¡Ya estoy de nuevo aquí! =P
Esta vez creo que no he tardado tanto ¿nop? Bueno, lo primero son los agradecimientos a Alexis (Love you!), luna-maga, Daffne, beautifly92 y ZarethMalfoy. ¡Gracias por vuestros reviews!
Este capítulo es bastante más largo que lo demás, y espero que os guste.
Sin más, que disfruteis de la lectura ;)
#3 Envidia mezquina.
Penosa. Esa era la palabra perfecta para describir a Bulstrode. Patética e indudablemente penosa.
No obstante, iba a ganarse el honor de ser la primera de su curso en convertirse en algo tan grande como lo era ser mortífaga. Era injusto. Esa debería haber sido yo.
No lo entiendo, ¿por qué ha recibido el llamado del Señor Tenebroso antes que yo? Siempre la había superado en todo, ya fueran maldiciones como astucia o perseverancia. ¿Acaso el mundo se había puesto patas arriba y nadie me lo ha comentado? Draco, persiguiendo a una sangre sucia; Bulstrode, siendo por primera vez la ganadora; y yo, manchando la moqueta con mi perfecta sangre pura.
"No", decidí mientras me mirabacon furia en el ovalado espejo del baño, "no pienso rendirme con esta sencillez". ¿Creen que pueden tomarme por una idiota? Draco será mío, al igual que el puesto de mortífaga.
Ya está bien de lamentarse en las sombras, si quiero conseguir algo en esta vida, más me vale actuar y dejar de lloriquear como una imbécil.
Primero me ocuparé de Bulstrode. Luego voy a ir directamente a por ti, Draco.
― Pansy, ¿eres consciente de la gravedad de lo que dices?― la voz de Graham Parkinson destila seriedad mientras se pasea por el despacho del profesor Snape, que nos ha cedido a fin de tener algo de intimidad.
Me obligo a no sonreír, dada la gran susceptibilidad de mi padre. De momento todo va bien, no hay razón para estropearlo ahora.
-Por supuesto, papá. ¿Crees que podría bromear con un asunto así? Si te he llamado es porque el tema me preocupa, y mucho ― explico con falsa indignación ―. ¿Acaso he hecho mal?
Mi padre me fulmina con la mirada y se sienta en el sillón de Snape. No me dice nada en un rato, por lo que no sé si debería tratar de convencerle por otra vía. Finalmente, suelta un suspiro derrotado.
― Comprende, Pansy, que esto es muy serio, no se puede tomar tan a la ligera. Debo informar de esto y… Ah, no sé como actuar ― dice por un deje de cansancio, mientras se masajea lentamente las sienes.
A paso ligero me sitúa frente a él, y con una sonrisa tranquilizadora tomo sus manos entre las mías.
― Puedes comentarle el asunto al señor Malfoy ― le sugiero con voz melosa ―, seguro que él sabrá como proceder y…
Me detengo con el ceño fruncido al ver que mi padre niega enérgicamente con la cabeza antes de que termine. "Vamos, viejo idiota, cede de una vez".
― No hay por qué meter en esto a Lucius, hija. Él ya tiene sus propios problemas con Draco, ya te lo habrá dicho el chico…
Aprieto los dientes e intento asentir con naturalidad. ¿Por qué me está resultando tan difícil? Otras veces he doblegado a mi padre en mucho menos tiempo y sin entretenerme con estupideces.
― ¿Y qué vas a hacer, entonces? ¿Vas a dejar que peligremos nosotros, nuestro señor? Papá, esto no puede quedar así, debes actuar. ¡Valor! ― exclamo casi gritando, a la vez que observo con furia creciente como mi padre mira hacia otro lado.
