- Arreglos Extremos.

"Debo admitir que, pese a que desapruebo cualquier forma de violencia, ambas demostraron una destreza física admirable." Phoebe le comentó tanto a Helga como a Angelica mientras las tres caminaban por la calle después de la última clase de karate de las rubias.

"Lo dijo la chica cuyo padre le enseña a usar una espada." Angelica rió un poco.

"Odio admitirlo, pero Pickles tiene razón; cuando te dan esa espada de madera eres como El Zorro Japonés, Phoebe." Helga señaló; como de costumbre, Phoebe se ruborizó al ser halagada.

"Arigato, chicas."

"Entonces, eso debe hacerme La Tigresa y a Pataki La Dragona." Angelica bromeó. "Ya tiene el aliento y el carácter."

"Tigresa… más bien Gata Pulgosa." Helga notó que ya estaban cerca de su casa. "Bueno, Phoebe, lamento dejarte sola con La Señorita Simpatías, pero tengo que arreglarme para la cita."

"Si, sólo tienes 3 horas para ponerte medio presentable, y alguien como tú requiere como 3 semanas." Angelica respondió mientras que Helga meneó la cabeza y Phoebe simplemente giró los ojos, ya más que acostumbrada a esta interacción entre las rubias.

Las chicas se referían a una cita doble que Helga y Phoebe tendrían esa tarde con Arnold y Gerald; este último finalmente halló el coraje para invitar a la pequeña genio pero aún necesitaba algo de apoyo debido a los nervios, así que Arnold y Helga estarían presentes.

Aún con Angelica y ella discutiendo como siempre, Helga estaba de muy buen humor; lamentablemente, se le acabó en cuanto abrió la puerta de la casa y encontró a otra rubia, mayor que ella y con una gran sonrisa en la cara.

"¡Hermanita Bebé!"

"¿OLGA?" Helga perdió el aliento tanto por la sorpresa como por el gran abrazo que su hermana le dio. Angelica trató de no reírse por eso de 'Hermanita Bebé' mientras que Phoebe puso cara de 'Ya nos llovió en el desfile'.

"¿Qué haces aquí, Olga? Normalmente tú no regresas sino hasta justo antes del Día de Gracias, ¡y eso es en cuatro días!" Helga finalmente se recuperó y rompió el abrazo mientras trataba de mantener un tono civilizado con su hermana.

"Oh, Helga, de seguro se te olvidó; llamé a Mami y Papi hace 2 días para decirles que conseguí un suplente así que este año pude venir antes." Olga respondió en su tono dulzón de siempre, ignorando la cara que puso Helga cuando se enteró que sus padres la habían ignorado por millonésima vez y no le habían dicho acerca de la llegada de su hermana; un momento después, Olga finalmente notó a Phoebe y a Angelica.

"Hola, Phoebe; es lindo verte de nuevo. ¿Quién es tu amiga?"

"Konichiwa, Olga; a mi también me complace tu arribo. Ella es Angelica, una de nuestras condiscípulas."

"Hola." Angelica saludó sin mucho entusiasmo; aunque había sido divertido ver la expresión de Helga al ser recibida por su hermana mayor, Olga, por alguna razón, le daba mala espina a la Pickles.

"¡Hermanita Bebé, por fin estás expandiendo tu circulo social!" Olga le dio otro abrazo a Helga. Angelica notó que su compañera/rival ya tenía lista su expresión de ira asesina, y se sorprendió un poco al notar que Olga no se daba cuenta o ignoraba esto, e incluso las invitó a pasar a ella y a Phoebe. La Pickles pensó en rechazar la oferta con educación pero la mirada rápida que le echó Phoebe la convenció de aceptar; la pequeña genio sabía el efecto que Olga tenía en su amiga, y no era mala idea estar cerca para ayudar a Helga a mantener la paciencia.

"Terminé con la cocina, Olga; podemos cocinar la cena en cuanto gustes." Miriam se acercó a su hija mayor, sonriendo, y con una disposición tan activa que, en ella, era tan rara como un oso polar en Australia.

"¿Por fin le conectaron la batería o qué?" Angelica murmuró a Phoebe; esta era la primera vez que la Pickles había visto así a Miriam, pues incluso en el espectáculo de talentos, aunque contenta, la señora todavía se veía algo somnolienta. Bob salió de la sala y se acercó al grupo, frunciendo el ceño al ver a Helga.

