posar y hacer otra imitación.

"¡Gracias, muchas gracias!"

Phoebe no pudo contener una risotada mientras Helga reía un poco también y se quitaba el disfraz.

"No; estoy muy flaca para este."

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Angelica, usando un viejo sombrero de hombre, de ala ancha, y una toalla que servía como capa, se miró al espejo e hizo una postura heroica.

"Soy el Terror que aletea en la Noche… soy el chocolate con coco entre los de nuez… soy… una loca por siquiera pensar en este. ¿Quién recuerda esta caricatura?"

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Helga, usando guantes de boxeo, soltó unos puñetazos al aire mientras se veía al espejo; entonces aclaró la garganta e hizo su mejor imitación de Sylvester Stallone.

"¡Arnold! ¡Arnold!"

"Helga, me parece que es 'Adrian'." Phoebe arqueó una ceja, mientras su amiga se dio cuenta del error y rió nerviosamente.

"Eh… si… bueno, este es muy brutal, y no quiero que parezca que le estoy buscando pleito a Pickles." Helga entonces murmuró. "Y Phoebe… este momento, nunca ocurrió."

"Olvidando."

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Angelica, con una banda en la cabeza y usando lápiz labial para pintarse líneas en cada mejilla, torció la boca mientras veía su reflejo.

"Soy tu peor pesadilla… no, es muy malo para mi pobre boca." Angelica gruñó antes de limpiarse el labial. "Mejor le dejo las imitaciones a Pataki."

Angelica se quedó quieta por un segundo, abrió los ojos al máximo, y su sonrisa maliciosa regresó a sus labios.

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Unas cuantas noches después, Helga estaba checando su disfraz, y sonrió satisfecha después de unos momentos; al final, se había decidido por un atuendo que una vez soñó usando ella misma, un disfraz de Valkiria (guerrera vikinga). La chica llevaba un disfraz pintado de dorado, que consistía en brazaletes, armadura corporal, y un casco con dos grandes cuernos, todo hecho de tela vieja y cartulina.

"Gracias, Phoebe." Helga agradeció mentalmente a su actualmente ausente amiga mientras admiraba su disfraz; habían trabajado mucho en él, y el resultado final era bastante aceptable. Phoebe no requirió ayuda con su propio disfraz porque ella iba a ir de samuraí; sólo necesitaba uno de sus kimonos, su espada de kendo como accesorio, y llevar el cabello recogido y sostenido con unas agujas.

Helga empezó a bajar las escaleras cuando alguien tocó el timbre, lo cual le extrañó; todos sabían que Bob era muy tacaño como para darle dulces a los niños, y Miriam normalmente no escuchaba el timbre, así que los chicos del vecindario no perdían tiempo pidiendo golosinas en la casa Pataki.

"Si es uno de esos chiquillos molestos," Bob, ignorando la presencia de Helga, se dirigió a la puerta, "les oy a recordar que el Gran Bob Pataki no da nada gratis."

Cuando Bob abrió la puerta casi le gritó a las personas que estaban afuera, pero se detuvo a tiempo cuando reconoció a una de ellas.

"Feliz Noche de Brujas, Señor Pataki."

"Hola, Señor; soy una princesa. Dulce o Travesura."

Helga, mirando desde la escalera, reconoció las voces, incluso la segunda, la cual pertenecía a una niña pequeña. La rubia casi se desmayó cuando Bob se movió un poco y ella pudo ver mejor; Timberly estaba ahí, disfrazada de princesa, y, detrás de ella, Angelica, con un vestido rosa sin mangas sobre una camisa blanca, su cabello acomodado en dos coletas con un gran moño rosa en la cabeza, y una ceja gruesa pintada con maquillaje sobre sus cejas naturales.

"Uh… eh… hola…" Bob recuperó la voz, "Angelica, ¿cierto?"

"Recuerdas su nombre y no el de tu hija; eres el padre del año, Bob." Helga pensó mientras Angelica hablaba con el hombre.

