Sangre Negra
"Aun así,
yo cruce el cielo"
Capitulo 2
Pola Kaiou
"¡Serena!"
Una hermosa mañana de otoño, los días completamente inestables y los valles y campos llenos de colores, aromas y alegría. Aquello era muy poco común presenciar esos días. Y ahí estaba ella, abriendo sus grandes ojos azules, su pelo alborotado rubio era una verdadera manta alrededor de su cama, dio una vuelta y la luz que entraba a su humilde casa afecto su vista que con su mano un poco temblorosa aun trataba de apartar. Esto era el otoño de 1895; Rumania.
Sonrió embobada, hoy iría al pueblo a comprar provisiones para la casa, así decía mama Luna. Rápidamente se levanto pero antes de jugar con sus pies, mirando con alegría su pequeño cuarto que lo conforman su cama, armario, velador y sus pertenencias; pequeñas artesanías que ella misma hacia y un par de delantales. Con un poco de dificultad se levanto y rápidamente se cambio de ropa, el frió aun era crudo. Se sentó en su tocador y comenzó a peinarse, en su típico peinado que siempre llevaba desde que era niña. Dos colores altas arregladas en dos chonguitos, se veía lindo. Hizo su cama y con cuidado bajo las escaleras, una vez abajo vio a su familia desayunar "Buenos días"
Pero ella no era normal. A sus veinte años, tenia un leve retraso mental, imposibilitándola de varias cosas; incluido privada del amor. Su vida, a pasado por altos y bajos, pero ella siempre firme hasta el final. Ella tenía una mentalidad de una adolescente, ella vivía un mundo totalmente diferente a todos "Cariño, siéntate rápido que se enfría" Su familia eran campesinos, socialmente mal vistos por sus escasos recursos, provocándole varios problemas a ellos y a sus vecinos, disgustos con los mas ricos. Sus padres siempre la han sacado adelante, a ella y a su hermana, Diana.
"Mama Luna, te quedo bastante rico" ella era Serena. La, ya; mujer hecha y derecha, conocida en el sector por la dulce muchacha. Todos saben de su enfermedad. Mama Luna le contó que en el tiempo que ella había nacido, mandaban a matar a los que nacían con malformaciones o con enfermedades, una de ellas la que lamentablemente padecía, o simplemente los abandonaban en las puertas de otras personas, lo que le ocurrió a ella.
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"¿Diana donde estas?" gritaba con alegría Serena jugando con su hermana. Ella la perseguía, ella era libre de todo. Corrían como locas entre medio de los campos de trigo, esquivando algunas piedras.
Una niña de aproximadamente diez años asomo su cabeza entre los trigales. Su cabello rubio plateado al igual que el de Serena, y grandes ojos verdes miro con entretenimiento a su hermana mayor "Eres muy lenta" rió mas fuerte "recuerda Serena, debes tener cuidado con caerte" dijo regodeona. Serena a duras penas llego hacia ella, cansada pero con su significativa sonrisa "Debes esperarme, Diana" hablaba con dificultad y un poco lenta, como siempre. Le costaba pronunciar palabras y frases, ya que pensaba mas rápido de lo que habla, un extraño síndrome que la ataco al momento de nacer "Sabes que me puedo caer" llego a su lado y le acaricio un poco torpe su cabeza, pero Diana aun así lo recibió con cariño "pero se que tu me levantaras"
Diana rió un poco y se sentó en el suelo. Se saco un zapato lleno de lodo para sacar una piedra pequeña dentro de ella "Sabes, el otro día estaba pensando ir al rió, las dos solas, sin nadie mas ¿Qué te parece ir?" la miro con curiosidad. Serena la miro con alarma y negó rotundamente la cabeza.
"Tu puedes ir con tus amigos. Yo no puedo ir, Mama Luna no me lo permite" se alejo un poco, eso era su escudo… además, Serena no tenia mucho con quien pasar el tiempo, era raro verla jugar con Diana. Prácticamente Serena no tenia amigos, a excepción de Hotaru y Molly.
"Siempre me dices que no… ¡que mas da! Tendré que ir sola" suspiro. Comenzó a caminar y se dio vuelta "Dile a mama que estaré allá junto con los otros chicos, que no se preocupe. Volveré antes de la cena" dio media vuelta y comenzó a correr hacia un punto incierto.
Y como siempre… Serena estaba entre medio de los campos de trigo mirando hacia la nada. Aunque no comprendía en su totalidad lo que ocurría a su alrededor, le dolía mucho sabes que una enfermedad la imposibilitaba de muchas cosas, de eso era completamente conciente; bastante conciente que algunas personas se alejaban de ella por lo mismo. Cuando ella tenia quince años, todas sus amigas se comprometieron, y ella quedo completamente sola en la zona, nadie pidió su mano, nadie. Trataba de esconderse bajo su labor de artesana, pero aun así dolía mucho saber que todos tienen una vida normal, ser aceptados por lo que son dentro de todo, no como ella verdaderamente era.
