Imagination Land

Bien, Daddy empezaba este capítulo diciendo que le gusta saber que les encanta XD. Y que le encantó eso de matar a Mike (a mi me fascinó). Y a lo igual que yo espera que les guste esta historia.

Disfruten…

Aclaración: Twilight© no me pertenece. Y esta historia pertenece a la mente brillante de Daddy's Little Cannibal, yo sólo la traduzco.

"La imaginación es mas importante que el conocimiento. El conocimiento esta limitado a lo que sabemos y entendemos, mientras que la imaginación abarca el mundo entero, y todo lo que nunca será conocido ni entendido." – Albert Einstein.

Cementerio.

-Cementerio de Imagination Land- leí en voz alta mientras miraba la oxidada puerta delante de mí. El cementerio se asemejaba mucho al tipo de los que sólo ves en las películas de Stephen King. Había una ligera niebla flotando entre las tumbas, los árboles estaban secos y sin hojas, y estaba oscuro, lo cual era una locura porque ahí donde me hallaba parada hacía sol y estaba realmente iluminado. Miré detrás de mí y contemplé el pasto azul, los árboles rosas y el cielo amarillo. Estaba tentada en quedarme en el lado luminoso pero quería ir a ver si mi tumba estaba en aquél lugar. Había concluido que estaba en una especie de cielo y era mi trabajo ir al cementerio a ver mi tumba así podría irme y pasar a mejor vida.

Puse mi mano contra los barrotes y empecé a empujar, pero la puerta no cedió. Por lo que puse mi otra mano e incline mi cuerpo hacia ella. Esta crujió fuerte pero aún así no cedió. Gruñí en frustración y di un paso atrás. No había candados ni cadenas que mantuvieran la puerta cerrada. Me mordí el labio y me agarré de nuevo de los barrotes oxidados, esta vez empecé a jalar, poniendo todo mi peso en mis talones. Podía sentir como mis músculos se estiraban ante la resistencia. La puerta seguía sin ceder.

-Ábrete sésamo- le grité finalmente. No pasó nada. Sabía que era un esfuerzo en vano pero aún así era mejor intentarlo. Suspiré y me giré quedando mi espalada contra la puerta. No entendía porque tenía la necesidad imperiosa de entrar en el cementerio. No era ese tipo de personas que están obsesionadas con los cementerios y la muerte. Abrí la boca y mis ojos se abrieron de par en par. ¡Tenía una idea!

Me giré rápidamente. Cuando tenía seis años había creado una rima para que pudiéramos entrar en el cementerio a ver a mi abuela o al menos eso era lo que me había dicho a mi misma.

-Estoy aquí para a la muerte ver, y no tengo pan en mi poder. Por favor quiero pasar, así puedo ir a cagar- le grité a la puerta. Tenía seis cuando escribí la rima. Estaba feliz de tener una excusa para decir "cagar". (NT: originalmente sería caca o popó, pero como no hacían rima… es parecido y suena más gracioso XD).

Las puertas crujieron y se empezaron a mover. Dejé escapar un grito mientras pegaba brinquitos.

-Funcionó- me felicité a mí misma. Me estaba empezando a gustar el cielo. Hacía que tuviera el sentido de humor que tenía a los seis años. Las puertas continuaron crujiendo mientras pequeños pedazos de óxido caían en el pasto negro.

Di mi primer paso para entrar. Hacía mucho frío allí y la niebla hacía que mis pantalones se humedecieran. Miré las tumbas, no había muchas, por lo menos había tres docenas. Pensé que más personas habrían ido al cielo, o tal vez todas estas tenían mi nombre grabado así que a la primera a la que viera la muerte vendría a por mí para llevarme ante Dios. Me arrodillé delante de mi tumba y aparte las negras hojas que la cubrían.

-Emily Park,- leí en voz alta. Parpadeé dos veces y me tensé. Estaba segura de que mi nombre era Isabella Swan. Me fijé en la tumba continua y de nuevo me tensé. Esta rezaba un nombre diferente, pero me era algo más familiar que el anterior.- Brian Park,- dije al leer en voz alta. Brian Park era el nombre de uno de los personajes de mis primeras historias. Él había muerto de un paro cardíaco y su esposa se volvió loca, le desenterró y al comprobar que su esposo estaba muerto murió del shock.