"Si, Señor, estoy cuidando a esta niña; ahora, si nos pudiera dar algunos dulces, y algo extra para mis primos que no pudieron venir, lo apreciaríamos mucho." Angelica y Timberly abrieron sus bolsas de dulces; Bob se disculpó para ir a la cocina y traer algo para las chicas, y Helga se les acercó en cuanto él se retiró.

"Hola, Helga; me gusta tu disfraz." Timberly saludó a la Pataki.

"Si, si, el tuyo también está bonito." Helga entonces se dirigió a Angelica. "Muy bien, Pickles, ¿qué es lo que pretendes vistiéndote así?"

"Bueno, necesitaba un disfraz que diera miedo, y tú eres la persona más aterradora de Hillwood." Angelica sonrió. "Y cómo vi algunas de tus viejas fotografías la vez que te visité…"

"Okay, lo entiendo; y, ¿por qué estás acompañando a la Princesa Disney?"

"Los padres de Gerald querían que él cuidara a Timberly cuando saliera a pedir dulces, y él quería llegar temprano a la fiesta para ver a Tú-Sabes-Quién," Angelica y Helga compartieron una mirada de entendimiento, "así que me ofrecí a ser su niñera por un rato; de todos modos me gusta llegar con un elegante retraso, así que mientras tanto me voy a ganar diez dólares y algo de dulce gratis por una caminata de 2 horas."

"Si, Angelica nos ha conseguido muchas golosinas. Le sigue diciendo a la gente que tiene dos primitos que no pudieron venir, y pide algún dulce extra para ellos." Timberly comentó, sonriente, mientras que Angelica se sacó del bolsillo una fotografía de ella y sus primos para mostrársela a Helga.

"Llevo esto en caso de que no me crean; cómo de verdad son mis primos, y no están con nosotras, técnicamente no estoy mintiendo. Claro, como será difícil enviarles los dulces, tendré que sacrificarme y comerlos todos."

"¿Vas a estudiar para abogada?" Helga no pudo evitar reir.

"Tal vez; el único problema de este truco es que algunas personas dan manzanas en vez de dulces, y nos dan frutas extras." Angelica sacó una bolsa de plástico, con manzanas, de su bolsa grande de dulces. "¿Las quieres?"

"¿No están envenenadas, Bruja?"

"No; las manzanas envenenadas son para las princesas, no para los dragones."

"Se me ocurre otra forma de llamarte pero hay una niñita presente." Helga frunció el ceño pero aún así agradeció y aceptó las manzanas; como Miriam nunca preparaba el desayuno y Helga normalmente se retrasaba mucho como para preparárselo ella misma, su comida matutina los días de escuela solía consistir en manzanas, naranjas y otras frutas. Bob llegó en ese momento con dos paquetes de palomitas para microondas.

"No tengo dulces pero estas tienen caramelo." Bob le dio los paquetes a las chicas, las cuales los aceptaron y agradecieron.

"Ya nos vamos; te veo en la fiesta, Pataki; me gusta el disfraz de vaca." Angelica señaló a los cuernos del casco de Helga antes de que ella y Timberly se despidieran y se alejaran.

"Lo peor es que no puedo insultarle su disfraz sin insultarme a mi misma." Helga gruñó suavemente antes de dejar las manzanas en la cocina; mientras tanto, Bob, suspirando de alivio, regresó a la sala.

"Que bueno que tenía esas palomitas; no me hubiera gustado tener que explicarle a los Pickles por qué no tenía dulces para su hija."

"Me voy a la fiesta, Bob; te veo después." Helga se encaminó a la puerta.

"Oye, Niña, yo nunca te di permiso…"

"Es en casa de los Lloyds."

"Uh… eh… ¡bueno, apúrate! ¡No debes llegar tarde!"

"Al menos ya sé como callarte la bocota, Bob." Helga rió suavemente mientras cerraba la puerta. Al darse vuelta, vió a Angelica y a Timberly pidiendo dulces a un vecino a unas puertas de distancia.

