Subasta
Disclaimer: Los personajes y la historia base, es decir, el mundo de Harry Potter, no me pertenecen, lo único que es de mi propiedad en todo esto, es la trama en la que se desarrolla el fic.
Pareja: Harry/Draco.
Tiempo: Futuro.
Género: Romance.
Resumen: Draco Malfoy, tras haber perdido toda su fortuna después de la guerra, se ve obligado a tomar una medida desesperada para ganar dinero: subastarse en un centro de solteros acaudalados.
Las cosas no parecían marchar tan mal, hasta el momento en que vio la mano levantada de su antiguo rival de colegio, Harry Potter, ofreciendo una suma de diez mil galones por su persona.
¿Qué planes tendrá Harry para Draco?
Autora: Aleiram
Subasta
"Lujuria"
Draco Malfoy se hallaba sumergido en una agradable bruma, flotando en algún lugar intermedio entre el sueño y la vigilia. El ronroneo de la bonancible voz junto a su odio y la suave música que surgía de algún lugar de la habitación, le habían despertado, pero lentamente volvía a quedarse dormido, mecido por aquellos murmullos en su oreja, que percibidos por su inconsciente, sonaban como el canto versátil de un ángel.
Cuando los susurros cesaron, un repentino silencio invadió la recamara, provocando el abrir de sus ojos una vez más. Fue asaltado entonces por la incomoda sensación de una tela tersa y oscura impactando contra su rostro. Más eso no fue lo que le hizo saltar a continuación, sino el sugerente toque de un par de manos calientes y callosas masajeando sus testículos.
Se sacudió violentamente, buscando alejarse de aquel contacto poco sutil; pero sus tratativas fueron en vano, ya que sus brazos y piernas se encontraban sujetos a la cama.
Sus manos estaban atadas sobre su cabeza, y sus piernas amarradas, extendidas y aseguradas a los costados. Una capucha de seda negra cubría su cara, dejándole totalmente vulnerable y desnudo frente a su captor. Quiso gritar y exigir a quién fuera que estuviera tocándole, que dejara de hacerlo; pero de su boca, pese a que gritaba fervientemente, no salía sonido alguno.
Su cabeza estaba hecha un caos. No tenía idea dónde se encontraba ni con quién. Su mente era un torbellino de recuerdos. Podía verse a sí mismo cenando con Potter, hablando ─dentro de lo humanamente posible entre ellos dos─ con el Gryffindor, y tomando un helado con él; pero después de eso todo perdía sentido y los recuerdos se volvían oscuros y confusos.
Pegó una nueva sacudida cuando las manos se alejaron de sus genitales y se situaron sobre su pecho, acariciando con maestría el tórax; subiendo y bajando desde el cuello hasta donde el ombligo perdía su nombre.
Sintió como sus pezones se pusieron duros inmediatamente, pidiendo atención. El cuerpo de los hombres era tan débil cuando de placer se trataba, que se odió por ello.
Se movió de nueva cuenta, como señal de no estar disfrutando aquello. Era un pedido mudo para que dejasen de tocarlo; mas todo movimiento en su cuerpo cesó cuando sus pezones erectos obtuvieron finalmente lo que buscaban. Los pulgares del otro sujeto, que sin duda alguna debía tratarse de Potter ─O por lo menos eso pensaba Draco─, se posaron sobre sus pezones, y comenzaron a masajearlos en círculos con las yemas.
Draco dejó escapar, inconscientemente, un gemido bajo. Se mordió instintivamente la lengua para no permitir que otro sonidito igual brotara de sus labios, y volvió a sacudirse. Era más un acto reflejo que otra cosa, pues muy en el fondo sabía que sin varita no tenía posibilidad de hacer nada que no fuera gimotear y pedir que lo soltasen; cosa que él por supuesto, no haría.
En el pasado, siendo un niño, quizás lo hubiera hecho porque temía al dolor y detestaba no ser él quien controlara las situaciones a su alrededor; pero en la actualidad, las cosas habían cambiado y por mucho nerviosismo y miedo que sintiera, no pediría clemencia, mucho menos tratándose del chico dorado. Si era necesario tragarse la lengua, lo haría. Aunque por como estaban las cosas, intuía que llegar a tanto no sería necesario, ya que por lo visto le habían dejado imposibilitado de hablar, excepto para gemir, claro.
─ ¿Te gusta así, Malfoy? —Le preguntó de pronto el otro, con voz espesa. Ya no había dudas, se trataba de Potter. Draco podría reconocer su voz en cualquier parte del mundo y sin necesidad de verlo a la cara. Ese maldito Gryffindor de pacotilla. Se preguntó si aquella sería la honorabilidad Gryffindor de la que tanto hablaba la gente. ¿Serían todos iguales a él? ¿Acostumbrarían a atar a sus enemigos y toquetearlos cuando se les diera la gana? ¡Maldito Potter!; posiblemente no; seguro sólo él lo hacía. Únicamente el chico dorado era capaz de hacer algo tan descabellado como aquello ¿Y todo para qué? para destacar entre montón; para acaparar la atención del mundo mágico. El cretino no debía soportar que ya nadie hablara de él.