Me levanté y comencé a caminar por el cementerio. No tenía paciencia para ver cada tumba, así que usé la lógica y decidí ir a la parte más alejada del cementerio donde dos tumbas estaban colocadas una al lado de la otra. Asumí que estas eran las muertes más recientes. Me arrodillé frente a la segunda y última tumba en la cuál a los lados había rosas muertas, las cuales aparté. Seguramente en estas se leerían los nombres de Mike Newton y al lado estaría el de Isabella Swan.

-Edward Masen- leí. Mis ojos se abrieron de par en par y me moví para ver la tumba de al lado.- Elizabeth Masen- mi boca se abrió de la sorpresa.

Me levanté y empecé a correr hacia una tumba diferente, cualquier tumba. De repente perdí el equilibrio y caí enfrente de una de las tumbas más cercanas a la puerta. Leí el nombre rápidamente y mi estómago se contrajo. Tragué con dificultad, debido a que tenía un nudo en la garganta, y me alejé de aquella tabla de cemento.

-Yo te maté- exhalé- Los maté a todos- Cementerio de Imagination Land. Por fin tenía algo de sentido.­

Llevé mis rodillas contra mi pecho y dejé que mi nariz descansara en ellas. Me sentía enferma y un sudor frío comenzaba a recorrer mi piel. No estaba en el cielo, ni siquiera sabía dónde estaba, pero por alguna extraña razón estaba rodeada de las tumbas de aquellos personajes a los que había matado en mis historias. Pasé mis dedos por mi cabello y peleé contra mi urgencia repentina de llorar. Mi cuerpo entero temblaba y no era por el frío. No sabía como reaccionar al hecho de que había tropezado con un cementerio lleno de la gente que había matado, aunque ellos fueran ficticios.

-Quisiera saber cómo se sentiría J. K. Rowling en esta situación- murmuré para mí misma.- Métanla dentro del cementerio de todos los personajes que ha matado.

Suspiré. Dudaba de que hubiera un cementerio suficientemente grande, para meter a todos los personajes que ella había matado. Otro escalofrío recorrió mi espalda mientras intentaba buscar la razón del por qué me hallaba en un cementerio repleto de personajes muertos.

-De acuerdo- suspiré- Estoy en un cementerio repleto de personajes muertos- me di cuenta de que estaba hablando para mí misma- Ahora, ¿Cómo llegué aquí, por qué estoy aquí y se van a levantar todos estos personajes de la tumba e intentarán matarme?

Antes de que respondiera mis preguntas me concentré en respirar normalmente y tratar de no llorar. Probablemente estaba soñando, un sueño loco y bizarro causado por el accidente. Despertaría en cualquier minuto en una cama de hospital con mamá, papá, Mike y un montón de doctores. Sólo tenía que forzarme a despertar.

Después de varios minutos de parpadear y golpear mi pierna con mi puño, era seguro de que no iba a despertar pronto. Así que mi segunda opción era hacer lo que dijera la televisión acerca de lo que debía de hacerse en situaciones como esta. Si no estaba dormida, entonces debía de haber una razón por la cual estaba aquí, sólo debía encontrarla.

-De acuerdo- me dije- Estoy en un cementerio lleno de gente muerta- señalé para mí las lápidas- Estoy segura de que no estoy muerta- tomé una gran bocanada de aire para estar segura- Y no estoy dormida- me pellizque mi brazo- Entonces Dios debe querer decirme algo.

Caminé a la esquina del cementerio, donde se hallaban las tumbas de los Masen. Edward y Elizabeth Masen eran los padres de Edward Cullen (nacido Edward Masen). Edward Cullen era un vampiro de cien años en mi best seller. Edward y Elizabeth habían muerto por causa de la gripe española cerca de 1900. Nunca había escrito algo acerca de ellos además de que fueran los padres de Edward. ¿Así que, por qué estaban ellos aquí?

Me arrodillé delante de sus tumbas y tomé las flores muertas que había dejado a un lado. Regresé las flores a las tumbas y las acomodé ligeramente. No quería herir los sentimientos de nadie, especialmente de los muertos, siendo grosera y arrojando a un lado sus únicos regalos. Fue entonces cuando me cayó el veinte. Me puse de pie de un salto para comenzar a dar saltitos en círculos. Usualmente a las personas les lleva horas entender que es lo que Dios intenta decirles. A mi me tomó diez minutos.