― Claro que no voy a dejar las cosas así, pero voy a proceder con discreción. No necesitamos atraer más atención sobre nosotros todavía ― dictamina con seriedad. Asiento satisfecha y me retrocedo unos pasos ―. No obstante… ― añade rápidamente antes de que me declare vencedora. Le frunzo el ceño ― Creo que debes mantenerte alejada de esto, no pienso involúcrate más, suficiente has hecho con informarme ― abro la boca para protestar, pero mi padre no ha terminado ―. Por otro lado, necesito investigar más, la señorita Bulstrode nunca me ha parecido capaz de algo así. Ella es tan aplicada, formal. Nunca hubiera pensado en que fuera a hacer esto que me dices. Es… extraño, hay que asegurarse de qu…
-¡¿Acaso no te vale mi palabra simplemente?!― exploto iracunda. Esto no me puede estar pasando, mi propio padre desconfía de mi palabra. ¡Cree en ella antes que en mí! Maldita, Bulstrode.― Haz lo que quieras ― declaro secamente ―, ya verás como no miento y te arrepentirás de no haber actuado con la suficiente velocidad, papá, te lo aseguro.
El traidor se levanta con una sonrisa tranquilizadora y posa una mano sobre mi hombro. El contacto me quema, quiero salir de aquí.
― Si es así, no creo que haya ningún problema ¿verdad? Tranquila, hija, yo me encargaré de todo y tú no tendrás de qué preocuparte ― afirma amistosamente, tratando en vano de aplacar mi enfado ―. De cualquier forma, me alegra y enorgullece el ver como te interesas por la seguridad de los nuestros, Pansy. Estoy seguro de que tu incorporación a las filas del Señor Tenebroso es inminente. Será un honor para nuestra familia, como bien sabes.
Bueno, aquella noticia sí que me reconfortaba, pero solo un poco, todavía no he conseguido mi objetivo. Ya tendría tiempo de regodearme cuando tuviera la marca sobre mi piel. La sola idea me hacía estremecer de placer.
Estremezco de impaciencia.
Bufo sonoramente mientras cambio de postura en el sofá de cuero de la sala común. Unos de mi curso me miran con curiosidad, pero no se acercan. Saben que no es bueno molestarme cuando no estoy de humor, aunque tal vez no les importe demasiado qué me pasa. El hecho es que me da igual, sólo quiero que el tema Bulstrode quede cerrado. Pero el idiota de mi padre no me ha enviado ni una triste lechuza que explique sus avances, si es que hay alguno. Ya ha pasado una semana.
Maldito incompetente.
Saco de mi carpeta unos pergaminos, debo terminar de hacer los deberes atrasados de Transformación, o la vieja leona me suspenderá el curso. ¡Como si no tuviera mejores cosas en las que pensar, que en candelabros convertidos en ranas cornudas!
La estúpida de Millicent sigue sin aparecer, y esa maldita profesora no podía haber mandado más deberes. Sí, las cosas no pueden irme mejor.
― Vamos, Milli, deja de llorar…
Me incorporo sobresaltada y paseo la mirada por la sala, en busca de la portadora de esa voz. Pero no veo a Millicent por ninguna parte, ¿acaso se refería a otra persona? Gruño irritada por la interrupción y vuelco de nuevo mi atención en los deberes.
― ¡No lo entiendes, Rachel! Mi familia está en grave peligro, y todo es por mi culpa. Tendría que haber sido más discreta, así no se habría enterado quien no debía…
Levanto una mirada feroz por encima de mi pergamino y busco minuciosamente por todos los rincones del lugar. Es ella, su despreciable tonillo de voz la delata. Está aquí, y pienso encontrarla.
Me levanto para ver mejor y, disimuladamente, doy una vuelta por la sala. Está aquí, ¡pero dónde! Un sollozo atrae mi atención, y dirijo la mirada triunfante un recodo oscuro de la habitación, oculto a simple vista por los sillones. Dos chicas, de quinto aparentemente, tapan a una tercera, que llora suavemente con el rostro oculto entre sus manos. Una de ellas le susurra palabras de aliento.
Sonrío con malicia. Te tengo, zorra.
