- Convivencia.
"Escuché que Gino todavía se está recuperando en casa, y probablemente no regrese sino hasta el próximo semestre." Sid le comentó a Harold y a Stinky; el trío estaba parado junto a una fila de casilleros.
"¿Y no ha dicho todavía que le pasó a él y a sus muchachos? Ya han pasado casi dos semanas." Harold señaló mientras sacaba un libro de su casillero.
"Yo oí que finalmente se metió con un mafioso de verdad y este mandó un montón de matones a golpearlo." Stinky dijo.
"Yo escuché que los búfalos que Curly soltó lo embistieron y lo pisotearon, los dos a la vez." Harold añadió.
"Yo creo que él y sus chicos estaban emboscando niños para quitarles sus dulces, y accidentalmente se encontraron un monstruo de verdad." Sid mencionó su teoría.
"¡Yo creo que fue un pollo gigante!"
Los tres revoltosos voltearon a ver a Curly, quién había aparecido justo detrás de ellos.
"¿Qué? Es una posibilidad." Curly se encogió de hombros; sus amigos compartieron una mirada rápida antes de Harold se despidiera y empezara a dirigirse a su salón.
"Los veo después de clases." Harold le dijo a Sid y a Stinky y luego, cuando se alejó un poco, pensó en voz alta. "Gracias a Dios que ya no tomo clases con ese loco."
"Un pollo gigante… Curly, eso si está chiflado hasta para ti." Sid meneó la cabeza. Curly se cruzó de brazos y frunció el ceño.
"Me quedo con mi teoría. Además, ya han pasado cosas más locas; sólo miren para allá."
Sid y Stinky voltearon a ver a la pareja que Curly estaba señalando; dos rubios, chico y chica.
"Ahí si nos agarró." Stinky reconoció; los chicos, al igual que muchos otros, todavía no podían creer quienes eran la nueva pareja de la escuela.
"Arnold, en serio, no necesitas cargar mi mochila. Yo lo puedo hacer sola." Helga le dijo a Arnold, sonriendo uno al otro.
"Bueno, si así lo quieres…" Arnold pretendió regresarle la mochila; Helga reaccionó tocándole la nariz de manera juguetona.
"Por otro lado, ¿quién soy yo para interferir con las obligaciones normales de un novio?" La sonrisa de la chica creció, como ahora lo hacía siempre que mencionaba la palabra con 'N'. Arnold soltó una risita y se paró a su lado cuando llegaron al casillero de Helga.
"Voy por mis libros; regreso en un momento." Arnold le dio un besito en la mejilla antes de pasarle la mochila y dirigirse a su propio casillero; Helga asintió y guardó los libros dentro de su casillero excepto uno que necesitaría para la próxima clase, y volteó, chocando accidentalmente con otra rubia.
"¡OUCH! ¿Qué te pasa, Patonta; te cegó el amor?" Angelica se quejó; Helga frunció el ceño pero su expresión se suavizó un poco, cambiando a su cara burlona.
"No; mis ojos deben trabajar perfectamente para verlo todos los días."
"No hubo insulto… te estas suavizando." Angelica se burló.
"Te voy a suavizar la cabeza si no te callas." Helga gruñó suavemente. "Sólo porque finalmente, luego de años, conseguí lo que más deseaba en todo el Universo, y estas últimas semanas han sido más hermosas que cualquier fantasía ideada por mi calenturienta imaginación, no significa que voy a volverme tan dulce como Lila."
"Pues, a juzgar por la sonrisota de tonto que vi en la cara de Arnold y el hecho de que ni me notó, creo que él también está contento; o de verdad eres más agradable cuando él está cerca, o el chico es masoquista."
"Si no dejas de burlarte, tú vas a desear que fueras masoquista. Y recuerda, ya no tienes forma de chantajearme porque mi secretito ya fue revelado." Helga señaló, triunfante.
"Si, pero siempre le puedo decir a la gente acerca de ese altar oculto y todas las cosas que has hecho por tu obsesión; hay quienes terminan en el manicomio por menos que eso." Angelica se cruzó de brazos y puso una cara similar. "Además, es en parte gracias a mi que ustedes dos al fin terminaron juntos."
"Tienes un buen punto."
"Claro que lo tengo; ¿crees que me acercaría a una pit-bull sin tener alguna medida de seguridad?" Angelica rió. "Como sea, ¿le has mostrado tus poemas y otras cosas a Arnold?"
"Pues no le voy a enseñar el altar; no quiero asustarlo de nuevo… de todos modos, creo que voy a desarmarlo. Lo que si le he mostrado es un par de poemas; piensa que soy muy talentosa y está conmovido de que él sea mi musa personal." Helga se ruborizó ligeramente.
"O es muy honesto, o tiene miedo de la reacción de la autora." Angelica giró los ojos.
"Sigue girando los ojos y les pongo cera caliente cuando te agarre dormida; recuerda que sé donde vives." Helga gruñó de nuevo pero cambió inmediatamente a un tono más amigable. "Y, hablando de chicos, ¿cómo te fue el fin de semana?"
