"El único aspecto desolador de la excelencia es que hace que el hecho de vivir en un mundo de mediocridad sea un continuo infierno. La sutil turbación desesperada"
A sus espaldas, Light aporreaba el teclado con sus hábiles y veloces dedos. El retumbante sonido de sus yemas golpeando contra las teclas le recordó su presencia en la habitación; el tiempo y el espacio que estaba viviendo en ese momento.
Sus miradas volvieron a cruzarse en un mismo instante, haciendo imposible definir quién había mirado a quién primero. Se observaron, impasibles, por pasivos segundos sin significado que no pudieron mantener por mucho tiempo.
-Es tarde...
-Si...
Light se revolvió en su asiento y tronó las articulaciones endurecidas de sus dedos. L volvió a voltear la vista a la ventana.
Una semana de pasiones que se ocultan en miradas que se evitan, se delatan en miradas que se encuentran, se adivinan en miradas que se sostienen para volver a esconderse. Esa fue la incidencia de esa caótica noche, el único rastro ostensible que pudieron captar en el otro. Ambos sentían algo revolviéndose en sus entrañas, siempre pensando que la soledad era la única que compartía tales emociones. Pero…
- ¿A cuanto ascendería mi fortuna si te cobrara por cada vez que te me quedas mirando de esa forma, Light-kun?- comentó L con desdén, observando su rostro yuxtapuesto con el reflejo de la ciudad que se mostraba en el vidrio. En su yo espejado una gota cayó cerca de su ojo y se deslizó debajo de su ojo. Curioso, sin duda.
El castaño se quedó sin habla, quizás por primera vez en su vida, pero se recuperó lo más rápido que le fue posible.
-Si tanto te molesta, no lo haré más… ¿Sólo a eso se debe un comentario tan displicente?-comentó el castaño con seriedad, incorporándose de su asiento.
El detective se volteó encontrándose con el joven que intentaba dominarlo con su altura y con su mirada intensa y más que significativa. Cerró los ojos brevemente al tiempo que suspiraba, sin dar señas de contestar esa pregunta. Caminó, pasándole por al lado sin inmutarse ni tan siquiera un poco. Sin intención le rozó el brazo en un preciso y precioso momento mientras Light trataba de permanecer impávido a la suave brisa que se hizo cuando L pasó junto a él e intentó no aferrarse como un idiota a ese momento. Prendado de L... lo sentía, lo deseaba, lo necesitaba con cada fibra de su ser, de forma dolorosamente intensa y a él ni tan siquiera ese nimio contacto le había provocado reacción alguna lo cual lo lleno de furia. Esa debilidad era pura humillación por el mero hecho de ser él quien se la provocaba, él que representaba la antítesis de su propia persona, que le provocaba la repugnancia más violenta que era capaz de tolerar.
-Sé lo que estás pensando- dijo Light de improviso. El perfil del moreno se asomó por encima de su hombro- y quiero decirte que no tienes de que preocuparte, nunca volverá a ocurrir nada semejante-agregó sin apartar los ojos de su rostro. Su cabello oscuro velaba su mirada, a pesar de eso sabía que lo estaba escuchando con una atención que no podía ocultar y que lo afectaba- Sería muy estúpido de tu parte pensar que algo así volvería a suceder.
-¿De veras?- bufó con una sonrisa- esa posibilidad ni siquiera se me cruzó por la mente. Esa actitud taciturna no hacia más que aumentar su furia. No le creía. Ni una puta palabra.
-¿Estás seguro, L? Tu actitud indicaría todo lo contrario, ¿así porque no tienes la cortesía, una vez en tu maldita vida, de decirme lo que sientes?- preguntó a punto de perder la paciencia.
-A lo que debo objetar... ¿Qué deseas escuchar? – su tono de voz expresaba moderada tranquilidad.
-La verdad- repuso secamente – quiero escucharlo, quiero que le digas. No le bastaba con conjeturas, quería oírlo de sus labios.
-¿Qué cosa, que te necesito?- sugirió perdiendo la paciencia. Elevó la voz un décimo, mientras un tono extraño se adueñaba de sus cuerdas vocales y por fin mostraba algo de pasión- no te adules… -espetó con frialdad.
