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Capítulo 2.- Realidad. Huída

Llevaban ya un rato en casa, después de volver del instituto. Kyo parecía haber calmado su mal humor y el aroma del arroz flotaba ya en el ambiente, tentando a los cuatro muchachos...¿cuatro? Sí, Momiji había insistido hasta la saciedad para que Yuki les permitiera a él y a Haru ir a comer con ellos (Kyo se opuso, pero no le escucharon). Tooru llegó a la sala y sirvió a los chicos, que se sentaron a la mesa de muy buena gana. La chica, pero, siguió mirando el reloj con preocupación.

–¿Dónde estará Shigure? -suspiró- Hoy no ha aparecido en toda la mañana...

Un fuerte golpe distrajo la atención de sus pensamientos. Alguien llamaba desesperadamente a la puerta de entrada. La chica se levantó con una sonrisa y fue a abrir.

–Debe ser él -dijo más animada.

–Seguro que el muy burro se ha dejado las llaves dentro -gruñó Kyo mientras terminaba su plato.

Tooru abrió la puerta, convencida de encontrar a Shigure detrás de ella. Pero no esperaba para nada a la persona a la que vio en el umbral.

Kazuma Soma estaba de pie ante la puerta, respirando rápido. Evidentemente había corrido hasta llegar a allí. Tooru se quedó petrificada. Jamás había visto a Kazuma tan alterado. Era un hombre que solía mantener la calma en toda situación. Por eso le sorprendió ver que sus manos temblaban, que su respiración era alterada y entrecortada, que en su rostro se reflejaba una expresión de miedo... Un miedo espantoso que helaba hasta el alma. Ignorando éste hecho, Tooru trató de sonreír.

–Maestro Kazuma... -dijo nerviosa- ¿A qué se debe su visita?

–Tooru, ¿está Kyo? ¿Está bien? -exclamó el hombre.

–S...sí... -balbuceó Tooru entrecortadamente- Están comiendo...

Sin esperar siquiera que le permitieran pasar, Kazuma entró cómo un tornado al interior de la casa, irrumpiendo en el comedor donde los cuatro muchachos estaban tomando la comida tranquilamente. Kyo no dejó de mostrar su sorpresa en el instante en el que Kazuma apareció en el umbral.

–Maestro, ¿qué haces aquí...? -preguntó extrañado.

Pero Kazuma no fue capaz de responder. Simplemente se arrodilló al lado de Kyo y puso las manos sobre su rostro. El chico se quedó petrificado, contemplando sin entender nada las lágrimas que asomaban de los ojos grises de su maestro. Éste simplemente le miró en silencio, y después rodeó su cabeza con los brazos, acercándolo a su pecho. El chico permaneció quieto, mientras aquel a quién consideraba su padre lloraba silenciosamente sobre su rostro.

–Creía que no iba a llegar a tiempo... Temía no encontrarte aquí... -susurró Kazuma.

–Maestro, ¿qué ocurre? -preguntó el chico del pelo naranja impresionado.

Esas palabras parecieron hacer volver a Kazuma a la realidad. Se incorporó rápidamente y tomó al chico de una muñeca quizás con demasiada fuerza.

–No hay tiempo para explicaciones -aseguró rápidamente- Debes irte de aquí. Enseguida.

–¿Por qué? -gritó el chico, no pudiendo impedir que su maestro los arrastrara hasta la puerta del comedor- ¿Qué ocurre?

Pero Kazuma no respondió, simplemente se dio la vuelta y miró a Tooru y a los otros tres chicos, que les miraban interrogantes. Los señaló uno a uno.

–Vosotros cuatro debéis venir también -exclamó llevándose a Kyo fuera de la casa.

–Pero... -empezó Yuki poniéndose en pie y siguiéndolos- ¡Maestro...!

Tooru, Haru y Momiji le siguieron al exterior. Los cuatro fueron tras Kazuma, que arrastraba literalmente a Kyo por el camino que salía de los terrenos de la casa de Shigure. El chico no paraba de debatirse, tratando de sacarle una respuesta a su maestro. Los de detrás aceleraron el paso y consiguieron alcanzarles.

–Pero, maestro Kazuma -preguntó Momiji jadeando- ¿Por qué debemos irnos?

–Debo llevarme a Kyo lejos de aquí... -fue la escueta respuesta de Kazuma- Y vosotros no podéis quedaros: os harían demasiadas preguntas. Estaríais en peligro.

–Maestro -intervino Tooru asustada- ¿Por qué tienes que llevarte a Kyo? ¿De quién debemos huir?

–De los Soma -declaró Kazuma.

Los cinco chicos no entendían absolutamente nada, pero teniendo en cuenta la seriedad de Kazuma, le siguieron sin protestar.