"Te digo después." Ahora Angelica era la que se ruborizaba. "Tú ve a divertirte con tu Cabeza de Balón."
"Oye, yo soy la única que le puede llamar así; lo estamos cambiando de 'insulto' a 'sobrenombre cariñoso'." El tono molesto de Helga, obviamente, era mucho más bromista que realmente enojado.
"Está bien; bueno, como no lo puedo evitar, te veo en clase." Angelica se encogió de hombros y empezó a retirarse, pasando junto a Arnold quién finalmente la notó.
"Buenos días, Angelica."
"Buenos días, Cabeza de Limón."
Arnold se quedó en su lugar, pasmado, mientras Angelica le sonreía y se alejaba; Helga se tapó la boca para contener la risa antes de reunirse con él y dirigirse al salón tomados de la mano.
Ciertamente, como Helga había dicho, las últimas semanas habían sido excelentes. El haber sido más amable con Arnold y pasar más tiempo con él sin ser tan agresiva como siempre le sirvió no sólo al chico para finalmente admitir y expresar sus sentimientos por Helga, sino que además suavizó el impacto que esta nueva relación causó el día después de la fiesta; como la gente ya se estaba acostumbrando a verlos en mejores términos, algunos compañeros ya sospechaban que eventualmente terminarían saliendo juntos, pensando que esta situación se debía a que sus mejores amigos estaban empezando una relación y que Helga y Arnold mostraban su apoyo llevándose mejor, lo cual tenía algo de verdad.
El puñado de gente que conocía la verdadera historia ayudó a la pareja para que fueran aceptados más fácilmente sin revelar su conocimiento previo; Lila mencionó que Arnold le había comentado una vez que consideraba a Helga una mejor persona en el fondo de lo que demostraba en público, y también que ella y Helga habían tenido momentos más o menos amistosos en el pasado; Phoebe mencionó anécdotas divertidas o interesantes acerca de ella y Helga para que todos conocieran las cualidades que hicieron que Arnold se fijara en la Pataki; Angelica, al igual que Lila, mencionó sus conversaciones con Arnold en las que hablaba muy bien de Helga y señaló que, mientras la Pataki estuviera en una relación feliz con el chico, sería menos molesta y pasaría más tiempo con Arnold y menos molestando y gritando a sus compañeros; y uno de los mejores argumentos vino de parte de Patty, la cual ya sospechaba que había algo entre los dos rubios, y opinaba que Arnold era un chico amable que podía salir con quién se le antojara, y cualquiera que se burlara de esta relación tendría que responderle a ella.
Todo esto les hizo las cosas más fáciles a la pareja, sobre todo los primeros días cuando muchos pensaban que Arnold estaba saliendo con Helga por lástima o por una apuesta, o que la chica lo forzaba por medio del chantaje o una broma cruel. Las explicaciones del chico y que defendiera a la chica siempre que alguien hablaba mal de ella, y que Helga demostrara que seguía siendo tan ruda como siempre aunque ya no le preocupaba admitir sus buenos sentimientos igual que los malos, aunado al apoyo de sus amigas, probó a todo el mundo que esta relación era real y que ambos seguían siendo los mismos, siendo la única diferencia que ahora estaban juntos y disfrutándolo.
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"¡MUEVAN ESAS PATOTAS, MANADA DE HIPOPÓTAMOS!" Angelica, en su vestimenta y humor de entrenadora, le gritó al equipo. "¡HE VISTO MÁS ACCIÓN EN UNA PARTIDA DE AJEDREZ!"
"¿Soy el único aquí que de verdad detesta a esta chica?" Wolfgang, hablando en voz baja para que Angelica no lo oyera, le comentó a nadie en particular.
"Pues no sé tú, pero yo no voy a arriesgarme con una chica que le puede aguantar una pelea a mi novia. Ahora cállate y sigue corriendo." Harold le respondió mientras ellos y los otros jugadores seguían trotando alrededor del campo. En el pasado, Wolfgang le hubiera pegado a Harold por menos que eso, pero al haber tenido que repetir un año, y que Harold ahora era casi de su misma estatura, Wolfgang había perdido su posición de superioridad.
"¡USTEDES SON PATÉTICOS!" Angelica continúo. "¿CREEN QUE LES VOY A DISTRAER AL EQUIPO CONTRARIO EN CADA JUEGO? ¡NI USTEDES PUEDEN SER TAN TONTOS!"
Wolfgang ya no aguantó más; detestaba seguir órdenes, sobre todo de una chica gritona.
"No me importa si nos puede hacer ganar el Super Tazón." Wolfgang dejó de correr y volteó a gritarle a la muchacha. "¡SI CREES QUE ES TAN FÁCIL, VEN A HACERLO TÚ MISMA!"
Todos los jugadores y Jack, quién había estado revisando tanto el equipo como sus notas para las jugadas que les enseñaría a los muchachos ese día, miraron a Wolfgang y a Angelica; la chica se le acercó con una mirada asesina que de hecho intimidó al muchacho, pese a su mayor estatura, lo cual se hizo evidente porque la furia en la cara de Wolfgang había disminuido notablemente en un santiamén. La Pickles se paró frente a Wolfgang y, sorprendiendo a todos, cambió su cara molesta por su ya clásica burlona.
