Wow, cuanto tiempo. Al final me ha vuelto a pasar y CASI lo dejo abandonado XDDD.
Bueno, mil gracias por sus reviews a NuevaVida, Noe94-13, Uchiha Katze, Hikari Mitsuki, Llaelien, Ichi-Ichi, Sakurarichan y GothiikPsycopathVampire. No puedo creer que recibiera tantos XD
Capítulo 3.- Escapada. Noche de lluvia
La tormenta se hacía más intensa en el exterior, cubriéndolo todo con un manto de fría oscuridad que sólo era corrompida cuando un fugaz relámpago iluminaba el cielo tenebroso por unos instantes, bañándolo todo con una tétrica luz de muerte. El viento enfurecido y la lluvia enloquecida habían trabado unión, azotando sin piedad el bosque sobre el cual descargaban su ira. También golpeaban con intensidad las ventanas cristales de la pequeña casita semioculta en el claro al lado del lago.
El destello del rayo iluminó la habitación y, al cabo de unos segundos, el rugir del trueno hizo vibrar los cristales. Tooru se encogió entre las sábanas, con un ligero gimoteo. Odiaba los truenos. Desde pequeña les había temido. En las noches de tormenta, su madre solía rodearla con los brazos y sentía la protección que nada más en el mundo podía darle. Pero ahora ya no estaba. Debía crecer, ya era mayor para no temer a semejante tipo de cosas. Aún así, su cuerpo se estremecía cuando sentía retumbar el fragor en el valle. Miró alrededor con temor. La fantasmagórica y fugaz luz le permitió ver en la oscuridad.
Aún a su sorpresa, la casa seguía en buen estado. Limpia, cerrada... pero, por desgracia, sin luz ni agua corriente. Momiji y Haru dormían entre ronquidos en suelo, tapándose ambos con la misma manta. En realidad ambos se llevaban tan bien que parecían hermanos. Yuki se había quedado dormido hacía poco en un rincón, justo debajo de la ventana. No parecía molestarle la tormenta, y es que nada inquietaba a Yuki cuando dormía.
Kazuma estaba en el pasillo, Tooru lo sabía sin verle. El maestro había tomado la férrea decisión de cuidar de todos ellos, e incluso se había marchado solo a la entrada de la habitación para velar por su sueño.
En cuanto a Kyo... No tuvo tiempo de reparar en él. Una fortísima detonación la hizo estremecerse y encogerse de miedo. En unos instantes, el ruido se fue atenuando hasta desvanecerse, así que ella pudo respirar con más calma.
- ¿Tan mayorcita y aún le temes a los truenos? -dijo una voz tras ella.
La chica ahogó un gritó de terror que hubiera despertado a cualquiera en dos millas a la redonda, pero alguien le cubrió los labios con una mano. Sólo llegó a ver los ojos cobrizos de Kyo que le miraban desde las sombras.
- ¡Pero bueno...! -le espetó el muchacho en un susurro- ¡¿Es que también me tienes miedo a mí...?!
- Lo siento mucho, Kyo... -se disculpó la chica cuando él dejó de hacer presión sobre su boca.
Miraron alrededor con precaución. Afortunadamente, solamente Momiji se movió en sueños. Ninguno había oído el grito de espanto de la chica. Respiraron tranquilos. Tooru miró a Kyo en silencio. El chico estaba tan cerca de ella que su aliento removía los mechones negros que le caían sobre los ojos. Permanecieron unos instantes mirándose, sin que ninguno de los dos se atreviera a romper el contacto visual. Al final, Kyo tomó la iniciativa y apartó la mirada.
- No me dejabas dormir... -murmuró- No haces más que moverte y gimotear...
- Lo siento mucho, Kyo -repitió Tooru, apenada- Si quieres me voy un poco más lejos...
- No es eso -protestó el chico. Parecía arrepentido de sus palabras- Sólo que me pongo de muy mala leche cuando no puedo dormir...
Antes de que la chica pudiera hacer o decir algo, un nuevo relámpago retumbó con fuerza muy cerca, iluminando las aguas enfurecidas del lago. Tooru se encogió de terror.
- Ése ha caído cerca... -opinó Kyo mirando por la ventana.
- Oye, Kyo... -susurró la chica- ¿Puedo pedirte un favor?
- ¿Qué quieres ahora? -gruñó el muchacho con (escasa) paciencia.
