sam-ely-ember: De verdad que no tengo vergüenza, soy una mala persona por tenerlos esperando tanto tiempo, y no hay justificante excepto por decir que le he dedicado más tiempo a mis otros fandoms –cofcofinuyashacofcof- de lo debido. Aún así, I won't give up, y aquí está…¡el capítulo final, amigos! Algo impactante –espero- para recompensar la ausencia.
Agradezcan al tema de batalla de mi anime favorito este capítulo, fue escrito a su ritmo siendo repetido una y otra vez, y otra, y otra… .___.
Menos blahblah y más acción, mucha acción.
Proyecto Phantom
Capítulo 13: Desenlace
La cabeza me dolía con fuerza, y no era exclusivamente producto de la creciente ira en mi interior: la pared contra la que me había azotado había impactado con fuerza el costado izquierdo. Me levanté un poco aturdido y el sujeto estaba ya en pie, firme, esbozando una inquebrantable sonrisa de triunfo. Fue difícil encontrar equilibrio pero cuando finalmente lo logré, le dediqué la mejor mirada de odio que podía crear. No se inmutó.
-¡Celos!- Alabó sonriente. –Una de las emociones humanas más despreciables, pero curiosamente más cargada de fuerza. ¿No es irónico? Quizá debí haber usado eso desde un principio.
-No fue una idea brillante.- Escupí con odio, recordando la mirada sínica que sostenía al abalanzarse sobre Sam, -Aunque si querías provocarme, felicidades: lo lograste.
-Oh, ¿he de atemorizarme con eso?
-Depende. ¿Estás preparado para irte definitivamente al infierno?
-Según lo que tengo entendido, no puedes matar a un fantasma.
-Créeme, ¡es algo que se puede hacer!
En medio del grito me lancé por la habitación a oscuras dispuesto a dar el primer golpe, ciertamente no sería sencillo acabar con la vida de un sujeto de este calibre, así que para lograrlo debía debilitarlo primero. Pero fue algo que me causó muchas complicaciones. Sin importar la cantidad de golpes que recibiera, sin importar la velocidad o el estilo se las ingeniaba para regresar un golpe igual o más severo, era algo que parecía no tener fin y era yo quien sentía la fatiga del asunto.
¿Cómo no lo vi antes? Siendo mitad humano sentiría con mayor fuerza el debilitamiento en medio de una batalla. Vaya hora de verlo con claridad.
Luego de asestar un golpe en su abdomen y recibir uno igual sobre el pecho, me deslicé hacia atrás abriendo una amplia brecha entre los dos. Posé una mano sobre el lugar sobre el cual había recibido el golpe, entonces pude observar el lugar en el que me encontraba: era una habitación opaca, monótona, todo ladrillo y oscuridad, sin embargo, a mi lado izquierdo había un gran ventanal ligeramente resaltado por el brillo de la luz de luna, dejando a la vista unos matices rojos, azules y violetas. Regresé la mirada al sujeto, ¿cómo era posible que continuara sonriendo? No había forma de describir la repulsión que sus gestos causaban en mí.
Fue él quien ahora se abalanzó a atacar nuevamente intentando tomarme por el cuello con una mano para lanzar un poco de ectoplasma con la otra, afortunadamente logré darle la espalda a tiempo para impedir que me tomara y rechazando la mano que sostenía ectoplasma con mi codo derecho. Aproveché la oportunidad para golpear su rostro y en cuanto se alejó, encendí un rayo en ambas manos y lo disparé con fuerza. El individuo terminó inconsciente en el suelo.
Me acerqué con paso firme a su posición, observando mi desgastado traje y al tipo hecho trizas en el suelo. Sonreí, malévolamente y cuando todo estuvo en silencio, pude sentir nuevamente ese dolor insoportable en mi cabeza.
-No te confíes, híbrido,- Habló con voz quedada. –no creerás que te será tan fácil derrotarme.
Detuve mi caminata inmediatamente, ¿continuaba consciente?, ¿¡cómo era posible!? El sujeto no se levantó, sin embargo alzó su rostro y luego de sonreír, abrió la boca como si quisiese decir algo, sin embargo ningún sonido salió y una fracción de segundo más tarde elevó la voz en una especie de grito fantasmal, un eco similar a los lamentos que los humanos dicen escuchar en los lugares que llaman embrujados, pero éste lamento era poderoso, hizo retumbar las paredes de mi alrededor y me arrojó varios metros a distancia, casi haciéndome atravesar el gran ventanal. En el trayecto, además de sentir las extremidades flojas y el aturdimiento en mi cabeza, me lastimé la espalda por el impacto y el roce con el suelo, un dolor difícil de describir.