"¿Me está diciendo que no tiene ni una miserable golosina para la dulce niñita que esperó este dia por todo un año?" Angelica, señalando a Timberly, miró al hombre de forma acusadora. "¿Quién se cree que és; el Scrooge de la Noche de Brujas?"

"Yo… eh… les daré un dólar a cada una." El tipo sacó su billetera.

"Obviamente no sabe cuánto cuesta una buena barra de chocolate estos días, Señor."

El hombre, suspirando, sacó cinco dólares y algo de cambio mientras Helga trataba de contener la risa y se alejaba del lugar.

X- X- X- X

Una hora y media más tarde, Helga estaba bailando con Arnold y disfrutando como nunca; todos se habían acostumbrado ya a verlos juntos de vez en cuando, así que la chica se sentía bastante cómoda sabiendo que su reputación estaba intacta. El chico estaba usando un disfraz de soldado de la Guerra Civil que su abuela hizo para él; lo curioso es que la anciana lo hizo hacía ya 3 meses y sin pensar para nada en la Noche de Brujas.

Todos alrededor de Helga y Arnold se estaban divirtiendo también; Stinky, disfrazado de vampiro, bailaba con Lila, vestida como dama sureña; Gerald, en una versión (obviamente) más grande de su viejo traje de Hombre de Negro bailaba con Phoebe a sólo unos metros del dúo rubio; Harold, disfrazado de cavernícola, comía bocadillos con Patty, la cual había ido como boxeadora (algo que hizo que Helga se alegrara de no haberse decidido por el disfraz de Rocky Balboa), mientras evitaban que todos los dulces fueran devorados por el Choco-Niño, cuyo disfraz de hormiga consistía en dos antenas falsas y un suéter negro; Sid, vestido de pirata, había estado coqueteando con algunas chicas hijas de socios del Señor Lloyd hasta que Nadine, disfrazada de escarabajo, llegó a la casa, y ahora estaban charlando; Rhonda, en un predecible atuendo de princesa, la hacía de anfitriona platicando y atendiendo a todos; desde una esquina, Brainy, disfrazado de ninja, observaba a Helga y Arnold mientras que Lorenzo, en uniforme de futbolista, e Iggy, disfrazado de cazador, platicaban con algunas chicas para invitarlas a bailar tal y como Peapod, en ropa de vaquero, estaba haciendo con una morena disfrazada de bruja; Sheena, siguiendo sus tendencias hippies, vestía como si fuera a un concierto en Woodstock mientras bailaba con Eugene, el cual estaba disfrazado de momia, y, curiosamente, no todas sus vendas eran parte del disfraz sino que eran necesarias debido a un incidente con hiedra venenosa esa misma tarde; casi todo el equipo de football estaba presente también, excepto por Wolfgang y Ed, quienes usualmente no gustaban de pasar tiempo con los antiguos 'Perdedores de Cuarto Año'.

"Parece que todos están aquí excepto Curly y Angelica." Arnold le comentó a Helga cuando se sentaron a descansar en un sofá cercano a una ventana.

"Bueno, Pickles dijo que llegaría tarde, y dudo que la Princesa Lloyd invitara a nuestro pequeño maniático." Helga se encogió de hombros. En ese momento, con una sincronización casi perfecta, la ventana se abrió y Curly entró a la casa, sin camisa, cubierto de pintura naranja con algunas rayas negras, y llevando pantalones y botas estilo militar.

"Lamento la tardanza; por cierto, si alguien les pregunta acerca de cinco cebras, diez monos araña, dos búfalos de agua y un caimán sueltos por las calles, ustedes no saben nada." Curly le dijo a los rubios, quienes asintieron en silencio. Curly entonces vio a Rhonda y se lanzó a su encuentro. "Querida, he llegado; creo que mi invitación se perdió en el correo."

"La próxima vez mejor no corro riesgos y le disparo al cartero." Rhonda se quejó mientras Curly empezaba a seguirla por todo el lugar.

"Hacen una linda pareja." Helga giró los ojos. "Curly pertenece al manicomio, y ella está a punto de acompañarlo." Arnold soltó una pequeña risa.