- ¿Puedo...dormir cerca de ti, por favor? No soporto los rayos. Tengo miedo -gimió la chica.
Kyo la miró unos instantes sin decir nada, contemplándola en absoluto silencio. ¿Quién podía negarse al encanto de esos ojos transparentes...? ¿A la aturdidora y mágica belleza de la inocencia del rostro de aquella chica? Apartando la mirada, se hizo a un lado y levantó con un brazo la manta bajo la que había dormido.
- Venga... -cedió al fin- Pero espero que no te muevas mucho porque dormido puedo darte una patada que...
- Muchas gracias, Kyo -dijo Tooru sonriendo con felicidad.
Sin ningún reparo, se acercó a Kyo y se cubrió con la manta a su lado. La chica suspiró. Sus pensamientos se relajaron al instante. Los miedos, la tensión... Cualquier sentimiento negativo que pudiera tener se deshizo rápidamente en la nada. Sabía que, ocurriera lo que ocurriera, había alguien dispuesto a sacar las uñas si era necesario por ayudarla.
Ella dormía, o al menos eso parecía. Kyo la miraba en la oscuridad de la habitación, fascinado por el aspecto de ella. Su piel era tan blanca, sus cabellos tan suaves al tacto... Parecía venida de otro mundo, un mundo maravilloso.
Titubeando, como si lo que iba a hacer fuera un delito, o peor aún, un pecado, pasó un brazo por encima del cuerpo de la chica. Suspiró aliviado al notar que ella no se inmutaba. Pero, acto seguido, en sueños, Tooru se dio la vuelta y se abrazó a Kyo con total naturalidad. Al chico le faltó muy poco para soltar un grito de susto.
Pero... no lo hizo. Simplemente no había nada más en su mente, en su mundo, que ella... Olvidó que estaba huyendo de su familia, escondiéndose para escapar de su destino. Sólo se quedó inmóvil, mirándola. Eso era todo.
Permaneció unos minutos de aquel modo. Le era tan agradable. No pudo evitar que una plena sonrisa iluminara su rostro. Ni tan siquiera había notado que el efecto de la maldición había aparecido de nuevo, transformando su cuerpo en el de un gato de pelo naranja. Pero, ¿de verdad le importaba esa maldición en aquellos momentos...? Sólo tenía ojos para ella, para guardar sus preciosos sueños.
"Tooru...tú..."
Oyó un ruido sospechoso tras de sí. Alarmado, se dio la vuelta. Se encontró el rostro pasmado y acusador de Haru, que le observaba con atención y una expresión que aquellas sombras hacían parecer aterradora.
- Kyo estaba haciendo cosas perversas... Kyo estaba haciendo cosas perversas... -canturreó con cierta melodía.
- ¡O te duermes o te juro que te duermo yo...! -medio gritó Kyo, erizando los pelos de la espalda.
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Kazuma sonrió cálidamente, escondiéndose de nuevo entre las sombras desde las cuales había contemplado en silencio lo ocurrido en el cuarto en el cual dormían los chicos. Aún desde aquella distancia, había podido ver la dulzura de los ojos de Kyo mientras miraba a Tooru.
Sonrió lentamente. La soledad, el dolor... Pparecían más soportables para aquel chico cuando Tooru estaba cerca de él. En todos los años en los cuales Kazuma había criado a Kyo como si fuera su hijo, había tratado de hacer que el niño fuera feliz. Y lo había sido, de eso no tenía dudas, no cuando recordaba las deslumbrantes sonrisas con las cuales el muchacho le bendecía cada día.
Pero... Siempre le había faltado algo. Por mucho que él pudiera darle, era un Soma. Estaba demasiado cerca de los "doce". Sólo alguien ajeno a la familia y a la maldición podía dar a un maldito de los "trece" la paz que su espíritu necesitaba.
Por suerte para él, Kyo ya la había encontrado.
Salió de inmediato de esos pensamientos cuando un ruido familiar conocido se oyó muy cerca. Detuvo su respiración para agudizar el oído. Fuera se oía claramente el fragor de la tormenta.
Pero no era solo eso. Le había parecido oír el rugido de un motor desvaneciéndose en la noche, el sonido borboteante de las ruedas atravesar el barro... Sin hacer el menor ruido, se puso en pie y avanzó por la habitación, en dirección a la ventana, tratando de no despertar a ninguno de los jóvenes. Miró a través del cristal, a fuera, evitando ser visto. Algo se movía allá fuera. Un relámpago fugaz iluminó la escena. El horror se reflejó en los ojos de Kazuma.