-¡Prometo que no mataré a Edward!- les grité a las nubes negras que cubrían el cielo.- Encontraré otro final para mi historia. Edward Cullen no morirá.- cerré mis ojos y esperé por el rayo de luz que me envolvería. Incluso extendí mis brazos como lo hacían en las películas para hacer el efecto dramático mucho más dramático.

-¿Dijo que iba a matar a Edward Cullen?- un gruñido sonó detrás de mí.

Mis ojos se abrieron de golpe y dejé escapar un fuerte grito. Me volteé de inmediato y perdí el equilibrio, cayendo en las flores que había vuelto a poner sobre la tumba de la Señora Masen. Miré hacia la persona que me había gruñido. Mi boca y mis ojos se abrieron de golpe. Era Edward Cullen.

Era tal cual lo había descrito en mi novela. Era alto con el pelo color bronce casi castaño rojizo. Su piel era tan blanca como la nieve con círculos de un morado oscuro debajo de sus ojos. Y sus ojos eran de un topacio brillante que pronunciaban sus perfectos rasgos. Parecía un dios, un dios muy enojado. Su puño estaba fuertemente apretado alrededor de un ramo de flores y su respiraba agitadamente.

-Lo siento- me disculpé de inmediato poniéndome de pie. Empecé a limpiar la suciedad de mis pantalones y miré con horror las flores que sin querer había aplastado.- No fue mi intención…

-No ha respondido a mi pregunta- me interrumpió Edward. Me volteé hacia él. Sus ojos comenzaban a ponerse oscuros. No estaba segura si era a causa de hambre o sólo era que estaba enojado conmigo.- ¿Usted dijo que iba a matar a Edward Cullen?

Se me hizo un nudo en la garganta.

-Eres Edward Cullen, ¿cierto?- pregunté. Edward, o por lo menos quién pensaba que era Edward, asintió.- Esto no puede estar pasando- pasé mis manos por mi cabello y caí de rodillas- Esto no puede estar sucediendo.

Edward no dijo nada. Si estaba en lo cierto y él era realmente Edward Cullen entonces probablemente estaba leyendo ahora mismo mis pensamientos y pronto me preguntaría cómo sabía su nombre, lo cual sabía porque él era producto de mi imaginación, y por qué estaba pensando en golpear mi mano contra una de las tumbas hasta que cayera inconsciente. ­

-Respondí a su pregunta, ahora usted debe responder a la mía- gruñó Edward. Él no era el tipo de persona que se enojaba con facilidad, pero supongo que cuando oyes a alguien decir que te van a matar, yo también me pondría furiosa. Respiré hondo antes de volver mi atención a él.

-¿No puedes escuchar mis pensamientos?- le pregunté.

Edward apartó su cabeza en estado de shock.

-No- me dijo con la voz quebrada- No puedo.

Alejé mis manos de mi cabello y lo miré shockeada.

-¿Qué quieres decir con que no puedes?- me paré y caminé frente a él. Él dió un paso atrás.- ¡Eres Edward Cullen! Llamado al nacer Edward Anthony Masen el veinte de Junio de mil novecientos uno en Chicago, Illinois. Tu madre es Elizabeth Mase y tu padre es Edward Masen Sr. Ellos murieron en mil novecientos dieciocho cuando la Gripe Española golpeó a Chicago. Tu padre murió primero y luego tu madre desesperada por salvar tu vida le pidió a su doctor, Carlisle, que salvara tu vida. Probablemente ella sabía que su doctor era realmente un vampiro. Él bebió tu sangre después de que tu madre muriera.

Edward no dijo nada. Sus labios estaban apretados y echaba fuego por la nariz. Acababa de contarle la historia de su vida y él no podía leerme la mente para contarle como sabía esto. Era demasiado caballeroso como para atacarme pero podía ver que estaba teniendo problemas con algo. Decidí dar un paso atrás. No quería que se enfureciera más conmigo. Esta vez tuve cuidado de ver detrás de mí para no caer en ninguna de las tumbas y molestarle más de lo que seguramente ya había echo.

-¿Cómo sabe todo eso?- soltó Edward finalmente.

Le miré y suspiré. Podía decirle la fácil respuesta de que no lo sabía. O decirle la verdad y admitir ser la autora de una novela best seller en la cuál él era el personaje principal. Mentir parecía una buena opción, pero ya había visto demasiados programas de televisión y suficientes películas como para saber que mentir nunca llevaba a nada bueno. Además era muy mala mintiendo y terminaría por soltarle algo sobre lo que yo sabía acerca de dónde obtenía mi información.