Tooru andaba a toda prisa, siguiendo a Kazuma. ¿Qué había querido decir el maestro con huir de los Soma? Aún recordaba la expresión de horror, de miedo, en los ojos de Kazuma cuando se había presentado hacía apenas unos minutos. Era una mirada helada, de terror. El mismo terror que se siente cuando te arrebatan todo lo que tienes en el mundo.

Casi topó con la espalda de Haru, que de había detenido bruscamente. Miró al frente y advirtió que habían llegado a la bifurcación de caminos. Ni siquiera se había dado cuenta de que habían andado tanto. Había un discreto automóvil negro aparcado en el camino. Kazuma les hizo subir a los cinco, insistiendo en que Kyo fuera en el asiento trasera. Tooru se sentó delante y los cuatro chicos se acomodaron cómo pudieron en la parte trasera. Kazuma arrancó a una velocidad mucho superior a la permitida. Los cinco empezaron a acribillarlo a preguntas. Agobiado, dio un largo y agotado suspiro.

–¡Ya está bien, callaos un momento...! -exclamó con serenidad. Después, suavizó el tono lentamente- Os lo explicaré todo...

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–Veréis, no estoy seguro de cuanto tardarían, pero estoy convencido de que iban a venir a por ti, Kyo. Y vosotros no podías quedaros porque os habrían sacado demasiada información -dijo Kazuma lentamente, conduciendo el automóvil por una carretera rural.

–¿A qué te refieres, maestro? -preguntó el chico, aún confundido y intrigado por lo que estaba ocurriendo.

Kazuma entornó los ojos un instante, con un largo suspiro, y después contempló las miradas de los chicos por el retrovisor. Todos tenían la misma expresión en el rostro. Todos deseaban saber qué le había llevado a llevárselos de casa con tanta prisa. No tenía más remedio, debía contarles la verdad.

–Kyo, la verdad es que no he sido del todo sincero contigo -admitió- Te he ocultado cosas que yo sabía sobre ti y que debería haberte contado antes. Espero que me perdones algún día. No quería que éste tiempo de felicidad...se oscureciera por mi culpa si te lo contaba todo.

–¿De qué hablas...? -susurró el muchacho de ojos rojizos, visiblemente sorprendido- ¿Qué está pasando, maestro...?

–Como bien sabes, Kyo, existen trece animales del zodíaco chino -relató Kazuma lentamente- Pero, por una serie de circunstancias, el gato se quedó fuera de los "doce", pasando a ser una animal maldito. Por esa razón...

Kyo sabía a qué se refería. Lentamente, levantó su muñeca izquierda y contempló la pulsera de borlas blancas y rojas que la rodeaba. Todos le miraron con tristeza, advirtiendo al instante que sus ojos habían perdido de nuevo toda la vivacidad. Él no había olvidado en ningún momento su dolorosa infancia. Y aquella terrible maldición parecía perseguirle sin pausa.

–...por esa razón el gato tiene una segunda forma, una transformación oscura y terrible a la cual los otros signos temen... -terminó por él.

–Se puede decir así... -admitió Kazuma casi en un susurro- Los espíritus de los trece signos se van transmitiendo en nuestra familia de generación en generación. Como ya sabes, Kyo, el anterior gato era mi abuelo.

–Lo sé... -murmuró el chico saliendo de su ensimismamiento.

–Fue el anterior Soma que llevó esa pulsera que tienes en la muñeca, Kyo. Él era una persona muy generosa... -susurró Kazuma con remordimiento- Pero todos los demás Soma le despreciaron por ser del signo del gato. La oscuridad y el odio, las tinieblas en esencia propia cubrían los corazones de la familia, cegándolos hasta el punto de no dejarles ver la auténtica naturaleza de mi abuelo. Él...sonreía siempre, a pesar de lo que le hicieron. Sólo le vi una vez en mi vida y le traté con el mismo desprecio hipócrita al que estaba acostumbrado desde niño. Jamás me lo perdonaré. Aún soy incapaz de creer...que pudieran hacerle sufrir tanto a alguien tan bueno como él...

–¿Qué fue lo que le hicieron...? -preguntó Yuki con voz queda. Tanto él como los demás habían escuchado con total atención el relato de Kazuma.

Kazuma agudizó la mirada, preparado para revelar el oscuro secreto más bien guardado de los Soma.

–Hay una tradición en la familia, una espantosa tradición... -musitó oscuramente- La costumbre es encerrar al gato en una habitación oscura de la casa principal e impedirle salir de allí... hasta que muera...