"Si, creo que él tendría una mejor oportunidad si no fuera tan obsesivo y dejara de acosarla." Arnold meneó la cabeza, sin notar que Helga tragaba un poco de saliva.

"S-si, es decir, ¿quién quiere a alguien acosándote, mirando cada una de tus acciones desde lejos, y haciendo esculturas tuyas con goma de mascar y pasta dental?"

"¿Perdón?" Un confundido Arnold miró a Helga, la cual palideció un poco al darse cuenta de lo que había dicho.

"Suena como algo que Curly haría, ¿no?" Helga se encogió de hombros y sonrió nerviosamente; Arnold no lo notó o decidió ignorar esto.

"Oh, bueno… ¿quieres algo de ponche, Helga?"

"Claro, Cabeza de Balón, gracias." Helga sonrió aliviada mientras que Arnold asentía antes de ir a la mesa de los bocadillos. La chica se levantó del sillón para cerrar la ventana que Curly había abierto.

"Me gusta este disfraz pero no es muy cómodo para una noche tan fría." Helga estuvo a punto de cerrar la ventana cuando noto a una persona vestida de rosa acercándose a la casa; Angelica, ya sin Timberly (a la cual había dejado en su casa hacía unos minutos) o su propia bolsa de golosinas, la cual había dejado en casa de camino a la de Rhonda. "Y miren quién llega finalmente; quizá no debería meterme con ella esta vez… por otro lado, he pensado en unos insultos buenísimos."

Los pensamientos de Helga fueron interrumpidos cuando un chico de baja estatura y dos bastante grandes se acercaron a Angelica y la llevaron a un callejón al otro lado de la calle. Helga no pudo evitar preocuparse y volteó para pedir ayuda, encontrando a Arnold regresando con las bebidas.

X- X- X- X

"¿Qué es lo que quieres, Gino? Si es mi opinión acerca de tu disfraz, pues, no sabría decirte porque siempre te vistes como versión pirata de El Padrino." Angelica, sujetada por los dos enormes guardaespaldas, gruñó al pequeño capo. "Y ponle una correa a tus gorilas."

"Vamos, Señorita Pickles, me decepciona; creí que le gustaban los negocios." Gino, saboreando una paleta, miró confiado a la rubia.

"¿Qué tipo de negocio?" Angelica cambió su expresión; los grandullones la soltaron a una orden de Gino. Angelica casi no había intercambiado palabras con él desde que llegó a la ciudad, pero Rhonda ya le había advertido acerca de las tendencias de mafioso del chico.

"Pues, debes saber que soy un honesto negociante que provee de un valioso servicio a nuestros compañeros al organizar actividades recreativas y proveerles de asistencia financiera…"

"Si, organizas apuestas y prestas dinero; ya lo sé. Sólo dime que quieres, Capone de Bolsillo." Angelica se cruzó de brazos.

"Directa al punto; es una buena cualidad. Bien, como ya dijo, manejo grandes sumas de efectivo, y consigo una ganancia considerable de mis actividades… sin embargo, desde su llegada, mi billetera ha sufrido un daño considerable." El tono condescendiente de Gino ahora denotaba algo de molestia. "Primero que nada, esa pelea con Patty; ¿era demasiado pedir que perdiera después del primer minuto pero antes del tercero?"

"Disculpa, pero me gusta conservar la cabeza."

"Y luego ese juego… ¡fue un desastre! La escuela no había ganado el primer encuentro de la temporada desde hacía cinco años, ¡y usted llega y eso cambia!"

"No es mi culpa que esos jugadores sean un poco menos brutos debido a mi ayuda… o, espera, si, como soy la asistente del entrenador, ese es mi trabajo."

"¡El sarcasmo no cambia el hecho de que perdí mucho dinero por su culpa! Aún me estoy recuperando, y no podré apostar nada en el próximo encuentro." Gino gruñó pero se tranquilizó y volvió a su tono de 'negociante honesto'. "Sin embargo, todavía consideré no involucrarme directamente con usted por la oportunidad de que me ayudara a recuperar parte de mi inversión. En caso de que lo ignore, muchos estudiantes han apostado para la próxima pelea entre usted y Helga."