Con mi mejor mueca de preocupación me acerco rápidamente a ellas. Las chicas me miran con recelo al verme llegar. Admito que una de ellas es muy guapa, y me extraña no haber hablado con la chica antes. Normalmente, soy quien controla a las mejores promesas de Slytherin, pero últimamente he tenido la cabeza en otro lugar. Bulstrode levanta la vista y se me echa al cuello sollozando con fuerza. Es curioso cuánto cambia la gente con el paso del tiempo. Aún recuerdo a la Millicent marimacho que se llevaba a todo aquel que la contrariase por delante.
― Venga, ya pasó, Millicent. ¿Qué te ocurre? ¿Ha pasado algo malo?― Sé que está mal que yo lo diga, pero podría llevarme el premio a la interpretación del año.
Esta sorbe ruidosamente la nariz mientras se quita con el dorso de la mano las lágrimas esparcidas por su cara. Con mi sonrisa más apenada trato de detener fervientemente las ganas de apartar de mi perfecta y planchada camisa blanca a aquella mocosa.
― Pansy, es horrible. No te imaginas lo que ha ocurrido ― gimotea lastimeramente.
Me encojo de hombros y la sonrío tiernamente ― o algo parecido ―, mientras poso una mano sobre su hombro.
― Tal vez, si me lo cuentas… ― la animo a continuar dulcemente.
Vamos, zorra, cuéntame como te han echado a patadas.
― Ha corrido la voz de que yo voy a ser mortífaga, y parecer ser que ha llegado la voz hasta profesores, ¡me pueden expulsar!
Niego con la cabeza, todavía sonriendo.
― Eso es imposible, Millicent, no tienen pruebas de que vayas a serlo. Por otro lado, ¿cómo se han enterado los profesores?
La chica llamada Rachel, la guapa, sacude la cabeza furiosamente.
― Obviamente, porque alguien se ha ido de la lengua. Si me entero de quien te ha hecho esto, Milli, te juro que me las pagara ― habla a Bulstrode, pero su mirada está fija en mí. Sonrío internamente. Qué agallas tiene la insignificante niñata. Creo que ya sé por qué no la he visto antes: Es una Gryffindor de visita a nuestra humilde casa. Qué adorable.
― Estoy de acuerdo, esto no debe quedarse sin castigo ― asiento solemnemente, con miedo a que se me escape una risita en cualquier momento y lo fastidie todo ―, pero ¿quién puede haber sido? ¿Acaso se lo has contado a tanta gente?
Rachel me fulmina con la mirada, y yo la miro con sarcasmo.
― No, bueno, creo que no ― confiesa Millicent ―. Pero ahora no estoy segura de nada, creí que a todos a los que había contado que iba a ser mortífaga iban a guardar silencio, ya sabes, para no hacer peligrar a los nuestros ante el Ministerio. ¿Quién habrá sido?― inquiere con un sollozo.
― Sea quien sea, Milli, tarde o temprano lo sabremos. No obstante, puede que al inconsciente bocazas le interesase que se supiera que ibas a ser la PRIMERA de tu curso en ser mortífaga. Tal vez alguien celoso y ególatra. ¿Conoces a alguien con esas características, Parkinson?― me pregunta con una sonrisa fría.
Sonrío a mí vez y ladeo suavemente la cabeza.
― Ay, querida, conozco a tantas con esas características… ― comento maliciosamente mirándola de arriba a abajo, y añado, al ver que se envara y me mira furiosa ― Pero claro, eso carece de importancia ¿no es así? Te convertirás en mortífaga y olvidarás enseguida este desagradable asunto, Millicent, ya lo verás. ¡Eres la primera, disfruta!― exclamo con una sonrisa encantadora, que Bulstrode me devuelve tímidamente.
― Sí, tienes razón. En cuanto el Señor Tenebroso ― lo nombró en un susurro ― me coloque la marca, seré feliz y me pondré como nueva.
La idiota de Rachel la abraza y asiente.
