Si no se arrojaron del puente, hoy podrán saber quién es la hija de Vlad, aunque creo que a todos les fue obvio XD
Bien, este cap está dedicado exclusivamente a ese asunto...aunque no puedo prometer que las cosas sigan tan "bonitas" como Danny las describe aquí, es más, prometo ENORMES cambios para el capítulo siguiente n-n

Disclaimer: Los personajes pertenecen al increíble señor Hartman, yo los uso para mis malévolos propósitos sin fines de lucro.


Proyecto Phantom
Capítulo 2: Ella.


Era una tarde lluviosa de noviembre, recién había terminado mi entrenamiento y había tomado una ducha. Estaba conversando con uno de los científicos sobre los más recientes estudios hasta que me percaté de que había caminado a través de toda la mansión hasta el ala derecha, esa a la que yo nunca había ido y, donde presentía, tampoco era bien recibido. Nuevamente escuché la voz de la chica que hablaba con Vlad el primer día que llegué.

-¡Apúrate papá, vamos a llegar tarde!- gritó entusiasmada y apareció en el borde superior de las escaleras.

-Ya voy cariño, no me presiones. Soy de una generación anterior.

-No uses palabras bonitas para decir que estás viejo. ¡Solo vámonos!

El mismo porte elegante de Vlad Masters, la misma mirada intuitiva y el mismo aire de poder. Alta, de cabello negro perfectamente peinado, un vestido negro descubierto de espalda y una sonrisa con algo de perversidad. De pronto fijó su mirada en mí y detuvo el juego que sostenía con su cadena, sus ojos violetas se clavaron en los míos de una forma inexplicable. Ella era bellísima y yo la contemplaba como un verdadero idiota.

-Señorita Masters- Saludó el científico. –Así que hoy se gradúa de la secundaria.

-Correcto- sonrió complacida –Lo que no entiendo es por qué mi papá no dejó que ustedes vinieran conmigo hoy.

-Señorita, somos más de 200 personas y todas tenemos mucho trabajo por realizar. Es su padre quien debe acompañarla en una fecha tan especial.

-Supongo que tiene razón- comenzó a bajar las escaleras –Aunque eso no va a ser que él valla más rápido.- se burló a baja voz -¡¡Tenemos que estar allá en 15 minutos, papá!!

-Ya voy, no presiones.- Finalmente Vlad hizo acto de presencia y bajó a toda velocidad las escaleras. -¿Feliz, princesa?

-Mucho, y no me digas princesa.- Luego regresó su vista a mi posición –Así que él es el famoso chico; ya me preguntaba si te habías quedado con él. Buena adquisición.- Sonrió de una manera que me fue imposible comprender, posiblemente podría categorizarla como desprecio, sarcasmo o un interés envuelto en eufemismo.

Padre e hija emprendieron marcha y desaparecieron por la puerta principal. Habían pasado quizá unos 8 meses desde mi llegada a la mansión y esa era la primera vez que veía a la hija de Masters con mis propios ojos. ¿Cómo alguien como Vlad tenía la fortuna de tener una joven tan hermosa?...¿y qué hacía yo pensando en ella? Sencillo, me impactó desde un principio.

-¿Cuál es su nombre?- pregunté a mi compañero luego de unos segundos de contemplar la puerta.

-¿El de la señorita?- asentí –Samantha, aunque Vlad nos tiene prohibido dirigirnos a ella por su nombre, por eso todos le decimos "señorita" o, como casi todos, ninguno se atreve a hablarle directamente. Es lo más valioso para el señor Masters y es una jovencita única. Hoy se gradúa de la secundaria con solo 15 años, por eso creo que Vlad tiene planeado dejar la organización a su cuidado algún día- fue lo último que dijo antes de irse revisando las anotaciones en su tablilla personal.

-Samantha- repetí para mí mismo.

Intenté sacar a Samantha de mi cabeza pensando en las pruebas que se habían programado para el día siguiente, también en los resultados de las últimas semanas y en lo que había estado discutiendo con el científico. Vlad tenía la facultad de realizar copias de sí mismo y manejarlas al tiempo para realizar un ataque múltiple increíblemente coordinado. Eso a mí me fascinó desde el principio y estaba intentando hacer lo mismo sin éxito alguno. La explicación a eso fue mi desarrollo corporal: aún estaba en época de crecimiento y hasta que no cesara, no podría lograr las más de 4 copias que dominaba Masters, al menos no sin defectos, el cambio hormonal que permite el crecimiento a mi edad estaba inhibiendo ciertas facultades en mis poderes y el anularlas químicamente sería fatal para mi lado humano.

Pasó una semana bastante ardua, en la noche del sábado estaba realmente exhausto, no quería pensar en nada o en nadie, me dolían partes del cuerpo que ni siquiera existían, luego de una ducha caliente me recosté en mi cama e intenté despejar la mente. No pude. Unos pasos pesados y un murmullo ilegible se colaron por el corredor. ¿Era Vlad?, ese era el sonido de sus pisadas pero él era un hombre que solo hablaba cuando era debido, definitivamente se trataba de alguien más, pero ¿quién iría al ala solitaria de la mansión en medio de la noche de sábado?