─ ¿Quieres que te quite la capucha? –preguntó entonces el moreno mientras delineaba su cuello con un dedo, provocándole ligeras y estremecedoras cosquillas.
Draco se revolvió violentamente por cuarta vez desde que había despertado. No quería que Potter lo siguiera tocando, y menos que le provocara "esas" cosquillas.
─ ¿Es eso un sí? –preguntó el moreno a su oído, aprovechando la cercanía para lamerle el lóbulo.
El cuerpo del rubio se endureció de una manera rara; Para luego volver a la normalidad, como si hubiera meditado algo y decidido desechar la idea totalmente.
Como respuesta a la pregunta de Harry, gimió afirmando.
Por un microsegundo, Draco había pensado en dejarse someter, permitir que Potter le hiciera lo que quisiera para terminar de una maldita vez con todo aquello. Pero después, analizando fríamente la situación, decidió que bajar los brazos tan pronto no era la solución. No iba a rendirse tan fácilmente. Quizá no pudiera hacer nada para liberarse, pero prefería poner resistencia, y no entregarse voluntariamente a disposición del Gryffindor.
De pronto, la capucha fue desanudada y levantada de tal modo sobre su cabeza, que su boca, nariz y ojos, quedaron libres de la tela. Lo primero que vio al ya no contar con la intromisión de la capucha en su visual, fue a un risueño Harry, que le miraba como si acabase de cometer una travesura. Sus ojos lucían brillantes y más verdes que nunca, velados tras el cristal de las gafas; y por alguna estrambótica razón, aquello provocó en Draco una vaga vibración que le recorrió toda la columna vertebral.
─ ¿Feliz? –preguntó el moreno, sentándose a horcajadas sobre su pelvis.
Malfoy rugió, fastidiado.
Harry no pesaba mucho, incluso el estarse sosteniendo de los barandales de la cama hacía que su peso sobre el rubio fuera mínimo. Pero a Draco no era eso lo que le molestaba, sino la incomodidad de la situación. Tener a un Harry Potter totalmente desnudo, sentado a horcajadas sobre él, también desnudo, era demasiado surrealista como para no hacer nada.
Fue por ello, y llevado por su impaciencia, que decidió moverse para ver si el Gryffindor entendía la indirecta y se bajaba de encima. Pero lamentablemente, y ya siendo muy tarde para arrepentirse, agitarse de la manera en que lo hizo no fue la solución al problema, pues los movimientos ocasionaron que su entrepierna quedara en contacto directo con los muslos y nalgas de Potter; logrando que la temperatura en su cuerpo aumentara un veinticinco por ciento.
Se pasó la lengua por los labios resecos y dejó escapar un suspiro resignado. Podía sentir como "algo" caliente, húmedo y pesado impactaba contra su abdomen cada vez que hacía algún movimiento. No quería ni imaginar qué era "ese algo", mas la tentación fue mayor y no pudo resistirse a mirar. Cuando sus ojos bajaron, su mirada cayó hipnotizada sobre el expuesto e hinchado miembro del Gryffindor; del cual brotaban pequeñas y cristalinas gotas de líquido preseminal, cayendo sin cuidado ni gracia sobre su pálido abdomen. La temperatura en la habitación subió otros treinta grados y sus mejillas se sonrojaron, porque a pesar de saber que aquello debía, o mejor dicho, tenía que resultarle asqueroso, sucio y para nada excitante, su cuerpo le comunicaba todo lo contrario.
Harry, siguiendo la trayectoria de la mirada de Malfoy, sonrió holgadamente y preguntó:
─ ¿Te gusta lo que vez, Malfoy?
Draco, descubierto in fraganti, apartó la mirada con rapidez y se mordió los labios, avergonzado. ¿Quién podría haber imaginado nunca que Draco Malfoy y Harry Potter, enemigos jurados de Hogwarts, rivales de casas y bandos, estarían en ese momento compartiendo una cama, desnudos y posicionados uno sobre el otro?
Pues técnicamente Draco no. Jamás habría imaginado, siquiera sugerido mentalmente, algo así.
Cuando se levantó aquella mañana, pensó que todo terminaría rápido: concurría a la subasta, una bruja millonaria y solterona lo compraría, cenarían en un buen restaurant, después tendrían sexo alocado y asqueroso por una o dos horas, y luego él regresaría al edificio por su paga y volvería a su casa a seguir con su vida de todos los días. Pero claro, en sus planes el nombre de Harry Potter no había figurado ni por cerca ¡Maldito Potter degenerado!