"Ay, Wolfgang, si querías que lo hiciera, sólo tenías que pedirlo." Angelica se colocó frente al equipo. "Muy bien, sonsos, creo que necesitan que alguien les muestre como se hace; ahora, ¡muevan esos barriles que tienen por piernas!"
Angelica empezó a trotar mientras volvía a insultar y a gritar; los jugadores la siguieron después de recuperarse de la sorpresa, y de hecho no pudieron más que seguirla por varios minutos porque la chica estaba manteniendo una buena velocidad.
"¡Vamos chicos, no me digan que la chica es más rápida que ustedes!" Jack, quién también se recuperó de la sorpresa, volvió a su modalidad de entrenador, animando a los muchachos hasta que algunos finalmente lograron trotar al lado de Angelica y continuaron así dos vueltas más.
El resto del calentamiento fue muy similar, con Angelica haciendo los ejercicios junto con el equipo; si bien la mayoría de los muchachos eran muy grandes y fornidos, la Pickles, aún así, lo hizo mejor que la mitad de los jugadores. Por supuesto, después de estos ejercicios, Angelica ya estaba muy cansada, y estaba más que contenta cuando Jack dijo que era tiempo de practicar las jugadas, así que ella podría sentarse en la banca y descansar mientras el entrenador se ocupaba del resto de la práctica.
"Al menos la Viejita Miyagi no podrá decir que no he trabajado en mi resistencia."Angelica pensó mientras bebía algo de agua.
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FLASHBACK.
"¡Hi-yah!"
"¡Oye, ten más cuidado, Pataki! ¡Esa era mi cabeza!" Angelica, en ropa de karate, gruñó mientras bloqueaba un puñetazo izquierdo de su compañera de entrenamiento.
"Disculpa; tendré más cuidado la próxima vez… para que no lo veas venir." Helga, también con ropa de karate, sonrió maliciosa. Angelica frunció el ceño y le contestó con una serie de veloces patadas y puñetazos que mantuvieron a Helga a la defensiva.
"No sé si hacerlas practicar combate juntas es una buena idea, Abuela." Arnold murmuró a la anciana; ellos también usaban ropa de karate pero, a diferencia de las chicas, ellos no usaban guantes, coderas, rodilleras o casco protector; los padres de Angelica insistieron en estas precauciones cuando accedieron a que su hija tomara las clases.
"Bueno, Saltamontes, es por eso que yo soy la sensei y tú el estudiante." Gertie contestó en su calmado tono de maestra de artes marciales. "Al sacar la agresión de sus sistemas en este ambiente controlado, en una atmósfera de deportivismo y respeto mutuo, es menos probable que sientan deseos de destrozarse en la escuela y que a ti te toque recibir algo."
Arnold se encogió de hombros y no dijo nada, sabiendo que, pese a su 'excentricidad' habitual, su abuela realmente era la experta en esta área. El enorme y actualmente desocupado cuarto que servía como dojo improvisado tenía varias colchonetas acomodadas para formar un enorme cuadro que cubría casi todo el piso y el equipo protector de las chicas minimizaba el riesgo de que salieran lastimadas, y si bien Angelica y Helga solían estar listas para enfrentarse todo el tiempo, eran honestas acerca de no desearle un daño serio a la otra (al menos por ahora) pese a lo mucho que expresaran lo contrario. Los Pickles incluso pagaron por el equipo de Helga cuando Angelica propuso que compraran sus cosas juntas; los adultos lo vieron como una forma de camaradería entre las muchachas, mientras que las chicas lo hacían (según ellas) para que ninguna estuviera mejor protegida o equipada que la otra, sobre todo Helga, pues a Bob no le importaría que se protegiera la cabeza con una caja de cartón.
De vuelta a la acción, Helga finalmente evadió de la lluvia de golpes y contestó con una patada baja, golpeando la rodilla derecha de Angelica, la cual resintió el impacto pero contestó casi de inmediato con una patada propia que agarró de sorpresa a Helga, tirándola. Helga se levantó en un momento y volvió al ataque; esta vez Angelica fue la que tuvo que ponerse a la defensiva. La Pickles quedó aturdida por un golpe a un lado de su cabeza, y luego cayó de rodillas por un ataque de 'Cinco Vengadores'; Helga cometió el error de confiarse y no notó cuando Angelica hizo un movimiento de barrido con sus piernas, golpeando los talones de su oponente y tirándola también; al momento que Helga cayó, Angelica le propinó un buen puñetazo en la cabeza y luego rodó para levantarse. Helga se recuperó del impacto e hizo lo mismo.
"Muy bien, Mantis y Avispa, ya es suficiente por hoy." Gertie aplaudió fuertemente, siendo esta la señal para detener el combate. Helga y Angelica dejaron su posición de combate, se pusieron una frente a la otra e hicieron una respetuosa reverencia.
"Te voy a destrozar la próxima vez, Pickles." Helga murmuró a Angelica cuando sus cabezas estuvieron lo bastante juntas.