Cerré los ojos cuando el grito terminó. En medio del pitido que invadía mi campo sonoro escuché unas pisadas acercándose, luego sentí que algo me tomaba del cuello y me levantaba del suelo. Cuando el aire me faltó, abrí los ojos para encontrarme con la cara amoratada del fantasma a quien combatía, y como era costumbre, él estaba sonriendo.
-Cuando acabe contigo,- Me dijo en tono profundo. –buscaré a tu ama y terminaré lo que tú interrumpiste.
La imagen de él sobre Sam se hizo presente, un bajo gruñido brotó de mi pecho y cuando sentí que la cabeza me dolía nuevamente, un tono rojizo se apoderó de mi visión, justo como el día del accidente…
No podía soportarlo más, la ira producto de la impaciencia y el dolor producto de la angustia terminaron por convertirse en humillantes lágrimas que parecían un río brotando de mis ojos. Me agité furiosa intentando liberar las ataduras que me mantenían pegada al suelo. Qué líder resulté ser: secuestrada por el fantasma que mató a mi padre mientras mi…novio, por llamarlo de algún modo, luchaba contra él en un intento por terminar con todo esto. Y yo estaba aquí, indefensa en medio de un lugar desconocido.
Se escuchó una especie de grito sobre mi cabeza, era parecido a un lamento de fantasma pero fuerte, tanto que hizo retumbar todo el lugar. Eso no podía ser algo bueno. Aún más mortificada, intenté de nuevo zafar mis muñecas de las ataduras pero no logré más que un enorme moretón en cada una. Si continuaba agitándome, la cuerda terminaría por quemar la piel y pronto empezaría a sangrar hasta perder la conciencia. Tenía que pensar en algo, pronto.
¿Pero qué iba a hacer? No tenía armas y solo podía mover mi cabeza, gritar no sería de ayuda ya que probablemente nadie me escucharía. Este día no podía terminar de peor manera.
-¿Señorita Masters?- Llamó una voz femenina. -¡Señorita Masters! ¿Se encuentra aquí?- La voz se acercó y una mujer morena de ojos verdes apareció a mi costado. –No se preocupe, la sacaremos de aquí.
Yo asentí en silencio. ¿La había visto en algún lugar? No se me hacía conocida.
-¡Tucker, la encontré, ven pronto!- Gritó hacia la dirección en la que vino y cuando regresó el rostro hacia mí, reconocí su uniforme. Ella era uno de mis…hombres. –Descuide, en cuanto Tucker llegue, la liberaremos.-
En ese caso, ¿por qué no lo hacía ella sola? Fue entonces cuando vi que su brazo derecho yacía inmóvil a su costado, probablemente roto. Me sentí afortunada, al menos mis daños eran menores y probablemente provocados por mí misma. Bien, eso último hizo que me sintiera idiota.
-¡Tu brazo!- Grité alarmada. -¿Estás bien?
-¿Esto?- Se rió. –Es una herida menor, las he sufrido peores.
-¿De verdad?
-Soy de la nueva división,- se explicó. –como tuvimos poco tiempo el entrenamiento fue muy difícil, especialmente siendo una mujer. Pero créame que todo lo hice con gusto.
-¡Valerie!- Gritó un hombre, posteriormente apareció un joven de tez morena y gafas, portando también un uniforme de la organización. -¡Genial, la encontraste! Señorita Masters, me alegra que esté bien.
El joven sacó un pequeño cilindro plateado que resultó ser un láser, rompió las cuerdas de mis muñecas para luego seguir con las de mis tobillos, mientras me levanté, Valerie me ayudó con su brazo bueno mientras yo me frotaba las muñecas.
-Bien, es hora de irnos.- Anunció Tucker. -¿Puede caminar, señorita?
-Eso creo, pero necesitaré ayuda.- Confesé, apenada. Estos sujetos sabían quién era yo y qué necesitaba, darían todo por mí, su jefe, y yo apenas había descubierto su existencia.
-No se preocupe,- consoló Valerie. –puede usarnos como muletas.
Me ayudaron a ponerme en pie y cada quien tomó uno de mis brazos sobre su hombro para llevarme hasta la salida. Fue algo bueno, los tobillos me dolían demasiado como para apoyar los pies por mí misma. Caminaron a mi paso, eso hizo que me sintiera peor pues caminaba al ritmo de una anciana, aunque ninguno dijo nada.
Pareció que trascurrieron horas mientras caminábamos hacia la salida, finalmente pude ver el cielo estrellado y la luna brillando sobre el césped. Los…cuerpos estaban siendo recogidos y montados por los pocos hombres que aún podían moverse. Me llevaron un cerca de un helicóptero pero yo me negué a subir y me senté sobre el césped, húmedo ya por el rocío, debía ser de madrugada.