Draco en su vida se había sentido tan humillado como estaba sintiéndose ahora. Ni siquiera cuando su madre lo descubrió masturbándose en el salón de Malfoy Manor, mientras contemplaba una estatuilla de mármol que representaba a un hombre y una mujer teniendo relaciones sexuales. Para aquel entonces tenía sólo trece años y recién comenzaba a descubrir los placeres carnales.
Su vida sexual no había estado repleta de buenas experiencias como muchas personas imaginaban; sino todo lo contrario, por lo general todas habían sido un tanto traumáticas.
Hasta los seis años había permanecido en el limbo de la inocencia; feliz de la vida al no contar con preocupaciones que pudieran estropearle la infancia, sumido en un mundo de sueños y juegos. Pero luego, cuando llegó su séptimo cumpleaños, las cosas comenzaron a cambiar.
Su primera experiencia había consistido en tocarse casualmente los genitales mientras tomaba un baño.
te crecerán pelos en la mano y te convertirás en un elfo domestico le había dicho Crabbe, su único amigo, repitiendo palabras de su padre.
Ser un elfo domestico era lo último que deseaba en aquel momento; estando seguro de que cuando sus padres se enteraran de ello, le enviarían a dormir junto a Dobby, Gipsy y los demás elfos; tendrían otro hijo y a él le olvidarían.
Luego de aquella tarde, habían seguido días terribles en la corta vida de Draco Malfoy: Le dio fiebre, perdió el apetito y comenzó a llorar por todos los rincones de la casa, pidiéndole a Merlín que no lo convirtiera en un elfo. Incluso por las noches, cuando se suponía debía dormir, se paraba frente a un espejo y se inspeccionaba entero para comprobar si ya le habían crecido pelos. También examinaba el tamaño de sus orejas, por si acaso.
Las cosas siguieron iguales, hasta que un día, Narcissa le encontró llorando en la biblioteca, y él se vio en la obligación de confesarlo todo: me voy a convertir en un elfo domestico
Luego de soltar aquello, su madre lo había mirado totalmente sorprendía, preguntándole después de unos minutos ¿Por qué creía tal cosa?
Crabbe dijo que si me tocaba "eso", me convertiría en un elfo explicó entre lágrimas. No quería que sus padres lo abandonaran.
Pero Narcissa, al contrario de espantarse y gritarle como el pequeño Draco había esperado, le había sonreído, diciéndole que él y Lucius debían mantener una conversación sobre un tema muy especial.
Así fue como comenzó el horror y la curiosidad de Draco por ese asunto misterioso denominado: sexo.
Hablar con Lucius no había sido la experiencia más grata de su vida, principalmente porque el hombre había pasado los primeros quince minutos de la conversación insultando a Crabbe por su ignorancia, y gritándole a él por haber creído semejante patraña. Una vez pasada la histeria, Lucius recién le explicó que por tocarse los genitales nadie hasta la fecha se había vuelto un elfo domestico Los hombres no pueden convertirse en elfos, y menos un Malfoy le había dicho mientras fumaba un habano.
Lucius también le había hablado sobre algo llamado masturbación; pero Draco a sus siete años, no entendió ni pizca a qué se había referido con "usar la mano para acallar los gritos de la lujuria"; así como tampoco entendió qué tenía de malo dar besos a otros niños. Lo que sí quedó claro en su infantil cabecita, fue el asunto de: Mientras no toques ni te dejes tocar por muggles, seguirás siendo un mago hecho y derecho A su corta edad, su mente había relacionado aquellas palabras con lo dicho por Crabbe; así que entendió que mientras no tuviera contacto con muggles, no habría riesgo de convertirse en un elfo.
Su segunda experiencia en el ámbito sexual, ocurrió a los diez años; cuando en una escapada nocturna para ir a la cocina a pedir a los elfos que le dieran pastel de chocolate, escuchó sonidos extraños provenir de la habitación de sus padres. Draco ya conocía casi todo lo referente al sexo, pero jamás había presenciado una escena de ese tipo, por lo menos no hasta aquel día.
Ver a sus padres fornicando fue la cosa más asquerosa y horrible que nunca le había ocurrido; pero peor fue la paliza que Lucius le dio por haber abierto la puerta si tocar y por haber desobedecido sus ordenes tienes prohibido ir a la cocina. Hasta aquel momento su padre nunca le había dado más que unas cuantas cachetadas; así que los golpes recibidos le dolieron bastante y por varios días, dejándole una valerosa lección: "tocar la puerta antes de entrar a ningún lado".
Su tercera experiencia traumática tuvo lugar en Hogwarts durante su segundo año.
Llevaba apenas tres semanas de clases, y con Crabbe y Goyle habían encontrado la manera de infiltrarse en los baños de las chicas y espiarlas mientras se arreglaban o tomaban un baño. Aquello, al principio, no había tenido efecto alguno en él, pero las cosas dieron un vuelco durante la noche, cuando ocurrió algo que hasta entonces nunca antes le había pasado: tuvo un sueño húmedo.