"¿Dónde has estado, jovencita? Sabes que toda la familia debe estar presente siempre que Olga viene de visita."

"Hubiera estado aquí, Bob, si me hubieras avisado." Helga gruñó.

"Ah, de seguro se te olvidó." Bob respondió. "Cómo sea, cámbiate esa ropa y ayuda a tu hermana con la cena; será buen ensayo para la de Día de Gracias."

Helga se puso pálida, sabiendo que esto arruinaría su cita. Phoebe y Angelica intercambiaron una mirada rápida y la Pickles aclaró su garganta para llamar la atención del hombre.

"Buenas tardes, Señor Pataki."

"Sí, qué… oh, Angelica." Bob tragó saliva y vio a la rubia y a Phoebe. "Disculpa, no te había notado a ti ni a la otra niña; ¿es nueva por aquí?"

"Oh, Papi, que gracioso eres." Olga soltó una risita. "¡Pretendes que no conoces a Phoebe después de todos estos años que ha sido la mejor amiga de Helga!"

Bob miró a Olga con una sonrisa nerviosa, mientras Helga sentía un ligero alivio; por mucho que le molestaran las visitas de su hermana, siempre se entretenía mucho al ver los esfuerzos de Bob por mantener su imagen de padre modelo en frente de Olga.

"Y yo que pensé que Pataki exageraba cuando me dijo que sus padres la ignoran." Angelica frunció un poco el ceño; nadie, incluyendo mascotas y Helga, merecía esta falta de atención.

"No hay problema, Señor, pero, y espero que no le moleste, Helga y Phoebe ya tienen planes, y desafortunadamente no los pueden cancelar." Angelica le explicó a Bob; Phoebe continuó.

"Así es, y debido a esta infortunada falla en su comunicación interpersonal y dinámica familiar, ella se encuentra en la incómoda posición de no poder convivir con sus familiares por el momento."

Bob, que no entendió ni la mitad de lo que dijo Phoebe, intentó defender su postura.

"Eh… bueno… ¡ella debió pedir permiso!"

"Lo hice, Bob; es más, hasta lo grabé en caso de que se te pasara." Helga dijo, con una pequeña sonrisa pícara que Angelica y Phoebe notaron, y luego, cargando su mochila de gimnasio, empezó a subir las escaleras. "Esperen un momento en lo que busco la grabadora."

Bob iba a decir algo pero estaba muy ocupado tratando de recordar cuando y si es que dio ese permiso; Miriam sonrió a las chicas y se disculpó para ir a la cocina y empezar a prepara la cena mientras que Olga conversaba con Phoebe y Angelica.

"Entonces, chicas, disculpen por entrometerme, ¿pero que han estado haciendo con mi Hermanita Bebé? Noté que huele un poco sudorosa y lo mismo tú, Angelica."

"Helga y yo estamos tomando clases de karate." Apenas Angelica dijo esto, Olga palideció, casi en shock, y volteó a ver a su padre.

"¡Papi, ¿cómo puedes dejar que mi Hermanita Bebé aprenda algo tan brusco?! ¡Se va a lastimar!"

"Nunca le di permiso para eso… es decir… el karate no es adecuado para las señoritas…" Bob intentó su mejor tono paternal hasta que Angelica lo interrumpió.

"Entonces, ¿yo no soy una señorita?" Angelica fingió su mejor cara de indignación.

Bob se quedó paralizado, dándose cuenta que posiblemente había ofendido a la hija de sus socios; lo peor fue que ahora podía medio-recordar a Carlota y Drew comentando esas clases que sus hijas tomaban juntas, así que no podía usar esa excusa de 'no di permiso' sin parecer un padre terrible o un tipo olvidadizo y poco confiable.

"Bueno… nunca he desaprobado los deportes…"

"¡Papi!" Olga exclamó, y Bob se sintió entre la espada y la pared, en otras palabras, entre su hija favorita y sus obligaciones como hombre de negocios. Por mucho que Angelica disfrutaba esta escena, Phoebe pensó que no era adecuado dañar la imagen del hombre enfrente de la hija que lo respetaba, incluso si él tenía la culpa de que su otra hija no sintiera lo mismo.