"¿Quiénes te crees que somos, Alí y Foreman?" El tono furioso de Angelica impresionó a los tres chicos, haciéndolos retroceder un poco, pero Gino se recuperó pronto.

"Buena comparación, y si, mis expectativas son similares. Sin embargo, desde su pequeño y jocoso acto en el espectáculo de talentos, la mayoría ya no las ve como rivales."

"Bueno, tampoco somos exactamente amigas; más bien, socias por conveniencia."

"Y yo lo comprendo, pero la gente normal no entiende el enfoque de los negocios; debido a ello, muchas apuestas han sido retiradas, y cada una representa pérdidas para mi. Así que, este es mi trato." Gino aclaró su garganta. "Usted molestará e insultara a Helga de cualquier forma posible hasta que ella pierda la paciencia, y, conociendo a esa chica, no tomará mucho. En ese momento, la retará a una pelea, tal y como pasó con Patty; incluso, le permitiré fijar la fecha y hora del encuentro siempre que sea antes de Diciembre para que usted pueda prepararse y yo tenga tiempo de arreglar las apuestas de nuevo. Entonces, antes de la pelea, le informaremos quién es la favorita, pues yo apostaré por la otra; si usted resulta ser la favorita, sólo deje que Helga la derrote rápidamente y así no saldrá muy lastimada, y en caso contrario, estoy seguro de que puede pensar en una buena triquiñuela para vencerla. Nos dividiremos el dinero después de la pelea, 70-30; ¿tenemos un acuerdo?"

Angelica quedó pensativa por unos momentos, mientras Gino y sus secuaces la veían con interés. Finalmente, la chica hizo su elección.

"No, olvídalo."

"¿Por qué no? El 30 por ciento es mucho más de lo que cualquiera de mis socios anteriores ha recibido jamás." Gino persistió en su intento.

"Y no lo dudo, pero no puedo, y no pelearé con Pataki; ya tengo un trato con ella, mucho más importante que cualquier oferta que tú me puedas hacer, y voy a respetarlo. Además, aunque no tolero a la chica y quizá nunca lo haré, no le deseo un daño real; fuera de los insultos, hay un cierto entendimiento entre nosotras, y no voy a exponer mis dientes rompiendo los de ella sólo por un Don King de Dos Centavos que quiere ofrecer un Pago-Por-Evento."

Gino puso su cara más furiosa mientras sus secuaces tronaban sus nudillos enfrente de la rubia.

"Si me lastiman, mis padres los denunciarán, y terminaran el Bachillerato tras las rejas." Angelica miró retadora al trio mientras buscaba una vía de escape.

"Mi familia tiene influencias, Pickles, así que esa amenaza no me impresiona. Además, después de que mis muchachos acaben contigo, dudo que puedas volver a hablar."

Angelica apretó los puños y empezó a retroceder mientras que Gino se hizo a un lado para que sus guardaespaldas se acercaran a la chica.

"Intimidada por alguien más grande y sin foma de escapar… ¡cómo odio la ironía!" Angelica pensó, más asustada de lo que mostraba; ella pudo enfrentarse a Patty porque habían llegado a un acuerdo y ella contuvo sus golpes, y luego pudo pelear una-a-una con Helga porque las dos estaban igual de furiosas, pero contra dos chicos tan grandes a la vez Angelica sabía que no tenía muchas oportunidades.

"¡Aleja a tus secuaces de ella, Gino!"

Angelica respiró aliviada y Gino enfureció aún más cuando vieron a Arnold parado detrás de ellos con Helga a su lado, ambos rubios visiblemente molestos con los Intentos de Gángsters.

"¡Ya escucharon al chico, Tarados; dejen en paz a Pickles!" Helga le gritó a los grandullones, quienes se olvidaron de Angelica para brindarle toda su atención a ella y a Arnold.

"¿Por qué sigues interfiriendo con mis negocios legítimos, Arnold? ¿Qué te hice yo?" Gino preguntó, en su mejor intento de voz inocente.

