Capítulo 7

Lily Evans acababa de recibir una lechuza. Ése hecho podría ser agradable, pero no lo era, no lo era en absoluto, puesto que Lily sabía qué era lo que le aguardaba dentro de ese sobre lacrado con el escudo de Hogwarts.

Sí, por primera vez en su vida, Lily había sido castigada. Y sólo de pensar en ello, su estómago se removía nerviosamente.

Cerró los ojos, con miedo, mientras acercaba su mano hacia el sobre, abriéndolo, aún con los ojos cerrados.

Ya había abierto la carta. Ya lo había hecho. Ahora sólo le quedaba abrir los ojos para darse cuenta de que no había sido un sueño, que el castigo era real y dentro de poco tendría que cumplirlo.

Y los abrió:

Señorita Evans:

A las 6 en punto debe presentarse en mi despacho para cumplir el castigo que se le ha impuesto. Se ruega puntualidad.

Atentamente:

Profesora McGonagall

Lily lanzó un suspiro, abatida. Era cierto: estaba castigada. Era la cruda realidad.

En ese momento, sus compañeras entraron en la habitación:

- Lily, ¿te pasa algo?- preguntó Roanne tiernamente. Había algo en el semblante de su amiga que parecía indicar que algo no iba bien.

- No es nada- mintió Lily, avergonzada.

Ethel se plantó en frente de ella y la obligó a mirarle directamente a los ojos:

- Estás mintiendo, Lily Evans, cuéntanos qué es lo que te pasa- suplicó.

Lily agachó la cabeza. Sabía que no podía mentir a sus amigas, ellas la conocían demasiado bien como para engañarlas. Sin embargo, sentía una terrible vergüenza… pero debía confesarlo:

- Me ha castigado McGonagall- confesó.

Sus amigas se quedaron muy sorprendidas, no era normal eso en el comportamiento de la perfecta Lily Evans.

Como nadie hablaba, Rose tomó la palabra:

- Bueno, no es tan grave, Lily, sólo es un castigo- le quitó importancia- cosas peores hay en el mundo.

- Claro, a ti eso te da igual- le dijo Roanne llena de rencor- tú vas por ahí haciendo daño a los demás sin que te importen las consecuencias.

Las chicas se quedaron heladas. Nunca habían visto a Roanne tan llena de ira:

- ¿Eso a qué viene?- preguntó Rose, perpleja.

- Aún no he olvidado lo que hiciste en la fiesta, lo que me hiciste pasar- dijo Roanne.

Rose bajó la cabeza, avergonzada:

- Lo siento mucho, Roanne- se disculpó- en ese momento no pensé en el daño que te podía hacer. Lo siento de veras.

Y aunque a Roanne le había dolido muchísimo, se sentía mal estando enfadada con una amiga:

- Que se la última vez- y ambas se abrazaron, llorando.

Una vez que las amigas terminaron de abrazarse, Rose bajó la cabeza, avergonzada. Estaba muy arrepentida por todo lo que había pasado.

- Rose, ¿te pasa algo?- se preocupó Lily. No era habitual que Rose se avergonzase.

Rose negó con la cabeza, con una risa nerviosa que no consiguió engañar a ninguna:

- Rose, hay algo que nos ocultas- adivinó Ethel- cuéntanos, nosotras estamos aquí.

Rose suspiró. No podía seguir manteniendo el secreto por mucho tiempo:

- La noche en que me hice pasar por Roanne… pues pasó algo… - todas estaban expectantes.

Roanne la miró con mala cara:

- ¿Qué pasó?- preguntó, preocupada.

Rose la tranquilizó:

- No te preocupes, Roanne, ocurrió cuando ya se me había pasado el efecto de la poción multijugos- Roanne suspiró, aliviada- el caso es que… Snape me encontró y… yo que iba muy borracha, pues… le besé.

Se hizo un silencio eterno que parecía que nadie iba a romper:

- ¡No me lo puedo creer!- Lily se había quedado de piedra.

- ¿A Severus Snape?- pudo articular Ethel.

- Ajjj.... te compadezco, amiga- dijo Roanne.

Rose se sentía realmente incómoda. Desde que se había besado con Snape, sentía que ése había sido el mayor error de su vida, sin embargo, nada podía hacer para remediarlo. Lo hecho hecho estaba, y nada se podía hacer.

- ¿Y cómo besa?- preguntó Ethel.

Todas se quedaron mirando a la buena e inocente de Ethel, incrédulas:

- Y parecía tonta cuando la compramos…- comentó Rose, riéndose.

- Sí, sí, pero no cambies de tema- dijo Roanne.

