sam-ely-ember: Me escupo a mí misma ._. Les juro que lo intenté, equilibrar lo pervertido y lo idiota del asunto...y la verdad nó se qué tal esté el resultado final...
Evidentemente mejor que la tontada que escribí hace meses...hoy si acepto carterazos/tomatazos/amenazas de muerte...

Ya que 'salgo' del asunto del lemon que era algo que me tenía preocupada, me enfocaré en lo que viene, prometo sorpresas e infartos.


Proyecto Phantom
Capítulo 10:
Complacencia

Lo que menos quería en ese momento era que alguien me viera romper en llanto, ni si quiera Danny, la única persona que conocía todas y cada una de mis expresiones. Huí a mi habitación y en menos de un parpadeo, estuve bajo la ducha; no era que precisara un baño en ningún sentido, pero era el único lugar en el que tenía la privacidad suficiente como para acurrucarme, apoyar la cabeza en las rodillas y dejar que el llanto fluyera sin restricción alguna.

-Papá, ¿por qué tenías que dejarme?, no puedo sola con esto. He hecho lo mejor que he podido pero…pero parece no ser suficiente. El final llegó, Vlad, y no hice nada bien. Me siento derrotada, no fui entrenada como tú para enfrentar cualquier cosa. Te decepcioné, papá, y lo siento.

Mi pequeña charla con el viento logró apaciguarme un poco. Tuve la suficiente fuerza como para dejar de llorar, ponerme en pie y salir de la ducha. Envuelta en una toalla y miré en el espejo la expresión ausente de mi rostro, sobrecogida, catatónica como había mencionado Danny.

Salí con despacio hacia mi habitación, cerré la puerta y al voltear, ahí estaba Danny, esperándome.


Cuando giró, pude leer en su rostro toda la angustia, incertidumbre y tristeza que yo mismo sentía. Me acerqué y al tomar su rostro entre mis manos comenzó a llorar con expresión suplicante.

-¿Qué puedo hacer por ti? ¿Hay algo en mis manos que pueda ayudarte?

-En verdad lo dudo mucho, Danny. Me siento deshecha y he pensado en darme por vencida.

-No puedes hacer eso.- Reproché con algo de enojo. –La opinión de unos cuantos idiotas no debe ser otra cosa que motivación para llevar las cosas a cabalidad.

-Te envidio, haces que todo suene fácil.

-Las cosas son sencillas cuando tienes respaldo. Por eso estoy aquí, a pesar de tu negativa en la oficina. ¿Quieres que haga algo por ti?

-Solo quiero olvidar. Aunque sea por una noche.

-Nada me haría más feliz. Pero tú fuiste quien estableció la barrera, ¿estás dispuesta a franquearla?

Para ese momento ella había logrado zafarse del encierro de mis manos y yo estaba cruzado de brazos defendiendo mis ideas. Su respuesta a mi pregunta anterior fue dejar caer con facilidad los brazos a los costados, con ellos la toalla que la envolvía.

Intenté controlar mi reacción (una mezcla de demasiadas cosas como para describirlas), más hermosa que cualquiera de mis sueños, lucía tan frágil como una muñeca de porcelana. Nuevamente tomé su rostro pero antes de poder besarla, con voz temblorosa me dijo:

-Sin compromiso.- Me sorprendió que recordara aquella lejana conversación con la misma claridad que yo.

Sonreí y corroboré: -Sin compromiso.

No sé por qué razón, a pesar de no ser la primera vez, cuando la besé sentí miedo, ¿de qué en especial?, no es algo que sepa a ciencia cierta. Perdí la noción de absolutamente todo cuando ella convirtió mi tímido beso en un gesto de necesidad insaciable y absoluta, movió sus manos tras mi cabeza intentando atraerme más hacia ella, como si la ya de por sí estrecha cercanía no fuera suficiente. Pensando precipitadamente, me deshice de mi ropa con intangibilidad. Posé mis manos en su cintura, sintiendo como algo irrespetuoso el posar mis manos sobre alguna parte que no hubiese tocado con anterioridad.

Terminamos sobre su cama, dándonos una pausa, respirando agitadamente, esperando que al regresar el pulso a su ritmo normal el mareo. Comprendí entonces mi miedo: yo la amaba, muchísimo, y no quería convertirme en una simple droga que inhibe la depresión.

Quise expresar mi pensamiento pero, como si hubiese leído la información en mi rostro, negó con la cabeza de forma convincente, sonrió y con un gesto que interpreté como ternura, me pidió que la besara de nuevo. No me limité esta vez a sus labios, sino que continué por su mentón, su cuello, su busto, hasta su abdomen. Desarrollé una extraña fijación por la cicatriz de su lado izquierdo, como si por mucho que quisiera, yo pudiese curar la marca de ese horrible incidente…y ella se reía.

