- Epílogo.

"Dios, me muero de hambre; ¿es mi imaginación o todas las aerolíneas hacen sus almuerzos con sobras de las cafeterías?" Angelica le dijo a Carlitos mientras él le ayudaba con su equipaje; más bien, el chico cargaba todo junto con todos los demás que ayudaban a mover el resto de las cosas dentro de la casa de los Pickles.

"No pudo ser tan malo, Angelica."

"Finster, lo más comestible que me dieron en el avión fue el tenedor de plástico." Angelica giró los ojos antes de echar una mirada a su vieja casa mientras abría la jaula de viaje de Pelusa, la cual salió y se estiró mientras su humana seguía hablando. "Este sitio se ve muy limpio para una casa que ha estado vacía tanto tiempo."

"Puedes agradecerle a Carlitos por eso." Tommy comentó mientras él y Phil llevaban unas cajas a la sala. "Al principio todos nos turnamos para limpiar la casa una vez a la semana, pero al final Carlitos terminó haciéndolo cada vez."

"Bueno… todo menos el jardín; eso se lo dejé a Harold; todavía no confío en mi mismo para usar una podadora motorizada." Carlitos se frotó la nuca mientras sus amigos rieron y Angelica meneó la cabeza.

"Finster, no tienes remedio; pero debo admitir que hiciste un buen trabajo." Angelica le sonrió mientras empezaban a subir las escaleras, con Pelusa avanzando delante de ellos. "Vamos, hay que llevar mis maletas a mi cuarto; yo luego las termino de acomodar."

"Apenas llegó y ya nos esta dando órdenes, ¿eh?" Phil murmuró a Tommy; ambos chicos soltaron una pequeña risa mientras que Carlitos, cargando dos maletas, seguía a Angelica.

"Por cierto, la última vez que limpié tu habitación le hice algunos cambios; espero que no te moleste." Carlitos le dijo, manteniéndose detrás de ella para que la chica no notara que tenía una expresión traviesa, sumamente rara en él.

"Mientras no hayas puesto papel tapiz de ositos o de aviones, puedo perdonar casi cualquier cosa." Angelica contestó mientras abría la puerta. "Habitación, dulce habitación."

La chica, impresionada, se detuvo en cuanto avanzó dos pasos dentro del cuarto; luego, empezó a aproximarse lentamente a su cama y empezó a sonreír al ver de cerca todas las flores que había sobre sus cobijas y la clásica caja de chocolates en forma de corazón sobre la almohada.

"Tenía un poco… bueno… no sabía como decirlo, así que… pensé que este era un buen modo." Angelica escuchó la suave y tímida voz de Carlitos y volteó para verlo con la cara totalmente roja y con una linda sonrisa nerviosa.

"Te doy un 10 por el esfuerzo y por el detalle del regalo de Navidad adelantado." Angelica dijo. "Y si esos chocolates tienen relleno de fresa o de moca, te subo la calificación a 12."

La rubia y el pelirrojo se quedaron viéndose uno al otro en silencio por unos momentos.

"Te diré qué; si eres lo bastante valiente como para decirlo, aquí y ahora, es casi seguro que mi respuesta va a ser un 'Si'." Angelica se cruzó de brazos.

"Nunca es fácil contigo, ¿verdad?"

"Viene con el paquete; la belleza, cerebro y actitud no son gratis, Finster."

Carlitos suspiró y respiró profundamente, juntando todo el valor y confianza que pudiera tener, mientras Angelica esperaba que fuera suficiente; afortunadamente, el chico nunca antes la había decepcionado.

"Angelica… cuando te fuiste… te extrañé mucho más de lo que te dije por los correos o por teléfono; bastante más. Para mi, tu eres más que una cara bonita o una amiga que disfruta molestarme de vez en cuando; eres… lista, fuerte, decidida, hermosa, astuta… también eres tramposa, ególatra y mandona, pero incluso eso es parte de tu encanto, y también lo extrañé. Me di cuenta de algo, y mejor te lo digo antes de que me gane el miedo otra vez… te amo, Angie, y lo he hecho desde hace mucho tiempo. Sé que no soy la gran cosa, pero si me aceptas, haré cuanto pueda para ser el mejor novio que puedas imaginar."

