Capítulo 2
Lily Evans no había necesitado que se hiciese de día para despertarse. No había podido conciliar el sueño en toda la noche. Acababa de perder a su mejor amigo, y lo peor es que ella sabía que era para siempre. No podía continuar siendo amiga suya, sus amigas tenían razón, él era un mortífago (o por lo menos, aspiraba a serlo) y tenía unas ideas demasiado opuestas a las suyas.
Demasiado opuestas… había sido la gota que colma el vaso. No se puede llamar sangre sucia a nadie, es horrible decirle algo así a una persona, y más si es tu mejor amiga.
Eran muchos años siendo amigos, era cierto, pero él había cambiado demasiado. ¿Él? ¿O había sido ella? No, no, había sido él, definitivamente. Él antes jamás la había menospreciado de esa manera tan rastrera…
Escuchó como su amiga Rose se estiraba en la cama con un bostezo:
- Buenos días, Lily- y se fue directa al cuarto de baño.
La verdad es que era un show ver a Rose Lehman arreglándose por la mañana, ya que siempre estaba demasiado somnolienta como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, menos para arreglarse:
- ¡Mierda!- el gritó de su amiga fue secundado por una sonrisa de Lily. Todas las mañanas se repetía lo mismo.
- ¿Qué pasa, Rose?- quiso saber la pelirroja, divertida.
- Me he puesto un calcetín de cada color- confesó la rubia- ¿ahora dónde estará el otro par?- pero lo dijo tan alto, que despertó a sus compañeras:
- ¡Rose!- se quejó Roanne, adormilada- ¿quieres hacer el favor de hablar más bajo? ¡Estoy durmiendo!
- Durmiendo…-musitó Ethel, que estaba demasiado dormida como para decir algo más.
Rose salió del cuarto de baño, ya vestida, para bajar al Gran Comedor. Lily, que era la única que estaba despierta como para fijarse en esos detalles, observó a su amiga, divertida:
- ¿Te has peinado?- preguntó.
- ¡Mierda! ¡Se me había olvidado!- y con su grito las quejas de Ethel y Roanne no se hicieron esperar.
Minutos después de que Rose hubiese abandonado la habitación, dispuesta a desayunar, Lily se dispuso también a comenzar el día.
Una vez que hubo localizado a su amiga, se sentó junto a ella, mientras la lanzaba una sonrisa, ya que la rubia parecía un zombi mientras comía su tostada, con los ojos adormilados y mirando al frente, sin darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor.
En ese momento, Severus Snape se dirigió a la mesa de Gryffindor, dispuesto a hablar con Lily para que le perdonase:
- Lily- la pelirroja le miró, pero al darse cuenta de quién era, desvió la mirada- Lily, por favor, escúchame.
- Para ti soy Evans- fue lo único que dijo la pelirroja- ¿nos vamos, Rose?
- ¡Pero si ni siquiera me he terminado mi tostada…!- pero Lily se la llevó corriendo del Gran Comedor. No quería hablar por ningún motivo con Snape.
Estaban corriendo por los pasillos, sin ir a ninguna dirección en concreto:
- ¡Lily!- Rose se paró en seco- ¿a dónde vamos?
- No lo sé- fue la respuesta de la pelirroja, que se encogió de hombros.
Por una vez en la vida, Rose fue la pensó las cosas con la cabeza:
- Bien, ¿qué nos toca ahora?- le preguntó a su amiga, que se sabía todo el horario de memoria.
- Pociones- fue la respuesta de la pelirroja.
- Bien. Pues vamos hacia las mazmorras.
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Una vez que todos estuvieron en sus asientos, el profesor comenzó a hablar:
- Este curso trabajaremos en parejas- informó- así que la nota será según el trabajo en equipo. Para asegurarme de que cooperéis, aunque vuestro compañero no sea vuestro amigo del alma, yo he elegido las parejas, que nombraré a continuación:
- Severus Snape con Rose Lehman.
A Rose casi le dio un ataque. ¿Iba a tener que compartir caldero con el mortífago? ¡Pero si le odiaba! Era horrible…
- Ethel Holden con Sirius Black.
Ninguno de los dos se inmutó. A Ethel, aunque en su grupo conspirasen siempre contra los merodeadores, Sirius no le caía mal. Y a Sirius le pasaba igual, la chica le era indiferente.
- Remus Lupin con Roanne Dunant.
Roanne se alegró: ese chico era el único de los merodeadores que le caía bien. Era cierto que no había hablado mucho con él, pero aún así le parecía simpático. Remus compartía el sentimiento.
- Lily Evans y James Potter.
¡Lo que la faltaba! Soportar al pesado de Potter… eso era demasiado para ella. Sin embargo, el moreno parecía muy contento porque iba a poder pasar más tiempo con su pelirroja favorita.
