Capítulo 3

Ese día los alumnos de Gryffindor tenían Transformaciones con la profesora McGonagall:

- Chicos, abrid los libros por la página 24- les ordenó a sus alumnos.

Los merodeadores se miraron entre ellos, muy divertidos:

- ¿Le pusiste los polvos en el vaso de agua?- le preguntó Sirius a Peter.

Peter asintió con la cabeza, muy asustado por que le pudiesen pillar.

- Pronto comenzará la diversión- observó James, que se había percatado de que en ese momento McGonagall se disponía a beber su vaso de agua.

Los merodeadores permanecieron expectantes mientras McGonagall bebía el contenido del vaso:

- Ya es hora- se sonrió Sirius- Cornamenta, haga usted los honores- le guiñó el ojo.

James sacó un pergamino y comenzó a escribir. Si los polvos funcionaban bien, lo que James escribiese tendría que salir por la boca de la profesora McGonagall, quisiera ella o no.

- Queridos alumnos, quiero comunicarles que soy una vieja solterona y que no me gustaría nada que hiciesen sus deberes, ¿para qué?

La profesora McGonagall palideció al darse cuenta de lo que había dicho involuntariamente. Los alumnos se quedaron con la boca abierta, dudando entre reírse o pensar que la profesora debía retirarse a un asilo por cansancio mental.

- La semana pasada intenté ligar con un camarero, pero me dijo que su religión no se lo permitía. No me quiso decir que mi trasero es tan grande como la proa del Titanic…

Esa vez los alumnos no pudieron aguantarse y empezaron a reírse a carcajadas, algunos incluso conteniendo las lágrimas. La profesora parecía bastante enojada:

- ¿Quién le ha dicho a Filch que yo no era un buen partido para él?

Los alumnos continuaban riéndose sin parar. Era demasiado bueno para ser cierto…

Desgraciadamente, el efecto de los polvos duraba muy poco:

- ¡Potter, Black, Lupin, Pettigrew! ¡A mi despacho inmediatamente!

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Ethel comía lentamente su tostada, con los ojos fijos en ninguna parte. Sus ojeras eran visibles, al igual que su aspecto desaliñado. Sus amigas observaban cada uno de sus movimientos: a su amiga le pasaba algo.

- Ethel, ¿qué te pasa?- preguntó Lily, muy preocupada.

- Nada, sólo estoy un poco cansada- musitó la morena, intentando que su mentira les sirviese a sus amigas.

Pero a Roanne nadie la engañaba. Cuando una amiga estaba mal, ella lo sabía. Y por mucho que intentase ocultarlo, su sexto sentido siempre salía a la luz:

- No, Ethel, cuéntanos qué te pasa- dijo- ¿problemas del corazón?

Ethel, que no había dejado de comer su tostada durante toda la conversación, se paró en seco. Al darse cuenta de que sus amigas se habían dado cuenta de su asombro, se sonrojó; se había delatado a sí misma.

- No hace falta que digas nada- observó Rose- tu actitud ya lo dice todo.

- Cuéntanos, Eth- la incitó Roanne.

Ethel se encogió de hombros. ¿Para qué iba a mentir a sus amigas? ¿Para qué ocultarles algo que, en el fondo, ella necesitaba compartir? Y es que sabía que desahogarse era milagroso…

- Es por Remus- admitió al fin.

Sus tres amigas se quedaron impactadas al oír el nombre del merodeador. ¿Remus? No podía ser. ¿El bueno de Remus? No, no podía ser.

- ¿Qué pasó con Remus?- quiso saber Lily.

Ethel suspiró. Era hora de contarles todo:

- Nos encontramos en la biblioteca- comenzó- y bueno… casi nos besamos. Estábamos a punto, pero él se arrepintió y se marchó.

- Bueno, no es tan grave- opinó Rose, secundada por la mirada asesina de Lily y Roanne- bueno, me refiero, sólo te rechazó. Hay más hombres en el mundo… ¡que se pudra!