Recordaba haber despertado empapado de sudor y con los pantalones del pijama mojados. El susto que se llevó fue inmenso; pues pensó que estaba siendo preso de un hechizo. Él era consciente de que esas cosas sucedían a los niños, pero de todas formas no podía estar aseguro; así que, muerto de pánico, se levantó de la cama y salio en busca de la única persona mayor de edad que tenía de confianza dentro de Hogwarts: Severus Snape.
La charla con su profesor de Pociones había sido encadenada dentro del subconsciente de Draco para nunca más salir a la luz. Si la conversación con su padre a los siete años había sido extraña y molesta, está última se llevaba el premio a la más incomoda de todos los tiempos.
Y así, como esas, Draco contaba con toda una colección de malas vivencias con respecto al sexo. Pero al parecer todas aquellas experiencias no habían sido suficientes, porque ahora llegaba Potter y le agregaba una nueva a su colección.
Despreciándose a sí mismo, Draco volvió a la realidad, cruzando una mirada de soslayo con su ilustre comprador.
─Bueno ─dijo el Gryffindor viendo que Malfoy no pensaba contestar a su pregunta─, no importa, no hace falta que me lo digas. Tu mirada lo dice todo.
Draco rodó los ojos, tratando de lucir retador.
No se dejaría amedrentar, estaba atado, sí, pero no incapacitado para pensar y sentir lo que se le viniera en gana.
Luctuosamente, su fuerza de voluntad para mantenerse indiferente a la situación, flaqueó cuando Potter decidió que había llegado el momento de actuar.
Las fosas nasales de Draco llamearon al momento en que una de las manos de Harry volvió a pellizcar sus duros pezones mientras que la otra comenzaba a acariciar dulcemente sus labios, dejando en ellos suaves caricias como de pluma.
El cuerpo del rubio se tensó con lo que parecía un gemido lejano; Pero con la tenacidad e indiferencia propia de un Malfoy, acalló cualquier sonido poco ético que pudiera salir de su boca, y volvió a morderse la lengua y parte del labio inferior con fuerza absoluta. Gemir no le estaba permitido en ese momento, no con Potter, no en esa situación, y no por tan poca cosa.
Su mandíbula se apretó mientras que los dedos del moreno abandonaban sus pezones y encontraban su pene, comenzando a trazar en él círculos lentos, metódicos y esporádicos.
Su trasero se arqueó automáticamente buscando más contacto entre esa mano y su miembro, e inmediatamente sintió deseos de mandarse a sí mismo un Avada.
Harry, que veía la confrontación interna que estaba atravesando el rubio con sus toques, dejó escapar una risita nada santa y dijo:
─ ¿Te gusta lo que estoy haciéndote, Draco? ─sonrió otra vez, al tiempo que tomaba entre su mano, ya sin ningún tipo de preámbulo, el miembro del rubio y empezaba a masturbarlo, frotándolo violentamente contra su palma cada vez que subía y bajaba la mano.
Draco casi despellejó su labio inferior con la terrible mordida que le dio. Podía sentir como su preeyaculatorio mojaba la mano de su antiguo rival, y como a la vez éste aprovechaba la humedad para masturbarlo con mayor facilidad y fluidez. Sentía los dedos calientes bajar el prepucio y acariciarlo más hondamente. Hacía tanto que nadie le masturbaba, que aquello se sentía como la gloria. Aunque claro, que fuese Harry quien estuviera trasladándolo a tal estado no le hacía ni pizca de gracia.
─Quiero probar tu pene ─le dijo Potter en voz ronca, al tiempo que bajaba la cabeza y soplaba la punta del pene.
Dejó caer encima del mismo un poco de saliva, creando un camino con ella hasta la base, para luego recorrer con su lengua el rastro que había dejado la baba. Draco reprimió los enormes deseos de gritar que tenía y cerró los ojos, buscando algo horrible en lo cual concentrarse para no pensar más en Potter lamiendo toda la maldita longitud de su maldito pene.
Harry dejó de lamer, alejándose un poco para limpiarse la boca con el dorso de la mano.
─ ¿Quieres que te lo chupe? –preguntó en un tono juguetón mientras que retornaba el trabajo con su mano, apretando firmemente alrededor de la base del miembro de Draco.
Malfoy gruñó como única respuesta. Empezaba a perder la batalla contra su cuerpo. Era imposible no sentir. Se había esforzado en buscar algo asqueroso en que pensar; había rememorado la ocasión en que pilló a sus padres haciéndolo en su habitación, la vez que habló con Severus sobre su sueño, incluso había imaginado al semi-gigante haciéndolo con aquel Hipogrifo que años atrás le había lastimado el brazo; pero nada de eso había funcionado. Su imaginación no tenía más espacio que para la puta boca de Potter y su ávida lengua.
