Capítulo 6
La cabeza le dolía. Le dolía muchísimo. ¿Por qué le dolía tanto?
Entonces, Rose Lehman comenzó a recordar a duras penas los acontecimientos ocurridos la noche anterior… Se había hecho pasar por su amiga Roanne, se había colado en la fiesta de los Ravenclaw, había tonteado con un par de chicos y… finalmente se había besado con Severus Snape.
¿Cómo había podido? ¿Acaso estaba loca? ¿Estaba mal de la cabeza? ¡Ella siempre había detestado a Snape! ¡Le había odiado profundamente! Y ahora, se tomaba unas copas y se besaba con él…
Realmente el alcohol era muy malo. Demasiado malo. Horrible. Odiaba el alcohol. No volvería a beber en su vida. Ni una sola copa. Desde ese preciso momento Rose Lehman tenía una guerra personal con el alcohol. Era definitivo.
La cabeza le seguía doliendo. Parecía como si le estuviesen dando martillazos, uno tras otro, uno tras otro.
Y el grito que escuchó a continuación no ayudó mucho a su jaqueca:
- ¡Rose Lehman!- una furiosa Roanne Dunant estaba ante ella, histérica- ¡dime que esto es una pesadilla y ayer no te hiciste pasar por mí en la fiesta de los Ravenclaws!
Era cierto. No había pensado en que se tendría que enfrentar a Roanne una vez que ella descubriese el pastel:
- Yo sólo quería ir a una fiesta importante… a mí nunca me invitan- se defendió Rose.
- ¿Cómo te sentirías al saber que todo el colegio habla de la borracha de Roanne Dunant? ¡La contenta Roanne que tonteó con medio Hogwarts anoche! ¿Cómo te sentirías al saber que tu reputación cae por los suelos cuando ni siquiera estabas en ese lugar, cuando estabas estudiando? Rose, puedes arruinar tu reputación si te da la gana, puedes hacer con tu cuerpo lo que te plazca, haz lo que quieras, es tu vida, pero no arruines mi vida, ¿de acuerdo?- y se fue.
Se había ido. Realmente estaba muy enfadada. Después del discurso de su amiga, sus palabras comenzaron a hacerle daño, a calarle hondo. Ahora se sentía realmente culpable por lo que había hecho. Se sentía muy mal. ¿Qué iba a hacer para arreglar todo?
En esos momentos, Roanne, en la sala común, se dejó caer sobre el sillón más cercano al fuego, temblando de arriba a abajo.
Y no temblaba de frío precisamente. Era rabia, impotencia. Ahora todo el mundo creía que era de una manera distinta. Ella no era así. No era así… ¿Por qué era precisamente una amiga quien le había hecho tanto daño?
Sirius Black observó cómo al parecer, la rubia estaba en problemas:
- ¿Se te rompió una uña, doña perfecta?- al parecer la Ley de Murphy tenía razón, cuando las cosas van mal, pueden ir aún peor.
Roanne se le quedó mirando fijamente:
- No tienes ni la ligera idea de lo que estás hablando- le recriminó- Black, ¿no tienes bastante con lo que todo el colegio dice de mí, siendo falso? ¿No tienes bastante que tienes que amargarme tú también la existencia?
No había podido evitarlo. Había caído presa de la histeria. Y lloraba. Lloraba amargamente.
- Olvida que existo, Sirius Black, vive tu vida y deja a los demás vivir la suya- y dicho eso, se marchó.
Mientras tanto, al otro lado del castillo, Remus Lupin intentaba estudiar en la biblioteca. Llevaba horas allí encerrado, pero era imposible que se le metiese una sola palabra en el cerebro: no podía concentrarse. Y la culpable de todo era Ethel Holden…
Remus era una muy buena persona. Y no podía evitar sentirse desdichado al saber que por su culpa, estaba haciendo sufrir a otra persona. Y lo peor es que no sabía cómo remediarlo.
Necesitaba hablar con alguien.
Así, buscó a sus amigos James y Sirius:
- Necesito ayuda- dijo- no sé qué hacer.
Ambos se miraron, preocupados:
- ¿Qué te pasa, Lunático?- preguntaron los dos a la vez.
Remus agachó la cabeza, abatido:
- Me siento muy mal por Ethel, no sé qué hacer…
- Te comes la cabeza demasiado, Lunático, recuerda que sólo es una chica- dijo Sirius.
- Pero si tanto te preocupa, sincérate- propuso James- si eso te hace sentir mejor…
- Sí, es verdad- dijo Peter, asintiendo.
Remus no estaba muy convencido. Su condición de licántropo aún le quitaba el sueño:
- ¿Tú crees?- no estaba muy seguro.
- Hazle caso, Lunático- le dijo Sirius, sonriéndole.
