Y aparecieron.

Las tres mujeres se plantaron ante el caminando tranquilas de entre las sombras del jardín sin intenciones de atacar. Las tres vestían ropas ligeras, nada de armaduras o piezas pesantes y llevaban la cola enrollada a su cintura. Vegeta tan solo sabia de ellas lo que Nappa le había explicado: las saiyanas especializadas en asesinatos encubiertos normalmente actuaban en grupos de tres, siendo una de ellas la maestra y las otras dos discípulas en distinto grado de aprendizaje.

Las dos mujeres más jóvenes que tenía delante permanecían serias, una llevaba el cabello recogido en una tirante coleta hacia atrás y la otra lo llevaba corto como un chico. Ambas eran de cabello oscuro y ojos aun más oscuros. En cambio, la que tomo la posición central y por tanto, la maestra, llevaba el cabello suelto, oscuro como el de sus compañeras pero cruzado por estrechas hebras que brillaban plateadas a la luz de la luna. Esta era la única que sonreía. Se inclino ante Vegeta en un remiendo de reverencia y este no supo si era para burlarse o se ceñía al protocolo.

El guerrero espero cruzándose de brazos mientras las observaba. Las jóvenes tomaron posiciones rodeándolo y la mayor quedo frente a el.

- Minya est- coloco los brazos en jarras- Ora, manae, nesta-le us danken.

Vegeta sonrió levemente.

- Se a lo que venís pero llegáis tarde, ella no esta. Marchaos y decidle a vuestro rey que habéis fracasado.

Minya, la maestra, rió.

- No esperábamos otra cosa, manae. Pero nos debemos a vuestro padre.

- Marchaos, perdéis el tiempo- Vegeta tenso sus músculos listo para el combate. Nappa también le explico que las mujeres eran extremadamente rápidas y ladinas y convenía estar preparado con ellas. En cambio, las mujeres no denotaban ninguna actitud guerrera, al contrario, parecían aliviadas. Aunque también podría tratarse de una simple estratagema. Vegeta empezaba a odiar verdaderamente esa situación.

- Debemos matar a la danken del manae- Minya estaba seria y miraba fijamente al príncipe- pero...- miro a las otras dos mujeres por un momento- Ellas serian capaces, yo no- y su voz denoto tristeza.

Ante tal afirmación Vegeta se relajo. Parpadeo y contemplo a la aguerrida saiyana. No cabía duda de que era buena, su constitución y sus movimientos felinos la delataban por eso sus palabras, que contradecían su naturaleza, le sorprendieron. Frunció el ceño y la miro desconfiado, volvió a cruzarse de brazos esperando una explicación.

Minya hizo un gesto con la cabeza y sus pupilas parecieron desvanecerse en el aire dejándolos solos.

- Ellas obedecerán cualquier orden mía sin pensar, y jamás me traicionaran- aclaro cazando al vuelo la mirada interrogativa del príncipe.

- ¿Como puedes estar tan segura de ello? Como bien has dicho, os debéis al rey.

Minya sonrió casi maternal:

- No nos conoces. Es difícil de explicar pero nosotras tenemos fuerza dentro del gobierno. No participamos activamente, pero se nos tiene en cuenta. Somos un cuerpo de elite que siempre ha ayudado a la casa real a solucionar sus problemas, por eso nos tienen en alta estima y todo el mundo sabe que somos peligrosas y gozamos de los favores del rey y su sequito. Aun así, no somos bobas y por encima de todo protegemos a las nuestras. Nosotras nos debemos al rey pero por encima de el nos debemos a la reina. Ellas- haciendo un gesto hacia las sombras en referencia a sus discípulas- no conocieron a la reina, la mas grande que jamás existió. Ella hizo grandes cosas por su clan y dañar a su único hijo seria una traición.

Vegeta la miro y no supo que decir. Estaba dispuesto a pelear a vida o muerte, estaba dispuesto a plantar cara pero jamás imagino que iba a enfrentarse tan de cerca a su pasado. Minya nombro a su madre. ¿Por qué no estaba ella hache? Nappa siempre eludió las preguntas del joven príncipe acerca de su madre. Al final, se canso de recibir el silencio por respuesta y olvido sus preguntas. Y ahora, en mitad de la noche, esas preguntas volvieron a saltar a su mente. Debía organizarse primero y luego interrogar a su interlocutora. Debía mantener la compostura y la sangre fría, no quería dejar traslucir nada de lo que sucedía en su interior.

Un silbido agudo sonó en la noche y la mujer alzo la cabeza alerta. El príncipe seguía atribulado con sus propios pensamientos y reacciono tardío.

- Yo te buscare, manae. Ora, Vegeta, Lera kash- y Minya se evaporo en el aire como sus discípulas.

El sol despuntaba por el horizonte y Vegeta seguía encaramado en la barandilla de su bacón. No había pegado ojo en toda la noche pero no le importaba. Sabia que sin Bulma no dormiría y tras la conversación de la noche anterior se resigno a ello por completo. En toda la noche no paro de darle vueltas a lo que había acontecido. Necesitaba información y debía de ser fidedigna, el problema era que no sabía a quien recurrir. Estaba claro que Minya volvería a presentarse ante el cuando ella quisiera y seria inútil buscarla, Raditz tampoco le servia, se criaron juntos y estaría tan pez como el acerca de las costumbres. Nappa jamás se alejaría del lado de su señor. Bardock quizá era su ultima esperanza pero tampoco podía hablar con el abiertamente. El sol casi había salido completamente cuando dio con la solución: lo mejor seria acudir al rey. Se rió de si mismo al pensarlo pero era perfecto. El rey sabría todo lo debido acerca de las costumbres y demás de los saiyajins pero debía evitar deliberadamente sacar el tema de la reina. Estaba convencido que su excelsísima majestad reiría de buen grado ante la petición de su inculto y desheredado hijo y, en un acto caritativo, le brindaría toda la información posible. Era una locura pero no perdía nada por probarlo.

El sol casi se ocultaba en el horizonte y Vegeta entro resplandeciente en la cocina. Bebió directamente de la botella de leche de la nevera y se sentó a la mesa. Su padre, el rey magnifico en un acto de benevolencia le había proporcionado toda la información necesaria. La única pega es que estaba toda por escrito en el grueso volumen que tenia delante de él. Si quería ponerse al día no podría entretenerse. Abrió el libro y soltó un bufido. El libro estaba escrito en su lengua natal. Nappa le había enseñado bien pero eran muchos años de no practicarlo y lo tenía algo anquilosado. Vio claramente que esa seria su segunda noche de no pegar ojo pero no le importo y empezó a leer:

BREVE INTRODUCCION A LA CULTURA SAIYANA (ANONIMO)

N/A: Último capi que tengo escrito y este deberia de estar corregido (empece por el ultimo y luego segui con el primero, en fin) Lamento dejaros a medias pero si realmente me siento presionada por todos vosotros quiza me replantee el seguirlo. Y nada mas. Un beso, un saludete y nos vemos!!