"Olga, comprendo tu preocupación por Helga," Phoebe llamó la atención de la muchacha, "pero el karate es mucho más que una manera de lastimar al prójimo; como el Kendo y las artes marciales en general, es una tradición milenaria que inculca disciplina y autocontrol a la vez que provee una saludable actividad física y entrenamiento en defensa personal."

"Bueno… no quiero ser irrespetuosa con tu herencia cultural, Phoebe, pero creo que el ballet, el tenis o la costura son actividades más adecuadas para mi Hermanita Bebé. Ya es bastante malo que le permitamos tener esa lagartija como mascota; ¿por qué no un lindo hámster o un melodioso canario?" Olga respondió; Phoebe hizo lo posible por no suspirar ni girar los ojos mientras que Angelica miró a Olga con cara de '¿qué onda con esta chava?'.

"¿Acaso no conoce a su propia hermana? ¿Esta chica es o se hace?" Angelica se puso al lado de Phoebe.

"Mira, Olga… ¿puedo llamarte por tu primer nombre, verdad?" Angelica esperó a que Olga asintiera. "Obviamente te preocupa la seguridad de tu hermana, o eso pretendes…"

"¡Claro que me preocupo!" Olga estaba tanto aturdida como indignada por la insinuación.

"Entonces, ¿por qué quieres negarle una oportunidad de aprender a defenderse en caso de que alguien quiera lastimar su cuerpo o su dignidad? Disculpa que te diga estas impactantes noticias, pero tu familia vive en una ciudad más o menos grande, e incluso la ciudad más segura tiene pandillas, ladrones, carteristas y mimos callejeros; claro que tu hermana sabe como cuidarse, pero ¿no te sentirías más segura si sabes que, en caso de que termine metiéndose en un problema del que no pueda escapar, tenga la opción de protegerse a sí misma?"

"Oh… ¡cielos, tienes razón! ¡Sería tanto como prohibirle a un niño de Alaska que aprendiera a acampar o a pescar!" Olga exclamó, sorprendida por la revelación; Bob aprovechó este momento y se acercó a su hija.

"Si, lo sé, es por eso que aprobé que tomara esas clases; me preocupa la seguridad de tu hermana. No te dije nada y pretendí ignorar todo el asunto porque pensé que no te gustaría la idea."

"¡Ay, Papi, eres tan lindo!" Olga le dio un pequeño abrazo a su padre mientras Angelica y Phoebe giraban los ojos.

"Soy experta en mentirosos, Phoebe, y puedo decirte que este tipo es de los peores y más obvios." La rubia murmuró a la pequeña genio, quién suspiró y asintió; ambas se preguntaban si Olga de verdad le creyó a Bob su mentirota o si simplemente estaba siendo amable con su padre. En ese momento, Helga bajó las escaleras, con una pequeña grabadora en la mano, y cargando tanto su mochila de gimnasio como la de la escuela.

"Encontré la cinta; escuchen." Helga prendió la grabadora, y todos pudieron oír su voz y la de su padre.

"Papá, Phoebe y yo vamos a salir con unos amigos mañana después de mi clase de karate, y voy a pasar la noche en casa de ella. ¿No hay problema?"

"Oh, si, está bien, Olga."

"Soy Helga, Papá."

"Eso dije; puedes salir con tus amigos. Ahora, ve y tráeme más queso para mis nachos."

Bob se impresionó al escuchar su propia voz; ¡realmente había dado el permiso y ahora no lo recordaba! Y además, aparentemente, su hija menor pidió el permiso el día anterior, cuando él y Miriam ya sabían que Olga llegaría a casa antes que de costumbre.

"Papi, de verdad se te olvidó." Olga sonrió. "Parece que Mami y tú han estado muy ocupados."

"Si, él ha estado ocupado gritando y ella juntando polvo." Helga pensó mientras se acercaba a la puerta y le hacía una seña a sus compañeras para que la acompañaran.

"Ya nos vamos Bob; nos vemos, Olga, y no te preocupes, que mañana les ayudaré a Mamá y a ti en la cocina. Ah, y no alimenten a Zilla; le di un buen desayuno, y, a juzgar por las plumas de paloma que le acabo de ver en el hocico, ya cenó." Helga le dijo a su familia mientras que Angelica y Phoebe se despidieron también; el trío salió de la casa sin notar la cara nauseosa que Olga puso cuando escuchó lo que el lagarto había comido.