― ¡Claro que sí, Milli! ¡No habrá ninguna persona o víbora ― me mira brevemente ― que te detenga! No por nada te han elegido la primera para gozar tal honor, no desfallezcas, eso es lo que quieren.
La otra chica, que hasta el momento había estado callada, carraspea. Bulstrode y la otra la miran interrogantes.
― ¿Qué pasa, Mandy?
Esta baja la mirada y murmura unas palabras que no escuchamos. Millicent le pide con amabilidad que las repita. Mandy suelta un suspiro.
― Milli, te seré sincera. No creo que vayas a poder ser mortífaga.
La aludida abre los ojos como platos y farfulla:
― ¿Qué dices? He sido elegida, ¿por qué no iba a…?
― Milli ― la corta con suavidad ―, en estos momentos eres el centro de atención. No te pueden poner ahora la marca, pues los profesores te estarán vigiliando de muy de cerca. Por otra parte, no creo que cuentes con la confianza de los mortífagos tras esto…
Sonrío para mí, satisfecha, y me volteó hacia Bulstrode, para ver su expresión de desolación. Que sufra, que sufra tanto como sufrí yo al ver que no iba a ser la primera a ojos de mi querido Draco. Que sepa lo que es tenerlo todo, y que en un instante te lo arrebaten de tus manos.
Que experimente lo que es el dolor.
― Pero… pero eso es…― su cara es todo un poema, pero sé que no debo reírme ahora ― ¡no es posible! Y-yo era la indicada, me eligieron a mí ― su voz se va apagando gradualmente hasta que no es más que un suave murmullo.
Rachel y Mandy no comentan nada, aunque sus miradas lo dicen todo. La primera me dirige una cargada de odio ― Me estoy empezando a preguntar si la habré hecho algo en el pasado, o si es simplemente una metomentodo ociosa ― y la otra mira compasivamente a Millicent, que no presta atención a nadie. Su vista está fija en la pared opuesta de la sala.
Y yo, bueno, no quepo en mí de alegría. Al parecer mi padre no es tan inútil como creía. En fin, lo mejor es recoger los laureles en silencio y retirarse, no me vaya a saltar la culebra entrometida y se arruine todo.
― Bueno, chicas, ya va siendo hora de que me vaya a acabar los deber…
― ¡No puedes irte!― exclamó Millicent, con lágrimas en los ojos. Se aferró a su brazo ― ¡Tienes que ayudarme, Pansy! ¡Eres la única que puede ayudarme! Habla con tu padre, o el señor Malfoy, tú le conoces, puedes pedirle que interceda a mi favor. Quiero ser mortífaga, yo… no podría soportarlo… ¡por favor!
¿Esa estúpida trata de conmoverme? No me ponía esas caritas cuando vino a restregarme la carta que anunciaba su próxima conversión. Ahora que se jodiera.
― Millicent, sabes que no puedo hacer nada. No tengo tantos contactos como par…
― ¡Por supuesto que no hará nada!― estalla Rachel, iracunda.
― Rachel ― sisea Bulstrode, instándola a callar.
La chica pega una patada al suelo con furia.
― ¡No me pienso callar! Millicent, ¿no has pensado que tu queridísima Pansy ha sido quien ha ido con el cuento a los profesores, y luego te ha echado la culpa a ti? Esa a la que llamas amiga ― escupe con veneno ― se ha estado riendo de ti todo este tiempo. ¿Es que no lo ves? Se nota a leguas que esta situación la satisface ampliamente.
Pongo una cara de genuina inocencia.
― ¿Yo? ¿Pero de donde sacas eso, Rina? ¿Tienes acaso pruebas?― la desafío, con una mirada tan fulminante como la suya.
― Rachel, pero para ti, Anmiston ― contesta ella, acercándose a Bulstrode.
― Qué poco amable, Randy. Y yo que quería que fuésemos amigas… Pero si no lo quieres, allá tú. Millicent sabe bien como soy yo ¿verdad? ― sonrío al dirigir la mirada a Bulstrode.