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El silencio en ese momento fue lo más insoportable que había sentido nunca. Ni siquiera notó que las gotas de lluvia comenzaban a golpear los cristales del coche. Solamente las palabras de Kazuma retumbaban en su mente con una crueldad jamás vista.

"...encerrar al gato...hasta que muera..."

Las sombras volvían a rodearle. Qué ingenuo había sido al creerse que todo había terminado. En realidad no había hecho más que empezar. ¿Cómo había sido tan estúpido de creer que los Soma sólo le harían sufrir unos cuantos años de su vida? Aquella familia maldita siempre quería más. El pánico, el miedo, la desesperación... se apoderaron de su ser. El corazón empezó a latirle con tanta fuerza dentro del pecho que creyó que iba a escapársele de su lugar. ¿O sea que ése era el destino que Akito había estado preparando para él? ¿Por qué? Las lágrimas pugnaban por salir de sus ojos, pero él no lo permitió. Simplemente se llevó las manos a la cabeza y hundió ésta entre los brazos.

–...hace dos meses, cuando tu padre me llamó, fue para pedirme ayuda en el momento en que te hicieran lo mismo a ti, para que no pudieras escapar. Aunque supuestamente eso debería llevarse a cabo cuando terminaras el instituto, hoy he recibido un mensaje anónimo de alguien de "dentro". Decía claramente que ya estaba todo listo y que en cualquier momento irían a por ti. No tengo pruebas, pero Rin y Kureno han aparecido mucho por la casa principal, y eso sólo puede significar que llegaba el momento...

Kazuma detuvo lentamente el automóvil en un sendero de la izquierda de la carretera. Tras unos instantes de silencio, se dio la vuelta y miró al chico de cabellos anaranjados, que permanecía con la cabeza hundida entre los brazos, visiblemente asustado. Con una ligera sonrisa de seguridad, puso suavemente una mano sobre los hombros del muchacho. Kyo se estremeció tras ese contacto, pero al final levantó la vista, mirando a su mentor con desconsuelo. Kazuma pudo ver la desesperación, el miedo y el dolor, mezclados cruelmente en los ojos rojos del muchacho.

–Ése mismo día me juré a mí mismo que te protegería cuando llegara el momento. Haré todo lo que pueda por protegerte, Kyo. No dejaré que ni Akito ni ninguno de ellos te ponga una mano encima. Siempre que pueda hacer algo por evitarlo, lo haré. No estás solo en esto, Kyo. Yo te quiero mucho... y no permitiré que la historia se repita. Jamás estarás solo, te lo prometo...

El chico le miró con sorpresa, pero ésta creció cuando sintió una mano en la espalda. Giró la cabeza y vio a Yuki dirigiéndole una ligera sonrisa.

–Oye, Kyo... Yo también haré lo que pueda para que no te atrapen. Akito... me encerró en muchas ocasiones en esa habitación oscura. Sé lo que se siente cuando te privan completamente de la libertad. Nadie merece vivir en ese lugar hasta el día de su muerte. Si es necesario oponerse a Akito, lo haré...

–Pues claro, Kyo -dijo Momiji con una ligera sonrisa inocente- todos queremos que te quedes con nosotros.

Haru no dijo nada, no era demasiado aficionado a ése tipo de palabras, pero la decisión de su rostro mostraba que estaba de acuerdo con las palabras de Momiji. Kyo, cada vez más sorprendido, dirigió los ojos hacia Tooru. La chica le sostuvo unos instantes la mirada, pero después una ligera sonrisa de cariño apareció en su rostro.

–Kyo, no permitiremos que alguien te haga daño. Acepta nuestra ayuda. Todos los que estamos aquí hemos tenido un pasado doloroso. Por eso mismo, por vivir días más felices, debemos estar siempre juntos. Están sucediendo cosas terribles, pero llegará un día en que miraremos al pasado oscuro desde la felicidad del futuro y nos reiremos juntos de éstas cosas...Ya lo verás, Kyo -dijo Tooru cogiéndole tímidamente las manos, con una sonrisa de seguridad- Venceremos...todos juntos.

Kyo sintió que su corazón daba un salto dentro del pecho. Aquellas personas que tenía tan cerca estaban de verdad dispuestas a enfrentarse a la familia Soma entera por ayudarle a él. ¿Había alguien capaz de quererle tanto de verdad? Cuando había conocido la aterradora verdad, se había sentido tan solo de nuevo. Había sido como caer de nuevo en las profundas sombras en las que había estado años atrás. Pero la luz le había encontrado de nuevo y no iba a dejarle caer. El chico les miró en silencio y después, una expresión de calma inundó su rostro.

–No...no tengo palabras para agradeceros esto... ¿de verdad os enfrentaríais a Akito por ayudarme...? -aún no era capaz de creer que alguien le demostrara tanto afecto.

