Capítulo 5

Ese día James Potter había jugado uno de sus mejores partidos. La gente le paraba por los pasillos felicitándole por su victoria. Y no sólo le paraban chicas de primero esperando hablar con él, como si de una estrella se tratase, no, también le paraban compañeros de su curso para preguntarle cómo había conseguido realizar ciertas jugadas.

Y eso hacía que su ego creciese a velocidades insospechadas.

James Potter se revolvió el pelo, mientras jugaba con su switch dorada.

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Remus no había vuelto a ser el mismo. Sus amigos lo habían notado y habían hecho todo lo posible para ayudarle, pero él seguía sin dar su brazo a torcer, sin querer hacer nada para cambiar su situación:

- Si tanto te interesa la chica esta, habla con ella, seguro que después te sientes mejor- le aconsejó Sirius, harto de ver cómo su amigo seguía sufriendo.

- ¿Tú crees?- seguía inseguro Remus.

- Sí, Remus, total, sólo es una chica.

Por supuesto, Sirius Black aún no había conocido el amor, por lo que para él era un concepto vago y superficial sin ningún sentido.

- Creo que hablaré con ella, intentaré disculparme- y se fue, decidido a hablar con Ethel.

Y así, se dispuso a buscar a Ethel. Una vez que la hubo encontrado, se dispuso a hablar con ella, con la intención de arreglar las cosas, ya que no soportaba seguir así:

- Ethel, ¿puedo hablar contigo un momento?- se dirigió por fin a ella.

La muchacha le miró, sorprendida. No esperaba que Remus Lupin, después de haberla ignorado, se plantase delante de ella, con la intención de hablarla:

- Sí- musitó, tímidamente.

Ahora llegaba la parte más difícil para Remus: tratar de explicarse. Pero, ¿cómo? ¿Cómo hacerlo sin mencionar que él era un licántropo? ¿Cómo dar una buena excusa? ¿Cómo no lastimarla?

- Me quería… bueno… disculpar por lo del otro día- titubeó. Estaba realmente nervioso.

Ethel le miró a los ojos. Una disculpa no iba a explicar su comportamiento:

- Disculpas aceptadas- le sonrió- pero creo que me deberías haber dicho desde el principio que no te interesaba.

Remus se quedó sorprendido: Ethel pensaba que no le interesaba, cuando era todo lo contrario. De todas maneras, no se había portado de la mejor de las maneras y era lógico que la joven pensase así:

- No, no, para nada, Ethel- negó él- tú me gustas mucho.

Ethel se rió, sin poderse creer lo que estaba escuchando:

- Bueno, si te gusto, ¿por qué me rechazaste?- preguntó, confusa.

- Es que no puede ser Ethel, no podemos estar juntos- fue su respuesta.

- ¿Por qué no?

- No te lo puedo decir.

Ethel bufó, comenzando a enfadarse. No iba a tolerar que nadie se riese de ella:

- Si lo que me vas a dar son excusas y mentiras, olvídate de seguir hablando conmigo- le dijo- hasta luego- y dicho, eso se marchó, dejando a un Remus abatido.

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Ethel se encontraba en una esquina de la vacía sala común de Gryffindor, llorando amargamente. No podía entender por qué Remus estaba jugando así con ella: ¿acaso se pensaba que era estúpida? Se estaba secando las lágrimas cuando fue sorprendida por Sirius Black:

- Ethel- se alarmó- ¿qué te pasa?

Ethel se siguió secando las lágrimas lo más deprisa y eficientemente que pudo, intentando ocultar su tristeza:

- Nada, Sirius, ¿por qué me debería de pasar algo?

- Porque estabas llorando, Ethel- contestó Sirius, al que el detalle no le había pasado desapercibido- ¿me vas a contar qué te pasa?

Ethel dudó durante unos instantes:

- ¿Me prometes que no se lo dirás a nadie?- quiso saber.

- Palabra de Black- sonrió él.

Ethel le miró a los ojos, indecisa. Al final, suspiró, decidida a desahogarse:

- Son penas de amor- le dijo, comenzando a contarle toda la historia.

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Rose sentía una envidia profunda por su amiga Roanne. Ella era la belleza personificada, y no sólo contentándose con ello, era una chica simpática y sociable, por lo que siempre tenía a la gente a sus pies.

Rose amaba las fiestas, amaba a la gente. Pero rara era la ocasión en la que ella era invitada a alguna de las fiestas más importantes de Hogwarts. Y ese viernes se iba a celebrar el acontecimiento del año.

Por supuesto, Roanne había sido invitada. Sin embargo, Rose, para variar, no lo había sido.

Y Rose tenía unas ganas locas de acudir a aquella fiesta, una fiesta a la que irían los chicos más codiciados e importantes de Ravenclaw, ya que era una fiesta que daban las águilas y a la que sólo invitaban a gente muy popular del resto de las casas.

Y Rose le había echado el ojo a un chico de Ravenclaw, que se había convertido en su objetivo. ¿Qué mejor que una fiesta para conquistarle?