Borro la sonrisa de inmediato al notar su expresión vacilante. Está decepcionada, y parece dolida. ¿Por qué? ¿Acaso no me cree? ¡¿Por qué no me cree?!
― Sí, Pansy, te conozco ― admite con una sonrisa triste ―. Y por eso sé… ahora comprendo que has sido tú. Lo sospechaba, pero no quería… ¿por qué lo has hecho? Creía que era amiga tuya. Creía que…
No puedo creerlo. Las cosas iban genial, ¿cómo se ha precipitado todo en unos instantes? Tengo que salir de este atolladero, o estoy muerta.
Actuaría como mejor se me daba.
― Creía, creía ― la imito, burlonamente ―. Por favor, Milli, ¿qué me estás contando? Si lo hice, fue porque te lo buscaste. Ese puesto era mío, y lo es, ahora que tú ya no eres la primera candidata. No tienes derecho a ofenderte, mosquita muerta. No después de venir a regodearte en mi cara de que ibas a unirte a ellos antes que yo. Lo que te lo hice, te lo tienes bien merecido. Así aprenderás a estar en el lugar que te corresponde.
Una expresión sombría se instala en el rostro furioso de Bulstrode, pero no añade nada. Piensa que no puede competir contra mí, que seré yo a la que creerán. No es verdad, pero mejor que lo crea.
― En fin, me voy, queridas. Tengo muchas cosas que hacer ― doy media vuelta con un elegante movimiento. Antes de irme, me vuelvo hacia Rachel, que frota suavemente el hombro a Bulstrode ―. Por cierto, Ruthy, me gustaría verte otro día. Pero déjate a las lacras en casa, ¿vale? ― señalo con sarcasmo mientras le guiño un ojo. Oigo como suelta un gruñido muy poco femenino, y suelto una risita.
― Esto no va a quedarse así, Pansy ― susurra Bulstrode mientras me alejo ―. Para mí, estás muerta.
Muero de felicidad.
Todo está yendo a pedir de boca. Bulstrode ya no será mortífaga, le he dado una buena lección, mi tratatimiento para embellecerme está dando resultado ― ¡que hermosas y morenas se vuelven mis piernas!―, y por fin he terminado mis deberes atrasados. Sólo me queda una cosa pendiente de solucionar.
Tengo que hablar con Draco.
No tengo miedo de enfrentarlo, pues en las últimas semanas ha estado ignorando a la sangre sucia, que no hace nada más que enviarle miradas iracundas de vez en cuando. Estoy contenta. Tal vez lo de Granger sólo ha sido un juego de Draco, como tantos otros. Seguramente ya la ha tenido, por lo que se habrá cansado de ella.
Me sonrío al recordar la cara de Granger cuando su mirada se cruza con la de Draco. Está furiosa con él, y este no trata de arreglar la situación. Al contrario, las reacciones de la sangre sucia parecen divertirlo. Amplio la sonrisa maliciosa de mi rostro. Sí, estoy muy contenta.
Me levanto del sofá de la sala común y me excuso con Blaise y Crabbe. Con paso decidido, me dirijo hacia la salida de la común. No he visto a Draco en toda la tarde, y nadie me quiere dar su paradero. No entiendo a esta gente, si se supone que creen que soy su novia ¿no deberían decirme dónde está? Estoy rodeada de idiotas.
Al salir de las mazmorras, me doy de bruces con alguien. Me preparo para poner al imbécil que por poco me hace caer cuando veo que no es otro que el profesor Snape. Borro mi ceño fruncido y lo remplazo por una sonrisa complaciente.
― Lo siento mucho, profesor. Debí mirar por donde iba.
― Por supuesto que debería, señorita Parkinson. Pero ya que está aquí, ¿puede decirme donde puedo encontrar al señor Malfoy?― inquiere mientras se ajusta su larga túnica negra.
Abro los ojos sorprendida.