"No si antes te rompo los popotes que tienes por piernas, Pataki." Angelica contestó del mismo modo antes de que adquirieran una postura más normal. Su sensei se acercó y aclaró su garganta.
"Ambas están mejorando mucho, chicas; veo que tienen algo de experiencia en esto." Gertie dijo en su tono de experta.
"Si, Gino puede decir eso; es decir, si es que ya puede hablar sin escupir dientes." Helga le murmuró a Angelica; ambas chicas sonrieron por el comentario y volvieron a ponerle toda su atención a la anciana quién ahora se dirigía específicamente a Helga.
"Mantis, tu tienes buen alcance y velocidad, y esos puños tuyos son armas mortales, pero debes mantener tu guardia y no te olvides de tus piernas, tanto para atacar como para protegerlas." Gertie volteó hacia Angelica. "A ti, Avispa, te doy un 10 en persistencia y recursos, pues puedes improvisar y adaptar tu estilo con facilidad, pero debes mejorar tu resistencia; si esta hubiera sido una pelea real, y no hubieras podido vencer a tu oponente lo bastante rápido, te hubieras agotado en un par de minutos y te habrían golpeado hasta por debajo de la lengua."
Las chicas asintieron y se inclinaron respetuosamente ante la anciana, quien hizo lo mismo antes de llamar a Arnold para su propio entrenamiento; el chico felicitó a Angelica y luego le dio a Helga un beso en la mejilla (en cuanto se quitó el casco) antes de entrar al área de combate. Las chicas se sentaron en posición de loto al lado de las colchonetas mientras Arnold y su abuela hacían un poco de calentamiento y ejercicios de respiración.
"La señora no bromea; casi me rompiste el talón con la última patada." Helga le comentó a Angelica en voz baja mientras se sobaba el tobillo y luego tocaba su mejilla besada.
"Si; está un poco mal de la azotea, y no sé si todos los maestros de artes marciales tienen obsesión con los bichos, pero la mujer sabe lo que hace. Al menos soy 'Avispa' y no 'Piojo' o algo así." Angelica se encogió de hombros. "Por cierto, gracias por unirte a las clases; tú Cabezón y su abuela están en un nivel mucho más avanzado que yo y no podría practicar combate con ellos; además, Arnold sólo hace movimientos de defensa porque no le pegaría a una chica."
"Bueno, no puedo dejar que te vuelvas más fuerte que yo en caso de que nos volvamos a pelear… claro, lo que acabamos de hacer no fue exactamente echarnos flores, pero tú me entiendes. Además, no me molesta que Arnold y yo compartamos actividades; así paso más tiempo con él fuera de clases." Helga sonrió al ver a su novio, quien ya estaba listo para empezar. "Él y yo vamos a ir a Dino-Landia este fin de semana; no he estado ahí en años."
"Qué bueno que no es Disneylandia; no aguantarías la rata gigante saludándote al entrar." Angelica bromeó. Helga no dijo nada pues vio que Arnold y su abuela ya se estaban saludando, y un segundo después empezaron a moverse en círculos.
El muchacho sabía que su abuela rara vez tiraba el primer golpe (algo que, en una pelea real, él aprobaba totalmente), así que decidió empezar él; pese a su edad, Arnold sabía que la mujer se conservaba muy ágil y fuerte debido probablemente a su misma hiperactividad que la hacía comportarse como una niña inquieta la mayor parte del tiempo, y sabiendo que el objetivo del entrenamiento era mejorar su técnica, Arnold tomaba estos enfrentamientos muy en serio. El chico lanzó una patada a las piernas; la mujer saltó para evadir y lanzó un karatazo que su nieto bloqueó; Arnold luego lanzó una combinación de karatazo izquierdo y puño derecho; la abuela evadió el primero y agarró el segundo antes de lanzar una patada al abdomen de su nieto; Arnold bloqueó el ataque con su mano libre e hizo un giro rápido para liberarse del agarre y enviar una patada giratoria que Gertie esquivó. La anciana entonces lanzó una serie de patadas que Arnold trató de esquivar pero una le pegó justo en el pecho, tirándolo; el chico se levantó rápidamente y lanzó una combinación de patadas y puñetazos; Gertie recibió algunos pero bloqueó la mayoría, así que pudo continuar sin mayor problema.
"Si esto no fuera karate, ya estaría cantando 'Kung Fu Fighting'." Angelica comentó mientras ella y Helga observaban la pelea.
"Si lo haces, te hago tragar el cinturón." Helga contestó sin su usual tono de insulto pues estaba casi hipnotizada por los movimientos de su novio, si bien seguía lo bastante alerta para continuar la 'conversación' con Angelica.
"Burra ignorante."
"Desafinada."
FIN DEL FLASHBACK.
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Angelica sonrió al recordar esa sesión; le tomó algo de tiempo convencer a sus padres para que la dejaran tomar las clases hasta que prometió no dejarlas tan fácilmente como lo hizo la primera vez. No lo admitiría en voz alta, al menos no con frecuencia, pero pensaba que tener a Helga como compañera de entrenamiento era muy bueno; borrarle la cara de satisfacción a Helga cada vez que obtenía la ventaja era un excelente incentivo extra, incluso si ninguna de las chicas había logrado vencer a la otra. Simplemente eran muy competitivas y tercas para dejarse ganar, y al final esto las hacía esforzarse más; en un par de semanas, ambas serían lo bastante buenas como para practicar con la abuela tal y como lo hacía Arnold.
