-Muy bien-gruñó Alexander-, ¿se puede saber dónde estoy?

Se encontraba en medio del extraño bosque que había en Nanhai. Estaba sentado en la raíz de un enorme árbol que no había visto en su vida: la corteza verde tenía un leve tono amoratado y las hojas eran lilas y verde claro; de algunas ramas colgaban ramilletes de frutos parecidos a los mangos pero mucho más grandes y de color morado. El tronco era como siete hombres puestos en fila de ancho y unos treinta hombres de mediana estatura colocados uno sobre los hombros de otro de alto. Las raíces sobresalían de la tierra y las ramas podían aplastar a un carruaje entero si se llegaban a caer.

Estaba enfadado. Muy enfadado. No tenía ni idea de cómo salir de allí y tampoco sabía porqué Inwa había salido corriendo de esa forma. Notaba la cabeza embotada y tenía frío. Se frotó los brazos, los costados, la cara y las manos para entrar en calor, pero no lo consiguió. Se encontraba mal. Necesitaba a esa muchacha, puesto que no sabía como podía mejorarse. Se apoyó en el tronco y suspiró. Cerró los ojos y al poco tiempo se quedó profundamente dormido.

.............................................................................................................................................

-¿Se puede saber qué estás haciendo?-preguntó Kimara con voz fría. Había pasado por delante de la puerta de Christian y lo había visto haciendo un pequeño fardo con un par de cosas. Lo imprescindible. Había entrado en el cuarto del chico sin llamar y se encontraba de brazos cruzados, muy enfadada.

-Me voy. ¿A caso te molesta?

-¡Sí! ¿Piensas dejar sola a Victoria, o qué? ¡Serás traidor! ¡Después de todo lo que ha hecho por ti, vas y la abandonas cuando tiene problemas! ¿Pero qué te has creído? ¡SE NOTA QUÉ ERES UNA SERPIENTE ASQUEROSA QUE SE ARRASTRA Y SE ESCONDE CUANDO NO QUIERE METERSE EN PROBLEMAS! ¡ERES DESPRECIABLE!- bramó la semiyan fuera de sí. El shek la escuchó imperturbable. Cuando hubo terminado, le respondió con una voz fría como un témpano.

-Lo que yo haga o deje de hacer es asunto mío. ¿Queda claro? No intentes amedrentarme- después de eso, siguió haciendo la maleta tan tranquilo. La muchacha apretó los puños y se mordió el labio, furiosa. Se dio la vuelta con orgullo y salió con la cabeza bien alta. Cuando cruzó una esquina salió disparada. Bajó corriendo por las escaleras hacia donde se encontraba la habitación de Victoria y, con ella, Jack.

Por el camino se cruzó con Qaydar y casi lo tiró.

-¡¿Pero a dónde vas así?!-le gritó exasperado. Ella no le respondió y siguió su camino sin remitir la velocidad. El archimago sacudió la cabeza y siguió subiendo poco a poco. Le dolían los huesos por la edad y la proximidad del mar. Había mucha humedad en el ambiente-¡Ay!-suspiró- ¡Me estoy haciendo viejo!

.............................................................................................................................................

Kimara corrió por el pasillo y derrapó delante de la puerta de Victoria. Apenas podía controlar su acelerada respiración. Se puso una mano en el pecho y se relajó un poco antes de llamar a la puerta.

-Adelante-dijo el joven dragón desde dentro. Ella abrió suavemente y se acercó a él. Estaba sentado en la cama junto a Victoria. Levantó la vista al verla y le dedicó una de sus sonrisas. La semiyan sintió que su corazón volvía a acelerarse, pero se serenó. -¿Qué quieres, Kimara?

-Vengo... a decirte...-relajó su respiración y suspiró- que...Que el shek piensa marcharse. Lo he visto preparar la maleta.

-¡¿QUÉ?!- exclamó, alucinado. Respiró intentando calmarse y se levantó con los puños crispados- Mira, Kimara, yo voy a ver que diablos piensa hacer y tú quédate aquí cuidando de Victoria, por favor. ¿De acuerdo?

-Sí, Jack.

-Bien. Ahora vuelvo.

El muchacho salió al pasillo cerrando la puerta tras de sí; después, salió corriendo por el camino que Kimara acababa de recorrer. Se encontró con Qaydar también en la escalera. Como este acababa de llegar al último escalón, Jack pasó por su lado provocando que diera una vuelta sobre sí mismo.

-¡Lo siento!-le gritó Jack sin volverse.

-¡PERO ES QUÉ AQUÍ NADIE VA TRANQUILO! ¡TODOS CORRIENTO! ¡TODOS CON PRISA! ¡POR LOS DIOSES, ME VAN A MATAR CON TANTAS CARRERAS! ¡VAMOS A VER: QUÉ NO TENGO 15 AÑOS!- bramó furioso mientras giraba.

