¡Volví! lamento haber tardado tanto, pero mi musa se piró de vacaciones =P

Un agradecimiento especial a Alexis, ZarethMalfoy, luna-maga, beautifly92 y Charles Baudry, por darme tanto apoyo.

Espero que este segundo capítulo os guste ;) Sin más, ahí va.

¡Qué lo disfrutéis!


#2 Extirpación de una misma.

―Draco, ¿tienes tú el libro de Encantamientos avanzados? No lo encuentro por ninguna parte.― le pregunto mientras busco distraídamente bajo el sofá.

― ¿Cómo dices?― me contesta él, demostrándome que había hecho caso omiso a mis palabras durante los últimos diez minutos.

Le miro con reproche, esperando alguna disculpa o excusa, pero él continua sin mirarme, jugando estúpidamente con una pluma. Ese utensilio me resulta familiar, pero no logro recordar donde lo he visto.

―Mi libro, Draco. Mi libro de Encantamientos avanzados. Te preguntaba si lo tenías tú o si lo has visto por alguna parte.

―No, no lo he visto― afirma con voz distante, sin levantar la vista hacia mí.

Me pongo de pie y frunzo el ceño. Si antes me quejaba del poco caso que me hacía, era porque no sabía que se pondría peor.

― Draco, ¿te pasa algo? Llevas así desde ayer.―le comento con frialdad, esperando sacarle de aquel continuo sopor del que parecía haber sido preso.

― Así ¿cómo?― me pregunta con cierto tono de molestia, deteniendo el constante movimiento de la pluma en sus manos. "Bueno, por lo menos he despertado algún sentimiento en él, aunque sea el fastidio" pienso cínicamente.

―Como en otro mundo― le explico mientras me siento a su lado en el sofá. Tal vez si insisto un poco, se de cuenta de lo inadecuado de su acción.- Draco, sabes que si tienes algún problema puedes contármelo ¿verdad?

― Yo no tengo ningún problema― me gruñe. No quiere contarme nada, y lo mejor en estos casos es alejarse de él. Pero no, eso sería algo propio de la antigua Pansy… La Pansy que Draco repudia y sustituye por una… una…

― ¿Es por algo que te ha dicho tu padre?

… una asquerosa sangre sucia.

― ¡No, no me pasa absolutamente nada! ¡¿Entendido?!― explota mientras se levanta con brusquedad. Le veo coger sus pertenencias y marcharse a su cuarto. Era de prever que haría eso. Pero no me molesta, no, que va. Sonrío.

Draco tiene dudas.

Sí, tengo todas las de perder. Eso es evidente y lo admito, pero no todo está perdido. Él puede cambiar de opinión ¿no es verdad? Y yo conseguiré que cambie.

Me había pasado el último mes lamentándome por la pérdida de mi ser más amado, y no veía cuál era el problema, más que evidente.

Exacto, yo.

Debía cambiarlo todo, pues no era lo que él deseaba. ¿Era demasiado complaciente? Bien, me mostraría rebelde ante sus mandatos. ¿No le gustaba el que no me mostrase celosa? No hay problema, yo me convertiría en su perro guardián.

Tenía un punto de partida, aunque este fuese denigrante, inferior, sucio y patético. Pero bueno, si a Draco le gustaba revolcarse en el barro ¿por qué no?



Soltando un gemido de placer, me hago una incisión superficial en la cara interna del muslo. Fascinada, observo como un fino hilillo de sangre cae delicadamente hasta llegar a la rodilla, donde lo recojo suavemente con un dedo. Me sonrío mientras me extiendo el mágico líquido por mis mejillas, y me detengo a apreciar el resultado.

Sí, realmente hermosa. Draco no se resistiría.

Cogiendo de nuevo la punzante arma, decido que esta vez me haré un corte a la altura del vientre. Sé que eso podría ser peligroso ― ¡cualquiera podría ver que su impoluta camisa blanca estaba teñida de un misterioso color carmesí!―, pero dado que era invierno, sólo tendría que ponerme encima la capa de pieles que mis padres me habían enviado la semana pasada. Nadie notaría que la prefecta de Slytherin tenía cortes por todo el cuerpo. Esbozo una media sonrisa, para cuando fuera verano, y no pudiera ocultar su cuerpo, ya habrían desaparecido todas las incisiones.

No por nada había tenido tanto cuidado haciendo cortes limpios. De esta manera, me aseguraba de que no quedaran cicatrices ― ¿y a quién le gustan, aparte de al idiota de Potter?―.

Me coloco la afilada daga en un costado y suelto un suspiro, mientras repaso mentalmente lo que hacer. Primero, aprieto el arma contra mi cuerpo, hasta que sangre débilmente; después, continúo el corte en una única dirección, cuidando el no desviarme. Debo ser rápida, pues si no me dejará una marca.

Sonrío, cínica. Qué razón tenía la que dijo que para estar hermosa, era necesario sufrir. Es verdad, yo soy de las que opinan que Belleza y Dolor siempre van de la mano. Y así debe ser, todo en esta vida tiene un precio.

Procedo a ejecutar el primer paso. Dios, ya siento escalofríos. ¿Quién dijo que el dolor no podía ser placentero? Continuo con el corte mientras me muerdo los labios, tratando de no dejar escapar mis traidores gemidos de placer. Debo ser más rápida…

― ¿Pansy?

Me desvío con un brutal corte descendente que me hace soltar un grito de dolor. Mierda, maldita Bulstrode. Tiene suerte de ser amiga mía ―o algo por el estilo―, de lo contrario hubiera tenido que sufrir uno de mis cruciatus. La tía de Draco, Bellatrix, es una gran maestra.

