Mi desdicha

(Bella)

Entre a mi casa y para mi desgracia y mala suerte el que me recibió fue mi abuelo. Se encontraba sentado cerca de la ventana con la cortina abierta para poder ver cuando yo llegara y ver con quien llegaba. Vaya que era un fastidio, pero era mi abuelo que el que mantenía y pagaba todos mis estudios; prácticamente se volvió como un padre (que no tiene esperanzas en su hija, pero aun así la mantiene).

De fortuna Edward ya se había marchado, y no me causarían problemas. Un asunto menos del cual preocuparme.

-Sabes que no soporto tus retrasos- reclamo molesto- ¿Me estás oyendo?

-Sí- realmente ni siquiera le estaba poniendo- lo que pasa es que ando algo fatigada, y creo que pescare un resfriado.

-Mira Isabella Marie Swan- vaya que cuando hacia esto era porque realmente estaba enfadado- no solo le costaste la vida a tu madre, sino que ahora nos la estas fastidiando a Silvya y a mí.

-Lo sé, y lo siento muchísimo- hice una mueca en señal de decepción, claro que me frustraba que Jeremy me hablara así, pero, ¿Qué podía hacer al respecto?

-¿Jeremy?– la dulce y frágil voz de mi abuelita se oyó desde el fondo del pasillo- ¿ya llego mi pequeño ángel?, es que comienzo a tener un poco de sueño, y venia a avisarte que mejor la esperas tu so…

-Ya está aquí- grito Jeremy en un tono tan dulce, un tono que solo usaba para mi abuela- ven a verla para que estés más tranquila.

-Me habías preocupado hija- me tomo de las manos para luego abrazarme por la cintura- es la segunda vez que llegas tarde y te puede pasar algo.

-Perdóname abuelita- realmente lo sentía, odiaba que mi abuelita se sintiera mal por mi causa- es solo que tuve un mal día.

-A si, ¿y qué sucedió?- me pregunto Jeremy, pero sin una pisca de curiosidad, más bien era una pregunta más como obligación.

-Renuncie al trabajo- dije de golpe, de ante mano sabia que mi abuelo se enojaría mucho conmigo- y no le pedí mi liquidación.

-¿Qué no hiciste qué?- sabia que se enojaría, su grito se pudo haber oído a cinco kilometro a la redonda- ¿eres tonta o qué?

-No, no es, eso es solo que…- no sabía que más decir, realmente estaba comenzando a sentirme muy mal- ¿me puedo ir a mi habitación?, es que realmente quiero, digo tengo sueño.

-Ve te empiezas a ver muy mal- confeso mi abuelita, que también se empezaba a ver cansada- ve acá y dale un gran abrazo a tu abuela.

-¿Vas a dejar que esto se quede así?- mi abuelo realmente no soportaba que la que tuviera la última palabra fuera Silvya- eres imposible mujer, unos ojos de enferma fingida y te doblegas ante la situación.

-No es doblegarme, es solo que realmente se ve que se va a enfermar- mi abuelita siempre buscaba la manera de defenderme-. Además te puedo asegurar que tardo en llegar porque el camión no pasaba y de la desesperación camino hacia acá con toda esa lluvia. ¿No es así como sucedió hija?

-Si abue, pero enserio que quiero ir a dormir- aunque sinceramente no lograría conciliar el sueño después de todo lo que había pasado en el día.

-Ve anda, no le hagas caso al cascarrabias de tu abuelo- me abrazo y me encamino a las escaleras- anda, duerme.

-ok, gracias- dije como diez escalones ya arriba-. Ah y perdón, enserio perdón.

Entre en mi habitación para tranquilizarme un poco, ya que me encontraba muy impresionada y asustada. Lo único que logre hacer fue acostarme en mi cama y tratar de tranquilizarme. Llore. Llore como nunca lo había hecho en mi vida. No me imaginaba cuanto me iba a afectar la idea de no ser normal y poder tener paz en mi ya desdichada vida.

Me asome por la ventana que daba en dirección a la carretera. Hubo un momento imagine haber visto a estos dos chicos tan misteriosos. Quise suponer en un momento que eran esos hermosos y misteriosos jóvenes "Edward y Jasper". Sus nombres me resultaban de un atractivo impresionante. Y en especial me atraía la idea de saber más acerca de su vida, si más de ellos.