― ¿Draco? Lo lamento, profesor, pero yo tampoco sé donde está. Justamente lo estaba buscando…
― De acuerdo ― me corta secamente ―, pues si le ve, dígale que vaya a mi despacho. Me ha llegado una carta muy importante de su padre y debe leerla inmediatamente, ¿entendido?
Esbozo una sonrisa y me encojo de hombros.
― Claro, profesor, pero yo puedo entregars…
― Limitase a informarle. Yo seré quien le entregue la carta ― me interrumpe nuevamente con sus ojos negros refulgiendo sombríamente ―. Ahora, váyase a buscarlo.
Con un frufrú de su capa se retiro en dirección a su despacho. Frunzo mis labios y chasqueo mi lengua con desaprobación. ¿Qué dirá esa carta? Sacudo la cabeza y aparto la curiosidad por el momento, ahora tengo que buscar a Draco y decirle lo que pienso. Eso es lo único que importa.
Camino apresuradamente por los pasillos, atenta a cualquier sonido para esconderme. Es tarde, y con los prefectos de Gryffindor y Hufflepuff rondando, cualquiera sabe. El pensamiento de Granger rondando los pasillos me oscurece el rostro, pero no dejo que eso trascienda. Ella es una más en la lista de ligues de Draco Malfoy, no hay de que preocuparse.
Pero… ¿qué hace Draco a estas horas por el castillo?
Llego al cuarto piso sin contratiempos, y busco por todos los rincones. No le encuentro por ninguna parte. Sacudo la cabeza confundida, no tiene sentido, Draco solía venir a esta planta cuando quería estar solo. Oigo unos pasos bajando las escaleras, y busco desesperadamente un donde esconderme, pero no logro hacerlo a tiempo.
― No te esfuerces, querida. Te he visto ― declara Millicent bajando alegremente las escaleras.
Frunzo el ceño, es extraño ver a Bulstrode de tan buen talante. La pregunto de mala manera:
― ¿Qué demonios haces tú aquí, Bulstrode?
Millicent suelta una risita y se acerca a mí con una sonrisa en el rostro. Esto no augura nada bueno.
― Bueno, Pansy, estaba dando una vuelta. Nada importante ― explica ella con voz cantarina ― Por cierto, ¿buscas a Malfoy?
Pongo los ojos como platos y bufo. Esto era justo lo que me faltaba.
― ¿Y a ti que te importa lo que yo haga? Olvídame― gruño, aun resistiendo la imperiosa necesidad de preguntarle si ha visto a Draco. Pero no, no pienso rebajarme a tal nivel.
Millicent se encoje de hombros y echa a caminar, pero antes de descender otro piso, se vuelve hacia mí, con una maliciosa sonrisa.
― No es de mi incumbencia, por supuesto, pero yo que tú no subiría al quinto piso, y menos si buscas a Draco por una… digamos, relación sentimental. Ya sabes como se pone él cuando lo interrumpes estando tan ocupado ¿verdad? ― suelta una risita sarcástica y desaparece escaleras abajo.
Noto como el color ha abandonado mi rostro. ¿Ha vuelto Draco con Granger? No, no puede ser ella, de otro modo Millicent no estaría tan tranquila con esto. Tiene que ser otra.
Otra que ha vuelto a sustituirla.
A paso furioso me dirijo hacia el quinto piso, dispuesta a hacer lo que no me he atrevido en los años que he estado con Draco. Voy a enfrentarle, y a darle a elegir: o sus amiguitas o yo. Está claro, no pienso permitir que las elija a ellas. Después de todo, ellas no son más que un entretenimiento ¿no? Yo he sido su confidente, amiga, compañera. No importa cómo lo llames, el hecho es que he sido yo la que ha estado ahí, junto a él, cuando lo ha necesitado. Ellas sólo le dan placer carnal, yo me sitúo en una espacio diferente, superior. Y él lo sabe. Y si no, no tendré otra que abrirle los ojos.
Draco es sólo mío. Por ahora y para siempre.