-Idiota- el murmullo se aclaró –Tiene todo el dinero del mundo, pero ¿va a costearme el viaje?, no, me tendrá bajo arresto domiciliario hasta que tenga edad suficiente para usar un bastón. Idiota, idiota, ¡idiota!

¿Samantha?, si, definitivamente esa era su voz, insultando a alguien, pero era su voz. ¿Qué estaba haciendo aquí? La puerta de mi habitación se abrió, ella entró sin levantar la mirada y se recostó sobre la puerta hasta cerrarla. Luego levantó la vista y me vio a mí, contemplándola mudo esperando a que se fuera por cuenta propia.

-Así que esta es tu habitación. Perdóname, pensé que estaba sola, solía venir aquí cuando estaba enojada y bueno…disculpa.

-N-no tienes que irte si no quieres- dije tartamudeando –Después de todo es tu casa.

-Sí, pero es tú habitación, a mi no me gusta interrumpir la privacidad de otros.- suspiró –cosa que no hace cierta persona por aquí.

-Disculpa que pregunte pero, ¿se trata de Vlad?

-¿Qué es tan evidente?- exclamó enojada y se sentó en la alfombra -¿Puedo quedarme aquí un rato?, al menos hasta que me sienta mejor.

-No veo problema. Pensé que nadie venía a esta parte de la mansión.

-Por eso es que me gustaba cuando era pequeña. Siempre que me enojaba con mi papá venía a este cuarto y me encerraba a dibujar o a hacer cualquier cosa para distraerme. La primera vez que vine fue cuando murió mamá- se rió como recordando algo gracioso –Le grité a Vlad que todo era su culpa y corrí lo más lejos posible hasta encontrarme con este cuarto, siempre me pareció acogedor.

Eso explicaba muchas cosas: la frialdad de Masters, el recelo por su hija, su afán de que todos los proyectos se cumplieran al tiempo, la necesidad de sentirse ocupado haciendo algo increíblemente difícil. Había perdido a su esposa y tenía una sola hija, y quizá una mascota si me contaban a mí. En cierta medida era un hombre solitario.

-¿Y por qué estás enojada hoy?- pregunté, quizá se iría más rápido si hablábamos al respecto.

-Sabes que me gradué el fin de semana pasado, ¿no? Bien, aceptaron mis solicitudes en casi todas las universidades posibles en Europa y él no quiere dejarme ir. Siempre dice que o soy muy joven o que "esa" universidad no es buena para mí. Pensé que al graduarme eso iba a cambiar pero al parecer lo hizo peor.

-¿Tienes idea de por qué lo hace?

-¿Te refieres al verdadero motivo?, no tengo ni la más mínima idea.

-¿Has pensado en que quizá tenga miedo de perderte como perdió a su esposa?- levantó la vista e intentó comprender mis palabras –Técnicamente eres lo único que tiene y quizá no quiera quedarse solo aquí.

Ni siquiera yo estaba seguro de si lo que estaba diciendo era verdad, pero de permanecer más tiempo en la misma habitación encerrado con ella, me iba a enloquecer. Pareció meditar lo que dije por varios minutos, yo intenté grabar su imagen en mí con la esperanza de ser la última vez de verla en persona –de lo contrario estaría en problemas con Vlad y eso no era bueno para mi actual estilo de vida-; llevaba unas botas negras de campaña, medias violetas, una falda negra de rayas verdes cruzadas, una pequeña camiseta negra y el cabello corto sobre los hombros con una pequeña moña verde.

-Tienes razón- dijo finalmente poniéndose en pie. -Quizá necesite darle un poco más de tiempo- rió para sus adentros. –Gracias, es fácil hablar contigo. Espero verte de nuevo.- me dejó nuevamente solo en la habitación.

¿Verme de nuevo?, ¡Masters iba a matarme!, ¿qué pensaría si supiera que su única hija visitaba a escondidas a su sujeto de pruebas adoptado?, iba a terminar de nuevo en las calles intentando sobrevivir ignorando que había gente a mi alrededor. ¡Yo no quería regresar a eso! Samantha era un punto intocable en mi historia en esa casa y no iba a cambiar. Si aparecía de nuevo, tendría que desaparecer mientras se iba o algo por el estilo.

Continuará.


Entonces... .w. No acepto tomatazos por review, tengo un monstruo come-personas que me protege.

Así es, señoras y señores: Samantha Masters.
De eso se trata un AU, ¿no?, tomé una linda realidad y la deformé a mi malévolo gusto.

Oh sí, alguien me preguntó: "Si Vlad no es el malo, ¿quién es?" Dejaré que piensen en eso.

Un abrazo.