Imagination Land

Nota: Ok. Sólo cómo aclaración, (Daddy también lo menciona) Bella NO es la autora de Twilight, sería como la autora de un pre-Twilight, o como yo le digo: Pre-Midnight Sun. Ella escribió una novela en la que cuenta la vida del vampiro Edward Cullen, desde su transformación hasta la llegada a Forks, ese fue el final de su libro, el cuál sus fans demandan continuar… Bueno aclarada la duda…

Disfruten…

Aclaración: Twilight no me pertenece. Esta historia es de la autora Daddy's Little Cannibal, yo sólo la traduzco.

"Me gusta lo absurdo. Esto despierta las células del cerebro. La fantasía es un ingrediente necesario en la vida. Es una forma de mirar la vida a través del lado incorrecto de un telescopio. Que es lo que yo hago, y esto permite que te rías de las realidades de la vida."
-Theodore Geisel

Forks

Renée Dwyer se sentó al lado del cuerpo de Isabella Swan. Su pequeña mano se cerró en uno de los pálidos dedos de su hija mientras luchaba para retener las lágrimas que amenazaban con salir. Acababa de llegar de Florida, donde ella vivía con su nuevo esposo. Las noticias del accidente de Isabella estaban siendo cubiertas por cada estación de noticias de todo el estado. El cuarto estaba cubierto con flores, cartas, globos, regalos, y otras tantas cosas que Isabella no sería capaz de disfrutar.

Un fuerte golpe hizo que Renée regresara su mirada hacia su hija. La puerta se abrió lentamente para revelar a un doctor muy joven. Su cabello castaño le caía por la espalda y le regaló a Renée una sonrisa muy halagadora mientras sostenía un portapapeles en su mano. Renée le devolvió la sonrisa, no queriendo ser grosera con el médico de su hija.

-Señora Dwyer- le sonrió el Dr. Moran- Soy el Doctor Moran, el doctor de Isabella- se adentró en la habitación y puso su atención en Isabella.

-¿Cómo lo esta haciendo?- Renée apretó más fuerte la mano de su hija mientras miraba al doctor.

-Mejor de lo que pensamos- el Dr. Moran le sonrió. Renée se apretó el corazón con su mano libre mientras un respiro de alivio abandonaba su seca garganta. Las lágrimas le cayeron por las mejillas, esta vez por alivio- Ella pasó la noche y esperamos que continúe luchando. Es una chica fuerte y esperamos que despierte.

-Gracias- sonrió Renée- Muchas gracias.

El Dr. Moran le asintió antes de abandonar el cuarto y dejarle un momento a solas con su hija.

-¿Cómo va la señorita Swan?- preguntó una de las enfermeras tan pronto como la puerta se cerró tras él.

El Dr. Moran suspiró.

-No creo que lo logre...

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-Ok- empecé a hablar conmigo misma mientras caminaba fuera del cementerio de Imagination Land- Tú puedes verme- puse mis manos en mi pecho- Y yo puedo verte.- miré a Edward. Él me miraba a través de sus cejas fruncidas mientras se apoyaba sobre la pared de ladrillo.- ¿Ahora, por qué no puedes ver todo esto?- moví mis brazos en círculos mientras señalaba el bosque de árboles rosas, pasto azul, y cielo amarillo.

-Yo veo todo esto- Edward me imitó moviendo sus manos formando círculos, tal y como yo lo había hecho.

-Me refiero a los árboles rosas, el cielo amarillo y el pasto azul- le grité, avanzando hacía adelante. ¡No era justo! Finalmente le había convencido que podía abrir la puerta y nos encontramos con que ambos vemos dos cosas diferentes. Sabía que pensaba que estaba loca, demonios hasta yo pensaba que estaba loca. Me senté en el pasto y me tensé. Debía haber una explicación lógica para todo esto.

-El Sol está a punto de salir- me advirtió Edward.

Alcé la vista al cielo y me tensé.

-El Sol ya salió. Es lo que hace que el cielo sea amarillo- alcé mi dedo en el aire apuntando al cielo amarillo. Edward miró al cielo antes de tornarse hacia mí. Alzó una ceja.

Solté un sonoro suspiro. No estábamos consiguiendo nada. De lejos la única cosa de la que estaba convencida era de que estaba en verdad en Imagination Land. Si no estuviera ahí no habría manera de explicar a Edward o al cementerio lleno de personajes ficticios. Pero había demasiadas cosas que necesitaban ser explicadas. ¿Por qué estaba en Imagination Land? ¿Por qué Edward podía verme a mí pero no a los árboles rosas, el pasto azul y el cielo amarillo? ¿Y cómo iba a regresar a casa? Tenía un trabajo, un novio, y una vida. No podía vivir en Imagination Land para siempre.