El chico-dragón no paró hasta llegar al pasillo del cuarto del shek. Disminuyó para ir relajándose y entró sin llamar. El shek no estaba allí.

-Será hijo de...-murmuró, enfadado. Salió se allí y se dirigió hacia el mirador, que era el sitio donde su instinto le decía que estaba. Llegó justo cuando se hiba atransformar en shek.

-¡Eh, tú! ¿Se puede saber a dónde diablos vas?

- Eso a ti no te importa. Es asunto mío. ¡Ah!, y deberías replantearte lo de la semiyan. Parece que tenéis telepatía. Ambos decís lo mismo.

-Mira...-dijo levantando el dedo y cerrando los ojos-. Aggggrrrrrrr....-gruñó-¿Me quieres contestar?

-¿Por qué tengo que hacerlo?

-Porque ya que no le puedes dar una explicación a Victoria de porqué la abandonas, dámela a mí- respondió con voz seca. Christian lo miró con ojos de hielo y le contestó:

-Voy a Nanhai. Tengo que ordenar mi mente. Hay cuestiones que tengo que resolver y alguien a quien investigar.

-¡Ja! Así que te vas a encontrar con la mujer del otro día, ¿no? Increible-rió-. Bueno, allá tú. Tus actos quedan en tú conciencia, no en la mía. ¡Qué te lo pases bien!-le gritó antes de empezar a bajar las escaleras. El shek lanzó una media sonrisa al aire y un beso mental a una Victoria inconsciente, varios pisos por debajo de él. Se concentró y cambió su cuerpo al de una serpiente alada gigante. Silbó y se lanzó al cielo, alejándose de la Torre de Kazlunn, de la Resistencia... y de Victoria.

..........................................................................................................................................................................

-¡Eh, tú! ¡Despierta!- le gritó una voz chillona al oído.

Alexander se despertó sobresaltado y miró a su alrededor. Se llevó la mano al cinto, pero Sumlaris no estaba allí. Añoró su espada, la cual se encontraba en la cabaña de Inwa. A su ladó, sobre una de las raíces del árbol, había un gato blanco de ojos con el iris extremadamente pequeño de color ambarino. Lo miró extrañado. No podía ser. Ese gato no le podía haber hablado. Lo ignoró y se levantó. Se estiró, puesto que se había quedado agarrotado y buscó una vía de escape.

-¿No me has oido?-dijo una voz similar a un maullido a su espalda. El joven volvió a dar un respingo y se volvió.

-Tú... ¿Tú me has hablado?-le preguntó al gato.

-Por supuesto. ¿Quién sino? ¿Ves a alguien más por aquí?

-No-replicó con dureza.

-¿Entonces?

-Mira, bicho, a mí no me hables con tanto descaro.

-Oye, que Inwa me ha enviado para que te "recoga" y vas tú y me tratas así. A ver si te voy a dejar aquí.

-Ni se te ocurra hacerlo.

-¿Y si lo hago?

-No serás capaz...

-¿Qué no?- dijo con cara de escepticismo. Se giró y saltó entre los arbustos silenciosamente.

-¡EH! ¡TÚ! ¡VUELVE! ¡¡¡¡¡GGGGGAAAAATTTTTOOOOO!!!!!

Se había vuelto a quedar solo. Una oleada de furia lo invadió desde su interior. El lobo quiso salir, pero se controló. Hizo unos ejercicios de respiración y se dejó caer de rodillas en la tierra mientras respiraba lentamente con los ojos cerrados. Los abrió y miró al cielo. Eso no le podía estar pasando a él. "Por favor, quiero salir de aquí ahora mismo... Quién me mandaría a mi a irme hacia Nanhai. Tendría que haberme dirigido hacia Kash-Tar..." La misma voz de antes, pero con un timbre distinto le sacó de sus pensamientos.

-Anda, sigueme. Sino fuera porque Inwa luego me iba a echar la bronca del siglo te dejaba quí-le dijo en tono despectivo. Ahora no era un gato, sino la bolita peluda de la primera vez.

-Tú eres ese tal...

-Cop, sí. Déjate de chachareos y sígeme en silencio, anda- saltó a unos arbustos y Alexander lo perdió de vista. Tenía buena vista, pero era demasiado pequeño.

-¡Espera! ¿No puedes hacerte más grande?- se había dado cuenta de que podía transformarse en cualquier cosa.

-No quiero. No me apetece. Mejor me subo a tu hombro y te doy instrucciones desde allí, que no tengo ganas de andar- dicho y hecho.

-Bueno, está bien....-repuso con el ceño fruncido. No le caía demasiado bien ese "bicho peludo". Aún así, no quiso decir nada y permaneció en silencio todo el camino, atendiendo a las instrucciones de Cop a regañadientes.