De regreso a sus labios entendí la facilidad con la que nuestros movimientos se sincronizaban, como si nuestros cuerpos hubiesen sido diseñados como complemento del otro. Ignoro desde qué momento, además de la asfixiante necesidad de su compañía, comencé a necesitarle de forma física, y no lo digo de una forma promiscua, solo puedo estar seguro de que, en el momento en el que nos sentimos como uno, la felicidad y el éxtasis nublaron cualquier duda o prejuicio previamente formulado.

No quería pensar en el abanico de consecuencias y posibilidades que se abría ante lo que sucedía, solo quería ser feliz, disfrutarlo y que ella hiciera lo mismo. El interior de su cuerpo, estrecho, húmedo, caliente, me recibió con disposición y agrado y lo comprobé cuando la escuché gemir mientras su cuerpo se arqueaba bajo mi peso y se aferraba con las manos al cubrecama en desespero. Me recorrió un escalofrío de arriba abajo y no fui consciente de la sonrisa en mi rostro hasta que ella se rió de mi expresión.

Deshice el apretón de sus manos y las entrelacé con las mías por encima de su cabeza, por un instante en vi en su rostro ese avisto de inocencia en la chica que conocí hace años…me sentí culpable por irrumpir en un cuerpo que no me pertenecía pero me recordé a mí mismo que esto era lo que ella había pedido y era lo que yo había esperado por muchísimo tiempo. Tenía que ser perfecto.

Embestí con suavidad y un gemido mutuo fue el inicio del mayor placer que haya experimentado jamás, un ascenso dulce y lento en el que acompasamos los besos al movimiento de nuestros cuerpos; susurró mi nombre entre mis labios y yo hice lo mismo con el suyo cuando abandoné sus labios para fijar mi boca en su cuello. Continué embistiendo suavemente, intentando mantenerme bajo control con el propósito de no causarle daño, pero hubo un punto en el que el control se esfumó y simplemente me dejé llevar por eso: el placer. Aunque a ella no pareció importarle, continuaba clamando mi nombre y sus piernas se movían inquietas entre las mías, pude imaginar el gesto mezcla de dolor y júbilo en su rostro.

Todo se redujo a eso: contacto. No hubo pensamientos, no hubo penas, no hubo esperanza, no hubo arrepentimiento. Puro contacto físico, una brecha que separaba lo sentimental de lo exterior…porque en ese instante no importaba más, la tensión, los clamores de placer, el sudor bajando por la espalda, su cuerpo perfecto, desnudo, mío, yo dentro de ella, cada mínimo movimiento que solo lograba prolongar el instante, la mente nublada, el calor en cada parte de mi ser…

Su piel, a roce de fuego con la mía, se sentía incandescente bajo una delgada capa de perlado sudor. Sentí cómo un millón de llamas parecían florecer bajo mi piel. Un cosquilleo indescriptible sumado a un calor placentero se juntaron un poco más debajo de mi abdomen y entonces llegó el clímax absoluto, felicidad y éxtasis que las palabras de poetas intentan describir como el cielo, un punto de placer inigualable que ella manifestó con un gemido difícilmente contenido. Sentí liberarme en su interior, recuerdo imborrable, mi semilla, lo más íntimo en mí ahora suyo.

Levanté el rostro y sus mejillas sonrojadas eran surcadas por una sonrisa amplia y reluciente. Acercó sus labios a mi oído y susurró:

-Gracias.- Su voz sonaba temblorosa. –Te amo.

El corazón me dio un vuelco y me vi incapaz de responder con un "y yo a ti" a la sinceridad expresa en sus palabras, aunque quizá ella no necesitara escucharlo.

Y fue el último pensamiento consciente que tuve.

Desperté y una hermosa mujer dormía plácidamente sobre mi pecho. Cuando todo lo sucedido la noche anterior colapsó en mi cabeza, sonreí; mis sentimientos por ella no habían cambiado. No, sí habían cambiado: ahora eran más fuertes. Bostezó y comprendí que había despertado, sus ojos violetas llenos de paz y alegría se fijaron en los míos y luego de contemplarnos por un breve instante, terminamos riéndonos como un par de niños que acababan de cometer una travesura. Quizá así había sido.

-Bien, ahora dime, ¿qué era lo que te tenía tan consternada?, además del motivo obvio.

Suspiró y entrelazó su mano con una de las mías. –Piensa en esto: no hemos podido terminar esto en años y ahora tenemos unos días. ¿De verdad crees que mi padre hubiera dejado que esto llegara tan lejos?

-¿Todo se trata de Vlad?- Reproché con algo de humor. –Por favor, el hecho de que nos hayan dado un tiempo límite no significa que hemos hecho las cosas erróneamente. Pudo haberle sucedido a cualquiera en tu cargo, son las condiciones externas las que nos han acortado las posibilidades.