-Dijiste que esto era Imagination Land- Edward me sacó de mis pensamientos. No sonaba convencido, sonaba molesto.

Asentí.

-Y ese es el Cementerio de Imagination Land- señalé al cementerio detrás de él.

Edward rodó sus ojos pero volteó a ver detrás de él.

-¿Cómo creaste Imagination Land?- preguntó. Era obvio que trataba de animarme.

-Cuando tenía siete años, comencé a contarme historias y como forma de recordarlas creé Imagination Land, así podría...- mi boca y mis ojos se abrieron de golpe. Solté un grito de felicidad y rápidamente me puse de pie.- ¡Lo tengo!- le grité a Edward. Él volvió a entrar en shock y se tensó.- Sé como salir de Imagination Land, o al menos ver lo que tú estás viendo.

Empecé a brincar en círculos mientras alzaba los brazos al aire. Estaba tan feliz que literalmente brincaba de alegría. Creé Imagination Land así tendría una especie de gabinete de presentación para las historias que me contaba. Cuando quería contarme una historia, tendría que pensar la trama y luego la historia empezaría a desarrollarse para mí como una película. Sólo tenía que pensar lo que quería ver y los personajes que actuarían para mí.

Dejé de brincar y me volteé hacia un Edward demasiado asustado.

-Mmm...- pensaba en cómo iba a hacer esto- Tú estas viendo Forks, Washington, ¿cierto?- pregunté. Personalmente nunca había estado en Forks, así que para mí era como Imagination Land. Aún cuando había hecho una investigación acerca del mismo, los alrededores y los hogares fueron creados por la imaginación, incluso aunque estuvieran basados en lugares reales.

Edward asintió despacio.

-Ok.- empecé a hablar para mí misma- Si estamos en Forks, entonces eso significa que todo debe ser muy verde- miré los árboles. El rosa de la corteza se estaba tornando oscuro. Dejé salir un gritito ansioso y reprimí gritar realmente. Estaba funcionando.- Dijiste que ya casi era el amanecer.- miré a Edward, la pared de ladrillo gris en la que estaba apoyado comenzaba a empezando a iluminarse y se volvió de un color rojo cobrizo. Mis ojos se abrieron y reprimí un grito.

Edward asintió, respondiendo a mi pregunta.

El cielo se estaba oscureciendo y más árboles empezaron a aparecer, esta vez la corteza era café con un moho verde pegado a esta. Miré al rededor, el que había sido una vez pasto azul, era ahora de un color verde oscuro y estaba un poco húmedo por el rocío de la mañana. Porque esto era Forks, había nubes en el cielo negro. Di varios pasos hacia atrás para admirar mi trabajo.

-¿Puedes verlo ahora?- preguntó Edward cuando esquivé un árbol metiéndome en una raíz que salía de la tierra.

Asentí.

-Es realmente verde- observé- Debí de haberlos hecho que se mudaran a Dallas o a algún lugar similar. Odio el verde.- murmuré la última parte para mí. Para mi sorpresa, y estoy segura que también para él, Edward rió. Me volví hacia él. Estaba sonriendo para sí mismo mientras meneaba la cabeza. No estaba segura si se estaba riendo de mi idea de que viviera en Texas o si todavía le era divertida la idea de que yo le hubiera creado.

-¿Entonces lo ves ahora?- preguntó de nuevo Edward.

Asentí.

-Veo los árboles verdes, el pasto verde, y estoy segura de que si no estuviéramos a mitad de la noche, el cielo sería verde también.

Edward volvió a reír.

-Bienvenida a Forks- se separó de la pared de ladrillo y comenzó a caminar hacía el bosque.

-Espera- le grité. Él se detuvo y se tensó dirigiendo su mirada hacia mí.- Por favor no me dejes aún.- le supliqué- No tengo ni idea de dónde estoy y estoy segura de que si me dejas ahora volveré a Imagination Land y por más de que disfrute mucho los colores brillantes, el rosa de los árboles comenzaba a asustarme.

Edward suspiró antes de avanzar hacia mí de nuevo.

-¿Qué dice el letrero del cementerio?- Edward preguntó señalando al cementerio detrás de mí.

Me volteé y me tensé. Este no era el cementerio de Imagination Land, del que había sido testigo. Había nubes en el cielo, pero en lugar del cementerio que parecía salido de una película de Stephen King, parecía un cementerio normal. El pasto, por lo que podía decir, era verde, las paredes de ladrillo eran del color cobre del ladrillo, no había niebla cubriendo las tumbas, y estaba segura de que cuando el Sol saliera, la luz del Sol iluminaría el cementerio. También había más filas de lápidas.