-No traigas a colación sandeces que no vienen al caso-respondió Light, volteando la vista a otro lado, ofendido por la forma en la que L parecía saber exactamente lo que pensaba-¿Sientes, L?, ¿eres capaz de albergar alguna clase de sentimiento, más allá de esa insoportable neutralidad que hace que la diferencia entre que estés vivo o muerto sea prácticamente nula?-
-…? La verdad es que no tengo idea de lo que dices- respondió sin amedrentarse- Puedes marcharte cuando gustes, me voy a acostar.
Y allí quedo zanjado el asunto.
Los pasos de L le retumbaban en la cabeza, acompañando sus pensamientos repletos de deseo en sus múltiples encarnaciones. Se sentía furioso por la falta total de interés demostrada por L, era como si nada hubiera ocurrido y no podía concebir esa idea, ¿acaso no le carcomía el deseo, la casi mortal necesidad de repetir esa ardiente noche? pensó mientas oía la puerta de la habitación cerrándose. Aún la recordaba con demasiada claridad, claro que con el paso del tiempo el recuerdo perdía nitidez. A pesar de eso, no podía evitar despertarse exaltado por la medianoche sin lograr menguar el calor de ese recuerdo que no lo abandonaba. Ese sentimiento lejos de haberse extinguido se había agravado.
Luego de todas esas amarguras, de haber puesto al límite su intelecto con el objetivo de medirlo contra esa inteligencia que parecía equipara la suya propia, luego de los constantes retos, explícitos o tácitos, el Dios del nuevo mundo era el que el que deseaba con afán destructivo, el que se moría por rogar.
No podía terminar ahí. Simplemente ese no podía ser el final.
Light se dirigió con amplios pasos, llenos de determinación a la habitación que hasta hacía poco había compartido con L y quedó parado frente a la puerta sin tener una idea clara de lo que debía hacer a continuación.
-que descanses, yagami-kun.
La voz de L le llegó amortiguada a través de la puerta o quizás sólo era el eco de la conocida despedida grabada en su cerebro durante esas noches de fútil cotidianidad, cuando el telón caía y se encontraba buscando respuestas y un acto que nunca llegaba.
Ni un vestigio de la mediocridad del simple acto sexual
proyectando su umbrosa sombra en el cerebro y el corazón de ese
hombre. El calor… el cuerpo sudoroso de Ryuuzaki, sus gemidos
apenas sofocados lo agobiaban como fantasmas que no buscaban
descanso, sin dejar menguar el sentimiento capaz de hacerlo
caer.
Detrás de la puerta implacable, el silencio se extendía.
Rozó con los dedos el picaporte.
-¿… También lo sientes, L?- musitó.
-Que descanses, Yagami-kun.
L apoyó la frente contra la puerta con lentitud. Dentro de la habitación a oscuras, sombras azuladas recortaban su figura, dotando a su piel de una palidez grisácea. Ningún acto de amor se había consumado en esa ocasión, sólo se habían dejado llevar por ese deseo animal y enfermizo que les carcomía las entrañas. El límite era un punto equidistante, difuso pero perceptible. Aquel que se atreviera a hacer mención de esa noche demostraría una debilidad que lo pondría en desventaja y en evidencia. Y no sólo contra Light. Por eso lo único que esperaba L era no oír ese mudo pedido formulado por sus labios, oprimiría su corazón más de lo que ya lo hacía…. Y quizás... tal vez… si fuera así él sería quién caería.
Pensativo se observó los finos, delgados dedos. Su manga dejó atisbar un poco de la piel lastimada que le surcaba la circunferencia de la muñeca, un brazalete de costras rojizas forjadas por el constante roce del metal.
-Espera un momento, Yagami-kun- L se detuvo con lentitud, arrastrando un poco los cadenas dejaron de repiquetear cuando ambos cesaron el paso.
-¿Qué sucede?- preguntó el castaño con cortés impaciencia, volteando a ver al rezagado.
-Nada, es sólo que…- no continuó la frase pues Light se percató de la mano que tenía elevada a la altura del pecho, con un hilo de sangre que caía de su muñeca al suelo.
-¿Estás herido?
-La obviedad de tu comentario hace palidecer tu inteligencia- dijo sin malicia. L lanzó un suspiro- El metal no hace distinciones ni con la presa ni con el cazador.
-Esa es una pena… - musitó frunciendo el ceño- De todas forma la finalidad de esto era mantenernos unidos, no funcionar como elemento de tortura.