Alejo esos pensamientos y camino tranquilamente, disfrutando del clima casi templado del otoño. Escuchaba decir a sus vecinos y colegas de trabajo que era una muchacha muy linda, ella siempre se sonrojaba; tampoco era el centro de atención de muchos, y a decir verdad… aquellos halagos lo hacen mujeres de su edad quienes por razones mayores nunca se comprometieron, quedando atadas al campo, a su zona. Serena no era fea, menos horrible, ella era dotada de una gran belleza, pero algunos no veían mucho más allá de lo que podía entregar: tenía un hermoso y abundante cabello rubio, que su mejor amiga Molly le envidiaba. Ojos azules bastante claros, cuerpo menudo y era delgada, femenina y educada. Llego rápidamente a su vecindario, donde saluda con total naturalidad a todos los transeúntes que la conocían. Y a pesar de todo lo ocurrido, tanto en su niñez y adolescencia…
… Ella era feliz.
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Serena estaba sentada en el campo llenos de flores junto a su amiga, Molly. Ambas estaban tejiendo, puede que sea primavera, pero aun hacia frió "Dicen que hoy día cae Luna llena, Serena" Su mejor amiga era una hermosa mujer dos años mayor que ella. Su cabello castaño ondulado no llegaba alcanzan a llegar a sus hombros, y sus ojos verdes alumbraban con vida. Molly era viuda. Su esposo murió de tuberculosis hace tres años atrás, desde ese momento, no acepto la presencia de los hombres quienes querían algo más que su amistad, fue un momento muy doloroso en su vida. Enviudó con una pequeña niña de cinco años, el nombre de la hija de Molly era Tatiana, que heredo la belleza de su madre.
Los ojos de la rubia se encendieron con diversión "¿De verdad?" miro su trabajo. Cada vez que había luna llena, por una extraña razón le fascinaba salir por las noches. Era clara y disfrutaba de la compañía del viento.
"Eso fue lo que me dijo mi madre" Molly presto atención mirando a su hija quien mas allá jugaba con las flores "¿has escuchado los rumores?" dijo con diversión.
"¿Cuales?" a decir verdad, Serena no se enteraba de nada. Tampoco le interesaban los grandes temas de conversación que tenían las mujeres más grandes que ella. Los cuales consistían en compromisos, hijos y hogar. Y Molly si sabia de rumores, miro hacia los lados para saber si nadie estaba cerca, se acerco un poco a Serena y siguió viendo a su hija.
"Comentan que hay vampiros en la región"
"¿Vampiros?" dijo con curiosidad "Los vampiros no existen Molly" negó con la cabeza "Es imposible, aunque me gustaría conocer a uno si no es así. Mama Luna me ha dicho que son hermosos, como en las historias lo cuentan" hablo con dificultad.
"A mi también me gustaría" dejo su trabajo a un lado y se recostó en el pasto mirando las nubes que hacían diferentes forman en el cielo "es como una gran aventura, que te rapten en la noche… y quien sabe" sus ojos se alumbraron en el entretenimiento.
"A mi no me parece tan divertido. Mama Luna me contaba cuando pequeña que ellos succionan sangre, dejando a las personas muertas" tembló un poco "no me gustaría ser victimas de ellos"
"Que cosas dices Serena, los vampiros son los seres mas apasionados de todos" Molly la miro sin prestar mucha atención a su alrededor.
"Son peligrosos" se cruzó de brazos.
Molly regruño y se levanto "Tatiana ven aquí" grito el nombre de su hija "Y Serena… cree en lo que quieras. Después de todo, sabemos que son seres fantásticos que algunos cuentan¿no?"
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Su amiga tenía razón. Era luna llena y como siempre, Serena disfrutaba de la noche estrellada y débilmente alumbrada. Caminaba con tranquilidad, sola como siempre; entre medio de los campos. Se dio cuenta que había comenzado a estar muy lejos de su hogar, pero no le importaba, sabia que por las noches nada malo le ocurriría. Su propia seguridad y algo mas le aseguraba en los brazos de la oscuridad. Por las noches, sus ojos se volvían tristes, melancólicos. Guardaba muchas ganas de llorar, y de nunca lo hacia. Esto era su escape de la realidad hacia su imaginación, su interior y liberar sus sentimientos.