Miré de nuevo a Edward antes de leer el letrero por encima de este.

-Cementerio Forks- leí en voz alta. Me tensé y me volví hacia Edward.- No es el mismo cementerio.

-Claro que lo es- Edward caminó hacia mí.­

-Si es el mismo cementerio que viste, ¿Entonces por qué no podías abrirlo?- le solté, furiosa ante las muchas preguntas que empezaban a surgir.

-Porque no tengo la llave.- Edward señaló a las rejas. Dirigí mi atención hacia donde señalaba. Había una cadena, una cadena normal de bicicleta, con un candado manteniendo las rejas juntas. Me tensé y arrugué mi frente.

-¿Por qué no la abriste con tu fuerza vampírica?- pregunté.

-Porque entonces ellos sabría que yo la rompí- explicó Edward.

-Pero tú dijiste que nadie podía entrar en el cementerio- dije soltando otro punto.

-A menos de que alguien tenga la llave- dijo Edward, como si esto fuera lo más obvio del mundo, cosa que lo era.

-Oh- me tensé- ¿Pero entonces cómo fui capaz de abrirles con la rima?- pregunté viendo a las rejas detrás de mí.

-No lo sé- Edward sonaba menos enojado. Me volteé hacia él. Estaba tenso.- Esa es la única razón por la que no te he dejado.

No sabía si tomármelo como algo personal o no. Decidí que no. Estaba segura de que hubiera dicho lo mismo si estuviera en su lugar. Me tensé junto a él y apoyé mi espalda contra los barrotes de las rejas. Estas se movieron por la presión repentina de mi peso. Gruñí con frustración.

-¿Se te ocurren algunas ideas?- pregunté mirándole.

-¿Te importaría ir a hablar con Carlisle?- Edward me miró con curiosidad.

Mi primera reacción fue la de saltar arriba y abajo y gritar "si" a todo pulmón. Pero traté de parecer indiferente ante esto. Edward iba a llevarme a su casa, lo que significaba que finalmente conocería a su familia. Aunque Edward era el personaje principal en mi novela, aun disfrutaba escribir acerca de los miembros de su "familia".

Rosalie Hale, la más hermosa criatura que camina por la faz de la Tierra, su esposo Emmett McCarty, el más fuerte de la familia Cullen. Mary Alice Brandon, la más pequeña de los Cullen pero una de los más importantes debido a su habilidad para ver el futuro, su esposo Jasper Whitlock, un veterano de la Guerra Civil del Sur que podía manipular las emociones de la gente, y finalmente el Dr. Carlisle Cullen y su esposa Esme Evenson, los "padres" de los niños Cullen.

-Si piensas que es lo mejor- solté finalmente.

Edward asintió una vez antes de acercarse con un paso hacia mí. Sus movimientos eran rápidos, como si se estuviera deslizando. Lo miré detenidamente mientras se paraba delante de mí tendiéndome su mano. Me tensé ante este acto. Quería cogerla y permitirle llevarme a dondequiera él había planeado, pero mi sentido común hizo acto de presencia, por lo que sólo me quedé mirándola.

-No te voy a lastimar- prometió Edward. Miré su rostro. Sus ojos estaban entrecerrados y sus labios formaban una fina línea recta. Tragué saliva audiblemente antes de tomarle la mano. Él envolvió mi mano con sus fríos dedos y me empujó más cerca de él. Le miré a la cara y asentí hacia un sendero de tierra que daba a un estacionamiento.- Conozco un atajo- Edward respondió a la pregunta que no había dicho aún.

-Espera- me aparté de él y miré al cementerio- Tengo una pregunta- miré nuevamente a Edward. Me miraba con curiosidad.- Cuando dije los nombres ahí- señalé con un movimiento de mi cabeza al cementerio- Estos no eran los nombres reales que había en las lápidas, ¿no es así?

Edward meneó su cabeza.

Me mordí el labio.

-¿Cómo llegaron tus padres ahí?- pregunté mirando de nuevo hacia el cementerio- Ellos murieron en Chicago. ¿No deberían de estar enterrados en un cementerio allí?

El rostro de Edward se descompuso. Me mordí el labio de nuevo, así esta vez no iba a empezar a gritar a todo pulmón. Estaba feliz, no eufórica, por haber encontrado una especie de agujero en este pequeño y ficcional mundo loco que había creado.

-Ellos no fueron enterrados de manera propia en Chicago- explicó Edward. Mi rostro se descompuso.- Así que les compre unas tumbas aquí y los enterré propiamente.

