¡Hola de nuevo!

Gracias por sus reviews a Alexis, Luna-maga, Zareth, y León. Aprecio mucho vuestros comentarios.

Aquí traido la última entrega de Fall and Rise, que lo disfruteis.


#4 Vergüenza

Joder, cómo duele la puta marca.

Me froto una vez más mi antebrazo mientras esbozo una mueca de dolor. Aunque hayan pasado dos semanas desde que tuve mi iniciación a mortífaga, siento la quemazón como si acabara de ser marcada.

Me costó mucho convencer a mi padre de que sugiriera al Señor Tenebroso que era la indicada para ser la primera mortífaga de mi generación, pero finalmente lo hice, como cabía esperar. A nuestro líder no le pareció mal, aunque me da que a él este tipo de cosas no le interesan mucho. Él estaba interesado en asuntos más relacionados con la derrota de Potter, la sumisión del Ministerio de Magia y, por supuesto, la obtención del poder absoluto. Pero, claro, siempre habrá gente como Bulstrode que traten de llenar de piedras tu camino. Al parecer no pudo soportar la idea de que su querida hijita no fuera la primera a la vista de todos. Patético.

Me remuevo en el asiento mientras apoyo mi cabeza en una mano, con gesto aburrido en la cara. Las clases del profesor Binns siempre han sido soporíferas, y ni siquiera puedo hablar con Draco, ya que el estaba sentado en otra mesa con Blaise y Goyle. He tratado de abordarlo en ocho ocasiones diferentes desde que me marcaron, pero él, o estaba demasiado ocupado para dignarse a hablar conmigo, o no prestaba atención a mis palabras por estar en las nubes. ¿Qué le está pasando a este chico?

Pero tiene que saber que soy mortífaga, ¿no? Todo el mundo lo sabe, está en boca de todo Slytherin ―por razones obvias, las otras casas no lo saben―. ¿Por qué no había ido a felicitarme? ¿Por qué no demostraba esa admiración que cualquiera sentía hacia la marca? Estaba muy distraído, y yo misma me iba a encargar de centrarle. Palabra de mortífaga ―qué bien sonaba―.

"Muy bien", medito con una sonrisa calculadora, ignorando las miraditas que Blaise me echaba de tanto en tanto, "Sé de buenas fuentes que Draco se pasa casi todas las tardes en la biblioteca", recuerdo, sin pensar muy bien en lo que eso significa, "Por lo tanto, hoy puedo ir allí para por fin hablar con él del tema, explicarle cómo me siento y lo que he hecho por él". Porque así era, yo soy así por Draco, porque él desea que me comporte de una manera, y yo acepto gustosa su mandato. Recuerdo con claridad que el año pasado no dejaba de pensar en convertirse en mortífago, en la ilusión que había en sus ojos ante la idea de introducirse en una asociación donde el objetivo principal era cargarse a tantos sangre sucia como fuera posible. Sí, era un primor.

―… y con esto, terminamos el tema de la rebelión de los duendes del siglo XVII por las penosas condiciones de vida que los magos les permitían llevar―comentó Binns con su clásica voz monótona, que anunciaba el final de a clase.

Junto con Leonor Newville y Clarice Spencer abandono la clase, mientras oigo parlotear a mis amigas sobre un par de Ravenclaw a los que habían echado el ojo. No sé ni por qué voy con ellas, son espantosamente aburridas. Pero bueno, pronto no tendría que preocuparme por cosas así, ya que pasaría todo mi tiempo libre con Draco, una vez haya despachado su pequeño "problema".

―Pansy, ¿puedo hablar unos momentos contigo?―me pregunta una voz grave a mi derecha.

Miro en su dirección indiferente, hasta que veo que es Blaise. ¿Querrá hablar de Draco? ¿Le habrá dicho él que me diga algo, tal vez para concertar un encuentro? Ilusionada, despacho a mis amigas con un "Nos vemos luego".

―Y bien, ¿qué querías decirme? ―pregunto con voz melosa una vez que estamos solos.

Blaise carraspea y mira al suelo, como si pensase bien en cómo decirme algo. Frunzo el ceño, ¿son malas noticias? Maldita sea, ¡que hable rápido! Odio la ineptitud…

―Pues… Verás, Pansy, yo quería decirte que… bueno, que… ―balbuceo el chico. Hizo una pausa y sacudió la cabeza, mirándome ahora a los ojos con decisión ―Pansy, ¿quieres salir luego conmigo a dar una vuelta por los alrededores? Ya sabes, disfrutar de la tarde y eso…

La decepción cae sobre mí como un balde de agua fría. No estaba allí para hablar de Draco. Trato que mis emociones no se dejen traslucir en mi rostro, después de todo, al chico le gusto. Y no queremos que un chico guapo al que le gustamos piense que preferimos a otro, ¿no?