Se sentó cómodamente alrededor del pasto, y pronto comenzó a escuchar música clásica, un vals. No sabia de donde provenía, pero siempre en las noches de luna llena, escuchaba a lo lejos una gran fiesta, donde la gente asiste con sus mejores trajes, la comida era abundante; todo eso pertenecía a la aristocracia. No sabia bailar, toda esa cortesía no le pertenecía a ellos. Pero disfrutaba de la música, siempre salía solo para escuchar y cerrando sus ojos dejarse envolver por la música, soñar que ella era una princesa, bailando con gracias junto a su príncipe, a su amor. Sabía que provenía de algún castillo que se encontraban escondidos entre las montañas de Rumania, en el límite con Ucrania y Moldavia.
Escucho unos ruidos entremedios de los árboles, gemidos. Abrió de golpe sus ojos y miro hacia atrás "¿Qui-quien…?" Serena se asusto y rápidamente se levanto tamaleándose. Y no era para poco, estos se transformaban en gritos agonizantes que realmente le daban pánico. Pronto cesaron. Ella se acerco rápidamente para ver quien o que estaría ahí. Busco por cinco minutos algo con sus manos hasta q toco algo líquido, del suelo encontró sangre, mucha sangre. Aquello la espanto y se levanto, al dar la vuelta se encontró con el cuerpo del mercader de la zona "¿Señor Matt!" se alarmo rápidamente y miro alrededor. Salio entre los árboles y corrió, el campo era claro, no quería darse vuelta. Se detuvo ya que una figura de una mujer se interpuso en su camino, Serena se asusto al ver su mentón lleno de sangre y sus colmillos blancos se veían a simple vista.
La mujer era alta y esbelta, pelo negro y ojos rubí "Has visto mucho niña" se acerco peligrosamente a Serena, que ella solo retrocedía en el horror, los vampiros existían, y ella seria su siguiente victima. La mujer la tomo por los brazos abriendo su boca cerca de su cuello pero Serena trato de esquivar, lo único que podía hacer era gritar por su vida.
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"No me siento digno de trazar una sola letra más, sin antes pedir perdón.Pues sepan ustedes, que antes de martillar cada línea, cada verso, cada idea que fluye por mi mente, lavo en un tiesto lleno de lágrimas, mis acalambradas manos. Por eso, aquí frente a ustedes, antes de casi nada, les pido perdón a las ideas que hoy no concreto, y que en el mañana ¿quién sabe? Talvez en el siguiente alba, deba dejar secas en el tintero.Les pido misericordia a esos infinitos mares cristalinos, que escurren como gotas en mis dedos, cada vez que empuño el océano.Pues ellos, merecen el mismo trato que el resto.Ojalá, algún día, alguien de pluma ágil y corazón noble, recoja sus vírgenes cuerpos de las garras del olvido.Pues el hombre, por más que trate, nunca podrá abarcar todo a la perfección." Un hombre se encontraba frente a una gran audición, escuchándolo hablar. El hombre parecía solo, pero la gente a su alrededor, escuchaba con atención las palabras, parecía nobleza, aristocracia rusa.
"Solo miren a su alrededor, son tantas las cosas que despiertan sensibilidad en este mundo como infinitas las formas en que ésta puede expresarse.Es por ello, que mis pensamientos me dijeron una noche de otoño, cuando los vientos rugían y mi ansiedad despertaba: Realmente escribir es un placer complejo, una euforia de agonía, una pasión lenta y dolorosa.Pues, son tantas las majestuosas olas que pasan desapercibidas en el océano, que al comenzar a describirlas, uno termina ahogándose al bracear menos de la mitad..."
Serena se despertó. Se acomodo en su cama y miro fijamente el techo, era un sueño bastante raro. Nunca había soñado aquellas cosas, y tampoco se acordaba de lo que soñaba. Recordando lo vivido en la noche anterior, se levanto, se sentó frente a su tocador mirando su cuello para ver un índice de mordedura, como decían en las historias, los vampiros mordían en el cuello… pero nada. Ninguna marca, ninguna transformación. Extrañada miro el suelo y comenzó a pensar. No recordaba como llego a su hogar, específicamente a su habitación. Su puerta estaba cerrada, pero su ventana abierta¿quizás su madre entro esta mañana y la abrió dejando entrar aire puro, no lo creía.
Alguien la había traído… ¿pero quien?
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La miro con incredibilidad, era imposible "¿Como?... No estas mintiendo¿verdad?"