Rose aún no podía creerse que estuviesen manteniendo una conversación acerca de cómo besaba Severus Snape. Era… surrealista.

- Bueno… - realmente tenía que pensar la respuesta. No se había parado a pensarlo.

Ahora que lo pensaba, Severus Snape no besaba nada mal… ella se lo había imaginado mucho peor. Pero aún así, era repulsivo…

- No besa mal, pero es… repulsivo- dijo al fin.

Tras su conversación con sus amigas, Rose Lehman había quedado con Severus Snape. Sí, ambos iban a trabajar juntos en Pociones. Era según el trato y Rose necesitaba su ayuda, le gustase o no.

Cuando ambos se hubieron encontrado, Rose fue incapaz de mirarle a los ojos. Además, sus mejillas se incendiaron con un rojo intenso, fruto de la vergüenza que sentía.

- ¿Por dónde empezamos?- fue capaz de decir al fin.

Snape apenas había cambiado su semblante. Serio y sereno como siempre, se limitó a responder en una voz fría e impersonal:

- Por la poción del último día- dijo.

La vergüenza que sentía Rose cada vez aumentaba más y más. Jamás había sentido vergüenza en cuestión de chicos, pero Snape era tan distinto al tipo de hombres con los que ella se solía juntar que la intimidaba.

Tras practicar durante horas la poción y equivocarse varias veces, ambos se despidieron fríamente, dejando en Rose una sensación extraña y desconocida para ella.

Mientras tanto, Lily y James se enfrentaban a su castigo, en silencio, trabajando sin pronunciar ni una sola palabra. La tensión se respiraba en el ambiente:

- ¿Ni siquiera me vas a dar las gracias?- rompió el silencio James.

Lily se indignó. Por supuesto, el ególatra de James Potter necesitaba que alguien le diese las gracias, para sentirse aún más importante. ¿Gracias por qué? ¿Por meterse donde no le llamaban?

- ¿Gracias a ti, Potter?- le lanzó una fulminante mirada- no te debo nada.

Potter se quedó muy quieto y pensativo. La verdad es que ya no podía aguantar cómo Lily seguía haciendo de él lo que quería. No podía seguir aguantando que sus buenos gestos se malinterpretasen, que todo lo que él hiciese estuviese mal. Que ella no entendiese que cada cosa que hacía, la hacía por ella…

- Yo quería evitarte este castigo, Lily- dijo.

- ¿Acaso alguien te preguntó?- dijo ella, dolida.

- Yo lo hice todo con buena intención…-dijo un James abatido- estoy cansado de que desprecies todo lo que hago por ti, Lily. Estoy cansado de tener que esperarte…

Pero no pudo continuar hablando, porque Lily le interrumpió:

- Pues no esperes- le dijo- yo nunca estaré disponible para ti.

Eso le sentó a James como una bofetada. Pero no dijo nada, no quiso decir nada. No quería discutir con ella y empeorar las cosas. Él se iba a encargar de hacerla cambiar de opinión. Él era James Potter y un día Lily Evans sería suya, completamente suya.

Cuando Lily se disponía a volver a su sala común, fue sorprendida por Snape:

- Lily- la llamó.

Lily levantó la vista y vio cómo Severus Snape se dirigía hacia ella:

- ¿Qué quieres, Snape?- dijo, bastante distante.

- Me preguntaba si querrías acompañarme a Hogsmeade- le pidió.

Lily bufó:

- No, Snape, tú y yo ya no somos amigos y no puedes pretender que las cosas sean como antes.

Y acto seguido, se marchó.

Snape se quedó abatido. Realmente quería a Lily Evans. La había querido durante mucho tiempo, pero había sido un idiota y había hecho todo mal… ¿cómo podría remediarlo? Necesitaba encontrar a Rose.

Encontrar a Rose Lehman no fue difícil. Por supuesto, ni se detuvo a buscar en la biblioteca, por lo poco que la conocía, sabía que allí no la encontraría.

La encontró en los jardines, debajo de un árbol, tonteando con dos chicos de Ravenclaw:

- Lehman, ¿tienes un momento?- dijo.

Rose se quedó de piedra. ¿Qué hacía Snape buscándola, cuando no se habían dirigido la palabra esa mañana?

- Sí, claro- aceptó ella.

Snape no levantó la cabeza del suelo:

- Necesito que me ayudes con Lily- dijo muy nervioso.

Rose observó el abatimiento de Snape. Realmente le importaba Lily, se le notaba en la cara, en la expresión, en el modo en que jugaba con sus manos, nerviosamente.

Y una promesa era una promesa…

- De acuerdo- accedió.