Blaise ni se le podía comparar a Draco: uno tenía pelo rubio, tez blanquecina y ojos azules; el otro, pelo negro, tez morena y ojos marrones. No, Draco era el sueño de cualquier chica, pero Blaise tampoco estaba mal. "Seré amable".

―Bueno, tengo muchas cosas que hacer, pero supongo que podré hacerte un hueco en mi agenda ―comento malhumorada. ¿Por qué no podía ser Draco? ― Pero hazme un favor, dile a Draco que venga a hablar conmigo en cuanto le veas.

Blaise apenas pudo saborear su triunfo, pues enseguida me mira entrecerrando los ojos con recelo.

― ¿Por qué quieres verle?

No es tonto, sabe, al igual que el resto del colegio, que me muero por los huesos de ese dios hercúleo. Pero si algo no voy a permitir, son los celos de alguien que ni siquiera es mi novio.

―Eso no es de tu incumbencia, Blaise ―le espeto con sequedad, mientras comienzo a marcharme. Al ver que el chico esboza una mueca de arrepentimiento, me obligo a añadir― Luego nos vemos, ya sabes.

No me detengo a ver su reacción, nuevamente Draco es el único pensamiento que tengo rondándome por la cabeza. ¿Cómo actuar a partir de ahora? ¿Debía ser agresiva, y abordarle sin contemplaciones? ¿Buscarle y sacarle de su ensimismamiento aunque sea a base de bofetones? Esta última idea no me convencía. Llenar el precioso rostro de Draco de moretones, ¡qué horror!

No creía en esos momentos que Granger fuera un problema pues, ¿acaso Draco no se había distanciado de ella después de tirársela? No había sido para tanto, después de todo.


Dos horas, y nada.

Suelto un gruñido de frustración mientras abro el libro de DCLAO. Si Draco tardaba más en aparecer, acabaría haciendo hasta los deberes para el verano.

Después de las clases decidí ir a la biblioteca, dada la costumbre adquirida este último año que Draco había cogido. Pero ahora me empiezo a dar cuenta de que tal vez sólo fuese a la biblioteca por Granger, y ahora que la había dado puerta, ya no es que le interesaran mucho los estudios.

―Qué decepción ―suelto en un suspiro apenas audible.

Me aburro demasiado, y ya me estoy cansando de tener que estar persiguiendo a Draco cuando debo darle una noticia de este índole. Recojo abatida mis cosas y me acerco a la mesa de Madame Pince, quien se encuentra leyendo, como siempre―hablando de personas aburridas―.

―Madame Pince, disculpe, ¿ha estado Draco Malfoy hoy en la biblioteca?―inquiero con educación, esperando que la vieja águila levante su ganchuda nariz de su libro.

Esta me mira por encima de las páginas y vuelve a fijar la vista en su lectura. Con voz estridente, me comenta:

―Ha estado dos veces hoy aquí pues, al parecer, se dejó olvidados sus libros en la biblioteca, y pasó lo mismo con otro compañero suyo.

Asiento y me marcho del lugar, con dirección a las mazmorras. Seguramente Draco esté en su dormitorio, por lo que podría aclarar las cosas allí ―el sitio era perfecto, pues ¿acaso no había pasado en esa habitación casi más tiempo que en la suya propia?―. Espero que se encuentre solo, no quiero que Blaise escuche nuestra conversación, después de todo, no quería robarle las esperanzas que tenía conmigo. Sonrío con malicia, ¿quién dice que soy tan mala?

Casi me choco con Weasley chica, que se venía en dirección contraria sonriendo como una tonta. Sacudo la cabeza y la ignoro. Los Weasley son caso aparte, no había que comprenderlos.

Llego a la sala común jadeando por la corrida, y me dirijo directamente hacia los dormitorios masculinos. Doy gracias a los fundadores por poner sólo una alarma contra el sexo opuesto en las habitaciones de las chicas. Subiendo los escalones de dos en dos, pienso en qué voy a decirle primero a Draco. ¿Empiezo por mis sentimientos, y luego le digo que soy mortífaga? ¿O al revés queda mucho más impactante? Diciéndole que soy mortífaga es bastante más difícil que me rechace, por lo que el orden ya está claro.

Ahora sólo queda encontrarle.

― ¿Draco? ―musito mientras asomo la cabeza por el hueco que dejaba la puerta entreabierta.