La rubia miró su reloj y notó que ya era tiempo de terminar el entrenamiento del día, pero decidió dejar que los chicos sudaran algunos minutos extras; cuando tanto Wolfgang como Ed fueron tacleados a la vez por Torvald (quién era el más grande y fuerte del equipo), Angelica pensó que ya era suficiente y le dijo a Jack que ya era tarde.
"Ah, sí, nos excedimos un poco." Jack miró su propio reloj y detuvo a los muchachos. "Muy bien, todo el mundo a las duchas; y espero que lo hagan mejor mañana. Pickles, tengo que hacer una llamada, así que te quedas a cargo; ve que los chicos guarden el equipo antes de ducharse."
"Claro, Entrenador." Angelica le dijo al hombre; cuando él se fue, la chica se dirigió a los jugadores. "Ya escucharon al tipo; ¡apúrense, que tengo una vida!"
"Tu vida consiste en arruinarnos la nuestra." Wolfgang, reponiéndose lentamente después de la tacleada, le gruñó a la chica.
"Sigue con esa actitud, y le pido al entrenador que te degrade a aguador." Angelica frunció el ceño.
"Wolfgang, te puedes meter en problemas…"
"¡Cállate, Ed! Este simulacro de reinita me ha estado gritando desde que empezó con el trabajo, ¡y ya me tiene harto!" Wolfgang, furioso, arrojó su casco al suelo, mientras los otros jugadores los rodearon a él y a Angelica.
"Oye, Wolfgang, esa no es forma de hablarle a una chica." Torvald, cruzado de brazos, se paró entre Angelica y su compañero de equipo.
"¡Esa no es una niña… es una… una… bestia!" Wolfgang ignoró la diferencia en estaturas y se enfrentó a Torvald. Angelica se puso al lado del chico más alto y miró burlonamente a Wolfgang.
"¿Cómo me llamaste?"
"¡Bestia! ¡Una bestia ruidosa y molesta!"
"¿Eso es lo mejor que tienes? Dime, ¿has estado jugando sin el casco?" Angelica meneó su cabeza. "Vamos, Wolfgang, debes tener mejores insultos, algo así como 'Eres tan venenosa que los mosquitos vomitan luego de picarte'."
Wolfgang se quedó estupefacto mientras que los otros chicos empezaron a reírse y Angelica caminaba frente a él como un sargento instruyendo a un recluta.
"O me podrías decir… 'Eres tan ruidosa que, cuando gritas, los sismógrafos se vuelven locos'; o que tal… 'Eres tan fea que tu cara hace llorar a las cebollas'; y este es bueno… 'Eres tan desagradable que cuando entras a un cuarto las cucarachas salen corriendo'. O usas los insultos de perro; las chicas los odiamos; como 'Cállate, Nerón o te regreso a la perrera'. Para insultar mi inteligencia, intenta algo como 'Si te tragas una mosca, terminas con más cerebro en la panza que en la cabeza'. Puedes hasta usar algo de humor, como, 'Tu actitud apesta como Pepe Le Pew en verano', o muestra tu educación con 'Junto a ti, Atila El Huno es La Madre Teresa'; hay tantos buenos insultos que usar… pero para eso necesitas creatividad, y la tuya es como la de un perrito Chihuahua recién nacido."
Wolfgang, medio aturdido y medio molesto, se quedó en su lugar mientras todo el equipo seguía carcajeándose; Angelica dejó de caminar y se plantó frente a él, la chica poniéndose las manos en la cintura.
"Lamento decirte esto, Wolfgang, pero mejor limítate a jugar football porque, para decirlo amablemente, para los insultos eres pésimo; yo he intercambiado insultos con profesionales y tú no eres ni siquiera un novato. Ahora, para variar, haz algo de provecho y empieza a recoger el equipo porque lo usarás mañana en vez de estar desperdiciando tu aliento; yo siempre estoy lista y dispuesta para una batalla de ingenio pero en tu caso es como si usara una ametralladora para matar polillas."
El chico apretó los puños, furioso; aún con todo el equipo observando, estaba más que dispuesto a pulverizar a la muchacha.
"¿Piensas que no te golpearía, Pickles? Pues te equivocas; ¡he golpeado niñas antes y no me importa hacerlo de nuevo!"
"Así que te aprovechas de la gente más pequeña y débil que tú; yo solía hacer eso pero lo dejé cuando cumplí cuatro años y me di cuenta que hay que ser un cobarde para caer tan bajo."
"Me llamaste cobarde…" Wolfgang ahora si estaba a punto de caerle a golpes pero era difícil con Torvald y, ahora también, Harold parándose en su camino, y el resto del equipo dispuesto a hacer lo mismo. Angelica sonrió maliciosamente; no le preocupaba enfrentarse a Wolfgang debido a su entrenamiento y porque sabía que los otros chicos la defenderían, pero una de las primeras lecciones que Gertie les inculcó a ella y a Helga era evitar las confrontaciones físicas siempre que fuera posible y pelear sólo si no había otra forma de resolver un problema… y Angelica conocía varias alternativas.