La transpiración corría por su cara, empapándole el cuello y dejándole en los labios un sabor salado y poco delicado.
Potter seguía masajeando y lamiendo de vez en cuando su miembro. Era una completa tortura.
─Espero que no te moleste ─masculló de pronto el moreno, dejándolo en la luna con ese comentario─. pero quiero saber a qué sabe tu pene –dijo, dejando de tocarlo. Mas el alivio de Draco no duró mucho, pues apenas Harry retiró la mano, envolvió la cabeza de su pene con la boca y comenzó a succionarlo como si se tratara de un chupete, al mismo tiempo que sus manos hacían un maravilloso trabajo con los apretados y doloridos testículos, haciéndolos rodar entre sus dedos hasta que logró lo que buscaba: hacer gritar a Draco.
─ ¡Oh Merlín santo! –chilló el rubio, revolviéndose como una serpiente en la cama.
Harry soltó por un momento el glande, causando una ligera replica en el rubio, y lo miró a los ojos. Draco se veía terriblemente apuesto con el pelo revuelto, la cara sonrosada y los labios de un rojo sangre gracias a las constantes mordidas que recibían de sus dientes.
─ ¿Te gusta así? –Murmuró con voz temerariamente poderosa mientras masajeaba con fuerza los testículos–. Vamos Draco, dilo ¿Te gusta? –instó con los ojos velados de deseo.
Obviamente Malfoy no respondió y Potter volvió a enterrar la cara en su vientre bajo, tomando de nueva cuenta la punta del pene entre sus labios.
Draco se movió, como si intentara alejar su sexo de la cara del Gryffindor, mas los gemidos que había estado conteniendo, y ahora comenzaban a salir altos y lastimeros, indicaban todo lo contrario.
Las fuertes manos de Potter al notar los movimientos de Malfoy, se alzaron otra vez para apoyarse y pellizcar sus pezones, al tiempo que su boca se sujetaba con fuerza y firmeza en su glande. No permitirá que nadie le arrebatara su juguete, ni siquiera el dueño.
Draco nunca había estado más excitado en toda su vida. Pensaba que quizá se debiera a las correas y la capucha, que pese a haber sido desanudada y retirada, no había sido sacada del todo de su cabeza, y con los movimientos frenéticos de su cuerpo había resbalado otra vez dejando sus ojos cubiertos. Este hecho provocaba que todos sus sentidos estuvieran más alertas al no tener visual, incluyendo su sentido de la sensación.
Pero también debía darle parte del crédito a Potter, porque ese hombre cuya cara estaba sepultada entre sus piernas ─¡ese hombre de todos los hombres posibles, el maldito héroe de la sociedad mágica al que tanto detestaba!─ en verdad sabía comerla.
Su garganta hacía todos esos sonidos y gruñidos embriagadores mientras daba vueltas por él; no quería aceptar que aquello le estaba gustando, pero es que… esa boca, esa maldita boca era una locomotora. Podía oírlo bebiendo ruidosamente de su glande. Harry bebía gustoso su líquido preseminal mientras seguía chupándolo repetidamente en su boca.
─Ah ─gimió Draco, arqueando de nuevo el trasero cuando Potter le dio un pequeño mordisco. Le había dolido pero la sensación había sido exquisita; y pensar que ni siquiera se lo había metido entero a la boca.
Los pulgares de Potter, que hasta ese momento se habían mantenido aferrados a sus pezones sin movimiento alguno, sólo pellizcándolos levemente, comenzaron a masajearlos en metódicos círculos, chasqueándolos de acá para allá mientras que sus labios y lengua le estaban llevando al borde del abismo con la firme presión que aplicaba a su glande.
Deseaba poder decirle que parara con eso y tomara el maldito pene totalmente en su boca, pero no podía hablar, sólo gemir, jadear y rugir como una fiera en celo.
La cara del moreno, ante su gemido, se zambulló más duro en su sexo con uno de esos gruñidos atractivos, y chupo la punta con tanta fuerza que Draco pensó que iba a romperse en un millón de pedazos. Esta vez gimió en voz alta, prácticamente rugiendo, casi lastimando su garganta por la rudeza del grito. Sus pezones apuñalaron los dedos del Gryffindor cuando la parte inferior de su cuerpo comenzó a temblar involuntariamente.
Dos minutos después, se vino en un gemido histérico, mascullando incoherencias mientras se arqueaba y empujaba su miembro contra la cara de Harry como si quisiera que lo devorara. Podía sentir la sangre que se precipitaba caliente por su cara y hacía que sus pezones se pusiesen rígidos al punto del dolor. Pudo sentir el abdomen contrayéndose cuando se vino con fuerza y violentamente, llenando la boca de Potter con su caliente y espeso semen. Para sólo haber recibido sugestión en su glande, el orgasmo había sido maravillosamente estupendo.