-Muy bien, puede que tengas razón. Pero aún así, no puedo dejar de sentir la presión. Dos semanas son nada y si las cosas no suceden como debieran ¿qué vamos a hacer?, aún más importante, ¿qué harán ellos, mi gente?

-Sam, si todos continuamos aquí es porque somos conscientes del riesgo, lo fuimos desde el principio. No tienes por qué cargar con el peso tú sola.

Sentí como se relajaba. –Muchas gracias.

-¿Funcionó?- Bien, ni yo me creía que mis palabras hubiesen dado buenos resultados.

-Sí. Eres increíble.- No había ni la más mínima nota de sarcasmo en o malicia en su voz pero no pude evitar decir:

-Por supuesto. No esperarás que años de entrenamiento físico den malos resultados.

-¡Eres un pervertido!- Me reclamó esbozando una sonrisa.

-¡Tú fuiste quien empezó!

-Tonto. Tenías que arruinarlo.

-Nada podría arruinarlo.- Refuté y se apoyó sobre mí para besarme por primera vez ese día.

Justo en medio del beso su celular sonó y sonrió sobre mis labios. Tuvo problemas para alcanzarlo de la mesa y fui yo quien lo tomó para ella. Susurró "gracias" antes de ponerse al habla, todo sin apartarse de mi pecho. No dijo mucho, probablemente había mucho por escuchar o estaba más concentrada en mí repartiendo besos por su brazo sin descanso.

Repentinamente abrió los ojos con expresión ausente y fijó su vista en mi mirada, eso me angustió. Se incorporó a un lado de la cama y pasó su mano tras el cuello como quien trata de reconfortarse. Me divertí besando su cicatriz y se rió producto de las cosquillas. Se volteó, posó un dedo sobre mis labios y gesticuló "basta".

-Bien. Sí, puedo localizarlo de inmediato. Sí, estaremos allá en un momento.- Colgó.

-Este 'estaremos' me incluye a mí, ¿verdad?

Suspiró y bajó la cabeza. –Sí. Lo localizaron. Llegó la hora, Danny.

-No te preocupes, todo va a salir bien.- Susurré en su oído y volteó el rostro para buscar mis labios. Rompió contacto abruptamente y se levantó para buscar ropa que vestir.

Me tumbé sobre la almohada, pensativo. Había llegado el momento, efectuar una venganza cuyo objeto ignoraba. Objeto que adquirió sentido cuando me esforcé por canalizar los hechos en dos eventos significativos: la muerte de Vlad y el atentado contra Sam (uno más hiriente que el otro, para mí al menos). La sangre comenzó a hervir bajo la piel.

Sin embargo me sentía algo exhausto. Recordé que a los deportistas les recomiendan no tener sexo días antes de un encuentro, pero ¿quién podría predecir que esto pasaría?, además, lo sucedido no fue puramente hedónico en ningún sentido. Busqué la excusa de mi cansancio en cualquier otro esfuerzo que pude haber realizado en el último par de días.

Ya fuera nos esperaba un helicóptero, subimos e instantáneamente se puso en marcha. El director de la unidad tres nos puso al tanto de los detalles: el objetivo se encontraba oculto en una fortaleza, un antiguo castillo-atracción turística en la ciudad vecina; pronosticaban al menos una guardia de 50 fantasmas, el 90 por ciento de categoría B. Las unidades 1 a 12 se encargarían del ataque, 13 y 14 de la defensa y las 6 restantes en reserva. El peso grande recaía en mí: era yo quien debía enfrentar al líder…y nada me daba más alegría.

Intentando no parecer evidente, Sam me miró de forma penetrante, sus ojos estaban llenos de pánico. Sonreí convencido y suspiró intentando recobrar las fuerzas. A partir de ese momento Sam no habló más, habló la líder de la organización con su actitud calculadora y personalidad imponente. Dio las últimas indicaciones y los últimos 10 minutos en el helicóptero, permanecimos en silencio.

Descendimos y de los muchos otros helicópteros y tanques, bajó el equipo completo. La adrenalina comenzó a correr por mi cuerpo, pero no pude hacer nada excepto esperar a que comenzara el ataque: cuando el camino estuviese despejado yo tendría espacio para la libre acción. Comenzaron los disparos, a su vez los gritos, humanos y fantasmales por igual. Sam no mostró el más mínimo avisto de impaciencia en su rostro, pero los puños apretados a los costados eran fuerte inicio de su enojo y preocupación.

-Entra.- Dijo luego de unos minutos. –Tengo plena confianza en ti.

-A tus órdenes.- Sonreí y comencé a correr en dirección a la fortaleza, a mitad de camino me transformé y volé hasta atravesar uno de los muros.

Continuará.