-No puedo decírtelo- decidí escapar por la tangente.

-¿Por qué no puede decírmelo?- me gruñó Edward.

-Porque no me creerías- le respondí sincera. Edward entrecerró los ojos pero cedió un poco a la fuerza con la que sostenía las rosas. Lanzó una mirada oscura antes de desaparecer y reaparecer a mi lado. Solté un grito fuerte y apreté fuertemente mi corazón dando un paso al costado, evitando la lápida del padre de Edward.

Se arrodilló frente a la tumba de su madre y dejó suavemente el ramo de flores al lado del ramo marchito. Me alejé, concediéndole a Edward un momento con su madre. Decidí interesarme por los negros nubarrones que cubrían al cementerio. Sentía curiosidad por saber si estaban siempre allí o si iban y venían a su antojo. Nunca había visto un cementerio como este. Usualmente estaban bien cuidados y llenos de luz. Claro que además nunca había estado en un cementerio en medio de la noche, así que supongo que tal vez se vea similar a esto.

-¿Cómo llegó aquí?- Edward dirigió la pregunta hacia mí. Me volteé y casi me lanzo a él. Él estaba justo detrás de mí.

-Entré por las rejas- señalé las rejas oxidadas. Edward frunció las cejas. Seguí la dirección que señalaba con mi dedo para comprobar que las rejas seguían ahí. Lo estaban, pero estaban cerradas. Me tensé. No recordaba haberlas cerrado y estaba segura de que hubiera escuchado si se hubieran cerrado solas.

-No pudo haberlo hecho- Edward sacudió su cabeza- Nadie puede abrir esas rejas.

-¿Entonces cómo llegaste aquí?- le pregunté.

Edward señaló la pared de ladrillo gris de unos diez pies de altura.

-Salté el muro- dijo sin rodeos.

Mi primera reacción fue reírme pero luego me di cuenta de que Edward era un vampiro de ciento siete años. Yo lo había creado increíblemente rápido, fuerte, y supongo que era capaz de saltar un muro alto de ladrillo sin perder la respiración, no es que realmente la necesitara. Era sólo un hábito el que los vampiros respirasen.

-Todavía entro por la puerta- murmuré bajo mi aliento. Era la única respuesta madura que pude pensar. Me mordí la lengua antes de que le soltara que yo era la razón por la que podía saltar tan alto.­

-¿Por qué dijo que iba a matarme?- preguntó Edward. Hice mentalmente una mueca. Sabía que no debía haberlo hecho tan terco.

-Es por la misma razón por la que sé todo acerca de ti- admití. Su expresión no cambió. No iba a tomar eso por respuesta y yo lo sabía. Suspiré mentalmente. Necesitaba contarle a alguien.- No puedes pensar que estoy loca- añadí rápidamente. Edward no dijo nada.- Debes prometerme que no pensaras que estoy loca- reformulé mi declaración para obtener una respuesta de él.

-No prometo nada- respondió Edward. De alguna forma su respuesta me sorprendió. A pesar de que técnicamente había creado a Edward, él tenía la tendencia de escribir su propia historia y hacía sus propias respuestas. Durante mi proceso de escritura él había desarrollado su propio personaje, y supongo que esto no será distinto.

Suspire y fui a sentarme contra el muro. No sabía si iba a ser una larga historia o no pero aún así estaba cansada de estar parada y necesitaba algo donde sostenerme. Edward no abandonó su lugar. Continuó observándome mientras apoyaba mi espalda en la pared para deslizarme al suelo. Pegué mi cabeza contra la pared cuando mi trasero finalmente tocó el suelo.

-Creo que estoy en Imagination Land- usé el nombre con el que estaba familiarizada. La cara de Edward no cambió.- Si lo estoy,- continué- entonces hay una probabilidad de que esté atrapada dentro de una especie de universo alterno que mi mente creó para mí- hice una pausa para dar un efecto dramático.

-Continua- urgió Edward.

Suspiré.

-Si lo que creo es cierto, y tú eres realmente Edward Cullen, yo te creé.

- Usted esta realmente loca- Edward empezó a caminar, a velocidad humana, hacia la pared de ladrillo.

-No, espera- rogué, levantando mi brazo. Edward se detuvo.- Puedo demostrártelo.

-¿Cómo?- preguntó Edward.

