Cap. 2

Ambos jóvenes observaron la figura durante unos instantes. Finalmente, el shek dio un paso al frente y dijo con tranquilidad.

- ¿Quién eres? ¿Has venido a hacerle daño a Victoria?

- No. ¿Por qué debería hacerlo?- repuso la mujer desde las sombras. Su voz tenía un timbre muy llamativo y misterioso. Durante un breve instante, a Jack su voz le recordó a la del asesino. Este también se dio cuenta y frunció el ceño.

- Muéstrate- ordenó Christian. Su voz era más fría que de costumbre y parecía molesto, aunque no lo demostró con ningún gesto.

- ¿Estáis seguros?- rió la muchacha- Luego no habrá vuelta atrás.

- Sí.

- Está bien, pero yo lo he advertido.

La sombra empezó a acercarse hacia ambos muchachos. Jack levantó la antorcha que portaba en alto para poder observarla mejor. Cuando la joven llegó al perímetro de luz, ambos chicos se quedaron un momento sin respiración. A Jack se le abrió la boca y Christian subió una ceja. Su pelo rubio caía en cascada y sus ojos azules eran exactamente iguales a los del ía lo que parecía un corpiño-tapaba como un triquini- y una falda larga de seda negra con una capa cruzada en el pecho a juego. Calzaba unas botas con demasiado tacón y que cubrían sus piernas hasta la rodilla. Andaba con paso regio, ladeando suavemente la cintura. En su hombro descansaba un águila negra que hacía que pareciera una mercenaria totalmente. Tenía una sonrisa en la boca y en sus ojos había un cierto brillo indescifrable. Paseó la mirada por los dos jóvenes. Christian detuvo su examen, diciendo:

- Jack, márchate- El joven lo miró impresionado por la orden.

-¿Se puede saber por qué tengo que hacerte caso?-repuso enfadado.

-Haz lo que te digo.

-Y sino qué, ¿eh? ¿¡Qué piensas hacerme sino te obedezco!?-El shek lo miró a los ojos con una expresión que no admitía réplica.

-Yo, nada. No quiero matar a Victoria. Ve con ella-le dijo suavemente.

Jack lo miró impresionado. Puso cara de enfadado y giró en redondo para marcharse. Cuando sus pasos se perdieron en la noche, Christian le preguntó a la muchacha cuál era su nombre:

- Awin, y no necesito que te presentes. Por cierto, deja tu arma en el suelo.

-No creo que lo haga.

- Yo no tengo ninguna espada o algo que se le parezca. Además, no tengo intención de atacarte.

Christian dudó antes de desabrochar la vaina de Haiass y ponerla en el suelo. Mientras tanto, la mujer le había susurrado al animal un par de instrucciones y esta había echado a volar.

- Muy bien, ¿qué has venido a hacer aquí?

- Puf... ¿No sabéis preguntar otra cosa? Mira que tenéis poca imaginación... En fin, es bastante obvio, ¿no? Quiero hablar contigo en privado.

- ¿Para qué?

- ¿No te lo imaginas?- preguntó con gesto de sorpresa fingida, poniendo la mano sobre los labios y abriendo exageradamente los ojos. En su boca se había dibujado una media sonrisa muy parecida a la del shek

- No. ¿Debería hacerlo?

- Me extraña que Ashran no te haya hablado de mí. Después de lo importante que he sido para él...

- No lo creo. Soy su hijo y él me lo contaba todo. He sido su mejor servidor.

- Me callo- suspiró, sonriendo-. Mejor te dejo a solas con tu ignorancia.

- No sabes con quien te estas metiendo, ¿verdad?- siseó el shek, con los ojos entrecerrados. Nadie podía sacarlo de sus casillas y solo el dragón lo lograba, pero después de muchos intentos. Sin embargo, ella lo había conseguido con una simple frase. No entendía cómo lo había hecho. Acababa de conocerla y ya la aborrecía.

- Yo creo que sí- dijo con una suave risa, mientras retrocedía para marcharse. Su cuerpo desaparecía poco a poco-. Con un estúpido inepto que no se entera de la mitad de las cosas-añadió con un timbre de , volvió a poner una sonrisa inocente-. No te lo tomes como un insulto, ¿vale?

Su risa aumentó y Christian temblaba de ira. Se había pasado. Podía haberlo aguantado sin inmutarse y, sin embargo, todo le había sentado muy mal, puesto que había llegado un momento en que había pensado que todo lo que decía era verdad. La voz de Awin, esta vez resonando en su cabeza, le dijo que no la encontraría a no ser que ella lo buscara.

- Como si quisiera volver a verla...- murmuró con los dientes apretados-. No la soporto, me pone de los nervios...

.............................................................................................................................................

Jack bajó las escaleras, furioso. ¿Por qué lo había echado de esa forma? Y lo peor de todo, ¿por qué le había obedecido?

Siguió refunfuñando hasta llegar a la habitación que ocupaba Victoria. Entró y cerró la puerta tras de sí. Cuando sus ojos se posaron en la muchacha, su expresión cambió inmediatamente para pasar del enfado a la preocupación. Bostezó, cansado, y se sentó junto a ella. Tomó la lágrima de unicornio que le había comprado en el mercado y la apretó con fuerza antes de volver a colocarla en su pecho. Observó las suaves facciones de la chica-unicornio con ternura. Acarició con la punta de sus dedos los labios de la joven, la nariz y los ojos; no lo hizo en el agujero de su frente por temor.

Cuando se iba a tumbar junto a ella, se dio cuenta de que algo lo observaba. Buscó con la mirada y la posó en la barandilla del balcón, donde un punto más negro que la noche lo miraba. Lo único que podía vislumbrar con claridad de él eran dos ojos rojos. Se acercó para ver qué era con el farol en la mano y se dio cuenta de que era el águila de la chica que se habían encontrado en el mirador de la Torre. Cuando la iluminó, el color de sus cuencas cambió y se tornó tan negro como sus plumas. Espantó al ave con la mano y esta le picó antes de marcharse, soltando antes un chillido de furia. Jack se miró la mano con un gesto de dolor. Se había mordido la lengua para no gritar. Tenía un corte profundo en el dorso de la mano que sangraba abundantemente. Arrancó un trozo de su camisa y se lo anudó para intentar cortar la emorragia. "Mañana le pediré a Kimara que me lo cure. No le importará hacerme ese favor." pensó mientras lo hacía. Volvió la vista durante un breve instante al balcón y soltó un bufido y una maldición por lo bajo. ¿Qué demonios estaría haciendo ese shek con la mujer desconocida?

-Bueno, no será la primera vez que se lleva a la cama a alguien que no conoce-dijo encogiéndose de hombros.

Giró en redondo y se tumbó junto a Victoria. Al principio no se dio cuenta, pero al cabo de unos minutos, notó que a la muchacha la recorría un breve temblor. Se incorporó, entre asustado y contento, pero ese leve movimiento paró al poco rato. Pensando que, tal vez, serían imaginaciones suyas, volvió a recostarse, no sin antes darle un suave beso en la mejilla a la chica-unicornio.

-Te quiero, mi pequeña...-murmuró antes de quedarse dormido.