- No cambiarás, Rose- se rió Roanne, negando con la cabeza.

- ¿Para qué cambiar?- sonrió Rose- si así como estoy soy perfecta.

- Ja ja ja- se rió sarcásticamente Roanne.

Lily observaba a sus amigas, indignada:

- ¡Chicas!- las regañó- ¡dejad de pelear! Ethel está mal y a vosotras sólo se os ocurre molestaros…

Roanne y Rose bajaron la cabeza, avergonzadas. Lily prosiguió:

- Entonces, Ethel, sólo te sentiste dolida por el hecho de que Remus te rechazara, ¿no es eso?- dijo.

- Claro, es normal que tu orgullo se venga abajo si te pasa eso- opinó Roanne.

- No, no chicas- suspiró Ethel- es que… me he dado cuenta de que me gusta. Me gusta enserio.

Las tres se quedaron con la boca abierta:

- ¿Te gusta un merodeador?- Rose estaba indignada. Eso estaba prohibido.

- Calma, Rose, no es cualquier merodeador, es Remus- le tranquilizó Lily.

- Sí, pero fíjate… el "bueno" de Remus jugando con Ethel… todos los merodeadores son iguales- y chocó las palmas con Rose.

Después de unos minutos más, tuvieron que ir a clase, ya se les hacía tarde. Al cruzarse con Snape en los pasillos, Rose recordó su promesa:

- Lily- llamó a su amiga.

- ¿Sí?

- Tengo que hablar contigo- le dijo.

Ambas se fueron a un lugar más privado a conversar:

- No vas a creer lo que te voy a decir- bueno, ni ella misma se lo creía. Sólo lo decía porque lo había prometido- pero me da pena Snape.

Lily se echó a reír a carcajadas. No podía ser que Rose Lehman, anti-Snape de toda la vida, pronunciase esas palabras.

- Sí que no me lo iba a creer- pudo decir al final, entre carcajadas- y bueno- ahora se puso más seria- ¿por qué te da pena?

- Bueno… veo cómo te mira con cara de perrito abandonado- dijo Rose- yo creo que quizás fuiste un poco dura con él.

- ¿Dura? ¿Yo?- la incredulidad que experimentaba Lily era demasiada.

- Sí…- Rose aún no podía creer que estuviese teniendo esa conversación- deberías de hablar con él.

- ¿Tú crees? Bueno… si lo dices tú, que eres su enemiga… bueno, de acuerdo. Hablaré con él.

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Snape estaba en la biblioteca, estudiando Historia de la Magia, cuando una voz femenina a sus espaldas le hizo detenerse en su trabajo:

- ¿Lily?- el Slytherin aún no podía creer que la pelirroja se estuviese dirigiendo a él. Estaba demasiado enfadada…

¿Cómo era posible? Entonces recordó. Lehman. Había sido la promesa de Lehman.

- Bueno…- suspiró Lily- creo que quizás he sido un poco dura contigo… no digo que empecemos a ser amigos como antes, porque yo por ahora no te he perdonado como para eso… pero quizás sí deberíamos dejar de ignorarnos y saludarnos cuando nos encontremos, ¿te parece?

- Sí, por mí está bien.

- Bueno, pues entonces… hasta luego- y se fue sin darle oportunidad a contestar.

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Ethel ya había terminado de estudiar. Suspiró. Había sido un día muy largo, sería un alivio ir a la sala común y relajarse junto con sus amigas.

Pero mientras abandonaba la biblioteca, se encontró con cierto merodeador. Iba acompañado de Peter Pettigrew, un merodeador callado y tímido con el que no tenían mucha relación.

Enseguida comenzó a ponerse muy nerviosa… ¿qué le iba a decir a Remus? Bueno, simplemente se limitaría a saludarle sin más. Sí, sólo eso. Tendría que actuar como si nada hubiese pasado. Ella podía.