-Oh,- hice una mueca. Sabía que debía estar feliz por él, pero me estaba recobrando del desencanto por encontrar que no había descubierto ningún agujero. Todo tenía sentido, bueno casi todo; aún seguía sin saber cómo había podido abrir las rejas. "Can we go?" Edward asked, holding out his hand.

-¿Por qué tenemos que tomarnos de las manos?- le pregunté tomándole la mano.

-Tú deberías saberlo- me sonrió, exponiendo sus perfectos dientes blancos.

Me tensé, pero era demasiado tarde para preguntar. Fue un movimiento rápido. Hacía un minuto estaba en el suelo, y al siguiente mis rodillas abrazaban la cintura de Edward mientras me sostenía fuertemente en su espalda. Agarró fuertemente mis muñecas que ahora se encontraban alrededor de su cuello. Podía sentir su cuerpo subir y bajar mientras corría a través del bosque, esquivando de forma experta los árboles. Cerré mis ojos y escondí mi rostro en su espalda. Me estaba arrepintiendo realmente de haberle creado tan rápido.

Nunca había sido fan de la velocidad. Esto era en parte consecuencia de ser la hija de un jefe de policía. Había sido criada para obedecer la ley, aunque esta fuera una violación menor del tráfico como ir a límite de velocidad. Además nunca había tenido un auto, aunque mi libro había terminado en la lista de Best Sellers de Nueva York, que fue capaz de pasar a cuarenta y cinco sin morir. Así que montar en la espalda de Edward mientras corría, lo que sólo podía asumir que serían más de cincuenta millas por hora, era muy aterrador.

Cuando se detuvo por completo Edward soltó mis rodillas y alejó suavemente mis manos de su cuello. El viaje había durado no más de un par de minutos. Me tensé, no recordaba haber mencionado que su casa estaba cerca de un cementerio. Cuando estuvo seguro de que podía mantenerme en pie por mí misma, soltó mi muñeca. Mala idea de su parte, poseía el peor equilibrio en la historia de la humanidad, así que de todas formas terminé cayendo sobre mi trasero. Se volteó a verme shockeado, sus ojos abiertos como platos y su boca ligeramente abierta. Alzó una ceja.

-Mis piernas se sienten como gelatina- gruñí mientras sobaba la parte baja de mi espalda.

Edward me miró tenso.

-¿Estas bien?- preguntó tendiéndome su mano.

Asentí.

-Mi trasero sólo intenta familiarizarse con el terreno- murmuré tomando su mano. No le tomó mucho ponerme en pie. Perdí mi equilibrio y dio un paso hacia adelante. Edward soltó mi mano y rápidamente me tomó por los hombros así podría ayudar a enderezarme.

-No tienes buen equilibrio, ¿cierto?- preguntó alzando una ceja.

-Realmente no- admití separando mis pies ligeramente así podía tener mejor equilibrio. Edward me sonrió y removió sus manos de mis hombros.

-Quédate aquí- ordenó. Me tensé, justo ahora caí en la cuenta de que no tenía ni la más mínima idea de dónde me encontraba.

Nos hallábamos en medio de un garaje. Había varios autos estacionados entre nosotros. Supe de inmediato a quién pertenecía cada uno, pero no estaba tan interesada en los vehículos como en la casa que había afuera. Mi boca se abrió de golpe.

-¿Te gusta?- preguntó Edward.

Asentí.

-Es tal y cómo la imaginé.

La casa fue construida hacía más un siglo. Esme la remodelo cuando Carlisle y el resto de la familia se mudaron allí. Lo único que había hecho, además de sacar la pared del sur y reemplazarla con una ventana (pero esto no era visible desde la parte de enfrente), fue revestirla con pintura blanca. El color original era un amarillo pipí, que a Esme no le gustó.

-Quédate aquí- ordenó Edward de nuevo.- No quiero asustarlos.

-Buena suerte asustando a Alice- murmuré secamente pero haciendo lo que él me pidió.

Fin del Capítulo.

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¿Y bien? Traduzco patéticamente? Jeje, siento haberles hecho esperar, tenía tanto que hacer… pero bueno. Aquí esta el capítulo. A Daddy le encantaron sus reviews, y a mí también, la verdad que sin ellos no seguiría esta traducción. La historia ya cada vez se pone mejor. Lo que sigue es que Bells conozca a los Cullen, y la verdad quién se lleva la gloria como siempre en los fics de Daddy's Little Cannibal, es Emmett, les juro que hace que este grandote sea más bufón que nunca.

Bueno los dejo y así me voy a terminar de retocar la Nana Swan (mi fic).

XOXOX

Aye436.