Pero al parecer el Gryffindor no estaba satisfecho, porque a pesar de tener la boca aun cargada con la simiente de Draco, gruñó contra sus testículos, volviéndose a prender de la punta del pene como un perro con un hueso, rechazando abandonar la acción.
Draco se sentía muy sensible debido al orgasmo, Su miembro yacía flácido ahora en boca de Potter, pero éste, terco como él solo, siguió presionando dolorosamente el glande; chupando más y más duro, amamantándolo hasta sacar la última gota de semen que allí pudiera quedar, y al mismo tiempo provocando en Draco tantas sensaciones placenteras, que por un momento el rubio pensó que se volvería loco.
─ ¡No puedo más! ─le pidió finalmente, sorprendiéndose al percatarse de que ahora podía hablar. Aquello sí que era raro. Seguro Potter le había hechizado para mantenerlo mudo durante la "violación".
De todas formas, Harry pareció no escucharlo porque siguió chupándolo incluso más duro que al principio; llevándolo hacia un lugar que nunca antes había visitado, porque Draco siempre se detenía después de un orgasmo, y sus amantes, una vez terminaban de hacerle la mamada, iban en busca de placer para sus cuerpos y dejaban su miembro en paz. Pero ahora… Potter no se detenía, seguía y seguía mamandolo, tan fuerte y tan duro, que pronto le hizo ver estrellas cuando se corrió por segunda vez en menos de veinte minutos, contrayendo el trasero de tal forma que todo su sexo quedó a disposición completa del moreno.
─ ¡Oh Dios! –gimió con fuerza, apretando las manos sobre su cabeza -¡Sí! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! –rechinó sus dientes mientras se convulsionaba sobre la cama. Aquello había sido ¿Cómo explicarlo? Majestuoso, total y sin lugar a dudas lo mejor que había probado jamás.
Potter, en tanto, disfrutaba glotonamente de su salado esperma, pasándose la lengua por los labios para limpiar cualquier rastro de semen.
Draco pensó que por fin todo había terminado. Mas cuando vio a Potter situarse nuevamente sobre su pelvis, abrir la boca y mostrarle una dosis pequeña, pero bastante visible, de su simiente, y luego tragarla delante de él; se dio cuenta de que quizás el Gryffindor aún tenía ganas de más.
Y no se equivocó.
Pasaron otros quince minutos y dos violentos orgasmos más antes de que el apetito por la comida de su miembro dejara saciado a Potter. Cuando su cara finalmente dejó su sexo, estaba empapada de líquido preseminal y algunos residuos de semen, que pronto se encargó de limpiar con su lengua y dedos. Y todo eso para después pasar duros minutos chupando sus pezones como si fueran chupetines, mientras consentía el sedoso y platino vello púbico con sus callosos dedos que se movían entre los suaves rizos como si los poseyera.
─Buen chico ─murmuró Harry, elogiando su predisposición y cooperación en cuanto al sexo.
─Vete al infierno –refunfuñó Draco ahora que podía hablar, pero se encontraba demasiado cansado como para decir algo coherente e hiriente contra el Gryffindor.
La mirada fija de Harry se arrastró hacia abajo, hacia la arreglada mata de rizos rubios oscuros entre sus muslos, admirando aquel miembro flácido y sin vida que prendía de entre ellos.
─ No creo que a tu pene le agrade la idea de que me marche –dijo, ponzoñoso, al tiempo que gateaba y se ubicaba a su lado. Se colocó de costado, apoyándose en un brazo para mirar a Draco, mientras sus dedos recorrían el pecho cubierto por una ligera pelusa rubia–. Yo creo que te gustó lo que te hice.
Draco tembló, jadeando cuando su pulgar encontró su glande y comenzó a tirar del prepucio hacía abajo para poder acariciarle mejor.
─De-ja-me ─siseó cuando su mente pudo procesar una frase completa.
─ ¿Dejarte? ¿Por qué? Estás disfrutándolo, Malfoy. Tu cuerpo lo grita.
─No ─gimió roncamente Draco, sacudiéndose para alejarlo─. No te me acerques más, Potter. Ya obtuviste lo que querías, ahora déjame y nunca más vuelvas a acercarte a mí.
Harry rió con sequedad.
─No malgastes energía en vano, Malfoy; porque pese a lo que digas, voy a acercarme a ti mucho más de lo que ya estoy, y no sólo eso, sino que voy a follarte hasta que no puedas andar –murmuró con voz ronca, deteniendo su discurso únicamente para pasear los ojos por el cuerpo de Draco –voy a disparar tantas cargas de semen en tu culo en los próximos tres días, que mis jugos saldrán de ti cuando camines, y comenzaras a sentir poco natural cuando no estés con mi semen entremedio de las piernas. Rogarás para que descargue en ti, para que libere mi esencia en tus nalgas y puedas sentirte totalmente lleno de ella…
Draco fue a replicar, totalmente avergonzado por las palabras de Potter, pero entonces, antes de que pudiera decir nada, la habitación comenzó a dar vueltas a su alrededor, perdiendo nitidez y provocándole ganas de vomitar. Miró a Potter a un costado y lo vio borroso y lejano; se agitó impetuosamente para ver si lograba desatarse, pero nada sucedió. Todo su ser se sentía perdido y terriblemente adormecido. La sensación era similar a estar viajando en un traslador, sólo que más violento y revoltoso.