-No lo sé,- admití- pero por favor no me dejes aquí. No tengo idea de dónde estoy. Lo último que recuerdo antes de estar parada frente a las rejas del cementerio, es ser golpeada por un camión. Y estoy realmente asustada- traté de apelar a la parte humana de Edward. Si este fuera Carlisle, tendría más surte. Carlisle tendía a ser más protector y generoso con los humanos. Aunque Edward no tenía ningún problema con los humanos, no les tenía simpatía.

Edward cerró sus ojos.

-Tienes tres minutos para convencerme de dejarte aquí- Edward abrió sus ojos y se volvió hacia mí.

-Soy autora.- traté de empezar con un enfoque diferente- Creé una historia cuyo personaje principal se llama Edward Cullen, quien es un vampiro de ciento siete años. Se parece exactamente a ti y por la forma en la que reaccionaste, tiene el mismo pasado- Edward giró su cuerpo hacia mí. Tomé esto como una señal para continuar- Las otras tumbas de aquí- las señalé con un movimiento de mi mano- Son de personajes que escribí.

-Demuéstralo- la voz de Edward era menos dura. Me levanté de la pared y caminé hacia la tumba continua a la de los padres de Edward.

-Royce King- miré de vuelta a Edward.- Él era el prometido de Rosalie antes de que la violara y la abandonara moribunda en la calle. Después de que Carlisle la convirtió en vampiro, ella encontró a Royce y a sus amigos y los mató. Dejó a Royce para el final, la noche que lo mató, ella vistió su vestido de novia. No derramó nada de su sangre.

Edward bajó la cara y me miró como si le hubiera dicho que iba a morir en tres días. Pasé saliva a través del nudo de mi garganta y me dirigí a otra tumba.

-Charles Evenson.- leí- Era el esposo de Esme antes de que ella saltara del…

-¡Te creo!- me interrumpió Edward.

-¿Lo dices realmente o sólo lo dices para que deje de hablar?- pregunté alejándome de la tumba. Edward había adoptado a Esme como su madre y le dolía escuchar la vida que ella había vivido antes de convertirse en vampiro.

-Así dejarás de hablar- respondió Edward honestamente.

-Eso pensé- murmuré para mí misma.

-¿Cómo te llamas?- preguntó Edward caminando hacia mí.

-Isabella Swan- respondí. Su expresión no cambió.- Pero prefiero Bella.

-Bella- repitió Edward mientras pasaba a mi lado. Mantuve mis ojos en él. Se dirigió hacia la puerta oxidada. No me moví, no sabia si quería que le siguiera o no. Él se volteó.- ¿Vas a venir?- preguntó.

-¿A dónde vamos?- pregunté, alcanzándole.

-Me vas a enseñar cómo abrir las rejas- me informó Edward.

-¿Qué cosa?- pregunté.

-Sólo abre la reja- me dijo Edward al detenerse frente a las rejas.

-No quiero hacerlo- me sonrojé. Edward se tensó.- Es algo embarazoso- admití.

-¿Estas segura de haber entrado por las rejas?- preguntó alzando una ceja.

Suspiré.

-Te vas a reír de mí- murmuré y me puse frente a las rejas- Estoy aquí para la muerte ver, y no tengo pan en mi poder. Por favor quiero pasar, así puedo ir a cagar.- murmuré bajo mi aliento. Las rejas empezaron a crujir alejándose la una de la otra. Edward y yo dimos un paso atrás.

-¿Cagar?- preguntó Edward volviéndose hacia mí.

-¡Tenía seis años!

Fin del Capítulo.

Nota de Daddy's: Les dije que los capítulos serían más largos que el prólogo. Pensé que esta historia sería algo más difícil para escribir, pero me equivoqué. Realmente disfruté este capítulo (si, me halago a mí misma). ¡Les pido un favor! Por favor no roben la idea acerca de alguien volviéndose loca al enterarse que su esposo ha muerto, esa es una historia que escribí cuando estaba en séptimo grado para mi profesora de inglés (no le gustó mucho) y me gustaría que no fuera publicado en un fanfiction o en algún otro sitio. Por favor y gracias. ¡Realmente espero que les guste este capítulo!...

Daddy's Little Cannibal

Nota de Aye436: Bien, espero que les haya gustado y no haberla cagado en la traducción. Mil gracias por los reviews de aliento, ya me pongo a contestarles y a mandarle la traducción a Daddy's XD. Bueno los espero en el siguiente capítulo. Ya saben qué hacer para que continúe la traducción… ¡DENLE AL GO!

XOXOX

Aye436.