III
The Joker Jack - Mr. Jack Thorekej (I)
—¿Acaso nunca has puesto un detonador? —preguntó ofendido. Ella tragó en seco, humillada, avergonzada de sí misma, como si un profesor universitario le preguntara por qué no sabía sumar dos más dos. Sólo que no podía entender que una cosa es matemática de niños y otra, muy diferente, era poner un detonador. Si él le decía que tendría que saberlo, era así, incuestionable… básico.
—Disculpa, puding, yo… nunca he estado haciendo este tipo de cosas —respondió, cabizbaja. Los ojos oscuros amagaron ablandarse un poco. Él la tomó del mentón, como solía hacer, y una leve sonrisa apareció en los labios negros de la mujer.
—En esa cabeza —la golpeó suavemente con la mano libre—, en esa cabecita hueca —aunque era irónico y, en cierto modo, cruel, no le importaba mientras siguiera hablándole.— hace falta mucha instrucción. ¿Qué tan dispuesta estás a aprender el arte de matar?, ¿de convertir las tragedias humanas en diversión?, ¿en hacer que la delincuencia, vista por los demás como sucia y vulgar, se convierta en un digno acto de Arlequín?
—No lo pienso repetir de nuevo, Quinn. Dinos dónde está, qué planea, lo que tengas, por más mínimo que creas que es. —Esa voz de pronunciación fuerte retumbaba por su cabeza todo el tiempo, aturdiéndola. Abrió los ojos, que lloraban contra su voluntad, y vio ese rostro macabro, frío. ¿Cuántas horas...? ¿O solo minutos?
—Detective Kolter… no estoy seguro de si es conveniente continuar con esto. Podemos intentarlo mañana, o pasado mañana —comenzó Arkham. El detective se limitó a reír como un maníaco, mientras Harley trataba de entender… de recuperarse por las cinco descargas que había recibido.
—No, doctor, no voy a tener otra oportunidad. —Volteó a donde estaba ella. —Dínoslo… por favor.
Harley intentó articular unas palabras, pero la saliva que acumulaba en su boca por el mordillo de hule hizo que se ahogara. Kolter se lo quitó enseguida, esperando con ansias la respuesta que tanto quería escuchar. La chica tosió con fuerza y, cuando terminó, empezó a reír desenfrenadamente.
—Arlequín… el símbolo de la diversión y la frivolidad. ¡Verás como los haremos reír a todos, Harley!
—¡¿Se puede saber qué es tan gracioso, maldita perra?! —gritó, abofeteándola brutalmente.
—Suficiente, detective, la sesión de electroshock terminó por el día de hoy. No puedo permitir que trate a estas personas así mientras están bajo el título de "pacientes". Si estuvieran en una celda de la comisaría, sería otra cosa. —Chasqueó los dedos y la enfermera, que manejaba la caja metálica que largaba electricidad, se llevó a la rubia de la habitación. —Acepté esto a espaldas del comisario Gordon, pero si le llegara a pasar algo grave…
—No va a pasarle nada, Arkham, por favor. ¿Cree que un criminal moriría así, como si nada? Usted no los conoce; se entrenan igual que los del FBI, saben soportar cosas atroces, y yo no pienso perder.
—Detective… recuerde que ya no trabaja más para la CIA. Los criminales de esta ciudad, en su mayoría, son gente vulgar y demente, no agentes terroristas entrenados. Trate de venir mañana, yo voy a cooperar. Después de lo que el Joker ha hecho… además, es algo personal, ese enfermo me arrebató a uno de mis empleados; un demente se levó a un sano. Mi padre jamás se lo hubiera perdonado, ni yo tampoco a mi mismo ahora.
—Como más lo prefiera. —Sacó un cigarro del bolsillo, lo encendió, se retiró hasta la puerta y agregó: —Volveré mañana entonces, a la misma hora. No lo olvide. —Después de eso, se fue solo hasta la salida.
...
El cielo estaba más oscuro y el viento helado, una lluvia tormentosa azotaba su rostro. Por suerte, el camino hacia su auto no era muy largo. Dentro de poco llegaría a casa, se olvidaría de todo, al menos una hora, y podría relajarse. No más Joker, no más Harley Quinn, no más esa figura sombría que se acercaba a él lentamente y...
—¿Pero qué diablos… ? –Batman estaba delante de él. Sombrío, como de costumbre, y acechador. Kolter procuró no mostrarse asustado, sacó pecho y, aclarándose la garganta, preguntó desafiante: —¿Qué es lo que quieres?