Me apresuro a tirar bajo la cama la daga y a cubrirme con la capa del uniforme. Espero unos segundos, hasta que la cabellera morena de Millicent se asoma por el marco de la puerta. Tiene los hombros cubiertos de nieve, por lo que fuera debe hacer un frío de mil demonios. Perfecto, pues así mi postura no es tan sospechosa.

― ¡Pansy, estás aquí!―exclama la chica entrando en la habitación. Lleva en su mano un pergamino con algo escrito.

Me obligo a sonreír mientras pienso en una excusa para echar a la boba de Millicent de la habitación. Mierda, no estoy inspirada.

―¿Me buscabas, Milli?― pregunto con indiferencia, como si el hecho de que estuviera todo el cuerpo oculto tras un capa de invierno y en un rincón de la verdosa habitación fuera lo más natural del mundo.

Bulstrode asiente, a la vez que me tiende el pergamino que antes había captado mi atención.

―Mira esto―me indica mientras se sienta en su cama y se quita su pesada capa de invierno.

Con cuidado de que la capa no se me desprenda del cuerpo, despliego el papel. Leo rápidamente lo que contiene, mientras noto como se acentúa el ceño fruncido de mi frente.

― ¿Y bien? ¿Qué opinas?―me inquiere maliciosamente, la muy zorra.

Trato de poner mi semblante inexpresivo, aunque en mi interior impera la necesidad de lanzarme al cuello de la perra que ha osado darme alcance. Millicent sonríe con satisfacción, y veo que se ha quedado mirando mi puño cerrado sobre la fatídica carta.

―Felicidades, Millicent, estoy segura de que lo harás genial―la sonrío, mientras trazo en mi mente un plan para hacer fracasar su intento de superarme.

No, no puedo permitir que ella…

Millicent abre los ojos sorprendida y esboza una tímida sonrisa.

―Vaya, Pansy, gracias―me dice con el rostro sonrojado― Pensé que la noticia te molestaría pero… bueno, me alegro de que no sea así―concluye con una pequeña sonrisa sincera.

Se la devuelvo con aspecto de genuina buena voluntad. No importa que desee sacarle los ojos lentamente mientras observo como se retuerce, ni que quiera chillar hasta quedarme afónica. No, mi cara es una máscara de complacencia y frialdad. Un bonito velo que oculta la realidad.

Que desee llorar de desesperación.

Pero eso nunca, jamás daría tal satisfacción a su morena y dulce compañera. Primero recibiría mil cruciatus del Señor Tenebroso.

―Bueno…―comenta Millicent tras un incómodo silencio. Viene hacia donde me encuentro y se inclina hacia mí. Me encojo, temerosa de que descubra mi secreto y me delate, pero ella únicamente me arranca su preciada carta y me acaricia el brazo derecho, tal vez en un vano intento de reconfortarme. Luego se dirige hacia la puerta y, antes de salir, se voltea hacia mí.― Seguro que a ti también te ocurre pronto, Pansy, sólo tienes que esperar y…

―Vete― la ordeno con sequedad.

Veo como mi principal oponente se encoje de hombros y sale de la habitación. En un arranque de furia, arrojo la caja de porcelana que reposaba sobre mi mesita contra la pared. Sorprendentemente, el sonido que hace al estrellarse y romperse en mil pedazos me tranquiliza. Con desgana, me quito la capa que recubre mi lacerado cuerpo y me agacho para recoger la daga oculta bajo la cama. La sangre se ha secado.

Cojo la capa de la cama y le doy la vuelta. No puedo evitar fruncir el ceño. Está llena de sangre, y encima, apesta a ella. No es que el olor de ese líquido carmesí la molestara ― ¡Por Morgana! ¡Soy una sangre limpia!―, pero sin duda no me apetecía ir por ahí oliendo de la misma manera que el animal de Greyback.

Miro el corte que me había hecho en el vientre antes de ser interrumpida por Bulstrode. Mierda, no sirve. La sangre está también seca, no puedo utilizarla ―y, por si fuera poco, tengo una fea y dolorosa incisión en la parte inferior de mi vientre que probablemente se convertiría en una horrenda cicatriz―. Maldita zorra, siempre estropeándolo todo. Yo le he dado popularidad, una posición deseada por muchas otras como ella, la había elegido para ser su amiga, su confidente, alguien a quien manipular y que me diera la razón en lo que decía ―la tenía, por supuesto, pero necesitaba oírlo en boca de otra persona, y en esos momentos más que nunca, ahora que Draco no está a mi lado―. Pero esa perra, me ha traicionado, ¡y ha osado tocarme con sus sucias pezuñas!

Me sobo el brazo infectado con brusquedad. Necesito purificarme, necesito olvidar tantas traiciones seguidas. Draco, Millicent…

Hundo profundamente la daga en el brazo, soltando un gruñido de molestia. Esta vez no hay lugar para el placer, deseo sentir el dolor.

El dolor del fracaso.

No, no podía ser. Es imposible. Yo tenía que ser la primera. ¡Draco se fijaría en mí cuando lo hiciera! Y ahora esa zorra se llevaría todo el mérito, ganándose la atención de mi querido Draco…

Muevo descendentemente el arma punzante. No puedo evitar soltar un gritito.

No, no podría soportar que Draco se fijara en alguien como Bulstrode. ¡Nunca! Primero la sangre sucia… ¿y ahora ese adefesio?

La sangre corría como un caudaloso río, tan rojo como el horizonte.

Millicent no puede ser una mortífaga antes que yo. Ese honor estaba reservado para mí. No… no… ¡NO LO PERMITIRÉ! ¡Jamás!


Bueno, ahí ha quedado. Muchísimas gracias a Daffne y a Natalia por darme su opinión del fic y betearmelo. ¡Os quiero, chicas! Ejem, pues eso, cualquier opinión, crítica y tomatazo, el botón de review ;)

¡Nos vemos!