─Potter ─gritó esperanzado de que el cretino le escuchara y lo liberase. Más todo siguió igual. Al parecer el moreno no lo había escuchado, o simplemente estaba haciéndose el tonto.
Cerró los ojos, resignado, dejándose envolver por aquellas pavorosas sacudidas, y esperó.
Cuando sintió que el mareo y el adormecimiento fueron perdiendo tenacidad y comenzaron a desvanecerse, se animó a abrir lo ojos. Pero lo que vio, no fue precisamente lo que esperaba encontrar.
***
Querido Harry:
Tengo un problema. No puedo dejar de pensar en ti; me preguntó cuantas veces habrás escuchado decir lo mismo, pero es así. Estoy casada, mas me siento abandonada. Mi marido es auror y estará embarcado durante tres meses en una búsqueda confidencial. No pretendo que esto te dé lástima, pero sí que entiendas al menos el porqué de esta carta.
A veces me siento tan sola que no sé qué hacer, y cuando te veo a ti en las revistas, sonriendo y mirándome a través de las portadas con tus ojos brillantes de emoción, me doy cuenta que no estoy sola, porque tú estas conmigo; y no puedo evitar desearte. Te deseo tanto que me desespero, y a veces, muy avergonzada me siento de confesarlo, me masturbo pensando en ti, en tus labios y en tu cuerpo. Me siento bien cuando lo hago y en ocasiones imagino que realmente tú estás ahí haciéndome el amor, pero después me siento culpable porque estoy traicionando a mi marido, pecando en mi mente ¿Qué puedo hacer? ¿Qué harías tú si estuvieras en mi lugar? Por favor, acepta mi invitación. Sólo te pido una noche, una sola noche para sacarte de mi cabeza y nunca más volverás a tener noticias mías.
Atentamente Sola y excitada:
Elizabeth Allen.
Harry Potter dejó a un lado la carta que acababa de leer y se pasó una mano por su melena negra, que le llegaba a los hombros. Nunca le había gustado su pelo; era demasiado revoltoso, demasiado complicado y llevarlo largo era un martirio, pero con el poco tiempo que tenía y las pocas ganas de ir a hacérselo cortar, éste había terminado llegándole a los hombros. Según Hermione, lucía bien y acentuaba sus facciones, pero en verano era realmente incomodo tenerlo de ese largo; incomodo y molesto.
Se levantó, pues las piernas comenzaban a entumecérsele de tanto estar sentado, y caminó hacia una de las pocas ventanas de la casona que daban hacía el exterior. Cuando llegó a ella lo primo que vio fue a una pareja de adolescentes caminando por la senda, tomados de la mano.
Al verlos, sintió envidia. A él le hubiera gustado vivir algo así; le hubiese gustado pasear con Ginny de la mano, le hubiese gustado ser libre y disfrutar de su libertad. Pero desgraciadamente le tocó cargar una cruz muy pesada sobre la espalda. Estando Voldemort de por medio, ningún paseo a la luz de la luna hubiese sido seguro, ni para él ni para su acompañante.
Decidió ya no pensar más en ello; después de todo no tenía sentido estarse quejando de algo que, le gustase o no, ya había pasado.
Desvió la mirada de la pareja, atraído por unos pasos rápidos en las escaleras. Al parecer el bello durmiente había despertado.
Echó un vistazo a la carta que acababa de dejar y la guardó en el bolsillo de su pantalón de mezclilla.
Salió de la biblioteca, un tanto descuidada por cierto, y la cerró con llave.
─Buenos días ─saludó a Draco cuando lo tuvo frente.
El rubio, con cara de estar viviendo una pesadilla, le apuntó con el dedo índice y gritó:
─ ¡Tú! ¡Remedo de mago!
Harry sonrió tranquilamente, llevándose las manos a los bolsillos y adoptando una pose casual.
─ ¿Te levantaste con el pie izquierdo?
Draco hizo una mueca de desentendimiento, y punto seguido volvió a los desplantes.
─Eres un pervertido, un violador, un abusador, un degenerado, un… ─Se vio interrumpido por Harry.
─Está bien, no sigas, creo que ya lo he entendido. Soy todo eso y un poco más ─rió de su propio chiste; broma que por cierto no fue entendida por el rubio.
─ ¿De qué demonios te ríes Potter? Te parece chistoso haberme atado a una cama y haber… haber… Agh –gimió encolerizado por no poder decir lo que tenía en mente.