-Lamentablemente esa es una regla implícita de esta clase de artefactos- observó, clavando sus ojos negros y muy abiertos en la esposa y siguiendo la longitud de la cadena hasta volver a enfocar a su interlocutor- a decir verdad unas con peluche resultarían más confortables pero los elementos de diversión sadomasoquista nunca fueron de mi agrado.
-Vaya, ¿Acaso eso fue una broma? veo que para ser tan parco estás muy bien enterado - enarco las cejas con delicadeza- esta herida la tenías desde hace algún tiempo ¿Qué no sentías dolor?- dijo el castaño observando la herida con atención.
-¿Dolor? Los ojos de L buscaron los de Light interrogantes. Yagami prefirió dejar la pregunta al aire.
-Debe ser que tu piel es demasiado sensible… ¿te irritas con facilidad, L?- una sonrisa furtiva se le resbaló por los labios.
-No… es eso…- dijo pensativo, paladeando la ironía (con obvias connotaciones sexuales. Muy gracioso, Yagami-kun) mientras observaba como el castaño tomaba su mano y volvía a observar la herida.
-Es que tiras demasiado. Light-kun puede ser demasiado brusco en ocasiones-replicó sonriendo a medias.
-Y tú demasiado taciturno y tonto… -suspiró y tomó un pañuelo cuidadosamente doblado que traía en el bolsillo. Lo extendió y paso a sujetárselo en la muñeca- la próxima vez has el favor de decirme, me acoplaré a tu ritmo, por lo pronto el daño ya está hecho- pasó la camiseta por arriba de la pulsera de las esposas- de esta forma dejará de rozarte la herida, ¿dejó de doler? Sorprendentemente silencioso L asintió con la cabeza.
"-¿…Sientes, L?"
Por supuesto que si, sentía, padecía como cualquier otro, por más que intentara negárselo hasta así mismo. Era demasiado dolor. Demasiado para mantenerlo dentro, demasiado para silenciarlo con más silencio. Entonces la voz del Dios intocable quebró el último voto que lo ataba a la divinidad y sonó tan humano que no pudo evitar que las piernas le temblaran.
-Estoy aterrado… nunca dejó de dolerme… yo…- dijo con tal sencillez que resultaba imposible darle un significado a sus palabras.
Light abrió la puerta y se encontró cara a cara con L en cuyos ojos seguía encontrando la doliente impenetrabilidad a la que lo tenía acostumbrado y ni un rastro de aquella vislumbre de hacía escasos momentos, como si esas palabras nunca hubieran salido de su boca. Sólo pudo apreciar una mirada un tanto más sombría, tal vez un poco más melancólica a causa de la extraña oscuridad de esa noche lluviosa. Y si no lo delataba su mirada, si lo hacia su cuerpo, aquellos brazos que le caían con indiferencia a ambos lados, como si estuviera vencido, derrotado.
La muda expectación le cortó la respiración y tensó el cuerpo de L un momento antes que los dedos de Light rozaran los suyos, haciéndolo temblar, vibrar desde adentro, justo como cuando repitió su nombre en una cadena de dos eslabones que se extendieron hasta la eternidad, de la misma forma que cuando lo tocó por primera vez aquella noche y reaccionó de igual forma, como un animal furtivo, reaccionando toscamente al contacto humano…
-No digas más- musitó Light, rozando el cuello del detective con sus labios mientras aspiraba su aroma. Olía a tibieza, a dulce que se convertía en sal en su boca… tan delicioso que se la hacía agua la boca. Sonrió triunfal, mientras el moreno apoyaba la cabeza sobre su hombro, más sumiso de lo que nunca hubiera imaginado en su vida. Y se sintió lleno de odio y deseo más la satisfacción de oír a su enemigo adolecer jamás acudió a su alma. No sólo quería verlo humillado, no sólo quería que lo necesitara… quería verlo destrozado. Odiaba esa obsesiva alimaña autista llena de extravagancias que despertaban la agresiva necesidad de hacerlo pedazos con sus propias manos e irónicamente, extrañamente no esperaba ni más ni menos que ese sentimiento. Por eso lo quería, lo necesitaba… de una forma inhumanamente ajena a la razón y no podía permitírselo, que un sentimiento de tan bajos instintos lo atara a los sentimientos terrenales… mientras él existiera nunca podría ser el ganador. Por eso…
Algún día desaparecería junto con último vestigio de su humanidad.
Y cuando eso ocurriera él sería quien vencería y por fin podría decir:
"que descanses, L "
FIN