Pasando la mirada por el lugar, me doy cuenta de que está vacío. Con ganas de chillar de frustración, entro en el cuarto para sentarme en la cama de Draco. Muy bien, algún día tendría que volver a la habitación ¿no es verdad? Ahí le estaría esperando, y no pensaba aceptar un no por respuesta ―mi expresión asesina lo decía sola―.

Al dejarme caer sobre la mullida cama, noto que me he sentado sobre un libro. Lo saco de debajo de mí y lo observo. Un libro corriente de texto. Lo tiro a un lado sin mayores ceremonias y varios papeles que había en su interior se desparramaron por el suelo. Con una maldición expresada entre dientes, me dispongo a recoger aquel lío antes de que llegue alguien.

Al meter de forma desordenada los papeles dentro del libro, un sobre me llama la atención. El remitente había sido escrito con una caligrafía clara y elegante, pero más que eso, lo que hizo que sintiera curiosidad fue lo que ponía en él: "Lucius Malfoy".

Abro la carta con rapidez y saco una hoja de pergamino arrugada. Con el ceño fruncido, la desdoblo y comienzo la lectura. Había partes inteligibles, pero se entendía el mensaje:

"Me estoy impacientando, Draco, y no soy el único que (…) La marca no es algo con lo que sepueda jugar y me da igual que (…) sangres sucia, vergüenza me da que un hijo mío simpatice con esta escoria de la sociedad y tenga la desfachatez de (…) Tu madre también está tremendamente decepcionada, y no es para menos. ¿Te haces a la idea de lo que esto significa? No, estoy seguro de (…) Esto es algo inaudito, ¿con qué cara voy a mirar a todos? Incluso tendré que responder ante tu tía, y sabes como (…)

Espero que cambies tu postura, Draco, y te des cuenta de quienes son los tuyos, y a quién debes lealtad.

Esperando una pronta respuesta,

Lucius Malfoy"

Al terminar de leer apenas puedo reaccionar, y dejo caer conmocionada la carta al suelo. No puede ser. Es imposible. Esto no me puede estar pasando, no después de todo lo que he sufrido, ¡Draco no puede hacerme esto!

Me precipito fuera del dormitorio ante la asombrada ―y audaz― mirada que me dirigen unos de sexto al verme salir de un cuarto masculino, pero no me importa. No me importa nada. Sólo quiero ver a Draco y que me explique esta jodida situación. Que me diga que esto no es más que una puta broma y que se alegrará de unirse a mí próximamente como mortífago. Que me confirme que la sangre sucia no es nada para él, sólo un polvo en una noche de aburrimiento.

Pero quiero que me lo explique ya, en este mismísimo momento.

Justo cuando me disponía a cruzar el umbral que comunicaba las mazmorras con el vestíbulo, oigo unas risas dolorosamente familiares provenientes del patio de transformaciones. Discretamente, me acerco oculta al amparo de las sombras.

―No, esto no puede ser, esta mal ―la voz de Granger destila falso reproche― Debemos hacer hoy la ronda de prefectos.

No, no pueden estar juntos. Draco no puede estar con ella, se merece algo mejor, puedo darle algo mejor.

― ¿Qué quieres que te diga, Granger?―oigo que le responde Draco, con su musical voz ― Somos grandes pecadores ―no lo entiendo, ¿pecadores?

― ¿Somos?―le espeta la otra, con un brillo juguetón en su voz.

Me aprieto aún más a la pared, no puedo dejar que me vean. No así. Sus sombras se acercan a la puerta que les conduce al vestíbulo y por fin puedo verlos. La imagen de verlos sonrientes, felices, me enferma.

― Bueno, si lo prefieres, ¿qué te parece si empezamos la ronda por el segundo piso? ¿En el baño de Myrtle, tal vez? ―la sisea al oído, y puedo oír la risita que suelta Granger.

Cuanto me gustaría lanzarla una cruciatus.

―Siempre con lo mismo, ¿eh? Bueno, vamos ―le concede Granger, que aunque intenta que su voz suene a regaño, sólo deja traslucir impaciencia.

Poco a poco sus voces se van apagando, y me dejo caer al suelo con la espalda apoyada contra la pared.

Siento unos deseos irrefrenables por arrancarme la piel, por ir al bosque y que me ataque alguna criatura especialmente sangrienta. Por que la tierra me trague, y nadie pueda ver la vergüenza que me invade, el asco que me profeso, y lo estúpida que me estoy empezando a sentir. Qué ganas de correr y que nadie me pueda detener, de huir a algún lugar donde nadie me conozca, y allí pueda hacer amigas de verdad, que un chico se enamore de mí, y no me deje tirada ante la primera sangre sucia que se le cruce.