"Relájense, chicos, que no soy una dama en apuros." Angelica le dijo a los otros jugadores antes de dirigirse de nuevo a Wolfgang. "Te diré algo, Nariz de Puerco; hagamos un trato. Si me puedes taclear en un solo intento, en un choque frontal, dejaré de castigarte con ejercicios extra sin importar cuanto te quejes o me insultes; pero si no lo logras, estarás encargado de sacar y guardar el equipo de entrenamiento durante el resto del año escolar, y me refiero a todo el equipo, sin ayuda."
"Taclearte… ¿y nadie te va a ayudar?" Wolfgang miró curioso a la chica mientras los otros jugadores se sorprendieron.
"No, nadie; sólo tú, yo, y lo que queramos usar para protegernos. Claro, si estás asustado acerca de taclear a una chica más pequeña que tú…" El tono burlón de Angelica terminó de convencerlo.
"Es tu funeral, Pickles; ¡de acuerdo!"
"Bien, entonces deja que busque mi protección mientras tú buscas la tuya." Angelica se alejó del grupo, presumiblemente, para conseguir un casco y hombreras; Wolfgang sonrió con maldad y se dirigió a Ed.
"¡Pásame mi casco; voy a pulverizar a esa idiota!" El chico agarró el casco que Ed le pasó y se lo puso. Algunos de los otros chicos iban a oponerse a esta apuesta cuando todos escucharon la voz de la chica.
"¡Estoy lista!"
"Y yo… ¿qué?" Wolfgang, confundido, notó que Angelica estaba parada detrás del poste de meta. "Oye, ¿qué estás haciendo y donde está tu casco?"
"¿Quién dijo algo sobre cascos? Yo dije que podíamos usar protección; tu escogiste el casco y yo me protejo con el poste."
"Pero… pero…" Wolfgang palideció y trató de recuperar el habla mientras todos los demás chicos, incluso Ed, se reían de él.
"No creo que sea tan tonto." Angelica pensó. "Bueno, creo que estaba en lo correcto y no eres más que una enorme, gigantesca y nunca antes vista gran gallina."
"¡ARGH!" Wolfgang rugió y cargó contra Angelica, ignorando a todos y a todo lo demás, incluso el hecho de que ella seguía detrás del poste.
CRASH!
Wolfgang, apenas consciente, cayó al suelo; Angelica giró los ojos y dejó su lugar seguro. Un momento después, ella y el resto del equipo rodearon al chico caído.
"Bien, me convenció; no es cobarde, sólo imbécil." Angelica se encogió de hombros antes de hablarle al casi desmayado chico. "Gracias por mostrarme mi error, Poco Seso; muy bien, muchachos, échenle una cubeta con agua en la cabeza porque tiene mucho trabajo por hacer."
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"¿En serio hizo eso?" Helga rió. "¡Criminal! Sabía que el tipo era un zopenco, pero ese nivel ya es como para internarlo."
"Sé que debería sentirme culpable por abusar de un retrasado, pero bueno, cuando me dijo que ya había golpeado chicas antes, supe que el tarado se lo merecía." Angelica comentó; ambas chicas se dirigían a casa de Arnold para la lección del día. Normalmente, Arnold o Phoebe estaría acompañándolas, pero el chico tuvo que adelantarse para cobrar la renta (Oskar se había retrasado, como de costumbre) antes de la práctica, y aparentemente Gerald fue inspirado por el ejemplo de Arnold y Helga porque estaba pasando mucho más tiempo con Phoebe, y era casi seguro que pronto serían una pareja oficial.
"Dímelo a mi; me pegó dos veces cuando estábamos en Primaria." Helga giró los ojos.
"Espera… ¿él te pegó?" Angelica se sorprendió; pensaba que sólo Patty había podido hacerle eso a Helga en el pasado.
"Si, cuando yo iba en Cuarto Grado y él en Quinto; en ese entonces había un tipo llamado Ludwig que asistía a otra escuela y se hizo amigo de Wolfgang, y un día me agarraron los dos al mismo tiempo y me dejaron los ojos negros; esa misma semana también nos golpearon a todos los del salón y nos hicieron Calzón Chino. Lo bueno es que Ludwig terminó en la correccional y su salida va para largo porque es reincidente, y como Wolfgang y ese tonto de Ed reprobaron y repitieron el año, ya no asustan tanto como antes." Helga explicó. La mirada astuta de Angelica regresó.
"Entonces, técnicamente, ya te pagué mi deuda por aquella vez que tú y Arnold me salvaron de Gino y compañía, porque yo ya castigué a quien solía torturarlos."
"¡Oh, rayos!" Helga tronó los dedos. "Quería usar ese favor que me debías para que nos pagaras una buena cena a Arnold y a mí, o forzarte a ir a la escuela disfrazada de payaso."