"¿Segura que no eres adoptada, Pataki?" Angelica le preguntó a Helga en cuanto estuvieron en la calle. "Sé que hay hermanos que son totalmente diferentes entre sí pero ustedes dos… ¡parece que tu te quedaste con toda la agresividad y ella con suficiente dulzura para causarle diabetes a Winnie Pooh!"

"¡Y me lo dices a mí!" Helga gruñó mientras señalaba su ropa. "Lo peor que ahora tendré que ir a la cita con mi ropa normal; lo más que voy a poder hacer es bañarme en casa de Phoebe para no apestar a sudor."

"¿No pudiste seleccionar un cambio de atuendo, Helga?" Phoebe preguntó.

"No; apenas tuve tiempo de revisar que Zilla estuviera bien, agarrar mis cosas de la escuela, y guardar mi pijama en la mochila para poder dormir en tur casa y prepararme mentalmente para soportar a Olga toda la semana."

"Oh, vamos, Pataki, tuviste tiempo más que suficiente para elegir una ropa más o menos decente." Angelica señaló.

"¡Oye, tuve que buscar mi grabadora para hacer ese mensaje falso!"

Angelica y Phoebe se detuvieron, sorprendidas.

"No pensaron que realmente grabo mis conversaciones con mi padre, ¿verdad?" Helga sonrió maliciosamente; se aclaró la garganta e imitó la voz de Bob. "Oye, Miriam, quiero mi cena; o, y manda a la niña a comprarme unas sodas porque ya va a empezar 'La Gran Rueda' y quiero ver mi nuevo comercial."

"Pataki… eso fue… odio decir esto… ¡eso fue genial!" Angelica rió a carcajadas mientras que Phoebe se tapaba la boca para tratar de evitar hacer lo mismo.

"Helga, tu habilidad es más que sorprendente."

"Gracias, querido público… y Pickles." Helga, ya con su voz normal, hizo una pequeña reverencia.

"Una pregunta; ¿por qué dijiste que sólo saldrían con unos amigos en vez de decir que tendrás una cita con tu 'Cabeza de Balón'?" Angelica hizo una imitación aceptable de la voz de Helga al decir la última parte.

"Porque, Ignorelica, en caso de que no lo notaras, a mis padres no les importa si tengo novio o no, pero Olga haría un escándalo de todo esto, y antes de darme cuenta me arrastraría a todas las tiendas para comprarme la ropa 'adecuada', una tonelada de maquillaje, y luego insistiría en darme 'consejos de hermana mayor'. No, gracias; prefiero discutir mis asuntos personales con mi novio, o con una amiga como Phoebe, una mascota como Zilla, o una especie sin identificar como tú, Pickles." Helga meneó la cabeza. "Bueno, Phoebe, mejor vámonos; te vemos luego, Pickles, y si quieres hacerme un favor y saltar de un puente o en frente de un autobús, adelante."

"De hecho, Pestilente Bebé, pensaba en otro favor." La expresión de Angelica hizo que Phoebe y Helga se detuvieran. "Personalmente, no me importa si te vistes con un costal de patatas o un barril de vecindad, Pataki, pero incluso si Arnold tiene un gusto terrible para las chicas, él se merece que su cita se vista como un ser humano."

"¿Qué hay en esa madriguera que tienes por cerebro, Comadreja?" Helga arqueó su ceja; Angelica sonrió y llamó a alguien por celular.

"Hola, Rhonda; ¿puedes venir a mi casa y traer algo de tu ropa? Vamos a hacer un trabajo de caridad." Angelica miró burlonamente a Helga. "Más bien, es un milagro en potencia."

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"¿Alguien podría recordarme por qué accedí a esto?"

"Porque no quieres que tu novio salga con alguien que parece espantapájaros, incluso si tienes toda la pinta." Angelica contestó mientras miraba detalladamente a Helga. "Buena selección de ropa, Rhonda."

"¿Qué puedo decir? Mi guardarropa es tan elegante y exquisito que puede hacer que hasta Helga se vea bien." Rhonda dijo en su usual tono engreído.

"Bueno, verse 'bien' es una exageración; digamos que Pataki se ve 'apropiada', y eso ya es bastante." Angelica y Rhonda rieron mientras que Helga las miraba con molestia.

