Capítulo 4

- Remus, tienes que entender que tu "problema" no puede manejar tu vida- Sirius se había puesto muy serio.

- Lo que no quiero es que maneje la vida de otra persona- fue la respuesta del licántropo- y no quiero hablar más del asunto, por favor, ya tomé una decisión.

Sirius y James intercambiaron una mirada: su amigo sí que era realmente terco. James suspiró: dejarían el asunto para otro día…

Mientras se dirigían a los jardines, a jugar un poco al quidditch, James vio cómo Lily saludaba a Snape. Eso fue demasiado para él. Sirius notó cómo su amigo se agitaba a su lado, y supo que lo que iba a venir a continuación no iba a ser nada bueno…

- ¿Qué haces, Lily?- James se había apresurado para alcanzar a la pelirroja.

- No es de tu incumbencia, Potter- le contestó despectivamente ella- y para ti soy Evans.

- Estabas saludando a Snape, ¿no?

- Sí, ¿algún problema?

- No me gusta que te juntes con él- dijo James- ¿no te habías enfadado con él?

- Hemos decidido no ignorarnos, pero te lo vuelvo a repetir, Potter, eso a ti no te importa.

El merodeador iba a contestarla, pero Remus anunció que tenían la última clase de la tarde y debían darse prisa para llegar a tiempo. La conversación quedó postergada.

Una vez sentados enfrente del caldero, la conversación mantenida tan sólo unos minutos antes fue retomada de nuevo:

- Sí me importa- dijo James de repente.

La pelirroja, que estaba absorta en la elaboración de su poción, no supo a lo que se refería el merodeador:

- ¿De qué hablas, Potter?

- De que sí que me importa que hayas decidido no ignorar a Snape- dijo James.

- Te lo repito, Potter, tú no eres nadie para decidir con quién debería de juntarme o no- realmente detestaba esa actitud tan prepotente del merodeador.

- No, no lo soy- Lily se quedó sorprendida al escuchar las palabras del moreno- yo sé que no puedo decirte con quién debes de hablarte y con quién no… pero sabes que me importa. Me importa muchísimo que hables con él.

Había sido una de las pocas declaraciones que Lily había escuchado salir de la boca del merodeador:

- ¿Por qué te importa que hable con él?- preguntó.

La boca de James dejó escapar un suspiro:

- Ya lo sabes… aunque no lo creas, todo lo referente a tu vida me importa más incluso que mi propia vida- confesó el moreno.

De repente, el caldero se cayó al suelo. Lily, avergonzada, fue a recogerlo, pero James se adelantó y ambos cruzaron una intensa mirada mientras recogían el caldero, agachados en el suelo. Pero Lily desvió su mirada:

- Olvídame, Potter- y se largó de la clase dejando al profesor muy confundido. Ella no era de la clase de alumnas que abandonaban una clase por las buenas…

Fuera ya de clase, Lily se dejó caer en una de las ventanas. Allí, asomada, podía reflexionar sobre lo que acababa de pasar.

Odiaba a James Potter. Lo odiaba. ¿Por qué tenía que decirle esas cosas? ¿Por qué? ¿Por qué intentaba ganársela cuando sabía muy bien que no tenía nada que hacer? ¿Por qué la hacía sentir tantas cosas…? Y es que en ese momento, Lily estaba temblando.

Mientras tanto, en Pociones, los calderos aún seguían hirviendo:

- Lehman- Snape había levantado una milésima de segundo la vista de su caldero para hablar con la rubia- quería… quería agradecerte que hayas hablado con Lily.

Rose se rió. Él sabía muy bien que lo había hecho casi obligada… ella era la última que quería ver cómo Snape y su amiga rompían su enemistad:

- Sabes bien que no tenía otra opción, así que no tienes nada que agradecerme- fue la respuesta de la Gryffindor.

Snape iba a contestar, pero dio un salto, sorprendido, cuando el caldero que compartían Ethel y Sirius explotó:

- Fue… buenísimo…- dijo entre carcajadas una divertida Ethel. Sonría de oreja a oreja e incluso unas lágrimas provocadas por la carcajada se habían asomado por su rostro.

Roanne observaba la escena. Odiaba que los merodeadores siempre estuviesen metidos en todo. Odiaba que se creyesen la única cosa graciosa de todo Hogwarts… pero sobre todo odiaba que su amiga Ethel hubiese entrado en su juego:

- Ethel- susurró Roanne para que sólo su amiga pudiese escucharla- ya te dije que Black era una mala influencia… por favor, no te dejes llevar.

Por supuesto, Roanne no era precisamente una experta en mantener un volumen demasiado bajo, por lo que el merodeador escuchó perfectamente lo que había dicho la rubia.

- Otra vez la muñequita de porcelana y sus prejuicios- Sirius odiaba que Roanne se metiese siempre con él sin ningún motivo. Al fin y al cabo, él nunca le había hecho nada.

Roanne le miró de arriba abajo. En su mirada se podía percibir claramente la furia contenida: ese comentario no le había gustado ni un pelo.

- Tú solito estás fabricando una prueba de lo que digo- dijo Roanne- mira con qué educación hablas… dirígete a mí con respeto antes de hablarme, Black.

- Perdone, su majestad, olvidé que eres demasiado importante como para ser tratada de cualquier manera, ¿verdad? Espero que un día bajes de la nube en la que estás montada y te des cuenta de que en la vida real no eres la princesita que crees ser… sólo una mocosa con aires de grandeza…

Sirius no pudo continuar. Roanne, furiosa, le había dado una bofetada:

- Nunca jamás en tu vida te atrevas a volver a hablarme, jamás, ¿me has oído?- unas lágrimas silenciosas y sólo percibidas por Ethel, que estaba más cerca, se asomaron por sus mejillas.

Las palabras de Sirius le habían herido demasiado. Ella siempre intentaba no destacar, huir de la popularidad, ser una más… no le gustaba que la gente pensase precisamente lo que pensaba Sirius: que era una niñita creída y consentida…

Había luchado duramente contra esos tópicos. Todo el mundo daba por supuesta su tremenda belleza, su don de gentes… su popularidad era enorme, pero ella jamás había querido pertenecer a ese mundo, ¿por qué precisamente su peor enemigo había dado en el clavo? ¿Por qué sabía que justo esas palabras eran las que más daño le iban a hacer?

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Ese día los merodeadores tenían que cumplir su castigo. Como siempre, era Filch el que se encargaba de ello. Esta vez les había tocado limpiar las mazmorras sin magia.

- No me he pasado la vida teniendo elfos domésticos para acabar fregando- se quejaba Sirius.

James se sonrió, divertido:

- La vena Black tenía que salir a la luz.

Sirius se le quedó mirando:

- No lo dices en serio, ¿verdad? Sabes que no quiero tener nada que ver con ellos- dijo.

Como respuesta, James le guiñó un ojo.


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Nerea