"Confórmate con que me disfracé de uno en Noche de Brujas. Y no te preocupes; al paso que seguimos ayudándonos aunque no queramos, te voy a deber otra tarde o temprano, o tú terminarás debiéndomela a mi."
"Probablemente… bueno, ibas a platicarme de tu fin de semana; suelta la sopa, mujer."
"Bueno, creo que es mejor que nuestra usual Caminata con Insultos." Angelica rió. "Bueno, la cosa estuvo así…"
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FLASHBACK.
Angelica, cargando una maleta y una mochila de gimnasio, bajó del avión y empezó a buscar por el aeropuerto, sonriendo cuando halló a una pareja de ancianos.
"¡Hey, Abuelo! ¡Abuela Lulú!"
"¡Angelica!" Lou Pickles sonrió y abrazó a su nieta. "Sólo mírate; te dejo de ver por unos meses y ya eres casi una señorita."
"No he cambiado tanto, Abuelo." Angelica, riendo, soltó a su abuelo para recibir otro abrazo de Lulú.
"Estamos siendo honestos, Angelica. Y, ¿cómo están tus padres?"
"Trabajando, como siempre; la construcción del edificio está tomando más de lo que esperaban, así que puede que nos quedemos más tiempo de lo que habíamos planeado." Angelica suspiró. "Tal vez no podamos venir para Día de Gracias."
"Pero vendrán para Navidad, ¿verdad?" Lou preguntó, un poco preocupado; siempre había tratado de estar con sus hijos durante las fiestas y perderse una no le resultaba agradable; Angelica y sus padres ya habían pasado la Navidad pasada en Aspen, aparte del resto de la familia, pero incluso entonces regresaron para Año Nuevo.
"Claro que lo haremos; extrañamos verte con ese gorro de Santa el año pasado." Angelica y sus abuelos empezaron a dirigirse al estacionamiento.
"Entonces, ¿cómo están 'Steely' Phil y su familia estos días?" Lou preguntó; Angelica ya le había dicho por teléfono que había conocido a uno de sus viejos compañeros de pelotón.
"Ah, están bien; está en buena forma para su edad; lo vi haciendo lagartijas el otro día. Su esposa me está enseñando karate, y su nieto es un buen chico." Angelica platicó; como ella, cuando se comunicaba a casa, normalmente hablaba más con sus primos y amigos que con los adultos, había pasado un buen tiempo desde que había conversado con la pareja de ancianos; lo curioso es que en el pasado normalmente trataba de evitar estas charlas, pero ahora estaba más que feliz de pasar un rato con ellos.
En el auto, la chica siguió hablando con sus abuelos todo el camino mientras miraba por las ventanillas, visiblemente contenta por volver a casa, aunque fuera por poco tiempo. Angelica se puso aún más contenta cuando su abuelo estacionó el auto a unos cuantos metros del Java-Lava, el cyber café propiedad de la familia Finster; la rubia dejó su equipaje en el auto excepto por una gran bolsa negra que sacó de la mochila.
Angelica y sus abuelos se acercaron al café, y miró a través del ventanal y el cristal de la puerta de entrada; adentro, todos disfrutaban de una fiesta. El lugar estaba decorado para la ocasión, y los primos y amigos de Angelica estaban listos para el tradicional soplido sobre las velitas del pastel; Tommy y Dil estaban a la derecha del festejado mientras que Kimi estaba a la izquierda junto con los gemelos DeVille; Susie estaba detrás de ellos junto con Harold, el viejo asistente de Angelica, y todos le daban espacio a los adultos para que tomaran fotografías y para que los otros invitados, en su mayoría compañeros de clase y conocidos de la escuela, pudieran ver todo. El cumpleañero tomó aire y apagó las trece velas; cuando todos aplaudieron, la rubia decidió que era el momento justo.
"¡Ya llegó por quien lloraban; se me concedió volver!" Angelica entró cantando al lugar, llamando la atención de todos. Unos segundos después, la rubia quedó atrapada en un abrazo colectivo; los adultos mantuvieron su distancia, riendo; obviamente, estos sabían sobre la visita y lo habían mantenido en secreto para los jóvenes. Los otros invitados también se mantuvieron un poco alejados, disfrutando la escena.
"¡Oigan, sé que soy adorable, pero déjenme respirar; trátenme con cariño, vaya!" Angelica gruñó aunque obviamente no le urgía zafarse del abrazo.
"¡Disculpa, prima, pero esta fue una sorpresota!" Tommy, sonriendo, finalmente dejó de abrazar a la chica al igual que los demás.
"Si; nunca pensé que diría esto, pero todos te extrañamos." Phil comentó.
"Y yo los extrañé a todos… bueno, no al aroma de Phil, pero bueno, nada es perfecto aunque yo me acercó bastante." Angelica miró a Phil con su clásica sonrisa burlona; el chico no dijo nada, pero sonrió al escuchar de nuevo el tono burlón y engreído de la rubia.
"¿Cuánto tiempo te vas a quedar?" Harold le preguntó a su 'jefa'.
"Sólo el fin de semana; no me iba a perder este día ni por todas las ofertas del mundo." Angelica miró al sonriente cumpleañero, el único que todavía no la abrazaba. "Por fin te volviste adolescente, ¿eh?"