-Señorita, por favor, debe subir para ser atendida inmediatamente.
-No,- repetí. –No me iré hasta que Phantom salga de ese lugar.
-Pero…
-No hay peros, Valerie, no me iré.
Ambos suspiraron y se sentaron a mi lado, Valerie quedó más cerca a mí. Pasamos varios minutos en silencio en los que repasé los últimos instantes, recordé que ella había mencionado que hacía esto por gusto, decidí preguntarle el porqué, quizá por curiosidad o quizá porque quería detener a mi imaginación volando entre los posibles resultados de la batalla de Danny.
-Valerie, allá dentro dijiste que hacías esto por gusto. ¿Puedo saber el por qué?
-Bueno…- Vaciló. –Soy hija única, mi madre murió cuando yo era muy pequeña así que papá cuidó de mí, era un buen hombre, ¿sabe?, yo lo admiraba mucho.- Me estremecí con el relato, era similar…bueno, era similar a mi vida. –Cuando cumplí 16 años, unos fantasmas invadieron el lugar en el que yo vivía y mi padre dio su vida por protegerme. Ellos acabaron con él.- Apretó los ojos y endureció el gesto. –Yo decidí que haría algo por recompensar aquello y es por eso que estoy aquí. Mi vida fue muy difícil, trabajando desde muy joven para lograr sobrevivir, pero esto vale la pena.- Levantó el rostro y sonrió. –Gracias.
-N-no hay de qué.- Tartamudeé, no veía esto como una salida adecuada pero a ella parecía hacerle feliz. -¿Qué hay de ti? Te llamas Tucker, ¿verdad?- Hablé al joven y él asintió.
-No hay mucho que contar.- Dijo en tono despreocupado. –Era esto o la milicia y ciertamente no estoy de acuerdo con el gobierno de este país, además, aquí me dan la oportunidad de hacer lo que me gusta.
-¿Y eso es…?- Le incité a continuar, era la primera vez que hablaba con alguien de una forma tan cercana además de Danny y mi papá y era…agradable.
-Tecnología. Cualquier cosa de programación, investigación o construcción, nos entrenan en todas las facetas, eso fue su idea.- Me dijo y yo asentí. –La batalla no es lo mío pero es mejor que prestar servicio militar.
Sonreí inconscientemente, me sentía un poco menos ansiosa al hablar con ellos dos. Definitivamente debía hacer algo por ellos si salíamos de esta situación. Un hombre con un botiquín llegó a nuestro encuentro y yo insistí para que tratara a Valerie primero, lo mío podía esperar.
Entonces una nueva explosión llamó mi atención, un enorme ventanal de colores se despedazó en un costado.
Cuando estrellé al sujeto con el ventanal mi cuerpo sonrió y se agitó en respiraciones violentas, vi cómo el tipo ascendía hasta llegar al techo y decidí seguirle. Arriba, el viento soplaba con fuerza y era difícil mantener los ojos abiertos en medio de la ventisca. Sentía todo arder dentro de mí, la gama de rojos que mis ojos percibían ayudaba a la sensación de estar quemándome a pesar de saber que era yo quien me encontraba en mejores condiciones. El fantasma deshizo su sonrisa de forma permanente y me miraba con penetrantes ojos de furia, había lastimado uno de sus brazos y su traje estaba tan deshecho como el mío.
-Maldito,- me dijo. –No podrás ganarme, no tienes como.
Mi cuerpo habló por sí mismo, aunque yo estuve de acuerdo con él. –Te mataré, a eso vine y lo cumpliré.
-Inténtalo. ¿Te crees lo suficientemente fuerte como para acabar con el fantasma que mató al poderoso Vlad Masters? ¡Tú eres nadie!
-Mi nombre es Phantom.- Susurré pausada y toscamente. –Y si hay algo que Vlad no pudo controlar, fue a mí.
De forma simultánea saltamos al centro y comenzamos una nueva ronda de golpes, rayos y dolor. Jamás había estado tan desgastado pero mi cuerpo parecía ignorar el esfuerzo que requería mantenerse despierto y luchar al mismo tiempo. Lo cierto era que no me importaba, no sentía el dolor, la angustia ni la ansiedad, solo el deseo de matar y esa sensación abrasadora sobre mí; el dolor de cabeza fue reemplazado por una neblina que cubrió el buen juicio y dejó a flote la ira.
El fantasma tomó mi cabeza con su mano, me inmovilizó e impactó mi cabeza contra el suelo Sentí rodar la sangre por mi frente…o quizá era ectoplasma, pero el dolor fue insoportable, me quedé tendido un rato.