—Advertirte… de que si haces otra estupidez fuera de el conocimiento del comisionado Gordon, seré yo quien aplique electroshock a tu cabeza. Cabe la posibilidad de que esté diciéndonos la verdad y en ese caso torturaríamos la vida de alguien que desea regresar a la inocencia de una mente sana.
—¡Oh, por Dios! ¿También te has tragado su cuento? —Se mofó—. Yo no hice ningún juramento, yo puedo matar si lo deseo, pero elegí usar ese valor para combatir contra la escoria enferma que amenaza la ciudad. Ocúpate de otras cosas, el caso de Quinn es mío y del comisionado, tú no tienes nada que hacer.
—Me ocupo de lo que me parece que debo ocuparme; que esté en contacto con el comisionado no implica que sea policía. Yo sigo mis reglas, tú sigues las tuyas, sólo, que resulta que esta vez tus reglas rompen la mías y no lo pienso permitir.
—Sigue tu consejo. Sigue tus reglas —respondió, le dio la espalda, sacó las llaves de su auto y cerró la puerta con fuerza, sin esperar respuesta del caballero oscuro. Pero Batman no iba a dejarlo con la última palabra. Antes de que arrancara, rompió el vidrio de la ventana y lo tomó por el cuello del abrigo.
—Pero no sigas el mío, y deja tus estúpidas reglas. —Y como siempre hacía, desapareció enseguida, sin darle tiempo a la visión de Kolter de ver por dónde y cómo. Al parecer iba en serio, pero no podía entender cómo la astucia para capturar antes al Joker, puede caer en un truco tan barato, como ese del que Quinn ya no ama más al payaso asesino.
...
El hombre era un tanto extraño: tenía dientes amarillentos y cuando le preguntó al guardia de seguridad dónde quedaba la oficina de Arkham, le puso mala cara, como si tuviera asco, sólo que no tenía mucho sentido molestarse en explicar que por más que se los cepillara permanecerían iguales. De todos modos, sus dientes amarillos le gustaban mucho, eran originales, incluso interesantes.
—Permiso —dijo, cuando abrió la puerta de la oficina.
—Adelante —respondió el doctor. Al levantar la cabeza para observar a su visitante, sintió una sensación de escalofríos mezclado con ganas de reír.
No tenía idea de porqué, el hombre era perfectamente normal: piel clara, ojos negros y profundos, cabello corto, limpio y negro, nariz picuda, labios finos y bastante rosados, como si los estuviera mordiendo constantemente. Unos desaprobados dientes amarillos, pero fuera de eso nada más. Su vestimenta era común y corriente: camisa blanca, corbata azul oscuro, pantalones negros, un sobretodo violeta y portaba, además, un maletín de cuero negro.
—Soy el doctor Jack Thorekej, no sé si me recuerda. —Carraspeó. —Supongo que sí, porque ayer tuvimos una larga charla sobre el tema de comenzar a atender a los pacientes de la doctora Leland.
—Si, lo recuerdo, doctor Thorekej. Y veo que llegó preparado. Me alegro bastante, porque si no llegaba a venir hoy, no tendríamos psiquiatra para realizar las sesiones. Aunque los pacientes de la doctora Leland no son muchos, estamos trabajando con la muchacha Harleen Quinzel; supongo que sabe de quién se trata.
Jack se miraba las medias, perdido, cosa que incomodó a Arkham, pero, en seguida, reaccionó, levantó la cabeza y respondió:
—Sé aproximadamente de quién se trata, pero no leo mucho el periódico, ya sabe, no se puede confiar del todo en los medios, así que me mantengo neutral para hacer mi propio juicio del paciente. —Se mordió el labio inferior con fuerza, luego prosiguió. —¿Así que voy a tratar a la pequeña Harleen? Espero que no tenga antecedentes violentos contra sus doctores…
—Descuide, Thorekej, hasta ahora no ha sucedido nada. —Miró su reloj de pulsera. —Como he visto, llegó dispuesto a empezar con la primera sesión, que casualmente es de ella. Si no le molesta, en quince minutos comienza la acción. —Rió torpemente para hacerlo entrar en confianza; el muchacho se volvió a morder el labio y sonrió con timidez.
...
—No necesito que me siga viendo nadie más —se quejó, sombría. Su guardia, Frank, la ignoró, como de costumbre.