"Si, y-yo vi a un vampiro, a una mujer vampiro" relataba Serena a Hotaru, una niña que la mayor parte de su vida lo ha pasado con enfermedades. Era huérfana y hace dos años la recogieron unos ancianos que trabajan en el ganado "Y… ¿te acuerdas del Señor Matt?" Hotaru rápidamente asistió con su cabeza "el estaba en el suelo botado, sangrando… ¡estaba muerto!" la miro a los ojos mientras los ojos de la rubia se llenaban de lagrimas y comenzaba a jugar con sus manos "Después no recuerdo como llegue a mi cuarto… y-yo no se en que momento de la noche llegue, tal vez mi ángel de la guarda…" susurro.
Hotaru no sabia que pensar, había escuchado rumores¿pero a que sean verdad? Lo dudaba "Serena…" tomo sus manos. Hotaru comprendía como debía tratar a Serena, no era normal, ella era una retrasada mental; quizás estaría alucinando las cosas "¿viste eso?" ella asistió "¡pero como, se supone que son leyendas que cuentan!"
"No lo son, yo vi uno" Serena se sentó en el suelo y cerro sus manos "Yo no miento Hotaru, es la verdad" susurro y sus ojos se cristalizaron "Es como la leyenda del demonio de fuego¿te acuerdas?... Decían que un gran ser alado volaba tirando fuego por su boca, robando rebaños… era un dragón. Mandaron a cinco caballeros para matarlo en las montañas… pero estos nunca volvieron. Mama Luna siempre me de-" murmuro.
Hotaru la miro extrañada, no podia ser cierto "Los dragones tampoco existen Sere-" la interrumpió.
"¡Pero tal si!... ¡al igual que los vampiros!" la miro aturdida y rápidamente se levanto "Lo siento, Hotaru." Se seco las casi lágrimas que comenzaban a salir "prometí a mama Luna acompañarla a sembrar¡nos vemos mas tarde!"
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"Hija… ¿te encuentras bien?" Serena salio de sus pensamientos, mirando a mama Luna quien se sentaba a su lado, ellos tenían un leve recreo. La rubia asistió la cabeza y su madre sospecho algo "Vamos Serena, soy tu madre; puedes confiar en mi"
Serena levanto su mirada y comenzó a hablar "Si te diría lo que pienso pensarías que estoy mas enferma de lo que estoy, mama Luna" bromeo un poco.
"No digas esas cosas Serena" Luna levanto su ceja negra a su hija "Vamos niña que sucede por esa cabecita"
"¿Los vampiros existen?"
Bueno, esa no era la pregunta que Luna pensaba. La miro un poco a los ojos y luego miro lejos, donde aun trabajaban los adolescentes "¿Vampiros?" Serena murmuro un leve si "Los vampiros…" sonrió ladeada "¿Por qué me preguntas eso?"
"Eso querías que te digiera, eso es lo que pienso"
Luna tomo la mano de su hija "Serena… si tú crees en algo, por más mínimo que sea; este existe. No lo puedo explicar de forma lógica, pero es como la religión. Puedes creer o no en el, pero siempre sabrás que hay un ser supremo¿entiendes?" Serena asistió levemente la cabeza.
"Entonces existen" no era una afirmación, tampoco una pregunta. Era una idea.
"Depende de tu fe y esperanza" Luna le dio una sonrisa enigmática, pero dulce "Ya levántate, tenemos trabajo que hacer" La rubia entusiasmada olvido el tema y comenzó a trabajar.
Mientras caminaban hacia su hogar ya por la tarde, el tema volvió a la mente de Serena. Se preguntaba una infinidad de ellos, era curiosa "mama Luna¿Cómo son los vampiros?... ¿has visto a algunos?" Ambas estaban alejadas del grupo grande de mujeres quienes iban a casa.
"Veo que estas muy interesante Serena" rió un poco "Bueno… puede que me creas. Pero cuando era mas joven, veía vampiros en la noche, sobretodo mujeres en busca de algún compañero" hablo en susurros "Las mujeres son realmente bellas, con una hermosa figura. Los hombres igual. Son seres realmente hermosos. Pero cuando tu llegaste a mi vida, nunca mas los volví a ver…" suspiro.
"¿Papa Artemis también ha visto?" Serena comenzó a tronar sus dedos.
Luna asistió "Cuando era niño… después todos desaparecieron. Nunca mas supimos de ellos Serena, nunca mas"
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Ha pasado casi dos semanas desde el incidente. Y Serena aun sigue inquieta… después de contar su experiencia a Hotaru, decidió no contarla. Primero no le creerían y pensarían que su enfermedad la tendría así. Segundo, todos creen que son mitos y leyendas. Pero ella vio a una mujer, una mujer que estuvo a punto de morderla pero aun así… llego intacta a su cuarto sin saber quien la llevo hasta allá, y saber en donde dormía. La mujer vampiro no pudo haber sido, ella quería matarla. Tal vez andaba en compañía de alguien. Una mujer u hombre, realmente no sabia que pensar en estos momentos; estaba bastante cansada de siempre pensar lo mismo. Perdía el sueño pensando en que alguien por las noches puede visitarla… no se podía concentrar en su trabajo y últimamente sus clientes se estaban quejando un poco por sus trabajos tan descuidados.