Tan ensimismada iba en mis pensamientos, que no noté como una sombre se me acercaba. Me sobresalté al ver a Daphne Greengrass cruzando sigilosamente el pasillo hacia las escaleras que conducen a las mazmorras.
No iba a prestarle mayor atención cuando me fije en su aspecto. Tiene el pelo desaliñado, cuando siempre mantiene pulcramente peinados sus cabellos rubios. Su ropa está entera arrugada, y no tiene corbata ― en realidad, la lleva en la mano ―. Pero lo más llamativo son sus labios, sus hinchados y enrojecidos labios.
Entrecierro mis ojos hasta que no son más que dos rendijas, y me acerco a ella, cortándole el paso.
― Daphne, por una extraña casualidad no habrás visto a Draco ¿verdad?― pregunto despreocupadamente, ocultando de forma perfecta mis ganas de estrangularla.
Esta, ajena a la tormenta que se debatía en mi interior, contesta:
― Sí, he estado con él hasta ahora ― me confiesa con un movimiento de cejas muy significativo. Reprimo nuevamente mis instintos asesinos ―. No obstante, no ha ocurrido nada del otro mundo. Hemos tenido la mala suerte de que Granger nos interrumpiera cuando estábamos en ello. ¡Maldita sangre sucia! Pero bueno, he preferido no decir nada, porque tenía una cara que parecía que en cualquier momento nos iba a fulminar con la mirada, daba miedo ― añade con risa sarcástica.
― ¿Granger?― pregunto sombríamente.
Daphne asiente y se acerca a mí, en un gesto cómplice.
― Tenías que haberla visto, estaba fuera de sí, cuando Draco se encontraba muy tranquilo. Me daba pena dejarlo solo con esa, pero la sangre sucia es capaz de decirle a McGonagall que me expulse ― se excusa, mientras camina unos pasos con gesto de irse.
― ¿Dónde están ellos?― pregunto secamente.
La chica me señala vagamente un aula al final del pasillo.
― Pero no te preocupes por Draco, daba la impresión de poder arreglárselas con…― pero yo ya no escucho. Con gesto ausente, me voy acercando a la clase, mientras tengo la sensación que la misma se va alejando a medida que yo avanzo, igual que en una pesadilla. Sacudo la cabeza, con furia. Pero esto no es una pesadilla, es real. La sangre sucia ha acorralado a Draco, tengo que hacer algo.
Casi corriendo, llego a la clase. Medito unos momentos antes de aventurarme a agarrar el pomo de la puerta, y girarlo. Pero es inútil está cerrado. Con un bufido de irritación me vuelvo, maldiciendo a Greengrass por darme una dirección equivocada.
Un sonido procedente del interior llama mi atención.
Tragando saliva, coloco cuidadosamente el oído en la puerta, caso temiendo lo que pueda escuchar.
― Granger, eres más fría que el hielo. ¿No ves lo que me haces? ¿Crees que puedes besarme como lo haces y esperar que me quede indiferente? Sí, claro que lo crees.
Me aparto de la puerta como si me hubiese recorrido por la columna una descarga eléctrica. No, esto no puede estar pasando, no a mí.
― Una obsesión, eso es lo que es.
No quiero seguir escuchando esto, no puedo soportarlo. Me separo aún más de la puerta y doy media vuelta. Corro por los pasillos, sin importarme que alguien pueda verme y sea castigada. La imagen de Granger y mi Draco juntos me enferma, y no puedo apartar ese pensamiento de mi cabeza.
Esto ya ha ido demasiado lejos. Debo actuar de una vez, hacer que Draco repare en mí y se dé cuenta de quien merece su atención. Ahora mismo voy a escribir una carta a mi padre.
Antes de que termine la semana, seré una mortífaga.
Y ahí lo tenéis. Esto se está acabando, ya sólo queda un capítulo para el final. Espero vuestras opiniones por review ;)
Gracias a Natalia y a Sandra por su beteo y opinión ^^
¡Nos vemos!