Ambos siguieron caminando hasta la sala de siempre. Harley se había propuesto no contestar ninguna pregunta, primero que nada porque era en vano, la imbécil de Leland estaba de adorno; segundo, porque no tenía mucho de qué hablar, ¿para qué gastar saliva? Y último: no pensaba cooperar nunca con semejantes cerdos que la someten a crueles tratamientos para extraerle información. Que se olvidaran de su existencia y la dejaran pudrirse en su celda, antes de seguir con todo aquello.
—Con permiso, doctor Thorekej, ella es Quinn. —El guardia la hizo entrar con un empujón brusco que la tiró al suelo, pero a ella no le importó. —Si tiene el mínimo problema, sólo presione el botón que comunica con nuestra oficina y vendremos a ponerla en su lugar en seguida.
Jack asintió, siempre con cierto aire de timidez, como si decir «Si» fuese horrible.
Cuando el guardia se retiró, Jack notó que a Harley le costaba ponerse de pie con la camisa de fuerza. Se acercó con cautela y la hizo parar. Ella abrió los ojos, sorprendida: no le habían informado de ese cambio... Pero eso no significaba que las cosas cambiarían milagrosamente.
—Buenos días, señorita Quinzel… ¿o Quinn? ¿Cómo prefiere que la llame?
—Me da igual… no va a cambiar nada. ¿Quién es usted? ¿Dónde está Leland?
—Soy el doctor Jack Thorekej, voy a suplantar a Leland el tiempo que tendrá de ausente. —Abrió su portafolio y sacó unos cuantos papeles. —Aquí… tengo… tengo sus archivos, pero sería mejor si habláramos ya mismo para conocernos mejor. Sobre todo, me gustaría hablar acerca de la horrible terapia de electroshock que le aplicaron ayer.
Harley se quedó boquiabierta. ¿Desde cuándo a alguien que trabaja en el asilo le importaba? ¿Desde cuándo le parece horrible algo que su propio jefe permitió? No. Algo seguramente andaba mal, o el muchacho era muy estúpido. No pudo evitar sonreír con histeria mientras se acomodaba en el diván.
—¿Realmente está en desacuerdo con ello?, ¿o solo es un truquito para que le diga algo? En caso de no ser así, déjeme decirle, Thorekej, que es un hombre muy estúpido.
—Puede ser, señorita Quinzel, pero debería saber que no estamos obligados a tener las mismas ideologías que el señor Arkham. Sin contar que no me mencionó lo de ese tratamiento, me he enterado de manera no formal. ¿Qué es exactamente lo que buscaban con eso? Hasta donde sé, no ha hecho ningún disturbio, ni nada que amerite algo semejante. —Sacó del portafolio un anotador y un bolígrafo, esperando impaciente a que la muchacha dijera algo. Harley pensó que el pobre infeliz merecía al menos una oportunidad.
—Creen que sé donde está el Joker y cual es su próximo plan.
—¿Y usted… lo sabe?
—No. Realmente no lo sé...
Ahí fue cuando el mundo se le vino abajo. Fue como si estuviera viendo una obra de títeres maravillosa, pero, de la nada, se cayera el telón, dejando a la vista que quienes los manejaban eran hombres y mujeres, miserables y patéticos. Igual que ella. Una chica patética, encerrada en un asilo para dementes. No por haber asesinado, no por haber robado, si no porque la persona en la que mas creía y amaba, la había abandonado allí, por ser un estorbo, una inutilidad. Y, sin embargo, la tonta creía que conseguiría olvidarlo… ¿a quién?, ¿a quién pretendía engañar así?
Ni siquiera los policías creían que fuera capaz de hacerlo. Por eso los interrogatorios y la obstinación. Ivy quería irse lejos para que lo olvidase, tampoco creía que pudiera resignarse. Todos intentaban rescatarla de algún modo, pero ya no hay vuelta atrás, con el Joker nunca la hay.
—Un Arlequín ve a su público a la cara una sola vez, pero jamás vuelve la vista detrás del telón. ¿Estás segura?
En ese telón estaban su vida, sus sueños, su carrera como persona normal. Pero ser normal es tan repugnante.
—¿Sabe? Yo creo que es verdad lo que dice. Usted entiende, acerca de que no tiene la menor idea de dónde puede estar… es un criminal bastante escurridizo. Recuerdo una vez que hice otra suplencia aquí, hace tres años. Hablar con él era tan extraño… que no quise volver a tratarlo. —Tragó saliva y se mordió el labio con intensidad.