Era domingo por la noche: había una hermosa nublada, pareciera que mañana llovería; raro. Pero por ser Rumania, era completamente normal. Camino sin rumbo alguno, quería estar sola, lo necesitaba.
A decir verdad, siempre estaba sola… nunca ha encontrado a la persona indicada para contar la infinidad de sentimientos o pensamientos que daban giro alrededor de vida. No le gustaba ser la carga de nadie, mucho menos que sintieran lastima de ella. Menos de su condición. Había escuchado hoy por el pueblo especulaciones sobre vampiros, hace dos días encontraron el cuerpo del Sr. Matt mordido en su cuello, iniciando un sin fin de historias, posibles sucesos, donde siempre estaba el toque vampiresco. Sonrió un poco, nadie estaba libre de creer en algo, y rió.
Pronto llego a una pequeña laguna quien ella llamaba y le contaba a su hermana que era Laguna de Emociones… las reflexiones que siempre se verían hay, tu rostro seria perfecto al reflejado, dando a conocer tu estado de animo. Pero esta noche no se acercaría a este… no quería realmente. Se saco sus zapatos, levanto su vestido y metió sus pies dentro de ella. Un escalofrió recorrió su espina, estaba helada. Rizo sus dedos y sonrió nuevamente.
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Su infantería avanzaba con tranquilidad y en silencio entre medio del bosque, no quería armar ningún escándalo. La noche anterior le llego un mensaje donde los mortales exigían su presencia para ver quien dominaba aun en la zona pre-cordillerana, y era como obvio que la realeza no rechazaba un festín como aquel, menos si estaban invitados.
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Serena alzo rápidamente su mirada, escuchaba una gran multitud de caballos avanzando hacia ella, donde estaba. Salio apresurada del agua provocando que algunos pájaros salieran de sus nidos. Aun así con sus pies mojados y sus zapatos llevándolos en su mano, se escondió entre los árboles… esperó.
Y sin la advertencia, los caballos aparecieron con sus jinetes a toda velocidad. Serena los reconoció, era de su iglesia, eran cristianos. Se pregunto por que el uso de su extraña vestimenta, anticuados. De la época claramente medieval, eso fue lo que le dijo Mama Luna cuando era pequeña, cuando a ambas la llevaron a la iglesia. Mama Luna tubo que testificar por algo, nunca le comento a su padre sobre el respecto "Aun no llegan – tal vez les dio miedo" escucho hablar cerca de ella, y siguió tratando de esconderse lejos de ellos.
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Una emboscada era perfecta, y lo iban a llevar a cabo. Sigilosamente saco un puñal y su espada, quien su infantería lo siguió sin dudar. Miro a la mujer que se encontraba al otro lado del bosque, le hizo una seña con sus cejas, esta asistió y alzó su arco, quienes mujeres y hombres detrás de ella la imitaron. El nuevamente miro su puñal, apretándolo fuerte y miro hacia atrás "Estén preparados" les dijo mentalmente. Miro a Rei y ella capto el mensaje. La primera flecha en el aire fue lanzada… y no directamente hacia el ejército de mortales…
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Serena miro hacia el árbol de atrás, una flecha había caído cerca de ella, llevando consigo sin darse cuenta un pequeño mechón rubio de ella. Si no se habría acomodado, aquella flecha atravesaría su cabeza sin dudar. Escucho el agitación entre los hombres que veía, algunos se acercaban a su dirección y ella tembló. Una lluvia de flechas cayó sobre ellos logrando que ellos gritaran en la agonía por morir bajo el enemigo. Ella grito y se levanto rápidamente, apegándose al tronco del árbol cercano, al instante vio volar a cientos de personas para atacar a los hombres que ella vio. Aun así, entre ambos equipos eran demasiado¿que era esto¿Acaso las revoluciones francesas habían llegado a Rumania?