Ya estaba a su lado, dispuesta a saludarle, cuando el merodeador giró la cabeza, dispuesto a evitarla.

Ethel se paró en seco. Era demasiado para ella. Le había visto perfectamente y había hecho como si no la conociese…

Llegó a la sala común hecha una furia y se recostó en uno de los sillones, melancólica:

- ¿Cansada de un largo día de trabajo?- ante sus ojos tenía a Sirius Black, que le sonreía de oreja a oreja.

Conocía a Sirius desde hacía poco, pero había demostrado ser una persona digna de su amistad:

- Un poco- le devolvió la sonrisa, mientras Sirius se recostaba a su lado.

Ambos se encontraban charlando animadamente cuando Roanne hizo su aparición en la sala común. La escena que vio no le gustó nada. Su amiga Ethel confraternizando con el enemigo… No, eso no podía ser:

- ¡Ethel! ¿Qué haces?- su tono de voz no era precisamente alegre.

- Charlando con un amigo- se encogió de hombros Ethel, sin darle importancia.

- ¿Amigo?- Roanne se indignó- ¿un merodeador un amigo? Por Dios…

- ¿Y qué pasa, Dunant, tienes algún problema?- Sirius, por supuesto, no se podía quedar callado.

- Claro que lo tengo- bufó la chica- no me gusta que mis amigas se junten con indeseables.

- ¿Indeseable? Primero lávate la boca antes de dirigirte a mí, Dunant, no estás a la altura.

- ¿Qué no estoy a la altura? Por Dios… ¿qué te crees, Black? ¿Un Dios?- Roanne estaba muy enfadada.

- Perdona, eres tú la que se cree superior prohibiéndole a tu amiga hablar conmigo porque soy… ¿cómo era? Ah, sí, un indeseable- las palabras del merodeador iban cargadas de ira- te crees que puedes manejar la vida de los demás a tu antojo, ¿verdad? ¿Qué te piensas? ¿Qué por tener una cara bonita lo tienes todo, no? Pues para mí eres un cero a la izquierda.

- Perfecto- murmuró Roanne antes de marcharse corriendo, muy ofendida.

Una vez en su habitación, Roanne comenzó a reflexionar sobre lo que había pasado. Y la verdad es que las palabras de Sirius Black le habían dolido, le habían afectado de verdad. Aún resonaban en su interior: "¿Qué te crees, que por tener una cara bonita lo tienes todo, no?". Antes de que se diese cuenta, lloraba silenciosamente, agarrada fuertemente a su almohada.

Después de la discusión, Ethel ya no tenía ánimos de seguir hablando con Sirius, así que se despidió de él. Justo se estaba marchando cuando apareció Remus, que observó embobado cómo la morena subía por las escaleras.

- Remus, ¿te traigo la fregona?- se burló de él Sirius.

- Sirius, por favor…- Remus no estaba para bromas.

- ¿Qué pasa? ¿Te gusta enserio o qué?

- Puede ser…- musitó Remus.

En ese momento llegó James:

- ¿Qué puede ser?- preguntó, interesado.

- Que a Remus le guste Ethel- dijo tan tranquilo Sirius.

- Ah, bien- dijo James- es buena chica.

Remus suspiró, y ese gestó no les pasó desapercibido a sus amigos:

- ¿Hay algo más?- quiso saber James.

- Le rechacé un beso- confesó Remus.

- ¿Por qué?- Sirius no lo comprendía- ¿no decías que te gustaba?

- Ya, pero…- Remus volvió a suspirar- si supiese que soy un licántropo no querría estar conmigo. Y yo no la quiero hacer daño. Es una carga para cualquiera…

- No empieces otra vez, Lunático- dijo James- eso son tonterías.

- Lo que es una tontería es comerse la cabeza por una chica- dijo Sirius- no merece la pena en absoluto.