Alexander despertó con el ruido de los hachazos. Se incorporó, sobresaltado, hasta que supo de donde procedían. Se levantó y se revolvió aún más el pelo (si es que era posible). Bostezó y tomó la camisa de la silla; salió fuera mientras se ponía la segunda bota. Rodeó la casa y se plantó en la parte de atrás. Inwa cortaba leña con una vieja y pesada hacha. Había un tocón junto a un enorme árbol en el linde de un pequeño bosquecito de abetos. Vale que esos árboles estuvieran hechos para bajas temperaturas, pero el frío que hacía era insoportable. Se frotó los costados con las manos para entrar en calor y se le quedó la boca semiabierta al ver el atuendo de la muchacha. Llevaba una camiseta con una tiranta a un lado y una manga hasta el antebrazo en la otra de color blanco; unos pantalones de talle bajo de cuero hasta la rodilla y unas largas botas que le cubrían el resto de la pierna. El pelo lo tenía recogido en una cola alta y se ceñía una tira de cuero en la frente. Alexander la miró alucinado e inmóvil durante unos momentos. Cuando la joven se dio cuenta de su presencia, apoyó el hacha en el suelo y se dio con un pañuelo que le colgaba del borde del pantalón unos toques en la frente para eliminar las perlas de sudor que se le habían acumulado por el esfuerzo.
-Buenos días, ¿qué tal has dormido?- le preguntó con una sonrisa. Él cerró la boca de golpe y sacudió la cabeza varias veces antes de responder con los ojos como platos.
-¿Es qué no tienes frío?
-No. Hace unos....-reflexionó mientras calculaba- siete grados ahora mismo. Para los mínimos que tenemos aquí de menos veinticinco o menos treinta y tres grados es una temperatura alta. Una vez llegó a hacer cuarenta y cuatro grados bajo cero. Hace calor comparado con la temperatura normal.
-Entiendo... Aún así, hace mucho frío.
-Coge mi abrigo, si quieres. Está en una rama por allí- dijo señalando un punto en el borde del bosquecillo. Alexander se acercó y encontró un bulto blanco que se confundía perfectamente con la nieve. Si no hubiera tenido tan buena vista (y no le hubiera dado Inwa indicaciones) no lo habría encontrado. Al ponérselo, vio que le quedaba bastante holgado, aunque era muy cómodo y mantenía el calor perfectamente. Era de piel de *ó a acercarse a ella y vio que ya había terminado y que se dirigía con un montón de troncos cortados a una pequeña construcción de no más de un metro y medio de alto por dos de ancho. Lo depositó todo en su interior y volvió atrás para coger el resto pero, al darse la vuelta, estuvo a punto de chocarse con Alexander, el cual llevaba lo que quedaba en los brazos. La muchacha lo miró asombrada y sacudió la cabeza. Era un tanto irónico su gesto, puesto que minutos antes, él había hecho lo mismo.
-Gracias- murmuró suavemente mientras lo ayudaba y depositaba los troncos cortados en el interior de la leñera.
-No hay de qué.
Cuando terminaron, entraron dentro de la cabaña y tomaron un desayuno ligero. Mientras bebían un vaso de infusión, Inwa le contó lo que pensaba hacer a lo largo del día.
-Ahora me voy a ir a recoger madera para hacer flechas y otras armas.
-No se pueden hacer espadas ni lanzas con madera.
-Sí si sabes que usar- repuso con una media sonrisa. Hizo una pequeña pausa en el habla y luego continuó-. En fin, como te iba diciendo, también iré a por plantas para mis infusiones y medicinas. Se me ha acabado la valeriana, el lúpulo y el equiseto. Puedes venir, si quieres y así te enseño todo esto. Seguro que te gustará mucho. Por el paisaje, no parece que estemos cercanos al corazón del País de Hielo, si no todo lo contrario.
-De acuerdo, no tengo nada mejor que hacer.
-Entonces, ¿a qué esperamos?
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Alexander estaba impresionado por la belleza del paisaje. Era un bosque en toda regla, como una extensión del de Awa, en el que la nieve del linde había desaparecido completamente; no se quitó el abrigo, pero la temperatura había ascendido agradablemente. Sus árboles frondosos, muchos de los cuales eran de climas cálidos o templados, medían tres metros como mínimo y llegaban a alcanzar los ocho o diez de máximo. Se oían el murmullo de un arrollo cercano, invisible en la espesura. Las flores gigantes y los pájaros adornaban todo con sus brillantes colores y sus musicales trinos. De vez en cuando, se divisaba un ciervo u otro animal desconocido detrás de los árboles y matorrales. Del interior de un arbusto, surgió un animalillo que el joven no había visto nunca: era de color blanco y parecía una bolita de pelo con dos ojillos perdidos en el mar de nieve de su cuerpo. Cuatro pequeñas y menudas patitas surgían de él y una larga cola de unos veinticinco centímetros ondeaba cuando corría. El "bichito peludo" se acercó a la muchacha y esta se agachó a recogerlo. Lo tomó con suavidad en la palma de su mano y con un dedo lo acarició en el lugar en el que debía estar el cuello a la vez que sonreía.
-Hola Cop. Hace tiempo que no vienes a verme. ¿Has estado ocupado?- el animalillo emitió una serie de sonidos parecidos a los chillidos de un ratón por toda respuesta. La joven pareció entenderlo y asintió con la cabeza. Luego, mientras se lo colocaba en el hombro, añadió:- Bueno, lo importante es que ya lo has solucionado. ¡Buen trabajo Cop!
-¿Has hablado con esa cosa?- preguntó Alexander alucinado. El animal pareció enfadarse y soltó una retahíla de chillidos sin sentido para él, aunque la chica lo entendió y empezó a reír.
-Sí. Y yo que tú no volvería a llamarlo cosa. Cop es bastante gruñón y asegura que como vuelvas a llamarle eso, lo pagarás caro. Dice que no lo obligues a hacer algo que no quiere hacer o lo pasarás mal. ¡Ja, ja, ja!
-¿Entonces qué es? ¿Un bicho?
-No, eso tampoco. La verdad es que, como es único en su especie, no tiene clase ninguna. Es simplemente Cop, aunque se asemeja bastante a un ratón.
-Desde luego que sí. Es muy extraño.
-No es extraño, si no especial.
La conversación acabó allí de manera abrupta, puesto que Inwa había sacado un cuchillo de caza de alguna parte y había seguido andando hacia delante por ese pequeño sendero abierto en la maleza. Alexander tuvo que correr tras ella, puesto que se había puesto seria de repente y había acelerado el paso. Intentó llamarla para que parara, pero no parecía escucharlo. Se deslizaba silenciosamente entre las hojas, de forma que lo único que Alexander podía vislumbrar de ella era una borrosa mancha blanca y el reflejo de su pelo cuando un rayo de sol se colaba entre las ramas. Después de una corta persecución, el joven la perdió de vista. Siguió corriendo, pero no la encontró. Paró en pocos minutos, puesto que se había perdido. Suspiró, malhumorado y se sentó en la raíz de un árbol a esperar, mientras refunfuñaba.
-Muy bien... ¿Se puede saber donde estoy?
*HI!!!!! Para quien no lo sepa, el barjab es un animal típico de Nanhai de "piel blanca, cuernos curvados y afilados, y poderosas zarpas, cuya carne resultaba todo un manjar para los gigantes, cocinada a la brasa". (Lo que está entre comillas está tomado literalmente de la pag 182 de TRÍADA).