"Si te metes con mis amigos te metes conmigo; ahora, vamos a pretender que no ha pasado nada, y vete de aquí. Es obvio que Angelica no quiere estar contigo, así que déjala tranquila." Arnold habló en su usual manera diplomática, pero esta vez tenía un tono molesto que rara vez usaba.

"Nunca pensé que fueras de los que amenazan, Arnold." Gino frunció el ceño.

"No te estoy amenazando; te estoy avisando." Arnold le devolvió la mirada. "Odio la violencia, y lo sabes, pero si le tocas un solo cabello a Angelica o a cualquier otro amigo mío, no temo usarla; y sabes que yo tampoco acostumbro mentir."

"Creo que es cierto lo que dicen; el único rubio listo es un perro Labrador." Gino se encogió de hombros y luego ordenó a sus muchachos. "Patéenle la cabeza de balón por toda la calle."

Uno de los secuaces se quedó en su lugar, permaneciendo alerta, mientras el otro cargaba contra Arnold y Helga.

"¡Helga, muévete!" Arnold empujó a la chica fuera del camino al ver al otro chico preparando su puño. Helga se asustó al ver esto y se preparó para saltar sobre el grandullón hasta que notó que Arnold bloqueó el golpe casi sin esfuerzo.

El grandullón estaba bastante sorprendido, al igual que su compañero y Gino; la sorpresa fuer menor para Angelica cuando ella recordó que Arnold había vuelto a sus entrenamientos de karate. Helga sonrió, en una mezcla de asombro y admiración, mientras el atacante se recuperaba de la sorpresa e intentó golpear a Arnold de nuevo; el chico rubio lo agarró de la muñeca y usó el impulso de su enemigo contra él, arrojándolo sobre su hombro y contra el pavimento.

"¡Ayúdalo!" Gino le gritó a su otro guardaespaldas, quién obedeció y ya estaba listo a lanzarse contra Arnold cuando tropezó y cayó al suelo; Gino entonces notó de nuevo a Angelica, la cual aún tenía su pierna extendida.

"Ay, que torpe soy." Angelica sonrió burlona mientras que el tropezado empezaba a levantarse. Helga le avisó de esto a Arnold, el cual le dio una buena patada al pecho a su atacante antes de que pudiera pararse por completo, dejándolo sin aliento.

El primer secuaz, quejándose de dolor, empezó a levantarse también pero esta vez fue Helga quién lo atacó, pateando su barbilla con toda su fuerza. El chico rodó en el suelo, adolorido y cubriendosé la boca y la barbilla con ambas manos; finalmente, quedó inconsciente cuando Angelica se unió a la pelea y repitió su maniobra 'Cascanueces', esta vez a propósito.

Gino estaba tan impresionado que no reaccionó hasta que Arnold le propinó unos buenos karatazos a su otro secuaz, noqueándolo. El pequeño mafioso intentó huir pero encontró a dos chicas furiosas en su camino.

"Miren… ese comentario del Labrador…" Gino sudó frío, sonrió nerviosamente a las chicas y luego, casi en un murmullo, le habló a Arnold. "Ayuda."

"Lo siento, pero ya sabes lo que me pasó la última vez que se pusieron agresivas y quise detenerlas; disculpa, pero estás solo en esto." Arnold se cruzó de brazos y luego volteo, mostrando su espalda a sus amigas y al pequeño capo. "No estoy mirando, Chicas; hagan lo que gusten."

Gino, aterrado como nunca, y rogando por que la humedad en sus calzoncillos fuera sudor, volteó para ver de nuevo a las muchachas, quienes lo miraban como dos gatas salvajes a un ratoncito.

"¿La cabeza o la cara, Pataki?"

"¿Qué tal si compartimos?"

"Por supuesto; ¿cómo quieres empezar?"

"Una combinación de 'Cinco Vengadores' y 'Vieja Betsy' suena bien." Helga y Angelica tronaron sus nudillos, y Gino gritó, presa del pánico.