Me acomode en mi cama. Del lado derecho estaba un pequeño mueble. Tome del cajón superior mi mp3 y me ubique en la carpeta donde solo tenía música de piano (soy muy mala para recordar nombres y más cuando se tratan de músicos contemporáneos). Hay una en especial que me cautivo cuando mi madre murió y quizás esa fue la primera vez que la oí pero esta vez lo logre escuchar, todo lo contrario a solo oírla. La frustración de ser tan inútil para arruinar mi vida y mi futuro se estaba volviendo mi desdicha. Suponiendo que debía arreglar los insultos que les propine a aquellos chicos, y de alguna manera pedirles perdón me estaba asaltando la mente. Si quería que mi vida dejara de ser tan inservible y que mis hombres misteriosos regresaran a mi vida dichosos de volver a verme tenía que pedirles perdón, y así aceptar mis más sinceras disculpas. Sí, eso es lo que deseo, que me acepten en sus vidas, ellos son la respuesta a mis plegarias. Y dudo mucho que haya sido dios quien mando a estos hombres simulando ser humanos pero con cara de ángeles.

En cuanto a mi batalla mental. Me estaba volviendo una falsa por renegar mi futuro y presente. Y vaya que sí lo era, miedosa y cobarde, una idiota por querer ocultar algo que quizás jamás dejare de ser, y convenciendo a la gente de mi normalidad inventada. Pero la cosa se ponía peor, porque, ellos, Edward y Jasper, consideran que esto es increíble, podía ver su inesperada reacción como de emoción mezclado con excitación, como si un pobre mendigo hallara oro puro y deseara poseerle, presumirle y hasta adornarlo, así es como ellos me miraban, como si casi fuera perfecta pero solo me faltara algo, un don más.

De repente a mi mente vinieron tantas palabras que a mi parecer no venían al caso. Magia, brujería, posesión, inmortalidad, belleza, sangre; un demonio. De la nada me halle en una profunda pesadilla, algo o alguien me perseguía era totalmente oscuro por lo que no logre visualizarlo bien, pero todo cambio cuando llegue al restaurant y me vi ahí, era como si lograra ver todo lo que estaba haciendo pero desde una perspectiva diferente, como si estuviera en alguna parte escondida en el techo. Un grito. "RENUNCIO", mire en dirección a donde se encontraba Mike y me percate de que el vaso definitivamente había estallado, para luego seguir la cafetera, de la cual salieron unas cuantas llamas y luego estallo. Me parecía extraño ya que esos aparatos no estallan a menos que allá un corto circuito, pero aun así no lo haría de esa manera. Me traslade a otro sueño, ahora estaba en el almacén de telas y nuevamente logre mirar desde arriba. Yo otra vez, el momento en que Edward me cubrió y justo en cual yo pierdo la razón. Fuego, humo, telas, pedazos de madera incluso pedazos de poste grandes, ¿flotando?, como demonios sucede eso, era como si alguien los detuviera y los dejara suspendidos en el aire, como si la gravedad no existiera.

-¡Todo eso lo hice yo!- exclame en un grito ahogado, ya que sentí unas manos que me taparon la boca inmediatamente-.

-Sí, así es hermosa- era Edward, que estaba sentado a mi lado. Yo recordaba vagamente haber dormido con la ropa que tenía en la tarde, y ahora solo llevaba unos pequeños shorts y una blusa de tirantes color negra-. Yo te cambie. ¿Te molesta?

-Supongo que no- conteste atónita- gracias.

-Te molesta si me quedo aquí contigo- manifestó curioso ante lo que respondería-. Digo puedo dormir en el suelo, la idea es no perderte de vista. ¿Sí?

-Y ¿seguro que es lo que quieres?- pregunte esperando que su respuesta fuera asertiva-. Dependiendo que respondas será lo que te diga.

-Eso es lo que realmente quiero, estar contigo.

-Ok, pero no vamos a hablar porque quiero dormir- ya se daba a notar en mi rostro el cansancio-. Pero espera.

Tome del armario de pasillo una cobija y una almohada. Las coloque en el suelo simulando una cama.

-No es necesario esto- contesto Edward- En serio, yo realmente no duermo mucho y menos en la noche.

-Vaya, que extraño- respondí a su comentario- no importa, aun así descansa, lo necesitas, y como presumes de tu espantoso insomnio, velaras mi sueño.