Corrió un poco para llegar donde los árboles mostraban la batalla que se desarrollaba, escuchaba gritos por todos lados. Quedo impactada… hombres, hombres contra vampiros… ¡ellos eran reales¡Ellos existían! Y los miro fijamente, grabándolos en su memoria. Su agilidad, velocidad era impresionante, su fuerza lograba mandar a volar a 10 hombres si fuera posible. Pero la belleza que cada uno poseía era diferente, pero a la ver hermosa… ellos eran únicos…
Sintió una mano alrededor de su cuello, luego otra. La estaban estrangulando. Ella a duras penas grito pidiendo ayuda. El hombre que la ahorcaba era cristiano, cubierto de sangre y con la cruz alrededor de su cuello. El murmuraba algunas palabras sin sentido y ella sentía que se desvanecía, el aire le faltaba y sus piernas no resistan su frágil cuerpo…
El hombre grito cerca de su oído, gritaba sin descontrol… se golpeo contra el duro suelo. Y a poco comenzó a recurar el aliento a grandes zancadas. Alzo su vista para ver a un hombre defendiéndola de cada hombre que se le acercaba, matándolos con una simple mordedura en su cuello o apuñalándolo, su salvador era un vampiro. El se dio vuelta mirándola severo y serio, y al fin pudo ver sus ojos… una tempestad azul que logro congelar su corazón y sus sentidos "Corre" fue lo único que le dijo, antes que otro hombre se abalanzaba hacia el, tratando de matarlo con espadas de plata "¡CORRE!" le grito nuevamente y Serena reacciono.
Con lagrimas en los ojos y viendo al vampiro por ultima vez, dio media vuelta y corrió entre los árboles… perdiéndose en la oscuridad de la noche…
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Se quito la sangre de su cara, limpio su espada y se preocupo de los cuerpos muertos de sus enemigos "Dejaste escapar a la mortal, Endimión… deberías de haberla matado" una mujer se acerco a su lado, cabello azabache y ojos púrpuras vistiendo un vestido bastante sensual "Por ultimo borrar sus memorias…"
"No alcance a hacerlo Rei. Tenia otras preocupaciones… el enemigo estaba sobre mi" dijo un poco molesto¿ahora comenzarían a cuestionar lo que hacia y no?... Ya no tenia 100 años "Además… si hubiera tenido la oportunidad de matarla, no lo haría" Rei rió ante el ceño que tenia Endimión "¿No?" el la miro sin ninguna emoción "¿Por qué no?"
"Eso no te incumbe, Rei" dijo cortante dando media vuelta para ir hacia el lado de los bosques. Y todo lo que dijo era verdad, no la habría matado… los ojos de la mujer rubia lo habían cautivado, dejándolo perplejo ante la belleza humana. No pudo decir nada mas que corre, miserable y sin emoción, no podía reaccionar hasta que sintió de la nada un reflejo humano cerca de el… el la dejo ir para que viviera, no para que muriera.
Llego donde Serena se encontraba antes, mirando hacia un punto entre la oscuridad, en busca de su presencia… pero nada. Algo capto su atención, una flecha incrustada en el tronco de un árbol con un mechón rubia, debía de ser de ella. Se acerco a esta y la saco recogiendo el mechón rubio con un poco de cuidado… algo lo había cautivado y debía saber porque "Sabias que estaba aquí escondida Rei… aun así decidiste mandar tu flecha hacia ella" murmuro Endimión sin mirar atrás. Rei se acerco a su lado y arrebato su flecha de las manos del "… Era un estorbo, me distraía en mi cometido"
"Endimión…" el aludido se volteo para ver a Haruka, líder de su infantería. Una mujer que a simple vista parecía hombre por su porte y altura, pelo rubio y ojos verdes, su voz sensual y ronca simulaba la masculinidad, aparte acostumbraba a usar armaduras y vestimenta de hombres "Había una mortal rubia escondida-"
"Lo se" corto rápidamente y volteo para el lado que ella salio corriendo. Las otras dos personas también miraron en la misma dirección. Endimión suspiro y se dio vuelta para ver el campo de batalla. Esta vez ellos ganaron la pequeña batalla, desde hace 200 años ya no era lo mismo. El reino prospero de los vampiros poco a poco comenzó a decaer, la fertilidad en ellos se estaba agotando ya que el nacimiento de mujeres era mínimo; era imposible que los machos de su raza podrían encontrar al compañero perfecto, o a sus compañeros del alma… los hijos entre ellos eran tan restringidos que no permiten ilegítimos dentro de ellos, menos en la acción de las mujeres, aun seguían siendo machistas, muy pocas han hecho escuchar su voz…
"-yo iré" Endimión salio de sus pensamientos para mirar fijamente a Haruka. No la había escuchado en lo mas mínimo "Yo iré a buscar a la mortal y borrar sus memorias" La rubia guardo su espada.
El pelinegro la miro confundido "no es necesario limpiar la mente de ella…" dijo exaltado "hay algo raro cuando la vi"
"¿Que¿Sus ojos?... raro ver ojos celestes por estoy lados, su realeza" Rei lo miro completamente sarcástica "Por favor Endimión, no seas ingenuo. Son humanos después de todo, no podemos confiar en ellos, nos traicionaron; recuérdalo" ella miro a Haruka "es mejor que te apresures en buscarla… ¿sabes donde vive?"