Pero Remus no compartía su entusiasmo:
- No puedo dar un paso tan importante- dijo- creo que hablaré con ella- pero no puedo decirle lo que soy… no me atrevo…
- Remus, eres un Gryffindor…- le recordó James.
- Ya James, pero eso no es suficiente… no es tan fácil…
- Y ten cuidado, Lunático- le recordó Sirius- aségurate de que es de confianza.
Así que se dirigió a buscar a Ethel, dispuesto a hablarla. Cuando se encontró con Roanne, le preguntó dónde estaba:
- Roanne, ¿sabes dónde está Ethel?- quiso saber.
- ¿Para qué lo quieres saber?- levantó la ceja Roanne. Desde que ella y sus amigas se habían enterado de que Remus había hecho daño a Ethel, su actitud hacia el merodeador había cambiado totalmente: había pasado de ser el bueno de Remus a ser el malo malísimo.
- Quiero hablar con ella- dijo Remus.
- Pues me temo que no será posible- dijo Roanne- adiós.
Remus se quedó consternado, sin entender nada:
- ¿Por qué? ¿Acaso os ha dicho que no me quiere ver?- temió el merodeador.
- Te equivocas, soy yo la que no quiere que la veas- dijo Roanne.
Remus se quedó muy afligido. Había hecho tanto daño a Ethel que ahora hasta sus amigas le odiaban… Se sentía fatal…
Al caer la noche, Lily Evans salió sigilosamente de la sala común de Gryffindor, dispuesta a salir del castillo. Había tomado muchas precauciones para evitar que nadie la pillase, pues su puesto de prefecta peligraría, pero ignoraba que James Potter la había visto y ahora la seguía.
Estaba ya fuera del castillo, cuando escuchó una voz a sus espaldas, una voz que la hizo saltar del susto:
- ¿Qué haces tan sola a estas horas de la noche, Lily?- era James Potter, por supuesto.
- ¡Me has dado un susto de muerte!- gritó Lily, con los pelos aún de punta- ¡Y para ti soy Evans, Potter!
James bajó la cabeza.
- Lo siento, sólo quería asegurarme de que no te pasaba nada- confesó- es peligroso andar por aquí sola a estas horas de la noche.
- Sé cuidar de mí misma, gracias- replicó la pelirroja.
James se rió:
- De acuerdo- dijo- ¿y qué hacías por aquí?
- ¿Acaso te importa?
- Sí me importa.
- Pues… sólo vengo a cuidar de Fang, el cachorro de Hagrid.
Pero James no contestó, porque justo en ese momento se escuchó un ruido.
Ambos pensaron lo mismo: Filch. Instintivamente, corrieron hacia el castillo, con tal mala suerte de toparse con McGonagall.
- ¡Potter! ¡Evans!- gritó- ¿qué hacen aquí a estas horas?
Lily Evans estaba pálida. La habían pillado. A ella, una prefecta. Era lo peor que le podía pasar.
- Fue culpa mía, profesora, yo traje aquí a Evans por la fuerza- dijo James.
Lily se quedó muy sorprendido. ¿Estaba James echándose la culpa?
- Me da igual de quién fuese la culpa, ambos están castigados. Mañana por la tarde les espero en mi despacho, sabrán la hora exacta por lechuza. Están castigados por una semana. Y serán 100 puntos menos para Gryffindor.
Ambos se quedaron paralizados: estaban castigados. Estaban castigados y les habían quitado puntos: las cosas no podían salir peor.
Al día siguiente, tras Historia de la Magia, Rose Lehman tuvo que enfrentarse a la clase que más temía: Pociones, ya que tendría que enfrentarse a Snape.
Tendría que mirarle a la cara después de… del pequeño incidente.
Cuando ambos tuvieron que compartir caldero, Rose no pudo mirarle a la cara. Con la cabeza agachada y sumamente avergonzada, fue reuniendo los materiales necesarios para la poción.
Ninguno de los dos mencionó lo que había ocurrido.
Y era mejor que fuese así.
Bueno, aquí tenéis otro capítulo ¡! Espero vuestro reviews ansiosa, cuantos más reciba, antes actualizaré.
Gracias por vuestros reviews en el pasado capítulo a Aqua Black, kili Black y Hela Morrigan.
Gracias por tenerme en favoritos y en alerts a Hela Morrigan, LiNiTaPoTtEr, annaDeLioncourtLedgerDepp, kili Black, laura marina lovegood, pasch y sabrinablack1990. Algunos de vosotros me habéis puesto en favoritos o en alerts y no me habéis dejado vuestra opinión, por favor, dejadme un review para saber cómo lo estoy haciendo, además, así continuaré antes.
Un beso:
Nerea