-Está bien. Perfecto, de eso me encargo yo señorita. Hasta mañana.

-Hasta mañana extraño.

Desperté con la idea de que tuve el sueño más hermoso de toda mi vida, ese maravilloso hombre, Edward, me cuido mientras dormía. Y yo era muy feliz. Me sentía diferente en una muy buena manera, me sentía yo, al fin. Pero lamentablemente en mi habitación no había nadie. Solo estaba yo, no había rastro de cobija alguna que denotara que él estuvo ahí. Aunque el sueño fue increíble.

Tome lo primero que encontré en mi guardarropas, y me lo puso casi de inmediato, ya me quería ir a la escuela para contarle todo a mi mejor amiga. Ángela sí que emocionaría. Como siempre y desde que la muerte de mi mama visto de negro. Y hoy no sería la excepción. Baje lo más rápido las escaleras, pero cuál sería mi sorpresa al chocar con mi abuelo.

-Ve de inmediato a la cocina tu abuela te necesita- su tono de voz era muy amenazante- no demores, y dile que ya me fui.

De un portazo cerró la puerta de la entrada y dio unas cinco zancadas en a su camioneta.

-Vaya que está enojado- la inconfundible voz de mi abuelita me susurro a mis espaldas-. Mejor ven, a ver si así se te quita el mal sabor de boca, porque tu abuelo es el mejor cuando de hacer sentir miserable se trata.

-Si- conteste con una risa que casi se vuelve carcajada- vamos no hay que demorar que hoy me quiero ir temprano.

-A sí, y ¿a qué se debe?- me pregunto curiosa-. Ah un chico, ¿no es así?

-Algo similar. Pero no tanto- vaya que era muy astuta- vamos anda.

Nos sentamos en la mesa de la cocina donde había centenares de fotografías. Una en especial me llamo la atención. Era una mujer muy hermosa, casi tan parecida a mí. Recordé aquel Dije, la foto en donde sin razón alguna estaba yo. O alguien que simulaba ser yo, o alguien a quien le usurpe el lugar. No lo sé, pero lo que si se es que Edward me buscaba por eso y este era un muy buen pretexto para buscarlo. No dude y le pedí la foto a mi abuelita, pero no sin antes preguntar quién era.

-¿Puedo tomar esta para mí?- sabía que no me la negaría y puse cara de perrito faldero-.

-Tómala- dijo en tono derrotista-. Nunca te puedo negar nada.

-Gracias- anuncie entusiasmada- ahora, la pregunta obligada.

-Sabia que lo harías- contesto como si fuera más que obvio-. El porqué te pareces a ella.

-Exacto- respondí con mera curiosidad y con un brillo de emoción ante lo desconocido-. ¿Qué es ella de mi y como se llama?

-Ella es tu tátara abuela- manifestó con orgullo y con decoro- se llama Esme Ann Plantt.

-¿Y porque tiene el apellido diferente al de nosotras?- quise averiguar un poco más acerca de esta misteriosa mujer-.

-Ah, hija cuando te casas muchas cosas cambian y una de ellas es el apellido. Así le sucedió a su madre. Hemos sido una generación de puras mujeres. Tú sabrás muy bien.

-¿Y qué paso con ella después?- tenía que interrogarla todo lo posible, aunque pareciera insistente y molesta-. Vamos anda dime.

-Pues creo que después del tercer esposo y dos hijos murió- señalo vacilante- de los cuales uno de ellos fue mujer, tu bisabuela, luego yo, y tu madre y así consecutivamente, todas siendo madres muy jóvenes. En lo que a Esme respecta te estaría hablando de finales de 1895.

-Aunque bueno la única gran diferencia entre ustedes dos es que ella tenía su cabello de color caramelo, pero por lo demás eres idéntica a ella ya que tienen los ojos de color purpura, la piel pálida que brilla en la luz del sol, y esos círculos púrpuras bajo sus ojos. Tienen cara en forma de corazón, delgada y suave.

-Vaya, genial- realmente lo era y no podía ocultar mi asombro, pero esto que tiene que ver con Edward- gracias eres muy amable.