Esto debía acabar, ahora.
Sentí un pie apoyarse sobre mi espalda, se retiró y regresó con fuerza inhumana, rompiendo un par de costillas en el proceso. Los golpes continuaron.
-¡Eres un simple humano que se cree fantasma!- Gritó él. –No tienes derecho a tener los mismos poderes que yo. Te acabaré y serás un fantasma por completo. Eso si tienes suerte.
Las patadas me sumieron en una repentina inconsciencia. ¿Así iba a acabar todo? Era una forma bastante estúpida de morir y también bastante humillante. ¿Qué diría Vlad? Había hecho una promesa que debía cumplir hasta que mi vida terminara pero no pensé que sería tan pronto, ¿se enojaría conmigo?
¿Y qué haría Sam ahora? Ella era fuerte pero…yo no podía asegurar que su vida continuaría con bien. Ella era mi responsabilidad, pero más allá de eso, yo la amaba y pensar que todo había acabado aquí era doloroso. Eso solo fue incentivo para que la sensación de quemazón se incrementara. Gruñí de nuevo y doblé mis brazos para tomar impulso, me levanté quedadamente y al estar medianamente arrodillado, me hice intangible y escapé de la presa de mi atacante.
-¡Eso no te servirá de nada, híbrido!- Gritó. –Estás acabado y yo iré por Masters cuando esto termine.
Desgraciado. El dolor de mis costillas desapareció con la ira y ya que estaba al lado del sujeto, me hice visible e incrusté mi mano derecha bajo su quijada con fuerza.
-¡No le pondrás un dedo encima, bastardo!- Ahondé mis dedos y sentí todo crujir mientras adentraba en su rostro. –Morirás, para siempre.
Encendí ectoplasma en la mano que estaba incrustada en su quijada y en la otra mano hielo, mientras la introducía violentamente en su estómago. El sujeto gimió y mi poder se extendió por todo su cuerpo, logrando una extraña mezcla de colores similares al aguamarina. Retiré mis manos y su figura terminó por congelarse en un gesto de dolor absoluto. Me abalancé sobre él y en medio de disparos y golpes lo reduje a trozos de nada. Aún así, el deseo de acabarle continuaba y no quedé satisfecho hasta que pareció hacerse polvo para luego derretirse rápidamente.
Me arrodillé y estrellé los puños en el suelo. Había terminado.
Volé un tanto y me deslicé por el frente de la fortaleza hasta tocar el césped, la visión de gamas rojizas no desaparecía pero el dolor en mis costillas se hizo presente. Me llevé una mano al costado e intenté contener el dolor conforme comencé a caminar en dirección a la gente, estaba seguro de no tener energía suficiente para emprender un vuelo veloz.
Las borrosas figuras cobraron forma, había pocos sobrevivientes de acuerdo a los muchos que habíamos ido. Quedaba un solo helicóptero y tres personas estaban sentadas cerca a él. Reconocí a una de inmediato.
Ella se levantó y caminó en mi dirección lentamente, vi una sonrisa esbozarse en sus labios hasta que, sin levantar el rostro, terminó por abrazarme cuando nos encontramos.
-Sabía que estarías bien.- Suspiró aliviada.
-Te prometí que jamás iba a dejarte.- Pasé el brazo que tenía libre por sus hombros.
Sam levantó la mirada y su sonrisa se desvaneció para dar lugar a una mirada llena de confusión.
-Tus ojos…son como los de aquella vez…
-Déjalo.- Desvié la mirada. –Estaré bien.
-Esa vez no estuve presente pero no es necesario para saber que algo pasa contigo.
-Sam…estoy aquí, ¿no te basta?
-Supongo.- Estaba enojada.
Posteriormente subimos al helicóptero y este partió con velocidad de regreso a la mansión. Supuse que posteriormente alguien vendría a encubrir el desastre que habíamos causado, lo bueno era que habíamos cumplido todo dentro del plazo y las cosas seguirían su curso natural. Lo más importante: Sam estaba a salvo.
Todos fuimos llevados a la enfermería pero fui yo quien permaneció más tiempo. Me conectaron una especie de suero azulado cuyo contenido preferí desconocer, estuve una semana recostado en la misma camilla.
El último día Sam fue a visitarme, ya no me dolía la cabeza ni veía en rojo pero sabía que mis ojos no habían recuperado su tono habitual, a pesar de estar en mi forma humana, y eso a ella le preocupaba. No dejaban que entrara pero me vio desde la ventana, su gesto duro cambió por una sonrisa de orgullo que me levantó el ánimo, al parecer, tenía confianza en que esto cesaría.
...
No ha terminado amigos, ¿quieren epílogo? Bien, eso vendrá, pronto.