"Pues, creo que me merezco más." Angelica dijo en su tono orgulloso pero lo cambió de inmediato por uno increíblemente cariñoso. "Pero, ¿para qué quiero más si ya tengo lo mejor? Y eso es el chico más dulce y lindo que jamás he conocido… mi querido Carlitos Finster."

Angelica y Carlitos pusieron sus manos en las caderas del otro, y, tras unos segundos de expectativa, se besaron suavemente en los labios, aumentando el contacto en cuanto se sintieron más cómodos y realmente empezaron a disfrutar del momento, con Pelusa como su único testigo mientras la gata se ponía cómoda en una silla, su lugar favorito en la habitación de su humana. Cuando el beso terminó, Carlitos tenía la expresión más feliz de su vida, y luego señaló al techo; Angelica, quién tenía una expresión similar, miró hacia arriba, sorprendiéndose y asombrándose cuando vio un poco de muérdago colgado de un hilo.

"Mi medida de emergencia en caso de que hubieras dicho 'No'." Carlitos explicó.

"Así que, sin importar lo que dijera, tú ibas a besarme… ¿te volviste más astuto estos últimos meses?" Angelica rió. "Nada mal, pero recuerda, la tramposa, mandona y vanidosa soy yo; tú limítate a ser el tranquilo, amable y tierno."

"Buena idea; de todos modos, los trucos son más tu estilo que el mío." El chico rió y la rubia hizo lo mismo después de un momento.

"Y no lo olvides; vamos, Carlitos, que tenemos más equipaje que subir." Angelica dijo mientras salan del cuarto, tomados de la mano.

"¿Acaso nos vas a ayudar?" El chico dijo en un tono juguetón.

"No presiones tu suerte, Finster." Angelica respondió del mismo modo. "Compórtate, y quizá después nos comamos esos chocolates juntos."

"Una chica linda y chocolates; no se puede pedir más."

"Créeme, habrá mucho más para nosotros." Angelica le dio un besito rápido en la mejilla mientras bajaban la escalera, ambos adolescentes irradiando felicidad. Tommy y Phil se sorprendieron al verlos así pero pronto cambiaron su expresión; ambos se veían contentos, pero Phil se notaba un poquito molesto también.

"Parece que tenías razón, Tommy; te debo 10 dólares."

X- X- X- X

"¿Puso flores en tu cama?" Helga rió mientras hablaba por teléfono.

"Si; claro que no son flores naturales, porque esas son muy caras en esta época." Angelica comentó, del otro lado de la línea, mientras sostenía una de las flores que había recibido el día anterior. "Pero el detalle fue muy lindo, y aunque normalmente no me gustan las cursilerías…"

"Ya sé; creo que nos podemos permitir ser un poco tontas y cursis con el chico adecuado." Helga se encogió de hombros. "Arnold es igual de romanticón a veces."

"Mira quién habla; tus poemas tienen tanta miel que me sorprende no estén llenos de hormigas."

"Pues a mi me sorprende que no estés rodeada de buitres y hienas todo el tiempo, con eso de que les encanta la carne podrida."

"No soy tan mala… en mis días buenos."

"¿Tienes días buenos?"

"Si, cuando no estás cerca para arruinarlos."

"Sabes, algún día las dos nos vamos a cansar de estas discusiones." Helga dijo, y ella y Angelica no dijeron nada por unos segundos hasta que dijeron a coro.

"¡NAH!" Ambas rubias rieron hasta que Angelica volvió a hablar. "Ya debo irme; mi Príncipe Colorado no tarda en llegar."

"Y mi dosis diaria de romance ya viene en camino." Helga miró por la ventana, sonriendo cuando vio a Arnold aproximándose a su casa con un regalo bajo el brazo. "Qué pases una feliz Navidad, Tonta Claus."

"Tú también, Pavo-Taki; espero que disfrutes las fiestas antes de que te arrolle el reno."

"¿Perdón?"

"Oye, es uno de mis deseos de Navidad; una chica puede soñar, ¿no?"

Helga giró los ojos y colgó antes de salir de la habitación, deteniéndose un momento para revisar sus regalos para Arnold, uno formal (guardado en una caja decorada) y una pequeña sorpresa; muérdago colgado del marco de su puerta.