De pronto, la vergüenza que habita en mi interior empieza a entremezclarse con otro sentimiento, uno que conozco muy bien. Uno que puede hacer que me olvide de todo, que todas mis penas se vuelvan satisfacción, aunque sólo sea por unos putos instantes.

Venganza.


Terminé de redactar la carta con placer, releyéndola por si se me había escapado alguna falta.

No, era perfecta, y a Lucius Malfoy le encantaría saber qué hacía su hijo a sus espaldas con una asquerosa sangre sucia. Sí, estaría encantado.

Yo sé lo que haría el señor Malfoy en cuanto supiera lo de su hijo: lo comprometería con una sangre limpia. Yo sabía que, por desgracia, tenía una familia en mente para eso, y que la Parkinson ocupaba un sexto, tal vez séptimo lugar.

Pero no me importaba con quien le case, no, lo que quería era verle lejos, muy lejos de Granger. Quería que sufriera el estar alejada de la persona que más quieres en el mundo, aunque fuese por la elección de otro. Quería que se enfrentara al rechazo de la sociedad.

Y todo eso pasaría en cuanto enviase esa carta y empezara a difundir el rumor de que Malfoy está prendado de una sangre sucia, y no una cualquiera, no. Está así por la mejor amiga de Potter, el enemigo del Señor Tenebroso. Y cuando Draco supiera lo que estaba pasando, ahí estaría yo, triunfal, sin tan siquiera negar que yo era la responsable de todo.

Sé que eso no es de muy buena amiga pero, ¿acaso Draco lo había sido?

No, y merece pagar por ello, aunque lo destruyera.

La vergüenza me seguía inundando. ¿Acaso no me había unido al Señor tenebroso por Draco? ¿Acaso no me había enfrentado a sus amigas por Draco? ¿Mentido por él, peleado por él? ¿Acaso no había rechazado a los chicos que me pedían salir ―y que muchos me gustaban― porque Draco quería tenerme siempre disponible para él?

Me los imaginaba ahora, en el baño de esa fantasma llorona, juntos, deseándose. Mi estómago se retuerce de solo pensarlo. Y pensar que hace apenas un año era yo la que estaba en su lugar, con Draco colmándome de atenciones. Todo eso parecía que ya no le importaba. Maldito desagradecido. Que disfrutase de sus últimos instantes revolcándose en el barro. Su padre no iba a permitir que una sangre sucia hiciera peligrar su relación con el Lord.

Ato la carta a la pata de la lechuza, y la dejo volar al abrir la ventana. No tardará mucho en llegar a la mansión Malfoy, y la respuesta de Lucius Malfoy será aún menos tardía.

Con un ajuste de mi sombrero salgo tranquilamente de mi cuarto, con una sonrisa de placer anticipado.


― ¡Blaise! ¿Te he hecho esperar demasiado? ―le pregunto colgándome de su brazo derecho.

El chico sacude la cabeza encantado.

―Claro que no, llegas justo a tiempo―y pasándome un brazo por encima del hombro me conduce hacia los jardines. No me resisto, simplemente, me dejo llevar.

Todo se arreglaría, para Draco y para mí. El padre le conduciría por el buen camino y yo, bueno, yo ya no cometería jamás el mismo fatal error.

Jamás volvería a enamorarme.

Nunca más.


Fin.

¿Qué os ha parecido? Gracias a Daffne y a Natalia por sus beteos y opinión. Os quiero, chicas (L). También un agradecimiento especial a las que han seguido la historia desde el principio (que son creo que todas xD).

Aquí llega el final de la historia, espero que haya sido de vuestro agrado y que me digais qué os ha parecido. Tras ver vuestros mensajes veo que el final os ha dejado un poco descolocadas, pero siento deciros que sí, que este es el final, y que cada uno es libre de imagirse como acaba todo. ¿Hermione y Draco acaban juntos? ¿Su padre recibe la carta y los separa? ¿Consiguen librarse? ¿Harry y Ron se enteran de lo de Hermione? ¿Pansy consigue lo que quiere? ¿Se vengará Draco de ella? Sí, este final es abierto, por lo que algunos interrogantes se quedan en el aire.

No obstante, no descarto la posibilidad de un epílogo, claro está. Pero ya os advierto que eso no es seguro, depende como ande de inspiración (pues la planificación de la historia acabó aquí).

El tiempo dirá.

Editado: Listo, he decidido hacer una especie de epílogo, pero lo pondré aparte, como un one-shot de Draco y Hermione. Me pondré a ello=P

Nos vemos,

Neissa