"Puedo olerla a kilómetros si quiero" dio una sonrisa ladeada y a una velocidad sorprendente se alejo de ellos. Endimión solo miro el mechón rubio de la mujer quien lo cautivo. Levanto su mirada hacia la Luna y suspiro, debía hablar con su padre cuando llegara al castillo. Recordando una vez mas el rostro de la hermosa mujer... extrañamente…
… El era feliz.
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Serena se detuvo agitada en medio del camino, casi estaba cerca de casa y comenzaba a preocuparse. Estaba lloviznando y temía que si no llegaba a casa antes de tiempo la lluvia la tomaría con ella. Serena miro hacia la luna y pareció ver al vampiro quien capturo su corazón. Recordarlo la hacia sonrojarse y nunca cansarse de pensar en el… era inevitable.
Los ojos del le recordaron a la noche, y a la vez el amanecer. Oscuros, peligrosos; pero nobles y puros. Serena no sabia que le sucedía, nunca había experimentado estos sentimientos que ocurrían en su mente y en su corazón, el la hacia vibrar. Suspiro derrotada, tal vez seria la única vez en su vida que lo habría visto, nunca mas… tal vez… ni siquiera presto atención a ella; claro… quien lo haría, fijarse en una enferma como ella, lo encontraba imposible a menos que sea para labores pasajero.
"… no es seguro que una hermosa mujer como tu debería estar caminando a estas horas de la noche, Gatita. No es seguro menos cuando pronto se pondrá a llover" Serena miro hacia la derecha asustada. Mirando a un hermoso hombre sobre la cima de una roca mirándola fijamente. El le sonrió "Ah-ah… no digas nada que sabes que tengo razón"
Serena miro hacia un lado, luego al suelo. Recuperando su calma lo miro y le costo hablar, pronunciar las palabras "¿Quién es usted, qué quiere?"
El hombre la miro extraño, algo raro tenia ella; sus palabras no eran pronunciadas bien como cualquier mortal, pero eso lo paso por alto "YO soy un vampiro" sonrió con malicia y juguetón "Solo mira mis dientes" se los mostró como crecían sus colmillos y Serena tembló¿seria su victima? "Soy Haruka"
"¿Haruka?" repitió, este vampiro tenia un nombre bastante extraño "¿Y que quieres?"
El la miro un poco aturdido¿ella era mortal o que? "Pues… vengo a pasar el tiempo, Gatita" decidió no borrar sus memorias, no veía la necesidad, exploro su mente pero se dio cuenta que estaba en blanco¿Quién era ella?
"Oh… ya veo. Bueno, si me disculpas…" se levanto y sigilosamente tratando de ahuyentar al vampiro.
Pero este la siguió mirando un poco aturdido. Haruka recordó de la nada su cometido y decidió cumplirlo, aunque no encontraba nada extraño en ella "¡Ey espera!" voló y se implanto al frente de ella asustándola "¿Que hacías en la batalla, uhm?" la miro con el ceño fruncido y Serena se asusto.
"Disculpe, tengo que regresar a casa, pronto amanecerá" Dijo al instante, quería salir de ahí.
Haruka frunció mas aun su ceño "faltan dos horas para que se ponga el sol, Gatita. Mmmm no deberías de tenerme miedo…" le dio una risa ladeada acercándose peligrosamente a ella "… Gatita" con sus dedos fríos corrió un mechón rubio de su frente "¿Cuál es tu nombre?"
Serena levanto su mirada hacia sus ojos. Y eso… la llego a recordar al hombre de ojos azules, su príncipe "¿Mi nombre?" dijo mas para ella misma, no estaba segura, pero aun asi; un sentimiento extraño se apodero de ella "…Serena…"
"Serena…" Haruka levanto su mirada hacia las estrellas, sintió la presencia de lobos, y eso no le gusto y no quería correr el riesgo de perder a su victima "Lindo nombre, Gatita… pero tendrás que ir, se acercan lobos y no querrás ser su desayuno¿no?" le guiño el ojo provocando una risa de Serena.
"Es mejor que me valla, un gusto, Sr. Haruka" el rió un poco¿Señor?... otra mas que la confundía con un hombre, prefirió callar "Nos veremos en una de estas noches tal vez, recuerda que tenemos algo pendiente" Serena asistió su cabeza, le dio una extraña sonrisa que Haruka no supo reconocer, y corrió en el camino para llegar lo mas temprano a su casa.