¿Pero qué iba a hacer para poder asistir a la fiesta? Ella no estaba invitada y no había manera de acudir sin invitación. Ojalá pudiese ser Roanne por un día… Entonces se le ocurrió: tomaría una poción multijugos y se convertiría en su amiga. Sabía que Roanne no iba a salir de la habitación ese día, ya que se quedaba a estudiar con Ethel, así que no tenía por qué preocuparse. Sólo necesitaba la poción. Seguro que Lily y su arsenal de pociones guardaban alguna muestra preparada para clase.

Se dedicó a mirar entre las pociones de Lily, hasta que encontró una en la que ponía: "Modelo de poción multijugos". Rose se sonrió: sólo necesitaba un pelo de Roanne. Fue corriendo hacia su almohada, donde no le fue difícil encontrar un pelo rubio de su amiga.

Ya lo tenía todo listo. Se tomó la poción y poco a poco, se fue transformando en Roanne Dunant. Tenía unas horas para vivir en el cuerpo de su amiga, un sueño hecho realidad.

Cuando llegó a la fiesta, el ambiente era incluso mejor del que se hubiese imaginado. Fue directa a por alguna bebida, ya que su lema era que sin bebida no había fiesta que valiese la pena.

Cuando se hubo tomado unas cuantas copas, se sintió con el ánimo para dirigirse a Nathan Parker, un apuesto Ravenclaw que quería incluir en la lista de sus conquistas.

- Hola guapo- se dirigió a él- ¿bailas?

El chico la sonrió y asintió con la cabeza:

- Vaya Roanne, yo pensé que pasabas de mí- confesó el muchacho.

- No pienses tanto- se rió Rose, en el cuerpo de Roanne, a la que le estaban empezando a afectar las copas.

Empezó a sonar una canción lenta y Rose no dudó ni un solo momento es acercarse al cuerpo del Ravenclaw. Cuando fueron entrando en calor, le comenzó a besar por el cuello, a lo que el chico le respondió con un beso en los labios.

Rose sólo paró de bailar para seguir yendo a por bebidas, y así, copa tras copa, poco a poco fue perdiendo la cordura:

- Vamos a arriba- le dijo a Nathan.

- Roanne, estás borracha- le recriminó Nathan.

- Qué más da. Lo haría de todas maneras- fue la respuesta de Rose.

Como Rose vio que no podía lograr nada, se dedicó a examinar a la gente del lugar, viendo si podía haber otra posible conquista. Cuando estaba en ello, un chico la llamó:

- ¡Roanne!- exclamó- ¡cuánto tiempo!

Rose se sonrió: era Harry Wattson, un antiguo novio de Roanne, por lo que tenía el trabajo garantizado.

- Hola, guapo- le dedicó una pícara sonrisa.

Pero en ese momento, empezó a notar cómo todo su cuerpo se revolvía: estaba empezando a transformarse, por lo que tenía que salir allí antes de que alguien se diese cuenta. Antes de salir de la sala, se bebió una copa más y abandonó la fiesta.

En el pasillo, ajena a los ojos del resto de la gente, terminó de transformarse por completo. Feliz, se dedicó a irse a su habitación, cantando a voz en grito en su camino. En ese momento fue sorprendida por Severus Snape:

- ¡Severuuuus!- gritó, feliz- ¡hola, amigo!

Era evidente que Rose Lehman había bebido de más:

- ¡Lehman!- se sorprendió Snape- ¿qué haces aquí? ¡Estás completamente borracha!

- Borracha de amor, encanto- le dijo ella entre risas.

Snape bufó. Lo último que le apetecía era tener que cargar con una borracha.

- ¡Adiós!- se despidió Rose, que, obviamente, no estaba yendo por el camino correcto.

- Lehman- la llamó Snape- por allí están las mazmorras de Slytherin, no de Gryffindor.

- ¡Sabelotodo!- se rió Rose.

Snape se la quedó mirando fijamente, sin saber qué hacer con el peso que le había tocado llevar. Para su desgracia, conocía el camino a la sala común de Gryffindor, ya que había expiado alguna vez a los merodeadores:

- Yo te llevaré- le dijo, fríamente.

Snape la levantó y la llevó en brazos, ya que por momentos Rose no era capaz ni de mantenerse en pie.

Rose no paraba de reírse en el camino y de decir cosas sin sentido:

- ¿Sabes? Los Slytherins tienen un punto muy sexy- dijo, riéndose a carcajadas.

Snape no contestó.

- ¿Sabes que eso te convierte en… hip… sexy?- siguió riéndose Rose.

Snape siguió ignorándola:

-Mírame a los ojos- le ordenó Rose- así puedo… hip… verte… hip… mejor.

Snape la miró sólo durante un segundo y, de repente, Rose se abalanzó sobre él. Dándole un apasionado beso, que fue rechazado por la serpiente:

- Realmente estás borracha- musitó, con asco.