Se oyó un estruendoso claxon y de inmediato tome una manzana para comer en el camino. Me despedí de mi abuela con un beso y un abrazo. Salí tan rápido de la casa que casi caigo en las rosas rojas de mi abuela. Logre agarrar equilibrio y seguí. Subí al autobús y tome el mismo asiento, el tercero del lado derecho. Era ritual hacer esto para guardarle lugar a Ángela. Ella sube dos cuadras después.

-Hola, buen lunes querida Bella- dijo en tono burlón Ángela-. ¿La misma mierda de siempre?

-La traes, estoy algo nerviosa, ansiosa y demás y la necesito- manifesté casi al borde de la exaltación- . Dime que sí.

-Pos supuesto, ¿por quién me tomas? A la hora de literatura nos fugamos a donde siempre.

Se acomodo en su lugar y ambas nos acurrucamos, ya que el día estaba algo frio. Cuando llegamos a la escuela, el gran letrero "HAWTHORNE HIGH SCHOOL" que se encontraba en la parte superior de la entrada, anunciaba que otra semana más de calvario nos atormentaría de nuevo. Caminas en dirección a esta, claro tomada de la mano de Ángela. Nos adentramos a aquel umbral del aburrimiento (y es solo que mi querido lector, no te has sentido frutado por un día así de monótono en tu vida), mi plan era tomar con calma mi problema y no denotar mi ya trauman te ansiedad. La primera clase la tuvimos separadas, y dura alrededor de dos horas. Luego la segunda, de la misma forma, separadas, pero a la tercera, literatura, nos habíamos puesto de acuerdo para ir a el estacionamiento (que como sabrán entre clases siempre esta solo) iríamos a drogarnos.

-Vamos… ahora corre- mencionamos las dos al mismo tiempo, nuestra huida fue tan cómica que quizás hasta el maestro pensó que era broma pero como vio que no regresamos mando a Ben a buscarnos, lamentablemente y para la mala fortuna del profesor y como ya había dicho con anterioridad Ben es novio de Ángela y no la delataría además de que es mi mejor amigo-.

-Ahora sí, esto está mejor- articulo Ben con una agitación impresiónate.

-Ciertamente mi querido amigo- afirme enardecida.

Nos escondimos atrás de un Tsuro verde como del 90. Realmente era un cacharro espantoso, no daría nada por él y más que nada porque era el coche de la arrogante de Jessica. De tal manera que no perdí el tiempo y le hice dos notorios raspones a la pintura para que la perra llorara lagrimas de sangre, me parecía una venganza justa por haberme dejado sola con el mentecato de Mike. En cuanto a Lauren ya vería como iba a pagar la zorra esa. Me las ingeniaría y tendría una gran idea gracias a mi siempre amiga mariguana y cocaína. Sera pura imaginación. Inhale un poco de esto fume un poco del otro, y la lluvia de ideas llego; una gran paliza, veneno, algún laxante fuerte, un gran chisme, hacer que un vago la siga para que abuse de ella; genial, soy genial.

-Bella!! Despierta perra te quedaste en tu alucine, eres una pendeja- Ángela no podía articular palabra alguna y eso fue lo más graciosa que he visto en toda mi existencia.

-Saben mi vida es un completo asco- declare entre sollozos- mi perra vida apesta tanto que hasta solo de olerla los cadáveres reviven y huyen. Qué horror.

-Pues eres tan desdichada que tu caso me da tanta pena- respondió Ben acto seguido me abrazo y me beso en los labios-.

-¿Sabes que te pasa?, que necesitas sexo- menciono Ángela convencida- te pudo prestar a mí novio una noche y su amanecer si así lo deseas. ¿Qué te parece la idea?

-Claro yo puedo ayudar, no hay problema alguno- contesto tan tranquilo- para mi va a ser un placer ser el primero.

-Lo voy a pensar, quizás sea la única opción no quiero ser virgen a los dieciocho- realmente lo estaba considerando y no me parecía mala la idea-.

El que sea drogadicta no significa que coja con el primer lame culos que se me cruce, y además no soy una cualquier de hecho los hombre y las mujeres me temen. Pero qué le vamos a hacer.

Tomamos nuestras mochilas del suelo y nos las colocamos en los hombros para luego caminar en dirección a la entrada trasera e irnos a nuestros respectivos hogares. Ninguno tenía trabajo. Preferí caminar en la carretera en vez de que me llevara el autobús. Tenía ganas de reflexionar.