"Me tenía que pasar algún día." Carlitos contestó, acercándose a la Pickles. Angelica abrió su bolsa y sacó una pequeña caja de obsequio.
"Feliz cumpleaños, Finster." La rubia le pasó la caja; Carlitos la aceptó e inmediatamente le dio a Angelica un gran abrazo.
"Esto era todo lo que quería de cumpleaños." Carlitos le murmuró al oído. Angelica se ruborizó un poco y le regresó el abrazo.
"Entonces considera este como un regalito extra." Angelica le dio un pequeño beso en la mejilla; Carlitos se puso rojo como jitomate maduro a la vez que rompían el abrazo aunque Angelica todavía tenía una mano en el hombro del chico. "Vamos, que sólo almorcé comida de avión hoy, y ese pastel se ve muy bien."
Los adultos y jovencitos rieron por el comentario y todos se sentaron para comer pastel; Angelica se sentó al lado de Carlitos, y durante el resto de la fiesta no se separó más de 4 metros de él en ningún momento.
FIN DEL FLASHBACK.
X- X- X- X
"Bailamos, jugamos juegos de fiesta, platicamos… ya te imaginarás." Angelica terminó la narración. "Pasé la noche en casa de Susie, y al día siguiente todos nos juntamos para divertirnos juntos; fuimos al centro comercial, el cine, el parque, los juegos de video…"
"Y, aparte del mini-beso, ¿le soltaste más indicios?" Helga preguntó.
"Bueno, claro que pasé tiempo con las otras chicas y con mis primos, y Harold me pagó una hora en la pista de patinaje del centro comercial; pero sí, pasé mucho tiempo con Carlitos y le eché unos cuantos indicios más… nos sentamos juntos en las películas y compartimos palomitas (esta vez si lo dejé comer también), luego compramos un helado y también lo compartimos, le hice algunos comentarios 'inocentes' y él me contestó del mismo modo…" Angelica se ruborizó al decir lo último.
"¿Qué tan 'inocentes'?" Helga miró astutamente a su compañera.
"Bueno, le removieron los frenillos de los dientes una semana antes de su cumpleaños, y le dije que su sonrisa era muy linda; me agradeció y luego me dijo que mi cabello y mi ropa se veían muy bien; jugamos en la misma máquina cuando fuimos a los videojuegos y nos hicimos cumplidos aunque la verdad es que los dos somos jugadores terribles; le dije que ya estaba empezando a cambiar de 'niño lindo' a 'chico guapo', y me dijo que yo ya había hecho lo mismo desde hace un par de años… excepto por lo de 'niño' y 'chico', claro…"
"Con razón el pobre necesita anteojos." Helga giró los ojos, ganándose un pequeño puñetazo en el hombro derecho por el comentario.
"No necesitas darme razones para que te golpeé durante la práctica, Pataki; esa cara tuya que ofende todo lo bello del mundo es incentivo suficiente." Angelica sonrió burlona. "En fin, cuando tomé el avión de regreso aquí, todos fueron al aeropuerto a despedirme, y, después de que todos lo hicieron, Carlitos me abrazó y me dio un beso en cada mejilla, y antes de eso insistió en cargarme el equipaje. Ahora si estoy casi segura de que yo también le gusto."
"Pues por la forma en que describes la visita, es casi un milagro que no te trajera cargando hasta aquí." Helga rió y notó que la casa de Arnold ya estaba a sólo unos metros de distancia.
"Más bien, fue casi un milagro que no me lo trajera de contrabando en una maleta, pero la seguridad del aeropuerto ha mejorado mucho."
"No ha de ser tan buena si todavía te dejan viajar a ti con los seres humanos."
"Vaya, lo lograste."
"¿Qué logré?"
"Ponerme del humor correcto para trapear el piso con tu pobre humanidad; y digo 'humanidad' por cortesía."
"En tus sueños, Pickles." Helga tocó el timbre de la puerta.
"Qué curioso que menciones los sueños, Pataki; espero que tengas unos muy bonitos cuando te deje toda noqueada."
Helga estaba a punto de contestarle cuando Arnold abrió la puerta; el chico ya estaba en su 'karate gi'. Helga lo miró amorosamente, olvidándose de Angelica por el momento.
"Hola, chicas, llegaron temprano." Arnold le ofreció a Angelica una sonrisa amistosa y luego una tierna a Helga.
"Bueno, necesito darle una lección a esta Burrelica, y tu casa tiene un cuarto para eso." Helga señaló a Angelica antes de tocar el pecho y la nariz de Arnold en forma juguetona. "Y no podía esperar para verte en este uniforme."
Arnold se ruborizó mientras que Angelica giró los ojos y pretendió tener náuseas; un momento después, Helga le dio al chico uno de sus semi-patentados besos roba-oxígeno, sin que él se quejara para nada.
"¡Oigan, estoy aquí! ¡Les voy a echar agua!" Angelica trató de llamar su atención pero después de un momento rió y empezó a dirigirse a las escaleras. "Pensándolo bien, sigan así. Déjala sin aliento, Arnold; ¡así caerá más fácil después!"