"Muy bien, Par de Urracas, ya se divirtieron; ahora, déjenme ver que tanto desgraciaron mi persona." Helga las hizo a un lado para verse en el espejo de la Pickles.

"Más de lo que ya te desgració La Madre Naturaleza, imposible." Angelica giró los ojos; esta vez, Helga no contestó debido a la impresión.

Angelica y Rhonda, sabiendo que a Helga no le gustaba usar mucho maquillaje o accesorios, y que a Arnold le gustaba su aspecto natural (el cual, pese a las burlas de Angelica y Rhonda, incluso ellas admitían que no estaba tan mal), se enfocaron en el peinado y el vestuario. En cuanto la Pickles le dijo a Rhonda quien necesitaba un cambio de imagen, la morena no tuvo mayor problema en seleccionar la vestimenta adecuada, sabiendo que ella y Helga eran más o menos de la misma talla, así que, con la ayuda de su chofer, pudo llevar las ropas elegidas a casa de Angelica en un solo viaje y sin hacer mucho bulto. Cuando terminaron con ella, el cabello de Helga caía libremente sobre sus hombros, con una pequeña pinza con forma de moño rosa para que no le cubriera la cara; su vestido era uno que Rhonda ya consideraba desechar por ser pasado de moda (o sea, lo había comprado hacía dos meses) y le quedaba bastante bien; era rojo, sin tirantes, con líneas plateadas a los lados, y le cubría hasta justo encima de la rodilla; Angelica le pidió prestado un par de zapatos negros a su madre, pues los pies de Helga eran un poco más grandes que los de ella o Rhonda así que no podía usar su calzado, pero el de Carlota le quedaba más o menos cómodo; Angelica añadió el toque final con un collar de lazo negro con una perla falsa enfrente.

"Hey, nada mal." Helga admitió. "No es tan aniñado ni tampoco informal… me gusta."

"Ya es oficial, Rhonda; podemos empezar un negocio como estilistas caninos." Angelica medio-bromeó.

Phoebe entró en la habitación en ese momento, vistiendo un vestido azul sin mangas, guantes que le cubrían hasta el codo, y con su cabello recogido al estilo japonés. Las chicas habían recogido su atuendo en casa de Phoebe de camino a la de Angelica, y le ayudaron con su peinado antes de trabajar con Helga.

"¡Helga, te ves fabulosa! Arnold se va a quedar sin habla."

"¿Qué puedo decir? Por fin le encontré un uso a las Muñequitas." Helga señaló a Angelica y Rhonda pero luego les sonrió. "Pero, ya en serio, gracias por la ayuda, y también por el vestido, Rhondaloide; me queda como guante."

"Lástima que no te quedó como vestido." Todas ignoraron la broma de Angelica por el momento.

"No lo estaba usando más, así que ¿por qué no dárselo a alguien menos afortunada?" Rhonda contestó en su tono engreído de siempre antes de cambiar a uno más casual y amistoso. "Y tienes razón, Helga; se te ve muy bien; consérvalo si quieres." La expresión de agradecimiento de Helga se volvió mucho más obvia.

"Qué bueno, porque, por mucho que quiero ayudar a Arnold, no te iba a prestar un vestido mío, Pataki." Angelica se cruzó de brazos. "En primer lugar, como eres más alta que yo, casi nada de mi ropa te quedaría, y en segunda, si ese fuera el caso, tendría que incinerar el vestido cuando me lo regresaras."

"¿Quién querría usar ropa que tú ya has tocado?" Helga frunció el ceño.

"Pues, para empezar, mis vestidos no te causan comezón a menos que les eches algo encima." Angelica respondió; Phoebe se sintió incómoda de repente.

"Uh… Angelica, me parece que habíamos acordado en no volver a mencionar esos incidentes, inmaduros aunque divertidos desde el punto de vista de Helga y el propio, relacionados con las bromas que hicimos en tu contra."

"No; accedí en perdonar, pero no en olvidar." Angelica se tocó la frente con el índice. "Y yo tengo memoria de elefante."

"Y peste de puerco, lengua de víbora, temperamento de toro loco, cerebro de pulga…" Helga giró los ojos; Rhonda y Phoebe rieron pero se prepararon en caso de que las rubias empezaran a pelear.