"¡EN LA CARA NO QUE QUIERO SER ACTOR!"

POW!

THUD!

WHACK!

FOUL!

ARGH!

WHAM!

ZOCK!

CRACK!

SMASH!

SLAP!

¡DOBLE FOUL!

BAMF!

TRAZ!

PAZ!

CUAZ!

¡INSERTE SONIDO DE GOLPE AQUÍ!

OOF!

Normalmente, Arnold no dejaría que nadie recibiera tal castigo, incluso en el caso de una persona desagradable, pero hasta él admitía que Gino ya se merecía algún castigo desde hace tiempo, asi que se enfocó en vigilar a los guardaespaldas caídos durante toda la paliza, la cual terminó después de algunos minutos. Para proteger su cordura, Arnold no volteó para ver lo que quedaba de Gino, así que sólo esperó a que Helga y Angelica caminaron a su lado y le dijeron que podían retirarse. El trio rubio se dirigió a casa de Rhonda, apenas escuchando a Gino quién, con una voz quebrada, estaba pidiendo que le trajeran una ambulancia, a su madre, y a un abogado para redactar su testamento.

"¡Eso estuvo genial, Arnold!" Angelica felicitó al chico antes de dirigirse a Helga, quién caminaba al otro lado de Arnold. "Tú fuiste… adecuada, Pataki."

"Voy a pretender que eso significa 'Gracias por salvarme el trasero' en tu idioma." Helga respondió.

"De hecho, Helga fue la que te vió en problemas desde la ventana de Rhonda." Arnold explicó. "Me lo dijo todo, y casi le decimos a los demás pero no estábamos totalmente seguros de si realmente necesitabas ayuda, así que nos salimos de la fiesta sin que nadie se diera cuenta para echar un vistazo."

"Entonces, ¿te debo otra, Pataki?" Angelica miró a Helga, sorprendida. "Pues… gracias."

"No digas nada." Helga señaló a Arnold. "Después de todo, aquí Chuck Ar-Norris hizo casi todo el trabajo. ¿Mi chico es grandioso o qué?"

Helga se detuvo y cubrió su boca cuando se dio cuenta de lo que había dicho; Arnold, aturdido, volteó a verla, mientras Angelica los observaba en silencio.

"Este… ese comentario de 'mi chico'… no es que tú seas mio o algo así…" Helga evitó el contacto visual con Arnold, el cual hizo lo mismo.

"Sí… sólo fue una expresión… nada más…"

"Deja que te robe tu frasesita, Pataki; ¡CRIMINAL!" Angelica gruñó. "Si van a usar esa excusa del 'calor del momento' otra vez, voy a patear a alguien, y ustedes saben que siempre encuentro el punto más sensible."

Helga se frotó los brazos y bajó la mirada mientras que Arnold, ignorando por el momento el que Angelica parecía saber algo acerca del 'incidente', se frotó la nuca y miró nerviosamente a Helga. Angelica giró los ojos y suspiró; volteó hacia la casa de Rhonda y vio que estaban justo frente a la puerta.

"Voy a entrar antes de que se les acabe la comida. Oh, y Arnold, dile a tu abuela que, si su oferta no fue por tiempo limitado, voy aceptarla." Angelica sonrió al chico y luego le dio una mirada de aliento a Helga ants de dirigirse a la puerta, la cual estaba abierta (Arnold y Helga habían olvidado cerrarla en su prisa por salir) así que pudo entrar sin tocar.

Helga y Arnold permanecieron en la calle, y finalmente rompieron el silencio después de un minuto.

"Helga… ¿no tienes frío con ese disfraz?"

"Pues… sólo un poco."

"Permíteme." Arnold se quitó su chaqueta de soldado y la puso sobre los hombros y espalda de Helga, la cual inmediatamente sintió un agradable calor que no tenía nada que ver con la tela.

"Gracias… ¿sabes que vamos a volver a la fiesta y vas a tener que ponerte la chaqueta de nuevo para completar el disfraz, cierto?" Helga sonrió en forma juguetona.