Haruka miro su correr, y se dio vuelta para mirar una atractiva vampira, frunciendo el ceño y mirándolo con cierto recelo. Haruka la miro entretenida y la mujer de cabellos aguamarina miro detrás del hombro de ella "¿Seduciendo a tus victimas?" Haruka negó con la cabeza "Como no llegaste con mi hermano al castillo temí que te habrías quedado con alguien el la noche… intuición femenina"
"Sabia que me estabas mirando desde la copa de ese árbol, Michiru" Apunto a un gigante árbol un poco mas allá "Aun así no decidiste hacer nada, ni siquiera te dignaste a saludar a Gatita"
"¿Gatita?... ¿Quién es ella?" dijo con odio.
Haruka sonrió con entretenimiento "Gatita, la linda joven que me acompañaba un par de minutos" le guiño el ojo "Pero… no parecía humana, creo que tenia algo… que se yo" Michiru se dio vuelta para no ver su cara "Sabes que eres la única para mi" susurro cerca de su oído abrazándola. Poco y nada le duro el odio a Michiru, quien al instante se apego a ella "Me preocupaste… ¿Qué seria de mi si no estas a mi lado, Haruka?"
"¿Y la mía?" tomo su cara entre sus manos frías "Seria un infierno sin ti" susurro cerca de sus labios para luego capturarlos. Un beso lento pero apasionado rompió el esquema tranquilo de la noche.
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"Endimión¿estas seguro que la mortal fue excluida de sus memorias?"
El hombre de cabellos negros bebía un poco de sangre, estando en el balcón del comedor mirando las estrellas "Eso creo. Haruka se encargo de borrarlas" dijo simplemente. Su madre apareció a su lado y toco su hombro "¿Qué sucede?" pregunto sin mirarla.
"¿Qué te sucede a ti, hijo?" Su madre obligo a Endimión a mirarla y su mano toco su mejilla "Desde hace 300 años estas así¿Qué sucede?... no me digas que aun sigues en duelo por la muerte de Ivo-"
"NO nombre su nombre, madre" dijo con rudeza "Eso se queda en el pasado, no me afecta en lo mas mínimo" Se retracto y dejo su vaso sobre el barandal "iré a mi cuarto si necesitas algo…" Paulina iba a protestar, pero Endimión rápidamente salio de la habitación.
Subió por las escaleras tranquilamente y sus fracciones completamente oscuras y frías. Pronto en el ala oeste del castillo alcanzó su espacio rápidamente, encerrándose en el y tirándose en su cama. Se dio vuelta mirando el techo y cerro sus ojos. Tras la muerte de su esposa llevándose consigo a su hijo, nunca llego a ser el mismo. Ahora pasaba largas horas haciendo escrituras, proyectos… siempre en el trabajo, nunca en su vida privada. Durante 300 años tubo amantes de diferentes razas, pero nunca podría superar a Ivonne, nadie en el mundo podría… ella seria la única en su vida. La única mujer en su corazón.
Pero luego, la imagen difusa de la mujer rubia. Había congelado su aliento, tal vez era la primera y ultima vez que cabria de ella. Aparte mortal, no era inmortal como el, si tuviera el gusto la haría su esposa una vez que la encontraba bajo la luz de la Luna, su Reina. Pero no sabia nada de ella, nunca mas se verían – aparte de ser mortal no le interesaba – tenia otros asuntos que hacer, esos eran asuntos sin importancia.
… Su vida acabo cuando Ivonne dejo de existir. Tras estos 300 años, el siguió enamorándose de un fantasma…
Notas de la Autora
Antes que nada, tenia casi listo este capitulo, pero realmente no estaba conforme con lo escrito antes xDD… así que decidí modificar algunas cosas. Ahora no tengo tanto tiempo para escribir, los estudiantes de mi país están en un paro nacional tomándose colegios, marchas etc; y eso me incluye a mi cosa que no estoy mucho tiempo frente al PC ya que tengo que hacer varias actividades.
Con respecto a este capitulo, me quedo corto; lo separe en el siguiente chp con algo más así que no se preocupen, todo esta calculado. Sobre los vampiros, las condiciones sexuales no son mal vistas, es muy normal entre ellos la homosexualidad y bisexualidad. Mencione en el encuentro entre Endimión y Serena, luego Haruka y Serena… mencione algunas emociones, eso quieren decir como eróticas ya que los vampiros evocan aquellas.
Quiero dar gracias a la gente que leyó mi fic (fueron bastantes xDD mas de 300) y a los review y mail que me llegaron. Espero que este les haya gustado.
Un
beso
Pola
Kaiou.-
Miércoles 31 de Mayo – 2006