"Si no supiera que es imposible, juraría que el tal Carlitos y yo planeamos esto juntos." Helga pensó mientras bajaba la escalera. Unos momentos después abrió la puerta y recibió a Arnold con un fuerte abrazo; los rubios se besaron inmediatamente aunque esta vez fue un beso corto (o sea, menos de dos minutos).

"Entonces, ¿me viste venir?" Arnold sonrió cuando dejaron de besarse; el chico se dio cuenta que no había necesitado tocar el timbre. Por supuesto, esto también los ayudó a evitar llamar la atención de los otros Patakis; Bob estaba en la sala trabajando en algunos contratos mientras que Olga y Miriam estaban en la cocina.

"Si, lo hice." Helga sonrió mientras aceptaba la caja de regalo con la típica nota de 'No abrir hasta Navidad' en ella. "Gracias, Cabeza de Balón; ahora, vamos a mi habitación para que te de mi regalo."

"Claro. Y, ¿qué hacías antes de que llegara?" Arnold le preguntó a la chica mientras subían la escalera. Helga se encogió de hombros.

"Oh, sólo hablaba por teléfono; creo que este año no voy a arrancar ninguna cabellera."

X- X- X- X

Doce Años Después.

Helga y Phoebe, ahora dos mujeres de 25 años, llegaron a un café y pidieron una mesa cercana a la puerta; Helga llevaba una chaqueta rosa oscuro y una falda roja que le llegaba a la rodilla, y su cabello caía graciosamente sobre sus hombros, mientras que Phoebe llevaba un conjunto azul modesto pero elegante, también combinación de chaqueta y falda semi-larga. Ambas eran sumamente atractivas, y la única razón por la cual los hombres solteros (y algunos casados) en el café no estaban invitándoles nada era por dos detalles muy notables; los anillos en la mano izquierda de cada una (el de Helga tenía una esmeralda y el de Phoebe un diamante), y el abdomen de Phoebe, ligeramente mayor que lo normal.

"Ya se retrasaron; no me sorprende tomando en cuenta quienes son." Helga dijo mientras giraba los ojos.

"Bueno, Helga, considerando que una llegó a la ciudad apenas esta mañana, y con quién se casó la otra…"

"Si, creo que tienes razón; me pregunto si Menselica aún recuerda como moverse por aquí."

"Oye, vine de visita hace menos de 3 meses," Helga y Phoebe escucharon una voz muy familiar, "y aunque no fuera así, siempre puedo percibir tu presencia maligna, Helgarabato."

Helga frunció el ceño un poco pero, al igual que Phoebe, cambió de inmediato a una sonrisa genuina al ver a Angelica aproximándose; la otra rubia, vestida en ropa de negocios color negro y púrpura, había crecido tan atractiva como sus amigas, y al igual que ellas, podía mantener a los hombres a raya con facilidad gracias a su propio anillo.

"Pensé que ya no llegabas, Pickles… digo, Finster." Helga rió mientras Angelica le daba un pequeño abrazo tanto a ella como a Phoebe antes de sentarse a la mesa.

"Bueno, créelo o no, hay veces que me gusta convivir con ustedes, incluso contigo, Pataki, digo… Dios, todos estos años y todavía se me olvida el apellido de Arnold."

"Ah, no te preocupes; siempre seré una Pataki sin importar cuanto intente lo contrario."

"¿Cómo están Carlos y los niños?" Phoebe preguntó a su otra amiga rubia.

"Muy bien, gracias; Cynthia ya empezó a caminar, y Charlie ya intenta imitarnos a mi marido y a mi cuando entrenamos."

"Yo todavía no puedo creer que le pudieras enseñar karate a tu pelirrojo." Helga comentó.

"Bueno, él quería aprender; aunque sabe que yo puedo defenderme sola, quiere estar seguro de que me puede apoyar y ayudarme en cualquier aspecto o situación; hasta ahora, ha sobresalido en todas las áreas." La cara de Angelica mostraba una expresión entre soñadora y pícara; después de tantos años, había logrado lo imposible… amar a Carlitos (o Carlos, como casi todos lo llamaban ahora) aún más que cuando eran adolescentes. Phoebe y Helga rieron un poco al ver su cara, sabiendo que lo mismo podía aplicarse a ellas y sus respectivos esposos.