"Aún así… puedes usar la chaqueta de regreso a casa… si no te importa que te acompañe, claro." Arnold se ruborizó y le devolvió la sonrisa. Helga colocó una mano en el hombro del chico y lo miró tiernamente.

"Entonces, ¿no es el 'calor del momento'?"

"No a menos que haya sido un momento bastante largo." La mirada de Arnold era similar pero la cambió casi de inmediato por una apenada. "Y… quiero disculparme… porque… ese incidente en la azotea… ¡vaya que fui un cobarde! Es decir, cuando todo acabó, debí haber intentado hablar contigo y discutir lo que pasó en vez de usar esa tonta excusa… ¡vaya, han pasado 4 años, y no he hecho nada al respecto!"

"Arnold, está bien; yo también fui una cobarde, y lo he sido por mucho más tiempo que tú." Helga admitió. "Es sólo que… tú sabes como me quejo de mi familia…"

"Si, he notado como suelen tratarte." Arnold sentía que se le caía la cara de vergüenza. "Y tampoco te he podido ayudar con eso; me gusta apoyar a todos y me alegra poder ayudarlos con sus problemas, y aún así no he hecho nada para mejorar tu situación en casa… siento como si te hubiera fallado…"

"¡Arnold, tú haces más de lo que te puedes imaginar!" Las palabras de Helga sorprendieron a Arnold. "Excepto por Phoebe, tú eres la única persona que suele ser amable conmigo aunque te maltrate la mayor parte del tiempo… de hecho, tú fuiste la primera persona que me ofreció amabilidad y amistad." Helga sonrió, recordando cuando conoció al chico, antes de volver a su expresión normal. "Pero, cómo ya dije, y tú mencionaste, mi familia suele descuidarme mucho, así que me he tenido que cuidar sola desde muy pequeña, y me acostumbre a no mostrar debilidad… y temo que si me permito mostrar emociones que no sean rudeza o enojo, voy a perder el respeto que pueda tener en la escuela… y cuando nadie te respeta en casa…"

"No necesitas tener miedo, Helga." Arnold agarró sus manos. "Mira, no te voy a mentir… cuando hiciste esa confesión, me asuste; es más me aterroricé. Pero he pensado mucho en esto desde entonces… y ya no me asusta para nada. Aún antes de ese incidente, ya sabía que eres una gran persona por dentro, y sólo de saber que una chica tan linda, lista y maravillosa como tú pueda tener sentimientos por mí… me hace… feliz. Si aún sientes lo mismo, y puedes perdonarme por ser tan tonto, quisiera que nos diéramos una oportunidad."

"Entonces… ¿ya no estás asustado?" Helga sonrió y trató de contener sus lágrimas de emoción.

"No. Y si tú todavía lo estás… te ayudaré a enfrentar ese miedo."

"No es necesario; el miedo se fue." Helga contestó, y ella y Arnold se miraron a los ojos; un momento después, y por primera vez, se besaron por consentimiento mutuo y sin que fuera actuado. Fue un beso suave, cariñoso, y, como Arnold ya sospechaba por experiencias previas, bastante largo, pues Helga no quería soltarlo, y él estaba de acuerdo en continuar hasta donde fuera humanamente posible sin necesidad de tanques de oxígeno.

Desde la puerta de la casa de Rhonda, Angelica, quien había estado viendo a la pareja, les tomó una foto con su teléfono celular, sonriendo mientras cerraba la puerta.

"Me pregunto si Pataki olvidará el favor que le debo si hago enmarcar esta fotografía; por otro lado, cualquier revista médica me pagaría por mostrar como estos dos se sacan las anginas sin anestesia." Angelica rió suavemente antes de anunciar su llegada. "¡No esperen más, gente afortunada, que el alma de la fiesta ha llegado!"

La auto-presentación de Angelica fue muy breve pues se detuvo al notar que todos estaban viendo al chico de cuerpo pintado, con varios monos bailando a su alrededor, y a Rhonda mirándolo de forma asesina.

"Curly…"

"¡Ellos me siguieron, de verdad!"