–¡Por supuesto, Kyo! -exclamó Momiji despreocupadamente, con una gran sonrisa- Haremos lo que podamos por ayudarte.

Kyo entornó los ojos con una ligera sonrisa. Después de todo no estaba tan solo como esperaba. Había alguien que le apoyaba. Tenía personas cerca que le ayudarían cuando lo necesitaran. A pesar de la difícil situación en la que se encontraba, se sintió más lleno que nunca.

"Gracias..." pensó para sí.

–Bueno, ahora la importante es encontrar un lugar donde pasar la noche y donde pasar un tiempo... -informó Kazuma volviendo a su seriedad.

–Se me ocurre algo -saltó de pronto Tooru- A unos cuantos kilómetros de aquí hay una casita en un claro cerca del lago. Era de mi familia. Mamá y yo solíamos ir allí de vacaciones. Claro, hace ya dos años que no he pasado por allí, pero conservo la llave... -dijo sacándose del bolsillo del uniforme una llave grande y plateada.

–De momento nos servirá... -aprobó Kazuma- Será mejor que no aparezcamos por un tiempo...

Un trueno partió el cielo cubierto de nubes mientras arrancaba de nuevo y avanzaba por la lluviosa carretera hacia el lugar que le había indicado Tooru.

"Dios mío...que no nos encuentren..."

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

El teléfono daba señal, pero nadie parecía dispuesto a cogerlo. Cuando ya había sonado cinco veces, alguien respondió al otro lado de la línea.

–¿Sí? Diga -respondió una voz de mujer.

–¿Es la familia Honda? -preguntó el hombre.

–Sí, ¿quién es? -preguntó la prima de Tooru.

–Señora, disculpe que la llame a estas horas. Soy el director del instituto en el cual asiste la señorita Honda. Tooru lleva tres días sin venir a clase y no la hemos encontrado su residencia habitual. ¿Saben algo de ella?

–No...no teníamos ni idea -aseguró la chica extrañada- Tooru no suele hacer esas cosas.

–Por favor, señora, ¿sabe de algún lugar a donde haya podido ir la señorita Honda?

–Bueno, el único lugar que conozco es una casita de veraneo que tenían ella y su madre, a unos cincuenta quilómetros de Tokio... -comentó la chica, pensativa.

–¿Sería tan amable de facilitarme la dirección? Enviaremos a su tutora para que la busque personalmente.

Un minuto más tarde, él se despidió de la chica y colgó el teléfono. Sólo el silencio inundó la sala unos instantes, hasta que una risa suave y elegante comenzó a hacerse oír. Alguien apareció entre las sombras, alguien que removió con una mano sus largos cabellos plateados.

–Buena actuación...¿Has pensado en ser actor en lugar de novelista?

El chico que había colgado el teléfono se puso en pie y le dirigió una sonrisa maliciosa, mientras sostenía entre los dedos el trozo de papel en el cual había anotado la dirección.

–No es momento de bromas, Aya. Tenemos lo que queríamos. Debemos informar a Akito de esto.

–Shigure, ¿estás seguro de que debemos hacer esto? -preguntó Ayame.

–¿A qué viene ésa pregunta? -dijo Shigure con una sonrisa irónica- No pareces tú, Aya.

–No me niegues que le has cogido cariño a Kyo -inquirió Ayame- Yo a mi manera, también me he acostumbrado a él. ¿Vamos a formar parte en esta locura de encierro?

–Aya... -protestó Shigure, más serio que nunca- ¿Recuerdas cuando éramos pequeños, aquél día... cuando Hatori, tú y yo tuvimos aquel sueño? Juramos que conseguiríamos que fuera eterno, pero eso es imposible. No podemos cambiar algo que viene siendo así desde el principio de la maldición. Pero si podemos hacer que Akito esté satisfecho, que no se enfurezca, es nuestro deber hacer lo que él nos ordene...

El chico del pelo plateado agachó la cabeza en silencio. Las palabras de Akito eran ley. Y la orden de Akito había sido que le trajeran al gato. Y lo harían, aunque eso supusiera tener que hacer daño a los chicos, a Tooru, e incluso a Yuki. Cuando se habían querido dar cuenta, la casa de Shigure estaba vacía y Kyo, Tooru y Yuki habían desaparecido. Por la ausencia de Momiji y Haru, debían deducir que también ellos les acompañaban.

–Por cierto, Aya -dijo Shigure abriendo la puerta de la sala- Es posible que Kazuma haya ido con ellos...

El aludido levantó la mirada de repente.

–¿Por qué lo crees? -preguntó intrigado.

Una sonrisa maliciosa se reflejó en el rostro de Shigure.

–Simple intuición...