Un automóvil negro. Le era conocido.
Era el coche de Akito.
"Nos han encontrado"
A toda prisa pero absoluto silencio, se inclinó al lado de Kyo, que había recuperado su forma humana, y le zarandeó bruscamente para despertarle.
- Kyo, despierta... -murmuró.
Al cabo de unos segundos el chico reaccionó, abriendo los ojos, incorporándose y frotándoselos con el dorso de la mano. Miró a Kazuma mientras éste iba a despertar a los demás.
- ¿Qué ocurre, maestro...? -susurró medio dormido.
- Nos han encontrado... -anunció Kazuma con pánico en la voz, mientras zarandeaba levemente a Momiji- Akito está aquí.
Kazuma trató de ignorar la expresión de terror que apareció en el rostro del muchacho y se inclinó a su lado.
- Escucha, Kyo: debes irte de aquí -dijo atropelladamente- Hay una puerta que da al bosque en la parte de atrás. Llévate a Tooru contigo.
- ¡Ella no tiene nada que ver con esto...! -exclamó Kyo- ¡No puedo arrastrarla tras de mí...!
- ¡Escúchame por una vez en tu vida, Kyo! -gritó Kazuma haciéndole callar de golpe, poniéndole las manos en los hombros- Akito no puede encontrarla aquí. No podía dejarla allí en la casa, porque la interrogarían, pero tampoco voy a permitir que Akito sepa que está metida en esto. Ya sabes lo que pasó con Kana y Hatori; Akito la obligará a borrar sus recuerdos si se enfurece... Debes llevártela contigo y protegerla: después de todo, ella está aquí por ti...
El chico pareció recapitular unos instantes, mirándolo con los ojos cobrizos desorbitados. Pero al final asintió con seguridad. Con suavidad, despertó a Tooru. La chica le miró aún dormida, confundida por su brusco despertar.
- Tooru, debemos irnos. Akito está aquí -susurró Kyo con preocupación.
Dicho esto, tomó a la chica por una mano y estiró, poniéndola en pie sin esfuerzo alguno. Antes de marcharse, pero, Kyo miró unos instantes a su maestro. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
- Gracias, padre... -dijo en un murmullo.
Kazuma le dirigió una sonrisa calmada, pero rápidamente su rostro recuperó la dureza.
- Ahora debéis iros. Deprisa.
Ambos salieron corriendo por el pasillo. Segundos más tarde, se oyó golpear la puerta trasera de la casa. Kazuma miró a los demás, que no habían dicho nada en ningún momento. Sus ojos se oscurecieron al instante.
- Akito está fuera -anunció seriamente- Debemos salir sin que nos vean. Kyo y Tooru han salido ya. Vamos, rápido...
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Los relámpagos centelleaban en el valle, seguidos unos efímeros instantes más tarde por el retumbar del trueno. Kyo corría a toda prisa entre los árboles retorcidos de aquel bosque oscuro, alejándose a toda velocidad y en dirección contraria a la casa. Iba arrastrando a Tooru tras de sí, ya que la chica era incapaz de seguir el ágil paso del muchacho.
A pesar de la imparable carrera que llevaban, en el interior de Kyo empezaba a formarse una oscuridad, que poco a poco iba apoderándose de su corazón, alimentándose de sus miedos y debilidades, destruyendo sus ilusiones y sueños
¿Huir...? ¿De verdad tenía sentido aquella escapada desesperada? Nada podían hacer contra Akito. Toda la familia Soma le apoyaba. ¿Era él capaz de escapar a los deseos del cabeza de familia? Imposible.
A cada instante que pasaba, la desesperación crecía dentro de él. No podía, era inútil. Jamás vencería a Akito. Y aún consiguiendo huir, sabía que le encontrarían…
Cada vez iba más lento, sin estirar ya a la chica, que corría en silencio tras él. Al final ya no pudo seguir. Lentamente, se dejó caer de rodillas al suelo encharcado de lluvia. Recostó la mano izquierda en el tronco de un árbol y permaneció quieto, con la cabeza agachada, derrotado. Incapaz de seguir adelante.