─ ¿Qué yo hice qué? –preguntó Harry, divertido. Por lo visto Draco había tenido un buen, si así podía llamársele, sueño–. Que recuerde no te he visto desde anoche.
─Mira Potter, si pretendes hacerme creer que todo fue producto de mi imaginación, vas mal. Yo sé lo que viví y nada de lo que digas logrará que dude de mí.
─Pues créeme o no, no sé de qué rayos hablas.
─ ¿A no? ¡Eres un…!
Harry volvió a interrumpirlo.
─Aguarda Draco.
─ ¿Que aguarde qué? ¿A que vuelvas a dormirme y atarme para violarme?
─Ya te he dicho que no sé de qué hablas ─dijo el moreno con todo el convencimiento posible–. Confieso que te dormí, pero…
─ ¡Ves! ¡Lo confiesas!
─Sí, lo hago; pero sólo te dormí, nunca abuse de ti ¿Crees que sería capaz de hacer algo así?
─ ¡Sí!
─Pues te equivocas.
Draco lo miraba con los ojos entornados y la mandíbula contraída.
─Si te dormí fue porqué tenía una cita –prosiguió Harry, obviando la mirada asesina del rubio–. Había olvidado por completo que había quedado con una compañera de la academia para cenar, y sabía que si tú permanecías en tus cinco sentidos, aprovecharías la situación para escaparte o hacer un escándalo.
Malfoy, que estaba rígido en su lugar apretando los puños a un costado de su cuerpo, dijo:
─ ¿Esperas que me crea semejante mentira? Si tenias una cita, pudiste haberme dejado encerrado en una habitación, haberme aplicado un desmaius, o en el mejor de los casos un petrificus totalus; no hacía falta que me durmieras.
─Lo sé ¿crees que no tuve en cuenta lo del desmaius?; pero no me pareció justo para ti. Por eso decidí usar un somnífero.
─Así que no te pareció justo desmayarme, pero sí dormirme ¿Acaso no es lo mismo?
─Escucha Draco, No voy a obligarte a creerme. Eres dueño de pensar lo que quieras ─oteó Harry en la distancia, mientras su mirada no se apartaba del rubio–. Pero yo no te até a ningún lado, y mucho menos abusé de ti. Espera, déjame terminar –dijo al ver a Daco abrir la boca–. Sé que he estado comportándome raro estas últimas horas, sé que te he dicho cosas más extrañas aún, pero tenía mis motivos para hacerlo. Los tengo –añadió–. Pensé que comportándome de determinada manera, podría alejar de mí la secuela que la batalla contra Voldemort dejó en mi persona, pero me equivoqué ¿Y sabes por qué me equivoqué? Porque a pesar de intentar comportarme como un ladino, desquiciado y lujurioso, no puedo borrar lo que soy, porque yo soy y siempre seré Harry Potter.
─Gran discurso, Potter; pero eso no explica nada.
─No fue un discurso, Malfoy; sólo una breve explicación.
─Bien, supongamos que lo que dices, es cierto. ¿Vas a dejarme ir?
─Espera, espera Malfoy. Creo que estás malinterpretando las cosas.
Draco arqueó sus cejas de modo irónico.
─ ¿Malinterpretando qué cosas, exactamente? Tú dijiste que sigues siendo el mismo Harry Potter de siempre; pues el Harry Potter que yo conozco me dejaría ir.
─Siento decirte esto, Malfoy, pero si te dejo ir no cobraras nada por lo de la subasta, e incluso podrían acusarte de estafador.
─ ¡Eso no es cierto! Si tú me dejas ir por gusto y querencia, no pueden acusarme de nada.
─Por supuesto que pueden. Esa clase de gente utiliza todo tipo de estrategias para sacar dinero ¿Y qué crees que pensaría el ministerio si te hicieran un juicio?; no es por nada, pero eres Draco Malfoy y lamentablemente tu reputación no es muy buena en el Wizengamot.
Draco Debía de haberlo intuido o adivinado de alguna manera. Era obvio que Potter le saldría con algo como eso. El maldito seguro planeaba engañarlo para hacerlo caer nuevamente en alguna de sus trampas, y luego poder abusar de él sin contemplaciones. Pero Draco no se rendiría tan fácilmente. Cualquier Plan que Potter tuviera para con él, fracasaría.
De pronto su fortaleza para soportar aquella situación, había tomado la forma de un desafió.
Malfoy, el bohemio, el cobarde, pedante y caprichoso Malfoy, estaba retándose a sí mismo a voltear los propósitos de Potter en su contra.
El Gryffindor se había divertido abusando de él en aquella habitación, bueno, pues ahora era su turno de devolverle la partida.
Ya se enteraría Harry Potter de qué estaban rellenos los Malfoy.
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Muchísimas gracias por leer y por comentar.
Besos y abrazos.
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Aleiram