—Eso piensan todos.
—Lo que yo no creo, es que haya dejado de quererlo.
—¿Qué? ¿Quién se cree que es para decir algo así? Ni que me conociera de toda la vida. La doctora Leland tiene más derecho a decir eso que usted, un Don Nadie, que empieza a hacer una suplencia ahora —dijo, ofendida. Pero Thorekej sonrió levemente, triunfal, y por primera vez, ansioso.
—Usted se enamoró del Joker, y lo ha seguido a todas partes, ha cooperado en sus planes. Y no es la primera vez que termina aquí porque él lo decide. Lo que la tiene confundida, es que ni siquiera le mencionó qué sería lo próximo que harían, no la tiene en cuenta para nada. Trata de construirse un muro de roca con esas mentiras, y a la única persona que trata de convencer con la historia de que ya es suficiente y de que no lo ama, es a usted misma, Harleen Quinzel.
—¡Cállese! ¡Es mentira! ¡Usted no sabe nada de mí ni del Joker! ¡Deje de creer que me conoce! —chilló. Se puso de pie y le dio una patada en la cara al doctor Thorejek, quien cayó al suelo con un hilo de sangre brotándole de la boca—. ¡No quiero que me atienda más o juro que lo mataré!
—No me asusta, Harleen… —rió—. Nuestra sesión ha terminado. —Apretó el botón que comunicaba con los guardias e indicó: —Terminado por hoy, muchachos. Pueden llevársela.
...
Durante las noches, en el laberinto, el silencio es tan absoluto que es fácil enterarse de qué es lo que sucede en cada celda, si es que en realidad sucedía algo. Pero sólo estaba el muchacho de limpieza, trapeando el suelo. Miraba de vez en cuando el camino recorrido, porque a pesar de llevar largo tiempo trabajando, la sección siempre era un juego mental para confundir a cualquier ser humano. Le parecía vergonzoso pedirle a un guardia que lo guiara, así que mejor memorizar las cosas.
Miró su reloj y suspiro satisfecho: las ocho de la noche. Su turno terminaba, por lo que emprendió la marcha de regreso, pero un susurro lo sobresaltó. Venía de una de las celdas de paciente nuevo. ¿Estaría hablando con alguien?
Su curiosidad fue fuerte y lo obligó a acercarse con cautela, apoyar el oído e intentar escuchar mejor, pero las puertas gruesas no le permitieron nada distinto, seguían siendo sólo susurros suaves.
Se rascó la cabeza y volvió a emprender su camino a la salida; no valía la pena desperdiciar tiempo en ese maldito asilo.
Pero lo que nadie sabía, era que esos sonidos se propagaron hasta las cinco de la madrugada del día siguiente, que esos sonidos provenían de la mente quebrada de Harley Quinn, no de Harleen Quinzel, quien estaba acurrucada contra un rincón, llorando y mordiéndose los labios con fuerza para ser lo menos percibida posible, pero sin evitar sentir un intenso dolor por todo el cuerpo, sobre en el pecho. Temblaba, se retorcía, y gemía suavemente en la oscuridad:
—¿Por qué no me dijo qué era lo próximo que iba a hacer?
Y lo peor de todo, quizá, es que también esperaba alguna señal de vida de él.
Bueno queridísmos lectores. Cuando publiqué esto, realmente creí que no iba a ser visitado por nadie. La mayoría de los fics donde aparece Harley Quinn están en la sección de "Batman The Dark Knight" (cosa que no entiendo realmente, pero no tiene importancia). Probablemente aparezca uno mío allí, pero por que sigue como secuela de esa película, en caso contrario voy a estar siempre acá.
Quiero agradecer mucho sus comentarios. Me dieron ánimo para no abandonar la hisotira. Y pido perdón por el retraso... estoy en época escolar y si bien, la inspiración fluye mucho... es culpa de los exámenes que me pirve de pasarla al Word ¬¬
Una cosa que quiero aclarar, en el comic "The Killing Joke", se aclara mucho sobre el "pasado humano" del Joker y nos damos cuenta que se llamaba Jack, por eso el título de "The Joker Jack...".
Probablemente les pareció muy denso el capítulo, pero lo necesitaba para poder soltarme pronto a la acción.
Nos vemos pronto.
Saludos =3