Tooru se limitó a observar cómo Kyo se derrumbaba de rodillas sobre el fango que se había formado por la tormenta. Le miró en silencio. Las gotas de lluvia resbalaban lentamente por su rostro, formando caminos desde sus cabellos empapados. Se le estremecían los hombros. Pero sus ojos... Tenían la expresión más perdida que había visto nunca. Era una mirada llena de desesperación, de desánimo, de un sufrimiento que nadie podía calmar.
- ¡Kyo...! -exclamó, capaz por fin de reaccionar. Se dejó caer al lado del muchacho, depositando las manos sobre sus hombros, tratando de calmar sus estremecimientos- Lo siento... -susurró la chica- No me acordaba: te sientan mal los días de lluvia...
- Tooru... -murmuró el chico sin levantar la mirada, con una voz tan grave que ella dio un respingo- Por favor, sigue adelante y vuelve a casa... Te lo pido. Akito no debe encontrarte...
- ¿Pero qué dices? -exclamó la chica, sorprendida- ¿Y tú qué vas a hacer?
- Yo no tengo futuro... Quizás lo más sensato sería dejarme atrapar por Akito... -confesó Kyo en un susurro- Él siempre consigue lo que quiere, no descansará hasta haberme cogido... Los Soma siempre me perseguirán... -se encogió más, meciéndose desesperadamente mientras rodeaba su cuerpo con los brazos- No tengo forma de escapar...
- ¡No, Kyo...! -chilló Tooru- Debes luchar por la libertad que quieres. Si hay una posibilidad, aunque sea mínima, debes encontrarla. Por favor… -rogó la chica entre sollozos, recostando su cabeza contra la espalda del muchacho- ¡No quiero perderte! ¡Si te encierran en ése lugar, jamás saldrás de ahí! ¡No quiero verme obligada a no volver a verte...! Yo quiero que estemos juntos muchos años, toda la vida... Con Yuki, Momiji, Haru y todos los demás también. Por favor, Kyo... No te rindas...
Kyo sintió que su corazón daba un salto dentro del pecho, un doloroso salto. Sólo el llanto incesante de Tooru inundaba sus sentidos. Sentía el calor de la chica tras de sí, sus lágrimas calientes derramándose sobre su espalda y empapando su camisa, mezclándose con la lluvia que caía sobre ellos.
Se sintió el ser más miserable de aquel maldito mundo. La había hecho llorar.
Los ojos de Kyo brillaban incluso en aquella profunda oscuridad que los envolvía. Era el remordimiento causado por las inocentes lágrimas de aquella niña que se le clavaban sin compasión. Dulcificó la expresión al cabo de unos segundos, tomando la mano de la chica con la suya. Tooru dejó de llorar lentamente, incorporándose para mirarle.
- Yo… Lo siento mucho, Tooru. No quería hacerte llorar... -Kyo hablaba sin mirarle a los ojos- Porque yo... -titubeó- Yo...
Pero la voz del chico se desvaneció en la noche. Otra voz más grave sonó cerca de ellos, consiguiendo que sus corazones se detuvieran en un largo e inacabable instante.
- Qué conmovedor... Quizás deba tomar la idea para una novela. Quedaría preciosa...
Ninguno de los dos podía creer lo que estaba sucediendo. Aquella voz les era demasiado conocida para permanecer impasibles ante sus palabras. Lentamente, ambos giraron sobre sí mismos, mirando por entre los árboles. Con los ojos ensanchados de horror, contemplaron la figura que se erguía en las sombras, acechándolos. Un rayo fugaz iluminó el rostro del hombre, resaltando la profundidad de sus ojos negros. Un viento frío y repentino removió sus cortos cabellos negros. Pero él permaneció inmóvil, mirando a los dos chicos, uno al lado del otro, fulminados por el miedo.
- No puede ser... -susurró Tooru horrorizada, incapaz de creer lo que sus aterrorizados ojos veían.
Kyo no dijo nada. Simplemente era incapaz de articular cualquier sonido. Al instante, pero, sus ojos se agudizaron y clavó su mirada intensamente roja en el hombre de expresión completamente férrea, que jamás habían visto en su rostro.
- Maldito... Tú estás con él... -siseó Kyo con odio.
- Lo siento, Kyo -dijo Shigure con firmeza, sin moverse del lugar- Pero el juego ha terminado... Y tú has perdido.
Un aullido lejano de lobo, cómo un lamento de cólera y dolor, desgarró la uniformidad de la noche, haciendo sombra incluso a los truenos todopoderosos, que no pudieron si no callar ante la majestuosidad de aquel sonido.