Una vez que se les hubo explicado cómo realizar la poción, las parejas tuvieron que dedicarse a trabajar en ella, con el mayor esmero posible, porque los errores del compañero perjudicaban la nota, así como los logros la beneficiaban. Tenían que hacer todo lo posible por hacer logros y no fallos.
El caldero de Snape y Lehman estaba hirviendo, pero no sólo por la poción, si no por el estado de ánimo de la rubia:
- ¡Mierda!- maldijo la rubia, que se había equivocado con un ingrediente. Su fuerte no eran las pociones.
Su actitud fue observada por Snape, que no dudó en recriminarla:
- Se ve que eres pésima en Pociones- observó el Slytherin.
- Muy observador- dijo sarcásticamente la rubia.
En ese momento, la rubia se volvió a equivocar:
- ¡Mierda!- volvió a maldecir.
Snape se puso furioso:
- ¿Quieres hacer el favor de prestar un poco de atención a lo que haces?- estaba exasperado- ¡tus errores me bajan la nota!
Y es que Severus Snape era experto en el arte de las Pociones. Todo el mundo lo sabía. Nadie en la clase sabía preparar una poción como él, ni siquiera la propia Lily.
No podía hacerle bajar la nota de esa manera. No podía. Por una estúpida de Gryffindor no iba a bajar su nota:
- Hagamos un trato- propuso el Slytherin- me vas a ayudar a que Lily me perdone.
Rose puso los ojos en blanco, sorprendida. ¿De verdad pensaba que ella le iba a ayudar a él? ¡Si estaba encantada con que se dejasen de hablar!
- Ni hablar- fue su respuesta.
- Te conviene- le dijo Snape- yo te ayudaré en Pociones si tú me ayudas con Lily.
La verdad es que sí necesitaba ayuda… si seguía a ese ritmo iba a suspender Pociones, y además le costaría mucho remontarlas… Sabía que con la ayuda de Snape iba a sacar muy buena nota… pero no estaba dispuesta a reconciliar a esos dos.
- Ni hablar- volvió a decir.
Pero justo en ese momento el caldero explotó, obviamente por culpa de Rose. La rubia, avergonzada, dijo:
- Está bien. Te ayudaré con Lily.
La explosión del caldero de Lehman y Snape no había pasado desapercibida por Potter:
- Parece que tu amiga tiene problemas- le dijo a Lily.
- El que tiene problemas eres tú, Potter- observó la pelirroja.
Y es que el moreno se había equivocado con la poción. Al ver su error, el moreno bajó la cabeza, desilusionado, odiaba fallar. La sonrisa triunfal de Lily no se hizo esperar:
- Te lo advertí.
- Odio cuando te pones en plan sabihonda- dijo James, casi sin pensar.
A Lily le dolieron mucho sus palabras. Estaba harta de Potter:
- Mira, Potter, yo sí que odio que estés entorpeciéndome mi camino. Así que como vuelvas a bajar mi nota por alguno de tus errores, te juro que lo pagarás caro.
Mientras tanto, Ethel y Sirius hablaban animadamente. ¿Quién lo iba a decir? Habían comenzado a llevarse de maravilla en los pocos minutos que llevaban trabajando juntos. Ahora Ethel no podía comprender por qué le caía tan mal a sus amigas, con ella se estaba portando muy bien.
Remus y Roanne también estaban hablando:
- Remus, ¿sabes por qué está tan rara Ethel?- le preguntó la rubia.
Y es que la noche anterior su amiga había vuelto de la biblioteca muy triste. No quiso decir por qué. Pero en sueños, Roanne le escuchó pronunciar el nombre de Remus.
- ¿Y a mí por qué me lo preguntas?- evadió la pregunta Remus, muy nervioso.
¿Se habría enterado Roanne de lo que había pasado entre Ethel y él? Bueno, eran amigas, y las amigas se solían contar ese tipo de cosas…
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Cuando las clases terminaron, los merodeadores se dirigieron a un pasillo poco transitado de Hogwarts. Allí James sacó un mapa, un mapa que ellos mismos habían creado y que servía para localizar a todas las personas de Hogwarts, así como los múltiples pasillos y pasadizos que el castillo ocultaba en su interior.
En ese momento se encontraban al lado de uno de los pasadizos que llevaban a Hogsmeade. Tras percatarse de que nadie les seguía, procedieron a avanzar por él.
Y así de simple: en unos minutos estaban en Hogsmeade. Y por fin podrían visitar su tienda favorita: Zonko.
Una vez allí, compraron el típico arsenal que compraban todos los meses, pero algo les llamó la atención:
- Mirad esto, chicos- sonrió Sirius Black, mostrando unos polvos- ¿tenéis idea de lo que es esto?
James no pudo ocultar su sonrisa:
- ¿Los polvos "Di lo que quiero"?- sonrió maliciosamente- me parece que ya hemos econtrado qué broma le podemos hacer a McGonagall.