"Parece que es cierto lo que dice la gente, Pheebs." Helga bromeó. "Los calmados son los peores."

"Yo iba a decir lo mismo acerca de Phoebe." Angelica comentó, mirando a su amiga de anteojos. "¿Cuántos meses, Johansen?"

"Cinco; los doctores dicen que será niña. La vamos a llamar 'Amy'." Phoebe sonrió.

"Tres niños en menos de cuatro años… mujer, ¿Gerald y tú nunca duermen?" Angelica bromeó, haciendo reír a Helga y que Phoebe levantara una ceja.

"Mira quién habla; me parece recordar que ustedes dos son las que nunca desaprovechan cualquier oportunidad para presumir la gran calidad de sus vidas amorosas y como disfrutan tanto la interacción sentimental como la física con sus respectivos conyúges."

"Ahí si nos agarraste, Pheebs." Helga admitió. "Sólo me alegra que ese 'pequeño incidente' que todas recordamos no tuviera un efecto mayor en las 'interacciones' o no hubiera tenido el resultado."

"Por otro lado, pude haberte ahorrado varios encuentros cercanos con pañales sucios." Angelica señaló.

"Si, casi hice una fiesta cuando mi hija aprendió a usar la bacinica." Helga meneó la cabeza, conservando una pequeña y cálida sonrisa. "Pero al final incluso los pañales y el insomnio fueron un precio muy pequeño; nunca pensé que pudiera ser más feliz con Arnold de lo que ya era hasta que tuvimos a Estela."

"Y yo pensé que no ibas a sobrevivir el embarazo." Angelica giró los ojos. "Que bueno que tu niña no heredó la cabeza del papá o de su abuela, o hubieras necesitado una cadera de acero."

"Cuida tu lengua, Cotorra, o tendrás que explicarle a tus hijos por qué su mamá regresó a casa con ojos de panda." Helga le mostró el puño a Angelica.

"Quisiera que lo intentaras, Pestelga." Angelica miró retadoramente a Helga. "Acabo de obtener mi cinturón negro de quinto grado."

"Mujer, para lo único que sirve el cinturón es para sostener el pantalón; bueno, supongo que eso significa que ahora eres un reto decente."

"¿Sólo eso? Vamos, Helga, por mucho que no queramos admitirlo, sabes que hasta ahora ninguna ha podido ganarle a la otra en ninguna pelea; ya sean insultos, karate, boxeo, luchas, o bolas de nieve, siempre terminamos en empate."

"Pues sí, aunque eso no significa que dejaremos de intentarlo, a menos que te hayas vuelto gallina." Helga sonrió burlona.

"Pues las gallinas como yo comemos lombrices como tú."

"Si, como no; la única razón por la que todavía no te gano en nada es porque ALGUIEN siempre hace trampa."

"No siempre; sólo si estoy perdiendo."

"O sea, todo el tiempo."

"Si recuerdo bien, no necesité ninguna trampa para casi mandarte a la sala de emergencias la última vez que subimos a un ring."

"Pero no me ganaste."

"Pero nos echamos los 5 rounds y nunca hice trampa; además, sólo empatamos porque quedamos en que para ganar había que noquear a la otra, y la verdad yo te pegué más veces."

"¿Y qué? Un golpe de los mios equivale a tres de los tuyos, y yo no necesito hacer trampas para hacerte pedir piedad."

"La única Piedad que voy a pedir es una enfermera muy buena que conozco, y sólo porque la vas a necesitar cuando termine contigo."

"Me pregunto como la llamarás si te arranco la lengua."

"Por favor, ¿no van a empezar a pelear aquí, verdad?" Phoebe giró los ojos aunque estaba sonriendo. "Me pregunto si alguna vez ustedes dos tendrán una conversación que no involucre insultos, gritos o amenazas."

"¿Y arruinar esta hermosa amistad?" Helga contestó, sonriendo.

"Entonces, ¿ya somos amigas?" Angelica miró astutamente a Helga. "¿Te pido un Arsénico en las Rocas, camarada?"

"Lo que gustes invitarme, amiga, siempre que lo pruebes tú primero." Helga contestó del mismo modo.

"No lo puedo creer; por fin se llamaron 'amiga' una a la otra y no lo grabé." Phoebe rió. "Rhonda va a hacer berrinche cuando sepa lo que se perdió."