"¿Eso es lo que quieres para Navidad, Pataki? Porque ya tienes la mayoría." Angelica respondió. La discusión que se avecinaba fue interrumpida por Carlota tocando la puerta.

"Angelica, ya llegaron las citas de tus amigas."

Helga y Phoebe revisaron su aspecto una última vez; Phoebe había llamado a Gerald y Arnold para decirles que Angelica y Rhonda las ayudarían a alistarse para la cita así que tendrían que recogerlas en casa de los Pickles. Claro que esto sorprendió un poco a Gerald pues aunque Helga parecía estar en mejores términos con Angelica todavía peleaban mucho, y la Pataki nunca había sido muy amiga de Rhonda, pero cuando Phoebe le explicó que la casa de Helga estaba un tanto concurrida de momento con la visita de Olga, y que además Angelica vivía cerca del restaurante donde tendrían la cita, el muchacho lo entendió.

Arnold, en su mejor traje negro, y Gerald, vistiendo uno azul marino, estaban charlando con el padre de Angelica cuando Helga y Phoebe bajaron la escalera; los chicos quedaron boquiabiertos, y si hubieran sido dibujos animados de Tex Avery los ojos les hubieran crecido como bolas de boliche.

"Helga… te ves… bueno… tú siempre te ves muy bien, pero…" Arnold luchó por recuperar el habla hasta que Helga le habló en su tono normal.

"No babees tanto, Cabeza de Balón; no quieres empezar El Diluvio antes de construir El Arca, ¿verdad?"

Arnold se relajó inmediatamente y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro mientras Helga hacía lo posible por no empezar a babear también. Incluso si ella era mucho más amable estos días, sobre todo con Arnold cerca, la chica todavía era tan sarcástica y burlona como siempre, lo cual estaba perfecto para él, pues Arnold amaba ambos aspectos de Helga, la chica romántica y amorosa que hacía que Arnold se sintiera en las nubes cuando lo besaba, y la ruda e ingeniosa que la hacía tan interesante en primer lugar.

"A juzgar por tu reacción, supongo que encuentras mi aspecto… agradable." Phoebe le dijo tímidamente a Gerald, el cual finalmente reaccionó y contestó en un tono mitad-encantador, mitad-asombrado.

"No sólo 'agradable', Phoebe; y yo que pensaba que era imposible que te vieras más linda de lo que ya eres." El comentario de Gerald la hizo ruborizar, e inmediatamente se sonrieron tiernamente el uno al otro.

"Si, si, esto es muy lindo y todo pero esta es mi sala, no una telenovela." La voz de Angelica hizo que las parejas reaccionaran a su presencia; Rhonda y los padres de Angelica estaban riendo un poco y sonriendo ante la escena.

"Tenías que ser tú la que arruinara el momento." Helga miró molesta a Angelica antes de dirigirse a los adultos. "Gracias por sus atenciones; nos retiraremos ahora."

Arnold y la otra pareja agradecieron y se despidieron también, dejando la casa un momento después; antes de irse, Angelica notó una rápida sonrisa de agradecimiento de parte de la Pataki.

"Eso trae algunos recuerdos de vuelta, ¿no crees?" Drew sonrió amorosamente a Carlota, quién contestó del mismo modo; Rhonda y Angelica sintieron escalofríos al verlos.

"¿Quieres ir a mi cuarto a criticar los últimos modelos?" Angelica murmuró a su amiga.

"Claro; nos merecemos nuestra recompensa después de un trabajo de caridad tan agotador." Rhonda respondió. Las chicas fueron a la habitación de Angelica después de avisarle a los Pickles; tras varios minutos de típica charla de adolescentes, escucharon el teléfono pero, ya que los padres de Angelica contestaron y no le dijeron nada, asumieron que la llamada no era para ninguna de ellas, así que continuaron platicando hasta que Drew tocó la puerta.

"Adelante." Angelica volteó a la puerta; su padre entró y se veía contento. "¿Qué hay, Papá?"

"Tu madre y yo acabamos de terminar algunos arreglos por teléfono; para hacer la historia corta, ya casi terminamos con nuestros asuntos en Hillwood."

Angelica y Rhonda abrieron los ojos al máximo, sabiendo lo que esto significaba.

"¿Quieres decir…?"

"Si, Angelica." Drew asintió. "Pronto volveremos a casa."