"Y hablando de ella, ¿dónde está?" Angelica preguntó. En ese preciso momento, una hermosa morena en un elegante atuendo negro entró al lugar, saludando al grupo en cuanto las vio pero se detuvo cuando escuchó su celular. Las 3 mujeres en la mesa se encogieron de hombros y giraron los ojos, sabiendo quién era.

"Me sorprende que te deje ir sola al baño, Rhondaloide." Helga comentó.

"Disculpen, amigas; esto sólo tomará un momento." Rhonda contestó el teléfono; aunque por un momento se veía con un leve fastidio, cambió a una genuina cara contenta de inmediato. "Si, Curly, acabo de llegar; no hubo ningún problema. No, estoy bien; si, ya sé, pero salí de la casa hace menos de 10 minutos… claro que te amo, Loquito. Oh, Curly, sabes que no puedo enojarme contigo."

"Mejor ordenemos ahora; tengo el presentimiento que La Señora Demencia necesitará más que sólo un momento." Angelica dijo. Helga y Phoebe rieron hasta que sus propios celulares y el de Angelica también sonaron.

"Hay que aceptarlo, chicas; estos hombres no pueden vivir sin nosotras." Helga dijo mientras sacaba su teléfono.

"Y no nos gustaría que fuera de otra manera." Angelica añadió.

Y como pasaba más veces de lo que quisiera admitir, Helga debía reconocer que estaba de acuerdo con su mejor enemiga.

FIN.

¡Y eso fue todo! (Me parece que es el momento adecuado para un segundo 'disclaimer'.) Estás en lo cierto, Phoebe; adelante.

(Bien, como ustedes, los lectores, pudieron notar, además de los personajes de 'Oye, Arnold!' y de 'Rugrats Crecidos', tuvimos varias referencias y menciones de personajes de otras series, lo mismo que de películas, libros y del dominio público, así como segmentos musicales de varias canciones; nada de lo anterior es propiedad de Ramiro.)

Gracias, Phoebe. También, en la última escena, hay algunas referencias a las actrices de doblaje que brindan su voz a Phoebe y Angelica aquí en México. (Ciertamente; me honra saber que mi actriz de doblaje, Rosy Aguirre, también le dio su voz a Amy Mizuno/Sailor Mercuy en la serie de anime 'Sailor Moon'; obviamente, la referencia se dio en el nombre de mi hija. –se ruboriza- La Señora Aguirre también ha doblado a Bellota, de 'Las Chicas Super Poderosas', a Akane Tendo en 'Ranma ½', el joven Todd en la película 'El Zorro y El Sabueso', Cereza en el anime 'Saber Marionette', y muchos otros personajes.) Así es, y llamar 'Cynthia' a la hija de Angelica no sólo es una referencia a su muñeca favorita. (Y esa razón es Patricia Acevedo, quien también dobla la voz de Sasha Vortex, madre de Cynthia 'Cindy' Vortex en 'Jimmy Neutron'; otros personajes relevantes doblados por la Señora Acevedo son Serena Tsukino/Sailor Moon, protagonista del anime del mismo nombre; Lizzie de 'Los Chicos del Barrio'; Lisa, durante la mayor parte de la serie de la serie 'Los Simpsons'; Margaret y la Señora Mitchell en la primera serie animada de 'Daniel El Travieso'; Milk en las tres series de 'Dragon Ball', y Sarah Connor en las películas de 'Terminator', por nombrar algunos.)

Creo que con eso terminamos la historia, pero no con el fic; en poco tiempo tendré listo un capítulo extra que no está presente en la versión en Inglés de la historia, y espero les guste.

Gracias de nuevo a todos los que leyeron y comentaron la historia. (Ciertamente estamos agradecidos y apreciamos que leyeran esta obra de ficción, esperando que la disfrutaran tanto como nosotros al hacerla.) También quiero agradecer otra vez a Hellerick Ferlibay, quien sugirió la idea principal de la historia e hizo varios comentarios y correcciones. Gracias también a ti, Phoebe. (De nada, Ramiro, y arigato a ti también por elegirme como asistente.) Fue un placer; ahora, por favor, di la frase de despedida.

(Diciéndola; hasta luego a todos, y continúen con la buena escritura.)